Hoy en Página 12, Raúl Kollmann cita una encuesta de Management & Fit, una consultora ligada a ciertos gobernadores situados entre el kirchnerismo y el mileísmo-macrismo, sobre la opinión pública respecto al pago de coimas para unas compras gubernamentales de medicamentos expuesto a través de la publicación de unas grabaciones clandestinas que, si son verdaderas, se le hicieron al teléfono de Diego Spagnuolo, jefe de la Agencia Nacional de Discapacidad argentina. La encuesta da cuenta de la comprensión social del asunto en este país. La mayoría, de 26,8%, le echa la culpa a todo el gobierno, como si todo el poder ejecutivo, el parlamento y la justicia delinquieran en él. En segundo lugar, con el 24,5%, está Karina Milei, hermana y secretaria general del presidente, quien no es la única que habrá operado la cuestión. En tercero (20,6%), grupos opositores a la presidencia, que retoman el tema para desprestigiarla pero no participaron en los sobornos denunciados. En cuarto (13,9%), este Spagnuolo, que, si tales grabaciones son verídicas, se involucró quejándose del modo en que se hizo la treta, o sea, que tuvo una complicidad subordinada. En quinto, con mucho menos (2,5%), los empresarios "privados" del sector, que habrían fraguado pero quizás porque era la única manera de permanecer en el negocio (falta aclararlo). En sexto, con casi nada, un 1,5%, Eduardo y Martín Menem, de los principales nombrados como gestores del caso junto a Karina Milei. El 10,2% suma a quienes dieron otras respuestas, entre las cuales la de no saber o negarse al cuestionario. Entonces, más allá de que es una muestra universalizable pero algo inexacta, el juicio social sobre el tema está bastante desacertado. Si es cierto lo que parece, hubo una trama de extorsión y sobornos que involucra a Javier y Karina Milei, a estos Menem y Spagnuolo, a los empresarios que los pagaron y quizás a algunas personas más. Hay alguna responsabilidad popular en el asunto, de tipo lejana, porque las coimas en las licitaciones públicas son famosas, al menos mediante el rumor, pero no se hizo mucho drama al respecto, generándose una tolerancia permisiva que se revirtió para las causas contra la corrupción kirchnerista a fuerza de una insistencia periodística desproporcionada, corrupción que sufrió una persecución selectiva, como lo es ésta, necesaria para la honradez humana pero insuficiente. Todavía no se sabe si la corrupción kirchnerista fue bien condenada, ni cómo fue exactamente (se ignora mucho de quiénes cobraron y pagaron, cuánto, para qué y por cuáles licitaciones, así como cuándo empezaron los sobornos en las licitaciones oficiales argentinas y cómo se establecieron), ni se castigó bien a los empresarios del caso (que son menos conocidos que algunas intimidades de la farándula), ni mucho al abuso informativo, que usó al tema como excusa de campaña electoral con un montón de faltas expositivas sin sancionar.
Lo siguiente es un cuadro de esta encuesta tomado de la nota mencionada (con letra difícil de leer):