miércoles, 9 de agosto de 2017

Apellidarse así es nombrarse algo mal

Apellidarse remite a la economía porque el apellido es laboral. El apellido es laborista, se apellidó a laburantes. Muchos apellidos remiten a labores anteriores, a las tareas agrícolas, a las artesanales, a las de los gremios. El apellido corriente proviene de una herencia laboral, a la que se ordenó píamente, va del apellido paterno a los hijos de los matrimonios y de las parejas deshechas; se le superpuso orden teísta a las propiedades fabricadas, que pasaron a discurrir en el legal, que en la herencia son manejadas según la familiariedad pietista, hoy capitalista, desde que la modernidad, que era pietista, porque el monarquismo renacentista fue pío, antes de convertirse en absolutista, se tornara en capitalista, cuando el fideísmo moderno se convirtió en capitalista, luego de la revolución industrial, de cuño fidente. Aquélla fue una revolución industrial fidente, de compulsión productiva creedora, diestra y modular, serial, de modernidad féica, sobre y mal producente en algunos aspectos, la revolución de la energía a combustión de carbón, que se combinó a la mecánica para las bobinas ferroviarias y navieras, que después funcionarían a motricidad cilíndrica a combustión de nafta, diésel y gasoil, antes que a biocombustibles, y luego a la carbonífera le seguiría la energética de la electricidad, como la hidráulica y después la eólica, modernidad que más tarde adoptaría a la energía nuclear, de explotación de metales radioactivos. Entonces, los apellidos tienen una carga laborera y su fetichización, llevan a la fe en su historia porque su historia es fea. Los nombres y apellidos remiten a la historia humana, se los conformó en ella. En el capitalismo los nombres de las personas están disociados de la práctica individual, aunque no del todo, pero no se apela a la gente según lo que estén haciendo como podría hacérselo. Apellidar viene de apelar, y los apellidos tienen un origen laboral porque a las personas, a veces, se las denominó según el trabajo que hacían.

La hicencia de los apellidos está eclesiada, tiene iglesias, y en inglés a lo feo se le dice ugly. Se le dice así porque la fealdad es églica, eclesial, y como la iglesia también pautó al saber, también intervino en la conformación de los apellidos, por haber ordenado a su producción laboral y por haberlo hecho con la conceptual: los “Fernández”, que eran fierreros, herraron cruces santificadas, como los “Fernandos”, o los “Ferrer” y los “Ferrero”, o las tallaron los Tagliaferro. Los oficios fueron ordenados para la producción de civilizaciones creyentes, por lo que se trabajó para creer, para proveer de productos fabricados al ordenamiento religioso. El creyente es un orden fallado que rige en gran parte del planeta, por lo que muchas tareas fueron dedicadas a la fabricación de los elementos religiosos, y los otros también fueron relativos a la religión. Hubo mucha explotación requerida por ésta, para los templos, para sus libros, para su iconicidad, sus plegarias y papelerías, para los archivos, en otros de los cuales se guardó a papeles estatales, con información apellidada durante gobiernos pieros. La producción laboral capitalista es fideísta, teniendo bondades, y de un materialismo también algo malo en los gobiernos ateos. Como la apellidación internacional está en parte mal producida, al idear algo mal la humanidad, el apellido lleva una forma algo mala, una forma laboral en parte mal ideada. Es la nominación algo mal producida, en tanto que a las naciones las guía un idealismo algo fallado, en conjunto capitalista, en parte materialista y en parte fidente, fallido por su fidencia, por su capitalidad y por su mala materialidad, por lo malo de su materialismo. De allí que el apellidaje se haya formado tanto laboral como píamente. Los apellidos se formaron laboralmente, pero esa laboralidad fue pía, incluso en el bloque socialista, que tiene un pasado fidente, creyeron en Confucio, y de internacionalismo competitivo: su materialismo es insuficiente por sus propios defectos y por los del bloque liberal pío.

Al ser conjunta la práctica humana, el materialismo, para imponerse, tiene que lograr que de toda a gran parte de la humanidad sea atea, aparte de socialista: la revolución productiva requiere la de su parte conceptual. El socialismo no puede ser exitoso entre naciones teístas, por lo que precisa de la internacionalización del ateísmo. El materialismo no puede avanzar sobre el teísmo sin el ateísmo, pero tampoco capitalizando mal, porque eso le agrega mal al orden social, que termina siendo algo mal producente, o sea, llevando una coexistencia contrariada, que en parte está mal direccionada por los gobiernos, en tanto que la clase dominante idea algo mal, lo que le pasa al comuliberalismo chino y al cubano, que tienen de liberal a su capitalidad, a la liberalidad de las concepciones comunistas, no exentas de mala frivolidad entre los méritos que también tienen, y que son bastante importantes. La clase dominante internacional se compone de una parte teísta, la alta de los distintos credos, y de otra parte atea, que también es capitalista. Entremedio de eso está el imperialismo, las potencias mundiales pujando entre sí, con guerras y competencia geoestratégica. El capitalismo, como fetichización comercial, ya que es una economía de intercambio de bienes fetichizados, atraviesa a todas las naciones, y tuvo un antecedente en la acumulación de las ciudades florentinas, la de los Médicis banqueros tras el fin de la edad media, que impulsaron al materialismo burgués y liberal que siglos después sería capitalista. Maquiavelo fue un florentino liberal, como fue liberal medieval Dante Alighieri, antes que Miguel de Cervantes. El liberalismo tiene su pasado monárquico, ya que existió junto al nobiliarismo, el reinado de la nobleza, con todos sus estamentos, donde tuvo lugar su gestación previa. El bloque socialista contiene a varias religiones, y conflictivamente, a la vez que existe el ateísmo en las naciones del bloque fideísta, que es liberal en tanto que el liberalismo es multirreligioso, mientras que acepta subordinadamente a la disidencia arreligiosa cuando no le disputa la posesión de los grandes medios productivos. Es transconceptivo y tolerante en tanto que impera. Cuando no lo hace, se vuelve agresivo.

El liberalismo es trasnacional porque atraviesa a las naciones, por su compostura interreligiosa, atestada de crisis, tiene crisis estructurales permanentemente, pero eso no es sólo por el capital, ni por el nacionalismo, el imperialismo, el hombrismo o la barbarie. La producción humana es ordenada también clericalmente. El clero impuso un orden que está muy inmerso en la cultura, y en la dominante, aunque no lo sea en el gobierno chino, que reproduce a la fetichización capitalista y que idea algo mal a la economía y a la geoestrategia, al pretender superar al capitalismo mediante una valorización abstracta mayor: quiere un supracapitalismo y mide la calidad de la vida, como la ONU, según la tenencia de capital en moneda por habitante, la renta per cápita dolarizada, que es el modo del productivismo capitalista abstracto e histórico, en medio de una competencia económica internacional, que confunde a la riqueza con la tenencia de capitales, las que si bien están asociadas no se codeterminan necesariamente, y a las que se asoció mal a veces. La tenencia de capitales es algo ingrata en sí misma porque está fetichizada, requiere de una idealidad abstracta impuesta a los bienes que proviene de la fetichización mitológica, lo que transforma en ritualístico al sistema social, endureciendo a las costumbres; y porque los capitales son consecuencia de una mala producción histórica, pero además es impuesta en tanto que se efectúa la propietarización intercambiable, cuyo traspaso de bienes monetarizados es legal, es sostenido legalmente, y por ende por las fuerzas armadas del propietarismo fidente, que actúan en conjunto a las del ateo favorable al comercio, que es un sistema superable. El sometimiento productivo es común a la humanidad. Hasta la aristocracia se sometió a humanos, en tanto que son humanos los mismos aristócratas y porque obedeció a mandatos comunes, sin que se la haya depuesto, cuando éstos la sostuvieron. Hubo apoyo popular a la aristocracia a lo largo de la historia, así como los pueblos de las naciones eligieron a candidatos aristocráticos, y hasta muchas veces votaron por aristócratas, más que por los socialistas, se lo nota en que la capitalesía es la aristocracia actual, a cuyos partidos políticos los pueblos nacionales votaron en favor varias veces desde la instauración del sufragio, con las revoluciones burguesas, que fueron liberales, forjaron una ideación liberal, mandante de la práctica social, que es reproducida contractivamente por la sociedad y que tiene sus méritos.

Hoy en día algunas cosas están mal habladas, no hay un habla humana más o menos cierta en su conjunto completo. El buen habla está disperso, no es tan central al orden social, lo que hace a lo malo de la productividad impuesta. En tanto que hay mala comprensión, hay mala producción. La comprensión fue creada por materia más concreta, el cuerpo animado, incluso el vegetal, que comprende a su entorno; fue generada por los seres animados, y a su vez incide en aquélla, que existió sin la comprensión, antes y después de componerse animadamente, en seres vivos, que somos los únicos almados. Dentro de la comprensión animada, está la humana, que es animal. La comprensión humana es animal porque la humanidad es una especie animal, del subgénero primático, pero entonces la humanidad tiene que asumir su animalidad, cosa que no hace a veces por el pietismo, que la divinizó desde abajo hacia arriba, la clasificó píamente, en un orden jerárquico desde divino a infernal, según la ubicación de alta a baja de las clases sociales, así se fetichizó a la escala social estrática, con las variantes ocasionadas por la conducta individual de cada quien y por las transformaciones sociales. Esa fetichización fue reproducida por el proletariado en ocasiones, lo que da cuenta de que el proletariado no la criticó lo debido para desinstruirla. El familiarismo ordinario dominante falseó al proletariado, porque le impuso formas asociativas arbitrarias, de una arbitrariedad idealista que luego se tornó capitalista, con distintas estructuras familiares en las diferentes culturas, atravesadas por sus mitos, expuestos en libros estimados como sagrados, en los que figuran los nombres apellidados. El laborismo no puede suceder fidente lo requerido por las personas comunes, y eso se nota en lo feo que son a veces los nombres de las personas, y según cuándo se los piense, con nuestra historia propietaria algo fea y capitalista. Contienen a una historia sacrificada acumuladora de bienes valuados en moneda, el fetichismo mercantil, que fue previo al capitalista, y que con el capitalismo se generalizó, por lo cual nuestros apellidos están algo falseados, al igual que nuestros nombres, lo que tampoco es tan importante, pero es una cuestión. La nominación humana está mal hecha, al menos a veces, ya que la humanidad la hizo mal, lo que se corresponde con el malestar y la crisis vigentes. Una especie tan crítica no puede nominar muy bien, porque es muy crítica debido a que aún no sabe comportarse tanto como para serlo menos, de lo que comete atrocidades a las que tiene que analizar, y no puede dejar de criticar para sobrevivir, por la competencia interespecista e interclasial. Entonces, podrá corregir su nominación, y la crítica persistirá de otra forma junto a la crisis.

Dijeron, “¿a ese cómo le ponemos?”. “¿Es carpintero?”. “Ponéle cárpenter”, y después le fue a parar a un Alejo. El otro era martillero, entonces le quedó “Martín”, “Martínez”, o “Martino”, o “Marta”. No estoy seguro de todas estas asociaciones, pero sé que las labores quedaron entremezcladas entre los nombres y los apellidos, lo mismo que la fidencia, con nombres como Anselmo, por el santo, o Policarpio, que fue un nombre inspirado en el del obispo de la iglesia primera, Policarpio de Esmirna, que le pusieron a alguien en Entre Ríos y en el siglo XX, como 1780 años después de que aquél muriera en Roma, en un continente al que los europeos no conocían entonces, al que llegaron hace medio milenio, como 13 siglos después del deceso del obispo. En el tradicionalismo católico de la argentina moderna a algunos de los hijos les pusieron sus nombres de acuerdo al santo del día de su nacimiento. Tenían un calendario de 365 días, a cada uno de los cuales le hubieron asignado un santo, y algunas familias devotas eligieron el nombre de sus hijos según el santo correspondiente al día de su nacimiento, entremezclando al nacimiento con la nominación cristiana y laboral, heredada forzosamente por la productividad legal. Ya desde nacidos, desde los estados cristianos se nos cristianizó nominalmente cuando éramos bebés, al ponérsenos nombres y apellidos cristianizados, como pasó de otras formas en los países que no son cristianos.

El apellidamiento es parte del nominalismo, porque apellidar implica nombrar, por lo que hace a la cuestión autonomista, parte de la cual es la de la autodenominación personal. El darse nombre a sí mismo es parte de la autonomización de la existencia, pero más que eso el autonomismo busca autorregularse, lo que no puede hacer muy bien en el desastre presente. El autonomismo, para realizarse bien, tiene que ser social, y la sociedad razonar bien, porque para legislarse bien tiene que pensarse bien, no puede legislarse bien pensando mal, y la realidad humana existe en circunstancias a veces perfectas, otras mejorables, o rescatables, y hasta lamentables o irreparables acaso. En tanto que no se piense bien, el autonomismo será una idea de izquierda subconcretada, como lo están los objetivos del socialismo en general, es un utopismo revolucionario concretado entre poco y medianamente, más existente en la imaginación que en su plasmación más concreta, porque ésta requiere de su adopción social masiva. Entonces, el autoapellidamiento no puede funcionar tanto. Bastante nos cuesta mantenernos vivos como para dedicarnos a esas sutilezas, pero es una opción válida, según como sea, y es una cuestión pendiente.

Fotografías recientes cerca de una canasta de frutas


















martes, 8 de agosto de 2017

De la liberalización privatizadora del Consenso de Washington

Luego del Consenso de Washington, se reexpandió en este planeta el liberalismo capitalista, que se hubo contraído durante las guerras mundiales, tras la reconstrucción europea y la recuperación económica estadounidense, y en su variante ortodoxa, privatizadora, atravesando a los países en general, y tanto a los de gobiernos socialdemócratas como a los de la democracia religiosa. Es el caso del de Carlos Saúl Menem, del Partido Justicialista, el populismo cristiano argentino, de carácter peronista. Lo mismo le sucedió al PRI mexicano, que se convirtió al liberalismo privado, o al PSOE de Felipe González, la tercera vía del laborismo británico, blairista, a Macron, a la socialdemocracia brasilera, o a la chilena. Le sucedió al democratismo uruguayo, el del Frente Amplio, adoptar el liberalismo, aunque haya sido en su vertiente alternativa. Así le pasó a Clinton, con su democracia protestante liberal, capitalista e imperante. Con el ciclo de financiarización del capital retomado tras la crisis del petróleo de 1973, con los gobiernos de Margaret Thatcher en Gran Bretaña, de Augusto Pinochet en Chile y de Ronald Reagan en Estados Unidos, el liberalismo ortodoxo se reexpandió en la Tierra. El ortodoxo es el liberalismo privado, el público es el heterodoxo, pero liberales son los dos, y como ambos son capitalistas, facilitan la acometida de prácticas capitalistas, más financieras que laborales en el ortodoxo, pero el trasnacionalismo proteccionista sostuvo al privatismo, al mantener al capital. Lo impulsó. El capitalismo popular es impulsor del privado, eso tiene de malo, pero ese capitalismo también es impulsado desde abajo por el proletariado salarial, cuando es procapitalista. El proletariado tiene su faceta procapitalista, cuando favorece al capitalismo, así como su contrariedad con él. Es un sujeto revolucionario incierto, en algunas cosas, o en muchas. Al menos hay que recordar a la historia proletaria religiosa, para conocer algunas de las faltas graves del proletariado. También es verdad que el proletariado es liberodemocrático en general, o sea que está enlazado en los sistemas sociales religiosos por medio del democratismo de la religiosidad popular, como lo es el del sindicalismo religioso, el de la CGT en Argentina. El sindicalismo cristiano tiene un vertiente católica y una protestante al menos, debe tenerla en el cristianismo ortodoxo, o sea que en los países de preponderancia cristiana el sindicalismo cristiano es preponderante, así como lo es su ideología. En tanto que parte subordinada de la clase dominante, como anexa al empresariado, las ideas del sindicalismo cristiano tienen un lugar de dominancia subordinada en las ideas dominantes de esta época, siendo sostenes de la moral, la política y el laborismo cristiano y democrático, pero con contracciones internas y externas. Entonces, el sindicalismo cristiano también adoptó al liberalismo como ideología conductiva, como un liberalismo democrático, que aceptó el avance de la financiarización y la propulsó. El sindicalismo es una parte importante del bloque histórico liberal, porque es democrático, pero permite la privatización, porque se mantiene sumiso al privatismo, o cuestionándolo poco, y no lo puede cuestionar lo debido porque es cristiano y bastante procapitalista. La crítica que puede hacer es cristiana, por lo que no atiende bien a los cuestionamientos a la doctrina de Cristo, y su comprensión de la realidad es dificultada por la ideación creyente, sus símbolos, lógicas y mitos; y por su aceptación del capitalismo, al que las iglesias adhirieron y cuya economía es fideísta. Es el modo de acumulación de la economía fidente actual y el de la materialista en curso. Es transcultural porque es transconceptivo, porque el comercio es internacional. El comercio es previo al capitalismo, hubo comercio a partir de la antigüedad, en las culturas urbanas, porque el comercio internacional implicó el intercambio monetario del excedente producido por las naciones, que se hizo en el marco de la coexistencia de naciones con credos diferentes, el islam en sus varias formas, entre Arabia y España, pasando por el mediterráneo africano, el induísmo en India, el budismo en el Tíbet, el confucianismo chino, el animismo africano, el oceánico y el latinoamericano, entre otros tantos credos, como el de los mongoles y los islandeses. Latinoamérica entonces no existía: era un continente denominado distinto, sin un nombre común para las naciones originarias, que tenían creencias animistas, con teísmos imperiales en la nación azteca, la maya y la inca, y divinizaciones menores en las que se les sometieron y en sus externas, cuyo intercambio de bienes no era monetario porque no acuñaban monedas, ya que manejaban poco la metalurgia: la tenían más para la fabricación de objetos sagrados, tenían pocas armas de guerra de metal, y eso durante el período que en Europa fue el del Renacimiento: durante la antigüedad los indígenas americanos tal vez no hayan manejado ninguna metalurgia, por lo que su lucha contra los otros animales era más pareja. El comercio antiguo y el de la edad media en Eurasia y en África supuso la tolerancia intercrédica para comerciar, en particular entre cristianos, judíos e islamistas, pero también con confusionistas, hinduistas y japoneses, que tenían su creencia, tolerancia no exenta de guerras imperiales, a la vez que la fetichización del intercambio de bienes, y su monetarización. La relación comercial les permitió vencer la xenofobia, pero de una manera fetichista, que es terrorífica y que fue conquistadora. De allí que el liberalismo sea terrorífico. Porque su comprensión arcaica de la existencia es sagrada y porque su práctica social es de terror. Aunque el liberalismo proletario tenga las bondades que tiene, el liberalismo debe ser superado por una concepción que haga comprender cuáles son sus males, a la que la humanidad adopte; pero para eso la concepción tiene que ser buena. Si no, se la cuestiona, y además el intento de ordenar racionalmente a la humanidad ya fracasó muchas veces. Sucede fracasando, o sea que es insuficiente. La evangelización de América, África, Oceanía y Asia obedeció al racionalismo, pero este racionalismo fue cristiano.

En América, el ingreso del liberalismo, que tanto predica la tolerancia religiosa, se hizo mediante la evangelización forzada de las poblaciones originarias, a las que se obligó a trabajar de sirvientas. La modernidad capitalista comenzó siendo protestante, en la revolución industrial inglesa, por 1750, pero después se expandió a los países católicos, tras Bélgica y Holanda, tanto Francia como Italia se hicieron capitalistas, y España, Portugal y Alemania, eso a la par de la deposición relativa de la monarquía, en tanto que se le adjudicaba al pueblo el carácter de soberano político, por el democratismo religioso, pero en el marco del gobierno representativo ocupado en general por la clase capitalista, tanto la industrial como la agropecuaria, la bancaria y luego la inmobiliaria y la de los servicios públicos. El capitalismo se inició en los centros imperialistas europeos, que habían conquistado a parte de América desde 1492, y territorios africanos, asiáticos y oceánicos, también desde el Renacimiento, por los descubrimientos científicos para la marina, como la cartografía y la astronomía, pero después se extendió a los Estados Unidos, que permanecieron como potencia secundaria desde 1776 hasta después de la primera guerra mundial. A partir de 1917 superarían a las europeas como potencia mundial hegemónica, inaugurando una nueva articulación geopolítica, y rivalizarían con el bloque socialista. En Buenos Aires, cuando empezó la revolución industrial había una ciudad colonial, gobernada por un virrey de España, que además de católica era monárquica absolutista. Tampoco había la Argentina, que empezó a conformarse en 1810. No era una ciudad feudal, pero se basó en la explotación de los indígenas y de los esclavos, a la que fueron asiduos los jesuitas en otros lugares del virreinato, dados a la producción agrícola y a la industria artesanal, y los expoliadores de las minas, como la del Potosí, y que luego se transformó en el asalariaje vigente, al mestizarse los proletarios de la colonia con las masas migratorias de fines del siglo XIX y del XX. La servidumbre de la gleba y el asalariado son formas de vasallaje diferentes pero subordinadas ambas, lo mismo que pasa con el esclavismo y con la servidumbre colonial. El pliegue de la nación argentina al liberalismo empezó con la ilustración burguesa, la que fuera renacentista, de la que fueron tanto los burgueses monárquicos, finalmente derrotados, como los burgueses independentistas, y entre ellos los demócratas, como Manuel Belgrano, Mariano Moreno y José Artigas, que también fueron derrotados por la burguesía capitalista, de tipo plusterrateniente, y moderna por adscribir al cientificismo clásico privado, que modernizó cristianamente, después de dirimir las disputas entre los caudillos, con la organización nacional, entre la derrota de Rosas y el inicio del modelo agroexportador. Lo que planteó Domingo Faustino Sarmiento para la educación argentina de ese entonces fue la modernización cristiana del proletariado de esta nación, en lo que confundió a la barbarie con el proletariado gauchesco, al que se sometió con las armas sofisticadas, sin reconocer a la barbarie ilustrada, que era la civilizada, mientras que obedecían a mandatos evangelizadores que se aplicaron sobre indígenas, mestizos e inmigrantes, tanto los esclavizados negros y a la servidumbre indígena y mestiza como después se lo haría a los asalariados blancos. El liberalismo ilustrado propulsó la integración del proletariado migrante, durante el modelo agroexportador, más o menos entre 1880 y 1930, y tras la crisis de 1929 se quiso integrar a las masas de migrantes en el capitalismo de sustitución de importaciones, emplearlas salarialmente en una industria mercadointernista, a la vez que educarlas en el liberalismo y en la cristiandad, para favorecer al capital agroexportador, que era el más trasnacional por la inserción de Argentina en el mercado internacional, como parte de la periferia, aquél sector que en la división internacional del trabajo es más propenso a la agricultura que a la industria, y que por eso ocupa un lugar subordinado en la concertación internacional, superado por las potencias industriales y financieras. El extractivismo es parte de la explotación agrícola, por ser rural, y es parte de la poscolonialidad capitalista, ya que el capitalismo actual es extractivista, tanto en el centro como en la periferia, de los que extrae materias primas para la elaboración de los bienes capitalizables de acuerdo a una subordinación de la periferia posterior a la independencia de las colonias. En este continente, el extractivismo existe desde la época colonial, con la explotación de metales preciosos, el oro y la plata en particular, y de las piedras vidriosas, que eran codiciados en las ciudades imperiales y usados en las catedrales para decorarlas y hacerse la joyería. Eran metales y piedras adorados, que fueron usados para la fabricación relicaria, tanto la monárquica como la clerical, y también después para la laica, la bijouterie, que era burguesa porque la tenían las damas de las ciudades, que eran de las clases altas, pero de una burguesidad proletaria, porque usaban a la joyas para levantarse a los hombres. Así como ya había el comercio local, que fue parte de la modernidad renacentista, con la mita y el yanaconazgo, antecesores de la explotación capitalista, a la que la periferia proveyó de bienes desde que fuera conquistada con las expediciones marítimas imperiales, que usaron la técnica de la pólvora, el uso de la carpintería especializada para los barcos, la metalurgia para las espadas, los escudos, cañones y escopetas. Como manejaban la metalurgia, su armamento era superior al de las naciones originarias de los territorios a los que conquistaron, cosa que luego prosiguió mediante la sofisticación armamentista posterior, muy desarrollada con la mecánica, que produjo a los rifles, a las ballestas y a los fusiles, antes que a los tanques y a los aviones, y después con la electrónica, que permitió la robotización de la industria, del armamento y de la comunicación, que hacen a la dominación industrial y financiera de las superpotencias.

viernes, 4 de agosto de 2017

Qué positivismo debiera ser

No se puede decir que el positivismo sea malo en sí mismo. El positivismo fiero es el predominante, pero el positivismo es una actitud de optimismo ante la vida, que tampoco es buena en sí misma: no vale ni cualquier optimismo ni cualquier pesimismo, no obstante el positivismo es parte de la vida, como el pesimismo también lo es. El pesimismo histórico existe porque la historia humana es pésima en cierto sentido, en tanto que la humanidad es algo bárbara. La actual es una etapa histórica creyente. La gente actúa bastante según lo que cree, y en grandes montos. La creencia humana es general, en tanto que las naciones son pías en gran medida, tienen religiones oficiales y alternas, entre las cuales están las creencias menores, tanto las eclesiadas como los misticismos, que carecen de iglesias. Los creyentes decidieron, ya muchas veces, su práctica mediante lo que les parecía, las apariencias, porque eran creyentes, y lo seguirán haciendo. Es más, socialmente se considera mal criticar a la creencia, porque el sistema social predominante instauró religiones, entidades creadoras de mitos fundantes y de los relatos que les suceden, con los que las sociedades se explicaron a sí mismas la realidad y se condujeron, por lo que fueron algo maltratantes; y a los mitos fundadores hay que sostenerlos en base a una propietarización irrelevante, que requiere de un esfuerzo productivo social enorme. La fabricación relicaria es una industria muy grande, que mueve mucho dinero. Aunque diste del nivel de las altas finanzas, participa de esa apropiación elitista de la ganancia en capitales generada por la sociedad humana, y en particular por las y los trabajadores. Entonces, el positivismo al que conocemos, es fino, pietista y capitalista... pero hay un positivismo materialista ateo, que se basa en el saber, que busca basar la práctica de la especie humana en el saber, pero en tanto que haya creencias eso no será así lo debido, y asimismo puede fallar. El materialismo, para conseguir su objetivo, tiene que ser internacional en pleno, tiene que aplenarse en la sociedad humana, tiene que ser adoptado por todos los miembros de todas las naciones, o por lo menos la sociedad dominante, a mediano plazo, como paso gradual, lo que implicaría un progreso tremendo, tan grande que tal vez sea imposible: no se lo puede lograr de inmediato porque muchas personas no están dispuestas a dejar de ser creyentes, ni tampoco se les podría exigir apropiadamente que lo hicieran, por la disparidad de fuerzas que hay entre el ateísmo y el pietismo. Los buenos propósitos de los credos sólo pueden ser concretados mediante el materialismo, por lo que cabe exigir la deposición de los credos en tanto que para lograr sus buenas aspiraciones convivenciales tienen que convertirse al materialismo, aunque éste haya fallado, y siga fallando, porque no puede no fallar si no es adoptado por toda la sociedad humana, y buenamente: cuanto más se lo adopte menos fallará la humanidad, y más acertará. Al menos tiene que ser mayoritario, siendo que lo que prima es la gran superioridad religiosa por sobre el materialismo, en cantidad de adeptos a las iglesias, de seguidores laicos, de una inserción cultural generalizada, a lo extenso de la trama social planetaria, que pasa desapercibida por gran parte de la crítica social, y por ende de la popular, que no discute mucho a la religión públicamente. La opinión pública no cuestiona abiertamente a la religión, sino que la acepta, hasta que la hace cotidiana, queda naturalizada, como parte del folklore, ya que la cultura popular entiende a la realidad religiosamente, de acuerdo a discursos clericales y a supersticiones, entremezcladas con saberes, por lo que la autoconciencia humana es corrupta, no puede no ser corrupta en la piedad, al ordenar mal la piedad, como no lo puede ser en una sociedad estratificada: la estratificación es un indicador de la corrupción humana, y una de sus causas, porque requiere la defraudación de los buenos intereses, al ser insano su mantenimiento, porque propulsa que se los desobedezca en pos de otros que son malos. La corrupción social, que es general, responde a que a la práctica social humana la guía la creencia, son creencias de diversas índoles, las hay de fe, que entrechocan entre sí mientras que se cruzan y contrarían con otra de sus grandes causas, la ambición capitalista, coinciden la fe con el interés de acumulación de capital en tanto que lógicas violentas, de lo que mucha de la práctica humana es violatoria, al ser violatorio el principio de su modo de producción: la creencia es violadora, genera violación social, porque pervierte al entendimiento, y mete a las personas en lógicas relacionamentales mal planteadas, que llegan hasta el fanatismo purista y a la compulsión por el dominio y la abstracción casta de valores financieros, pero aún así contienen a cierta experiencia histórica acumulada. La creencia antecedió al capitalismo. Por eso el capitalismo es un subsistema dentro del fideísmo, en tanto que al capital le antecedió la fe, pero el fideísmo es un hecho material, la materia animal prexiste al fideísmo, y no sabemos qué hubo antes del inicio de toda la materia: lo que la humanidad piensa al respecto es una especulación incomprobable. Hay una historia de la religión, que es posterior al surgimiento de la especie humana. Antes de que existiera la humanidad no había religión, porque la religión depende del habla, cosa que los otros animales no hacen: se comunican fónicamente, pero sin hablar. Ladran, aúllan, silban, gruñen, mugen, emiten un montón de fonaciones animales, que no son hablar, que también es una fonación animal. Mientras tanto, la exportación de productos desde los centros capitalistas a la periferia terráquea destroza a los mercados medianos y menores, que no pueden competir con ellos, causándoles el endeudamiento internacional que es a la vez que el de las potencias mayores, Estados Unidos está súper endeudado, como muchos países de Europa, y no sé si China lo está, aunque su lógica, por ser capitalista, es destructiva de mal modo para algunos asuntos, porque acumula no según una razón completamente verdadera de la historia sino con propósitos desmedidos de incrementación del capital abstracto, que hacen a la sobreproductividad, al endeudamiento de aquéllos a quienes se les presta parte de este capital sobrante y a la especulación financiera internacional, y de competencia interimperialista, lo que requiere mantener a uno de los ejércitos más grandes del planeta, pero no del mismo modo ni con la misma concepción, porque el bloque chino es materialista, pero su gobierno somete a su población a trabajar en pos de aquel capital y la insta a militar por ese predominio, y mientras tanto los imperios pujan y guerrean entre sí, porque el capitalismo, aunque sea transconceptivo ˗abarca tanto al pietismo liberal como al socialismo mal producente, que lo es porque su ideal de desarrollo no se corresponde lo debido con la historia más concreta de las personas˗, forzó a las poblaciones bajo su égida a aplicar una lógica social que les infirió trabajos duros, y coexistió con una competencia interimperial, iniciada en la antigüedad, en la que la China comunista, hasta ahora, fue relativamente pacifista, pero no así Rusia, que intervino en Medio Oriente contra Estados Unidos y Europa. De todo esto, apenas racontado, del imperialismo, el fideísmo, la dominancia y el capitalismo, es la historia de la explotación humana, que tiene antecedentes en la lesividad de la práctica de los animales inferiores. La humanidad es una especie superior en este planeta. Aún teniendo su intraestratificación social en mucho domina a las otras especies vivientes, tanto animales como vegetales, hónguicas y bacterianas. Antes de que existiera la humanidad, ya las especies vivientes competían entre sí, se comían para vivir, se disputaban el agua y la luz solar, se accidentaban muchas veces, y entonces morían pronto. No vivían lesionadas durante décadas. Al lesionarse, se morían pronto, porque se las comían o porque no podían proveerse de alimento, de lo que se agarraban enfermedades germénicas, a las que no sobrevivían por falta de nutrientes y de medicación; pero además su práctica social no era así de explotadora como la humana, los animales se morían más directo. El humanismo religioso se caracteriza por mantener una existencia humana en la que a la vez que se mantiene a los humanos con vida, cuando se lo hace, se los somete a un orden social explotador, lo que explota más o menos a todas las personas a las que no mata, pauta un orden dañino para la gente porque obedece a ideas malas, no sólo por ser accidental y mal dominativo, sino por pretender que las personas acepten órdenes en esencia insensatos, lo que les conlleva mucha práctica, a la que tuvieron que cumplir, más porque la sacralidad impone relatos sociales cuya mera emisión requiere de esfuerzo, y luego aprendizaje y discusión, lo que a muchas personas les tomó tiempo, mucha dedicación a lo largo de sus vidas, y desbarató al debate social necesario para ordenar bien al comportamiento. La propietarización religiosa existe, o sea, que hay producción religiosa, porque la propietarización es la práctica sobre la materia, sea o no capitalizada: hay apropiación religiosa, hecha en cosas, aunque éstas no tengan valor de cambio, que hacen a la industria social, que sí lo tiene, o sean éstas imaginarias, o tradicionales, a las que se suele querer preservar de la mercantilización capitalista. La industria de los relicarios envuelve a mucha gente, que trabaja haciendo y distribuyendo elementos religiosos, a los que se hubo de fabricar y nombrar, se los habló, hubo el habla de cuestiones religiosas en torno suyo, y tanta otra práctica religiosa. Esta industria, muchas veces, no es capitalista, pero igual hace mal, porque integra creyendo a las personas, las somete al aprendizaje de mitos originarios y al cumplimiento de lo que esos mitos ordenan para la conducta individual, que se compone mal con la historia más concreta, porque los mitos no representan bien a la realidad. En tanto que la apropiación es la práctica que transforma a la materia, existe la propietarización religiosa, que toma a materia, a la más concreta y a la imaginaria, y la transforma, y que en eso impulsa un ordenamiento falso de la conducta humana, que se impuso mucho aunque se lo haya incumplido. Es precisa la crítica social a la religión, en lo que avanzaron los gobiernos materialistas. Hacen un avance fallado, pero es un avance y es una de las circunstancias planetarias entre las que vivimos. Es el gobierno del socialismo científico de la etapa fidente de la que venimos, y con las fallas del materialismo actual, que tiene que corregirse en lo que tiene que hacerlo y que coexiste con el liberalismo multirreligioso, que es dominante porque el capitalismo surgió en una internacionalidad absolutamente teísta: cuando surgió el capitalismo, no había ninguna nación bajo leyes ateas. Luego se plegó a las ateas socialistas, que se relacionan con las otras, y como la práctica humana es decidida en conjunto, a la vez que no puede haber el socialismo en un sólo país tampoco puede haber el verismo en uno o en un grupo, porque siendo parcial es contrariado, en tanto que para lograr el objetivo del verismo, que es el de vivir bien, las naciones tienen que saber relacionarse entre sí, cosa que además es obstruida por los nacionalismos. El orden económico internacional no puede estar bien compuesto mientras que las naciones compitan entre ellas para favorecerse a sí mismas, pero tampoco en tanto que sus miembros piensen mal, porque la producción se hace de acuerdo a las ideas, que son las que inspiran a los dichos con los que se la guía. Entonces, para que la producción humana sea buena, sus ideas tienen que ser verdaderas.

El paso de la existencia humana desde una etapa en que no predominaba por sobre las otras especies a una en que sí lo hace fue un avance para nuestra especie, que implicó un aumento en el tiempo de nuestra vida, lo que prolongó la duración de la explotación porque ésta es muy frecuente: es ínsita a la vida. El asunto es el de que la humanidad pueda mantener su predominio especista de buen modo para con los otros géneros vivientes, y reduciendo su propia explotación, para lo cual el objetivo principal de la existencia tiene que ser el de vivir felices en conjunto. Es una idea inocente, dada la violencia actual, pero es el deseo de la gente sensata.

miércoles, 2 de agosto de 2017

De los estratos sociales en el buen clasismo humano

Una vez que estuviera bien definido el clasismo sociohumano, en general y mediante un sistema más o menos completo de criterios suficientes, e incluso así habría que estar atento a las críticas que se le efectuaran porque desatendería a particularidades importantes de tener en cuenta, los estratos variarían según se modificaran las clases. Los estratos no son casillas prefijadas que luego se llenan de individuos a los que se ubica en cada cual según sus características, sino que se conforman a partir de éstos, por lo que se modifican y son deshacibles.

martes, 1 de agosto de 2017

Crítica a la figura retórica de quedar “culo paʼ arriba”

Para explicar el resultado de distintos tipos de peleas está la metáfora de quedar “culo paʼ arriba”, que remite a que el perdedor fue sometido a ser penetrado por el ganador. Por ende, asocia la victoria pugilística con la actividad sexual. Ya en la antigua Grecia la aristocracia hubo relacionado el éxito a la sexualidad activa, en tanto que a los homosexuales penetrados se los consideraba como seres de segunda clase, y había la idea de que el éxito en los negocios, la política y las guerras estaba ligado a la potencia corporal y sexual, de lo que trató Foucault en El uso de los placeres. Entonces, remitir las derrotas en las pujas históricas a la adopción de la pasividad sexual por una parte omite cuestionar a la violencia sexual y a la histórica, y por otra replica esa noción oligárquica que asoció el triunfo y la fama con la mala imposición sobre los demás: favorece a la ley del más fuerte. Es una metáfora insensible y malsexuante.

Me falta saber para juzgar bien al libro de Foucault. En ocasiones me parece que se aproxima al platonismo, con los perjuicios que eso tiene, o al elitismo, pero la lectura que le hice fue apresurada.

El vidrio esmerilado de antes con humedad condensada





lunes, 31 de julio de 2017

La “privesía”

A la clase privada se la puede llamar “privesía”. Que tiene un carácter sagrado se nota en la etimología de “elite”, que es su sinónimo y que proviene del vocablo latino “eligere”, que es “elegir”, lo que da cuenta de que la elite es considerada como la clase de los elegidos, supuestamente por los dioses y para que conduzcan a sus inferiores, pero, desde el sufragismo, la elección de quienes gobiernan, muchos de los cuales son parte de la elite, se hace mediante el voto social, que es un método político relativo a la fe porque se inspiró en los votos monásticos. En el modo de producción laboral occidental y antiguo la privesía era la clase esclavista, en el medio la feudal y en el actual la capitalista, pero además de componerse por los poseedores directos de las mayores fuerzas productivas económicas contuvo a las partes altas de los cleros, las academias, las judicaturas y los ejércitos. Falta agregar cómo fue esta cuestión fuera de Occidente, aunque debe haber sido más o menos parecida. Esta es una definición clasial que abarca tanto a los detentadores de los grandes medios productivos económicos como a los de los demás, por lo que atañe a las máximas autoridades eclesiales y a los dueños de los grandes medios de comunicación. También puede contener a los máximos dirigentes sindicales y a las autoridades gubernamentales, entre otros y según cómo sean sus vidas, además de que se intraestratifica, por lo que tiene diferentes niveles, pero este análisis de clases, que distingue entre la privada y la pública, división que se corresponde aproximativamente con la de la aristocracia y la democracia, la de la oligarquía y la poliarquía y la de la capitalesía y el proletariado, tiene variantes y excepciones de mayores a menores, que deben ser tenidas en cuenta, junto a sus agregados de las otras clasificaciones, las que no son estráticas, porque el cuadro estrático no representa a la totalidad general de la historia salvo que se lo complete con los otros criterios. En verdad, la totalidad de la historia humana no puede ser representada bien ni individual ni grupalmente más que en abstracto, porque en particular completo sólo puede serlo hecha por la totalidad de la humanidad, pero para eso cada quien tiene que entender más o menos bien a la realidad. Es preciso tanto el acertamiento del juicio histórico científico como la socialización de la ciencia verdadera.

Incluir como proletario tanto al asalariado como al empresariado no capitalista y al villerío sin remuneración formal no debiera ser problema en tanto existiera la crítica al proletariado, ya que ella permitiría abordar los males proletarios, entre los cuales están los del empresariado menor y los del lumpenaje.

La privesía es la clase dominante, y se compone casi siempre de los detentadores de los grandes medios productivos.

Los criterios para la clasificación social integral son varios, y deben ser tenidos en cuenta en simultáneo. Algunos de ellos son: la posesión de medios productivos generadores de valor abstracto, la concepción del universo, el género sexual, el género cultural, la posición dentro de la estructura familiar, las pertenencias de subsistencia, la edad, la belleza, el lugar de residencia, el nivel educativo, las amistades, la posición política y el prestigio social. Hay otros tantos a los que habría que agregar.

De la imposición por la fuerza y la divinización

La clase superior se impone por la fuerza, y es divinizada, o sea que hay una relación entre la lucha de clases y la fetichización interclasial, que relega a los perdedores, falsamente, a la demonización: como pierden en la lucha de clases, se los somete y se los trata de diabólicos, lo que se corresponde con la fortaleza de unos y la debilidad de los otros, con las excepciones habidas, pero el fetichismo de la lucha de clases también es falso, así como lo es el seudoéxito de los capitalistas. Es un dominio infeliz.

Los malos ganadores se las dan de divinos, se enaltecen dioseramente, porque responden a ideas teístas sobre la existencia, en la que los dioses combaten entre sí, y en el cristianismo con la idea de la lucha del bien contra el mal, que tiene un correlato en la lucha de clases, aunque éste exista tergiversado, lo mismo que la deificación social es inestable. No sé cómo es el tema en el judaísmo, en el islamismo, en el budismo y en las otras creencias.

Crítica a las alarmas

Las alarmas, para cuidar los automóviles y las viviendas, casi siempre que suenan no es porque alguien intente robárselos, sino por otras causas, lo que hace que en las ciudades muchas veces los seres auditivos las escuchemos en vano, cosa que nos molesta más que si funcionaran bien. Es un método de seguridad malo, que se fundamenta en el interés capitalista de las empresas del rubro, que en parte es necesario para los humanos que subsisten con ellas, lo que se deberá reformular, y además por el interés de acumulación que supera a la de la subsistencia, consistiendo en capitalismo innecesario para la sobrevivencia familiar del empresariado y el asalariado del ramo. El capitalismo es necesario para la reproducción de la humanidad en tanto que ésta no adopte un modo mejor de intercambiar las propiedades provenientes de nuestra creación, pero, individualmente, el empresario puede optar por efectuar acumulaciones excesivas o no hacerlo. Eso diferencia al empresario capitalista del proletario, habiendo una zona difusa entre uno y otro y cabiéndoles a ambos distintas críticas según el caso. En el de las alarmas, cabría la deposición de la acumulación de capital sobrante, pero además el negocio debiera reformularse por su mala forma social, que hace a la contaminación sonora. El asunto no debe aparejar el maltrato a los empresarios de las compañías que las promueven, sino que precisa de una resolución social que requiere de la reforma legal, para lo cual el democratismo tiene que tener el gobierno, aunque esté falseado, porque la aristocracia es más falsa aún y porque el grueso del proletariado no se inclina aún por fuerzas ateas y ecosocialistas, cuya presidencia además está prohibida en Argentina por la constitución. Ya bastante crisis tendrían al saber que socialmente se exige su transformación, y tendrían razón al contrarreclamar que se los trate bien y que se atienda a sus buenas demandas, en tanto que ellos también padecen a la violencia ajena, por lo que precisan de la transformación social justa.

Las alarmas responden a la delincuencia, que a su vez depende de la distribución desigual de las propiedades trabajadas, pero además a la sobrepropietarización, en tanto que muchos de los automóviles no son necesarios, ya que se los podría prescindir resolviendo a la cuestión del transporte, y porque también hay casas deshabitadas, o las que no necesitarían de resguardo si sus miembros no se fueran tanto de turistas, y que serían cuidadas por sus vecinos si hubiera la convivencia social debida, cosa que depende también del pietismo, porque éste agrupa a las personas de acuerdo a su esquema familiar, que estorba aunque a veces se lo ignore, porque su familiariedad no siempre abarca a todos los humanos: oscila entre la fraternidad universal y el familiarismo estrecho. La cuestión familiar está íntimamente relacionada a la de la administración propietaria, ya que la ley pauta el derecho de herencia según el modelo familiar vigente, que es aceptado por el canon religioso, aunque sea histórico, y que impide la vigencia de la familiariedad genérica. El derecho de familia es constitucional en naciones pías.

viernes, 28 de julio de 2017

Pregunta sobre la palabra “naturaleza”

La palabra “naturaleza” se refiere a lo nacido, porque viene de “nato”, pero no es la de “nateza”, sino que tiene la parte de “ural” entre “nat” y “eza”. ¿Qué quiere decir ese “ural”? El asunto me importa porque me permitiría discernir si la palabra remite, en su etimología, sólo a los seres nacidos, o si lo hace también a su entorno, abarcando a la Tierra y a los demás seres inertes.

Nota recursiva

Ya lo dije antes, pero insisto porque luego no fui consecuente lo que debiera haber sido. El buen juzgamiento de las maldades humanas tendría que ser justo hasta con las personas más aberrantes de la historia, como Hitler o los peores capitalistas, porque eso permitiría entender porqué cometieron las atrocidades que cometieron, lo que serviría para que no se las reproduzca. Además, estas personas fueron terribles a consecuencia de maltratos previos, a los que, si no se los reconoce, no se los atiende, aparte de que fuera injusto que ellas los sufrieran.

miércoles, 26 de julio de 2017

Fallaron las mediaciones interpretativas

Después del último ciclo dictatorial latinoamericano, con la eclosión democrática representativa, en las ciencias de la comunicación prendió el paradigma de las mediaciones, el de Jesús Martín Barbero, que desplazó al eje de estudio desde el de la propiedad de los medios masivos de comunicación y la manipulación ideológica hacia el de la recepción y la resignificación de los mensajes, lo que redundó en el liderazgo, en la comunicología, de un discurso demócrata importante pero oclusivo de la necesidad de la socialización de los medios de comunicación masiva y de la denuncia a la manipulación, y en casos peores en la promoción del empresariado capitalista. La comunicología de masas tiene que atender a los dos aspectos, tanto a la emisión como a la recepción, no centrarse en uno, porque ambos son reales, pero además tiene que comprender a la circulación emisiva y a la inserción histórica de su objeto, porque los agentes externos influyen en él, a la vez que sucede a la inversa. Que las mediaciones son falibles es fácil decirlo ahora, luego de que el electorado argentino fuera tan evidentemente engañado por la retórica macrista, pero antes ya hubo quienes lo señalaron, a los que no se les prestó la atención debida, en parte porque se deslegitimaron al adoptar una estrategia política violenta e inconsensuada, y también debido a que fueron reducidos a la clandestinidad por la represión capitalista, entre otras causas.

¿Porqué no hay atención particular de sociólogos, politólogos ni comunicólogos?

Cuando la gente tiene problemas de salud corporal y psíquica va con los médicos y las psicólogas y se atiende, pero cuando tiene problemas macrosociales, políticos y comunicativos no lo hace. ¿Debiera haber el tratamiento particular de estos temas? Intuyo que el disenso existente en las ciencias sociales humanas, que lo imposibilita, es causado por el fideísmo, porque éste se explaya entre las doctrinas sociales religiosas, que tienen bastante peso, porque son hegemónicas, en tanto que participan en el liberalismo. El fideísmo es a las ciencias humanísticas lo que la brujería a la medicina, pero la brujería ya fue bastante superada, en tanto que el fideísmo prima, pero esto está incompleto, primero porque la brujería, al experimentar con las sustancias, algo cierto habrá descubierto, además de que las brujas criticaron bien algunas injusticias sociales, y segundo porque la medicina vigente está parcialmente subordinada a la religión. En verdad, tanto el sanitarismo individual como el social están atravesados por el fideísmo y por el materialismo, y por intereses capitalistas y socialistas, además de existir algo fusionados y de tener, cada cual, sus errores y aciertos.

De la microsocialidad del poder interpersonal

El planteo de la microfísica del poder tiene tres errores de los que me haya dado cuenta. Uno es que, en vez que referirse a la socialidad, trata sobre la física. La microfísica es la de los neutrones, los protones, los electrones, los quarks y demás, o algo parecido, habría que preguntárselo a los físicos especializados, así que esa palabra no aplica bien para la socialidad íntima. Otro es que omite señalar que el poder del que trata es el interpersonal, lo que importa porque hay otros tipos de poderes, como los del metabolismo corporal, en el que la materia interactúa entre sí según distintas potencias físicas y químicas. En esto se nota el desdén del culturalismo foucaultiano por las ciencias naturales extrasociohumanas ˗utilizo esta expresión porque la ciencia de la sociedad humana también es natural, en tanto que la humanidad es una especie natural˗, cuestión que no es privativa de esta corriente intelectual, sino que está muy arraigada en la cultura actual, que supone, en general, que las ciencias sociales son diferentes de las naturales. En verdad, las demás especies vivientes, las que no son humanas, también se agrupan en sociedades, e incluso hay asociaciones interespeciales. El tercer error que reconozco es el de que la idea de la microfísica del poder no da mucho cuenta de las relaciones entre la micro, la meso y la macrosocialidad. Hace correr el riesgo de omitir estas relaciones.

Aún así, con estas faltas, el planteo foucaultiano llamó la atención sobre el poder en las relaciones privadas, que importa porque es real.

lunes, 24 de julio de 2017

¿Con qué palabra habría que reemplazar a la de “mercado”? ¿Y a la de “histeria”?

La palabra “mercado” es diosera porque remite al dios romano Mercurio, pero se refiere a la transacción monetaria de bienes. ¿Con qué término habría que denominarla de forma materialista? ¿“Transmobi”?... Podrían ser otras tantas. Similar es el caso de la de “histeria”, aunque no sea teísta, porque la denotación que se le atribuye no se debe a la posesión de útero.

sábado, 22 de julio de 2017

La seudocrisis de la ecología

En tanto que “eco” es “casa”, a la ecología hay que cambiarle el nombre, por el de “ambientología”, o algo así.

Interrogante poco instruido sobre la economía

En la antigua Grecia la economía era la ciencia sobre la administración de la hacienda. Por eso es que se le puso ese nombre, que quiere decir “razón doméstica”, en tanto que “oikos” es “casa” y  “nomos” se usaba para designar a la razón, al pensamiento, al juicio o a la ley. La economía, en la filosofía griega antigua, era el pensamiento dedicado a ordenar la hacienda, que era el dominio privado de los patriarcas y que incluía, junto a las esposas y los hijos, a los esclavos, las viviendas, las tierras, el ganado, los cultivos, los muebles, la vestimenta, los utensillos de cocina, las herramientas y las demás pertenencias. La economía clásica reconocida era patriarcal y hacendada, ya que formulaba un orden que favorecía a los hombres de mayores propiedades. No adoptaba el punto de vista de sus esposas, ni de sus hijos, ni de los artesanos, ni de los esclavos, ni de los demás. Tampoco era una ciencia para abordar el ordenamiento productivo nacional, ni al internacional. Estaba más acotada al ámbito doméstico patriarcal, en tanto que para el orden nacional y para las relaciones exteriores existían la política y la guerra. De allí que haya un desfasaje entre la etimología de la palabra “economía” y su aplicación actual, que remite a la producción agropecuaria, industrial, servicial y financiera, y a su intercambio monetario. Es necesaria una palabra que la defina bien, como podría serlo la de “agrisfimonomia”. Luego de la economía de la antigua Grecia no sé cómo prosiguió la reflexión sobre la producción de bienes de uso ni en el imperio romano ni en la edad media, ni tampoco cómo fue en el resto del mundo, donde hubo un pensamiento sobre el tema, tanto introspectivo como charlado, y también escrito, durante ambas épocas y durante el Renacimiento y el resto de la modernidad. Ya en los pensadores clásicos modernos, particularmente en Adam Smith y David Ricardo, y tal vez antes en los fisiócratas, la domesticidad del pensamiento económico traía problemas, y por eso formularon la economía política, porque agregarle politicidad al pensamiento sobre la administración de la producción monetariamente intercambiable, que estaba dejando de ser doméstica en la gran industria porque sus sedes estaban separadas de las residencias, permitía pensar en una política nacional e internacional para la fabricación y transacción financiera de bienes. La crítica de la economía política le señaló algunas de sus injusticias, y esos señalamientos tienen cierta validez, en tanto que contienen verdad, aunque esa verdad sea insuficiente en algunos aspectos y esté acotada al ámbito de la producción de capitales. Entonces, esa crítica tiene que ser incorporada en una crítica histórica completa. Mientras tanto, la transformación social exigida por aquélla otra tendrá menos éxito, porque se contraría en parte con los buenos reclamos que le son ajenos, además de oponerse a los malos intereses dominantes, sean capitalistas o no, y de tener algunos males en sí misma.

viernes, 21 de julio de 2017

Cuestionamiento sobre la sororidad

No lo pude confirmar concluyentemente, pero estoy casi seguro de que la sororidad viene de la hermandad conventual de las monjas, a las que se les llama anteponiendo “sor” a su nombre. “Sor” quiere decir “hermana”. Entonces, de ser así, habría que cambiar el concepto por el de la fraternidad mujérica, con una palabra nueva a la que habría que inventar.

miércoles, 19 de julio de 2017

Fideísmo e irracionalidad

Es obvio señalarlo, pero igual digo que el fideísmo es la fuente principal de la irracionalidad humana actual. Este problema es muy importante para la transformación histórica porque determina, entre otras, dos cosas fundamentales. Por un lado, una actitud, que atraviesa a todas las clases sociales, de autoperjuicio, en tanto que las personas se someten a ideologías que propugnan el sacrificio, o juzgan la realidad y deciden su práctica de acuerdo a pareceres, lo que las vuelve indecisas, vacilantes, accidentales y hasta malvadas, lo que, para bien, es atemperado por la racionalidad adoptada por los credos, pero eso de manera insuficiente. Por otra parte, a nivel del proletariado, el fideísmo causa una dificultad para entender y responder a la manipulación capitalista, por el carácter conformista de la religión y porque traba la inteligencia, dificulta pensar bien, e incluso apareja el desistimiento a luchar por algunas causas, por considerarlas materialistas en el sentido condenado por el clero, el de buscar satisfacciones terrenales en desmedro de las tomadas por divinas. En el materialismo, la irracionalidad, entre otras causas, responde a la imprudencia y a la bronca, y también a malas ideas.

Desarrollismo capitalista, desactivación del movimiento obrero, restauración conservadora y plan de ajuste

Al obtener el gobierno los partidos del progresismo limitado del último ciclo latinoamericano, aplicaron un modelo de desarrollo capitalista que tuvo un carácter protector del mercado interno compuesto con el trasnacionalismo de los negocios más grandes, entre los cuales los de la obra concesionada por el estado a empresas privadas, que generalmente fue corrupta, haya sido la corrupción legal o no, y con el pago de la deuda fraudulenta, con una variante en el Ecuador, que redujo el pago mediante el enjuiciamiento debital, el de su deuda. Todos los gobiernos de estos países aplicaron un ordenamiento cristiano, democrático representativo y capitalista, más o menos progresista según el caso, que al incluir a las poblaciones en la reactivación de los mercados internos depuso relativamente a los procesos movilizatorios que los precedieron, incluso condenándolos, algo parecido a lo que replicaron para los otros movimientos sociales, lo que favoreció a la restauración conservadora, que ahora se encuentra con proletariados poco aptos para resistir a los planes de ajuste en Brasil y Argentina, o al detenimiento del progresismo en Uruguay, o al hostigamiento imperialista y liberal en Venezuela. El modelo keynesiano despolitiza al proletariado, por lo que impide profundizar la socialización de la propiedad privada y la liberación conceptiva, la de la opresión religiosa, favoreciendo al capital y al conservadurismo, por lo cual es preciso formular un modelo de inclusión progresiva que pueda ser mantenido a mediano plazo, pero la izquierda tiene que entender que el proletariado está falseado por el fideísmo y por la manipulación privada, por lo que hay que buscar una progresividad acorde con nuestra predisposición revolucionaria, que en general es de baja a mediana intensidad, por lo menos mientras que nos esclarecemos con la crítica y hasta que hayamos adquirido un mayor nivel de conciencia y de capacidad política.

viernes, 14 de julio de 2017

De Copi, el normativismo alternativo y las categorías

Yo no soy quién para opinar de Copi, porque no lo conocí y apenas lo leí, pero sí me acuerdo que el tío Blas, en verdad mi tío abuelo legal, de apellido Guichandut, dijo, durante una cena navideña, que era insoportable. De la nota de presentación de un libro de Daniel Link, que salió hoy en Página 12, se desprende que era autodestructivo, porque al proponer malas formas de comportarse indujo a la autodestrucción. Me falta saber del tema para ser concluyente, así que lo tendrán que ser otras personas. No se le tiene que juzgar sólo su obra literaria, sino su calidad humana. Leí de él El baile de las locas, La Internacional argentina y algunas viñetas.

El problema de la cultura queer es su falta de autocrítica, porque asume que la normatividad es mala y que la alternativa a ella es buena, lo que no siempre es así, porque no todo lo perteneciente al sistema dominante es malo, ni es todo bueno lo subalterno. En ocasiones, esta teoría pretende suplantar a la heteronorma por una alteronorma, que se torna así en autoritaria, y tiene otras tantas fallas éticas y conceptuales, como cuando se propone como postidentitaria, lo que hizo la hembra transidentitada Paul Preciado, quien antes se llamó Beatriz, como si la adhesión a la rareza no fuera una forma de identificación, o propulsa al antimodernismo, o niega a la biología. Hizo una crítica injusta a la medicina alopática, aunque con razones válidas, porque ésta tiene sus faltas, lo mismo que las tiene la homeopatía: les falta la síntesis superadora, que requiere de una transformación social general porque la medicina responde a la generalidad social. A nivel conceptual más abstracto, la teoría queer a veces tiene el problema de que tiende a absolutizar a las categorías, en particular en su vertiente anarquista, lo que las vuelve opresivas, por lo que causa una reacción anticategorial que a sus seguidores les dificulta hablar y componer más o menos bien sus relaciones humanas, ya de por sí problemáticas por lo malo de la racionalidad social, en tanto que no comprenden a las determinaciones como históricas, o sea, como factuales, relativas en cierto sentido. En ocasiones extremas, el alternativismo adopta una postura intencionadamente enfermante, porque supone que la enfermedad es antisistémica, lo que da cuenta de su idiotez, pero este paradigma también tiene razones atendibles, además de que la estupidez es un rasgo frecuente del carácter humano.

Las categorías, al ser históricas, son lo que son, duran lo que duran y se refieren a lo que se refieren, tal como las hacen ser las personas que las utilizan, o sea que su forma y su significado son variables, transformables y perecederos, pero deben ser bien enunciadas para comunicar con éxito, lo que se redefine cada vez que se las usa: cada repetición es una recreación original, aunque sea casi igual a las anteriores, ya que, al menos, se diferencia de aquéllas en haber sido emitida después. Entonces, cabe distinguir entre las recreaciones más reiterativas y las más transformadoras, sin que las últimas sean siempre mejores que las primeras, porque existe la posibilidad de que la transformación sea mal hecha y porque la buena repetición de las expresiones anteriores puede ser muy placentera.

Balance breve del desalojo de PepsiCo

Un error de la postura trotskista para las últimas elecciones presidenciales argentinas, cuando equiparó al macrismo con el sciolismo porque ambos son capitalistas, es que no entendió que las fábricas recuperadas y los trabajadores de las de las empresas no autogestionarias dependían del capitalismo populista para mantenerse sin deteriorarse tanto. El sistema planeado por el sciolismo también hubiera sido explotador y ajustante, pero les habría permitido subsistir menos ingratamente. Es que, como los trotskistas no entendieron el lugar de la religiosidad en la política, no repararon en que muchos de los votos del proletariado argentino son para los partidos católicos. La identidad religiosa tiene un correlato partidario al que es importante entender para operar bien la transformación social. Este problema no es sólo del trotskismo, sino que atraviesa, de distintas maneras, a la mayoría de la izquierda, que debe entender bien a la situación social para plantear una política efectiva, o sea, que concrete la revolucionaridad según lo permitan los actores sociales existentes. Nos falta admitir socialmente que el proletariado está algo falseado, que es algo malo, y que favoreció en masa al idealismo capitalista porque la hipocresía humana es normal. Entonces, en esta situación, de progresividad proletaria incierta, la humanidad no puede evolucionar mucho y bien en poco tiempo: se tiene que determinar suficientemente qué progreso debe ser y buscarlo habiéndose adaptado a la progresividad permitida por la forma social existente, o sea, forzándola bien. Es la única manera de que el revolucionarismo sea bien exitoso.

A este balance le falta la crítica al macrismo, que es más importante y a la que hacen otras personas. Expongo mi solidaridad con el trotskismo local, que está bajo persecución política aguda.

jueves, 13 de julio de 2017

No son tan buenos asadores...

Acá, con la tradición gauchesca, andan los argentinos presumiendo de sus capacidades para hacer el asado, como fanfarrones en la feria, o rockeros en el supermercado. Fingen que se las saben todas, los nombres de los cortes, las maneras de condimentarlos, que si hay que tiernizarlos con leche o con limón, que si son dos horas o una noche entera de maceramiento, que si van con sal gruesa, parrillera o fina, que qué cepas de vinos son mejores para tales o cuales carnes, y siempre dejando a la ensalada como acompañamiento despreciado, como algo a lo que hay que soportar porque viene con el combo. Después se comparan sus habilidades, que si les salió como una manteca, o que se corta con el tenedor, o hacen la crítica de los pedazos, como que si era una vaquillona grande la carne está dura porque es más fibrosa. Los más osados asan morrones, cebollas y hasta berenjenas, pero hubo cuando ni sabían preparar el chimichurri... ¡Yo, que en los últimos dos años apenas y pisé una parrilla por la osteocondritis, los voy a dejar como chiquitos pidiéndole a mami la chocolatada!

Ya que saben tanto, los reto al desafío, que apenas ví a uno o dos que se hicieran cargo, de asar una papa. ¡Ah! ¡Ahora se vuelven a agrandar! ¡¡Este me viene a mí a retar a que ase una papa!! ¡¡Pero si es un lisiado sin laburo!!

Bueno, ya que saben tanto, asen una papa. Hasta les doy la opción de que sea una batata. La única condición que les pongo es que no usen papel de aluminio... ¡¡Vayan por su chocolatada!!

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Para asar tubérculos sin papel de aluminio hay que separar unas brasas, más o menos la misma densidad que se pone abajo de la parrilla, y ponérselos encima, directamente: queda el piso de la parrilla con las brasas y los tubérculos arriba. Más o menos cada media hora hay que agregarle más brasas y darlos vuelta. Así, en cerca de una hora se cuecen las batatas, y en hora y cuarto las papas, las dos de tamaño medio. Es aproximado, en concreto puede variar.

Prescindir del papel de aluminio es importante para las finanzas domésticas y para el medioambiente, aparte de para la reducción de la explotación laboral: la mala producción también se compone de la de bienes dejables de fabricar. Esta es una receta ecologista y socialista, que tiene el problema de la cocción a brasa en urbanidad sobreconcentrada.

miércoles, 12 de julio de 2017

Del buen oscurantismo y el mal iluminismo, y de la síntesis que se les puede hacer a sus idearios principales

La dicotomía entre el iluminismo y el oscurantismo es falsa, porque hubieron elementos malos en el primero y buenos en el segundo, así como la oscuridad de la noche puede ser agradable y peligroso el brillo solar, como en el desierto del Sahara. Hace falta su síntesis, y que sea justa también con los males de ambos: sería la del buen cientificismo y la del buen arte, o, más en general, la de la buena cultura, en su sentido amplio, el referido a toda la práctica humana. Esa síntesis tiene que ser social: su síntesis individual, o mismo grupal, no basta para el ordenamiento bueno de la práctica de la especie. El ordenamiento humano no será totalmente bueno, como lo supone la utopía hedonista plena, el máximo deseo al que podemos aspirar, pero no importa, porque la síntesis conceptual humana sirve para vivir. En tanto que la utopía máxima del socialismo, que es el orden feliz en el que todas las cuestiones estarían bien resueltas, como el paraíso terrenal, es incumplible, el análisis social tiene que servir para la autoconciencia humana, porque la práctica humana es conjunta, concerniendo a toda la especie, por lo que es un tema que persistirá irresuelto por mucho tiempo, durante el cual cada miembro intentará, en general, sobrevivir como pueda, para lo que analizará a la realidad con los instrumentos conceptuales que haya adquirido, y en medio de una historia con bastante mala coproducción.

El socialismo contiene a un utopismo paradisíaco orgiástico, en contrario a la promesa de felicidad almática celestial, en que toda la producción estaría bien ordenada y la humanidad efectuaría una orgía cordial en comuna, pero la realidad no es ni una ni la otra, es la de la historia efectiva, en la que transcurre una orgía de la especie durante y como parte de una crisis violenta, que puede dirigirse tanto hacia la utopía progresista como a formas retrógradas, y que además persiste, pero a la evolución social humana la hace cada miembro de la especie, por lo cual lleva mucho tiempo concordar la transformación, a la vez que nuestra historia se transforma todo el tiempo caóticamente: es una conjunción de muchos órdenes mal y bien planteados. El problema para el materialismo es qué intervención histórica realiza, cómo opera en la historia para lograr su objetivo, lo que es un problema mundial. El materialismo es una concepción que incide en la historia mundial, pero para que su incidencia sea suficiente la humanidad tiene que transformarse mucho, y no quiere hacerlo, y asimismo no hay consenso dentro del materialismo sobre varias cuestiones, que encima están desacertadas: se deciden las acciones sin la certeza suficiente, a prueba y error, lo que es accidental. Está mal organizado. No puede ser de otra manera, porque la historia es caótica, pero la mala organización es ordenable, depende de sus miembros y de las exigencias externas. Lo cierto es que la gente seguirá luchando para vivir mejor mientras que viva, muchas veces. El tema con eso es que para que la humanidad viva bien debe dejar de ser fideísta, además de malapropiante. Esos son requisitos inomisibles para el buen vivir. Al utopismo de izquierda se opone el seudoutopismo de derecha, el utopismo feo, tanto el paradisíaco, el purgatoriero y el infernal como el apocalíptico, que muchas veces se infiltró en el anarquismo, por medio del escepticismo defraudado, con esa serie de relatos de malfuncionamiento social que le infestaron la imaginación, induciéndolo, en suma al resto de la violencia que recibió, a prácticas degresivas; pero también está permeado por imágenes de mal desarrollo, que decepcionan a las naturistas: son las utopías falsas de la izquierda, como cuando quieren industrializar de un modo que eleve el producto bruto capitalista, cuando se preocupan por la recesión o el decrecimiento, intentando retomar el crecimiento, y en tasas altas, como si el problema productivo humano fuese más de cantidad que de calidad. Atiende a la falta de producción, pero no a la bondad productiva. En verdad, la crisis humana es más de súper y mala producción, y de falta en algunos casos menores: no se va a solucionar con más malproductivismo, que es capitalista y acrecentador porque el capitalismo tiene una manía acumulativa. Al contrario, la solución requiere de una producción fabricante menor y bien hecha, que permitiría liberar a las producciones no fabricantes, que no aumentan el índice del producto bruto mundial porque la estadística no la contempla, al no medirse en valor monetario, y que pueden ser tanto o más importantes que la producción de bienes monetarizados. El seudoutopismo le reprocha a la izquierda su ilusoriedad, pero también es un utopismo, una realidad imaginada que no es la histórica más concreta, la extraimaginaria. Ambos plantean proyectos sociales divergentes, que tienen diferencias con el presente, y los dos son inconcretables del todo, pero no parcialmente, y responden a grupos conceptivos afines, el teísmo y el materialismo, aunque éstos existan entremezclados. Entonces, el utopismo puede ser bueno, en tanto que se adapte bien al presente y según a lo que aspire, y también puede ser malo, si pretende mal, o puede estar equivocado, si pretende de más, o sea, si pretende concretar pronto anhelos que son inconcretables a corto plazo: entonces tiene que ajustar sus buenas intenciones a una forma concretable para la sociedad en curso, a sabiendas de que la lucha materialista es terráquea y de que persistirá a la vez que la crisis. Para triunfar, el materialismo tiene que encontrar el modo de vivir bien durante la crisis, porque la crisis persistirá mucho tiempo, para lo cual tiene que saber cómo operar conjuntamente la transformación social, aunque su asociación sea crítica, conflictiva y defectuosa. Antes que operar la transformación social, hay que establecer un diagnóstico cierto de la situación, y entonces concordar debidamente el modo de operarla. La crisis humana es un problema social que tiene que ser resuelto de conjunto: requiere de una práctica social para ser resuelta, por lo que depende de la conciencia internacional, pero mientras tanto la historia transcurrirá, y el materialismo se posicionará de distintas maneras, bien y mal. Según qué postura adopte será la efectividad de su política.

La conciliatoriedad de clases socialistizante

Mientras existan las clases sociales, el socialismo debe buscar que se compongan más o menos bien, pero esa conciliación debe ser socialistizante, o sea, ir igualándolas, y de buena manera, lo que requiere esclarecer masivamente a las cuestiones religiosa y estrática, entre las otras, porque si no a los fieles de la clase alta, perjudicados por la sobrepropietarización, la opresión fideísta, la superioridad social y la lucha de clases, se les haría más difícil aceptar su descenso social, porque lo interpretarían como una pérdida de la que no obtendrían ningún beneficio, de igual modo que las clases inferiores tienen que entender bien a la realidad para saber comportarse. Si se pudiera avanzar mucho en esto durante un período corto, habría que hacerlo, pero eso depende de la predisposición de los actores sociales, que no debe ser forzada de mala manera para que la transformación social sea exitosa.

Entiendo por fideísmo no sólo lo estipulado por las definiciones de los diccionarios, sino, más en general, a la práctica ligada a la fe. La opresión fideísta es aquella en la que los fieles padecen diversos tipos de pesares a consecuencia de su adscripción a los credos, como lo son los temores al infierno, los padecimientos causados por el maltrato recibido por desobedecer a los preceptos considerados sagrados, los esfuerzos ingratos realizados para cumplir con los rituales, las autocensuras generadas para guardar las apariencias y así tantos otros. La superioridad social es un perjuicio para los miembros de las clases altas porque impide la concreción de los deseos de socializar gratamente con nuestros congéneres de las bajas y por el repudio eventual de éstos hacia nosotros, dado por la diferenciación y el sometimiento, entre otras cuestiones y con sus variantes. Ahora bien, que exista el deseo natural de convivir bien interpersonalmente no quita que esa intención pueda tergiversarse, mixturarse o corromperse, por mala educación, acumulación de frustraciones, recepción de ofensas y demás, además de por el hecho de que también hay deseos innatos de tipo peleador y competitivo, pudiendo aquél ser suplantado, en mayor o menor medida, por un interés punitivo, castigador, sancionador, explotador u otros parecidos. En los capitalistas el deseo de convivencia grata es obstruido por la manía acumulativa de capitales, pero lo mismo puede suceder con la de dominar por dominar, como modo falso de superar la falta de autoestima o de gratificación sana, o el temor a ser sometido por aquéllos a quienes se hubo subordinado: el miedo al revanchismo apareja un pánico en la clase dominante que aporta al acicateo de su operatoria para perpetuar su superioridad. El revanchismo tiene que ser ordenado de acuerdo a la búsqueda de justicia social, con las sanciones que correspondan.

domingo, 9 de julio de 2017

Comentarios sueltos a un artículo de Daniel Alvaro

Es el titulado “Ontología y política de la comunidad. El tenue hilo entre Bataille, Blanchot y Nancy”. Es poco lo que leí de estos tres autores. De Bataille sí leí algunos libros, pero de manera desordenada y sin haber podido identificar sistemáticamente los rasgos centrales ni la evolución de su planteo. De los otros dos no leí casi nada. No obstante, le señalo tres cosas. La primera es que la ontología y la politología no son dos órdenes separados, porque la política es parte del entismo, dentro del cual es el comunitario. Lo óntico contiene a la comunidad humana y a su política porque abarca a todo lo existente. La segunda es que la comunidad humana es histórica y nos incluye a todos los humanos. La humanidad coexiste en el planeta Tierra, y al hacerlo sus miembros interactuamos entre nosotros, así sea indirectamente. La comunidad humana está garantizada porque vivimos en el mismo espacio, pero el tema es de qué coexistencia se trate. Esos pequeños grupos sociales de Bataille y de Blanchot fueron microcomunidades en el seno de la comunidad humana. La tercera es que la política es insoslayable porque es el modo que tiene la sociedad humana para conducirse a sí misma. La política puede ser gubernamental o extragubernamental, ya que las hay de ambos modos, pero la gubernamental también es importante, por lo que cabe exigirle al anarquismo que se reformule a sí mismo entendiendo de buena manera a la cuestión gubernativa. El anarquismo renegó del gobierno porque el gobierno solió ser religioso y estratificante, por lo que excluyó al ateísmo y al socialismo, pero el socialismo, sea de la vertiente que sea, debe tener una buena política respecto del gobierno, porque éste es importante para la calidad de la vida de nuestra especie. A su vez, el anarquismo nietzscheano tiene tres faltas importantes. Tiene más, entre otras cosas porque está derechizado, aunque tiene de bueno la crítica al cristianismo, que ha de ser relaborable, pero ahora me centro en estas tres. Una es la referida al gobierno, que desfavorece a los partidos progresistas. Otra es el misticismo, de tipo zoroástrico, que lo sectariza y le pervierte la razón. La tercera es su mal aristocratismo. El aristocratismo puede ser aceptable porque hay gente que nace en la aristocracia y que aún así puede ser buena, más o menos constante o esporádicamente. Lo que pasa, entre otros problemas, es que la mayor parte de la aristocracia fue antipopular, por buenas y malas razones, además de que fuera expulsada del socialismo marxista por el carácter asalarista de éste, o incluida a condición de que el aristócrata que quisiera participar en él modificara su tipo de ingreso tomando un empleo asalariado, al obedecer a la idea de que así se solucionaría bien la cuestión, lo que fue un error porque careció de perspectiva integral. El socialismo, en tanto que es un materialismo hedonista e igualitario, debe reconocer su carácter transclasista y aceptar críticamente los modos de lucha y la situación existencial de sus distintos miembros. Así tendría más legitimidad para exigir los cambios comportamentales que fueren necesarios para la buena convivencia, pero para tener éxito tendría que hacerlo de buena manera. Esa rudeza pierde.

miércoles, 5 de julio de 2017

El significado de castigar

“Castigar” quiere decir “hacer casto”. A lo largo de la historia humana, la reprensión de los delitos fue definida religiosamente, porque las instituciones eclesiásticas fueron las entidades en las que se privilegió el estudio sobre la realidad, la práctica de la especie y el modo de encauzarla. De allí que el sistema correctivo cargue con los defectos de la religiosidad, incluso en la manera de nombrar a las cuestiones. La reforma penal tiene que incluir la creación de palabras nuevas, despojadas de los males religiosos, para designar a los temas de que trate la justicia. El carácter religioso del sistema penal no le quita su clasismo privado ni la adopción de reclamos proletarios: los tres coexisten en una articulación histórica conflictiva, así como es la falsa conciliación de clases del humanismo religioso. El socialismo debiera adoptar una conciliatoriedad clasial igualante y veradora, que sería muy crítica y contractiva hasta que la humanidad estabilizara más o menos bien su convivencia.

De la mala comprensión de la burguesidad en el socialismo y de algunas de sus consecuencias

A la palabra “burguesía” y a sus derivados, como “aburguesarse” o “aburguesamiento”, se les enfatizan más sus significados connotativos que los denotativos. El significado denotativo es el más propio de un concepto, el principal, que usualmente se liga a su forma y a su etimología, aunque esto no siempre es así. El connotativo es secundario y accesorio. Tiene su importancia, pero deriva de aquél. La connotación no puede existir sin la denotación, pero la denotación sí puede hacerlo sin aquélla. La burguesía, en sí misma, o sea, en su sentido denotativo, es la clase de humanos que reside en las ciudades, porque los burgos son las ciudades. Entonces, abarca tanto al proletariado informal como al asalariado y al empresarial, así como al empresariado capitalista, siempre que sean urbanos. Esta es una cuestión básica que no está reconocida por la izquierda, en todas sus variantes, lo que redunda en el ejercicio de diversos tipos de mala discriminación, porque, al entenderse al término de acuerdo a sus significaciones connotativas, que además varían caprichosamente, los socialistas descalifican a las personas por cuestiones de importancia menor, como comprarse un auto, tener un teléfono nuevo, ascender en el trabajo, vestirse con ropa de moda, cambiar los muebles, fundar una empresa y así, cuestiones que son tildadas de “aburguesamiento”, sin que se reconozca que el aburguesamiento es la urbanización, o sea, que todos los urbanos somos burgueses, incluso los socialistas. La crítica clasista cabe al presente humano, porque existe la estratificación social, pero las fallas en su comprensión dentro del socialismo aparejaron malas prácticas que hacen a la injusticia histórica, y a la degradación del socialismo; y ésta sólo es una de sus fallas. En tanto que el socialismo no haya alcanzado un nivel humanista respetuoso para con todas las personas, persistirá debilitado, porque las personas mal consideradas por él le rehuirán y porque las demás, aunque sean bien consideradas por éste, le reprobarán sus perjuicios. El socialismo no sólo maltrató a la clase capitalista, al empresariado no capitalista, al lumpenproletariado o al proletariado populista, sino que, más precisamente, tuvo un sistema de prejuicios y de malas consideraciones que lo llevó a fracturarse múltiplemente, desde el nivel macro hasta el microsocial, sin que hasta ahora se haya asumido la crítica debidamente, por lo que su degradación persistirá. Para superar a la religión el materialismo tiene que elevar su nivel, lo que requiere reformular a la concepción socialista en los términos de un integrismo humanista que sepa transformar bien a la sociedad, para lo cual tiene que entender bien a la historia. Además, el clasismo socialista es bastante sinvergüenza, porque el socialismo, en gran medida, es de la clase superior: oscila entre el sector medio de la clase media y el bajo de la alta. De allí su complejo de culpa de clase. La adscripción a las clases superiores no debiera ser objeto de culpabilización, porque la clase de nacimiento no se elige y es parte de la historia personal, incluso si alguien cambia de clase al vivir, y porque pertenecer a éstas hace a la pobreza social de sus miembros: ser de las clases medias y altas implica padecer la desigualdad social y la división social del trabajo, por lo que los socialistas de las clases superiores tienden a sufrir su separación de los integrantes de las inferiores y a estar en las clases propensas al trabajo más calificado, pero además porque el tema es el de resolver las injusticias sociales, no el de aumentarlas mediante maltrato. El maltrato revolucionario en verdad es antirrevolucionario, y predispone mal a la lucha, con la secuela de derrotas que eso aparejó.

Una cuestión conexa a la de la mala comprensión del aburguesamiento es la del pacifismo, que fue catalogado como pequeño burgués por los leninistas y los trotskistas, que intentaron forzar a los revolucionarios a adoptar el militarismo sin haberlo debatido lo suficiente con las fuerzas proletarias. Quieren imponer la estrategia. Lo que corresponde es que la estrategia sea decidida colectivamente y según un análisis completo. Mientras que no se pueda hacerlo, la política socialista debe adaptarse críticamente a la predisposición luchera y reivindicatoria de las fuerzas progresivas. El militarismo debe ser un componente revolucionario, pero la forma que adopte tiene que ser efectiva, para lo cual se lo tiene que restringir a lo indispensable, porque si no la confrontación bélica destroza a las sociedades, lo que le resta apoyo a los revolucionarios, que además solemos ser inexpertos en materia militar, y podemos querer permanecer así. Lo que corresponde es que se aborde el tema de manera prudente. Ya antes les falló el pronóstico, cuando en la década del setenta creyeron que al sublevarse las guerrillas en acciones puntuales, como las del ERP, las masas se levantarían insurgentes, por lo que tienen que averiguar qué métodos de lucha quieren las masas.

lunes, 3 de julio de 2017

De las consecuencias del mal entendimiento de la prostitución

La prostitución, etimológicamente, es el favorecimiento a las instituciones, pero el uso que se hace del término le dio los significados de la promiscuidad, la homosexualidad, el trabajo sexual y otros tantos, incluso a veces el de la maldad, o hasta el de la admiración, cuando se califica de “hijo de puta” a alguien que alcanza una gran proeza. Es una polisemia desligada de la etimología. Hasta tanto no se ajuste el uso a la etimología el mal empleo del término traerá problemas comunicativos y políticos, porque la comprensión confusa de la cuestión dificulta su abordaje y resolución.