Me referiré vagamente al tema porque no lo recuerdo con mucha precisión, pero recuerdo que Christian Ferrer, al igual que algunos anarquistas de la asamblea de Villa Urquiza, y tal vez otros de Unidos por el Río, tenían la idea de que las asambleas iniciadas en diciembre de 2001, luego de que De la Rúa declarara el estado de sitio, estaban compuestas por ciudadanos genuinos, de un lado, y, de otro, por militantes de la izquierda partidaria que fueron a ellas para cooptarlas o acumular militantes para sus filas. Hay que decir que esa crítica es cierta, en el sentido de que los partidos de izquierda fueron a reclutar militantes, y que sus militantes se alternaron en las intervenciones sin explicitar siempre de qué partidos provenían, bajando una línea partidaria que no era hecha explícita, y peleándose entre sí solapadamente, lo que fueron maniobras reprobables. Pero también vale señalar que los anarquistas también tenían una línea política implícita, que era la del asambleísmo horizontalista, apartidario y antipartidario, y que los restantes participantes de las asambleas también tenían sus ideas políticas, algunas peronistas, es decir, que esa imagen de unos ciudadanos inocentes, entre los que estaban los anarquistas, operados por militantes partidarios malintencionados, no fue exacta. Cada bando tiene sus razones y sus sinrazones. El problema es que no se puede concertar una práctica política conjunta entre ambos, y los terceros interesados, lo que dificulta que los socialistas obtengan espacios en los gobiernos, que es un requisito para socializarlos, y para implementar medidas sociales, y resistencias en común, hasta ese entonces. A los bandos les falta un balance para una práctica política complementaria, que es un requisito para lograr sus objetivos. De otro modo no lo conseguirán, porque los triunfos políticos requieren de alianzas mayoritarias.
Lectura
Christian Ferrer, “Reveses de Argentina”, en Artefacto. Pensamientos sobre la técnica, N° 5, Buenos Aires, sin datos.
Un blog total, cósmico, terráqueo, naturista, humanista, comunista, demócrata, feminista y libertario.
jueves, 10 de diciembre de 2015
Comentarios dispersos sobre Vigilar y Castigar
En Vigilar y castigar, de Michel Foucault, encontré algunos errores. El primero es que Foucault confundió a la verdad con la verosimilitud, es decir, que en su relativismo tomó por verdad a lo que los humanos consideraron que eran las verdades. Fueran las pretendidas verdades de los humanos piadosos, o aquellas solapadas de los “anormales”, para Foucault se trató de una confrontación entre verdades, cuando en realidad las así consideradas verdades eran nada más que las creencias de cada bando, creencias que contenían verdades a la vez que falsedades. Es que al relativismo le falta la confrontación científica de las ideas con la realidad: plantea la búsqueda de la verdad como en un debate retórico, de lo que escribió John Stuart Mill en Sobre la libertad, donde decía que para llegar a la verdad había que reconocer todas las opiniones relativas al tema de discusión, y concluirla tras haberlas analizado, aunque dándole menor importancia también se refería a la necesidad de dar lugar a la experiencia para alcanzarla. Aparte, Foucault, en algunos pasajes retomó a la idea de dios sin ponerla en discusión, lo que hizo partir sus razonamientos con una base falseada, que le impidió concluir en una crítica a la piedad. Más precisamente, en el libro hay una crítica intuitiva a la piedad, que no llega a formularse sistemáticamente, pero que atina a ello.
Tercer punto es que el alma no es sólo una construcción social, sino que es un rasgo de la naturaleza humana. Al igual que los demás seres vivos, los humanos nacemos con alma: es una característica nuestra que es biológica, a la vez que es modelable y modeladora de la sociedad. De allí la necesidad de que las almas sean sanas, lo que requiere de una comprensión social verdadera de la realidad.
En cuarto lugar, el poder no es sólo el poder dominante. En este libro, a diferencia de en sus elaboraciones posteriores de la microfísica del poder, Foucault identificó al poder como aquél de los dominadores, sin reconocer los poderes de los subalternos, el infrapoder, lo que tiene el perjuicio de causar que los dominados no reconozcan que ejercen poderes, lo que les dificulta la política.
Quinto, el libro tiene un problema con los tiempos verbales, que no fueron conjugados correctamente, lo que es un error bastante frecuente en la literatura.
Por último, muchas veces el autor recurrió al uso del término “economía”, así, entrecomillado, para referirse a la racionalidad. Es que no supo distinguir que la modernización que él describió para el sistema penal era un complemento de la racionalización operada por la clase capitalista. En ese sentido, la característica distintiva de la modernización fue la racionalidad pía burguesa, precursora de la capitalista, que no es una racionalidad verdadera del todo, aunque tuviera sus hallazgos científicos. Entender esto sirve para hacer una crítica superadora del iluminismo en vez que para descartarlo, lo que es degradante en ciertos aspectos, ya que el iluminismo contuvo algunas verdades que sirven a la humanidad.
Nota
La crítica al pietismo Foucault la retomó del marqués de Sade, que se equivocó en algunas cosas pero no en ser naturalista ni en criticar al pietismo. Hablo de escritores, porque la crítica oral es el basamento común de la escrita, pero sus rastros son comprobables por deducción, porque las que se hicieron ya no están: quedan sus vestigios nada más.
Tercer punto es que el alma no es sólo una construcción social, sino que es un rasgo de la naturaleza humana. Al igual que los demás seres vivos, los humanos nacemos con alma: es una característica nuestra que es biológica, a la vez que es modelable y modeladora de la sociedad. De allí la necesidad de que las almas sean sanas, lo que requiere de una comprensión social verdadera de la realidad.
En cuarto lugar, el poder no es sólo el poder dominante. En este libro, a diferencia de en sus elaboraciones posteriores de la microfísica del poder, Foucault identificó al poder como aquél de los dominadores, sin reconocer los poderes de los subalternos, el infrapoder, lo que tiene el perjuicio de causar que los dominados no reconozcan que ejercen poderes, lo que les dificulta la política.
Quinto, el libro tiene un problema con los tiempos verbales, que no fueron conjugados correctamente, lo que es un error bastante frecuente en la literatura.
Por último, muchas veces el autor recurrió al uso del término “economía”, así, entrecomillado, para referirse a la racionalidad. Es que no supo distinguir que la modernización que él describió para el sistema penal era un complemento de la racionalización operada por la clase capitalista. En ese sentido, la característica distintiva de la modernización fue la racionalidad pía burguesa, precursora de la capitalista, que no es una racionalidad verdadera del todo, aunque tuviera sus hallazgos científicos. Entender esto sirve para hacer una crítica superadora del iluminismo en vez que para descartarlo, lo que es degradante en ciertos aspectos, ya que el iluminismo contuvo algunas verdades que sirven a la humanidad.
Nota
La crítica al pietismo Foucault la retomó del marqués de Sade, que se equivocó en algunas cosas pero no en ser naturalista ni en criticar al pietismo. Hablo de escritores, porque la crítica oral es el basamento común de la escrita, pero sus rastros son comprobables por deducción, porque las que se hicieron ya no están: quedan sus vestigios nada más.
Crítica a la escritura
Lo malo de la escritura es que, al conocerse según los escritos, se privilegia a los saberes expresados en ellos, en desmedro de los saberes simples, lo que, por un lado, nos dificulta reconocer la historia de las naciones no escriturarias, y por otro nos hace proclives a estar ante los escritos, en vez que con otros seres con quienes querríamos estar, y de otras maneras que leyendo, como bailar. Los saberes simples son los expresados mediante la voz, como los hablados, y además está el problema de que el intelectualismo gráfico podría ser hecho de buena manera, lo que no es siempre así. Este análisis no es para que se deje de escribir, aunque esa sea una posibilidad: apunta a que se reordene la escritura, y en particular las tecnologías con que se escribe, por sus males.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Sobre la idea del fin de ciclo de los gobiernos progresistas latinoamericanos
Desde la crisis del gobierno brasilero, iniciada con la merma electoral del PT en las elecciones que por poco margen ganó Dilma Rousseff, y luego completada por la pérdida de la presidencia del FpV en Argentina y la posible derrota del PSUV en las legislativas del próximo 6 de diciembre, tomó fuerza la idea, que ya existía desde antes, de que el ciclo de los gobiernos progresistas latinoamericanos está llegando a su fin. Al respecto cabe decir que, si bien puede que eso sea posible, es aventurado señalarlo, ya que los factores y relaciones a tener en cuenta son muchos y cambiantes. Parece una idea basada en una mezcla de certidumbres con el deseo de que esos gobiernos caigan. Eso por una parte. Por otra, está la cuestión de la caracterización de esos gobiernos como hegemónicos. Personalmente, disiento de que los gobiernos progresistas latinoamericanos sean hegemónicos. Es cierto que a nivel regional llegaron a establecer organismos directrices, como la CELAC y la UNASUR, y a liderar el MERCOSUR, pero también es verdad que la OEA, liderada por los Estados Unidos, sigue vigente, al igual que el NAFTA, y que está el reciente TTP. Más bien pienso que los gobiernos progresistas latinoamericanos ejercen una hegemonía subalterna al liderazgo dominante estadounidense, en términos de la geopolítica internacional; pero además, en términos del sistema mundial, los gobiernos progresistas, en los países en que mandan, están subordinados al capital trasnacional, por el dominio del capital trasnacional en el planeta, además de ser capitalistas ellos mismos, aunque populistas, que es el caso de Argentina y de Ecuador, aunque Rafael Correa tiene una formulación más compleja, híbrida con la del Socialismo del Siglo XXI, o de permitir la reproducción capitalista desde posiciones más bien socialcristianas, o socialdemócratas, como en Brasil, Venezuela, Bolivia, Uruguay, Nicaragua y Chile. En ese sentido, los gobiernos progresistas son espacios subalternos de cuestionamiento al liberalismo, acotados, y liberales también en muchos aspectos, lo que a veces es bueno, ya que el liberalismo tiene logros buenos que son mejorables, a la vez que males superables también. Estos gobiernos tienen que ser caracterizados en el marco de una estrategia socialista mundial y a largo plazo, ya que si no se les hacen críticas injustas.
Otro aspecto a tener en cuenta es que estos gobiernos tienen muchos puntos cuestionables, a los que se debe criticar bien para que las críticas sean bien recibidas, lo que no les es fácil porque tienen por una parte mucha presión en contra desde arriba, desde el privatismo, y una responsabilidad inmensa respecto de las naciones a las que dirigen, y por otra parte una rudeza que se los dificulta, rudeza de la que la humanidad no está exenta en general. Por eso es que es necesaria una crítica justa, no sólo para con ellos, pero también para con ellos; pero además está la cuestión de que las críticas que se les hacen a los progresistas no los comparan con los proyectos liberales que se les oponen, como Cambiemos en Argentina o la Mesa de Unidad Democrática venezolana, lo que los favorece y da cabida a que se las acuse de “hacerle el juego a la derecha”, lo que es cierto aunque esa no sea su intención, porque la crítica se circunscribe a los progresistas sin sopesarlos con los liberales. Aclaro sobre esto que los gobiernos progresistas se ejercen en el marco de sistemas dominados por actores y legislaciones liberales, por lo que no podrían dejar de ser liberales incluso aunque lo quisieran, pero, en el marco del liberalismo dominante en el mundo, implementan políticas democratizantes, que aspiran o no a superar el capitalismo pero sí al progreso, que facilita y es una condición necesaria para su superación, aunque también tienen malas prácticas. El peligro es que efectivamente el fin de ciclo suceda y los gobiernos progresistas sean reemplazados por gobiernos conservadores, lo que implicaría un retroceso social y situaría a la lucha emancipatoria en un nivel inferior, aunque la historia no vuelva para atrás, al que luego habría que remontar para pasar a una fase superior. Aquí hay un problema serio con parte de la izquierda, con la izquierda opositora a los gobiernos progresistas, que tiene que mantener las críticas buenas pero que también tendría que colaborar a sostenerlos, aunque exigiéndoles correcciones, y más cuando existe el riesgo de que perezcan ante los conservadores, porque, si no, no se podrá pasar a una etapa superior. La idea de que con una revolución se saltearían etapas tal vez pudiera ser concretada, pero es remota y quizás falsa, y es innecesario optar por ella a la vez que descartar la superación gradual, ya que los avances se hacen de acuerdo a la coyuntura concreta, que casi siempre no está lista para progresos bruscos: pensemos en cómo terminó la revolución rusa. La teoría del “cuanto peor, mejor” es falsa y contraproducente, además de causar peleas vanas entre los demócratas, sean socialistas o populistas. La solución es la de apostar por el gradualismo y la drasticidad según lo permita la correlación de fuerzas.
Me parece que, dado lo que sé, y tal vez me equivoque, no se puede predecir tanto el futuro como para estar seguro de que el ciclo de los gobiernos progresistas llegue a su fin. Ya cayó el gobierno populista argentino y el brasilero está en serias dificultades, lo mismo que el venezolano y no sé el de Ecuador, ni los demás, pero incluso si la tesis del fin de ciclo se comprobara como cierta habría poco qué celebrar, ya que su triunfo se debería no a la superación de esos gobiernos por izquierda, sino a la restauración conservadora, por lo que esa celebración sería un festejo desgraciado, del que tendríamos que recuperarnos con gobiernos que restablecieran las medidas democráticas que estamos perdiendo ahora. La oscilación de los conservadores y los demócratas en los gobiernos latinoamericanos se inició con el modelo agroexportador, aunque tiene experiencias previas, y sería osado pretender que vaya a terminarse pronto, por lo que es probable que el progresismo en declive se recupere en los próximos años, luego de que vuelvan a fracasar los liberales. Hay que tener en cuenta que, en tanto que el capitalismo es pío, y la piedad es falsa, los gobiernos capitalistas siempre van de fracaso en fracaso, alternándose las opciones partidarias como una búsqueda también fallida de las naciones por recomponerse tal como lo deseamos los humanos cuando deseamos bien. Lo anterior no quita que sea necesario un diálogo político que prepare al espacio democrático en general, sea de los progresistas actualmente en los gobiernos o de los opositores, para establecer pautas de discusión que permitan el reconocimiento de los análisis necesarios para la conciencia política que deben tener las sociedades y los gobiernos. Y también la izquierda opositora tiene que reconocer que las sociedades están en un nivel de atraso del que los gobiernos democráticos son poco responsables, estado que impide los avances, aunque en otros casos los que retrasaron hayan sido los gobiernos. Un punto importante es que los proletariados de los países de los gobiernos progresistas votaron mayoritariamente por los partidos de esos gobiernos, lo que no justifica sus errores pero sí da cuenta de que los gobiernos progresistas no pueden implementar los puntos democráticos del programa socialista sin dificultad ˗porque el proletariado, como las naciones, es cristiano en general, y parcialmente procapitalista˗, sino que tienen que estar mayormente concentrados en resistir los ataques de la derecha imperialista a la vez que lidiar con sus propios males, con los males del capitalismo y con la responsabilidad de mantener a las naciones que lideran.
Anexos
1. El privatismo no es que no sea democrático, ya que la democracia representativa es un invento suyo, del alto capital, que impuso su modo de gobierno con las revoluciones liberales. Lo que pasa es que su forma de democracia es de las más restringidas, acotada al sufragio y a las otras garantías constitucionales. En el caso del populismo, la democracia se amplía a los derechos sociales, pero también es circunscrita, ya que no es una democracia directa, o social, lo mismo que le sucede a los demócratas socialistas cuando están sujetos al constitucionalismo liberal. Ahora bien, que la oligarquía sea democrática representativamente, por aceptar la democracia representativa, no quita que también sea antidemocrática, ya que la representación es falsa, por lo que reprime a los intereses sociales que no son tolerados por los representantes, lo mismo que le sucede a los populistas y a los socialistas en los gobiernos representativos, aunque de distintas maneras, ya que ellos están predispuestos de otras formas a aceptar los reclamos sociales.
También hay que tener en cuenta que el apego liberal a las legislaciones capitalistas no les impide la delincuencia ni el abuso de los vacíos legales, que son aspectos no regulados por la ley establecida pero sí juzgables por la moral común, es decir, que no debiera haber que legislarlos, ya que bastaría con tener sentido común para guiar la conducta. Un problema de las piedades es que los piadosos, al suponer que el comportamiento bueno es aquél conforme a la ley, relegan al sentido común como guía de conducta, y lo violentan, excusándose en la ley escrita o en los vacíos legales sin importárles las consecuencias de sus prácticas.
2. Eso de que la izquierda opositora a los gobiernos progresistas “le hizo el juego a la derecha” fue cierto pero en momentos puntuales, y no intencionalmente sino por la casualidad de la coyuntura. Quienes sostuvieron esa crítica omitieron completar la explicación con las generalidades del caso, que concluyen en que la izquierda es contraria a la derecha, lo que es obvio pero no siempre reconocido.
Otro aspecto a tener en cuenta es que estos gobiernos tienen muchos puntos cuestionables, a los que se debe criticar bien para que las críticas sean bien recibidas, lo que no les es fácil porque tienen por una parte mucha presión en contra desde arriba, desde el privatismo, y una responsabilidad inmensa respecto de las naciones a las que dirigen, y por otra parte una rudeza que se los dificulta, rudeza de la que la humanidad no está exenta en general. Por eso es que es necesaria una crítica justa, no sólo para con ellos, pero también para con ellos; pero además está la cuestión de que las críticas que se les hacen a los progresistas no los comparan con los proyectos liberales que se les oponen, como Cambiemos en Argentina o la Mesa de Unidad Democrática venezolana, lo que los favorece y da cabida a que se las acuse de “hacerle el juego a la derecha”, lo que es cierto aunque esa no sea su intención, porque la crítica se circunscribe a los progresistas sin sopesarlos con los liberales. Aclaro sobre esto que los gobiernos progresistas se ejercen en el marco de sistemas dominados por actores y legislaciones liberales, por lo que no podrían dejar de ser liberales incluso aunque lo quisieran, pero, en el marco del liberalismo dominante en el mundo, implementan políticas democratizantes, que aspiran o no a superar el capitalismo pero sí al progreso, que facilita y es una condición necesaria para su superación, aunque también tienen malas prácticas. El peligro es que efectivamente el fin de ciclo suceda y los gobiernos progresistas sean reemplazados por gobiernos conservadores, lo que implicaría un retroceso social y situaría a la lucha emancipatoria en un nivel inferior, aunque la historia no vuelva para atrás, al que luego habría que remontar para pasar a una fase superior. Aquí hay un problema serio con parte de la izquierda, con la izquierda opositora a los gobiernos progresistas, que tiene que mantener las críticas buenas pero que también tendría que colaborar a sostenerlos, aunque exigiéndoles correcciones, y más cuando existe el riesgo de que perezcan ante los conservadores, porque, si no, no se podrá pasar a una etapa superior. La idea de que con una revolución se saltearían etapas tal vez pudiera ser concretada, pero es remota y quizás falsa, y es innecesario optar por ella a la vez que descartar la superación gradual, ya que los avances se hacen de acuerdo a la coyuntura concreta, que casi siempre no está lista para progresos bruscos: pensemos en cómo terminó la revolución rusa. La teoría del “cuanto peor, mejor” es falsa y contraproducente, además de causar peleas vanas entre los demócratas, sean socialistas o populistas. La solución es la de apostar por el gradualismo y la drasticidad según lo permita la correlación de fuerzas.
Me parece que, dado lo que sé, y tal vez me equivoque, no se puede predecir tanto el futuro como para estar seguro de que el ciclo de los gobiernos progresistas llegue a su fin. Ya cayó el gobierno populista argentino y el brasilero está en serias dificultades, lo mismo que el venezolano y no sé el de Ecuador, ni los demás, pero incluso si la tesis del fin de ciclo se comprobara como cierta habría poco qué celebrar, ya que su triunfo se debería no a la superación de esos gobiernos por izquierda, sino a la restauración conservadora, por lo que esa celebración sería un festejo desgraciado, del que tendríamos que recuperarnos con gobiernos que restablecieran las medidas democráticas que estamos perdiendo ahora. La oscilación de los conservadores y los demócratas en los gobiernos latinoamericanos se inició con el modelo agroexportador, aunque tiene experiencias previas, y sería osado pretender que vaya a terminarse pronto, por lo que es probable que el progresismo en declive se recupere en los próximos años, luego de que vuelvan a fracasar los liberales. Hay que tener en cuenta que, en tanto que el capitalismo es pío, y la piedad es falsa, los gobiernos capitalistas siempre van de fracaso en fracaso, alternándose las opciones partidarias como una búsqueda también fallida de las naciones por recomponerse tal como lo deseamos los humanos cuando deseamos bien. Lo anterior no quita que sea necesario un diálogo político que prepare al espacio democrático en general, sea de los progresistas actualmente en los gobiernos o de los opositores, para establecer pautas de discusión que permitan el reconocimiento de los análisis necesarios para la conciencia política que deben tener las sociedades y los gobiernos. Y también la izquierda opositora tiene que reconocer que las sociedades están en un nivel de atraso del que los gobiernos democráticos son poco responsables, estado que impide los avances, aunque en otros casos los que retrasaron hayan sido los gobiernos. Un punto importante es que los proletariados de los países de los gobiernos progresistas votaron mayoritariamente por los partidos de esos gobiernos, lo que no justifica sus errores pero sí da cuenta de que los gobiernos progresistas no pueden implementar los puntos democráticos del programa socialista sin dificultad ˗porque el proletariado, como las naciones, es cristiano en general, y parcialmente procapitalista˗, sino que tienen que estar mayormente concentrados en resistir los ataques de la derecha imperialista a la vez que lidiar con sus propios males, con los males del capitalismo y con la responsabilidad de mantener a las naciones que lideran.
Anexos
1. El privatismo no es que no sea democrático, ya que la democracia representativa es un invento suyo, del alto capital, que impuso su modo de gobierno con las revoluciones liberales. Lo que pasa es que su forma de democracia es de las más restringidas, acotada al sufragio y a las otras garantías constitucionales. En el caso del populismo, la democracia se amplía a los derechos sociales, pero también es circunscrita, ya que no es una democracia directa, o social, lo mismo que le sucede a los demócratas socialistas cuando están sujetos al constitucionalismo liberal. Ahora bien, que la oligarquía sea democrática representativamente, por aceptar la democracia representativa, no quita que también sea antidemocrática, ya que la representación es falsa, por lo que reprime a los intereses sociales que no son tolerados por los representantes, lo mismo que le sucede a los populistas y a los socialistas en los gobiernos representativos, aunque de distintas maneras, ya que ellos están predispuestos de otras formas a aceptar los reclamos sociales.
También hay que tener en cuenta que el apego liberal a las legislaciones capitalistas no les impide la delincuencia ni el abuso de los vacíos legales, que son aspectos no regulados por la ley establecida pero sí juzgables por la moral común, es decir, que no debiera haber que legislarlos, ya que bastaría con tener sentido común para guiar la conducta. Un problema de las piedades es que los piadosos, al suponer que el comportamiento bueno es aquél conforme a la ley, relegan al sentido común como guía de conducta, y lo violentan, excusándose en la ley escrita o en los vacíos legales sin importárles las consecuencias de sus prácticas.
2. Eso de que la izquierda opositora a los gobiernos progresistas “le hizo el juego a la derecha” fue cierto pero en momentos puntuales, y no intencionalmente sino por la casualidad de la coyuntura. Quienes sostuvieron esa crítica omitieron completar la explicación con las generalidades del caso, que concluyen en que la izquierda es contraria a la derecha, lo que es obvio pero no siempre reconocido.
De la condena a los yihadistas
Dentro del espacio de la gente que no es extremista, el laicismo tolerante, hay una actitud cuestionable con respecto al yihadismo, que es la que sostiene que, en tanto que el yihadismo es fundamentalista y bélico, es necesario derrotarlo militarmente para luego de eso impulsar una coexistencia pacífica entre las naciones. Esta postura es criticable en varios aspectos. En primer lugar, en que no aborda el problema de las religiones, por lo que oculta su falsedad, lo que mantiene en vigencia a los mitos con que los creyentes explican sus motivos de vida y causa enfrentamientos, ya que los miembros de los distintos credos se tratan de infieles entre sí, cosa que en los peores momentos lleva a las peleas, además de las ambiciones imperialistas involucradas en el conflicto bélico. En segundo término, esta postura no cuestiona a los intereses armamentistas y militaristas, que presionan a favor de las intervenciones armadas no sólo por sus metas económicas, es decir, para que se vendan los armamentos y para obtener petróleo, sino también por su cultura guerrera. En tercer lugar, se arroga una pretendida bondad, ya que supone que el laicismo tolerante es bueno y pacifista, y busca una coexistencia armónica entre los grupos, mientras que sostiene al proceder de la OTAN, de Rusia y de Turquía, que son las potencias bélicas mayores y que causan estragos más grandes que los que están haciendo los yihadistas.
Desde una perspectiva socialista, lo que debe proponerse es el reconocimiento del lugar que tienen las religiones como factor determinante del conflicto, lo mismo que los intereses imperialistas, y plantear una coexistencia entre las naciones basada en la verdad y la cooperación, del mismo modo que deben cuestionarse los enclaves extractivos e industriales, y las políticas gubernamentales y estatales, que intervienen en la fabricación de los armamentos.
Las potencias pretendidamente moderadas, la OTAN y Rusia en particular, si de verdad quisieran enfrentar bien al conflicto, tendrían que proponer un armisticio, efectuar una guerra defensiva contra la yihad y buscar desarmarla por medio de la diplomacia y de la interrupción de los recursos bélicos con que se abastece.
Desde una perspectiva socialista, lo que debe proponerse es el reconocimiento del lugar que tienen las religiones como factor determinante del conflicto, lo mismo que los intereses imperialistas, y plantear una coexistencia entre las naciones basada en la verdad y la cooperación, del mismo modo que deben cuestionarse los enclaves extractivos e industriales, y las políticas gubernamentales y estatales, que intervienen en la fabricación de los armamentos.
Las potencias pretendidamente moderadas, la OTAN y Rusia en particular, si de verdad quisieran enfrentar bien al conflicto, tendrían que proponer un armisticio, efectuar una guerra defensiva contra la yihad y buscar desarmarla por medio de la diplomacia y de la interrupción de los recursos bélicos con que se abastece.
jueves, 26 de noviembre de 2015
Los bebés de la clase alta, soberbios
En tanto que la soberbia es la superioridad, los bebés de la clase alta son soberbios porque están en una posición social superior a la gente de las clases media y baja, de igual modo que la clase media es soberbia para con la clase baja.
Entonces, a la soberbia hay que enfrentarla bien, no acusarla, como se hace corrientemente, ya que la sociedad está jerarquizada, lo que implica la existencia de superioridades e inferioridades, clasistas y de otros tipos, que a veces revierten a aquéllas. Enfrentarla bien requiere hacerla conocer en lo que es en realidad, y luchar por la igualdad social, ya que sin ella la soberbia persistirá, aunque se la combata.
Entonces, a la soberbia hay que enfrentarla bien, no acusarla, como se hace corrientemente, ya que la sociedad está jerarquizada, lo que implica la existencia de superioridades e inferioridades, clasistas y de otros tipos, que a veces revierten a aquéllas. Enfrentarla bien requiere hacerla conocer en lo que es en realidad, y luchar por la igualdad social, ya que sin ella la soberbia persistirá, aunque se la combata.
Capital nacional y trasnacional
El capital, en tanto que es histórico, es nacional cuando permanece dentro del territorio del estado-nación en que se produjo, y es trasnacional cuando lo atraviesa. Muchas empresas pequeñas y medianas son de capitales nacionales, o son poco trasnacionales, y dependen de la protección de los gobiernos para persistir, dada la mayor productividad del capital trasnacional.
Del mismo modo, el capital trasnacional lo es más o menos según traspasa las fronteras nacionales históricamente, y se arraiga en las naciones según lo hace históricamente. Plantear eso no es una defensa del capital nacional, ni del trasnacional, pero tampoco un ataque: es postular una idea para que se lo reconozca tal cual es, lo que es necesario para elaborar una estrategia superadora, que no debe ser la de atacar al capital, sino la de determinarlo.
Del mismo modo, el capital trasnacional lo es más o menos según traspasa las fronteras nacionales históricamente, y se arraiga en las naciones según lo hace históricamente. Plantear eso no es una defensa del capital nacional, ni del trasnacional, pero tampoco un ataque: es postular una idea para que se lo reconozca tal cual es, lo que es necesario para elaborar una estrategia superadora, que no debe ser la de atacar al capital, sino la de determinarlo.
De la teoría del valor socialmente necesario
Antes de entrar en el tema debo aclarar que no estoy muy familiarizado con El Capital, del que leí el primer tomo apenas, y el principio del segundo, por lo que la idea siguiente puede ser equívoca.
Si no entendí mal y recuerdo bien, Marx, cuando describió la creación del valor de cambio industrial, sostuvo que el valor de cambio de las mercancías de esa rama económica se define en general por el valor socialmente necesario para producirlas, o sea, por la combinación del capital constante y del capital variable en la productividad fabril. Como criterio general, tiene algo de validez ese planteo, pero no es totalmente histórico, por lo que mantiene ignorados a los otros determinantes del valor de cambio, sea industrial o no, como lo es la relación entre la oferta y la demanda en la compra y la venta de las mercancías, lo que postula la escuela liberal. Esa relación entre la oferta y la demanda en la determinación del precio, que es el valor de cambio mercantil, ya que el valor de cambio mercantil es el valor monetario por el cual se intercambian las mercancías, es real y es parte del proceso de producción económica. Lo que pasa es que la ley de la oferta y la demanda es incompleta: describe al intercambio de mercancías sin reconocer a los demás factores que intervienen en el asunto, como la presión sindical, las conquistas legales, la solidaridad humana, las trampas, los manejos sobre la desesperación ajena, las luchas de los consumidores, las pérdidas de stock por robos, la compensación de los perjuicios por sabotajes, las patologías e intereses extraeconómicos de los empresarios, obreros, sindicalistas y funcionarios estatales y tantos más.
La creación del valor de cambio, en tanto que es histórica, responde a los factores a los que responde según lo que la humanidad hace de ella de hecho, pero con la generalidad del valor socialmente necesario, que no aplica siempre de la misma manera ni en los mismos lugares: es histórica también. Esto permite comprender el aumento en el valor de cambio hecho por los empresarios, que con su tarea se lo agregan al precio de las mercancías, lo que tiene una importancia proporcional menor en las grandes empresas, y que es mayor, o total, en las empresas medianas y pequeñas. También permite reconocer la incidencia de las guerras y las catástrofes en la determinación de los precios.
Este es el caso de los vendedores ambulantes, que son empresarios de empresas unipersonales, y que compran mercadería a la que le añaden la cantidad de valor de cambio que necesitan para vivir, o un poco más, o menos, según lo que vendan. Este es un tipo de los tantos casos que hay en la producción mercantil.
Eso de que el precio es distinto del valor de cambio no es verdad: es una idea equivocada de Marx, que se centró exclusivamente en la producción al interior de las fábricas, y sin reconocer las tareas de los empresarios, decir lo cual no quita reconocer la opresión empresarial ni la necesidad de socializar los medios de producción.
Si no entendí mal y recuerdo bien, Marx, cuando describió la creación del valor de cambio industrial, sostuvo que el valor de cambio de las mercancías de esa rama económica se define en general por el valor socialmente necesario para producirlas, o sea, por la combinación del capital constante y del capital variable en la productividad fabril. Como criterio general, tiene algo de validez ese planteo, pero no es totalmente histórico, por lo que mantiene ignorados a los otros determinantes del valor de cambio, sea industrial o no, como lo es la relación entre la oferta y la demanda en la compra y la venta de las mercancías, lo que postula la escuela liberal. Esa relación entre la oferta y la demanda en la determinación del precio, que es el valor de cambio mercantil, ya que el valor de cambio mercantil es el valor monetario por el cual se intercambian las mercancías, es real y es parte del proceso de producción económica. Lo que pasa es que la ley de la oferta y la demanda es incompleta: describe al intercambio de mercancías sin reconocer a los demás factores que intervienen en el asunto, como la presión sindical, las conquistas legales, la solidaridad humana, las trampas, los manejos sobre la desesperación ajena, las luchas de los consumidores, las pérdidas de stock por robos, la compensación de los perjuicios por sabotajes, las patologías e intereses extraeconómicos de los empresarios, obreros, sindicalistas y funcionarios estatales y tantos más.
La creación del valor de cambio, en tanto que es histórica, responde a los factores a los que responde según lo que la humanidad hace de ella de hecho, pero con la generalidad del valor socialmente necesario, que no aplica siempre de la misma manera ni en los mismos lugares: es histórica también. Esto permite comprender el aumento en el valor de cambio hecho por los empresarios, que con su tarea se lo agregan al precio de las mercancías, lo que tiene una importancia proporcional menor en las grandes empresas, y que es mayor, o total, en las empresas medianas y pequeñas. También permite reconocer la incidencia de las guerras y las catástrofes en la determinación de los precios.
Este es el caso de los vendedores ambulantes, que son empresarios de empresas unipersonales, y que compran mercadería a la que le añaden la cantidad de valor de cambio que necesitan para vivir, o un poco más, o menos, según lo que vendan. Este es un tipo de los tantos casos que hay en la producción mercantil.
Eso de que el precio es distinto del valor de cambio no es verdad: es una idea equivocada de Marx, que se centró exclusivamente en la producción al interior de las fábricas, y sin reconocer las tareas de los empresarios, decir lo cual no quita reconocer la opresión empresarial ni la necesidad de socializar los medios de producción.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Ambientalismo, terrismo y naturismo
Siendo que el ambientalismo es una concepción que reconoce a lo que circunda a la humanidad, contiene al terrismo y al naturismo, ya que la Tierra y la naturaleza que no es humana rodean a la humanidad; pero el ambientalismo también se refiere a las creaciones humanas, como las urbes y sus construcciones, que de igual modo nos rodean.
El terrismo, según lo entiendo, es una concepción que reconoce el valor de la Tierra para la naturaleza, por lo que postula su protección y su explotación racional. Es como el pachamamismo, pero ateo y científico.
El naturismo es la concepción proclive a la naturaleza, es decir, al conjunto de seres vivos, ya que el vocablo latino natura viene de “nascor”, o sea, “nacer”, por lo que se refiere a los seres nacidos.
El terrismo, según lo entiendo, es una concepción que reconoce el valor de la Tierra para la naturaleza, por lo que postula su protección y su explotación racional. Es como el pachamamismo, pero ateo y científico.
El naturismo es la concepción proclive a la naturaleza, es decir, al conjunto de seres vivos, ya que el vocablo latino natura viene de “nascor”, o sea, “nacer”, por lo que se refiere a los seres nacidos.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Para la clasificación social y la estrategia socialista
Entendida la producción en sentido general, como reproducción del conjunto social, no sólo como producción económica, los medios de producción son más que la tierra, las herramientas, las maquinarias, las construcciones, los vehículos, las instalaciones infraestructurales, como los puertos, rutas y aduanas, la ciencia y la fuerza de trabajo, por lo que es preciso redefinir el esquema clasista del materialismo histórico, incorporando a él a los medios de producción que fueron ignorados o menos reconocidos, como las iglesias, las sedes de gobierno, las escuelas, los hospitales, los medios de comunicación, los saberes comunes, los centros culturales, las artes, los comercios y tantos más a los que hay que reconocer, como las charlas informales, los debates políticos y las propagandas. Eso permitiría resolver la distancia que hay entre el análisis de clase marxista clásico y aquel otro, más completo, pero no lo suficientemente dado a reconocer la relación entre las clases y los medios de producción mercantil, basado en la jerarquización entre las clases baja, media y alta, y sus subtipos: es el que postula la escala social.
Quiero señalar mi incomodidad con el uso que se hace de la categoría de “burguesía”, porque su etimología alude a la clase de los habitantes de las ciudades, diferente de la de los campesinos, en vez que a la clase capitalista. Es un término utilizable pero cuestionable también. Asimismo, hay un problema con la distinción entre propietarios y proletarios, ya que los trabajadores también poseen medios de producción, como lo son la fuerza de trabajo, las herramientas, las viviendas, los electrodomésticos, los partidos políticos y las técnicas, y ya que los empresarios tienen proles. Este problema con la definición está causando una traba en la estrategia socialista, que tiene que lidiar con un debate impreciso sobre cuál es el sujeto de la revolución y qué alianzas establecer para conseguir el gobierno, debate en el cual no es tenido en cuenta lo suficiente el lugar de las religiones en la reproducción social.
Entonces, de abajo hacia arriba, está primero la clase baja, llamada lumpenproletariado, que quiere decir “proletariado harapiento”, es decir, “familias andrajosas”, y que son los villeros. “Proletariado” es “conjunto de familias”, ya que “prole” es “familia”, por lo que “proletario” es “familiero”, independientemente del tipo de ingreso que tenga. “Lumpen” quiere decir, en alemán, “harapo”, “andrajo”. Esta clase se caracteriza por sus ingresos bajos. Sus miembros son desocupados, indígenas sin tierra, o apartados en parcelas chicas; pequeños agricultores, asalariados pobres, artesanos, cuentapropistas chicos y pequeños empresarios. Cuando se habla de la “burguesía nacional”, refiriéndose al pequeño y mediano empresariado, hay que tener en cuenta que esa categoría incluye a los empresarios lumpenproletarios, que son aquellos hombres y mujeres que tienen empresas informales, como los pequeños comerciantes de las villas y los agricultores de subsistencia, y que tienen sus pertenencias maltrechas, sean sus ropas, sus casas, sus automóviles, sus barrios, los medios de transporte públicos, las escuelas y los hospitales que utilizan, las iglesias a las que acuden o sus materiales de trabajo, como lo son los carruajes, las tiendas improvisadas y las carpetas rotas. Los socialistas deben tener una política para con el lumpenproletariado, ya que hasta ahora lo que hicieron en gran medida fue descalificarlo por ser delincuente o retrógrado, cosa que a veces no es verdad, aparte de que es necesario incorporarlo porque son seres humanos, y de que los proletarios y los capitalistas a veces también son delincuentes y retrógrados. Esta clase, el lumpenproletariado, hace una acumulación pequeña de capitales más bien concretos: tienen viviendas, títulos, vehículos, herramientas, electrodomésticos, relaciones sociales, saberes y demás, además de pequeños ahorros y maquinarias fabriles.
Luego, está la clase media, llamada proletariado, pero que en realidad no se compone únicamente de obreros asalariados, sino también de otras capas, de ingresos equivalentes, o algo mayores, compuesta por cuentapropistas, artesanos, agricultores y empresarios de mayores réditos que el lumpenproletariado, que a veces en nada o en poco le quitan el plusvalor a sus empleados, sino que más bien valorizan por su propio trabajo, que en algunos casos agrega más valor que el común de los trabajadores por basarse en técnicas complejas, de un nivel educativo medio o alto. Hay que tener en cuenta que los asalariados de clase media son propietarios de medios de producción: aparte de su fuerza de trabajo, que es un medio de producción, tienen el conocimiento de las técnicas para producir económicamente, o una mejor posición por antigüedad laboral, o cuestiones de esas índoles, que hacen a su remuneración. En otras ocasiones, sea por un mayor nivel educativo y laboral, o por contar con más empleados, o mayores tierras, y demás equivalentes, este proletariado supera al común de los trabajadores y empresarios medios y se acerca a la clase alta, con un mayor nivel de extracción de plusvalor, no sólo realizado en las empresas, sino en el conjunto social: este sector goza de mejores barrios, limpieza municipal, viviendas, escuelas y hospitales, etc., es decir, de mayores recursos estatales y privados puestos a su disposición. La clase no se define sólo por el nivel adquisitivo familiar sino también por el resto de los servicios sociales a los que accede. En esta clase se encuentran los profesionales, que si bien no le quitan plusvalía a nadie, se benefician de las tareas bajas de quienes les sirven, y tienen acceso a medios de producción como lo son las instituciones educativas y sanitarias, que, aunque no les pertenecen, porque son estatales o privadas, les es permitido utilizarlas, lo que es una forma intermedia de la tenencia, y eso no quita las opresiones que sufren en ellas. Esta clase acumula capital en mayor medida que la anterior, pero no es capitalista, ya que no se inclina mucho por la acumulación de capital: hace una acumulación medianamente interesada en ello. Dentro de los capitales acumulados por esta clase, igual que para las clases baja y alta, hay que contar al capital cultural, al social y al político, ya que hay quienes tienen pocas pertenencias materiales pero gozan de un gran prestigio simbólico, o académico, u otros equivalentes, que los hacen sobresalir por encima de otros que tienen más dinero. Muchos socialistas, que dicen ser proletarios, y que lo son, están dentro de este grupo, que es superior al común de los trabajadores, y se equipara relativamente al de los empresarios medianos.
La clase capitalista, llamada burguesía, es la de los grandes empresarios, e incluye a los ejecutivos, aunque sean asalariados, a los grandes terratenientes y a los financistas. También al alto clero y a la mayoría de los gobernantes, aunque otros son proletarios y hasta algo andrajosos a veces. Cabe mencionar que, dado que la socialidad capitalista está quebrada, las tres clases sociales son lúmpenes en su socialidad, aunque eso varía según su moral y sus prácticas concretas. La llamada burguesía es la del “gran capital”, y está inmersa en la lógica de la acumulación de capital como fin en sí mismo y en gran escala, compulsivamente, aunque no siempre: no todos los miembros de la clase alta buscan la acumulación de capital, sino que algunos simplemente nacieron en esa clase y tienen que lidiar con eso, e incluso los grandes empresarios y gobernantes tienen una inclinación familiera, y de servicio al resto de la sociedad. Su alto nivel de sofisticación les conlleva un modo de vida estricto, de alta competencia, poco sincero y bastante falso en algunos aspectos, por lo que es bastante mísero y opresivo. Es una clase muy proclive a sostener las posturas más reaccionarias de las iglesias, que suelen ser sus guías espirituales, e incluso aunque algunos de sus miembros sean relativamente pobres en pertenencias, gozan de liderazgo social, de capacidad de dominio, lo que los sitúa a alto nivel. Su sistema de vida les implica, en algunos aspectos, ser más oprimidos que los proletarios, por la sujeción a las reglas estrictas de las religiones y de los colegios privados y a los imperativos del dominio político y económico, además de tener terrores derivados de los mitos religiosos, como el miedo al infierno o a los diablos, o el acoso estricto conforme con las leyes pías.
Cabe repetir que, en tanto que la acumulación de valores no es buena en sí misma, sino que requiere de un orden para serlo, los así considerados privilegiados también tienen una vida pobre, por lo que no deben ser acosados por ser ricos en pertenencias, pero sí criticados por eso de buena manera, y se debe reconocer los males que sufren y se les debe hacer reconocer las consecuencias del modelo en que se basa su riqueza, de modo tal de favorecer su aceptación del socialismo, lo que no quita que también haya que imponérselos. Pero también hay que admitir que el socialismo debe racionalizar la economía, por lo que en él la humanidad tendría menos bienes fabricados que los que tiene hoy, pero tendría los necesarios y ganaría en riqueza social y ambiental, además de gozar de que el resto de la naturaleza y la Tierra estarían en buen estado.
Anexos
1. El término “familia”, relativo al de “proletariado”, viene del vocablo latino “famulus”, derivado del osco “famel” y del umbro “famerías”, y en la antigua Roma quería decir “sirviente”, “esclavo”, “doméstico” y “sumiso”, con una acepción para los sacerdotes en tanto que siervos de las presuntas divinidades. Por eso es que se equipara al proletariado con los trabajadores, ya que los trabajadores son la clase sometida por los dominantes, equivalentes actuales de los amos antiguos. Pero eso no es toda la historia, ya que, por una parte, el término “familia” tiene la acepción referida a las relaciones de parentesco, de las que participan tanto los sirvientes como los mandantes y ya que, por otra, los propietarios también sirven a los proletarios, en el sentido de que se encargan de su mantenimiento, proveyéndoles de dinero cuando les pagan sus salarios, garantizándoles la producción alimentaria con que se nutren, los demás bienes que consumen y las prestaciones sociales estatales, como la salud y la educación, que requieren de un esfuerzo gubernamental, aunque, dada la falsedad pía, y capitalista, esta relación es insuficiente y hace a un modo de vida mísero. Asimismo, la contraposición entre capitalistas y trabajadores supone falsamente que los dominantes oprimen a los dominados sin que haya opresiones de abajo hacia arriba y sin reconocer las penas de la clase alta, debidas a esa opresión desde abajo y a muchas otras causas, entre las cuales está la opresión que los explotadores se imponen a sí mismos, lo que dificulta acertar la estrategia de lucha, que tiene que incluir a la socialización de los medios de producción pero que también tiene que reconocer a las verdades históricas que no reconoce, como es el hecho de que ser dominante tiene muchos disgustos, o sea, que es algo malo, indeseable y oprimido también, por lo que, en realidad, los dominadores no quieren vivir como viven, pero se aferran a ello cuando la lucha de clases los pone ante la disyuntiva de ser sometidos por la violencia desde abajo, por lo que esa violencia es contraproducente, ya que impide a la clase alta aceptar la socialización. De allí que sea necesaria la violencia legítima, que está dificultada además porque la clase alta también comete violencias desmedidas, que enfurecen a los proletarios, por lo cual a ellos no les sale responderles bien.
2. Aparte de los medios de producción de propiedad individual y colectiva están los estados, que también son medios de reproducción social, y que son centrales a las naciones, ya que contienen a los gobiernos y a sus administraciones, sean armadas, jurídicas, financieras, educativas, sanitarias y demás. Los estados son objetos sociales, pertenecientes a las sociedades, y determinantes de sus territorios, pero cuyos elementos no son de tenencia individual, salvo por medio de contratos que habilitan a los ciudadanos a utilizarlos momentáneamente, de igual manera que son poseídos por los gobernantes mientras ejercen sus cargos.
3. La clasificación social ordena a las sociedades según la tenencia de medios de vida, entre los que están los de producción, de la población, y que son relativos a los valores que los humanos creamos con nuestro esfuerzo, no sólo mediante el trabajo; pero la escala social no es lo único que importa en la historia humana, es decir, que no sólo es precisa la igualdad social sino también el cese de las opresiones debidas a las falsedades humanas, algunas de las cuales no tienen relación directa con la apropiación del valor de cambio. Hay que reconocer que, dadas la piedad y la lucha de clases, la clase alta sufre grandes opresiones, para cumplir con las reglas de las leyes que regulan a la actividad empresarial, las de las gubernamentales, etc., entre las cuales está el heterosexismo reproductivo, la monogamia, el familiarismo y los rituales religiosos, la prohibición de la eutanasia y tantas más, por lo que muchas aspiraciones del socialismo provienen de la clase alta, que o bien las inició o bien las acompañó luego de iniciadas en las clases que le son inferiores, como la libertad sexual, la legalización de las drogas, el sufragio femenino e incluso la socialización de los medios de producción, que es una idea de Marx, retomada de anhelos anteriores a él, a la que sostuvo junto a Engels, que era hijo de un empresario textil, la industria más alta de su época. También hay que recordar que ambos eran burgueses, en tanto que habitantes de los burgos, y que Marx fue de clase media o media alta, por haber sido hijo de un comerciante con estudios universitarios. No fueron capitalistas, sino burgueses socialistas.
4. Anulo esta nota porque define mal al lumpenproletariado y al proletariado, al equiparar al primero con las villas, que no son del todo lumpenproletarias, y al segundo con la clase media. El lumpenproletariado se compone de la clase indigente. Luego viene el proletariado más pobre, bastante villero pero también habitante de barrios bajos, y el más formal, más de clase baja alta y media.
Quiero señalar mi incomodidad con el uso que se hace de la categoría de “burguesía”, porque su etimología alude a la clase de los habitantes de las ciudades, diferente de la de los campesinos, en vez que a la clase capitalista. Es un término utilizable pero cuestionable también. Asimismo, hay un problema con la distinción entre propietarios y proletarios, ya que los trabajadores también poseen medios de producción, como lo son la fuerza de trabajo, las herramientas, las viviendas, los electrodomésticos, los partidos políticos y las técnicas, y ya que los empresarios tienen proles. Este problema con la definición está causando una traba en la estrategia socialista, que tiene que lidiar con un debate impreciso sobre cuál es el sujeto de la revolución y qué alianzas establecer para conseguir el gobierno, debate en el cual no es tenido en cuenta lo suficiente el lugar de las religiones en la reproducción social.
Entonces, de abajo hacia arriba, está primero la clase baja, llamada lumpenproletariado, que quiere decir “proletariado harapiento”, es decir, “familias andrajosas”, y que son los villeros. “Proletariado” es “conjunto de familias”, ya que “prole” es “familia”, por lo que “proletario” es “familiero”, independientemente del tipo de ingreso que tenga. “Lumpen” quiere decir, en alemán, “harapo”, “andrajo”. Esta clase se caracteriza por sus ingresos bajos. Sus miembros son desocupados, indígenas sin tierra, o apartados en parcelas chicas; pequeños agricultores, asalariados pobres, artesanos, cuentapropistas chicos y pequeños empresarios. Cuando se habla de la “burguesía nacional”, refiriéndose al pequeño y mediano empresariado, hay que tener en cuenta que esa categoría incluye a los empresarios lumpenproletarios, que son aquellos hombres y mujeres que tienen empresas informales, como los pequeños comerciantes de las villas y los agricultores de subsistencia, y que tienen sus pertenencias maltrechas, sean sus ropas, sus casas, sus automóviles, sus barrios, los medios de transporte públicos, las escuelas y los hospitales que utilizan, las iglesias a las que acuden o sus materiales de trabajo, como lo son los carruajes, las tiendas improvisadas y las carpetas rotas. Los socialistas deben tener una política para con el lumpenproletariado, ya que hasta ahora lo que hicieron en gran medida fue descalificarlo por ser delincuente o retrógrado, cosa que a veces no es verdad, aparte de que es necesario incorporarlo porque son seres humanos, y de que los proletarios y los capitalistas a veces también son delincuentes y retrógrados. Esta clase, el lumpenproletariado, hace una acumulación pequeña de capitales más bien concretos: tienen viviendas, títulos, vehículos, herramientas, electrodomésticos, relaciones sociales, saberes y demás, además de pequeños ahorros y maquinarias fabriles.
Luego, está la clase media, llamada proletariado, pero que en realidad no se compone únicamente de obreros asalariados, sino también de otras capas, de ingresos equivalentes, o algo mayores, compuesta por cuentapropistas, artesanos, agricultores y empresarios de mayores réditos que el lumpenproletariado, que a veces en nada o en poco le quitan el plusvalor a sus empleados, sino que más bien valorizan por su propio trabajo, que en algunos casos agrega más valor que el común de los trabajadores por basarse en técnicas complejas, de un nivel educativo medio o alto. Hay que tener en cuenta que los asalariados de clase media son propietarios de medios de producción: aparte de su fuerza de trabajo, que es un medio de producción, tienen el conocimiento de las técnicas para producir económicamente, o una mejor posición por antigüedad laboral, o cuestiones de esas índoles, que hacen a su remuneración. En otras ocasiones, sea por un mayor nivel educativo y laboral, o por contar con más empleados, o mayores tierras, y demás equivalentes, este proletariado supera al común de los trabajadores y empresarios medios y se acerca a la clase alta, con un mayor nivel de extracción de plusvalor, no sólo realizado en las empresas, sino en el conjunto social: este sector goza de mejores barrios, limpieza municipal, viviendas, escuelas y hospitales, etc., es decir, de mayores recursos estatales y privados puestos a su disposición. La clase no se define sólo por el nivel adquisitivo familiar sino también por el resto de los servicios sociales a los que accede. En esta clase se encuentran los profesionales, que si bien no le quitan plusvalía a nadie, se benefician de las tareas bajas de quienes les sirven, y tienen acceso a medios de producción como lo son las instituciones educativas y sanitarias, que, aunque no les pertenecen, porque son estatales o privadas, les es permitido utilizarlas, lo que es una forma intermedia de la tenencia, y eso no quita las opresiones que sufren en ellas. Esta clase acumula capital en mayor medida que la anterior, pero no es capitalista, ya que no se inclina mucho por la acumulación de capital: hace una acumulación medianamente interesada en ello. Dentro de los capitales acumulados por esta clase, igual que para las clases baja y alta, hay que contar al capital cultural, al social y al político, ya que hay quienes tienen pocas pertenencias materiales pero gozan de un gran prestigio simbólico, o académico, u otros equivalentes, que los hacen sobresalir por encima de otros que tienen más dinero. Muchos socialistas, que dicen ser proletarios, y que lo son, están dentro de este grupo, que es superior al común de los trabajadores, y se equipara relativamente al de los empresarios medianos.
La clase capitalista, llamada burguesía, es la de los grandes empresarios, e incluye a los ejecutivos, aunque sean asalariados, a los grandes terratenientes y a los financistas. También al alto clero y a la mayoría de los gobernantes, aunque otros son proletarios y hasta algo andrajosos a veces. Cabe mencionar que, dado que la socialidad capitalista está quebrada, las tres clases sociales son lúmpenes en su socialidad, aunque eso varía según su moral y sus prácticas concretas. La llamada burguesía es la del “gran capital”, y está inmersa en la lógica de la acumulación de capital como fin en sí mismo y en gran escala, compulsivamente, aunque no siempre: no todos los miembros de la clase alta buscan la acumulación de capital, sino que algunos simplemente nacieron en esa clase y tienen que lidiar con eso, e incluso los grandes empresarios y gobernantes tienen una inclinación familiera, y de servicio al resto de la sociedad. Su alto nivel de sofisticación les conlleva un modo de vida estricto, de alta competencia, poco sincero y bastante falso en algunos aspectos, por lo que es bastante mísero y opresivo. Es una clase muy proclive a sostener las posturas más reaccionarias de las iglesias, que suelen ser sus guías espirituales, e incluso aunque algunos de sus miembros sean relativamente pobres en pertenencias, gozan de liderazgo social, de capacidad de dominio, lo que los sitúa a alto nivel. Su sistema de vida les implica, en algunos aspectos, ser más oprimidos que los proletarios, por la sujeción a las reglas estrictas de las religiones y de los colegios privados y a los imperativos del dominio político y económico, además de tener terrores derivados de los mitos religiosos, como el miedo al infierno o a los diablos, o el acoso estricto conforme con las leyes pías.
Cabe repetir que, en tanto que la acumulación de valores no es buena en sí misma, sino que requiere de un orden para serlo, los así considerados privilegiados también tienen una vida pobre, por lo que no deben ser acosados por ser ricos en pertenencias, pero sí criticados por eso de buena manera, y se debe reconocer los males que sufren y se les debe hacer reconocer las consecuencias del modelo en que se basa su riqueza, de modo tal de favorecer su aceptación del socialismo, lo que no quita que también haya que imponérselos. Pero también hay que admitir que el socialismo debe racionalizar la economía, por lo que en él la humanidad tendría menos bienes fabricados que los que tiene hoy, pero tendría los necesarios y ganaría en riqueza social y ambiental, además de gozar de que el resto de la naturaleza y la Tierra estarían en buen estado.
Anexos
1. El término “familia”, relativo al de “proletariado”, viene del vocablo latino “famulus”, derivado del osco “famel” y del umbro “famerías”, y en la antigua Roma quería decir “sirviente”, “esclavo”, “doméstico” y “sumiso”, con una acepción para los sacerdotes en tanto que siervos de las presuntas divinidades. Por eso es que se equipara al proletariado con los trabajadores, ya que los trabajadores son la clase sometida por los dominantes, equivalentes actuales de los amos antiguos. Pero eso no es toda la historia, ya que, por una parte, el término “familia” tiene la acepción referida a las relaciones de parentesco, de las que participan tanto los sirvientes como los mandantes y ya que, por otra, los propietarios también sirven a los proletarios, en el sentido de que se encargan de su mantenimiento, proveyéndoles de dinero cuando les pagan sus salarios, garantizándoles la producción alimentaria con que se nutren, los demás bienes que consumen y las prestaciones sociales estatales, como la salud y la educación, que requieren de un esfuerzo gubernamental, aunque, dada la falsedad pía, y capitalista, esta relación es insuficiente y hace a un modo de vida mísero. Asimismo, la contraposición entre capitalistas y trabajadores supone falsamente que los dominantes oprimen a los dominados sin que haya opresiones de abajo hacia arriba y sin reconocer las penas de la clase alta, debidas a esa opresión desde abajo y a muchas otras causas, entre las cuales está la opresión que los explotadores se imponen a sí mismos, lo que dificulta acertar la estrategia de lucha, que tiene que incluir a la socialización de los medios de producción pero que también tiene que reconocer a las verdades históricas que no reconoce, como es el hecho de que ser dominante tiene muchos disgustos, o sea, que es algo malo, indeseable y oprimido también, por lo que, en realidad, los dominadores no quieren vivir como viven, pero se aferran a ello cuando la lucha de clases los pone ante la disyuntiva de ser sometidos por la violencia desde abajo, por lo que esa violencia es contraproducente, ya que impide a la clase alta aceptar la socialización. De allí que sea necesaria la violencia legítima, que está dificultada además porque la clase alta también comete violencias desmedidas, que enfurecen a los proletarios, por lo cual a ellos no les sale responderles bien.
2. Aparte de los medios de producción de propiedad individual y colectiva están los estados, que también son medios de reproducción social, y que son centrales a las naciones, ya que contienen a los gobiernos y a sus administraciones, sean armadas, jurídicas, financieras, educativas, sanitarias y demás. Los estados son objetos sociales, pertenecientes a las sociedades, y determinantes de sus territorios, pero cuyos elementos no son de tenencia individual, salvo por medio de contratos que habilitan a los ciudadanos a utilizarlos momentáneamente, de igual manera que son poseídos por los gobernantes mientras ejercen sus cargos.
3. La clasificación social ordena a las sociedades según la tenencia de medios de vida, entre los que están los de producción, de la población, y que son relativos a los valores que los humanos creamos con nuestro esfuerzo, no sólo mediante el trabajo; pero la escala social no es lo único que importa en la historia humana, es decir, que no sólo es precisa la igualdad social sino también el cese de las opresiones debidas a las falsedades humanas, algunas de las cuales no tienen relación directa con la apropiación del valor de cambio. Hay que reconocer que, dadas la piedad y la lucha de clases, la clase alta sufre grandes opresiones, para cumplir con las reglas de las leyes que regulan a la actividad empresarial, las de las gubernamentales, etc., entre las cuales está el heterosexismo reproductivo, la monogamia, el familiarismo y los rituales religiosos, la prohibición de la eutanasia y tantas más, por lo que muchas aspiraciones del socialismo provienen de la clase alta, que o bien las inició o bien las acompañó luego de iniciadas en las clases que le son inferiores, como la libertad sexual, la legalización de las drogas, el sufragio femenino e incluso la socialización de los medios de producción, que es una idea de Marx, retomada de anhelos anteriores a él, a la que sostuvo junto a Engels, que era hijo de un empresario textil, la industria más alta de su época. También hay que recordar que ambos eran burgueses, en tanto que habitantes de los burgos, y que Marx fue de clase media o media alta, por haber sido hijo de un comerciante con estudios universitarios. No fueron capitalistas, sino burgueses socialistas.
4. Anulo esta nota porque define mal al lumpenproletariado y al proletariado, al equiparar al primero con las villas, que no son del todo lumpenproletarias, y al segundo con la clase media. El lumpenproletariado se compone de la clase indigente. Luego viene el proletariado más pobre, bastante villero pero también habitante de barrios bajos, y el más formal, más de clase baja alta y media.
lunes, 19 de octubre de 2015
De la recesión y el desempleo en el modelo desarrollista, y de su liberalismo
Una de las mayores, sino la mayor, deficiencia del modelo desarrollista vigente, es que, al no enfrentar la socialización de los medios de producción, principalmente los privados, pero también los públicos, y en especial de la tierra, que es el eje más importante del capitalismo latinoamericano, depende, para mantener empleadas a las poblaciones, del crecimiento de la actividad económica, lo que genera una producción compulsiva y temerosa de la caída de los índices, es decir, una serie de problemas innecesarios, que sólo se solucionarán cuando las naciones hayan asumido debidamente la necesidad de socializar los medios productivos, y lo hayan hecho, así sea progresivamente, lo que es según sea posible, de acuerdo a la coyuntura. Ese debe ser el eje principal de la política de los gobiernos progresistas, no la redistribución, que los hace depender de los grandes capitalistas, porque son los que invierten y aportan los impuestos con parte de lo que se financian las políticas públicas, lo que enfrenta a esos gobiernos a parte de la gente común y les resta apoyo de masas, además de someterlos a los designios liberales.
La megaminería, el agronegocio, la industria y las finanzas, y demás, o sea, todo el entramado determinado por el capitalismo trasnacional, es liberal, y es hegemónico incluso en los países de gobiernos progresistas: son regímenes liberales contrariados en algunos aspectos, y no en otros, por los gobiernos progresistas. Los posneoliberales son los gobiernos, no los regímenes políticos nacionales. Es un liberalismo proteccionista, mercadointernista, que busca conciliar a los mercados internos con los mercados trasnacionales, a diferencia del liberalismo mercantilista, que es más proclive al capital alto, ya que el privatismo sigue dominando, pero contrariado desde abajo por gobiernos populistas: son gobiernos que expresan una confrontación de los sometidos por el privatismo, a la vez que reproducen formas liberales y males propios de sí mismos en simultáneo con los avances que hacen. Hay que tener en cuenta que allí donde los gobiernos progresistas apoyan al liberalismo no lo hacen de gusto, sino por estar subordinados o porque tienen elementos liberales concientes e inconcientes, y algo hay en eso de no querer enfrentar al gran capital, dado el dominio que ejerce, que no está exento de golpismo: por eso es que una tarea ineludible para la izquierda es la de reconocer porqué el capitalismo es lo que es y porqué los capitalistas hacen lo que hacen, ya que sin saber eso no se los podrá enfrentar bien. Las respuestas a eso sobre el afán de lucro y de poder son insuficientes, ya que ninguno de ellos es un motivo de vida satisfactorio, por más que permita placeres supremos.
Los países con gobiernos progresistas siguen siendo liberales porque, además de los actores sociales dominantes, las constituciones y las leyes también lo son, aunque estén en un proceso de transformación, que las modifica pero no en las cimas del orden legal, en el que se ampara el privatismo para seguir operando liberalmente, además de hacerlo mediante delitos o aprovechándose de los vacíos legales internacionales. Por eso es que además de legislar lo que es preciso es que la gente sepa comportarse, cosa que no harán de criarse en medio de falsedades tomadas por ciertas, ya que ellas hacen a una cultura tramposa.
Anexos
1. Cuando se habla de los males del privatismo y de los gobiernos populistas hay que tener en cuenta que los pueblos, entendidos como uniones provisorias de los empresariados medianos y pequeños con los trabajadores y lumpenproletarios, tampoco son víctimas inocentes, totalmente buenas, sino que tienen sus males y sus miserias también, porque si no se hace una culpabilización a los gobiernos progresistas algo fuera de lugar. Es preciso reconocer que los males y las miserias, al igual que los bienes y las verdades, recorren toda la escala social, siendo lo que son históricamente en cada clase.
2. Al decir que los gobiernos privatistas y los populistas ejercen variantes del liberalismo me refiero a que en ambos se mantienen los pilares de esa doctrina, establecidos en las legislaciones burguesas: la instauración de constituciones como normas supremas que regulan a las sociedades y pautan los deberes y derechos de los individuos y los estados, la división de poderes, la elección de autoridades mediante el sufragio, el resguardo de la propiedad privada, las libertades individuales y la libertad de empresa, que fueron históricamente variables. Ambos tipos de gobiernos ejercieron intervencionismos diferentes, favorecedores de clases distintas: las élites en el primer caso, los pueblos en el segundo, pero siempre dentro del marco del capitalismo liberal, por lo que esa intervención tuvo un carácter falso, es decir, que benefició a los sectores a los que se propuso pero falsamente, o sea, según los cánones vigentes de lo que es el bien, que contienen verdades y falsedades: no puede decirse que acumular capital sea beneficioso de verdad, ya que, como motivo de vida, es pobre, lo mismo que es pobre vivir para trabajar, o progresar a base de sobreatareamiento.
3. El liberalismo tiene aspectos buenos, que hay que mantener: por eso es que el socialismo busca superar al liberalismo, esto es, mantener sus bienes y desechar sus males, en una reformulación que los recoloca junto a otros aspectos desdeñados.
4. Como hipótesis planteo que, dado el carácter piadoso de los capitalistas, en general, una satisfacción que obtienen de sus prácticas empresariales es la de cumplir con los mandatos religiosos, que son los de las comunidades a las que pertenecen, y de participar en la convivencia humana de un modo que sirve en algunos aspectos, ya que ellos colaboran para fabricar los bienes que utiliza la humanidad, y masivamente, pero eso no quita los males derivados de esa lógica. De ser así, y hay más factores a tener en cuenta, es necesario desarmar a esa lógica pía para que los capitalistas aprendan a comportarse bien, es decir, respondiendo también a los reclamos sociales que exceden el marco de los mandatos de las comunidades religiosas y sus derivados. Como para el caso de las guerras interreligiosas, para la economía, y demás, es preciso afrontar el debate contra la religión, lo que debe hacerse desde una postura tolerante pero que reclame por el reconocimiento de la verdad.
La megaminería, el agronegocio, la industria y las finanzas, y demás, o sea, todo el entramado determinado por el capitalismo trasnacional, es liberal, y es hegemónico incluso en los países de gobiernos progresistas: son regímenes liberales contrariados en algunos aspectos, y no en otros, por los gobiernos progresistas. Los posneoliberales son los gobiernos, no los regímenes políticos nacionales. Es un liberalismo proteccionista, mercadointernista, que busca conciliar a los mercados internos con los mercados trasnacionales, a diferencia del liberalismo mercantilista, que es más proclive al capital alto, ya que el privatismo sigue dominando, pero contrariado desde abajo por gobiernos populistas: son gobiernos que expresan una confrontación de los sometidos por el privatismo, a la vez que reproducen formas liberales y males propios de sí mismos en simultáneo con los avances que hacen. Hay que tener en cuenta que allí donde los gobiernos progresistas apoyan al liberalismo no lo hacen de gusto, sino por estar subordinados o porque tienen elementos liberales concientes e inconcientes, y algo hay en eso de no querer enfrentar al gran capital, dado el dominio que ejerce, que no está exento de golpismo: por eso es que una tarea ineludible para la izquierda es la de reconocer porqué el capitalismo es lo que es y porqué los capitalistas hacen lo que hacen, ya que sin saber eso no se los podrá enfrentar bien. Las respuestas a eso sobre el afán de lucro y de poder son insuficientes, ya que ninguno de ellos es un motivo de vida satisfactorio, por más que permita placeres supremos.
Los países con gobiernos progresistas siguen siendo liberales porque, además de los actores sociales dominantes, las constituciones y las leyes también lo son, aunque estén en un proceso de transformación, que las modifica pero no en las cimas del orden legal, en el que se ampara el privatismo para seguir operando liberalmente, además de hacerlo mediante delitos o aprovechándose de los vacíos legales internacionales. Por eso es que además de legislar lo que es preciso es que la gente sepa comportarse, cosa que no harán de criarse en medio de falsedades tomadas por ciertas, ya que ellas hacen a una cultura tramposa.
Anexos
1. Cuando se habla de los males del privatismo y de los gobiernos populistas hay que tener en cuenta que los pueblos, entendidos como uniones provisorias de los empresariados medianos y pequeños con los trabajadores y lumpenproletarios, tampoco son víctimas inocentes, totalmente buenas, sino que tienen sus males y sus miserias también, porque si no se hace una culpabilización a los gobiernos progresistas algo fuera de lugar. Es preciso reconocer que los males y las miserias, al igual que los bienes y las verdades, recorren toda la escala social, siendo lo que son históricamente en cada clase.
2. Al decir que los gobiernos privatistas y los populistas ejercen variantes del liberalismo me refiero a que en ambos se mantienen los pilares de esa doctrina, establecidos en las legislaciones burguesas: la instauración de constituciones como normas supremas que regulan a las sociedades y pautan los deberes y derechos de los individuos y los estados, la división de poderes, la elección de autoridades mediante el sufragio, el resguardo de la propiedad privada, las libertades individuales y la libertad de empresa, que fueron históricamente variables. Ambos tipos de gobiernos ejercieron intervencionismos diferentes, favorecedores de clases distintas: las élites en el primer caso, los pueblos en el segundo, pero siempre dentro del marco del capitalismo liberal, por lo que esa intervención tuvo un carácter falso, es decir, que benefició a los sectores a los que se propuso pero falsamente, o sea, según los cánones vigentes de lo que es el bien, que contienen verdades y falsedades: no puede decirse que acumular capital sea beneficioso de verdad, ya que, como motivo de vida, es pobre, lo mismo que es pobre vivir para trabajar, o progresar a base de sobreatareamiento.
3. El liberalismo tiene aspectos buenos, que hay que mantener: por eso es que el socialismo busca superar al liberalismo, esto es, mantener sus bienes y desechar sus males, en una reformulación que los recoloca junto a otros aspectos desdeñados.
4. Como hipótesis planteo que, dado el carácter piadoso de los capitalistas, en general, una satisfacción que obtienen de sus prácticas empresariales es la de cumplir con los mandatos religiosos, que son los de las comunidades a las que pertenecen, y de participar en la convivencia humana de un modo que sirve en algunos aspectos, ya que ellos colaboran para fabricar los bienes que utiliza la humanidad, y masivamente, pero eso no quita los males derivados de esa lógica. De ser así, y hay más factores a tener en cuenta, es necesario desarmar a esa lógica pía para que los capitalistas aprendan a comportarse bien, es decir, respondiendo también a los reclamos sociales que exceden el marco de los mandatos de las comunidades religiosas y sus derivados. Como para el caso de las guerras interreligiosas, para la economía, y demás, es preciso afrontar el debate contra la religión, lo que debe hacerse desde una postura tolerante pero que reclame por el reconocimiento de la verdad.
Del carácter mónido de la humanidad y de su primacía especista
Al parecer, el planteo de Darwin de que la humanidad es una especie descendiente de los monos, ha sido superado por el de que es una especie primate superior. Para sostener esa idea no puedo más que decir que es lo que dijo Gayatri Chakravorty Spivak en una conferencia titulada “Saberes, instituciones y epistemologías”, dada en la Universidad Nacional de San Martín, en la ciudad argentina de Buenos Aires, el 26 de noviembre de 2013, y que lo dijo el locutor de un documental sobre monos emitido en el canal Encuentro, cuyos nombres ignoro. También que según los estudios genómicos la igualdad genética entre los humanos y algunos monos es del 98%, cosa que sostuvo mi padre, Carlos Javier Chaves, quien es médico veterinario.
Esa idea, según lo que sé, todavía precisa de confirmaciones, aunque debe haber gente que ya lo sepa con certeza.
Una cuestión a debatirse en el futuro es la del carácter de esa supuesta superioridad, de los humanos por sobre los monos, o los otros monos, y las demás especies. Como sucede con los órdenes imperiales, a los que se considera superiores por imponerse a las demás naciones, la superioridad humana reside en que es capaz de dominar bastante a las otras especies, pero eso no significa que su modo de vida sea mejor, sino sólo que se ha impuesto, y se impuso por la fuerza de las armas y demás técnicas humanas. A la humanidad le quedará pendiente la cuestión de hacer que su órden social sea placentero, para consigo misma y para con las demás especies, ya que el bienestar ajeno hace al nuestro, y también hay que decir que los humanos, por nuestro crecimiento y depredación, somos una plaga terráquea, por más que eso hiera a la autoestima falsa, ya que nosotros denominamos plagas a las otras especies que se expanden mucho y a costa ajena. Ahora bien, que seamos una plaga no quita que valga que disfrutemos de la vida y de nuestra superioridad: nada más señala un problema que merece atención y una respuesta resolutiva.
Esa idea, según lo que sé, todavía precisa de confirmaciones, aunque debe haber gente que ya lo sepa con certeza.
Una cuestión a debatirse en el futuro es la del carácter de esa supuesta superioridad, de los humanos por sobre los monos, o los otros monos, y las demás especies. Como sucede con los órdenes imperiales, a los que se considera superiores por imponerse a las demás naciones, la superioridad humana reside en que es capaz de dominar bastante a las otras especies, pero eso no significa que su modo de vida sea mejor, sino sólo que se ha impuesto, y se impuso por la fuerza de las armas y demás técnicas humanas. A la humanidad le quedará pendiente la cuestión de hacer que su órden social sea placentero, para consigo misma y para con las demás especies, ya que el bienestar ajeno hace al nuestro, y también hay que decir que los humanos, por nuestro crecimiento y depredación, somos una plaga terráquea, por más que eso hiera a la autoestima falsa, ya que nosotros denominamos plagas a las otras especies que se expanden mucho y a costa ajena. Ahora bien, que seamos una plaga no quita que valga que disfrutemos de la vida y de nuestra superioridad: nada más señala un problema que merece atención y una respuesta resolutiva.
jueves, 8 de octubre de 2015
De la ciencia y la ideología
Entendida la ciencia como el saber y la ideología como un conjunto de ideas ligadas entre sí en la conciencia, da para reconocer que la ciencia, en tanto que saber probado, tiende al materialismo, ya que para haber probado el saber se lo hubo contrastado con las cosas de las que se tenía una idea, mientras que la ideología es proclive al idealismo, no obstante lo cual esta definición es relativa: así como las ciencias tienen componentes ideales no contrastados, las ideologías tienen algo de base en la realidad exterior al pensamiento.
El idealismo es propenso a la especulación porque se basa en las ideas abstractas, con poca comprobación empírica, y se desprendió de la teología que, al referirse a las cuestiones de los dioses, siempre hubo tendido a pensar imaginariamente, sin preocuparse lo suficiente de la realidad circundante, porque supone que los dioses son seres extraterrenales, o sea, incontrastables para los humanos, lo que derivó en toda esa serie de pruebas de la existencia de los dioses, en las que se tomó por ciertas a las casualidades y a los inventos humanos, entre otras cosas, es decir, que los teólogos justificaron sus conclusiones en pruebas aparentes, que no eran verdaderas. No obstante, no hay que desechar a las ideologías, ya que los humanos decidimos nuestras prácticas según nuestras ideas, por lo que el asunto es que la humanidad tenga una ideología verdadera, para lo que ella tiene que basarse en la ciencia, o sea, en el saber de las ideas contrastadas con la realidad de la que tratan.
La contraposición althusseriana entre la ciencia y la ideología es superable mediante la ideología científica, que es la ciencia.
Ahora bien, entendida la ciencia como los saberes, que requieren comprobación, hay que decir que la ciencia no es sólo la ciencia universitaria o escolar: hay un conjunto de saberes comunes, simples, de la vida cotidiana, que son saberes también, y que también son corroborados mediante investigaciones comunes. Los saberes que utilizamos diariamente, sobre quién es quién, en dónde está, qué hizo, dónde queda tal lugar, cómo se llama una cosa y demás por el estilo, son saberes y son científicos, aunque no tengan una metodología ni un marco teórico explicitados, ni postulen leyes reconocidas como generales. Esos saberes son muy importantes para las sociedades, ya que hacen a la supervivencia humana.
De allí que se tenga que considerar al periodismo como una ciencia común, también sujeta a pujas y a falsedades.
El idealismo es propenso a la especulación porque se basa en las ideas abstractas, con poca comprobación empírica, y se desprendió de la teología que, al referirse a las cuestiones de los dioses, siempre hubo tendido a pensar imaginariamente, sin preocuparse lo suficiente de la realidad circundante, porque supone que los dioses son seres extraterrenales, o sea, incontrastables para los humanos, lo que derivó en toda esa serie de pruebas de la existencia de los dioses, en las que se tomó por ciertas a las casualidades y a los inventos humanos, entre otras cosas, es decir, que los teólogos justificaron sus conclusiones en pruebas aparentes, que no eran verdaderas. No obstante, no hay que desechar a las ideologías, ya que los humanos decidimos nuestras prácticas según nuestras ideas, por lo que el asunto es que la humanidad tenga una ideología verdadera, para lo que ella tiene que basarse en la ciencia, o sea, en el saber de las ideas contrastadas con la realidad de la que tratan.
La contraposición althusseriana entre la ciencia y la ideología es superable mediante la ideología científica, que es la ciencia.
Ahora bien, entendida la ciencia como los saberes, que requieren comprobación, hay que decir que la ciencia no es sólo la ciencia universitaria o escolar: hay un conjunto de saberes comunes, simples, de la vida cotidiana, que son saberes también, y que también son corroborados mediante investigaciones comunes. Los saberes que utilizamos diariamente, sobre quién es quién, en dónde está, qué hizo, dónde queda tal lugar, cómo se llama una cosa y demás por el estilo, son saberes y son científicos, aunque no tengan una metodología ni un marco teórico explicitados, ni postulen leyes reconocidas como generales. Esos saberes son muy importantes para las sociedades, ya que hacen a la supervivencia humana.
De allí que se tenga que considerar al periodismo como una ciencia común, también sujeta a pujas y a falsedades.
De la educación amorosa
Es evidente que el pietismo capitalista tiene una educación amorosa mala, ya que prohibe a las relaciones amorosas en general y las restringe al amor a dios, la conyugalidad, el familiarismo, el comunitarismo, las amistades y demás, entendidos todos según lo que dictan las doctrinas religiosas, lo que significa que la educación amorosa vigente solamente enseña a amar según lo que está autorizado por esas doctrinas, hecho que reprime a los amores que difieren de ellas y dificulta darles cauce, ya que la educación oficial no enseña a hablarlos para concretarlos, por lo que la gente, cuando le llega el momento de querer amarse de maneras distintas a las aceptadas por las piedades, no sabe qué hacer, y lo intenta improvisadamente, lo que termina a veces en prácticas fallidas, de igual manera que fallan las relaciones amorosas pías, porque se basan en ideas falsas.
Dentro de las relaciones amorosas están las de la amistad, que se distinguen de aquellas otras en las que son más factibles las relaciones sexuales.
Uno de los aspectos del socialismo debe ser la aceptación explícita y social de las pasiones amorosas y de los deseos de tener relaciones acordes con ellas, para lo que las sociedades deben tener una educación amorosa que enseñe a hablar y actuar adecuadamente al respecto, pero para eso debe ser ordenada la producción, y en particular la económica, ya que en órdenes malos a la gente se le dificulta encauzar sus deseos, por las patologías y el sobreatareamiento causados por aquéllos.
Dentro de las relaciones amorosas están las de la amistad, que se distinguen de aquellas otras en las que son más factibles las relaciones sexuales.
Uno de los aspectos del socialismo debe ser la aceptación explícita y social de las pasiones amorosas y de los deseos de tener relaciones acordes con ellas, para lo que las sociedades deben tener una educación amorosa que enseñe a hablar y actuar adecuadamente al respecto, pero para eso debe ser ordenada la producción, y en particular la económica, ya que en órdenes malos a la gente se le dificulta encauzar sus deseos, por las patologías y el sobreatareamiento causados por aquéllos.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Qué hacer con el democratismo pío
El democratismo pío es la forma de gobierno basada en la soberanía popular que se ejerce mediante el sistema electoral, que es pío no sólo porque lo son las constituciones que rigen a las naciones, sino también porque apelan al método de la votación, inspirado en los votos religiosos. En Occidente el democratismo pío es el de las democracias cristianas, sea en sus versiones de centroderecha y de derecha, como la del Partido Popular en España, la de la Unión Demócrata Cristiana alemana, la del Partido Revolucionario Institucional en México, la del Partido Republicano estadounidense y la de Propuesta Republicana en Argentina, o sea en sus versiones de centro, que pueden contener elementos derechistas y llegan a incluir cierto progresismo, como Alianza País en Ecuador, el Partido Demócrata estadounidense y el Frente para la Victoria en Argentina. Con el transcurso de la historia esas posiciones varían, como es el caso del Partido Justicialista argentino, que es el eje político del peronismo y que en parte está en el FpV, que sostuvo posiciones demócratas cristianas de centroderecha durante los primeros gobiernos de Perón, que fueron progresivos en relación a los gobiernos restauradores que lo precedieron y a los intereses oligárquicos, y que aglutinaron sometiéndolos a elementos izquierdistas, pero que también contenían aspectos fascistas y de persecusión a la izquierda que se le opuso, aparte de haber sido píos, dado su carácter cristiano general. Los gobiernos de los partidos socialistas, o socialcristianos, como el del Movimiento al Socialismo boliviano, el del Partido Socialista Unido de Venezuela y el del Partido de los Trabajadores brasileño, están sometidos a las constituciones y al carácter cristiano de las naciones, y a sus aspectos cristianos intrínsecos también, además de a la hegemonía liberal mundial, por lo que adoptan un carácter híbrido, que busca componer al cristianismo con el cientificismo sin abordar explícitamente la cuestión del ateísmo. De allí que haya que evaluar su desempeño de acuerdo a esos y al resto de los factores que los coercionan.
El democratismo pío se basa en el carácter religioso de las naciones, y por eso es que tiene tanto apoyo popular, dado que las naciones, mayoritariamente, son creyentes, por lo que los proyectos socialistas fracasan una y otra vez al buscar el apoyo de las masas, que los rechazan mucho porque el socialismo, en general, es ateo, dado lo cual las experiencias socialistas triunfantes levantan la idea de “socialismo cristiano”, el socialcristianismo, basado en la figura de “Cristo obrero”, del “Cristo revolucionario” o del “Cristo de los pobres”, que es más propio del populismo, lo que es más el caso del PSUV y el PT y no tanto del MAS. En eso, el gran problema es que las masas están algo falseadas por las religiones. Habría que estudiar cuál fue la estrategia política de la iglesia católica durante la conformación de los estados-naciones latinoamericanos, y en especial durante el período de transición entre el modelo agroexportador y el de sustitución de importaciones, cuando fue la integración de los migrantes internos y externos, para comprender mejor cómo fue que las políticas demócratas cristianas se impusieron a las socialistas, en sus distintas variantes. En las luchas insurreccionales de fines del modelo de sustitución de importaciones lo que hubo fue una alianza improvisada entre los socialistas, la teología de la liberación y la opción por los pobres, que fue reprimida duramente desde el alto clero y las oligarquías, alianza que se repuso luego, precariamente, y hoy conforma a los gobiernos progresistas latinoamericanos. Y no obstante, en cuanto que la determinación religiosa es histórica, puede ser derrotada, pero más que buscar hacerlo inmediatamente lo que habría que hacer es pujar para dirigir su impulso hacia posiciones progresistas mientras se la corrige despacio, según lo permitan las circunstancias.
En tanto que los piadosos son seres humanos, el socialismo debe tener una política para con ellos, pero esta política deberá enfrentar la cuestión religiosa, declarando la verdad al respecto, ya que la falsedad pía hace mal, una de cuyas consecuencias es la explotación; pero, además de eso, el socialismo debe pujar por integrar las alianzas mayoritarias que gobiernen los estados, y para eso necesita aliarse con el democratismo religioso. Entonces, la lucha será para decidir quién lidera esa alianza, que es inestable porque recibe los golpes de la aristocracia y los de la violencia histórica que caracteriza a la piedad capitalista, a la que además en parte reproduce. Los socialistas exteriores a esas alianzas gubernamentales tendrán que reconocer la correlación de fuerzas y plantear críticas sensatas, que señalen todo lo que haya que señalar pero que también comprendan que la política demócrata pía es una superación de las restauraciones conservadoras, que pujan por retornar a los gobiernos, superación de la que las naciones dependen para reproducirse en circunstancias menos desfavorables en que lo hacen con gobiernos liberales, por lo que la política de esas alianzas debe ser criticada bien. Las críticas buenas son las que hacen sentir bien a los criticados al recibirlas, y son buenas no sólo por eso y por estar bien hechas, sino porque, al hacerlos sentir bien, las aceptan, por lo que quienes las reciben se predisponen a asumir los problemas mencionados por ellas y a responder en consecuencia. Las críticas malas, en cambio, son desestimadas por ser hirientes, aunque tengan razones válidas, por lo que esas razones tardan más en ser reconocidas. No obstante, hay ocasiones en que no se puede hacer críticas y que ellas sean recibidas bien, porque la gente es perversa. En esos casos, hay que plantear las críticas de una manera que no sea hiriente, ya que tampoco será gustosa en un primer momento, o tal vez nunca si los criticados no entran en razones.
A la vez estará la cuestión de la unidad de los socialistas en frentes partidarios, movimientistas, agrupacionistas y con individuos sueltos, y demás, que debieran buscar alianzas con los demócratas religiosos que sean lideradas por los socialistas, pero que, de no serlo, igual tienen que ser mantenidas, reconociendo los males y los bienes que tengan que reconocer. Un aspecto importante que tiene que enfrentar el socialismo es el de la producción de la conciencia humana verdadera, que inclina hacia el socialismo a las fuerzas capitalistas.
Esos frentes, más que frentes deben ser redes sociales compuestas de distintos nodos y grupos de nodos en relación con las organizaciones partidarias, que deben centralizar las cuestiones que les sean presentadas por aquéllos y responderles, según esos planteos y según las verdades sabidas por los partidos que sean ignoradas por las organizaciones aliadas que les sean exteriores, además de que los frentes partidarios tienen que tomar las medidas de gobierno correspondientes cuando están en él. Esas redes deben poder responder e integrar a los oprimidos en las coyunturas políticas, a la vez que mantener las luchas estructurales, pero además tienen que reconocer a la totalidad de las cuestiones porque, dado que gobernarán estados nacionales, tienen que atender al conjunto de las naciones, lo que no implica someterse a las clases capitalistas, sino relacionarse con ellas de una manera que las contenga y las desarme de buena manera, lo que no quita apelar a la violencia legítima, que es legítima porque es mesurada, responsable y conforme a los objetivos perseguidos, que no son los de la revancha histórica sino los de la resolución de los problemas del presente.
Anexos
1. En el debate entre los socialistas y los proteccionistas, o sea, los demócratas progresistas que sostienen al modelo keynesiano, que tiene carácter religioso porque no cuestiona a las religiones, los socialistas tenemos que reconocer que los modelos progresistas vigentes tienen que lidiar con la hegemonía liberal, que tiene carácter mundial, por lo cual no vale achacarles así nomás los males derivados de los enclaves productivos liberales, aunque sí vale señalar el problema y reclamar y proponer soluciones.
2. El caso del MAS boliviano tampoco es el de un socialismo ateo puro, ya que el mismo Evo Morales declaró ser católico y por las tendencias pachamamistas dentro del partido. Es un pietismo socialista, que a la vez que sostiene un sincretismo entre el cristianismo de la teología de la liberación y las creencias de los pueblos originarios, busca un modelo socialista, o sea, la implementación del programa de la izquierda, con las contrariedades que tiene por ser híbrido y por tener que lidiar con el predominio capitalista mundial.
El democratismo pío se basa en el carácter religioso de las naciones, y por eso es que tiene tanto apoyo popular, dado que las naciones, mayoritariamente, son creyentes, por lo que los proyectos socialistas fracasan una y otra vez al buscar el apoyo de las masas, que los rechazan mucho porque el socialismo, en general, es ateo, dado lo cual las experiencias socialistas triunfantes levantan la idea de “socialismo cristiano”, el socialcristianismo, basado en la figura de “Cristo obrero”, del “Cristo revolucionario” o del “Cristo de los pobres”, que es más propio del populismo, lo que es más el caso del PSUV y el PT y no tanto del MAS. En eso, el gran problema es que las masas están algo falseadas por las religiones. Habría que estudiar cuál fue la estrategia política de la iglesia católica durante la conformación de los estados-naciones latinoamericanos, y en especial durante el período de transición entre el modelo agroexportador y el de sustitución de importaciones, cuando fue la integración de los migrantes internos y externos, para comprender mejor cómo fue que las políticas demócratas cristianas se impusieron a las socialistas, en sus distintas variantes. En las luchas insurreccionales de fines del modelo de sustitución de importaciones lo que hubo fue una alianza improvisada entre los socialistas, la teología de la liberación y la opción por los pobres, que fue reprimida duramente desde el alto clero y las oligarquías, alianza que se repuso luego, precariamente, y hoy conforma a los gobiernos progresistas latinoamericanos. Y no obstante, en cuanto que la determinación religiosa es histórica, puede ser derrotada, pero más que buscar hacerlo inmediatamente lo que habría que hacer es pujar para dirigir su impulso hacia posiciones progresistas mientras se la corrige despacio, según lo permitan las circunstancias.
En tanto que los piadosos son seres humanos, el socialismo debe tener una política para con ellos, pero esta política deberá enfrentar la cuestión religiosa, declarando la verdad al respecto, ya que la falsedad pía hace mal, una de cuyas consecuencias es la explotación; pero, además de eso, el socialismo debe pujar por integrar las alianzas mayoritarias que gobiernen los estados, y para eso necesita aliarse con el democratismo religioso. Entonces, la lucha será para decidir quién lidera esa alianza, que es inestable porque recibe los golpes de la aristocracia y los de la violencia histórica que caracteriza a la piedad capitalista, a la que además en parte reproduce. Los socialistas exteriores a esas alianzas gubernamentales tendrán que reconocer la correlación de fuerzas y plantear críticas sensatas, que señalen todo lo que haya que señalar pero que también comprendan que la política demócrata pía es una superación de las restauraciones conservadoras, que pujan por retornar a los gobiernos, superación de la que las naciones dependen para reproducirse en circunstancias menos desfavorables en que lo hacen con gobiernos liberales, por lo que la política de esas alianzas debe ser criticada bien. Las críticas buenas son las que hacen sentir bien a los criticados al recibirlas, y son buenas no sólo por eso y por estar bien hechas, sino porque, al hacerlos sentir bien, las aceptan, por lo que quienes las reciben se predisponen a asumir los problemas mencionados por ellas y a responder en consecuencia. Las críticas malas, en cambio, son desestimadas por ser hirientes, aunque tengan razones válidas, por lo que esas razones tardan más en ser reconocidas. No obstante, hay ocasiones en que no se puede hacer críticas y que ellas sean recibidas bien, porque la gente es perversa. En esos casos, hay que plantear las críticas de una manera que no sea hiriente, ya que tampoco será gustosa en un primer momento, o tal vez nunca si los criticados no entran en razones.
A la vez estará la cuestión de la unidad de los socialistas en frentes partidarios, movimientistas, agrupacionistas y con individuos sueltos, y demás, que debieran buscar alianzas con los demócratas religiosos que sean lideradas por los socialistas, pero que, de no serlo, igual tienen que ser mantenidas, reconociendo los males y los bienes que tengan que reconocer. Un aspecto importante que tiene que enfrentar el socialismo es el de la producción de la conciencia humana verdadera, que inclina hacia el socialismo a las fuerzas capitalistas.
Esos frentes, más que frentes deben ser redes sociales compuestas de distintos nodos y grupos de nodos en relación con las organizaciones partidarias, que deben centralizar las cuestiones que les sean presentadas por aquéllos y responderles, según esos planteos y según las verdades sabidas por los partidos que sean ignoradas por las organizaciones aliadas que les sean exteriores, además de que los frentes partidarios tienen que tomar las medidas de gobierno correspondientes cuando están en él. Esas redes deben poder responder e integrar a los oprimidos en las coyunturas políticas, a la vez que mantener las luchas estructurales, pero además tienen que reconocer a la totalidad de las cuestiones porque, dado que gobernarán estados nacionales, tienen que atender al conjunto de las naciones, lo que no implica someterse a las clases capitalistas, sino relacionarse con ellas de una manera que las contenga y las desarme de buena manera, lo que no quita apelar a la violencia legítima, que es legítima porque es mesurada, responsable y conforme a los objetivos perseguidos, que no son los de la revancha histórica sino los de la resolución de los problemas del presente.
Anexos
1. En el debate entre los socialistas y los proteccionistas, o sea, los demócratas progresistas que sostienen al modelo keynesiano, que tiene carácter religioso porque no cuestiona a las religiones, los socialistas tenemos que reconocer que los modelos progresistas vigentes tienen que lidiar con la hegemonía liberal, que tiene carácter mundial, por lo cual no vale achacarles así nomás los males derivados de los enclaves productivos liberales, aunque sí vale señalar el problema y reclamar y proponer soluciones.
2. El caso del MAS boliviano tampoco es el de un socialismo ateo puro, ya que el mismo Evo Morales declaró ser católico y por las tendencias pachamamistas dentro del partido. Es un pietismo socialista, que a la vez que sostiene un sincretismo entre el cristianismo de la teología de la liberación y las creencias de los pueblos originarios, busca un modelo socialista, o sea, la implementación del programa de la izquierda, con las contrariedades que tiene por ser híbrido y por tener que lidiar con el predominio capitalista mundial.
De los capitalistas, la piedad y la estrategia socialista
Los capitalistas son los humanos que acumulan valor abstracto. Se caracterizan por captar. De ahí viene “capital”, de “captar”, que quiere decir “tomar”, o “coger”. En el caso de los capitalistas de lo que se trata es de tomar el valor de cambio, pero por extensión se lo aplica a las autoridades que sostienen al modelo capitalista, aunque no sean empresarios, ya que hacen al modelo caracterizado por la acumulación de valor de cambio.
Los capitalistas, en general, son humanos piadosos, es decir, que fueron formados en la cultura pía, más específicamente en la cultura pía privada, la del clero y la de las instituciones laicas de clase alta, como son las escuelas y los hospitales privados. Esto es general, y no absoluto, porque es histórico, o sea, que hay excepciones y variantes a eso. Los capitalistas, desde que nacen, son sometidos a un sistema falso de formación y control que, en nombre de las normas divinas, los reprime, los maltrata, los hiere y también los satisface: los sujeta a un modo de vida que combina los placeres con los sacrificios, esto es, con los dolores y la explotación. Entonces, los capitalistas también son reventados. Los obligan a ir a misa, a festejar las ceremonias religiosas, las fechas de los santos, a divertirse con sus amigos, que son los hijos de otros piadosos altos, en los momentos que se permiten para eso, a estudiar rigurosamente, a cumplir con muchas pautas y obligaciones, y demás, y eso en medio de un relato del mundo según el cual sus almas se pueden ir al infierno eternamente si incumplen las reglas, y los placeres fáciles y el disfute de la vida muchas veces o son pecados o están proscritos, o sea, que en esas ocasiones tienen que dárselos sin permiso social; también en el que las relaciones amorosas están atravesadas por la vigilancia mutua y el mito de los cuernos, donde el embarazo considerado ilegítimo apareja la condena y donde el uso de anticonceptivos no está autorizado abiertamente. Y eso sólo por mencionar algunas cosas que se me ocurren de improviso. La historia de la opresión sufrida por la clase capitalista está por reconocerse.
De allí que los capitalstas sean corruptos en general, porque son sometidos a un modo de vida que por falso es lesivo, de las psiquis, de los cuerpos, de la moralidad y demás. Además, las normas que tienen que cumplir son incumplibles, porque son sofisticadas y porque son muchas y contradictorias entre sí, de lo cual la cultura capitalista es una que condena duramente las faltas a las normas instituidas a la vez que acepta su incumplimiento de hecho, lo que a los capitalistas les causa un temor y un estado de alerta permanente. En conjunto, todo esto, y lo demás que no escribí, les quiebra la solidaridad, el sentido común, la alegría de vivir, las buenas intenciones y las demás cosas buenas de la humanidad, que les subsisten quebradas, lo que apareja los maltratos capitalistas: las guerras, los ataques, las amenazas, las acusaciones, la competencia permanente y demás.
Esta lógica viene de la falsedad de las culturas pías, por lo cual la piedad es el problema principal, ya que es la causante del mal subsiguiente que es el capital, que también es un mal en sí, por lo que no basta con deshacer a la piedad, sino que a la vez hay que tratar al capital, pero entendiendo sus relaciones con sus factores adyacentes.
Cuando que se habla de “los ganadores del modelo”, o se los ve en sus vacaciones en las islas paradisíacas, y las otras cosas de esas, hay que recordar que los capitalistas son degraciados, por falsos, lo que sirve para no enojarse, y hay que evitar enojarse para buscar respuestas que permitan resolver el problema histórico de la falsedad humana, con la opresión que apareja.
Los capitalistas, en general, son humanos piadosos, es decir, que fueron formados en la cultura pía, más específicamente en la cultura pía privada, la del clero y la de las instituciones laicas de clase alta, como son las escuelas y los hospitales privados. Esto es general, y no absoluto, porque es histórico, o sea, que hay excepciones y variantes a eso. Los capitalistas, desde que nacen, son sometidos a un sistema falso de formación y control que, en nombre de las normas divinas, los reprime, los maltrata, los hiere y también los satisface: los sujeta a un modo de vida que combina los placeres con los sacrificios, esto es, con los dolores y la explotación. Entonces, los capitalistas también son reventados. Los obligan a ir a misa, a festejar las ceremonias religiosas, las fechas de los santos, a divertirse con sus amigos, que son los hijos de otros piadosos altos, en los momentos que se permiten para eso, a estudiar rigurosamente, a cumplir con muchas pautas y obligaciones, y demás, y eso en medio de un relato del mundo según el cual sus almas se pueden ir al infierno eternamente si incumplen las reglas, y los placeres fáciles y el disfute de la vida muchas veces o son pecados o están proscritos, o sea, que en esas ocasiones tienen que dárselos sin permiso social; también en el que las relaciones amorosas están atravesadas por la vigilancia mutua y el mito de los cuernos, donde el embarazo considerado ilegítimo apareja la condena y donde el uso de anticonceptivos no está autorizado abiertamente. Y eso sólo por mencionar algunas cosas que se me ocurren de improviso. La historia de la opresión sufrida por la clase capitalista está por reconocerse.
De allí que los capitalstas sean corruptos en general, porque son sometidos a un modo de vida que por falso es lesivo, de las psiquis, de los cuerpos, de la moralidad y demás. Además, las normas que tienen que cumplir son incumplibles, porque son sofisticadas y porque son muchas y contradictorias entre sí, de lo cual la cultura capitalista es una que condena duramente las faltas a las normas instituidas a la vez que acepta su incumplimiento de hecho, lo que a los capitalistas les causa un temor y un estado de alerta permanente. En conjunto, todo esto, y lo demás que no escribí, les quiebra la solidaridad, el sentido común, la alegría de vivir, las buenas intenciones y las demás cosas buenas de la humanidad, que les subsisten quebradas, lo que apareja los maltratos capitalistas: las guerras, los ataques, las amenazas, las acusaciones, la competencia permanente y demás.
Esta lógica viene de la falsedad de las culturas pías, por lo cual la piedad es el problema principal, ya que es la causante del mal subsiguiente que es el capital, que también es un mal en sí, por lo que no basta con deshacer a la piedad, sino que a la vez hay que tratar al capital, pero entendiendo sus relaciones con sus factores adyacentes.
Cuando que se habla de “los ganadores del modelo”, o se los ve en sus vacaciones en las islas paradisíacas, y las otras cosas de esas, hay que recordar que los capitalistas son degraciados, por falsos, lo que sirve para no enojarse, y hay que evitar enojarse para buscar respuestas que permitan resolver el problema histórico de la falsedad humana, con la opresión que apareja.
***
La relación de esta explicación con la estrategia socialista radica en que los socialistas tienen una relación agresiva para con los capitalistas, lo que es malo y debe ser superado mediante la comprensión y la aserción. La relación de los socialistas con los capitalistas debe ser una relación asertiva, es decir, que comprenda a las causas que los llevan a ser lo que son y que intervenga según esa comprensión de una manera tal que haga que los capitalistas sean concientes de qué es lo que determina la opresión que sufren, para que acepten el reemplazo del capitalismo por el socialismo, en el cual los capitalistas saldrían ganando de verdad, ya que las relaciones que los atormentan serían suplantadas por relaciones verdaderas y gratas. Y eso no quita que valgan las confrontaciones fuertes contra el capital, en tanto que sean maduras y bien ordenadas, o sea, pacifistas y responsables.
La estrategia socialista está mal planteada en algunos aspectos, en particular en que, al no advertir el lugar de la piedad en la determinación del modelo capitalista, tiene una política poco conciente para con ella, que no reconoce sus lazos con el proletariado, por lo que los socialistas apelan al proletariado en su estrategia sin notar que el proletariado es puesto a favor del capitalismo mediante la piedad, aunque esté en conflicto con él por la opresión económica y por la extracción del plusvalor, entre las otras cosas, y aunque esté en conflicto con la piedad porque es falsa, de la misma manera que los monjes están en conflicto consigo mismos. También hay que ser asertivos con los monjes, y reconocer la opresión que los sujeta, aunque sea causada, en parte, por ellos mismos.
Esa ignorancia de la derechización pía del proletariado, sumada a su idealización por los socialistas, lleva a que los socialistas más se peleen entre sí por conducir al proletariado, que les responde poco y cuya derechización apenas critican, en vez que articular una estrategia conjunta, que es necesaria, aunque no suficiente, para construir el socialismo: es una condición que debe ser mantenida en una estrategia a largo plazo, con las críticas y discusiones que haya que dar. El proletariado debe ser criticado, ya que es pío y ya que reproduce al capitalismo cuando vota a sus gobernantes y a los líderes sindicales capitalistas, cuando cumple con las normas de la piedad y cuando pretende que los socialistas las cumplamos, entre otras cuestiones. Del mismo modo, el socialismo debe terminar de abandonar el acoso clasista que hace para con los socialistas de clase media y alta, y rechazar el acoso clasista del populismo, ya que la gente no elige la clase en la que nace y ya que para ser socialista no hace falta ser de clase baja, sino que basta con adherir al socialismo. El socialismo debe reconocer que la opresión no es sólo la que sufren los trabajadores asalariados, sino que se expande por el conjunto de las sociedades a causa de la falsedad pía.
Anexo
Esto, así esbozado, tiene que ser completado y, si acaso, corregido. En particular, falta explicitar la política socialista que debe ser para con el pequeño y mediano empresariado, y también para con el grande. A las objeciones trotskistas para con eso, y a las demás que hubiere, respondo que los socialistas tienen que tener una política para con el conjunto de la humanidad, por lo que deben definir una relativa al empresariado, lo mismo que para el lumpenproletariado, el campesinado y el eclesiado. De otra manera no podrán gobernar un bloque hegemónico, ya que carecerían de apoyos en cuatro clases sociales.
Eso de que el proletariado es la clase capaz de tener una concepción universalista es mentira. Primero hay que reconocer que históricamente no la tuvo hasta ahora, y tampoco podría tenerla porque sólo puede considerar los aspectos de la historia que puede considerar desde su posición de clase. Es la humanidad entera la única que puede dar cuenta de toda la humanidad, pero para eso toda la humanidad tiene que ser verdadera y vivir en forma comunista, lo que es una meta a lograr progresivamente.
Otro punto a cuestionar es la metáfora de que la lucha de clases es el motor de la historia. La historia, en tanto que el conjunto de hechos, se hace a sí misma. Es la historia la que mueve a la historia. La lucha de clases tiene un lugar central en la historia humana, pero ese lugar central no la justifica por sí misma, es decir, que la lucha de clases no es buena en sí: es una puja entre las clases sociales, que causa traumas. Los actos proletarios, o los humanos en general, insertos en esa lucha, pueden tener un sentido emancipatorio, y entonces sí son buenos, pero no hay que hacer una apología de la lucha de clases en sí misma porque no siempre la merece. La represión capitalista, y la violencia proletaria desmedida, son parte ilegítima de la lucha de clases, además de que la colaboración entre las clases es otro motor de la historia, que actúa contrariado con la lucha, y algo de ella es bueno. Lo malo de la colaboración entre las clases es que mantiene a la desigualdad social, pero la igualdad social no bastaría para cesar la opresión, ya que podría haber un piísmo, un pietismo, que fuera socialista, en que habría igualdad social bajo patrones religiosos, que también oprimirían, por lo que además del socialismo es precisa la verdad, o sea, el cientificismo. Tal vez más que el socialismo científico habría que postular el cientificismo socialista.
Anexo
Esto, así esbozado, tiene que ser completado y, si acaso, corregido. En particular, falta explicitar la política socialista que debe ser para con el pequeño y mediano empresariado, y también para con el grande. A las objeciones trotskistas para con eso, y a las demás que hubiere, respondo que los socialistas tienen que tener una política para con el conjunto de la humanidad, por lo que deben definir una relativa al empresariado, lo mismo que para el lumpenproletariado, el campesinado y el eclesiado. De otra manera no podrán gobernar un bloque hegemónico, ya que carecerían de apoyos en cuatro clases sociales.
Eso de que el proletariado es la clase capaz de tener una concepción universalista es mentira. Primero hay que reconocer que históricamente no la tuvo hasta ahora, y tampoco podría tenerla porque sólo puede considerar los aspectos de la historia que puede considerar desde su posición de clase. Es la humanidad entera la única que puede dar cuenta de toda la humanidad, pero para eso toda la humanidad tiene que ser verdadera y vivir en forma comunista, lo que es una meta a lograr progresivamente.
Otro punto a cuestionar es la metáfora de que la lucha de clases es el motor de la historia. La historia, en tanto que el conjunto de hechos, se hace a sí misma. Es la historia la que mueve a la historia. La lucha de clases tiene un lugar central en la historia humana, pero ese lugar central no la justifica por sí misma, es decir, que la lucha de clases no es buena en sí: es una puja entre las clases sociales, que causa traumas. Los actos proletarios, o los humanos en general, insertos en esa lucha, pueden tener un sentido emancipatorio, y entonces sí son buenos, pero no hay que hacer una apología de la lucha de clases en sí misma porque no siempre la merece. La represión capitalista, y la violencia proletaria desmedida, son parte ilegítima de la lucha de clases, además de que la colaboración entre las clases es otro motor de la historia, que actúa contrariado con la lucha, y algo de ella es bueno. Lo malo de la colaboración entre las clases es que mantiene a la desigualdad social, pero la igualdad social no bastaría para cesar la opresión, ya que podría haber un piísmo, un pietismo, que fuera socialista, en que habría igualdad social bajo patrones religiosos, que también oprimirían, por lo que además del socialismo es precisa la verdad, o sea, el cientificismo. Tal vez más que el socialismo científico habría que postular el cientificismo socialista.
miércoles, 23 de septiembre de 2015
De la praxis
La praxis en realidad es la práctica. Los marxistas a veces pensaron que la praxis es la acción reflexionada, para diferenciarla de las acciones que no son reflexionadas, pero las prácticas siempre son reflexionadas. Los griegos antiguos definieron a la práctica como las acciones de los negocios, las ocupaciones, la política, la guerra y demás, para diferenciarla de las acciones biológicas, como son la nutrición, el crecimiento y la respiración. Lo que tienen de específico las prácticas es que son acciones reflexionadas y voluntarias: la gente, para ejecutarlas, las piensa primero, y luego las ejecuta a voluntad. Además, la práctica es intencional: de allí que el carácter de la intención con que se ejecuta la práctica sea importante.
A lo que los marxistas designaron con el nombre de praxis en realidad es a las prácticas buenas, diferentes de la mala praxis, que también requiere reflexión y voluntad, e intención, pero en la cual su implementación es hecha de mala manera. Las prácticas buenas, además, requieren de consenso y de que su reflexión y ejecución sean conjuntas, o sea, hechas por el conjunto de los humanos involucrados en las circunstancias en que la práctica se inserte, pero además tienen que considerar bien al resto de su entorno y corregirse según las consecuencias que detecten luego de haberla realizado.
Y a esto lo digo sin ser marxista, para no personalizar, pero sí comunista y materialista histórico, o sea, seguidor del planteo de Marx en lo que lo merece, pero críticamente y abierto a aceptar mis errores derivados de eso al entenderlos.
A lo que los marxistas designaron con el nombre de praxis en realidad es a las prácticas buenas, diferentes de la mala praxis, que también requiere reflexión y voluntad, e intención, pero en la cual su implementación es hecha de mala manera. Las prácticas buenas, además, requieren de consenso y de que su reflexión y ejecución sean conjuntas, o sea, hechas por el conjunto de los humanos involucrados en las circunstancias en que la práctica se inserte, pero además tienen que considerar bien al resto de su entorno y corregirse según las consecuencias que detecten luego de haberla realizado.
Y a esto lo digo sin ser marxista, para no personalizar, pero sí comunista y materialista histórico, o sea, seguidor del planteo de Marx en lo que lo merece, pero críticamente y abierto a aceptar mis errores derivados de eso al entenderlos.
martes, 22 de septiembre de 2015
De la sanción, la salud y la enfermedad
La sanción tiene, en principio, dos acepciones, que son la de castigo y la de promulgación. En relación a la primera, cabe decir que su formulación tiene origen devoto, según el cual la ascesis dolorosa santifica. La sanción es comprendida como una “sanación”, es decir, como un castigo que sana al pecador al purificarlo mediante dolores. Es un absurdo, por supuesto, pero está vigente en las órdenes piadosas y en las sociedades. Por eso es que las palabras “sano”, “santo” y “sanción” son parecidas. Tienen en común su origen en el vocablo latino “săcĕr”, que viene del osco sakir y del umbro sakra, además de relacionarse con el hitita šaklāiš. “Săcĕr” es “sacro”, “sagrado”, “consagrado a una divinidad”. El sacerdocio deriva de él. Además, viene de “Sancŭs”, una divinidad del pueblo prerromano sabino, equivalente a Hércules, llamado “Sanco” en el español actual.
En esta triple significación de “sanción”, como castigo, como cura y como convalidación legal, se advierte la trama que reúne, aunque sea en falso, a la religión con la medicina y con la justicia, trama extendida a otros ámbitos sociales, como la educación y la industria. Esta unión no es absoluta, es decir, que en ninguno de estos ámbitos los hombres pretenden siempre obtener los resultados que buscan por medio de dolores, pero es una lógica subyacente que sigue operando de algún modo, contrariando a las buenas prácticas que la humanidad pretende en ellos cuando es sensata.
Lo mismo sucede con la salud. Al igual que “salvación”, el término “salud” deriva de “salvus”, que es“salvo”, como “salvado”, por “entero”, “íntegro”. Los religiosos, si bien yerran en sus prácticas para salvar a la gente, ya que la idea del juicio final es falsa, y causan problemas de salud al condenar a los humanos por los pecados, hacen bien al promover la socialidad, cosa que hacen intuitivamente, mezclando bondades y maldades, por basarse en una mezcla también entre verdades y falsedades. Los saludos que se dan las personas también hacen a su salud, porque el trato amable incide en las psiques y los cuerpos, y los saludos hacen a las relaciones humanas. Por eso es que la falta de saludos hace daño, pero para que los haya lo que debe ser la gente tiene que ser verdadera y buena, ya que cuando está mal los enojos los dificultan.
Lectura
Giorgio Agamben, Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, Valencia, Pre-Textos, 1998.
Anexo
A diferencia de lo que sucede con la sanción, la relación que sugerí en mi tesina de licenciatura entre la enfermedad y el infierno, por ser palabras similares, no es cierta: el término “enfermedad” viene del latín “infirmus”, que quiere decir “no firme”. El agregado de cuestiones infernales a la enfermedad es connotativo.
En esta triple significación de “sanción”, como castigo, como cura y como convalidación legal, se advierte la trama que reúne, aunque sea en falso, a la religión con la medicina y con la justicia, trama extendida a otros ámbitos sociales, como la educación y la industria. Esta unión no es absoluta, es decir, que en ninguno de estos ámbitos los hombres pretenden siempre obtener los resultados que buscan por medio de dolores, pero es una lógica subyacente que sigue operando de algún modo, contrariando a las buenas prácticas que la humanidad pretende en ellos cuando es sensata.
Lo mismo sucede con la salud. Al igual que “salvación”, el término “salud” deriva de “salvus”, que es“salvo”, como “salvado”, por “entero”, “íntegro”. Los religiosos, si bien yerran en sus prácticas para salvar a la gente, ya que la idea del juicio final es falsa, y causan problemas de salud al condenar a los humanos por los pecados, hacen bien al promover la socialidad, cosa que hacen intuitivamente, mezclando bondades y maldades, por basarse en una mezcla también entre verdades y falsedades. Los saludos que se dan las personas también hacen a su salud, porque el trato amable incide en las psiques y los cuerpos, y los saludos hacen a las relaciones humanas. Por eso es que la falta de saludos hace daño, pero para que los haya lo que debe ser la gente tiene que ser verdadera y buena, ya que cuando está mal los enojos los dificultan.
Lectura
Giorgio Agamben, Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, Valencia, Pre-Textos, 1998.
Anexo
A diferencia de lo que sucede con la sanción, la relación que sugerí en mi tesina de licenciatura entre la enfermedad y el infierno, por ser palabras similares, no es cierta: el término “enfermedad” viene del latín “infirmus”, que quiere decir “no firme”. El agregado de cuestiones infernales a la enfermedad es connotativo.
domingo, 20 de septiembre de 2015
De cómo se define el deber ser humano y de cómo debe definirse
El deber ser humano es contractivo, ya que nuestra práctica responde a luchas que se expanden por todos los ámbitos de la sociedad, no obstante lo cual hay un deber ser dominante, que pretende regular a la práctica humana en general, que es resistido y desobedecido a veces, u obedecido a desgano, porque es parcialmente ilegítimo, y es ilegítimo porque no tiene en cuenta a cosas que deben ser tenidas en cuenta.
El conjunto de las nociones dominantes sobre lo que debe ser la humanidad se centraliza en las instituciones pías, la principal de las cuales es la iglesia, que es seguida por la ley constitucional, que es su correlato laico y que establece las normas supremas reguladoras de las restantes, sean jurídicas, económicas, políticas, culturales y demás, a las que se agregan las leyes y los reglamentos que se les subordinan, y eso en relación con las otras legislaciones supremas, como son los tratados internacionales de rango constitucional. Para eso, los sacerdotes sintetizan a algunos de los conceptos de la filosofía y de las ciencias, a la vez que soslayan a otros, que son sostenidos por los luchadores sin que lleguen a legalizarse: es la legitimidad proscrita, que impulsa a los procesos revolucionarios, además de lo cual existe la reproducción laica de los mandatos sacerdotales, que es la que plasma a las doctrinas religiosas en las leyes estatales. Esto no quita que en la creación de las leyes intervienen varios actores sociales, además de los eclesiásticos, como son los empresarios y los trabajadores.
Para que el deber ser sea legítimo debe responder a los reclamos sociales o, más bien, a las verdades reprimidas, esto es, a las razones reprimidas que merezcan ser tenidas en cuenta por ser buenas, sin importar de qué clase sean sus portadores, para lo cual las leyes y el gobierno deben ser sociales, ya que, al no serlo, los gobernantes no reconocen bien a las verdades de quienes están excluídos de su conformación, ni le dan curso a sus demandas, lo que apareja a la violencia de los delincuentes, que transgreden a las leyes porque las leyes no representan a sus intereses buenos, ni reconocen las opresiones que sufrieron; pero además, las iglesias deben cambiar su carácter, o sea, deben ser centros filosóficos abiertos de la sociedad: deben ser socializadas y responder a la verdad, lo que las mantendría en tanto que asambleas sociales, ateas y científicas, en que la gente se encontraría para aprender y enseñar a comportarse, y demás.
Comentarios
1. Entender así las cosas no implica desconocer la determinación económica de la piedad, que es un determinante subsiguiente a aquélla: así como las creencias primitivas fueron posibilitadas por la recolección, la caza y la pesca, las iglesias son consecuencia de la agricultura, que permitió que algunos de los humanos se asentaran en territorios en que erigieron las ciudades y sus construcciones, determinantes de sus prácticas posteriores. El impulso desatado por la reforma protestante y la contrarreforma católica, ambos a su vez sucesores de la agricultura, propiciaron a la Revolución Industrial, que luego causó cambios políticos y religiosos, etc.
2. La palabra “mojigato”, más que derivada de “gato”, como sostienen muchas de sus definiciones, me parece que viene de “monje” y que quiere decir algo así como “monjado”, o sea, “de carácter monjero”.
El conjunto de las nociones dominantes sobre lo que debe ser la humanidad se centraliza en las instituciones pías, la principal de las cuales es la iglesia, que es seguida por la ley constitucional, que es su correlato laico y que establece las normas supremas reguladoras de las restantes, sean jurídicas, económicas, políticas, culturales y demás, a las que se agregan las leyes y los reglamentos que se les subordinan, y eso en relación con las otras legislaciones supremas, como son los tratados internacionales de rango constitucional. Para eso, los sacerdotes sintetizan a algunos de los conceptos de la filosofía y de las ciencias, a la vez que soslayan a otros, que son sostenidos por los luchadores sin que lleguen a legalizarse: es la legitimidad proscrita, que impulsa a los procesos revolucionarios, además de lo cual existe la reproducción laica de los mandatos sacerdotales, que es la que plasma a las doctrinas religiosas en las leyes estatales. Esto no quita que en la creación de las leyes intervienen varios actores sociales, además de los eclesiásticos, como son los empresarios y los trabajadores.
Para que el deber ser sea legítimo debe responder a los reclamos sociales o, más bien, a las verdades reprimidas, esto es, a las razones reprimidas que merezcan ser tenidas en cuenta por ser buenas, sin importar de qué clase sean sus portadores, para lo cual las leyes y el gobierno deben ser sociales, ya que, al no serlo, los gobernantes no reconocen bien a las verdades de quienes están excluídos de su conformación, ni le dan curso a sus demandas, lo que apareja a la violencia de los delincuentes, que transgreden a las leyes porque las leyes no representan a sus intereses buenos, ni reconocen las opresiones que sufrieron; pero además, las iglesias deben cambiar su carácter, o sea, deben ser centros filosóficos abiertos de la sociedad: deben ser socializadas y responder a la verdad, lo que las mantendría en tanto que asambleas sociales, ateas y científicas, en que la gente se encontraría para aprender y enseñar a comportarse, y demás.
Comentarios
1. Entender así las cosas no implica desconocer la determinación económica de la piedad, que es un determinante subsiguiente a aquélla: así como las creencias primitivas fueron posibilitadas por la recolección, la caza y la pesca, las iglesias son consecuencia de la agricultura, que permitió que algunos de los humanos se asentaran en territorios en que erigieron las ciudades y sus construcciones, determinantes de sus prácticas posteriores. El impulso desatado por la reforma protestante y la contrarreforma católica, ambos a su vez sucesores de la agricultura, propiciaron a la Revolución Industrial, que luego causó cambios políticos y religiosos, etc.
2. La palabra “mojigato”, más que derivada de “gato”, como sostienen muchas de sus definiciones, me parece que viene de “monje” y que quiere decir algo así como “monjado”, o sea, “de carácter monjero”.
viernes, 18 de septiembre de 2015
Fe, piedad y modos de producción
El vocablo “fe” viene del latín fídēs, derivado de fīdō,
los que a su vez provienen de los vocablos griegos pístis, cuya grafía original es πίϭτις, y peíthō. El término griego más cercano a peíthō que encontré es el de πείσομαι, que remite a πάϭχω y a πείϑω.
El último de esos dos se refiere a significados habituales relativos a la fe,
como son el convencimiento, la persuación, la seducción, el consejo, la
confianza y la creencia, y a otros, menos usuales, como el engaño, el soborno y
sucumbir. El primero, πάϭχω, quiere decir “sufrir”, “padecer” y “afectarse”.
¿Porqué la fe tiene esa ambivalencia, es decir, ese sentido,
supuestamente positivo, relativo a la confianza, a la vez que los negativos de
sufrir y padecer? El diccionario de la Enciclopedia
Salvat define en general a la fe como la confianza o el buen concepto que
se tiene de algo, el crédito que se les da a las cosas por la autoridad del que
las dice o por su fama pública, como una palabra o una promesa dada y como la
seguridad o aseveración de que una cosa es cierta. En particular, para su acepción
religiosa, señala que para el cristianismo es una adhesión personal, gozosa y
libre del creyente, a la palabra de dios, “a la verdad revelada por Dios a los
hombres para enseñarles el camino de la salvación”. Y prosigue: “es, con la
esperanza y la caridad, una de las tres virtudes teologales, y un misterio que
sólo se explica por el Amor inconmensurable de Dios; obsequio gratuito de Dios
al hombre, la fe exige de éste una respuesta de fidelidad a Dios y a su
Palabra. Tener fe es afirmar y vivir humildemente la realidad de Dios,
proclamar y manifestar, por medio del acto
de fe y de una vida de fe, que
Dios existe, se preocupa de nosotros, nos habla y está presente entre nosotros.
La fe implica, pues, un encuentro y un diálogo entre Dios y el hombre, en
cuanto que Aquél respeta la libertad de éste en cuanto ser racional; no hay
oposición entre fe y razón, porque la fe del cristiano se basa en unos motivos
de credibilidad racionales a partir de la presencia real de Dios en la historia
de los hombres; la plenitud de la fe no choca con la razón humana, sino que la
ilumina, la eleva y la integra en una perspectiva más rica: el designio de
salvación de Dios”. Por extensión, ese diccionario la define en relación con la
religión que fuese.
En ese pasaje se pueden apreciar varias cosas. Por un lado,
que no se señala que la fe es incierta, o sea, que las cosas en las que se
confía puede que no sean lo que parecen ser, lo que es importante porque la
humanidad, para decidir qué hacer, tiene que saber con certeza qué es aquello a
lo que operará con su práctica, además de lo que quiere hacer, y que las
consecuencias de sus actos no serán malas de una manera tal que sea mejor no
hacerlos. La humanidad, cuando se lleva por la fe, se autoriza a sí misma a
hacer cosas sin saber que lo que vaya a hacer sea bueno, nada más confía en que
así será, y por eso es que a veces sus actos causan pena. Manejarse según
creencias causa incontinencia, ya que la gente, en vez que detenerse a pensar y
a debatir qué hacer hasta saber cómo hacerlo y que será bueno, se lanza a
actuar directamente, sin haber evaluado bien sus propósitos y circunstancias.
En segundo lugar, esa definición da por cierto que dios existe por sí mismo,
como un ser exterior a la imaginación humana, y las demás cosas que se le
adjudican, como haber creado el universo, dar la palabra a la humanidad, y
demás, aparte de componer en falso a la fe con la razón. Desde una perspectiva
racionalista consecuente no se puede afirmar la existencia de dios por sí mismo,
sino que hay que concluir que es una creencia humana que no puede ser
demostrada, ya que los creyentes lo suponen ubicado por fuera del universo,
adonde no se puede ir para comprobar que no está. Es una argucia
retórica hecha por los teólogos para evadirse de reconocer que sostienen una
falsedad. Antes decían que el infierno estaba en el centro de la Tierra, lo que
fue refutado por la geología sin que los eclesiásticos todavía lo admitan. En
tercer lugar, la define como un misterio, es decir, como un mito. Ambas
palabras tienen la misma raíz griega, relativa a la mística, y son mentiras,
tanto los mitos como los misterios. En cuarto lugar, es una definición que da
lugar a formas de locura no reconocidas como el hecho de pensar que dios nos
habla, con ese conjunto de diálogos fantásticos que los creyentes hacen con sus
dioses imaginados, o que está entre nosotros, entre otras supersticiones. En
conjunto, esas creencias falsean a la humanidad, que mezcla actos que responden
a esas falsedades con otros sí referidos a las verdades: pero esa mezcla, por
tener falsedades, dificulta ordenarnos para vivir felizmente, y no permite reconocer a
nuestros deseos cuando son contrarios a las doctrinas fieles, por lo que causa su represión.
La piedad, del latín pĭĕtās,
viene del osco piíhiúi y del umbro pihar. La Enciclopedia Salvat la define
como una disposición religiosa del espíritu que predispone al culto divino, un
amor entrañable a los padres y objetos venerados y como lástima, misericordia y
conmiseración. En cambio, el diccionario de latín de Segura Munguía la define
como el conocimiento y cumplimiento de los deberes para con los dioses, la
patria, los padres, los hijos, etc. La falsedad de esta cuestión radica en que
quienes definen cuáles son esos deberes son los sacerdotes, apelando a una
supuesta voluntad de los dioses que en realidad es inventada por ellos mismos.
Así, justifican sus arbitrios en seres imaginarios y mandan a obedecer al común
de la gente en base a sus designios. No es que los sacerdotes sean concientes
de hacer esa manipulación: ellos creen que obedecen a las disposiciones de los
dioses, pero no es así. De esta manera, la noción suprema con que se ordenan
las sociedades, es falsa, por lo que las sociedades se ordenan mal. Cabe
mencionar que los mandatos píos se expanden por todos los restantes órdenes de
la vida social, sean económicos, políticos, jurídicos, sanitarios, educativos,
culturales y demás, aunque son contrariados por las restantes concepciones del
mundo, que pueden ser de religiones menores, o científicas, lo que tampoco es
garantía de que sean verdaderas, es decir, que el cientificismo crea una vía
para la verdad y el bien, pero debe ser cumplido bien para lograrlos. El asunto
se complica porque las religiones adoptan los conceptos científicos, pero
falsamente, lo que confunde a la humanidad y le dificulta saber qué hacer. En ocasiones, hacen suponer que el bien es aquello que cumple con sus doctrinas.
Los modos de producción son las maneras en que las
sociedades se conducen a sí mismas. El concepto central de “producción” es el
latino dūcō, que quiere decir “conducir”, “guiar” o “llevar”. La educación es un derivado de él. Entonces, los
modos de producción son regímenes que ordenan en general a toda la sociedad. El
esclavismo, el feudalismo y el capitalismo son definidos por
el carácter de su economía, pero son modelos que regulan a las sociedades en general, no sólo en materia económica, aunque subsumen a los restantes ámbitos sociales a la economía, en una relación histórica, es decir, en la que los elementos de cada espacio interactúan según lo hacen de hecho, aunque con algún orden, en que, a la vez que prima la Tierra y la naturaleza, y luego la economía, las prácticas humanas responden a la piedad y a sus demás determinaciones, sean políticas, culturales o las que fueren. El hecho de que las
sociedades se ordenen a sí mismas supone que existen por naturaleza, es decir, que existen porque sus integrantes nacen, lo que depende de la Tierra y es consecuencia de
la evolución de sus especies. Entonces, al ser el capitalismo el sistema que se
basa en la acumulación de capital, es decir, en la acumulación de valor abstracto, es preciso entender porqué la acumulación de valor es reproducida por
los capitalistas, y para eso sirve recordar que los capitalistas son seres
piadosos en general. La piedad es un sistema transmodal, o sea, que atravesó a los distintos modos de
producción, incluso a los primitivos, que tenían sus creencias, ya que la
humanidad, hasta ahora, se regimenta en general desde los mandatos emanados de
las instituciones que se supone representan a los dioses, las que muchas veces
incorporan verdades científicas, cuando pueden adaptarlas a sus doctrinas.
“Docto”, del que derivan “doctor” y “doctrina”, también viene de dūcō.
Resta entender la relación entre la piedad y las prácticas
de los capitalistas, que fue señalada por Max Weber, pero que al parecer
también está en las obras inéditas de Marx. Hay la intuición de esto en la
expresión “religión de la mercancía”, más explícita en algunos comentarios de
Gramsci, aparte de en los estudios de Foucault, a los que hay que analizar para no dejarse llevar por sus errores.
Lecturas
Michel Foucault, Vigilar
y castigar. Nacimiento de la prisión, Buenos Aires, Siglo XXI Editores,
1989; “«Omnes et singulatim»: hacia una crítica de la razón política”, en ¿Qué es la ilustración?, Madrid, Ediciones
La Piqueta, 1996.
Antonio Gramsci, Antología,
Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2010.
Enciclopedia Salvat. Diccionario,
Barcelona, Salvat Editores, 1972, vocablos citados.
José M. Pabón S. de Urbina, Diccionario manual “Griego clásico-Español”, Barcelona, Vox, 2007,
vigésima edición, vocablos citados.
Santiago Segura Munguía, Nuevo
diccionario etimológico “Latín-Español” y de las voces derivadas, Bilbao,
Universidad de Deusto, 2006, tercera edición, vocablos citados.
Anexos
1. “Docilidad” y “disciplina” también proceden de dūcō, por lo que hay que distinguir a la educación buena de la mala, ya que al no hacérselo se cae en una lucha contra la disciplina en sí misma, como les pasa a veces a los anarquistas, lo que no corresponde porque la disciplina buena es necesaria para la calidad de la vida humana.
2. Puede ser que la piedad y el fideísmo tengan una misma raíz etimológica, ya que son términos de resonancia similar.
3. Habrá que investigar, en un diálogo crítico con la tesis de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, porqué los capitalistas acumulan capital, a diferencia de los proletarios, que también suelen ser creyentes. Tal vez la cuestión radique en que la piedad proletaria, de la religiosidad popular, propugna el ascetismo de bienes materiales, mientras que la piedad del clero alto, como la masonería, faculta a la acumulación, eso aparte de la opresión de la clase dominante, que expulsa hacia abajo a quienes no forman parte de ella, históricamente, es decir, con excepciones y variantes. Es preciso recordar que la masonería fue un aglutinante muy importante de los burgueses revolucionarios en contra del absolutismo monárquico, tanto en Europa como en América. No obstante, no habría que exagerar la incidencia religiosa en el afán de lucro, ya que depende de la ambición empresarial, que tiene causas históricas más allá de las pías.
4. La etimología también es una ciencia sujeta a pujas. Para este caso, el diccionario etimológico con el que trabajo fue editado por la Universidad de Deusto, que pertenece a la Compañía de Jesús, los jesuitas, por lo que responde a esa concepción. De allí que no haya en él, más que marginalmente, definiciones contrarias a la fe.
5. El materialismo histórico confundió la determinación material con la económica, porque la economía es una práctica más básica que la espiritualidad, lo que redundó en el planteo economicista, que supone que la práctica humana está deteminada más por la economía que por la ideología; pero ese planteo es inexacto. Ciertamente, la materia es anterior al pensamiento, que también es material porque se realiza a través de las sinapsis neuronales, que involucran a las dendritas y a la transmisión de los impulsos nerviosos, que responden a la interacción humana con su ambiente, y también la nutrición es previa al pensar, lo mismo que la economía es precondición para la espiritualidad. No obstante, la práctica humana es determinada por la conceptualización. Los actos animales más primarios respondieron a las determinaciones instintivas, pero, una vez realizados, a partir de la creación evolutiva de los cerebros, los animales comenzamos a conducirnos mediante nuestras ideas. Por eso es que reconocer a las ideas como determinantes de la práctica es materialista también. De allí que postular que el sistema vigente no es el capitalismo, sino el pietismo capitalista, es materialista, porque concibe al pietismo como un factor material y porque entiende que su conceptualización contiene y condujo al capitalismo. El capitalismo, entendido así, es el modo de acumulación de la fase conceptiva actual, que es pía.
Anexos
1. “Docilidad” y “disciplina” también proceden de dūcō, por lo que hay que distinguir a la educación buena de la mala, ya que al no hacérselo se cae en una lucha contra la disciplina en sí misma, como les pasa a veces a los anarquistas, lo que no corresponde porque la disciplina buena es necesaria para la calidad de la vida humana.
2. Puede ser que la piedad y el fideísmo tengan una misma raíz etimológica, ya que son términos de resonancia similar.
3. Habrá que investigar, en un diálogo crítico con la tesis de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, porqué los capitalistas acumulan capital, a diferencia de los proletarios, que también suelen ser creyentes. Tal vez la cuestión radique en que la piedad proletaria, de la religiosidad popular, propugna el ascetismo de bienes materiales, mientras que la piedad del clero alto, como la masonería, faculta a la acumulación, eso aparte de la opresión de la clase dominante, que expulsa hacia abajo a quienes no forman parte de ella, históricamente, es decir, con excepciones y variantes. Es preciso recordar que la masonería fue un aglutinante muy importante de los burgueses revolucionarios en contra del absolutismo monárquico, tanto en Europa como en América. No obstante, no habría que exagerar la incidencia religiosa en el afán de lucro, ya que depende de la ambición empresarial, que tiene causas históricas más allá de las pías.
4. La etimología también es una ciencia sujeta a pujas. Para este caso, el diccionario etimológico con el que trabajo fue editado por la Universidad de Deusto, que pertenece a la Compañía de Jesús, los jesuitas, por lo que responde a esa concepción. De allí que no haya en él, más que marginalmente, definiciones contrarias a la fe.
5. El materialismo histórico confundió la determinación material con la económica, porque la economía es una práctica más básica que la espiritualidad, lo que redundó en el planteo economicista, que supone que la práctica humana está deteminada más por la economía que por la ideología; pero ese planteo es inexacto. Ciertamente, la materia es anterior al pensamiento, que también es material porque se realiza a través de las sinapsis neuronales, que involucran a las dendritas y a la transmisión de los impulsos nerviosos, que responden a la interacción humana con su ambiente, y también la nutrición es previa al pensar, lo mismo que la economía es precondición para la espiritualidad. No obstante, la práctica humana es determinada por la conceptualización. Los actos animales más primarios respondieron a las determinaciones instintivas, pero, una vez realizados, a partir de la creación evolutiva de los cerebros, los animales comenzamos a conducirnos mediante nuestras ideas. Por eso es que reconocer a las ideas como determinantes de la práctica es materialista también. De allí que postular que el sistema vigente no es el capitalismo, sino el pietismo capitalista, es materialista, porque concibe al pietismo como un factor material y porque entiende que su conceptualización contiene y condujo al capitalismo. El capitalismo, entendido así, es el modo de acumulación de la fase conceptiva actual, que es pía.
Nueva etapa
Con este posteo se inicia una nueva etapa del blog, luego de haber fracasado en mi primer intento para explicar la relación entre la piedad y el capitalismo. Espero lograrlo en la segunda.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Declaro un error mío que es grave
La idea central en que me basé, y que está en “La determinación del capital y la estrategia socialista”, la de que la propiedad es una noción derivada de la religión, no es cierta. La propiedad no es “pro piedad” sino “aquello que es apartado”. Viene de proprivus, cuyo término central es privus, privado, apartado, y que tiene por sinónimos a “singular”, “particular” y “aislado”. Las conclusiones seguidas a eso también deben ser descartadas para su corrección. Del mismo modo, no pude confirmar que “proletario” sea el término para referirse a quienes están “por ello”, es decir, dedicados a las cosas a su alrededor, lo que, si bien puede que sea cierto, no se condice con la definición usual referida a la progenie. Entonces, la idea central que sostuve es incorrecta. Esa relación que planteé entre las creencias y la propiedad no es esencial a su historia, sino secundaria, y habrá que reconocerla.
Y no obstante, dado el peso de las iglesias en la dirección de las sociedades, la piedad es central en el capitalismo, ya que las doctrinas religiosas son articuladores de los distintos aspectos de la vida social, a la que pretenden regular totalizantemente. Las piedades son ideologías que intentan ordenar la vida social, pero son resistidas por ser falsas, ya que al serlo le hacen mal a la humanidad. Habría que decir que la clase capitalista es un bloque compuesto por los propietarios de los medios de producción, parte de los cuales son las iglesias, ya que permiten la reproducción social, o sea, que no todos los medios de producción son económicos, sino que los hay de varias índoles, como son los de la sanidad, la educación, la cultura, la justicia, etc. Las relaciones de determinación van de lo simple a lo complejo: las producciones más básicas dan lugar a las medias, y éstas a las altas, pero luego hay contradeterminaciones de lo alto hacia lo bajo, y relaciones entrecruzadas entre los factores, en las que priman la Tierra y la naturaleza.
Entonces, la propiedad, es un material que la humanidad toma del resto de la naturaleza, o de la Tierra, y que lo aparta. Lo transforma mediante el trabajo, y entonces se lo queda para sí. La diferencia entre la propiedad privada y la pública está en quiénes se quedan con los productos del trabajo, si la elite o el proletariado, pero eso no es lo único a tener en cuenta: hay que comprender porqué la clase capitalista es lo que es y hace lo que hace, ya que eso facilitaría la política socialista, que para mal es proclive a veces a formas de violencia superables, no mediante prácticas absolutamente pacíficas, sino también mediante violencias pacifistas, bien ordenadas mediante la razón, que deben ser medidas, no exageradas. Habemos propietarios de los medios de producción -los inmuebles lo son, ya que sirven para la reproducción de la vida, igual que lo es el saber científico-, que los socializaríamos a gusto si pudiéramos vivir como se debe sin ellos, lo que hoy no se puede por la barbarie capitalista. Y hay a quienes los medios de producción les son impuestos por herencias, cuya legislación y cuyo modelo familiar de traspaso no eligen. Y los demás son oprimidos también, aunque sean millonarios, lo que no quita que también sean delincuentes muchas veces, pero a esa delincuencia, aparte de penarla provisoriamente, hay que comprenderla para resolverla desde sus causas primeras.
Lamento y me disculpo por el dislate.
Y no obstante, dado el peso de las iglesias en la dirección de las sociedades, la piedad es central en el capitalismo, ya que las doctrinas religiosas son articuladores de los distintos aspectos de la vida social, a la que pretenden regular totalizantemente. Las piedades son ideologías que intentan ordenar la vida social, pero son resistidas por ser falsas, ya que al serlo le hacen mal a la humanidad. Habría que decir que la clase capitalista es un bloque compuesto por los propietarios de los medios de producción, parte de los cuales son las iglesias, ya que permiten la reproducción social, o sea, que no todos los medios de producción son económicos, sino que los hay de varias índoles, como son los de la sanidad, la educación, la cultura, la justicia, etc. Las relaciones de determinación van de lo simple a lo complejo: las producciones más básicas dan lugar a las medias, y éstas a las altas, pero luego hay contradeterminaciones de lo alto hacia lo bajo, y relaciones entrecruzadas entre los factores, en las que priman la Tierra y la naturaleza.
Entonces, la propiedad, es un material que la humanidad toma del resto de la naturaleza, o de la Tierra, y que lo aparta. Lo transforma mediante el trabajo, y entonces se lo queda para sí. La diferencia entre la propiedad privada y la pública está en quiénes se quedan con los productos del trabajo, si la elite o el proletariado, pero eso no es lo único a tener en cuenta: hay que comprender porqué la clase capitalista es lo que es y hace lo que hace, ya que eso facilitaría la política socialista, que para mal es proclive a veces a formas de violencia superables, no mediante prácticas absolutamente pacíficas, sino también mediante violencias pacifistas, bien ordenadas mediante la razón, que deben ser medidas, no exageradas. Habemos propietarios de los medios de producción -los inmuebles lo son, ya que sirven para la reproducción de la vida, igual que lo es el saber científico-, que los socializaríamos a gusto si pudiéramos vivir como se debe sin ellos, lo que hoy no se puede por la barbarie capitalista. Y hay a quienes los medios de producción les son impuestos por herencias, cuya legislación y cuyo modelo familiar de traspaso no eligen. Y los demás son oprimidos también, aunque sean millonarios, lo que no quita que también sean delincuentes muchas veces, pero a esa delincuencia, aparte de penarla provisoriamente, hay que comprenderla para resolverla desde sus causas primeras.
Lamento y me disculpo por el dislate.
martes, 8 de septiembre de 2015
Mi postura ante el feminismo
Tal vez no lo parezca, por las críticas que hice al feminismo y por mi defensa del machismo bueno, pero yo soy feminista, en el sentido de que estoy en contra del patriarcado y a favor de la igualdad entre hombres y mujeres, además de compartir las reivindicaciones por el derecho al aborto y contra los femicidios, la feminización de la pobreza y la violencia machista, aparte de estar a favor de la libertad sexual, los derechos de las mujeres al parir y demás.
Mi crítica al feminismo no es en contra del feminismo como tal, aunque sí cometí errores terminológicos cuando lo critiqué, sino en contra de los males que tiene el feminismo y a los que se debe reconocer, ya que no está exento de ellos, como no lo están tantas cosas en la historia humana. Mi defensa del machismo no es la defensa del machismo violento, sino de aquellas cosas que los hombres hacemos bien, y es necesaria porque esas cosas son parte del machismo, y parte importante de la historia humana. Además, el acoso feminista al machismo no distingue bien esta cuestión, por lo que a veces las feministas agreden a los hombres por el sólo hecho de juntarse entre hombres, como si eso fuese malo en sí mismo. Es una crítica para que el feminismo precise su política para con el machismo.
En ese sentido, soy feminista y machista, en tanto ambos sean buenos, ya que, en sí, ser feminista es inclinarse hacia las mujeres y ser machista es hacerlo hacia los hombres, y es bueno hacerlo según lo sea. El humanismo, bien entendido, es feminista y machista, ya que la humanidad se compone de hombres y de mujeres. Esta definición, así dicha, no comprende bien a los transexuales, por lo que se los debe incluir en ella. Y también vale criticar a la humanidad, ya que tiene males, igual que vale celebrar sus bondades.
Mi crítica al feminismo no es en contra del feminismo como tal, aunque sí cometí errores terminológicos cuando lo critiqué, sino en contra de los males que tiene el feminismo y a los que se debe reconocer, ya que no está exento de ellos, como no lo están tantas cosas en la historia humana. Mi defensa del machismo no es la defensa del machismo violento, sino de aquellas cosas que los hombres hacemos bien, y es necesaria porque esas cosas son parte del machismo, y parte importante de la historia humana. Además, el acoso feminista al machismo no distingue bien esta cuestión, por lo que a veces las feministas agreden a los hombres por el sólo hecho de juntarse entre hombres, como si eso fuese malo en sí mismo. Es una crítica para que el feminismo precise su política para con el machismo.
En ese sentido, soy feminista y machista, en tanto ambos sean buenos, ya que, en sí, ser feminista es inclinarse hacia las mujeres y ser machista es hacerlo hacia los hombres, y es bueno hacerlo según lo sea. El humanismo, bien entendido, es feminista y machista, ya que la humanidad se compone de hombres y de mujeres. Esta definición, así dicha, no comprende bien a los transexuales, por lo que se los debe incluir en ella. Y también vale criticar a la humanidad, ya que tiene males, igual que vale celebrar sus bondades.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
La culpa
La culpa viene del término osco “kulupu”. Lo que pienso al respecto de la culpa es arriesgado porque no tengo la certeza de que sea verdad, pero lo diré igual, habiendo aclarado que es una reflexión que debe ser cotejada.
La culpa, entendida como pena, pesar, remordimiento, angustia, o como acusación o responsabilización, puede que sea un sinónimo de “golpe”, como las trompadas, las piñas, los impactos de las armas de guerra y los golpes psicológicos. Son palabras que tal vez sean relativas: suenan parecido. Los humanos, ante las injusticias, cuando no las sabemos procesar debidamente, podemos tener respuestas de pasividad o agresividad ilegítimas. Las respuestas culpabilizadoras son de las violentas: son respuestas golpistas. Uno de los grandes problemas asociados a eso es que, al ser el capitalismo un sistema falso, que predica una justicia falsa también, ya que se atiene a los cánones eclesiásticos, teológicos y de legalidad propietaria, los seres humanos tenemos una noción de la justicia equivocada: estamos, en general, mal alienados, por lo que la culpabilización, o sea, las distintas variantes de golpismo, priman en la búsqueda pretendida de justicia, pero no la logran.
La culpa, entendida como pena, pesar, remordimiento, angustia, o como acusación o responsabilización, puede que sea un sinónimo de “golpe”, como las trompadas, las piñas, los impactos de las armas de guerra y los golpes psicológicos. Son palabras que tal vez sean relativas: suenan parecido. Los humanos, ante las injusticias, cuando no las sabemos procesar debidamente, podemos tener respuestas de pasividad o agresividad ilegítimas. Las respuestas culpabilizadoras son de las violentas: son respuestas golpistas. Uno de los grandes problemas asociados a eso es que, al ser el capitalismo un sistema falso, que predica una justicia falsa también, ya que se atiene a los cánones eclesiásticos, teológicos y de legalidad propietaria, los seres humanos tenemos una noción de la justicia equivocada: estamos, en general, mal alienados, por lo que la culpabilización, o sea, las distintas variantes de golpismo, priman en la búsqueda pretendida de justicia, pero no la logran.
El kirchnerismo y la crítica
El kirchnerismo, y más en particular la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, tiene a veces una idea equivocada de la crítica, ya que hoy en día estamos acostumbrados a las críticas malas, hirientes. La crítica viene de “cribar”, acción que en su origen fue la de pasar los cereales por un tamiz para separar la parte comestible de la que no lo es. La frase de “separar la paja del trigo” viene de la criba. Luego, el término adquirió el sentido de “analizar”, o sea, de evaluar, en una circunstancia, qué elementos la componen y cuáles son sus relaciones, y decidir según eso, y otros factores, qué hacer de ella. Entonces, la crítica bien hecha es buena, y debe ser distinguida de la acusación y de las críticas malas. Las críticas buenas se caracterizan por hacer sentir bien a quienes las reciben, y por mejorar la calidad de la vida.
En general, las críticas mezclan aspectos buenos y malos, por lo que hay que discernirlos.
En general, las críticas mezclan aspectos buenos y malos, por lo que hay que discernirlos.
martes, 1 de septiembre de 2015
La dietética es una ciencia
La dietética es la ética alimentaria, o sea, que es científica, y busca ordenar bien la alimentación humana. Se basa por un lado en el saber médico, ya que entiende la relación entre la salud y la ingesta, pero, más en general, puede y debe llegar a ser parte de las ciencias sociales porque la alimentación humana requiere de explotación agroindustrial. Además, los trastornos alimenticios tienen relación con la opresión, ya que la compulsión a ingerir responde a los traumas sufridos por las personas.
Por otro lado, el sobrepeso debe ser entendido como parte de la pobreza, ya que, además de ser consecuencia de la recepción de maltratos, de las dificultades para hacer ejercicio que hay en las ciudades y de la falta de educación gastronómica, dificulta la vida. En ese sentido, tanto el sobrepeso como la desnutrición hacen a la pobreza humana.
En tanto que la dietética es una ciencia, todas esas malas concepciones, rudas, que exaltan el consumo desmedido de carnes, o de los alimentos que fueren, son retrógradas, además de violentas.
Los socialistas debemos adoptar a la dietética como parte del programa de lucha.
Por otro lado, el sobrepeso debe ser entendido como parte de la pobreza, ya que, además de ser consecuencia de la recepción de maltratos, de las dificultades para hacer ejercicio que hay en las ciudades y de la falta de educación gastronómica, dificulta la vida. En ese sentido, tanto el sobrepeso como la desnutrición hacen a la pobreza humana.
En tanto que la dietética es una ciencia, todas esas malas concepciones, rudas, que exaltan el consumo desmedido de carnes, o de los alimentos que fueren, son retrógradas, además de violentas.
Los socialistas debemos adoptar a la dietética como parte del programa de lucha.
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