viernes, 26 de agosto de 2016

La rehabilitación de la filosofía de la historia

La filosofía de la historia existe, es la filosofía de la historia, la filiación, en el sentido de afinidad, al saber sobre la historia de lo que es, y en eso del universo, que tiene leyes, son regularidades en la forma en que se comportan sus elementos, pero que son históricas, factuales, por lo que varían cuando lo hacen, y los humanos no sabemos lo que fue antes del big bang, el gran estallido, pero no se puede decir con certeza que haya habido un dios que lo creó, a lo reconocido por la ciencia humana; de dios se puede decir que es una creencia, una fe o una incertidumbre, no se puede asegurar que se haya creado por sí mismo, y seguro no habría tenido forma humana, y menos de hombre morocho y barbudo como se lo idealiza vulgarmente. Por ende, es una idea descartable, a la que el conjunto de la humanidad debe cuestionar. A la humanidad lo menos que le corresponde es adoptar una idea agnóstica de ese ser y del pasado anterior al universo, hasta que se lo sepa bien; y, en realidad, cada humano debiera ser materialista: sostener posturas creyentes falla la práctica, y no es verdadero. Hace mal. Por eso es que hay tanta violencia histórica, que a la humanidad la hace sentir mal, así como daña al resto de la naturaleza, al explotar a la Tierra. A eso no lo pueden negar los industrialistas. El peronismo en Argentina vetó la solución al problema de la explotación terráquea porque fue y sigue siendo industrializador, y de mal modo, porque no concibe a la industria naturista, ya que el pietismo democrático lo inclina a concepciones pavorosas, porque es castigador, es católico, aunque moderado. El catolicismo porta un carácter castigador, que es el que soporta al sadismo, y que, como es falso, comprende a la historia del universo de mala manera, por lo que manda a hacer una práctica social mala, que se combina con los idealismos de las regiones terráqueas extracatólicas, el protestantismo, el islam, las religiones primitivas existentes, el rastafarismo, las mistificaciones que se les derivan, con todos sus horrores, como la cliterectomía musulmana o el barbarismo de las guerrillas de liberación ultrarreligiosas, y eso es poco decir. La filosofía de la historia marxista se equivocó al retomar la dialéctica idealista, porque eso le hizo suponer que la historia no es histórica, que responde a la dialéctica, que es una idea, basada en tesis. Las tesis son derivados del teismo, y las creacionistas son dioseras, pero la historia que conocemos hasta ahora es, y tiene un modo de ser, lo que pasa es que a los humanos nos es inaprehensible entero, porque somos animales mónidos, descendientes de los monos, no podemos saber la historia del universo entera ni por lejos: averiguamos lo que averiguamos, y la mayoría de la humanidad lo sabe entrecortado, no conocen bien a la historia universal más que pocas personas, lo que hace practicar mal. La historia humana está llena de violencia, y no va a dejar de estarlo mientras que exista la creencia, y científicamente se la reduciría, no es que se la terminaría, si se cientizara bien, si se verara la conciencia social humana. La filosofía de la historia no sólo que es necesaria, sino que es obligatoria para toda la especie, porque así, tal como es ahora, practica mal. No se puede prohibir la crítica a la religión, y está prohibida. ¡Lo que omitieron criticarla los peronistas! Decirles populistas no debiera ser tomado como un insulto, porque el populismo es una concepción histórica, hablar de populismo no es insultar para mí, lo que pasa es que el populismo, para corregirse, debiera ser holista, porque si se centra en el pueblo no puede entender bien al resto de la totalidad, y entonces le falla la práctica, y el holismo no puede lograr que la humanidad viva bien mientras que haya la violencia. A eso los sacerdotes no sólo que lo tendrían que reconocer, dado el alcance del saber actual, sino que además tendrían que promover que se lo supiera. Así, con creencia, no se puede terminar la crisis mundial violenta. Reconocer la realidad verdaderamente es un deber humano, al que debe cada quien de los humanos, los sacerdotes también, y los fieles, todos los creyentes. Si no, van a sufrir. Sufren en vano, y hacen daño, por creer, lo que los hace sentir mal y lo que hará sentir mal a las próximas generaciones si no lo cambiamos, eso es algo que ya tendría que haber sido reconocido por la humanidad abiertamente hace tiempo, y sin embargo lo cuestionan, y hasta mataron por decirlo. Hubo mucha gente matada por los idealismos, y va a haberla más. No sólo por los asesinados que habrá a causa de ser heréticos, sino porque a la humanidad pietista le falla la práctica necesariamente, no puede no fallarle la práctica, y al idealismo soviético le pasó igual. El idealismo socialista también puede equivocarse, aunque sea socialista, pero por lo menos reconoce el origen material de la historia. Toda la humanidad tiene que ser materialista. Eso, por más que lo discutan deberá seguir siendo así. Por más que maten a la gente materialista los teistas, la humanidad va a seguir queriendo gozar de la vida, y los teistas sufrirán, porque se someterán a regímenes de vida injustos, por fidentes. Así que van a tener el mismo problema las futuras generaciones, aunque lo niegen las autoridades máximas de las iglesias. Es un problema conceptivo. Si la humanidad conceptúa mal, hace mal, pero los ganadores de hacer el mal se sienten mal también, y se lo seguirán sintiendo, es natural, son animales mónidos, tienen sentimientos comunes. La mala práctica que cometen les apena, así que no pueden superar la pena con fidencias, eso para los creyentes, si quieren vivir bien la vida, en vez que sufrir para la muerte, con esa idea de que si no lo hacen el alma se les iría al infierno por siempre, o al purgatorio primero, que ni saben que es falsa. No saben ni que el infierno, el purgatorio y el cielo son mitos, que no existen en la realidad objetiva, extraimaginativa: el centro de la Tierra está lleno de lava, no hay ni hubo diablos ahí, ya lo estudio la geología; el purgatorio es mentira y el paraiso celestial también. Después de morirse el cuerpo de cada humano, el alma humana muere con él, no se va para otra parte a que la juzguen los dioses, eso es un mito, que ya fue refutado por la psicología. Lo que sucede es que la gente que queda viva una vez muerto alguien lo recuerda, y en eso rememora, lo recrea en su imaginación, eso es la persistencia del alma después de la muerte, y también recuerda el mal y el bien que le hicieron las generaciones anteriores, hay una crítica del pasado, que juzga a la historia de la humanidad y a sus faltas, pero no como pecados, como fallas a la ley canónica eclesiástica, sino como maltratos a los congéneres y a los seres de las otras especies, pero eso a los humanos muertos ya nos les afecta, porque lo que queda es el recuerdo del alma, no el alma en sí misma, que muere con el cuerpo. El especismo no es malo en sí mismo. Hay que rescatarlo de la crítica injusta que le hicieron los anarquistas, porque el especismo puede no suponer que la humanidad es una especie mejor que las otras, aunque es la dominante, porque construye casas, los domos, no obstante donde no hay humanos, y entre nosotros, hay otras especies que hacen sus casas, pero de forma natural, sin contaminar. La emanación tóxica de los seres vivos extrahumanos es muy poco comparada con la humana, y hasta hubo quienes decían que el problema de la capa de ozono era por las flatulencias de las vacas, a ese nivel de irrealidad llegó la especie. Hay la soberbia humana, que se propone estar por sobre las demás, e incluso una jerarquía dentro de sí, la jerarquía social humana, erigida en clases sociales, que también son históricas, son una conformación de clases humanas a consecuencia del recorrido histórico de la especie, y está mal, por eso se siente la culpa, es el castigo por desprecio de los golpeados por la mala práctica, que se lo hacen entre pietistas porque practican mal, aunque eso se generaliza en la sociedad junto a los yerros materialistas. Son prácticas de humanos en pugna, que hacen a la pelea humana actual. Muchos quieren tener razón y mandan a hacer sin tenerla, y a los que no les gusta los golpean, pero eso les hace sentir mal, les da la culpa, que se siente feo. Nadie en su sano juicio quiere vivir con culpa, porque se siente mal, pero mucha gente vive con culpa, son interiorizaciones psíquicas de los golpes psicológicos dados por quienes recibieron traumas por práctica mala y, como son generales en el credismo, la credencia, la humanidad creyente suele tener culpa, sobre todo cuando está en los estratos altos de la sociedad, porque el propietarismo requiere de mucha práctica violenta, pero eso se replica, aunque menos, en los estratos medios y bajos, que son menos propietarios, lo que no agota al tema porque hay prácticas extrapropietarias, que también son juzgadas por aquellos a quienes les afectan. Esto es comprensible desde un clasismo terráqueo, que a su vez tiene una forma pautada por el conflicto interimperialista, traducido como competencia entre potencias, forma liderada por Estados Unidos y secundada por Europa, China, India, las potencias del sur asiático, las sudafricanas, Brasil, Japón, Australia y las otras naciones, son muchas más, a su vez articuladas en bloques regionales, que se rearticulan permanentemente en tanto que sucede la competencia idealista y capitalista internacional. En América Latina está en entornamiento la UNASUR y el MERCOSUR, aparte de la ALBA, porque Brasil y Argentina tienen gobiernos nacionales que se alían con el imperialismo estadounidense, en un proceso de reprivatización, de reforzamiento de la privatización previa, porque el capital es trasnacional. El capital nacional es parte de las naciones, y en algo las atravesó: hizo a un comercio trasnacional, incluso el del capital pequeño, que se refleja de distinta manera en los recorridos turísticos, en que el empresariado atraviesa fronteras nacionales, y el proletariado asalariado también, y hasta el lumpenproletariado de hecho. El capital bajo es proletario respecto del medio y del alto, pero mandante del proletariado asalariado, que a su vez se intraestratifica en subclases superiores a las del lumpenproletariado, y eso con mandatos y obediencias inversos. Un análisis clasista mundial tiene que reconocer eso, las líneas de mando y obediencia intraproletarias, que también tienen males. El proletariado tampoco hace todo bien, pero no manda en el sistema social humano vigente en el planeta, y hay varios bloques intrarregionales más. En África hay por lo menos dos, y de África no sé casi nada, pasan un montón de cosas de las que no tenemos ni idea, todos los días, mientras que se nos fue el tiempo en frivolidades. A eso el progresismo lo tiene que reconocer. Mientras que transcurre la historia presente, el progresismo conoció la frivolidad, y la practicó. Los humanos tuvimos un montón de propiedades, que al vencerse pasaron a retiro, se las tiró, en los basureros y en donde haya sido. Por todos lados, en las ciudades, hay propiedades vencidas. Eso es una frivolidad, un mal vano al que se podría corregir mediante la fabricación ecologista, porque las cosas cuando se rompen no se degradan biológicamente, quedan tiradas, están ahí, en el medio ambiente, y al desarmarse sus partículas quedan volando por ahí, o se instalan en el agua y la tierra. Esa es una de las cosas que tiene de malo lo frívolo, y no puede no ser la frivolidad con un exceso en la producción de propiedades, porque las propiedades no son biodegradables, y su fabricación contamina, lesiona a la naturaleza porque contamina al entorno inerte, al que ella absorbe: la humanidad abusa de propiedades como si fuéramos niños con juguetes malos, a los que vamos dejando tirados por ahí mientras que nuestros deseos de posesión de bienes van cambiando rápido, de lo que nos proveemos de otras cosas, a las que tiraremos pronto, lo que no sería tan malo si fueran biodegradables. Las clases ultrarreaccionarias, que junto al capital liberal lideran a los imperios y a las subpotencias regionales y nacionales, también se lesionan por la explotación, por lo que el privatismo mundial también está explotado, obviamente vive mal, pero no puede vivir bien si no deja de creer y acumular. Es que la creencia, combinada con el liberalismo, lleva al hábito compulsivo producente, ya que los fieles de clase alta ordenan su práctica social de acuerdo a las prohibiciones eclesiásticas y a las disposiciones de las universidades privadas y las legislaciones estatales, aunque incumplan sus leyes, y la concepción mala que tienen de sí mismos, por hacer mal, les disgusta, lo que los frusta y los lleva a la violencia, cosa que le pasó también al idealismo socialista. El mandato religioso es incumplible, no lo cumplirán, porque no se lo puede cumplir del todo, y mientras tanto sufren, por desobedecerle y por hacerle mal a otros. Es incomprensible que se viva así, y no se lo puede cumplir porque somos animales, descendientes de los monos, no nos inventó ningún dios, ni Alá, ni Ganesha, ni Yemanyá, ni Jah, ni ningún otro, por lo que sus leyes son un invento fallido, igual que lo es la pretensión de que nos sujetemos perfectamente a reglas ideales. Esas leyes tienen aciertos, pero se los debiera entender en un paradigma materialista. En tanto que eso no esté resuelto la humanidad va a sufrir más de lo que debiera ser. Es que hace falta una determinación respetuosa del idealismo y de su modo acumulativo moderno, basado en la crítica de las religiones y de su práctica histórica, que tendría que articularse con el análisis del propietarismo. Así se entendería la imbricación entre la práctica conceptiva y la económica, en la que están los otros órdenes sociales. No es que sean prácticas humanas netamente diferenciadas, son clases de prácticas relacionadas por concepciones históricas que las guian más o menos bien y mal, y en los malos casos hacen que la práctica humana sea accidental, cuando no malintencionada y a propósito, por la neurosis patológica causada por la opresión religiosa del privatismo y los demás idealismos, secundariamente o no según el caso. Las religiones causan neurosis, porque asustan a las personas con sus relatos. Los democratacristianos no pueden negar que los mitos religiosos asustan, porque los conocen y creyeron en ellos, igual que asusta la lesividad de la violencia. El pietismo detestó a la filosofía de la historia, porque es atea, y la invalidó con argumentos excusativos, de las maniobras tramposas privatistas, que son sacerdotales. El sacerdocio es excusativo, porque sus partícipes se acusan, se corren entre sí, y tiene una cultura de la manipulación de la conciencia, porque reflexionaron sobre eso en los conventos, que además tuvieron serias intrigas por el sentido de la interpretación de los libros considerados sagrados y las pujas jerárquicas intrasacerdotales, así que luego, ante la aparición de la filosofía de la historia, la ciencia teista la impugnó, con el argumento verdadero de que la historia no obedece a la dialéctica, y la dejó caer, con el fracaso del socialismo gubernativo posterior a la revolución rusa, que además de todos los crímenes que cometió hizo entrar a las repúblicas soviéticas a la modernidad, así como las modernidades occidental y oriental tuvieron una violencia terrible. La modernidad hasta ahora fue bastante mala, porque la humanidad mide mal, porque piensa mal, ese es nuestro recorrido histórico hasta hoy, y tuvo sus bondades, y muchas, pero la humanidad existe, y si no sucede nada extraño existirá, así que la gente seguirá con el dilema de cómo comportarse, que es relativo al de qué es lo que es. La ciencia de la historia, lo que enseña es la historia de lo que es, según lo que la humanidad conoce, y es pensable que exista algo más allá de lo conocido, por fuera y anterior al inicio del universo conocido por la humanidad, de lo que hay que reconocer ignorancia. Ese es un planteo correcto.

El laborismo y la idealización del trabajo, y eso en Eva Perón

El laborismo tiene un problema serio porque al idealizar al trabajo, como si fuera algo bueno en sí mismo, los laboristas se aferran a él como un valor con el cual sentirse seguros, y terminan provocando que se trabaje compulsivamente, o intentando forzar a las personas para eso. Es algo difícil planteárselo a los peronistas, porque no son abiertos para aceptar las críticas a sus dirigentes históricos, pero algún día tendrán que reconocer que en algunas cosas se equivocaron. El asunto llegó al punto de que quisieran negar que Néstor Kirchner se murió, con eso de que vive en nuestros corazones, lo mismo que pasó con Perón. Les ví los grafitis al respecto, e incluso respondí a uno al que luego me contestaron, con la misma necedad de que Perón sigue vivo. Tienen un problema para superar la poetización mistificante y plantear las cosas en términos verdaderos, ya que ambos son recordados por mucha gente, en vez que seguir vivos, y entenderlo así no sólo que no les resta valor sino que permite adjudicárselos verdaderamente, cosa que debiera incluir las críticas que les caben. Es un punto fácil de resolver pero que está trabado por su testarudez, y no debieran enojarse de que se los diga, porque es verdad y porque todos tenemos nuestras fallas.

En el caso de Eva Perón, con esa idea suya de que el trabajo dignifica, se les hace difícil entender que dignifica cuando está bien hecho, o sea, cuando las condiciones en que se lo practica son gratas para las personas que lo hacen y para sus semejantes, porque al no hacerlo remiten la lucha a conseguir aumentos salariales sin buscar mejorar las condiciones laborales, ni las extralaborales en ocasiones. Y eso es un ejemplo nomás de Eva Perón, que tuvo la contra grave de haber sido católica, y medio fanática con sus planteos, lo que no quita admitir las cosas que hizo bien, ni los maltratos que recibió durante su vida.

Es la humanidad la que vive de explotarse

Una de las hipocresías que afecta al socialismo en general, desde el anarquismo a la socialdemocracia, es la idea de que hay explotadores por un lado y explotados por el otro, y que los primeros viven de explotar a los segundos mientras que éstos no viven de la explotación ajena. Esta idea está trayendo muchas taras a la política emancipatoria, porque desvía la lucha por cauces inconducentes. Por un lado, habría que decir que la clase empresarial, sea de empresarios de subsistencia, de capitalistas incipientes o de los consolidados, que son los considerados propiamente capitalistas, es explotada: padece una violencia más o menos permanente, una opresión que los fuerza a estudiar en la primaria, la secundaria y la universidad bajo ritmos superexigentes, o a suplir esos estudios informalmente cuando no los realizaron en el sistema establecido, a conocer las leyes que regulan su actividad, a sujetarse a ellas, con todo el tramiterío que eso implica, a desempeñar sus funciones de contratación de obreros, consecución de materias primas y de los medios productivos edilicios, la maquinaria y demás, aparte de tener que atender a las inspecciones estatales, a la contabilidad, a los reclamos laborales, a los sindicatos y a los cambios en la política gubernamental que les afectan, y que responder a los imperativos de la competencia, a veces desleal, y ocuparse de su vida familiar y sentimental, si es que no también religiosa, y tantas otras cosas más, como cuidarse la salud, lo que apareja que se corrompan, porque tienen un nivel de exigencia alto en unas circunstancias fallidas en las que es imposible que consigan comportarse de acuerdo a lo que se supone que debiera ser. Entonces, habría que reconocer que la explotación es transclasista, pero además el socialismo debiera admitir que el proletariado también vive de la explotación ajena, porque los bienes que consume para mantenerse son producidos mediante la explotación de la tierra de la que se extraen las materias primas, de los obreros del sector primario, de los del transporte y la fabricación, de los empleados administrativos estatales y a fin de cuentas de todo el circuito social humano y natural envuelto en la economía. Entender esto sirve para dejar de plantear las reivindicaciones en términos del reparto del producto bruto exagerado, aunque debe hacerse uno suficiente, y concentrarse en una reforma productiva que permita una producción sin explotación, que no podría ser en términos idealistas.

Desconocer aspectos de la realidad importantes, como lo es la explotación del empresariado, causa que la crítica se torne degradante, o agresiva, en vez que progresiva: inferiora, o retarda, o supera poco, en vez que algo, o mucho.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Idealismo, materialismo, capital y trabajo

La contracción, para no decirle contradicción, ya que ésta se sitúa en el plano discursivo, de la dicción, entre el idealismo y el materialismo como prácticas de vida, con sus conceptualizaciones respectivas, es más abarcativa que el antagonismo entre el capital y el trabajo, aunque hay correspondencias entre ambos pares. El idealismo es proclive al pietismo, porque los credos son dados a las ideas sin objeto, como lo son las de los dioses, y es propenso a ordenar la práctica de acuerdo con ellas, aunque también incorpora al conocimiento objetivo adaptándolo a su relato religioso, por lo que, cuando la realidad no se le adecúa, se la reprime, oculta o ignora, porque los creyentes se rehúsan a aceptar que su concepción del universo está equivocada. El materialismo, en cambio, es proclive al objetivismo, porque supone que para saber hay que averiguar si las ideas son verdaderas, aunque, a la inversa de aquél, también es permeado por los hábitos creyentes, pero de menor manera, y busca decidir la práctica según las necesidades fisiológicas. De allí que sea más exitoso. En la puja entre el capital y el trabajo se reproduce este esquema porque los capitalistas son más dados a las ideas puras y a la especulación, a las cuales reproducen en los términos del valor de cambio: hacen cálculos financieros, que son operaciones con valores puros, aunque también reconocen al resto de la historia, pero insuficientemente, porque para eso tendrían que posponer a la lógica de la productividad compulsiva, y del conservadurismo religioso cuando lo tienen, y abrirse a atender a los otros asuntos. Asimismo, los trabajadores son más propensos a la materialidad concreta que a las abstracciones puras, porque el modo de ser proletario se presta para eso, lo que no quita ni que también sean idealistas en algunos aspectos, sobre todo en los de índole religiosa, ni que cometan prácticas malas, porque la falsedad humana apareja neurosis y mala educación.

La oposición entre el idealismo y el materialismo abarca al conjunto de la práctica humana, en tanto que la del capital y el trabajo se centra en la económica, aunque de ella se derivan otras luchas que son extraeconómicas. El problema con la comprensión de la lucha de clases sociales en términos economicistas es que no permite cuestionar al pietismo, ni tampoco al idealismo desarrollista, sea capitalista o comunista, más que respecto del valor de cambio y sus derivados directos, que son importantes pero no son todos los aspectos de la práctica humana que requieren de soluciones políticas.

martes, 23 de agosto de 2016

Del vanguardismo

El vanguardismo no es malo en sí mismo, lo que pasa es que las experiencias de vanguardia fallaron algo en general, aunque también tuvieron éxitos puntuales y aportaron al democratismo. El vanguardismo es la acción de la parte más adelantada de un proceso, que lo guía desde adelante, pero el proceso es un movimiento de conjunto, por lo que la guía también debiera generalizarse, de acuerdo a las posiciones esclarecidas, lo que requiere de una pedagogía de las masas. El vanguardismo falla cuando la vanguardia pretende que la retaguardia la siga automáticamente, porque entonces la vanguardia se separa de las masas: así, es fácilmente derrotable, y cae. La vanguardia tiene que existir, y la retaguardia tiene que reconocerla, pero la relación entre ambas tiene que ser recíproca y mutuamente respetuosa. Además, también hay que reconocer que es una distinción relativa, porque a veces la retaguardia está más adelantada que la vanguardia, pero más es al revés, porque la vanguardia está mejor formada científicamente, tiene nivel universitario, pero eso no agota al tema porque, por un lado, la ciencia universitaria falla en ocasiones, y por otro las masas son mayoría. La vanguardia debiera dedicarse a la formación de las masas para que el proceso de su movimiento se conduzca de buena manera, lo que requiere de que la práctica política mayoritaria responda al cientificismo verdadero.

Un problema serio para la vanguardia materialista es el sabotaje continuo del pietismo, por lo que, por un parte, la vanguardia tiene que ponerlo en discusión explícita, y por otra avanzar despacio, de acuerdo a la conciencia de la práctica de las masas, o detenerse, y hasta retroceder, cuando ella se degrada, para acompañarla críticamente en pos de su regradación. Y la vanguardia materialista también podría poner en debate al pietismo para ayudar a la liberación de los sacerdotes y de los capitalistas, que son oprimidos por él, porque en realidad el socialismo apunta a concretar en la Tierra lo que los fieles anhelan como un sueño para lo que creen que es la vida dichosa después de la muerte: el paraiso terrenal.

La vanguardia social no está conformada sólo por un partido, sino que es un conjunto de organizaciones, partidarias y extrapartidarias, como lo son las movimientistas, que no son las únicas extrapartidarias, en conflicto entre sí por la competencia política, que debieran ordenar su práctica para que la puja sea más conducente, ya que podrían discutir y luchar entre sí pero con un sentido más progresivo, o menos regresivo cuando el reflujo, lo que no es fácil por las disidencias intrasocialistas, que son difíciles de resolver, y porque parte de ese conjunto es el democratismo pietista, tanto el progresista como el conservador, que defiende mal y bien al pueblo de la aristocracia y tiene fuerzas retardatarias muy potentes por el peso político del eclesiastismo y por su permeabilidad a las fuerzas capitalistas. La vanguardia socialista debiera proponerse objetivos asibles, según el análisis de la coyuntura y de las fuerzas en conflicto. Hay que tener en cuenta que las masas están más o menos retrasadas respecto de la concepción socialista, y que gran parte de sus capacidades están dedicadas a la subsistencia, y también que la oligarquía tiene reprimido el deseo de liberarse de sus propias opresiones y de las que recibe desde abajo.

Un objetivo importante es el de que la humanidad no cometa mala práctica social a consecuencia de la conciencia falsa, y otra cuestión es que cada concepción tiene su vanguardia, incluso las de derecha, que son la cúspide de sus retaguardias, por lo que la retaguardia es el sostén de la vanguardia. De allí que el pietismo haya derrotado al socialismo al adaptar las reivindicaciones democráticas en términos creyentes, con el sindicalismo, los partidos y las demás organizaciones democráticas religiosas, porque el grueso del proletariado se tornó pietista, pero la lucha continua porque el pietismo no puede brindar la emancipación de la opresión religiosa, aunque tiene el argumento pesado de que el socialismo forzó a la humanidad penosamente, que es cierto porque el intento socialista de la revolución rusa fue implementado con violencia desmedida. El socialismo, no obstante, no debe pelearse con el pietismo, sino confrontar con él de buena manera, lo mismo que con el capitalismo, e incluso con el capitalismo socialista chino, pero para eso tiene que estar seguro de sí mismo, y no caer en las provocaciones de sus rivales, que lo acusaron por distintas causas, haya sido por ilustrado, por clasemediero, por humanista y demás, y no es que esas acusaciones no fueran ciertas, porque el socialismo es ilustrado y es humanista, aunque a veces adopta un carácter proletarista, y parte de él es de clase media, pero eso no es malo en sí mismo, igual que no lo es la ilustración, aunque se la deba corregir, y además acusar es un mal modo de criticar. Los socialistas no tenemos la responsabilidad de solucionar los males humanos, lo que tenemos es ese anhelo, cuya concreción depende de la humanidad en su conjunto y, con más énfasis, de sus organismos dirigentes, pero la práctica humana también es responsabilidad de cada quien.

Cuando dije que los socialistas tenemos que perseguir objetivos asibles no quise decir que haya que abandonar al maximalismo, sino que, para concretarlo, es preciso hacerlo gradualmente, dadas las circunstancias retrógradas de las naciones, pero esa gradualidad puede ser más o menos brusca, según lo permita la coyuntura histórica. El debate entre reforma y revolución es insensato, porque el reformismo progresista es revolucionario, aunque leve, o de mediana intensidad, y tiene sus regresionismo también, al ser confuso y contrariado por las fuerzas idealistas, y porque la revolución es un reformismo más profundo, pero optar por uno o por otro no debe depender sólo del voluntarismo de los luchadores, sino también del análisis de la coyuntura, aparte de que es preciso acertar los objetivos al presente para alivianarle la vida a los luchadores, al proletariado y al resto de la gente, lo que facilitaría la profundización de la transformación social en el futuro, que debe ser crítica para consigo misma porque cometerá errores indefectiblemente. El proceso revolucionario tiene que ser hecho de la mejor manera posible, porque sus errores le quitan apoyo de masas, lo que lo hace demorarse, detenerse o retroceder, lo mismo que le sucede a la reacción, cuyas fallas la hacen decaer. La diferencia estriba en que la reacción es más propensa a fallar porque es idealista, pero es dominante porque la humanidad es necia para admitir sus maldades. Después de haber superado el estado primitivo, iniciado hace aproximadamente 40 mil años, la humanidad, a partir de comenzar su civilización, hace alrededor de 8 mil 500, se halla en una época en que la práctica social se define en gran medida mediante las ideas religiosas institucionalizadas, y las demás que también derivan de la creencia, lo que pauta su irracionalidad general, pero el deseo de justicia es natural, por lo que se lucha, y se logró lo que se logró y falta lo que falta. La civilización, no obstante, es incompleta, porque persisten culturas campesinas, sedentarias y nómades, aparte de que no debiera tomársela como obligatoria y de que podría ser superada mediante un urbanismo ecológico.

lunes, 22 de agosto de 2016

Fin de tesina

Después de haberla aprobado a fin de 2007, y tras haberle hecho un montón de correcciones en este blogspot, declaro haber terminado mi tesina de licenciatura, aunque debe tener otro pilón de fallas de las que no me dí cuenta. Agradecimientos a quienes me ayudaron.

viernes, 19 de agosto de 2016

Qué hacer con el institucionalismo

Me parece que fue en 2014, sino el 28 de noviembre pasado, que fui a la Marcha de las Putas con una pancarta que hice casera, bastante bonita, levantando una consigna contra la prostitución porque la prostitución es la defensa de las instituciones. A las putas griegas se le dijo así porque fueron sometidas para servir al estado, y en particular a algunos de los hombres. Luego, el término adquirió una polisemia que dificulta dilucidar la cuestión, porque no se sabe bien lo que quiere decir. Las instituciones son las edificaciones sociales que los humanos construimos desde que algunos de nosotros nos volvimos sedentarios. Incluso hay una relación etimológica entre “estado” e “instituto”, que quizás venga del hecho de que para erigir las edificaciones estatales, igual que los institutos, es preciso martillar, lo que suena a té, porque el martilleo hace “tac”. En eso capaz que me equivoco, pero es cierto que la humanidad, al asentarse en los lugares, construyó edificaciones, y para eso clavó palos afilados, en la tierra, en madera, en rendijas de piedras y en cuero, y luego clavos de metal. La estatización y la institucionalización requisieron del martilleo. Las viviendas particulares, si bien no son instituciones, sí son estatales, porque hacen al asentamiento humano que es el estado, y su propiedad es tutelada por el gobierno: hay títulos de la propiedad inmobiliaria a cuyos originales los tienen los dueños particulares y las entidades gubernamentales respectivas.

Las instituciones no son malas en sí mismas, en mucho nos ayudan a vivir, hacen a nuestra calidad de vida, pero tienen muchas maldades, por lo que hay un imaginario que las reprueba, pero en ellas nos educamos y nos curamos la salud, o las usamos para gobernarnos y protegernos de la delincuencia o de los ejércitos extranjeros, y demás, y eso no quita que, por su corrupción, muchas veces se nos vuelven en contra, pero eso no es por su carácter arquitectónico, sino por la maldad humana. El problema mayor de las instituciones no son ellas en sí mismas, aunque cierta reforma arquitectónica tendría que hacerse, porque la arquitectura porta intereses, buenos y malos, que se plasmaron en la forma de las construcciones, sino más que eso el carácter de la humanidad. Ese es el tema principal, y la forma arquitectónica es uno secundario, que también es importante, igual que lo es el uso que se le da a las edificaciones, y que es transformable, pero ahora me arrepiento de haber sostenido aquella consigna, porque, por un lado, sí hay que aclarar el significado de la prostitución, para analizar qué política adoptar para con ella, que debe ser la de la aceptación libre del comercio sexual bien hecho y la búsqueda de su superación, con la proscripción de la trata y del abuso y el cese de la estigmatización, para ese ámbito y para los otros calificados de prostitutos, y por otro no es cuestión de renegar del institucionalismo, sino de corregirle los males. Es una prostitución buena, que es revolucionaria, un apoyo a la existencia de las instituciones en tanto que su hechura y la práctica humana desempeñada en ellas sea grata para el conjunto social.

Amor eterno

En 1321 se murió Dante Alighieri y fue a parar al infierno de los que no se dieron latigazos en la espalda, se la encontró a Beatriz y ella le dijo en tono picarezco “nos bochó san Pedro, cariño”.

jueves, 18 de agosto de 2016

Deseo y fetichismo sexuales, y arquetipos

La incapacidad humana para reconocer bien al deseo sexual y darle cauce, lo que no necesariamente habría de ser mediante la práctica sexual, ya que hay sus sublimaciones gratas, apareja una serie de aberraciones sociales ligadas al fetichismo sexual, que es la comprensión mala de la sexualidad, cercana a la mitología porque el fetichismo es de raigambre religiosa, lo que concluye en la calidad fiera de algunas de las estigmatizaciones sexuales, como la de “virgen” para las que no tuvieron relaciones sexuales presenciales, o “cornudo” para quienes sufrieron infidelidades ˗y noten que el concepto que se utiliza para designar al engaño sexual es la “infidencia”, la falta a la fe˗, y otras tantas que pueden no ser pietistas. Existe “puta” para las mujeres promiscuas, o su versión masculina para los hombres homosexuales, “marica” para los afeminados, “tragasables” para los que besan vergas, “torta” para las mujeres homosexuales masculinas, “motherfucker” para los que cojen madres, “pata de lana” para los amantes de mujeres en pareja, y así, pudiéndose darle a esos términos otras acepciones según el caso, lo que redunda en todo un repertorio lexical agresivo, con el que las personas reprimen la sexualidad. Así, en tanto que cada quien tiene un deseo sexual más o menos permanente y que apunta a muchas personas mientras que varía, cada quien tiene que lidiar en secreto con él, a la vez que en las relaciones sociales se trata al tema mediante su mala comprensión, y con palabras hirientes, que dificultan socializarlo y concretarlo, lo que apareja una frustración amorosa recurrente para cada cual de las personas. La coerción ocasionada por la represión favorece a la monogamia heterosexual, porque esa es la concepción sexual socialmente aceptada en general en Occidente, y en Oriente y los demás lugares terráqueos pasa algo parecido pero con otras formas, ya que las religiones y demás concepciones dominantes les pautan la sexualidad de distinta manera, pero sin comprenderla bien tampoco. No obstante, no es cuestión de atacar a la monogamia heterosexual, porque es un modo de relacionamiento, sino de ordenar bien a la sexualidad humana, lo que depende del orden social en general.

Asimismo, a las mujeres acicaladas se les dice “coquetas”, que es como decirles “cornudetas”, porque “cocu”, en francés, quiere decir “cornudo”. En castellano está la canción esa de “duérmete niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá”, en la que el coco es el diablo, un monstruo con cuernos, pero las coquetas no son cornudas en realidad, porque las mujeres son de cráneo superior ovoidal, sino que se las estigmatiza porque no obedecen al modelo pietista para las relaciones sexuales: son mujeres excitadas que incitan a relaciones sexuales por placer amoroso.

En el fetichismo sexual operan los arquetipos, esas figuras arcaizantes provenientes de la mitología, que fueron exaltadas por el fascista Mircea Eliade y cuya esencia está en los tipos ideales weberianos. El populista Horacio González también los reivindicó, porque hay una tradición pietopobrista que los rescata y que está presente en el peronismo, pero el socialismo también lo reprodujo, en particular al haber adoptado un carácter diablista. El chicanerismo prostibulario es bastante dado a él, igual que la cultura gay del mundo del espectáculo. Cuando el peronismo reivindica a la sabiduría popular presente en los refranes, que son arquetípicos, también debiera reconocer que, a la vez que ella existe, también existe la ignorancia popular, que hace no sólo al teismo sino también al apoyo popular a las políticas de derecha, sea en sus versiones de extremas a moderadas, lo mismo que hay falencias y aciertos en la clase alta mundial. Ahora bien, admitir que el pueblo tiene sus maldades y que la elite sus positividades no quita que suceda lo inverso, ni la necesidad de la igualación social.


Lecturas

Mircea Eliade, El mito del eterno retorno. Arquetipos y repetición, Madrid, Alianza, 1982; Tratado de historia de las religiones. Morfología y dialéctica de lo sagrado, Madrid, Ediciones Cristiandad, 2000.

miércoles, 17 de agosto de 2016

El capitalismo como excrecencia del idealismo pietista

Atención que esto debe ser precisable.

En tanto que el capitalismo se basa en la acumulación de valor abstracto, el capital medido en términos monetarios, es correlativo a la lógica purista del pietismo, pero proclive al capital en vez que al espíritu. Los capitalistas, entonces, están castrados igual que los sacerdotes de permitirse gozar de la vida razonable y libremente, pero en vez que someterse a prácticas religiosas lo hacen a una compulsión de productivismo económico, con su correlato político, jurídico, cultural y demás.

La libertad sexual, la ley y el consenso

En tanto que la humanidad pauta en la ley el modo permitido y el prohibido para la relación sexual, y la ley tiene carácter coercitivo, la liberación sexual requiere de una reforma legal, pero a su vez ésta precisa de un cambio en la manera de entender a la sexualidad y al mundo en general, que debiera ser correlativo a un nuevo orden social, porque las prácticas humanas se relacionan entre sí.

sábado, 13 de agosto de 2016

De la intencionalidad y la terminación de las prácticas

La intencionalidad también es histórica, o sea, factual: es lo que es según es de hecho. Entonces, las prácticas tienen las intenciones que tienen, y sus características son las que son, sin que aquéllas necesariamente estén bien definidas, ni sean permanentes, ni claras. Pueden ser confusas, intermitentes y difusas, u otras variantes.

Asimismo, las prácticas están terminadas cuando lo están, o sea, cuando quienes las comprenden deciden que lo están, pero eso no quita que se las puede retomar: es la continuación de una práctica acabada, así como se puede proseguir una obra concluida, como cuando le hacen un sucucho en el techo a las casas. Estaba la casa terminada pero se la reedificó. Lo mismo sucede con la interpretación de las obras, aunque las interpretaciones son prácticas separadas de la obra original, y son originales porque dan lugar a las prácticas que se les suceden.


Fuente

Programa de la cátedra del Seminario de Diseño Gráfico y Publicidad de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA titulado por Felisa Santos.

La imprudencia, la explotación creyente y el automovilismo

La creencia en que las cosas van a salir bien apareja la acometida de prácticas imprudentes, que en casos graves conllevan a diversas formas de la explotación. El automovilismo da cuenta claramente de que la explotación no es exclusiva de los asalariados, ya que hay muchos lesionados por ese modo de transporte que no lo son: es que la explotación es un rasgo general del modo de producción creyente, porque se autoriza a la práctica activa sin el conocimiento suficiente para ejecutarla, lo que accidenta; pero lo mismo sucede en el cientificismo fallido.

Hubo una exploración estética morbosa sobre el problema de la lesividad automovilística, relacionada a la excitación sexual, en la película Crash. Extraños placeres, de David Cronenberg, pero que no saca conclusiones explícitas sobre el tema, y no me queda claro qué quiso decir su director.

miércoles, 10 de agosto de 2016

La sociopatía humana y su correctivo: el análisis social y la política revolucionaria

La sociopatía humana es la enfermedad social de nuestra especie, el malestar social humano, y es causada por aquellos factores que le hacen mal a la humanidad debidos a nuestra mala práctica. El relativismo impide resolver el problema, porque al plantear que el mal y el bien son valores dependientes del arbitrio, en vez que del goce, traban el debate social necesario para ordenar a la práctica humana de modo tal que sea satisfactoria. Por eso es que el relativismo es despreciable, porque causa pesares al obturar la toma de conciencia que se precisa para corregirnos, con el argumento falso de que las cosas dependen de cómo se las mire. Lo mismo le sucede al pietismo cuando supone que el mal y el bien dependen de los preceptos que los creyentes le atribuyen a los dioses, porque en base a eso justifican la acometida de prácticas desagradables, e igual le pasa al idealismo socialista cuando intenta violentar a las personas en pro de la humanidad.

El bien y el mal, entendidos correctamente, dependen de lo que le causen a la humanidad, de si la hacen sentir mal o bien, lo que a su vez está en relación con lo que se le haga al resto de la naturaleza y a nuestro entorno inerte, porque nuestros sentimientos responden al ambiente, además de a nuestra subjetividad. Las prácticas que le hacen bien a una parte de la humanidad y mal a otra son algo buenas y algo malas, por lo que también merecen corregirse, ya que a algunos les hacen daño.

En tanto que la práctica social humana es ejercida por cada uno de nosotros, el comportamiento de cada quien es responsable de la salubridad o la enfermedad de la sociedad, por lo que la resolución de los problemas históricos humanos es cuestión de toda la humanidad: no se la puede adjudicar sólo a un sector, sea el gobierno, la clase dominante, el estado, las organizaciones sociales, las entidades supranacionales, las iglesias y así. El problema principal es que la humanidad está falseada por las prácticas activas malas, derivadas de la mala comprensión, que en parte prosigue a la creencia y en parte a las ideologías científicas fallidas, por lo que es la humanidad la que deberá reformarse a sí misma, respecto de las cosas que hace mal, pero para eso tendría que admitir que está equivocada en lo que lo está, lo que se dificulta por nuestro orgullo, pero es la única manera. Para eso, habrá que repensar nuestras concepciones y acertarlas según la indagación objetiva de nuestras ideas, sean los objetos a investigar el mundo exterior o la subjetividad. De otro modo no se puede evitar la guerra, la explotación, la opresión, la división social del trabajo, la religión, la agresividad, la inmoralidad y demás. El idealismo, sea pietista o desarrollista, y el capitalismo, en tanto que son creaciones humanas, deben ser terminados por la humanidad, y para eso es preciso que los humanos que los recrean sean concientes de los males que están haciendo, no resultaría imponerles la reforma moral violentamente, aunque la lucha para conseguirlo podría tener una violencia moderada, cuyo modo debiera ser el de la confrontación responsable y el de su veración mediante el debate social de los temas conflictivos. El socialismo acabado, para ser, no podría resistir al sabotaje idealista, porque éste interrumpiría su armonía, por lo que cada quien debe ser bien educado: con gente mala no funcionaría del todo bien, aunque se lo deba hacer progresivamente. Las posturas maximalistas omiten reconocer que el planteo de la transformación social del capitalismo al socialismo, y del socialismo al comunismo, es gradual en sí mismo, porque postula el paso intermedio del socialismo entre el capitalismo y el comunismo, no va del capitalismo al comunismo directamente, pero además habría que aceptar que los desarrollos internos a cada etapa también son necesarios, y se los debe acompañar críticamente de acuerdo a la correlación de las fuerzas en pugna, ya que somos todos los humanos los que hacemos nuestra historia.

El socioanálisis es el análisis social, así como el psicoanálisis es el análisis psíquico, pero sus nombres no garantizan su éxito, que se debe a su comprensividad y a su implementación. El psicoanálisis, en realidad, es una ramificación interna a la psicología, inventada por Freud y continuada por Jacques Lacan, en tanto que el socioanálisis es una palabra que se me ocurrió, que no tiene un desarrollo científico y que sería mejor omitir en favor de la de “sociología”. Las desinencias “análisis” y “logía” son sinónimos.

Esta acepción de sociopatía es diferente de la psiquiátrica, porque no es de índole individual sino social, y no pretende neutralizar a los males sino comprender sus causas para encontrar su solución de fondo, aunque mientras tanto hay que atender a los problemas efectivamente y sin el conocimiento ni las circunstancias suficientes. En la psiquiatría, según sean los casos, a los pacientes a veces se los cura y otras veces se los encierra, porque no se los puede curar o porque nadie se hace cargo de ellos, pero su planteo me parece poco comprensivo, más de índole punitivista y acusatorio que reformista, aunque hay distintas escuelas psiquiátricas, con diferentes métodos, a los que no conozco, así como los hay en las ciencias sociales, que también oscilan entre la sanción correctiva y la transformación social. Una parte de lo poco que conozco de psiquiatría son unas pocas definiciones que leí en Wikipedia, aunque también algo de la obra de Foucault, pero no El nacimiento de la clínica, al que no leí. Apenas hice dos materias introductorias a la psicología en la universidad, y otro tanto sé de oidas, lo que es insuficiente.

martes, 9 de agosto de 2016

Autocorrectivo

Virtud no viene de verar, de ser verdadero. La raíz etimológica de la virtud es la palabra latina “vir”, que quiere decir “varón”, por lo que habría que darle al término una nueva acepción, ya que está mal confundir a la veracidad con la virilidad, o mejor dicho con la “varonía”. Aunque fueren dos acepciones para un mismo término con raíces etimológicas distintas no sería incorrecto que confluyeran en él porque ambas se le corresponderían morfológicamente.

Y también sería cuestionable asociar automáticamente a la verdad con la bondad, aunque son cercanas.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Una flor y dos capullos


Carlos Piccardo, pintor fracasado, y la madre de vientre de Benito Quinquela Martín

A la memoria de la abuela Beba,
que hizo la investigación incierta

De acuerdo con María Teresa Guichandut de Norzagaray, la abuela Beba, fallecida el 17 de noviembre del año pasado, puede que la madre genitiva de Benito Quinquela Martín haya sido una mujer llamada Pancha Ratto, quien fuera su tía abuela y la hermana de Juana Ratto, esposa de Juan León Piccardo, quien fundó la empresa tabacalera Piccardo y Cía. con Juan Oneto en 1898. Tenían un cuarto chico y una máquina manual de armar cigarrillos. Luego, en 1904, Juan León Piccardo ya era un empresario próspero: inauguró la fábrica de la calle Defensa. Con el tiempo se volvería millonario. Pancha Ratto fue una mujer de clase alta y madre soltera, lo que en ese entonces y en ese estrato social era muy mal considerado, como lo sigue siendo hoy en día, y transclasistamente, aunque no siempre, y en 1890 habría dejado a su hijo en adopción a la Casa Cuna, entonces Casa de Expósitos, en Montes de Oca al 40, Barracas, donde actualmente está el Hospital de Niños “Dr. Pedro de Elizalde”. Según la abuela Beba, Pancha Ratto amadrinó a Benito Quinquela Martín, lo ubicó en la familia de carboneros de La Boca que le dio el apellido, proveniente de Chinchella, y lo asistió en su crianza y estudios, ya que era trabajadora en esa casa de Las Hermanas de la Caridad. No obstante, yo no sé si es verdad que ella haya parido a Quinquela Martín.

Una de los hijos de Juan León y Juana Ratto fue la que le decían la abuela Tita, así le decía mi padre porque mi madre la llamaba de ese modo porque ella era su abuela, y otro fue Carlos Piccardo. Carlos Piccardo fue un pintor fracasado. Me parece que fue homosexual, por algo que recuerdo me dijo la abuela Beba, y no se conoció su obra, aunque Demetrio Szachraj, difunto militante del anarquismo, la miró casi toda su vida, porque una parte estaba colgada en las paredes de la quinta en que vivo, que es la que cuidaba él. Algunas de ellas son éstas. Había otra más, que se perdió, de una cacerola celeste llena de frutas y verduras. Fue un pintor realista. A la cacerola celeste, o a otra de ese juego, la usábamos hasta hace poco para cocinar.



La calidad de las fotografías que tomé es medio mala. Puede que los cuadros sean de cruces ferroviarios cercanos a Parque Leloir, en el partido bonaerense de Ituzaingó, donde estuvieron colgados. A esta quinta mis familiares legales la compraron para estrenar cerca de 1945, o sea que tal vez Carlos Piccardo haya vivido acá. Tengo otro cuadro suyo en que retrató a un recipiente de cerámica que todavía está acá en un mueble. Estas son sus fotografías.







Lo que sí es verdad, es que Quinquela Martín y Carlos Piccardo se conocieron. Quinquela Martín lo rescató del olvido, porque le regaló un cuadro al que le dedicó tratándolo de igual. Es este, que estuvo en la casa de la abuela Beba desde que tengo memoria hasta que muriera:


Abajo y a la izquierda tiene la dedicatoria, que dice: “A mi buen amigo y colega, Carlos Piccardo. Con afecto. Quinquela Martín”. Otras obras suyas fueron estas:





Anexo

A tiempo después de publicar esta entrada, hoy, 12 de diciembre de 2016, recibí un correo electrónico de Roberto Daniel Rodríguez Chentola, un ingeniero a quien no conozco interesado en la pintura artística, que me informó que Carlos Piccardo vivió entre 1879 y 1961, que tuvo un segundo nombre, Blas, y que expuso en el Salón Nacional de Artes Plásticas argentino en 1917, 1941, 1942, 1943 y 1944, y en el Salón de Arte de Mar del Plata en 1944, así que es cuestionable que fuera fracasado.

domingo, 31 de julio de 2016

Otra crítica al poscolonialismo, y a la izquierda en general

Cuando Frantz Fanon dijo en Los condenados de la tierra que el colonizado quería ocupar el lugar del colonizador y acostarse con su mujer dijo una verdad: es algo que sucedió; pero lo que ignoró entonces es que la vida de los colonizadores era grata en falso, cosa que redunda en la idealización de los placeres de la clase dominante que hacen a veces los revolucionarios, que desorienta a la lucha. Reprimidamente, también habrá habido el deseo, por parte de los colonizadores, y de las colonizadoras, de acostarse con sus subordinados y subordinadas, pero no pudieron expresarlo abiertamente por la censura de la moral falsa.

¿Marx fue un pequeño comerciante?

Tal vez recuerde mal, pero me parece que Marx, en una época de su vida, vivió de escribir notas para los diarios estadounidenses, pero sin ser empleado regular en ellos, por lo que les debe haber vendido sus notas de a una, lo que no es de un modelo de contratación salarial sino comercial. Tendría que averiguarlo. Habría sido un artesano vendedor de su producto periodístico.

jueves, 28 de julio de 2016

Progreso terrorífico. Un impacto social y personal del desarrollo malo

Debía ser el año 2004, o por ahí. Después de que Hugo Samek se fuera a vivir a Italia por la crisis del efecto tequila, que se inició en 1995 y persistió hasta 2002, cuando cayó el plan de convertibilidad de pesos a dólares, me uní al grupo de percusión Totambo, al que me invitó Marcelo Perera, que había sido compañero mio de la militancia universitaria y trabajaba conmigo en el OSAL. En ese grupo había algunos ex compañeros suyos de la secundaria, en el colegio nacional de Vicente López, y otros pibes que se nucleaban en torno al conjunto de reagge fusionado llamado los Aminowana, por el chiste ese de que a uno lo agarraron los caníbales y les dijo en espanglish que no quería que se lo comieran. Entonces ya me había separado de Marisa Scardino y peleado con Daniel Alvaro, y en 2002, o 2003, empecé a juntarme con los Totambo en el Paseo de la Costa de Vicente López, los miércoles a la tarde, después de trabajar, por lo que los miércoles salía del CLACSO, cuando estaba en Callao y Paraguay, y me iba a lo de mi madre, en Paraná y Santa Fe, a cinco o seis cuadras del consejo, adonde buscaba el tambor para ir a la estación ferroviaria de Retiro a tomar el tren para la costa de Vicente López. Glenn Postolski, el decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, podría atestiguar que me vio pasar caminando por la puerta de la sede de la radio universitaria, que está a mitad de camino entre la que era mi casa y la estación. Otras veces me llevaba el tambor al CLACSO y de ahí íbamos en subte con Marcelo Perera hasta la estación Ministro Carranza, y de ahí a Vicente López, pero eso ya fue después del incidente en cuestión.

Luego de habernos juntado durante un tiempo, un año y pico, algo así, los miércoles y algunos sábados, a tocar percusión en el Paseo de la Costa, surgió la idea de ir a dar un recital un viernes por la noche en un bar del centro porteño llamado Tabaco, para lo cual decidimos hacer un ensayo previo ese mismo viernes. Nos juntamos donde siempre desde hacía tiempo, al norte del paseo, porque al principio lo hicimos pocas veces en el lado sur. El norteño es el de la entrada de la calle Arenales, donde había unos dos o tres bancos de cemento medio rotos que capaz que todavía siguen ahí. Fumamos unos porros como era costumbre y nos pusimos a tocar. Cuando empezamos era por la tarde, había luz de día y algunas personas divirtiéndose, porque el predio es un espacio público, como una plaza irregular de un quilómetro de largo y 300 metros de ancho sobre la costa, que tenía varios bares y restaurantes y una pista de bicicross, donde está el club Vilo, una cancha de bochas, un centro cultural municipal al que el gobierno de Jorge Macri, primo de Mauricio, cerró, en que se se juntaban a tocar batucada los sábados a la mañana, y donde se debe seguir juntando la comparsa de candombe llamada Bantú, en la que, por esas desubicaciones que hacen a nuestra historia actual, una vez el jovencito director de la comparsa mandoneó a un viejo negro que tocaba el repique, quien le tuvo paciencia enamorada. Entonces, cuando ya se hubo hecho de noche y ya no había casi gente más que nosotros, mientras nos preparábamos para ir a tocar a Tabaco, nos fueron a apretar dos policías de civil, uno de los cuales debía estar encocado, por lo duro de carácter que estaba, que respondían a la comisaría local que está en la calle Libertador, ahí cerca del parque. Ya para empezar ese que estaba duro llegó a los gritos con la excusa de buscar droga, a la que algunos de nosotros tenían escondida: tenían marihuana. No me acuerdo bien quienes estábamos, pero estaba Marcelo Perera y debían estar el Tota, que era el director del ensamble, Franco, Juliancito, Rafatella, Canico, Choty y capaz que algunos más. El policía duro nos entró a gritar y sacó un revolver, nos mostró el revolver mientras nos gritaba que sabía que teníamos droga y que la iba a encontrar, y así nos tuvo un rato corto, pero larguísimo para nosotros, por el pánico del terror que conocíamos de la dictadura militar de 1976 y porque estábamos fumados. Entonces, se fue a buscar una linterna a una gaveta municipal como a 200 metros del lugar donde nos reprimieron, lapso durante el cual el otro policía de civil, que estaba en sus cabales, nos tranquilizó. Charlamos un rato con él, le dimos uno o dos porros y cuando volvió el otro de la gaveta se fueron. Quedamos yoqueados, pero fuimos a tocar a Tabaco, adonde nos fueron a ver Mariana Fassi, Tamara Perelmuter y María Chaves, o sea que tocamos para ellas y para el resto del público apenas después de una represión policial ilegal, y no lo hablamos debida y explícitamente, ni entonces ni después. A partir de ese momento dejamos de juntarnos en el Paseo de la Costa y nos recluimos en una sala de ensayo, lo que agudizó nuestra drogadicción y nuestra mala autopercepción.

La represión policial que sufrimos esa noche fue planificada. Años después, durante el acampe El Bosquecito, instalado a 40 metros de donde nos apretó la policía, una mujer me contó que ella iba a trotar al predio y la misma policía le dijo que dejara de ir porque los ladrones le iban a robar. La comisaría asumió el plan de echar a los vecinos del parque para favorecer la privatización de la zona. El parque se inauguró en 2000, y el 24 de diciembre de 2004, en una sesión fraudulenta, el consejo deliberante del distrito, durante el gobierno de Enrique “Japonés” García, de la Unión Cívica Radical, aliado al kirchnerismo, de los llamados “radicales k”, aprobó la reforma del código de ordenamiento urbano que permitió el avance de la privatización. El megaemprendimiento mediante el que se contruyó una autopista relegada y varios superedificios, entre ellos el que tiene a las oficinas nuevas del periódico La Nación, era parte de la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana, la IIIRSA, concebida en el seno del MERCOSUR, mediante la que se aplicó el modelo de acumulación por despojo de la fase capitalista actual, de inversiones capitalistas con activos legales e ilegales en obras grandes de infraestructura, como las represas hidroeléctricas y el puerto de descarga de gas de Escobar. Por eso es que la comisaría local, la quinta de Vicente López, fue corrompida, con un acuerdo cupular, para el desarrollo del proyecto, entre la intendencia, el gobierno de la provincia de Buenos Aires y el gobierno nacional, entonces presidido por Néstor Kirchner, en lo que tuvo participación Julio de Vido, ex ministro de Planificación e Infraestructura. De allí que después, cuando se instalara el acampe, Cristina Fernández nos trató a los manifestantes de “energúmenos” y de “gatos locos”, aparte de que nos metieron infiltrados, nos mandaron presos para atemorizarnos, les prohibieron a las organizaciones de base peronistas que se solidarizaran con nosotros y nos desalojaron varias veces, la última el 16 de marzo de 2011, con la policía provincial, que respondía en ese entonces a Daniel Scioli, quien después perdiera las elecciones presidenciales con Mauricio Macri desde la lista del Frente para la Victoria. Yo llegué hasta a llamar a votar al hombre que nos mandó a desalojar con la policía, después de toda esa operatoria socialmente lesiva y fraudulenta, y no me arrepiento, porque mi postura ante las elecciones es la del voto crítico, con corte de boleta optativo para la izquierda extrakirchnerista, y porque el proyecto macrista es peor aún de lo que era el sciolista, y por eso no tolero que los populistas me vengan con estupideces. Durante tiempo intenté que los Totambo volviéramos a tocar al parque, sin éxito, y años después Juliancito me contó que el policía que nos mostró el chumbo lo conocía, porque él vivía en unos edificios al lado del paseo: capaz que ese policía ejercía funciones regulares en la comisaría, mientras que el otro, el que hacía de bueno, era el metido para el plan privatizador. Por eso es que no quiso ir más ahí. Quedamos aterrorizados, y después los kirchneristas y los macristas siguieron con el proyecto, aunque tuvieron que reformularlo adaptándose al reclamo social. Una de las noches en el acampe vino Nacho “Papucho”, que después se puso una huerta orgánica en el barrio El Ceibo, a invitarme de parte suya a un recital de los Dikumdá, en el bar El Bordó que estaba ahí nomás, donde él tocó con Marcelo Perera y al que fue María Inés Gómez, que trabajaba conmigo en el CLACSO, con su novio, el gordo, que charló con Carlos Suárez en el casamiento de Alejandro Gambina. El proyecto original de privatización de la costa se enmarcaba en un corredor industrial que pretendían hacer las autoridades del MERCOSUR, para el que planeaban construir una megautopista que atravesara la costa porteña desde el puerto de Buenos Aires hasta la localidad de Tigre, para que los camiones distribuidores de los contenedores desembarcados de los barcos transoceánicos llegaran hasta ahí antes de tomar la ruta Panamericana, uno de los ejes del transporte terrestre del MERCOSUR, y lo mismo para exportar desde el puerto. Tuvieron que abortar esa idea, no sólo por la resistencia en Vicente López, de la que participaron varias organizaciones, entre ellas Unidos por el Río, sino por otras más, de los afectados a los que les hubieran expropiado los terrenos, entre ellos el ejército argentino, pero algunos tramos de esa superautopista fueron construidos, como el que llega desde el centro a la costanera norte de la ciudad, donde está el club de pescadores, y la historia prosigue.

Me fui de los Totambo harto de que me putearan por homosexual y por la brutalidad de los rockeros, y para dejar las drogas, en 2007, o por ahí, y en 2008 más o menos entré en el acampe, y de ahí fui a la asamblea vecinal. Llegamos a ir a una audiencia pública donde presentamos un montón de argumentos, junto a la asamblea de Berazategui, para que no hicieran una subestación eléctrica que proveyera a los nuevos edificios del emprendimiento. El acta de esa audiencia debe estar en la página del Ente Nacional Regulador de la Electricidad, pero como la audiencia no es vinculante las autoridades no nos contestaron nada y aprobaron la ejecución de la obra, a la que se interrumpió hasta ahora por otros motivos que no sé cuáles son, porque dejé la asamblea al mudarme en 2013, después de renunciar al CLACSO por el acoso político que recibí ahí, también de parte del kirchnerismo, para poder alquilar mi departamento. Otro lugar en el que tocamos con los Totambo fue en Blues Special, donde antes era El Samovar de Rasputín, noche en la que el resto del grupo ya me odiaba porque yo no quería someterme a sus decisiones arbitrarias. El sábado previo al 24 de marzo de este año invité a Felisa Santos a un festival en Florida este de esos por la memoria y contra el golpe militar de 1976 organizado entre otras por Unidos por el Río, donde le presenté a mi viejo, a su pareja, Liliana Tirante, a mi hermana Helena, a mi novia Alicia y si recuerdo bien a Carlos Gurvich, líder de la asamblea, aparte de que ahí me encontré con Franco y con Miguel, unos mellizos ex compañeros de Totambo.

En la privatización de la costa vicentelopense, que continúa, participó el grupo IRSA, presidido por Eduardo Elsztain, constructor de shoppings, y algunas empresas contratistas del estado, como una de Ángelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri, creo que es ODS S.A., y Jorge Cartellone S.R.L., a la que le dedicamos una conga en una marcha desde la intendencia a la quinta presidencial de Olivos. La Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina, conducida por Gerardo Martínez, presunto partícipe del grupo de tareas del Batallón 601 en la última dictadura militar, proveyó la mano de obra, y también nos mandaron a unos barrabravas de un club de fútbol a que nos pegaran cuando repartimos volantes de repudio a un recital que dieron los Pimpinella para inaugurar el vial costero, mientras que los militantes de La Cámpora nos miraban sin intervenir. Así que el populismo tendrá que hacer una autocrítica justa para consigo mismo. Son esas empresas algunas de las que habrán pagado las coimas de la obra pública por las que ahora se juzga al gobierno anterior, pero la corrupción empresarial con la obra pública estatal viene al menos desde aquella dictadura.


Anexo

Cuando dije que a las organizaciones peronistas de base les prohibieron solidarizarse con nosotros cometí una imprudencia, porque en realidad no sé bien qué pasó con ellas, pero sí sé que desde Unidos por el Río organizamos una mesa multisectorial para tratar el tema de cómo oponernos a la privatización, a cuya primera reunión en la iglesia Tomás Moro de la localidad fueron algunas de ellas, pero después no fueron más, ni tampoco nos dieron una explicación de porqué. Ahí estuvo el concejal por el Partido Socialista Miguel Quintabani, quien fue varias veces a la asamblea.

martes, 26 de julio de 2016

Crítica a la compresión figurativa de la comunicación competente, y más

La semiosis social falseó la compresión de la comunicación cuando postuló que no hay que prestar atención a los humanos que se comunican sino a las figuras de emisor y receptor que subyacen en los discursos. Así, plantearon que ante un discurso hay que buscar qué imagen de cada cual hay construida en él, procedimiento que proviene de la retórica, porque la retórica, al proponer pragmáticamente que el discurso tiene que servir para que su emisor alcance sus objetivos, sin importar la moral en eso, aparejó la creación de autores falsos, o sea, que cuando los retóricos hablaban se hacían pasar por quienes no eran, simularon ser buenos, o escondieron sus malas intenciones, para lo que construyeron imágenes de autor que no se correspondían bien con los autores concretos. Esto se puede ver en las propagandas de los medios de comunicación, en que las empresas se presentan a sí mismas como entidades bien intencionadas que actúan por el bien de la humanidad, sin explicitar el lugar de las ganancias capitalistas en el tema, lo mismo que sucede con el discurso político y sus intereses ocultos, aunque a veces eso no es así y los emisores son menos deshonestos, y hasta sinceros. En esta teoría de la comunicación entre figuras enunciativas, también se promueve la creación de imágenes de destinatarios, de tipos ideales humanos a los que apunta el discurso, construidos a partir de las características de los humanos concretos. Entonces, se da una mentira, porque el esquema comunicativo plantea que hay un emisor, una imagen de él, un mensaje, una imagen del destinatario y un receptor, siendo que luego al primero y al último, que son los humanos concretos, se los ignora, centrándose el análisis en figuras imaginarias, lo que obstaculiza juzgar moralmente al discurso: es una teoría para comunicadores mercenarios, como lo son los publicistas, que tienen que hacer la ética a un lado para favorecer a sus empleadores mediante trampas comunicativas, aunque esto no agota al tema porque hay pujas por la moral en el ámbito publicitario, y propagandas más o menos buenas, aunque eso es insuficiente. En la historia de la retórica hay muchos que perdieron en la competencia porque tuvieron reparos morales, con los cuales no se la puede ganar, e hicieron bien en perder. El problema de la competencia es que hace ganar mal, porque no pueden ganar todos a la vez, cosa que no pasa en el colaborativismo, aunque tampoco está exento de dificultades.

Las figuras de la enunciación existen, por lo que hay que reconocerlas, pero también es preciso lograr que éstas coincidan bien con los comunicadores concretos y con sus prácticas extracomunicativas.

Otra cuestión es que la crítica a los retóricos tiene que ser justa con ellos, para no ser acusatoria y porque para resolver el problema es preciso comprender porqué los engañadores hacen mal y crear una conciencia social al respecto que sirva para que se comporten bien, cosa que a su vez está relacionada con la práctica social en general y con sus problemas, además de con la legislación, pero no bastaría con establecer leyes que indujeran a una comunicación honesta porque el poder policíaco estatal no puede controlar a toda la práctica comunicativa, por lo que se lo debiera socializar mediante el autogobierno social, lo mismo que vale para el ordenamiento de la práctica social en general: así la sociedad se corregiría a sí misma, directamente y sin las trampas que se le hacen al sistema legal vigente, que a su vez efectúa otras. El autogobierno social implicaría la disolución de la división social de las tareas, así como es necesaria una policía social buena, como la policía comunitaria de los asambleístas de Oaxaca, pero más socializada y a la que se pudiera corregir mediante los reclamos.

De la reivindicación del nativismo hecha por los estudios subalternos

Los estudios subalternos dieron cuenta de la dominación imperialista sobre las colonias, con la subordinación que le siguió después de las independencias políticas latinoamericanas, asiáticas y africanas, aparte de la oceanica, y eso no debe agotar el tema, al que no conozco acabadamente. Aquel señalamiento está bien, pero no siempre, porque a veces los seguidores del paradigma poscolonial recaen en una celebración acrítica de las naciones originarias que dificulta ordenar la práctica de sus descendientes, se hayan remestizado o no con los de otros colores de piel, porque al no señalárseles sus errores persiste la lógica que conduce a ellos. Cito un ejemplo, a sabiendas de que el tema es mucho más amplio. Los guaraníes tenían la creencia de que en algún lado estaba lo que llamaron “Ivi Maraei”, “tierra sin mal” en español, por lo que migraron en su búsqueda, lo que fue un esfuerzo vano porque no existe un lugar terrestre en que no haya mal y porque de lo que se trata es de que la humanidad aprenda a vivir bien para reducirlo y saber enfrentarlo, error que les costó mucho esfuerzo, y hasta accidentes en que reventaron, durante muchos años, que podrían haber dedicado a actividades gratas, o a migrar bien y por razones verdaderas. Ahora, hacer una crítica del nativismo requiere asimismo reconocerle sus aciertos, que los hay y muchos.

La crítica al nativismo tiene que servir aparte para prevenir los errores de sus seguidores, que a veces son descendientes de colonizadores.

martes, 19 de julio de 2016

Sobre el desprecio a la autoría hecho por Roland Barthes

El desdén por el sujeto de la enunciación fue formalizado por Roland Barthes en su artículo “La muerte del autor”, publicado en la revista Manteia en 1968. Esa cuestión es un tema central en el antihumanismo, que es un paradigma que si bien plantea algunas críticas ciertas al discurso moderno sobre el ser humano, que lo entendió como un sujeto conciente y soberano de sí mismo, falló en su caracterización, porque los seres humanos seguimos siendo seres humanos, y no vamos a dejar de serlo por más que algunos lo deseen, ya que nuestros rasgos dependen de nuestra evolución genética, a la que controlamos poco y en la que no debiéramos entrometernos imprudentemente.

Me cuesta entender porqué Roland Barthes se ensañó tanto contra la autoría. No lo explicitó en su artículo, en el que intentó por un lado escindir a la obra escrita del cuerpo y las intenciones del autor, cosa que no se puede hacer porque somos los autores los que las escribimos, y tenemos intenciones al hacerlo. Él mismo tuvo la intención de hacer creer que los autores y sus intenciones eran irrelevantes para la crítica literaria, en lo que siguió a las ideas solipsistas de Stéphane Mallarmé y de algunas vanguardias, que como postulaban la autonomía del arte, la idea del arte por el arte, en ocasiones cayeron en el aislacionismo, el nihilismo, el decadentismo y el ocultismo. Para Barthes la autoría fue un invento de la modernidad, en la que el empirismo inglés, el racionalismo francés y el culto individual aparejado por la Reforma llevaron al positivismo como ideología capitalista y al individualismo y el personalismo como formas de exaltación de la creatividad humana, pero en realidad la autoría no sólo que es anterior a la modernidad, ya que hubo autores artísticos y científicos en la edad antigua y en el medioevo, sino que además cada quien es autor de sus obras: Barthes asumió una acepción restringida de la autoría, que la confinó a las llamadas grandes obras modernas de la literatura. De fondo hubo en él un rechazo al iluminismo burgués, que celebró el progreso de las artes y la ciencia, pero lo entendió y le respondió mal, confundiendo la crítica al modo de concebir la autoría con el asesinato simbólico del autor, lo que fue una impostura y en versiones posteriores condujo a la autodestructividad posmoderna, con esa idea de que no hay futuro, de que la humanidad debe perecer, o desaparecer como un rostro de arena al borde del mar, lo que dijo Foucault en Las palabras y las cosas, en lo que se equivocó, porque confundió a la humanidad en sí misma con la noción que se tenía de ella, e insinuó la necesidad de su desaparición sin reconocer que de lo que se trata es de entender qué es la realidad para ordenarnos para vivir bien. Yo no sé si Foucault fue moderno o posmoderno, hay un debate al respecto, pero sí sé que algunos posmodernos lo retomaron como tal, tipo Esther Díaz y Josefina Fernández. Por otro lado, Barthes recurrió a ejemplos literarios para su argumentación, a la obra de Mallarmé, a la de Paul Valéry y a la de Marcel Proust, que buscaron estéticamente difuminar la presencia del autor, pero eso era un juego literario, cuyo alcance Barthes pretendió generalizar para toda la discursividad, con la ayuda de la filosofía analítica, la de Bertrand Russell, con esa idea wittgensteiniana de que el lenguaje es performativo, que atraviesa a los sujetos sin que éstos importen, como la expansión en la historia del espíritu absoluto, que no existe más que en nuestra imaginación, es un resabio del teismo: somos los humanos los que creamos y recreamos a las ideas y al lenguaje, relaborando discursos previos y también inventando elementos nuevos. Según Barthes, igual que para Eliseo Verón, como solamente se puede retomar elementos discursivos previos la creación histórica original del lenguaje es incomprensible, no pueden dar cuenta de cómo fue que, si en un momento de la historia terráquea no había discursos, en otro, a partir de la generación de las especies animales, sí los hubo, porque se los inventó, y no lo hicimos sólo los humanos, sino que los otros animales también, porque tienen aparato fonador, mediante el cual se comunican, aunque sea toscamente, y no siempre así, ya que hay expresiones de los animales no humanos que son de una sutileza que está al nivel de la nuestra, como el canto de los zorzales, aunque no tengan la misma complejidad ni la misma inteligencia, y en ocasiones son mejores que nosotros, al menos en lo que hace al cuidado del planeta. La cuestión con la intencionalidad es que existe, aunque no sea plena ni constante, y es parte de la comunicación, por lo que se debe entender qué lugar tiene en ella.

El razonamiento fallido de Barthes culminó en postular que el autor es el dios de la obra, cuando no es más que su creador, como cualquier persona cuando hace algo, que no lo hace de la nada sino que utiliza elementos prexistentes, y en intentar sabotear, en vez que superar mediante la crítica, a la razón, la ciencia y la ley burguesas, lo mismo que se equivocó al pretender reemplazarlo por el lector, el receptor, porque la recepción también es una obra, cuyo autor es quien interpreta al mensaje hecho por el emisor.

La producción discursiva animal se inicio a partir de su generación en la Tierra, hace 650 millones de años, en tanto que la humana lleva unos 40 mil: la discursividad humana se inspiró en la de los otros animales, entre ellos los monos, en quienes evolucionó fisiológica y motrizmente el aparato fonador prehumano a la vez que sus relaciones con la socialidad, la psiquis y el metabolismo. Un problema que veo en las concepciones estructuralistas es la negación de la materialidad, con el poco reconocimiento que hacen al cuerpo humano, y menos a su carácter animal, lo que pienso que proviene del idealismo, con toda esa cosa purista de los sacerdotes.

Un último tema es el de la autoría colectiva. El hecho de que haya obras colectivas no implica que ellas carezcan de autor, sino que sus autores son los miembros del grupo que las hicieron y, más aún, habría que concluir que muchas de las obras son colectivas, porque requieren de la participación de muchas personas, aunque hay partes de su elaboración que son individuales, y su hechura no es del todo conciente ni del todo bien planeada, pero eso no debe ser festejado siempre, porque en ocasiones está mal que sea así, y le trae padecimientos a la gente y a seres vivos extrahumanos. Así como hay obras individuales hay obras colectivas, y todas son creaciones conjuntas, porque los humanos vivimos relacionados, entre nosotros y con el resto del ambiente.

domingo, 17 de julio de 2016

La filosofía de la práctica pertenece a la del ser

En tanto que la filosofía del ser, también llamada ontología, y mal denominada metafísica, atiende a todo lo que es, la de la práctica es parte de ella, porque la práctica es. Lo malo de la filosofía del ser no es ella en sí misma, sino el caracter absolutista que adopta en las concepciones idealistas, con ese planteo de que la esencia es la abstracción de las características permanentes de los seres, lo que deshistoriza a su comprensión. Las características perdurables son parte de la esencia de los seres, pero no son las únicas, y además varían con el tiempo.

Recuento autobiográfico del automovilismo argentino, con crítica final

Cuando yo era chico, en 1982 más o menos, teníamos un Peugeot 404 marrón que tenía las patentes viejas, de números blancos sobre fondo negro, esas que fueron reemplazadas en 1994 por las otras de tres letras y tres números, también de números blancos sobre fondo negro, pero con un reborde blanco y de una forma rectangular menos estirada que las anteriores, patentes que a su vez en 2015 fueron reemplazadas por otras, que tienen el fondo blanco, las letras negras y una placa celeste arriba que dice el nombre del país en letras blancas y tienen la bandera y el símbolo del Mercosur, aparte de dos letras, tres números y otras dos letras más. Las más viejas tenían una letra, antes del número, que indicaba la provincia en que estaba registrado el automóvil, y fueron inauguradas en 1964, en tanto que las que le sucedieron tenían el escudo nacional y el nombre del país.

Más o menos en 1992 mi familia, en los términos judeocristianísticos de la legislación vigente, tenía un automóvil de marca Volkswagen modelo 1500 rural, cuya patente era C1391285, y un Fiat Spazio de patente B2264163, o sea que para ese entonces en la capital federal había registrados más o menos un millón y medio de automóviles, en tanto que en la provincia de Buenos Aires había como dos millones y medio, y eso venía desde 1964, lo que da que entre 1964 y 1992 en la ciudad y la provincia de Buenos Aires el parque automotor creció hasta cerca de 4 millones de unidades. Ya en 1992 andar en el centro de la ciudad de Buenos Aires era molesto por la contaminación automotriz, pero a partir de la conformación del Mercosur, en 1991, la cosa empeoró muchísimo por la producción industrial de San Pablo, y otras menores como la de Córdoba, cosa que aparejó que entre 1994 y 2015 el parque automotor del país llegase al total de 27 millones de unidades, por lo que el monto que podían medir las tres letras y tres números de la patente nueva llegase a su tope y se tuviera que idear otro sistema, que es el que rige desde el año pasado. Por eso es que lo que antes era un problema serio en el centro porteño se extendiera a las otras ciudades y a las periferias de las grandes. En 1992 la población argentina era de alrededor de 33 millones y medio, en tanto que la provincia y la ciudad de Buenos Aires concentran hoy en día a cerca de un tercio de la población nacional, de 44 millones. Entonces, puedo estimar que a fines del período entre 1964 y 1994 hubo 12 millones de automóviles en el país, en tanto que para 2015 la cantidad era de 27 millones.

El automovilismo se presentó a sí mismo como una solución a la cuestión del transporte, pero en realidad lo solucionó en parte y lo incrementó en otros aspectos, porque las personas, en vez que organizarse para tener que viajar poco, priorizando el peatonismo, la locomoción vehicular de tracción a sangre y el transporte público, programan su desplazamiento dando por supuesto que la distancia no es un problema serio, porque tienen vehículos particulares, lo que redunda es un caos del tránsito que contamina, interrumpe la socialidad porque fragmenta el espacio urbano, se presta a los negociados corruptos para la construcción de la infraestructura vial, apareja coimas policiales, requiere mantenimiento mecánico permanente y sale mucha plata, por lo que hace trabajar varios días por mes a los propietarios automoviliarios, y eso no agota el tema, con todo ese autoritarismo de los conductores y copilotos que tienen que someter a los hijos durante los viajes porque mientras estos se aburren, o quieren jugar, aquellos tienen que manejar bien, lo que demanda mucha concentración a gente ya sobrecargada de por sí, aparte de las peleas por la elección de la sintonía radial y tantas otras cosas, como los accidentes, lo que cuesta estacionar y el tramiterío de los seguros y habilitaciones.

martes, 12 de julio de 2016

Del acto fallido

Con el psicoanálisis freudiano se entendió al acto fallido como aquel en que los humanos expresamos lo que tenemos inconciente transgrediendo la lógica aceptada por la sociedad. Es que la humanidad, por nuestras concepciones, tiene varias lógicas socialmente permitidas, que a su vez reprimen a otras lógicas, a las que como no se las puede hablar se las mantiene inconcientes, desconocidas porque se las debe mantener en secreto bajo amenaza de sanción, lo que varía de acuerdo a los modos de cada grupo social y a su transformación histórica. El llamado acto fallido es una expresión de lo que está reprimido en el discurso efectuado en sociedad. El problema con esta manera de entender la cuestión es que supone que la lógica permitida vendría a ser un acto exitoso, en tanto que su interrupción por la expresión de lo reprimido es un error, un fallo, lo que no es verdad porque la lógica que requiere de la represión de los sentimientos, y demás nociones, es mala, en tanto que la expresión de lo reprimido es necesaria para la justicia, aunque eso no agota el tema porque también habría que hacer una crítica de las expresiones de lo reprimido, ya que no son buenas totalmente, y más que eso la humanidad tendría que aceptar que su lógica sea verdadera, con las consecuencias prácticas que eso tendría.

Asimismo, tampoco es cuestión de prohibir la represión, pero se la debiera acotar al orden justo.

Otra autocrítica

Este blogspot, como los demás, contamina, porque es informático: requiere electricidad e industria computacional, con la extracción de materia prima y la tarea posterior aparejadas por ambas. Un sistema científico para toda la humanidad debiera ser ecológico, pero igual lo mantendré porque el problema requiere de una solución social, no de una individual.

lunes, 11 de julio de 2016

Sobre el imaginario en Castoriadis

No le puedo hacer justicia a Castoriadis porque evaluar el trabajo de un autor es meterse en su vida, en su recuerdo en este caso, lo que se suele hacer insensiblemente porque los críticos no conocemos mucho a aquellos a quienes criticamos, aparte de que tampoco conozco mucho a la obra de Castoriadis. Leí de él los dos tomos de La institución imaginaria de la sociedad en un seminario dirigido por Carlos Savransky y después hice otro seminario, optativo en la carrera que cursé, también de Savransky, en el que leí De Anima, de Aristóteles, la Crítica de la razón pura de Kant y otros escritos más focalizados en el lugar de la imaginación en la filosofía. En eso la obra de Castoriadis es importante, porque ubica al tema al rastrear sus antecedentes, señala el estado de la cuestión, pero en otras cosas flaquea, necesita correcciones, porque es precientífico. Ese esquema que parte en dos a lo imaginario, en el que está el magma de significaciones sociales por un lado y por otro la lógica identitario-conjuntista es antojadizo, es un esquema, al que en su tesitura anarquista el autor le asigna connotaciones positivas a la primera parte, porque es caótica, y negativas a la segunda, porque es ordenada, lo que supone que el caos es bueno y el orden es malo, cosa que no siempre se corresponde con la realidad. Además, al estar así planteado, falta la cuestión de investigar a los actores concretos que hacen al imaginario social y a sus relaciones: le falta la investigación empírica, en particular sobre las iglesias, los medios de comunicación, las organizaciones sociales, los estados y demás. Pero bueno, esto es todo lo que puedo decir del tema, o sea que sé poco.

jueves, 7 de julio de 2016

La lógica del pecado y la de la falta moral

En el pietismo cristiano, no sé del islamismo ni de los otros, como la fornicación y el goce vaginal son mal considerados, la concepción y el nacimiento son puestos en cuestión, no son tomados por actos festejables así nomás, sino que para serlo se tiene que sortear las prescripciones relativas al pecado, y el asunto excede al pietismo porque es una lógica social, porque el pietismo impregna a la cultura en general, aunque tiene oposiciones y dislates. Entonces, en términos cristianos, a los humanos se nos considera nacidos en pecado, no sólo por eso sino también por la doctrina del pecado original, que supone que como somos descendientes de Adán y de Eva cargamos con la culpa de su desobediencia al mandato de dios, por lo que debemos bautizarnos para expiar esa falta, lo que implica que para que no se los considere en deuda a los recién nacidos se los tiene que hacer adscribir a la cristiandad mediante el bautismo, y al hacerlo se los mete en un sistema de reglas que los pondrá en otras faltas indefectiblemente. O sea, que ya nos toman por culpables sólo por haber nacido, y después la empeoran. Por eso el carácter acusatorio y culpabilizante de la cultura cristiana. Pienso que en los otros pietismos debe pasar algo parecido.

La lógica de la falta moral es la misma en la moral pietística, que además es la de la legislación estatal, aunque ésta difiera de aquella en ocasiones, porque la moral religiosa supone que las personas tienen que cumplir con un orden ideal, por lo que a lo sumo pueden llegar a satisfacerlo, si cumplen con todas sus reglas, y si no ya están en falta, mientras que al orden ideal no se lo cuestiona. La humanidad tiene que emanciparse de semejantes mentiras para ser feliz, y quienes las sostienen son cuestionables por injustos. No obstante, hay aspectos de los órdenes pios que sí son sensatos, a los que se debiera mantener.

Lo de que el mito de Adán y Eva es falso ya fue comprobado por la antropología.

De una explotación sufrida por la clase alta

Cuando los niños ingresan en el sistema escolar son sometidos a un esquema idealista, pautado en la legislación estatal, que programa un recorrido educativo durante la niñez y la adolescencia, que continúa en la adultez y que puede durar hasta la muerte de las personas. Este plan rige las actividades de los estudiantes en todas las semanas, porque establece la rutina educativa, que contiene la obligación de asistir a las clases de lunes a viernes, en turnos simples o dobles, y de cumplir con las tareas hogareñas, además de aprobar los exámenes, lo que redunda en que los escolarizados tienen que trabajar para las escuelas más o menos durante todos los días, sin recibir ninguna paga y a veces pagando, aparte de comprar los útiles, uniformes, guardapolvos, manuales y demás: es toda la rutina familiar la que se acopla con la laboral durante el período de actividad productiva, interrumpido por el receso vacacional, porque para que los escolares estudien tienen que tener la ropa limpia y cumplir con los otros requisitos, así como rendir las materias adeudadas antes del reinicio del ciclo lectivo. Así las familias quedan sometidas a un esquema que las pone en falta: tienen que cumplir con un montón de obligaciones para estar en regla, y si no las cumplen las sancionan moralmente o reprueban a sus hijos con las malas notas. Las autoridades escolares no pueden atender siempre a las razones de sus estudiantes y familias, porque hacerlo les demoraría el dictado de las clases y porque la ley prioriza a la enseñanza por sobre la atención social de los problemas personales, por lo que éstos son relegados permanentemente, y ni que hablar de los deseos considerados ilegítimos, lo que es una forma de la mala alienación y de la negación de la subjetividad, cosa que redunda en que los escolarizados acumulan traumas y broncas a los que mantienen contenidos por temor a las reprimendas, pero que existen y que en ocasiones viran hacia patologías más severas. Y esto se refiere a la educación en general. La educación privada, a la que accede la clase alta, es más rigurosa todavía, y además contiene a las patologías derivadas de la opresión religiosa.

lunes, 4 de julio de 2016

Una crítica a la democracia de Pericles

Más allá de todo lo elogiable que haya tenido la democracia de Pericles, a él hay que criticarle que haya mandado a construir el Partenón, porque sometió a los griegos a tareas pesadas para homenajear a un ser imaginario y mal entendido, la diosa Palas Atenea, por lo que los griegos, hombres y mujeres, en vez que dedicarse a socializar entre sí, o con la gente de sus alrededores, tuvieron que concentrarse en el esfuerzo enorme que requiso el Partenón. Luego de terminarlo, cuando los atacaron los espartanos, los atenienses no estaban preparados para la guerra, ni pudieron prevenirla diplomáticamente, porque se distrajeron de sus relaciones exteriores con el monumento.

Los griegos se alienaron mal de sí mismos, negaron sus anhelos, al someterse para trabajar por una diosa, y eso aparte de los lesionados, o las penas de los niños que no tuvieron a sus mayores para atenderlos, o de las mujeres sin sus queridos, los amigos sin sus pares, o lo que haya sido.

domingo, 3 de julio de 2016

La acumulación capitalista como compensación

La compensación es cuando las personas aceptan una gratificación a cambio de una pena, como cuando se consumen cosas lindas pero innecesarias después de haber trabajado demasiado. La operatoria de la compensación capitalista es parecida, pero, en vez de satisfacerse en falso en el consumo, cosa que además hacen, los capitalistas, a causa del esfuerzo excesivo que realizan en su actividad productiva, acumulan capital y los poderes que éste conlleva: fama, autoridad, prestigio, liderazgo, atención y demás, que no estarían mal si el orden social fuera bueno, porque estos estarían bien modulados y serían igualitarios.

Hay que entender que la acumulación capitalista, en tanto que es una compensación, es ingrata, y, más aún, que los capitalistas son penosos, porque si no se entiende eso la lucha se dificulta por la bronca causada por la envidia, que tiene sus razones pero que no basta. La felicidad aparente de la aristocracia tiene sus goces verdaderos y otros impunes, pero también oculta muchos pesares, y la liberación del proletariado requiere que los capitalistas asuman esa parte fea de la realidad, porque así aceptarían al socialismo, pero a esa asunción no tienen que hacerla sólo los capitalistas, sino que debe ser social.

Otra cosa es que la acumulación funciona como compensación a las privaciones derivadas de la cultura idealista, sea pietista o atea: más bien, sería una consecuencia del ordenamiento humano que dispone, para la clase empresarial, y también por medio de la legislación estatal y los usos y costumbres, un modo de comportarse en el que por medio de prohibiciones y educación se le induce a una actividad productiva que puede ser de subsistencia o capitalista, dependiendo también de la coyuntura económica, que pauta su éxito o su fracaso, y los estadíos intermedios, pero a la práctica empresarial la deciden los empresarios, a partir de su comprensión de la enseñanza que reciben y de sus circunstancias, y eso en medio de terrores inducidos por las imágenes religiosas sobre el castigo de los dioses, las sanciones sociales de la cultura idealista, sea pietista o desarrollista atea, y los maltratos que se le derivan.

viernes, 1 de julio de 2016

Crítica a la idea de la cosificación

El tema de la cosificación está mal planteado, porque se considera que cosificar a alguien es ignorar su subjetividad, violentarlo por desdeñar sus intereses. En realidad, cuando se violenta a alguien lo que se le hace es violentarlo. Entender mal la cuestión de la cosificación dificulta reconocer que los humanos somos cosas: somos entidades vivientes del reino animal que descendemos de los monos, y en tanto que tales sentimos y pensamos. Lo mismo pasa con la equiparación de la crueldad con la objetualización. Los humanos somos objetos vivos y sensibles, sea que se nos maltrate o que se nos trate bien. Cuando hay maltrato en realidad no es que el maltratador cosifique u objetualice a quien maltrata, sino que lo hiere porque no le importan sus sentimientos o porque busca trastornarlos.

La práctica conceptual y la motriz

La conciencia es la comprensión de la realidad, que sucede en el alma del cuerpo vivo, por lo menos en los animales. De los vegetales no sé. La conciencia tiene un carácter sensitivo, que es dado por los sentidos: los animales, al sentir, percibimos la realidad. Asimismo, al pensar, comprendemos nuestros sentimientos y componemos las ideas derivadas de ellos junto con las otras ideas que sabemos. Así establecemos interpretaciones de la realidad, a las que vamos criticando y reelaborando según transcurre nuestra vida por medio de su cotejo con los sucesos que vivimos. En tanto que mediante la conciencia decidimos nuestras prácticas motrices, es preciso que nuestra interpretación sea buena, o sea, que se corresponda bien con la realidad exterior a sí misma, porque así la práctica motriz puede ser dichosa si está bien intencionada. De igual modo, hacemos un análisis de nuestras sensaciones y de nuestros sentimientos, porque no siempre son ciertos, sino que a veces están falseados por desórdenes fisiológicos y psicológicos, o por ideas equivocadas, por lo que a veces se los somete a contrastación. Cuando las personas no se pueden concientizar sobre los asuntos de su interés, se sufre la angustia, porque no saber la verdad y no poder averiguarla es penoso, de igual modo que lo es cuando no se puede ordenar a la práctica social según las exigencias sensatas.

La práctica conceptual es tanto sensitiva como intelectiva, en tanto que la motriz es la relativa al movimiento corporal. Las tres se dan interpuestas: se siente al pensar y al moverse, se piensa al moverse y al sentir y se mueve al sentir y al pensar.

Acerca de la ideología

Desde posiciones pietistas y liberales, y también desde el esnobismo posmoderno, se atacó a la ideología por ser una noción socialista. Se dijeron muchas cosas en contra de la ideología, algunas con razón, aunque insuficiente, pero lo que se evitó decir es que las críticas a ella no apuntaban a que se reconociera la realidad cabalmente para entonces reconducir la práctica humana de veras, sino que pretendían mantener al sistema capitalista, o arruinarlo y sin superarlo. La ideología, en sentido literal, es la ligazón de las ideas, o sea, el conjunto de los pensamientos. Después, qué carácterísticas tiene, es otro tema, sobre el que se dijeron equivocaciones, como contraponerla a la ciencia, ya que la ciencia contiene ideas: el pensamiento científico es ideológico, pero una de sus premisas, que no siempre es cumplida, es que las ideas se adecúen a la realidad a la que se refieren. Entonces, el uso de este concepto no sólo que es válido sino que también es necesario, pero hay que utilizarlo bien, lo que requiere de un debate para decidir cómo sería eso. El objetivo es que la ideología humana sea verdadera, para que nuestra especie sea buena y practique bien. La sobredeterminación de la ideología a las prácticas extraideativas es una parte de la realidad histórica, a la que no se debe soslayar por priorizar las determinaciones de lo simple a lo complejo.

La ideología es sinónimo de la conceptividad, aunque no abarca a las prácticas extrapensamentales, que sí están en la definición gramsciana de la conceptividad, y es histórica, por lo que, dentro de los marcos pautados por los órdenes sociales humanos, que se transformaron y estabilizaron tal como lo hicieron de facto, varía constantemente según la humanidad piensa, lo que a su vez es relativo a nuestras otras prácticas y a nuestro entorno. Y el pensar es cerebral, es un acto corporal que depende del funcionamiento de nuestro metabolismo y que responde a nuestros intereses vitales, que pueden estar más o menos falseados, o ser más o menos ciertos, según hayamos sido educados y según hayamos pensado en nuestras circunstancias.