sábado, 19 de julio de 2025

Sobre los atentados a la embajada de Israel en Argentina y la AMIA

 La justicia argentina sospecha, y quizás culpe por lo bajo, de Hezbolá y el gobierno de Irán, como el periodismo conservador, de acuerdo a informes de la CIA, el FBI, el Mosad y algunas agencias de inteligencia europea, los cuales son secretos, no se pueden examinar, por lo que el juicio sobre estos atentados es algo incotejable: sus documentos de base están ocultos, por lo que no se puede investigar si son buenos. Tampoco se conocen sus pruebas subyacentes, ni se las indaga para evaluar su validez. Con la muerte de Alberto Nisman, ex fiscal del caso cuyo fallecimiento no fue bien aclarado, es parecido: se ignora qué pasó, y hay hipótesis en pugna, instalándose la de derecha por la fuerza de la repetición periodística, no por una razón bien demostrada, como tesis plausible para la opinión pública predominante, corriendo el riesgo de que se apruebe una sentencia equivocada en la justicia oficial y que el pueblo la convalide, con lo que haría injusticia creyendo ser justo, lo que causa descalabro nacional en nuestra especie y temeridad en este país. Si la justicia constituida en Argentina falla sin haber analizado bien esos documentos de inteligencia militar, en correlación con sus pruebas objetivas, perjudica a su nación y a las otras, y para saber si lo hizo se los debe conocer y someter a buen estudio, es decir, que estos documentos distan de haber sido bien procesados, lo que es condición para que se sancione a ambos atentados como se debe, un requisito para que se los salde bien. En esto, la república constituida opera insana. Si no fue Hezbolá, o fue Al Qaeda o una tercera opción, como la llamada "pista siria", que acusa a Alberto Kanoore Edul -un empresario sirio conocido de Carlos Menem que habló por teléfono con Carlos Telleldín pocos días antes del atentado a la AMIA y que fue protegido por Juan José Galeano a pedido de este Menem cuando lo investigó-, de quien no se recabaron más pruebas en contra, es decir, que es poco probable que sea culpable. La justicia argentina no comprobó bien la tesis conservadora, de Hezbolá e Irán, dada por cierta por el periodismo de derecha y promovida desde la embajada estadounidense, según demostraron filtraciones de Wikileaks. Del modo jurídico imperante, se confía en la justicia de tribunales, con un dejo de duda porque no da seguridad absoluta, ya que el tema no es algo que se deba abordar tanto mediante la confianza, sino más con buena averiguación. Resacirlo bien exigirá que la sociedad indague su evidencia empírica y juicio estatal, para que sepa si se lo condenó bien. Una prueba de la pista chiíta, contra Irán y Hezbolá, dio falsa, la del ADN de Ibrahim Berro, ex militante de Hezbolá, tesis de estas agencias estatales adoptada por la fiscalía de Alberto Nisman y Marcelo Martínez que se condice con la de la embajada argentina en Líbano, que poco antes del atentado a la AMIA mandó un cable diciendo que un diario local publicaba que el jefe religioso de Hezbolá Mohamed Hussein Fadlallah dijo que su organización se vengaría de Israel por unos ataques en contra suya, y que el combate musulmán hubo llegado antes a la Argentina cuando la bomba en su embajada israelí. No dijo que Hezbolá atentara contra esa embajada, ni que fuera a hacerlo con la AMIA, sino que los atacantes del ´92 fueron "combatientes musulmanes", sin especificar si chiítas o sunitas, ni de qué organización, y que Hezbolá buscaría crearle un problema a Israel en represalia por la captura del dirigente Mustafá Dirani y por un ataque al campamento Kawkaba, en mayo y junio de 1994, a poco del ataque a la AMIA, ocurrido el 18 de julio siguiente. Mohamed Hussein Fadlallah había jurado venganza por el asesinato del secretario general de Hezbolá Abbas Musawi, muerto con su familia más próxima el 17 de febrero de 1992, poco antes del atentado contra la embajada israelí en Buenos Aires. (ver https://www2.jus.gov.ar/amia/Informe01/Informe_0464.htm, que es un informe del ministerio de justicia argentino que relata sobre el mensaje de la embajada argentina en el Líbano alertando sobre la posibilidad de un ataque de Hezbolá, el 28 de mayo de 1994, poco antes del de la AMIA, y que trata de la pesquisa de Juan José Galeano, luego condenado por defender a aquél Kanoore Edul a pedido de Carlos Menem y por desviar la investigación hacia un grupo de policías que era inocente). La información recabada por este ministerio permite sospechar de Hezbolá e Irán para uno y otro atentado, pero no asegurar su culpa, para lo que habría que obtener pruebas más específicas. En contra de esta tesis está la idea de que Hezbolá nunca hizo atentados tan grandes, que hayan sido comprobados, fuera del Líbano e Israel, para los que no habría tenido capacidad, como sí la tuvo Al Qaeda contra dos embajadas estadounidenses, las de Nairobi y Dar es Salaam, en las que detonó camiones-bomba en 1998, así como en las "torres gemelas", pero tampoco hay pruebas particulares reconocidas de que Al Qaeda cometiera los atentados bonaerenses.

 La sospecha contra Irán existió desde la pesquisa de Juan José Galeano, basada en informes de inteligencia estadounidense, israelí y europea, y luego fue retomada por los fiscales Nisman y Martínez, pero su conclusión sobre Berro fue equivocada, lo que debilita la acusación contra el gobierno iraní porque era parte de la misma tesitura. La justicia argentina da, en esta cuestión, un marco general de culpa probable, pero no llega a determinar una segura. Cuando detuvieron al ex embajador iraní en Argentina Hadi Solemainpur, el gobierno británico lo liberó porque Argentina le presentó pruebas pobres de su culpa. Nuevamente, es una pista sin indicios plenos y basada en informes secretos de inteligencia, a la que alguna gente toma por verdadera sin haberla examinado bien, de acuerdo a lo que le parece. El 22 de julio de 2022 esta tesis fue reforzada, con una reformulación que negó la participación local del gobierno iraní, a partir de una nota de Ronen Bergman publicada en el New York Times, que describió un informe del Mosad en que se le daba una explicación muy parecida a la anterior a las voladuras de esta embajada y la AMIA, asimismo sin fundamentarla bien, es decir que, por un lado, esta nota no mostró al informe mismo, sino que lo representó, y por otro hizo un recuento de culpas sin exhibir las pruebas objetivas en que se basó su fuente, por lo que fue superficial. No se debe dar por cierta la palabra del Mosad, como la de ninguna fuente, sino que se debe indagar bien si lo es.

 Ahora la justicia argentina va a proceder a un juicio en ausencia sin que estén en este país los iraníes y libaneses acusados, y se corre el riesgo de que se condene a inocentes o de que se condene a culpables sin exponerle al público los datos de fondo del caso, lo cual es una falta jurídica aunque sea legal, ya que el pueblo tendrá que saber porqué su justicia sentencia como lo hace para saber si trabaja bien o no. Se puede repetir la lógica del "caso Vialidad", en que se sentenció en base a convicción en vez que a buen corroborar.

 Respecto a la muerte de Alberto Nisman, la tesis más difundida es la macrista, que Cristina Fernández lo mandó a matar para que no expusiera las conclusiones de su investigación en el congreso, que la hubieran implicado en el encubrimiento de los iraníes culpables, pero antes este Nisman denunció que el ex juez Claudio Bonadio, el ex policía federal Jorge "Pino" Palacios, el ex ministro Carlos Corach y su hijo Maximiliano lo presionaron para que dejara de fiscalizar, con pinchadura de teléfonos y amenazas contra sus hijas de por medio, en una trama que involucraría a Mauricio Macri, quien fue sobreseído por ese presunto espionaje ilegal antes de asumir la presidencia en 2015, no se sabe si bien o mal, y a Ciro James como colaborador suyo. Ver "Cuando Nisman denunció a Bonadio por conspiración y amenazas" en revista Noticias, Buenos Aires, Perfil, 7 de diciembre de 2017. Entonces, hay dos teorías sobre la muerte de este fiscal, pero la de Bonadio casi que no se mencionó en la prensa conservadora, por lo que es poco conocida. El estudio del baño en que se encontró su cadaver hecho por el perito de Diego Lagomarsino, uno de los acusados del caso, dijo que se trató de un suicidio, dando una explicación de todos los elementos hallados ahí, en particular las salpicaduras de sangre y la posición del cuerpo del ex fiscal. Ver el documental Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía, de Justin Webster.

 La tesis de que la acusación contra Irán y Hezbolá es falsa y obedece a los intereses geopolíticos de EEUU se basa, entre otras cosas, en que la acusación de Juan José Galeano se fundamentó en una declaración de Manoucher Motamer, ex diplomático iraní, quien acusó a Irán por la AMIA antes de que se descubriera que era agente de la CIA; en la postura de Gareth Porter y en unos cables de Wikileaks que descubrieron que la embajada estadounidense estuvo presionando a varios actores del caso en Argentina para promover la condena al gobierno iraní. Ver "Una ayudita a los amigos para acusar a Irán" en Página 12, 27 de febrero de 2011, y "Bush´s Iran/Argentina terror frame up", de Gareth Porter, publicada en The Nation el 19 de enero de 2018 (ambos artículos citados con enlace web en la entrada de Wikipedia mencionada al final de esta nota, y el segundo traducible mediante comando informático). La tesis contraria a la que acusa a Irán y Hezbolá no propone un culpable, al menos que se sepa abiertamente.

 En resumen, hay una teoría que acusa a Hezbolá y a Irán promovida por los servicios de inteligencia de EEUU e Israel, seguidos por otros europeos, cuyas pruebas de fondo no se conocen, y la sospecha de que se use el juicio a los atentados para favorecer el interés geopolítico de los gobiernos a que pertenecen esos servicios. La información más sustancial de los casos está oculta en archivos secretos de estas agencias, o sea, que las sociedades juzgan al asunto de forma superficial, confiando demasiado en que estos servicios, la justicia y el periodismo predominantes hacen bien su trabajo, sin saber si es o no cierto, por un vicio del modelo republicano en curso y por alguna indolencia popular, que le da poca importancia a la crítica de izquierda sobre el asunto y se queda con las versiones de derecha sin examinarlas en profundidad, cuestión dificultada, entre otras cosas, por la complejidad del tema, las habilidades que requiere indagarlo y las obligaciones laborales en curso. La ley vigente es tan mala que permite que las pruebas de fondo del caso permanezcan ocultas a la población en general, basada en la doctrina de seguridad nacional de los estados involucrados en su investigación, el periodismo se hace poco drama al respecto y el resto del pueblo se entera poco de eso.

Otras fuentes: "Atentado a la AMIA" en Wikipedia (principal); "El Mosad aclara nuevos datos sobre los ataques terroristas en Argentina en la década de 1990", en New York Times, 22 de julio de 2022; otras notas citadas en dicha entrada de Wikipedia; consulta al programa Copilot sobre atentados de Al Qaeda por fuera del "mundo árabe".


20-7: Laura Ginsberg, de APEMIA, dijo que la fiscalía de Alberto Nisman se basó en el "informe Toma", hecho por Miguel Ángel Toma, cuando fue jefe de la SIDE durante la presidencia de Eduardo Duhalde, que a su vez retomaba los planteos de la inteligencia estadounidense y coincidió con los del Mosad. Ver "Juicio en ausencia: una conspiración contra la verdad", publicado en Clarín en este día. Luego, la justicia oficial argentina siguió las conclusiones de esa fiscalía.

21-7: La pista de Alberto Jacinto Kanoore Edul no debe ser descartada, porque lo llamó a Carlos Telleldín para comprarle la camioneta que habría estallado en la AMIA y después le pidió a Carlos Menem que lo proteja en el juicio, algo raro para un inocente, pero además existe sospecha sobre Nassib Haddad, dueño de la empresa Santa Rita, proveedora del volquete que estaba en la puerta de la AMIA cuando fue el atentado y que se registró con un recibo de firma falsificada. El chofer Juan Alberto López llevó el volquete hasta ahí y lo dejó, y luego presentó un recibo firmado en falso, con el nombre de Andrés Malamud, el arquitecto encargado de una refacción que se llevaba a cabo en la mutual. Después se cotejó la firma y descubrió que era falsa. A la vez, este Nassib Haddad se dedicaba a la explotación de canteras, por lo que manejaba el explosivo amonal, que parece ser el que se usó en esta voladura, y que era primo hermano del ayatola Mohamed Fadlallah, el dirigente de Hezbolá que hubo amenazado a Israel poco antes del 18 de julio de 1994. También parece que la policía federal adulteró las pruebas del explosivo que se mandaron a analizar, así que uno o más miembros suyos habrían sido cómplices, tal vez por orden presidencial, como un coronel que le facilitó a Santa Rita la compra de ese explosivo. Ver el documental AMIA de Matías Gueilburt, publicado en 2009, en particular los minutos 43 al 48. Hay una versión que habla de dos explosiones, que se corresponderían con la del volquete y la camioneta. Eso probaría la culpa de Hezbolá, pero no la de Irán, así que habría que ver porqué los servicios de EEUU e Israel lo acusaron. De todas formas, falta aclarar cuestiones, como la participación de la SIDE en el atentado, como colaboradora de la célula terrorista que lo perpetró, denunciada por Claudio Lifschitz, ex miembro de inteligencia de la Policía Federal Argentina que se infiltró en el juzgado de J. J. Galeano como secretario, en el programa Data Urgente, así que estas conclusiones mías son provisorias y falibles. Este Lifschitz denunció que la división 85 de contrainteligencia de la SIDE, liderada por Antonio Horacio Stiuso, de alias Jaime, ayudó al grupo que destruyó la AMIA, y dijo que la SIDE tenía intervenidos los teléfonos de la embajada de Irán desde antes del atentado, por lo cual, de haber obtenido la SIDE grabaciones incriminatorias contra sus funcionarios, las habría expuesto. Ver https://www.youtube.com/live/MfgHp38i9SM. Este programa acusa al Mosad de haber atentado contra la AMIA, pero la prueba que presenta es insuficiente, ya que se basa en que una ex agente del MI5, Annie Machon, dijo que la investigación de esa agencia sobre el atentado contra la embajada israelí en Londres de 1994 dio que lo cometió el Mosad para obtener más vigilancia. Sin embargo, en ese atentado no murió nadie, y que lo cometiera el Mosad no implica que también hiciera el de Argentina. Ver Entrevista a Annie Machon.

23-7: Un tramo del expediente del juicio tematiza la cuestión de Nassib Haddad y el volquete de forma distinta que el documental AMIA. Ver https://www2.jus.gov.ar/amia/sentencia/TI%20CV%20A24.pdf. Dice que su parentesco cercano con el ayatola Fadlallah es probable, no seguro, que la empresa Santa Rita trabajaba para la AMIA desde meses antes al 18 de julio en cuestión y que la falsificación de la firma fue casual, así como deja en la incertidumbre la compra de amonal, por lo que, si es lo que parece, la pista de Hezbolá es falsa, pero falta saber.

29-7: Entonces, hay múltiples fallas representativas. Por un lado, hay faltas etimológicas en el lenguaje popular. En segundo, una gubernamental, ya que el gobierno no representa del todo bien a su pueblo, al menos al opuesto a la presidencia, y en parte al oficialista, que no ve bien expresadas todas sus demandas en el poder ejecutivo -cosa que tampoco sería justa porque unas cuantas son malas-, asunto que para el caso redunda en que los informes de inteligencia tomados por la justicia son de veracidad incierta, dado que, como son secretos, no se los puede examinar, todo esto aparte de las mentiras proselitistas. En tercer lugar, hay distorsión en los precios, según la cual el trabajo de algunos vale mucho más que el de otras. Por último, hay un déficit en la narración periodística de los hechos, que le da poco espacio a cuestiones importantes señaladas por la prensa progresista, como la refutación a la pericia de gendarmería sobre la muerte de Alberto Nisman, en particular respecto a la tesis de que murió por sobredosis de ketamina, que habría dejado al menos un pinchazo de inyección en su cuerpo, que no fue encontrado en el peritaje que se le hizo y cuyos resabios orgánicos se hubieran descompuesto para cuando se efectuó el análisis que señaló haberlos hallado, no obstante lo cual el periodismo conservador siguió diciendo que este Nisman murió por tal sobredosis sin responder a esa objeción.

La humanidad se representa algo mal la realidad, lo cual la apena y de lo que derivan malas prácticas que le causan otros pesares.

16-8: La sospecha sobre este Kanoore Edul parece haber sido despejada. Ver https://www.perfil.com/noticias/opinion/la-causa-nisman-y-una-falsa-imputacion-alejandro-olmos-gaona.phtml.