La computación debe causar enfermedades cerebrales, porque implica respirar restos metálicos y de plástico, recibir ondas magnéticas, de la electricidad y los circuitos de plaquetas y pantallas, que emiten una luz que le llega al cerebro por los ojos y con mensajes, así como malas noticias, y enerva porque transmite exigencias sociales, que obligan a hacer trámites desgraciados, es decir, que enferma no sólo por la contaminación mineral y electrónica sino también por el tenor de su periodismo y los trabajos que propone. La sobresofisticación informativa de pantallas llenas de ventanas emergidas es con una narración de la realidad irresuelta, ya que el conflicto humano persiste deshonrado, así como sus explicaciones no bastan para satisfacer el ansia de justicia, esto con una economía que explota, que trauma a los hombres hasta de formas irreversibles, no sólo las de muerte absoluta, sino además con muertes parciales, que se suman al vivir y que cada quien padece a su modo. Con el libro la polución no era tanta, ni tan perfecta la perversión ideológica y productiva de la humanidad, pero los libros fueron muy finos, transmitieron ideas muy fuertes, que llevaron a guerras con y sin balas, de espadas, dañinas para la salud mental, de por sí en problemas serios por los debates sobre el inicio de todo y la práctica que se le debe corresponder, imposible a veces por las roturas del cuerpo, o por los deberes y lo que se quiere hacer, y demás causas. La escritura previa al libro también fue menos lesiva, porque su tecnología era menos compleja, por lo que menos hiriente, pero requirió el talado de árboles con hacha y serrucho, así que cargó con la culpa de ese crimen, que nos parece cosa de niños en comparación a la explotación presente. La computación causa una sobrecarga informativa que no es apta para la memoria humana, que es cerebral, así como enferma a un montón de trabajadores de su rubro. Afecta a sus usuarios y existe en una escala exagerada, mucho mayor de la sana; abarca a los teléfonos celulares, las cámaras de filmación y muchos más tipos de aparatos electrónicos, que después de unos años van a parar a depósitos y basureros, donde se descomponen, y sus partículas terminan en seres vivos e inertes de las especies terráqueas, y un poco hasta fuera de su órbita por el desecho de basura satelital, al menos las de algunos satélites rotos, o sea, que trabajamos para dejar boyando basura en la Vía Láctea, lo que da cuenta de nuestra falta de inteligencia, porque es un trabajo perdedor y no reconocido como tal, como el de los recicladores de basura electrónica. Eso es un ejemplo. La humanidad comete horrores mucho peor, y niega hacerlo, o no lo quiere discutir, ni admitirlo lo suficiente para dejarlos, lo que demanda una irracionalidad muy fúnebre, por la muerte que causa. Si a los nervios más usuales de la empresa se le agregan los temores espirituales, el acoso político y el desdén familiar, así como las enfermedades de la explotación en el trabajo, ordenado desde leyes militares instauradas por golpes armados, da que los cuerpos humanos más ganadores en este sistema padecen un cúmulo de enfermedades, apenas enlistadas acá, a la que se suman las de exponerse mucho tiempo a las computadoras, y de cerca, fuente de una sola clase de contaminación, ya que hay varias más, como las de la quema, la vehicular y la radiofónica, que afligen de distintas formas a cada clase social.
En la épica robótica se le teme mucho a las máquinas, pero en verdad el horror lo hace el hombre, no los robots, y cuando lo hicieron los robots fue por orden humana. Los traumas de las máquinas se debieron al uso humano, pero también a su forma. Sin embargo, no todos esos traumas fueron del todo malos, de esos incurables que hubo muchos, aunque son de varios tipos y se repiten a diario mientras que vivimos. No obstante, el antimaquinismo absoluto llevaría a que no haya una computadora ni un tornillo, así que tampoco vale. La humanidad padecerá por su testarudez hasta que aprenda bien lo que deba para no hacerlo, cosa que va a durar mucho, capaz que milenios si es que alguna vez acaba, como lleva milenios sin resolver muy bien su existencia, lo que depende de que toda la especie concuerde una buena salida a la cuestión teológica, que si queda mal resuelta causa peleas crédicas frecuentes, que llegan hasta la guerra de bombas, las nucleares retenidas pero latentes, ya que existen de a miles y se usan para amedrentar, llamándoselo "disuadir", y que funcionan mediante la informática. La retroalimentación de los misiles buscadores de calor que inició a la cibernética sirvió para inventar las computadoras de plaquetas metalizadas, con circuitos superiores a los transistores, que no se sabe mucho cómo funcionan, como no se sabe cómo es que los archivos de disco rígido se convierten en imágenes de pantalla. A la vez, la ideología téica incide en la economía, porque la guía, y es económica porque las iglesias son edificaciones grandes, que conllevaron las obligaciones necesarias para su construcción y concitan las de su mantenimiento, como todas las casas pero en cantidad menor. Otra opción es que la humanidad persista en una explotación como la habida hasta ahora desde la civilización y luego se extinga, lo cual parece más probable, cuando el reto para la armonía natural le quedaría a otras especies que nos recordarían, si es que a alguna en este planeta, cosa bastante posible porque hay seres vivos hasta en el fondo de los océanos, y algunos de la superficie continental sobrevivieron a las explosiones nucleares. Una guerra atómica quizás pueda terminar la vida en la Tierra y quizás no. Habría que estudiar la potencia de las bombas nucleares activas para dirimirlo, pero la guerra de por sí no garantiza que se las detone a todas, así que hay varias opciones en una guerra nuclear. Podrían sobrevivir pocos hombres, y entonces la especie humana no se extinguiría, y las otras chances.