Lo digo aunque me gustaran. Desearía que fueran alegres, pero se metieron en un mambo triste, una distopía del culto de sí mismos, de la tecnología sofisticada sin razón y de la privatización, que terminó en el videoclip ese de la fantasía de muerte pétrea y extraterrestre que hicieron con The Weekend, el de la canción “I feel it coming”. Merecen solidaridad y compasión, porque están en tesitura purgatoriera. No se permiten la sensualidad de su arte sin castigarse por disfrutarla, a consecuencia de la represión al hedonismo efectuada por la ascética protestante, de la que no son concientes lo suficiente.