En los conflictos bélicos los actores acusan al otro de ser terrorista sin admitir el terrorismo propio. El terrorismo es cuando se usa al terror para castigar al enemigo, lo cual es propio de la guerra. No hay ejército en ataque que no atemorice a su rival, por lo que todo ejército atacante es terrorista de alguna manera. Incluso en defensa se apela al amedrentamiento del contrario, con la disuación de la amenaza. En la guerra de Israel y EEUU contra Irán hay dos bandos en pugna, uno imperialista en el sentido clásico y otro que no lo es pero que sí es una potencia bélica: es un estado inferior, pero muy conservador y cuyo proyecto es el de islamizar a la humanidad, o sea, que considera a lo no musulmán como descalificable, cuestión que se repite de distintas formas en todas las creencias universales. La cuestión es cómo es la tolerancia con el diferente a sí mismo, ya que la tolerancia puede adoptar varios modos, no todos los cuales son buenos. En materia teológica, como no se puede asegurar la existencia de dios mediante la evidencia, se lo sostiene con la fe, pero entonces hay un problema porque la fe puede equivocarse, y, si lo está, el sentido que se le da a la vida también falla. Es más prudente admitir que no se sabe qué creó al universo, ni qué hay por fuera suyo, si es que tiene una afuera. El tema del límite del universo es paradójico, porque se plantea que abarca a todo lo que es y que tiene un límite, es decir que, si abarca a todo lo que es, dios sería parte suya, y si tiene un límite, detrás del cual estaría dios, no contiene a todo. Pienso que, como el universo es toda la realidad, de haber un dios éste estaría dentro suyo, pero no se sabe que lo haya. Lo que es seguro, o casi seguro, es que no tendría forma humana, porque plantearlo así es homocéntrico, supone que el creador de todo es como nosotros los hombres, lo que nos da un grado de relevancia autocomplaciente. Es soberbio. ¿Porqué creer que dios es como nosotros los hombres? ¿Tan importantes nos creemos, como para decir que el principio de todo se nos asemeja? Además, es una idea que legitima la supremacía humana respecto a las demás especies, ya que, si el creador supremo es como nosotros, ¿porqué no habríamos de dominar el planeta? En verdad, puede ser válido que lo hagamos, pero entonces lo tenemos que hacer bien, lo cual no ocurre. ¿Cómo sería un predominio justo de la humanidad sobre las demás especies? ¿Es necesario responder bien a la pregunta sobre la existencia de dios para que la humanidad armonice bien su existencia con la del resto de la naturaleza? ¿Y para que sea justa consigo misma? El tema importa porque, si lo es, la resolución de la cuestión teológica se vuelve urgente para resolver la crisis humana. ¿Es posible que la humanidad coexista bien sin haber saldado bien la cuestión teológica? Pienso que no, por la discordia que causa la rivalidad crédica, que se combina con la desigualdad social porque la idea que tenemos del pecado se asocia a lo demoníaco y porque las clases se diferencian de acuerdo a la dicotomía entre lo divino y lo diabólico, asignándosele más capital a los menos pecaminosos, según los cánones predominantes, y menos a los más pecadores, también esto de acuerdo a la doctrina preponderante, o al menos según se aparente más o menos virtud. Entonces, la resolución de la cuestión teológica se torna imperante incluso para la lucha de clases, porque ésta no podrá lograr su meta final hasta que se dé aquélla, por lo que se hace preciso calibrar bien la crítica y las transformaciones de los distintos ámbitos (la economía, la política, la religión, el periodismo y demás). La economía importa más porque es más masiva, pero, como es religiosa -la religión la afecta de algún modo-, su calidad depende, en parte, de la religión, así como pasa con la política y con cada otra entidad: como existen en conjunto, se codeterminan, cada cual con más o menos importancia según su valor.
En términos arquitectónicos, la economía es más importante porque las casas y empresas son menores, salvo excepciones, que las sedes de gobierno y las iglesias, por lo que las preceden y existen en mayor cantidad. Los palacios de gobierno y las iglesias son edificaciones más complejas que las casas ("economía" significa "razón hogareña", cf. DECEL) y que muchas de las sedes empresariales, aunque no todas: las más grandes empresas tienen edificios mayores que los políticos y clericales, lo que da cuenta también del predominio económico. Las edificaciones económicas superan en cantidad y tamaño a las políticas y religiosas, pero en ellas se habla de política y religión, así como de economía en las sedes de gobierno y las iglesias.