Dijeron unos vagos ragamufin que parece ser que en París hubo un época en el siglo pasado, en el período de entreguerras, en que no le encontraban el dueño a una hemeroteca, y que anduvieron de varios institutos mandando peritos, hasta que después de como 20 años lo encontró Paul Ricoeur, pero al toque no se lo dijo a nadie, y tres años después dio a conocer quién era en
La hemeroteca del sujeto, porque ya de última al tipo le decían “el sujeto”, aparte de otras más fuleras, como “iú nou jú” y hasta “el negri culiáu de las revistas”, o “magacine man” cuando se tenían que recatar.