Esa idea de los liberales de que los expositores de las distintas posturas se encuentren y debatan sus pareceres según su experiencia es una truchada poco crítica, recontra falsa, porque no debaten hasta haber averiguado la verdad de los temas en discusión, sino que se juntan, hablan a las trompadas, se interrumpen entre sí, ni saben bien lo que hablaron, cada miembro del debate, me refiero a los parlamentos liberales, votan entre ellos e instalan la ley, y después ni saben si funcionan bien todos aquellos que las votaron, ni siquiera si votaron a favor, porque votan las leyes en cantidad diaria, y todas son muy extensas, por lo que no pueden leerlas siquiera a cada una.
Los parlamentos liberales son los instalados por las revoluciones burguesas, que depusieron el gobierno a la monarquía en Occidente, en Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia, y de ahí pasó a las colonias americanas, a lo que fuera el antiguo imperio romano de Oriente, a África, Asia, Oceanía y los polos: toda la humanidad se sacudió por el impulso revolucionario propietario iluminista, que tenía, en su teoría política, el precepto retórico, que no hubiera sido tan malo si no hubiese sido mitero, de conversar hipócritamente para decidir qué hacer; pero antes había peores formas, y las siguió habiendo, ya que hay monarquías en los países árabes y en España, Holanda, Bélgica y Gran Bretaña, entre otros, y las interrelaciones internacionales de sometimiento imperialista no concluyeron, sino que pasaron a la forma de la rivalidad entre las potencias nacionales y supranacionales, como lo son la Unión Europea, la UNASUR, la CELAC y las comunidades de países africanos, a su vez atravesados por jurisdicciones contrarias, como el Tratado de la Alianza del Pacífico, el TLCAN, y los que tengan China y Rusia, etc., más lo que hay las rivalidades nacionales menores e intranacionales, y son como 150 naciones, algunas fijas en territorios y otras transterritoriales, como los gitanos y parte de los judíos, y otras en flujos migratorios; pero mientras tanto las clases gobernantes debaten parlamentariamente, desde la retórica liberal, y deciden las prácticas gubernamentales no sólo que sin haber descubierto lo que tendrían que hacer, sino que, por lo bajo, siguen haciendo al saqueo propietario, que no los satisface porque es mitero. Las clases gobernantes son las que detentan los gobiernos, y son propietarios no sólo en la posesión de pertenencias, sino también en el mitismo, de distintas índoles, y cuyo orden jerárquico se corresponde con las relaciones de fuerza internacional: hay distintos tipos de credos, algunos más altos, otros más bajos, con sus versiones intermedias, que ascienden o descienden en la jerarquía imaginaria creyente según las clases propietarias ascienden o descienden en la escala social, de acuerdo a la obtención de la riqueza: hay clases propietarias divinas, otras intermedias, tipo los querubines, otras penosas, que son las purgantes, e infernales. Pensando en los términos de la jerarquía pía, eso es así. El diablismo populista, o socialista, y hasta el aristocrático, responde a la correlación de fuerzas entre las clases propietarias, que se demonizan en tanto que cambian sus lugares en la disputa por el poder de mando social, pero todo eso es falso, aunque real: es una representación imaginaria que persiste mientras que la recrea la humanidad creyente.
El antihumanismo es estúpido, porque quienes lo ejercen son humanos: los hace ir en contra de sí mismos y contra los demás humanos. Es un antecedente a la crítica a la humanidad, que es criticable porque no es verdadera ni buena del todo. La crítica es el análisis que busca decidir la práctica social de acuerdo a la verdad común, lo que requiere de un diálogo social de toda la humanidad, una toma de conciencia completa de la historia de la Tierra, y del resto de la verdad del cosmos, de lo que sea necesario saberla. Pero eso no puede ser en tanto que haya gente que se ordene mediante la creencia, por lo que la violencia histórica persistirá.
La rivalidad interimperialista adoptó el modo parlamentario de la ONU y de los otros organismos supraestatales después de que el ejército estadounidense tirara las bombas nucleares en Japón, en que las potencias debaten de manera perversa, sin explicitar siempre sus intereses, muchas veces ocultándolos, estableciendo intrigas, tramoyas, en los siete continentes, en los océanos, en la atmósfera y hasta en su exterior más próximo a este planeta, todo eso por la propiedad, porque el propietariado tiene ambiciones psicópatas, porque no admite su verdad fisiológica, a la que no puede entender sin dejar de ser pío, porque la física es comprensible mediante la ciencia, tiene que ser probada, y la ciencia lleva al ateísmo. Hace desastres porque la piedad le impide comprender sus deseos de vida de conjunto, porque la vida de conjunto requiere del conocimiento entre sí de las personas, que no puede ser cuando las personas se juzgan entre sí en base a prejuicios, cruzados por intereses de acumulación de poderes jerárquicos y de riquezas, lo que no les satisfará, porque es de socialidad falseada. La creencia causa un genocidio por desidia, aunque también a los planificados, indirectamente, porque los propietarios practican según sus pareceres, de lo que se les falsea el objetivo de vivir, y se meten en ambiciones prescindibles, para las que pelean. El genocidio es la decadencia humana, la vida humana mala. La concepción del buen vivir, de cuño incaico y jesuita, o, bien dicho, el progresismo propietario, no reconoce que para aquél es preciso que la ciencia reemplace a la religión. Y el progresismo ateo pocas veces lucha por el decrecimiento, y algunas hasta en contra del naturismo, como le leí en un chiste a Miradas al sur, que fue parte de un imaginario desarrollista de la clase media kirchnerista en contra de la clase media ecologista, porque el populismo, en tanto que misericordioso, causó que el kirchnerismo clasemediero negara su clase y hostigara a sus pares relativos en la escala social, desestimando sus reclamos, y el ecologismo tiene raigambre en la clase media urbana porque ésta padece la contaminación urbana casi permanentemente, igual que la clase baja urbana, lo mismo que el campesinado también, pero cuando la contaminación era un problema de los pobres ahí sí lo aceptaron. Los debates socialistas se concentran en la clase media porque para hacerlos hay que haber sido escolarizado, pero hay socialismo analfabeto, gente no alfabetizada, e infantes, que plantean reclamos proletarios a sus parientes: es un socialismo de conciencia más sensitiva que intelectual y de expresiones verbales fonadoras y lingüísticas pero no lexicales, y poco lexicales una vez que los nenes empiezan a hablar. Entonces reciben traumas cuya procedencia no entienden y a los que no pueden responder siempre, y mientras les van con las ambiciones desmedidas y las falencias pietistas. La lucha por gozar es transclasista, y no siempre es conciente. Lo que no entienden los fideístas es que el planteo de la lascivia no siempre es el de recrear las prácticas de Sodoma y Gomorra, sino que puede ser el de ordenar bien a la humanidad para el goce convivencial de la vida en común con la naturaleza terráquea. El objeto de la ciencia es ese.
Eso de que el debate retórico liberal es tolerante porque admite a las distintas posiciones es mentira porque si bien aceptan a las ideologías disidentes en el discurso, rechazan a los modos de vida que se les corresponden, lo que es rechazar a las ideologías por lo bajo.
En un debate por Facebook, antes de que cerrara mi cuenta, con el Grupo de Reflexión Rural, relativo al genocidio, me equivoqué, porque sostuve que el genocidio requiere de la planificación de los asesinatos, cuando en realidad el genocidio es la degradación humana, sea intencional o no. Es que esa es la acepción más general del término, que en los juicios por crímenes de lesa humanidad toma una forma restringida, relativa al asesinato planificado de grupos poblacionales, u opositores, lo que está en debate.
La creencia son los prejuicios, es decir, las ideas anteriores a la razón, que pueden ser ciertas o no, por lo que hay que comprobarlas. Al basarse las prácticas en la creencia, cosa que en ocasiones hace la clase propietaria, a veces practica bien y otras mal, porque no somete sus ideas a contrastación antes de actuar.
Un blog total, cósmico, terráqueo, naturista, humanista, comunista, demócrata, feminista y libertario.
martes, 22 de marzo de 2016
lunes, 21 de marzo de 2016
De la locura
En tanto que la comprensión pía del mundo es falsa, prescribe conductas injustas y descalifica a las faltas a sus normas, según una gradación histórica, que va de las pequeñas inmoralidades, pasando por los delitos, a los distintos tipos de patologías psiquiátricas. En ese razonamiento hay algo de verdad, por lo que algunas de las conductas calificadas de locas realmente lo son; pero también hay ideas falsas. De allí que enloquecerse no sea una buena manera de enfrentar al sistema, aunque tiene algunos aspectos que sí lo son. Mejor manera es la de ser racional de buen modo, ya que la conducta racionalista verdadera contiene a las locuras buenas, porque es placentera y lúdica, pero desecha a las nocivas, además de ser política y emancipatoria. Requiere evaluar racionalmente a la locura para hacerla y atenderla bien, lo que a su vez precisa de la crítica al orden social.
La acusación a la razón iluminista y en defensa de la locura omite mencionar que la razón iluminista pía, que es en realidad de la que se trata, es falsa: confunde a la razón en sí con la razón pía, que es una contradicción en sí misma pero rige, y de allí que estemos como estamos.
Lecturas
Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, sin más datos.
Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, dos tomos, sin más datos.
La acusación a la razón iluminista y en defensa de la locura omite mencionar que la razón iluminista pía, que es en realidad de la que se trata, es falsa: confunde a la razón en sí con la razón pía, que es una contradicción en sí misma pero rige, y de allí que estemos como estamos.
Lecturas
Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, sin más datos.
Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, dos tomos, sin más datos.
De los retrocesos superadores
Ante los progresos malos, como la masivización de la industria, que debiera adoptar una forma socialmente consensuada, los retrocesos pueden ser superadores, como sería el caso de que se ordenara racionalmente la fabricación y el uso de las tecnologías complejas, lo que los reduciría mucho, para suplantarlos posibilísticamente por técnicas simples.
Un modo de la técnica desestimado por la producción actual es la complementariedad social de las tareas: se busca resolver mediante artefactos complejos lo que se podría solucionar con organización social.
En realidad, el reemplazo relativo de la sobretecnificación por la tecnología social no sería un retroceso sino un avance, pero titulé así al comentario para llamar la atención sobre que parte de la izquierda, la que se centra en el desarrollo y masivización de las teconologías sofisticadas, pensó a la cuestión en esos términos.
Un modo de la técnica desestimado por la producción actual es la complementariedad social de las tareas: se busca resolver mediante artefactos complejos lo que se podría solucionar con organización social.
En realidad, el reemplazo relativo de la sobretecnificación por la tecnología social no sería un retroceso sino un avance, pero titulé así al comentario para llamar la atención sobre que parte de la izquierda, la que se centra en el desarrollo y masivización de las teconologías sofisticadas, pensó a la cuestión en esos términos.
Instrucciones para lavar la ropa a mano
Usar jabón común, en lo posible de fabricación cercana. Los jabones refinados pueden dañar la piel con el tiempo. El jabón común quizás también, pero es menos probable. Para saber mejor hay que hablar con lavadoras viejas. El jabón fabricado lejos suele ser del capital trasnacional y sale más caro por el costo del transporte, lo mismo que vale para los envoltorios.
El lavado tiene cuatro etapas:
- La primera es la del enjabonado de las prendas. Hay que ponerlas en un recipiente, como lavatorio, balde o palangana, con agua, y entonces mojar el jabón y diluirlo frotándolo con las manos y sumergiéndolo. Luego, se deja reposar a la ropa mojada un rato, que puede ser de 20 minutos a 48 horas, aunque esto último no es recomendable; mejor es un lapso de entre 2 y 24 horas. Usar agua preferentemente fría, para ahorrar gas, salvo que haga mucho frío. El agua tibia ayuda a remover la suciedad. Otro modo es el de dejar al jabón en el agua durante un rato, más o menos largo según la cantidad que se quiera licuar, y luego frotarlo.
- La segunda es la del fregado. Hay que encontrar las manchas, puntuales o difusas, y refregarlas una por una. A veces sirve enjabonarlas de nuevo.
- La tercera es la del revolvido. Se agarran las prendas todas juntas y se las remueve unas 300 veces dentro del recipiente, de una vez o por etapas. Luego se tira el agua sucia y se aprieta un poco la ropa para escurrirla.
- La última es la del enjuage. Se carga con agua el recipiente, se hace una primera tanda de 100 removidas, se tira el agua y se vuelve a escurrir, y luego otra vez más.
Se puede variar el procedimiento según esté más o menos sucia la ropa. Estas instrucciones son una base estándard, a la que se puede mejorar con la experiencia. La postura corporal debe ser erguida, con las rodillas levemente flexionadas, al igual que la columna vertebral.
También está el uso de lavandina, del que se puede preguntar, y las revueltas sentado, en silla o en el suelo, donde conviene arrodillarse.
Insisto en que a estas instrucciones hay que cotejarlas en la práctica y hablando con la gente mayor.
El lavado tiene cuatro etapas:
- La primera es la del enjabonado de las prendas. Hay que ponerlas en un recipiente, como lavatorio, balde o palangana, con agua, y entonces mojar el jabón y diluirlo frotándolo con las manos y sumergiéndolo. Luego, se deja reposar a la ropa mojada un rato, que puede ser de 20 minutos a 48 horas, aunque esto último no es recomendable; mejor es un lapso de entre 2 y 24 horas. Usar agua preferentemente fría, para ahorrar gas, salvo que haga mucho frío. El agua tibia ayuda a remover la suciedad. Otro modo es el de dejar al jabón en el agua durante un rato, más o menos largo según la cantidad que se quiera licuar, y luego frotarlo.
- La segunda es la del fregado. Hay que encontrar las manchas, puntuales o difusas, y refregarlas una por una. A veces sirve enjabonarlas de nuevo.
- La tercera es la del revolvido. Se agarran las prendas todas juntas y se las remueve unas 300 veces dentro del recipiente, de una vez o por etapas. Luego se tira el agua sucia y se aprieta un poco la ropa para escurrirla.
- La última es la del enjuage. Se carga con agua el recipiente, se hace una primera tanda de 100 removidas, se tira el agua y se vuelve a escurrir, y luego otra vez más.
Se puede variar el procedimiento según esté más o menos sucia la ropa. Estas instrucciones son una base estándard, a la que se puede mejorar con la experiencia. La postura corporal debe ser erguida, con las rodillas levemente flexionadas, al igual que la columna vertebral.
También está el uso de lavandina, del que se puede preguntar, y las revueltas sentado, en silla o en el suelo, donde conviene arrodillarse.
Insisto en que a estas instrucciones hay que cotejarlas en la práctica y hablando con la gente mayor.
De la historia del hacer y de la de las palabras
Las cosas humanas no son sólo cosas en sí mismas sino que además son nombradas: la historia de las cosas está imbrincada con la de sus nombres, que a su vez son parte de ella, porque los nombres son cosas.
El hacer, o sea, la práctica de hacer cosas, es una práctica definida por su nombre, nombre que responde a la historia de esa práctica según la humanidad los hizo a ambos. El hacer del que ahora escribo proviene del latín facio, que tiene acepciones relativas al hacer común pero también otras relativas al hacer fideísta, como la de ficticio, fetichismo y hechizo. Entre estas últimas predomina el uso de la letra efe, que es la de la fe.
A eso lo dije porque las palabras y la letras son históricas, o sea, que son creaciones humanas relativas al resto de sus prácticas. Incluso a través de la forma de las letras se podría remitir al resto de la historia humana, como puede hacérselo con su mera existencia, pero sucede que la historia de los grafos es algo difícil de investigar y que la grafología fue falseada por sus explicaciones antojadizas.
El hacer, o sea, la práctica de hacer cosas, es una práctica definida por su nombre, nombre que responde a la historia de esa práctica según la humanidad los hizo a ambos. El hacer del que ahora escribo proviene del latín facio, que tiene acepciones relativas al hacer común pero también otras relativas al hacer fideísta, como la de ficticio, fetichismo y hechizo. Entre estas últimas predomina el uso de la letra efe, que es la de la fe.
A eso lo dije porque las palabras y la letras son históricas, o sea, que son creaciones humanas relativas al resto de sus prácticas. Incluso a través de la forma de las letras se podría remitir al resto de la historia humana, como puede hacérselo con su mera existencia, pero sucede que la historia de los grafos es algo difícil de investigar y que la grafología fue falseada por sus explicaciones antojadizas.
Una conclusión máxima y obvia, pero ignorada
La piedad capitalista es un sobredeterminante falso de la práctica social.
sábado, 19 de marzo de 2016
Idealismo y orden; valor de cambio y necesidades sociales; conclusión
A fin de cuentas, las concepciones más o menos idealistas, sean teísmos o no, como lo es el desarrollismo socialista, un ateísmo capitalista hasta ahora, de acumulación estatal o mixta, buscan subordinar al mundo objetivo a sus ideas, que en algo responden a él, pero no lo suficiente, y parcialmente obedecen a ideas puras, sin correspondencia con la realidad exterior a la psiquis.
Análogamente, el valor de cambio es una abstracción pura, que tiene un enlace con las cosas a las que se pone precio, pero que les instala una lógica superior con la que se las intercambia sin atender a las cuestiones verdaderamente importantes, que son todas las que exceden al intercambio mercantil.
El idealismo absoluto falla la práctica, la hace ingrata porque le impide satisfacer las necesidades concretas de la gente, al someterla a reglas que no las tienen en cuenta lo suficiente; pero fallas análogas le suceden a las prácticas basadas en idealismos objetivistas, sean proletarias o no, que tampoco tienen consideración por todo lo que deben tener en consideración, que en política son los reclamos sociales: de allí que la política socialista, a la vez que ejecutar un plan, tiene que corregirse improvisadamente de acuerdo a los problemas que sean detectados por la sociedad.
Análogamente, el valor de cambio es una abstracción pura, que tiene un enlace con las cosas a las que se pone precio, pero que les instala una lógica superior con la que se las intercambia sin atender a las cuestiones verdaderamente importantes, que son todas las que exceden al intercambio mercantil.
El idealismo absoluto falla la práctica, la hace ingrata porque le impide satisfacer las necesidades concretas de la gente, al someterla a reglas que no las tienen en cuenta lo suficiente; pero fallas análogas le suceden a las prácticas basadas en idealismos objetivistas, sean proletarias o no, que tampoco tienen consideración por todo lo que deben tener en consideración, que en política son los reclamos sociales: de allí que la política socialista, a la vez que ejecutar un plan, tiene que corregirse improvisadamente de acuerdo a los problemas que sean detectados por la sociedad.
viernes, 18 de marzo de 2016
Otro comentario crítico a la tesis del fin de ciclo
Más allá de las razones que tienen quienes postulan la idea del fin de ciclo progresista, a las que habría que analizar, hay un punto reprobable y que es el de que no reconocen que el ciclo de gobiernos progresistas está en declive, entre otras causas, por los golpes derechistas. Los golpes institucionales, la manipulación informativa, las difamaciones y las demás maniobras liberales, como el caso Nisman, no son cosas para tomar a la ligera, y reconocerlas no quita hacerlo también con los errores de los progresistas gubernamentales.
El hecho de que los gobiernos progresistas gestionen modelos capitalistas proteccionistas, incluso en el que el capital financiero obtiene ganancias exorbitantes, no quita la distinción que hay que hacer con los liberales, cosa que es necesaria para no fallar la práctica política. De allí que la postura ante ellos debiera ser la del apoyo crítico y la de la búsqueda de su superación según lo permitan las circunstancias. El democratismo gubernamental requiere del apoyo superador por parte del socialismo, que es crítico.
Esta cuestión permanecería incluso si el ciclo progresista se terminara del todo, porque persistiría la lucha democrática por obtener los gobiernos, que al conseguirlos estaría condicionada por los demás actores del sistema social vigente, que es hegemonizado por el capital. Es que la práctica política no depende sólo de los gobiernos sino de la sociedad en su conjunto.
El hecho de que los gobiernos progresistas gestionen modelos capitalistas proteccionistas, incluso en el que el capital financiero obtiene ganancias exorbitantes, no quita la distinción que hay que hacer con los liberales, cosa que es necesaria para no fallar la práctica política. De allí que la postura ante ellos debiera ser la del apoyo crítico y la de la búsqueda de su superación según lo permitan las circunstancias. El democratismo gubernamental requiere del apoyo superador por parte del socialismo, que es crítico.
Esta cuestión permanecería incluso si el ciclo progresista se terminara del todo, porque persistiría la lucha democrática por obtener los gobiernos, que al conseguirlos estaría condicionada por los demás actores del sistema social vigente, que es hegemonizado por el capital. Es que la práctica política no depende sólo de los gobiernos sino de la sociedad en su conjunto.
Nota sin título
En tanto que el privatismo domina al gran capital, al propietario de los medios de producción mayores, es más corrupto que el populismo y que la socialdemocracia, y que hasta el anarquismo, la ultraizquierda es izquierdista, porque maneja finanzas mayores, de índole empresarial, bancaria, estatal, industrial, agrícola y demás, y porque su falsedad es más alta también; es la cúspide del orden propietario, que hacia abajo atraviesa al resto de la clase alta y a las clases media y baja, el propietariado comercial, el servicio del transporte, el asalarismo formal y el precario, y al mundo de la delincuencia también. Toda la escala social, sea la definida abstractamente o la definida de acuerdo a la relación con los medios de producción, que bien entendidas coinciden, está atravesada por propiedades, sean pertenencias fabricadas o credos. En caso de que no se pudiera incluir a los credos dentro de las propiedades, no importaría: la escala está atravesada por piedades también, por fiedades, creencias, que falsean a la práctica humana, la dificultan, lo que confluye con la ambición de tener poder de dominio de la clase capitalista, de lo que, la dirección general de la humanidad, la clase rectora de la práctica humana, despliega un estado de guerra permanente, de tensión inter e intranacional, en que las dirigencias nacionales chocan entre sí y hacia adentro someten a las poblaciones, ya algo desastrosas de por sí por creer y por tener que obedecer a los mandatos productivos. Pero eso, dicho así en abstracto, sucede en concreto. Las abstracciones verdaderas son válidas porque se corresponden con los hechos que analizan, aunque son cuestionables porque no son perfectas del todo.
El populismo no puede no ser corrupto porque la ley estatal es pía, y por ende falsea sus relaciones civiles, morales, comerciales y laborales, etc., de igual modo que la corrupción atraviesa a toda la sociedad civil internacional, que es explotada también. La humanidad no puede no ser corrupta en la piedad, y no lo es en la capitalista, pero hay corrupciones inocentes, menores, y no pienso en la acusación a Dilma Rousseff, pienso en la humanidad en general y en su clase gobernante, sea pía o no, como es el caso del gobierno chino, y hasta hace poco del cubano, que no sé si se fideizó, con la promesa de rezar que le hizo Raúl Castro al Papa, el primero de los cuales si bien no es pío sí es capitalista, hace a un capitalismo estatal y privado, gobernado por un partido comunista, que es desarrollista y explotador: sigue una lógica de producción mala, dada la competencia interimperialista internacional y la coyuntura humana actual. La nación china no es más un imperio pero es una gran potencia, entre Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, a las que están sometidas las latinoamericanas, las africanas y las oceánicas, y Japón, que a su vez tienen conflictos entre sí incluso en la UNASUR, que se alió en un bloque regional, y no sé de África, donde hay potencias regionales líderes, como Sudáfrica, y otras históricas, el país de Egipto, atravesadas por las guerras islamistas e imperialistas, y sus derivados etnonacionales, ni del resto de Asia, con la India y tanto más que hay. Lo digo porque el privatismo, el populismo y el socialismo se contrarían entre ellos y entre sí terráqueamente, son concepciones en pugna en todos los países modernizados, con sus distintas líneas internas y sus enfrentamientos, hasta dentro de las mismas líneas. El democratismo se explaya entre el populismo y el socialismo, y la clase alta tiene un democratismo, representativo, falso pero rector, que contracciona con él cuando el proletariado es prole, después que se desapropia, y que persiste, porque el mandato pío posee al capital y domina hacia abajo también: por eso es que las luchas proletarias no salen todas juntas a la vez, porque el proletariado también tiene falseada la conciencia, no lucha bien, lucha a tientas, y agregó violencia también, menos intensamente, porque el proletariado es pacífico, pero mucho más masivamente, por su numerosidad tantísimo superior. Este es un problema secundario, en tanto que el principal es el de la conciencia pía capitalista, que ordena a la producción económica, y por ende a la política y a la social en general, en los términos del cumplimiento del sistema, cuando el sistema funciona, y funciona siempre y no va a dejar de funcionar a no ser que la clase dominante mundial sea buena, se tendrían que convertir en buenas personas, y no sólo ellos sino también el resto de la humanidad, cosa imposible. No sucederá durante nuestras vidas, ni pronto después, porque la práctica humana está muy fallada, y la humanidad es testaruda siquiera para reconocerlo, por lo que no se corregirá, sino que persistirá en su lógica compulsiva mercantilizante. Eso le pasa al proletariado también, que está atravesado de conjunto por la mercantilización, que es una práctica fallida, y falla a la práctica a escala planetaria.
Pero eso no es tan malo, nada más es un problema para la revolución, que necesita de conciencia verdadera, probada, no sólo en su clase trabajadora, sino en la capitalista también: hasta que toda la humanidad no sea atea y proletaria la humanidad se complicará la vida a sí misma. A eso la gente tendría que reconocerlo, sea quien fuere. Mientras tanto habrá los golpes cruzados, bien y mal dados, que caracterizan a la barbarie, principalmente de arriba a abajo, porque los capitalistas reprimen para mantener su orden, aunque sea malo. Los capitalistas ni siquiera reconocen que su orden es malo; no lo reconocen de modo tal ni de estar cerca de detenerse o desistir. Así que menos lo depondrán, pero es un deber histórico de la izquierda la creación de conciencia verdadera, atea, ya que lo de dios es una hipótesis, y refutable: no se la puede demostrar concluyentemente con eso de las pruebas de dios, pero hay gente que pierde el tiempo en especular sobre esas cosas, y para peor en base a ella la clase propietaria dispone un orden que rige en general a la humanidad, sin que toda ella se haga cargo de los descubrimientos científicos que desmintieron a varios pasajes de los libros considerados sagrados, ni de que la existencia de los dioses es una presunción: al menos la humanidad tiene que ser agnóstica. El orden de la ONU es uno de coexistencia interreligiosa, con conflictos con los extremismos fideístas, que son anticapitalistas por derecha, porque su fanatismo los orienta a prácticas autodestructivas, de enfrentamientos armados a las potencias que los oprimen, en el que conviven las religiones capitalistas, el cristianismo católico y protestante, el islamismo moderado, y las que ingresan en la modernidad, pero la competencia interimperialista las conflictúa entre sí, y las pujas capitalistas oprimen a toda la Tierra y a la naturaleza a las que llegan las prácticas humanas ordenadas por ellas.
Eso de que si la revolución es por etapas o repentina tiene rasgos de un idealismo absolutista, porque la revolución, que es la adquisición de la conciencia humana y del orden que le corresponde, es histórica. Ni las etapas carecen de interrelaciones entre sí ni las revoluciones drásticas cambian todo lo necesario, pero la humanidad tiene que saber qué es lo que quiere, cuál es la vida que quiere, porque hasta tanto no intentará conseguirla, y eso depende de la conciencia social. Mientras que estén en conciencias creyentes, o, bien dicho, en conciencias falsas, no se podrá superar los problemas históricos vigentes. Por eso el ateísmo no es pesado. No es pecador porque no es creyente, aunque los creyentes puedan interpretarlo así. Lo que es pesado es la piedad, ya que el ateísmo lo que propone cuando propone bien no es un desorden maltratador de la naturaleza, como el vigente, sino un orden necesario, de poca producción fabril, la necesaria, y de una convivencia social consensuada, democrática e igualitaria, o sea, una comunidad bien educada, educada en base a la verdad de la ciencia común probada, que sepa comportarse. Lo que los cristianos sueñan cuando piensan en las ideas pastoriles, y lo que dicen querer mientras hacen lo opuesto, es lo que quiere concretar el socialismo, pero bien, de acuerdo a la naturaleza de la humanidad y al entorno. No lo hace porque no tiene conciencia y porque lo tracciona la hegemonía capitalista mundial, que puso al desarrollismo como vara de comparación entre los países. Cuando hablo del socialismo bien hecho no me refiero a Cuba ni a China, ya que no lo son, aunque igual les reconozco sus logros en ese tránsito, sino a su modelo terminado, el naturismo, precedente al todismo, que sería el orden humano correspondiente a la educación verdadera de cada humano, que debiera ser social para realizarse: no se puede educar a toda la humanidad en las escuelas, porque no entra toda siempre, y no debiera hacérselo porque algunos saberes necesarios para la convivencia son de la vida cotidiana, por lo que no pueden ser escolarizados. La escolarización debiera persistir como enseñanza libre. El naturismo es humanista también porque la humanidad es natural, por nacer, aparte de animal. El asunto es que para lograr aquello habría que explicarle a todos los creyentes del mundo porqué son falsas las creencias y convertirlos al cientificismo, ¡tendrían que aceptar ser primates, o al menos primáticos!, y ni siquiera con eso bastaría, porque el cientificismo hizo mal también, pero es una condición necesaria. Ese debate no debe estar latente, porque es primordial para la práctica humana, le define la base.
Notas
1. El ateísmo sí es pesado: tiene piezas y pesos, y es pecador en el sentido pío; sucede que los pecados, según se los cometa, pueden no ser malos. Tan solo son faltas al orden pío, que no es verdadero, por lo que define mal los términos de lo que debe ser el comportamiento, porque en vez de buscar que la conducta sea buena social y ecológicamente se ciñe a los cánones consagrados. Y los pesos y piezas que tiene el ateísmo no son recontra excesivos, como los de la piedad capitalista, aparte de que el ateísmo sí busca un orden social ambientalmente sano y gozoso, directa y explícitamente. No tiene tantos rodeos idealistas de por medio, aunque algunos tiene. El objetivo es que la humanidad pese bien, que fabrique sus piezas bien, y las piezas, en la palabra “propiedad”, son la parte de “piedad”, ya que esa piedad se refiere a la materia apartada de su lugar natural y transformada mediante la práctica: eso es lo que son las piezas. Habrá que indagar cómo es que las cuestiones teístas se inmiscuyeron en la práctica laboral: son sobredeterminaciones pías que comprenden a la producción y la ordenan como parte del modo de vida que los creyentes suponen que debe ser, incluso desde las legislaciones estatales, en lo que es la apropiación de las piezas fabricadas, su reinserción en el orden pío.
La apropiación de los productos fabricados se nota no sólo en que el mercado y el comercio deban sus nombres a Mercurio, sino que responde al fetichismo de la mercancía, mediante el cual a los bienes se les añade el valor abstracto. El valor de cambio es un sucedáneo del teísmo, porque añade una abstracción innecesaria a los bienes concretos, que éstos no tienen por sí mismos. Comparte con la apropiación la lógica de agregar a las cosas un plus imaginario que existe por invención subjetiva, aunque luego esa invención se objetivice al socializarse, porque el valor de cambio sigue siendo imaginario: depende de que la humanidad lo recree para ser; no existe por sí mismo, como los dioses.
A su vez, “fetiche” viene del latín “facticius”, que es “ficticio”. El comercio, entonces, es fetichista porque el valor de cambio es ficticio, y es fideísta porque la fe es un pensamiento que se añade a las cosas sin que a quienes hacen esa anexión les importe que las cosas se correspondan con esa idea o no. La religión y el comercio comparten la lógica de priorizar las ideas subjetivas por sobre las cosas y pretender que las cosas se amolden a las ideas subjetivas, en vez que hacer las ideas a partir del conocimiento de las cosas en sí mismas.
2. La transición al socialismo cubana es un capitalismo estatista y pequeño, o mediano, que supeditó la acumulación a las necesidades sociales, con gobierno centralizado, acoso imperialista y demás.
El populismo no puede no ser corrupto porque la ley estatal es pía, y por ende falsea sus relaciones civiles, morales, comerciales y laborales, etc., de igual modo que la corrupción atraviesa a toda la sociedad civil internacional, que es explotada también. La humanidad no puede no ser corrupta en la piedad, y no lo es en la capitalista, pero hay corrupciones inocentes, menores, y no pienso en la acusación a Dilma Rousseff, pienso en la humanidad en general y en su clase gobernante, sea pía o no, como es el caso del gobierno chino, y hasta hace poco del cubano, que no sé si se fideizó, con la promesa de rezar que le hizo Raúl Castro al Papa, el primero de los cuales si bien no es pío sí es capitalista, hace a un capitalismo estatal y privado, gobernado por un partido comunista, que es desarrollista y explotador: sigue una lógica de producción mala, dada la competencia interimperialista internacional y la coyuntura humana actual. La nación china no es más un imperio pero es una gran potencia, entre Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, a las que están sometidas las latinoamericanas, las africanas y las oceánicas, y Japón, que a su vez tienen conflictos entre sí incluso en la UNASUR, que se alió en un bloque regional, y no sé de África, donde hay potencias regionales líderes, como Sudáfrica, y otras históricas, el país de Egipto, atravesadas por las guerras islamistas e imperialistas, y sus derivados etnonacionales, ni del resto de Asia, con la India y tanto más que hay. Lo digo porque el privatismo, el populismo y el socialismo se contrarían entre ellos y entre sí terráqueamente, son concepciones en pugna en todos los países modernizados, con sus distintas líneas internas y sus enfrentamientos, hasta dentro de las mismas líneas. El democratismo se explaya entre el populismo y el socialismo, y la clase alta tiene un democratismo, representativo, falso pero rector, que contracciona con él cuando el proletariado es prole, después que se desapropia, y que persiste, porque el mandato pío posee al capital y domina hacia abajo también: por eso es que las luchas proletarias no salen todas juntas a la vez, porque el proletariado también tiene falseada la conciencia, no lucha bien, lucha a tientas, y agregó violencia también, menos intensamente, porque el proletariado es pacífico, pero mucho más masivamente, por su numerosidad tantísimo superior. Este es un problema secundario, en tanto que el principal es el de la conciencia pía capitalista, que ordena a la producción económica, y por ende a la política y a la social en general, en los términos del cumplimiento del sistema, cuando el sistema funciona, y funciona siempre y no va a dejar de funcionar a no ser que la clase dominante mundial sea buena, se tendrían que convertir en buenas personas, y no sólo ellos sino también el resto de la humanidad, cosa imposible. No sucederá durante nuestras vidas, ni pronto después, porque la práctica humana está muy fallada, y la humanidad es testaruda siquiera para reconocerlo, por lo que no se corregirá, sino que persistirá en su lógica compulsiva mercantilizante. Eso le pasa al proletariado también, que está atravesado de conjunto por la mercantilización, que es una práctica fallida, y falla a la práctica a escala planetaria.
Pero eso no es tan malo, nada más es un problema para la revolución, que necesita de conciencia verdadera, probada, no sólo en su clase trabajadora, sino en la capitalista también: hasta que toda la humanidad no sea atea y proletaria la humanidad se complicará la vida a sí misma. A eso la gente tendría que reconocerlo, sea quien fuere. Mientras tanto habrá los golpes cruzados, bien y mal dados, que caracterizan a la barbarie, principalmente de arriba a abajo, porque los capitalistas reprimen para mantener su orden, aunque sea malo. Los capitalistas ni siquiera reconocen que su orden es malo; no lo reconocen de modo tal ni de estar cerca de detenerse o desistir. Así que menos lo depondrán, pero es un deber histórico de la izquierda la creación de conciencia verdadera, atea, ya que lo de dios es una hipótesis, y refutable: no se la puede demostrar concluyentemente con eso de las pruebas de dios, pero hay gente que pierde el tiempo en especular sobre esas cosas, y para peor en base a ella la clase propietaria dispone un orden que rige en general a la humanidad, sin que toda ella se haga cargo de los descubrimientos científicos que desmintieron a varios pasajes de los libros considerados sagrados, ni de que la existencia de los dioses es una presunción: al menos la humanidad tiene que ser agnóstica. El orden de la ONU es uno de coexistencia interreligiosa, con conflictos con los extremismos fideístas, que son anticapitalistas por derecha, porque su fanatismo los orienta a prácticas autodestructivas, de enfrentamientos armados a las potencias que los oprimen, en el que conviven las religiones capitalistas, el cristianismo católico y protestante, el islamismo moderado, y las que ingresan en la modernidad, pero la competencia interimperialista las conflictúa entre sí, y las pujas capitalistas oprimen a toda la Tierra y a la naturaleza a las que llegan las prácticas humanas ordenadas por ellas.
Eso de que si la revolución es por etapas o repentina tiene rasgos de un idealismo absolutista, porque la revolución, que es la adquisición de la conciencia humana y del orden que le corresponde, es histórica. Ni las etapas carecen de interrelaciones entre sí ni las revoluciones drásticas cambian todo lo necesario, pero la humanidad tiene que saber qué es lo que quiere, cuál es la vida que quiere, porque hasta tanto no intentará conseguirla, y eso depende de la conciencia social. Mientras que estén en conciencias creyentes, o, bien dicho, en conciencias falsas, no se podrá superar los problemas históricos vigentes. Por eso el ateísmo no es pesado. No es pecador porque no es creyente, aunque los creyentes puedan interpretarlo así. Lo que es pesado es la piedad, ya que el ateísmo lo que propone cuando propone bien no es un desorden maltratador de la naturaleza, como el vigente, sino un orden necesario, de poca producción fabril, la necesaria, y de una convivencia social consensuada, democrática e igualitaria, o sea, una comunidad bien educada, educada en base a la verdad de la ciencia común probada, que sepa comportarse. Lo que los cristianos sueñan cuando piensan en las ideas pastoriles, y lo que dicen querer mientras hacen lo opuesto, es lo que quiere concretar el socialismo, pero bien, de acuerdo a la naturaleza de la humanidad y al entorno. No lo hace porque no tiene conciencia y porque lo tracciona la hegemonía capitalista mundial, que puso al desarrollismo como vara de comparación entre los países. Cuando hablo del socialismo bien hecho no me refiero a Cuba ni a China, ya que no lo son, aunque igual les reconozco sus logros en ese tránsito, sino a su modelo terminado, el naturismo, precedente al todismo, que sería el orden humano correspondiente a la educación verdadera de cada humano, que debiera ser social para realizarse: no se puede educar a toda la humanidad en las escuelas, porque no entra toda siempre, y no debiera hacérselo porque algunos saberes necesarios para la convivencia son de la vida cotidiana, por lo que no pueden ser escolarizados. La escolarización debiera persistir como enseñanza libre. El naturismo es humanista también porque la humanidad es natural, por nacer, aparte de animal. El asunto es que para lograr aquello habría que explicarle a todos los creyentes del mundo porqué son falsas las creencias y convertirlos al cientificismo, ¡tendrían que aceptar ser primates, o al menos primáticos!, y ni siquiera con eso bastaría, porque el cientificismo hizo mal también, pero es una condición necesaria. Ese debate no debe estar latente, porque es primordial para la práctica humana, le define la base.
Notas
1. El ateísmo sí es pesado: tiene piezas y pesos, y es pecador en el sentido pío; sucede que los pecados, según se los cometa, pueden no ser malos. Tan solo son faltas al orden pío, que no es verdadero, por lo que define mal los términos de lo que debe ser el comportamiento, porque en vez de buscar que la conducta sea buena social y ecológicamente se ciñe a los cánones consagrados. Y los pesos y piezas que tiene el ateísmo no son recontra excesivos, como los de la piedad capitalista, aparte de que el ateísmo sí busca un orden social ambientalmente sano y gozoso, directa y explícitamente. No tiene tantos rodeos idealistas de por medio, aunque algunos tiene. El objetivo es que la humanidad pese bien, que fabrique sus piezas bien, y las piezas, en la palabra “propiedad”, son la parte de “piedad”, ya que esa piedad se refiere a la materia apartada de su lugar natural y transformada mediante la práctica: eso es lo que son las piezas. Habrá que indagar cómo es que las cuestiones teístas se inmiscuyeron en la práctica laboral: son sobredeterminaciones pías que comprenden a la producción y la ordenan como parte del modo de vida que los creyentes suponen que debe ser, incluso desde las legislaciones estatales, en lo que es la apropiación de las piezas fabricadas, su reinserción en el orden pío.
La apropiación de los productos fabricados se nota no sólo en que el mercado y el comercio deban sus nombres a Mercurio, sino que responde al fetichismo de la mercancía, mediante el cual a los bienes se les añade el valor abstracto. El valor de cambio es un sucedáneo del teísmo, porque añade una abstracción innecesaria a los bienes concretos, que éstos no tienen por sí mismos. Comparte con la apropiación la lógica de agregar a las cosas un plus imaginario que existe por invención subjetiva, aunque luego esa invención se objetivice al socializarse, porque el valor de cambio sigue siendo imaginario: depende de que la humanidad lo recree para ser; no existe por sí mismo, como los dioses.
A su vez, “fetiche” viene del latín “facticius”, que es “ficticio”. El comercio, entonces, es fetichista porque el valor de cambio es ficticio, y es fideísta porque la fe es un pensamiento que se añade a las cosas sin que a quienes hacen esa anexión les importe que las cosas se correspondan con esa idea o no. La religión y el comercio comparten la lógica de priorizar las ideas subjetivas por sobre las cosas y pretender que las cosas se amolden a las ideas subjetivas, en vez que hacer las ideas a partir del conocimiento de las cosas en sí mismas.
2. La transición al socialismo cubana es un capitalismo estatista y pequeño, o mediano, que supeditó la acumulación a las necesidades sociales, con gobierno centralizado, acoso imperialista y demás.
miércoles, 16 de marzo de 2016
De la especulación y las finanzas; del escepticismo
La especulación está etimológicamente emparentada con la esperanza, los espectros, la expectativa, el aspecto, la inspección y el espectáculo: todos vienen del latín “spĕcĭō”, procedente del griego “sképtomai”, que vendría a ser como decir “expectar”, en el sentido de mirar u observar, y las otras acepciones que tiene, que son parecidas a esas. El sentido financiero de la especulación está relacionado con la teología, que tiene un gran tradición especulativa por eso de la contemplación y de los razonamientos abstractos. Comparten también la tendencia a llegar a los límites, en tanto que la especulación teológica pretende conocer el inicio y el borde del universo, en lo que concluye que está dios, y las finanzas, que vienen del latino “finis”, son lo más acabado y abstracto de la economía. Por eso es que son altas en la jerarquía social: son perfectas, en el sentido de “muy rehechas”, de “muy elaboradas”, lo que no implica que sean buenas ni verdaderas.
“Perfecto” viene de “per făcĭō”, “super hecho”.
El escepticismo también deriva de specio, y en realidad es la observación. Es una actitud de cuestionamiento y de duda ante los dogmas. Eso de que el escepticismo es pesimista y que sostiene que la verdad no puede ser conocida no es cierto. Habrá sido así en algunos momentos, pero eso no es esencial al escepticismo.
“Perfecto” viene de “per făcĭō”, “super hecho”.
El escepticismo también deriva de specio, y en realidad es la observación. Es una actitud de cuestionamiento y de duda ante los dogmas. Eso de que el escepticismo es pesimista y que sostiene que la verdad no puede ser conocida no es cierto. Habrá sido así en algunos momentos, pero eso no es esencial al escepticismo.
De que el deseo sexual es transitorio
El problema de la monogamia y de las demás formas rígidas de relacionamiento afectivo y sexual es que el deseo es transitorio, por lo que imponerle formas fijas lo contraría, aunque tampoco es cuestión de que la humanidad obedezca irracionalmente a sus impulsos. Lo que debe hacerse es reconocer su carácter y establecer pautas de relacionamiento acordes con él y con las demás cuestiones que haya que tener en cuenta, lo que sólo puede hacerse con leyes abiertas y fácilmente modificables; pero para eso la humanidad tiene que tener razón.
Capital financiero y capital trabajista, con una conclusión
Dado por sentado que el capital es empresarial, ya que son las empresas las que acumulan capital, aunque no siempre, ya que las empresas a veces no acumulan, sino que producen subsistencialmente, distinguir entre capital financista y capital trabajista sirve para diferenciar sus formas, cosa que se intenta cuando se discierne entre la economía financiera y la productiva, lo que tiene el problema de que las finanzas también son productivas, ya que se producen a sí mismas y a sus relaciones con el resto de la práctica humana. En cambio, si se denomina capital trabajista al agrícola, ganadero, transportista, comercial, de servicios, se salda el problema y de una manera cierta porque lo que diferencia a ese capital de las finanzas es la prevalencia del trabajo asalariado en la generación del valor. Tareas empresariales hay en los dos, y también algunos asalariados financieros, pero la importancia proporcional de estos últimos en la generación de valor es mucho menor. La generación de valor del mundo de las finanzas es mayoritariamente hecha por los especuladores, entre quienes están los ejecutivos bancarios, los agentes bursátiles y los legistas del ramo, y por las autoridades empresariales, estatales y de los organismos supranacionales que los convalidan. Es un valor ficticio pero real, y basado en la economía trabajista y en la política internacional. Particularmente, también se basa en la piedad porque depende de la confianza y de los humores volátiles del mercado bursátil, siendo que éstos responden a la falta de razón, porque la gente no sabe qué hacer, y que la confianza proviene de la fe. La bursátil es una lógica relativamente extrapolada de los credos y aplicada al mercado especulativo, con la que se deciden algunas de sus prácticas, cosa que termina mal porque la confianza es incierta y porque los creyentes no saben que la razón de ser humana debe ser la de vivir bien para sí misma, al prohibírseles la lascivia y falseárseles píamente la comprensión de la vida en común. La acumulación de capital, en cambio, no está prohibida por las religiones, sino que es aceptada e incentivada en la educación privada, desde que la reforma protestante se plasmó conceptualmente en el liberalismo, que luego de la crisis de 1929 se transmutó en el proteccionismo. El hecho de que el proteccionismo sea pío y capitalista da cuenta de eso. Hay que recordar que la educación privada generalmente es liberal, sino proteccionista, además de conforme a la piedad, por lo que forma a los capitalistas: a los estudiantes que participan de ella se les enseña a componer la piedad con la acumulación de capital, aunque haya quienes no terminen haciéndolo. La acumulación capitalista es un sucedáneo de la ascética sacrificial: de allí su propensión a la rutina, al esfuerzo penoso, a la colaboración productiva comunitarista, al mantenimiento del orden vigente y a las formas puras, además de al anticomunismo y a la condena a la flojera.
Al menos en Argentina, la educación estatal, que es la pública, también es pietista liberal, aunque poco en su aspecto económico, ya que a la vez que enseña la Constitución de la Nación Argentina, la división de poderes, la tolerancia religiosa, el progresismo burgués y demás cuestiones de la doctrina propietaria, impulsa más al modelo proteccionista y forma más trabajadores que empresarios, y, de éstos, más laboralistas que financieros, dado que fue masivizada por el peronismo y que pertenece al estado. Ambas educaciones, estatal y privada, acogen subordinadamente al socialismo. El proteccionismo es la doctrina político-económica de la piedad populista, siendo que el liberalismo lo es de la elitista. Tienen una racionalidad enciclopedista que compone en falso a la piedad con la ciencia, lo que no implica que todos los liberales y proteccionistas sean piadosos, porque son concepciones históricas.
Al menos en Argentina, la educación estatal, que es la pública, también es pietista liberal, aunque poco en su aspecto económico, ya que a la vez que enseña la Constitución de la Nación Argentina, la división de poderes, la tolerancia religiosa, el progresismo burgués y demás cuestiones de la doctrina propietaria, impulsa más al modelo proteccionista y forma más trabajadores que empresarios, y, de éstos, más laboralistas que financieros, dado que fue masivizada por el peronismo y que pertenece al estado. Ambas educaciones, estatal y privada, acogen subordinadamente al socialismo. El proteccionismo es la doctrina político-económica de la piedad populista, siendo que el liberalismo lo es de la elitista. Tienen una racionalidad enciclopedista que compone en falso a la piedad con la ciencia, lo que no implica que todos los liberales y proteccionistas sean piadosos, porque son concepciones históricas.
domingo, 13 de marzo de 2016
De la cultura y la genética
La cultura, cuyo término precedente es el latino “cŏlō”, que significa “habitar”, “residir”, “morar” o “vivir”, tiene varias acepciones relativas al asentamiento fijo, pero los humanos incivilizados también son culturales, y los demás animales también, ya que la construcción de nidos, nichos o panales, el canto y el juego, y demás prácticas similares, son culturales, y los animales extrahumanos las hacen, no sólo porque hereden las condiciones para su desempeño genéticamente, sino también porque las reaprenden cada vez que lo hacen: se transmiten de generación en generación sobre la base de una predisposición genética que nos moldea los cuerpos prefigurándolos para tales actos.
Y habría que saber de los vegetales, que si bien no inteligen cerebralmente, sí interaccionan con el entorno, no sé de qué manera, si sólo sensitivamente, o cómo. La reproducción vegetal puede que no sea una práctica, por carecer de reflexión, pero tal vez sea un tipo de acto cultural, según sea definida la cultura y según sea la reproducción vegetal, a lo que hay que reconocer exactamente, lo mismo que sucede con las adaptaciones vegetales que parecieran haber sido hechas con el interés de adaptarse, como si hubiesen sido pensadas, sin haberlo sido porque los vegetales no tienen cerebro, a no ser que haya formas de pensar no cerebrales, cosa que ignoro. Otra opción sería que esas adaptaciones hayan sido casuales, y hay más opciones. Habría que saber qué le sucede a las plantas, en su relación con el entorno, que las hace cambiar.
Y habría que saber de los vegetales, que si bien no inteligen cerebralmente, sí interaccionan con el entorno, no sé de qué manera, si sólo sensitivamente, o cómo. La reproducción vegetal puede que no sea una práctica, por carecer de reflexión, pero tal vez sea un tipo de acto cultural, según sea definida la cultura y según sea la reproducción vegetal, a lo que hay que reconocer exactamente, lo mismo que sucede con las adaptaciones vegetales que parecieran haber sido hechas con el interés de adaptarse, como si hubiesen sido pensadas, sin haberlo sido porque los vegetales no tienen cerebro, a no ser que haya formas de pensar no cerebrales, cosa que ignoro. Otra opción sería que esas adaptaciones hayan sido casuales, y hay más opciones. Habría que saber qué le sucede a las plantas, en su relación con el entorno, que las hace cambiar.
Técnica y tejido
El concepto de la técnica puede que provenga del tejido, porque la palabra griega que dio origen a “tejné” es, transliterada, la de “téxvn”, y porque el tejido es una práctica antecesora y equiparable a otras técnicas. Es una de las primeras artes, para cuya realización la humanidad tuvo que pensar y trabajar los materiales, además de haberse establecido en un lugar, aunque tiene antecedentes primitivos, como la práctica de entrecruzar o anudar lianas, ramas u hojas.
La palabra latina para hablar de los tejidos era la de textum, cuya sonoridad es parecida a la de téxvn, porque la vé corta se pronuncia como la u.
La palabra latina para hablar de los tejidos era la de textum, cuya sonoridad es parecida a la de téxvn, porque la vé corta se pronuncia como la u.
sábado, 12 de marzo de 2016
De la acusación a que la militancia popular participara en el Estado argentino
Desde que el macrismo ganó las elecciones presidenciales argentinas se plasmó un argumento en la opinión pública, gestado desde antes y de raigambre propia, que condena a que la militancia populista haya entrado a trabajar en los programas sociales del gobierno kirchnerista. El descaro del liberalismo es tal que omite señalar que los estados capitalistas, desde el triunfo de las revoluciones burguesas, siempre se conformaron preponderantemente por liberales, fueran militantes o no, y que las empresas capitalistas casi siempre fueron beneficiadas por los estados liberales.
De los bailarines, cantantes, instrumentistas y acompañantes en las fiestas, y más
Un objetivo a lograr para las fiestas es el de que bailarines, cantantes, instrumentistas y acompañantes intercambien de lugares y roles entre sí, lo que no puede ser con instrumentos sofisticados, que se pueden robar o romperse, pero, más que eso, que se establezcan relaciones de diálogo expresivo entre ellos, y en particular entre los bailarines e instrumentistas, semejantes a las que suceden entre los músicos cuando conversan musicalmente, de igual manera que podría existir la economía lúdica.
Para eso la gente tiene que saber que ensamblar importa más que ensamblar bien, porque si no se censuran entre sí cuando no lo hacen bien, lo que excluye a los que no son diestros, cosa que es más mala que ensamblar mal porque el estableciemiento de relaciones sociales es más importante que los logros estéticos.
El intercambio de lugares es parecido a lo que los candomberos llaman el entrevero, que es cuando, una vez terminados los bailes ceremoniales, que ya debieran haber dejado de hacerse, la gente baila libre, en parejas, suelta o de a grupos, en relaciones transitorias, muchas veces poco duraderas y que se transforman contínuamente, lo que se acota a los bailarines y no lo suficiente al resto de los presentes.
Otro objetivo es que las fiestas puedan improvisarse local y autogestivamente, para lo que es preciso subordinar el tránsito automotor a las necesidades de socialidad barrial, ya que las fiestas tienen que poder hacerse en la calle, que es el espacio público local, además del orden productivo necesario para eso. También estaría pendiente la aceptación de formas livianas o abiertas de desnudismo, e incluso para luego la cuestión de la aceptación pública del sexo explícito en lugares sociales.
A la cuestión del diálogo entre los bailarines e instrumentistas la aprendí de Hugo Samek, un percusionista musicoterapeuta, hijo de Elsa Stagnaro y Alejandro Samek, que la hubo estudiado en Senegal, donde en los bailes tradicionales era el bailarín que entraba al centro del toque quien dirigía relativamente al ensamble de instrumentistas, que seguían sus pasos de baile, a su vez correspondientes a la estructura del tema, y en particular interactuaba con los tamboreros solistas. Lo mismo aprendí de Samek que en algunas comunidades africanas se hubo implementado un sistema de economía lúdica: mientras algunos hacían las tareas de labranza otros tocaban ritmos acordes a sus movimientos corporales, y luego rotaban, mientras que cantaban. También me enseñó que los africanos hubieron modulado su habla y sus toques de manera que confluyeran sus sonoridades, por lo que con los tambores expresaron sonidos iguales a los de sus palabras, de igual modo que su fonética fue percusiva, así como me dijo que, mediante los bailes, cantos y toques, algunos africanos llegaron a curar la esquizofrenia, pero no sé más de eso.
En los cantos del los esclavos algodoneros del sur estadounidense persistía esa cuestión del ludismo en la economía, como tanto persiste en la economía actual, cuando la gente juega mientras trabaja.
Para eso la gente tiene que saber que ensamblar importa más que ensamblar bien, porque si no se censuran entre sí cuando no lo hacen bien, lo que excluye a los que no son diestros, cosa que es más mala que ensamblar mal porque el estableciemiento de relaciones sociales es más importante que los logros estéticos.
El intercambio de lugares es parecido a lo que los candomberos llaman el entrevero, que es cuando, una vez terminados los bailes ceremoniales, que ya debieran haber dejado de hacerse, la gente baila libre, en parejas, suelta o de a grupos, en relaciones transitorias, muchas veces poco duraderas y que se transforman contínuamente, lo que se acota a los bailarines y no lo suficiente al resto de los presentes.
Otro objetivo es que las fiestas puedan improvisarse local y autogestivamente, para lo que es preciso subordinar el tránsito automotor a las necesidades de socialidad barrial, ya que las fiestas tienen que poder hacerse en la calle, que es el espacio público local, además del orden productivo necesario para eso. También estaría pendiente la aceptación de formas livianas o abiertas de desnudismo, e incluso para luego la cuestión de la aceptación pública del sexo explícito en lugares sociales.
A la cuestión del diálogo entre los bailarines e instrumentistas la aprendí de Hugo Samek, un percusionista musicoterapeuta, hijo de Elsa Stagnaro y Alejandro Samek, que la hubo estudiado en Senegal, donde en los bailes tradicionales era el bailarín que entraba al centro del toque quien dirigía relativamente al ensamble de instrumentistas, que seguían sus pasos de baile, a su vez correspondientes a la estructura del tema, y en particular interactuaba con los tamboreros solistas. Lo mismo aprendí de Samek que en algunas comunidades africanas se hubo implementado un sistema de economía lúdica: mientras algunos hacían las tareas de labranza otros tocaban ritmos acordes a sus movimientos corporales, y luego rotaban, mientras que cantaban. También me enseñó que los africanos hubieron modulado su habla y sus toques de manera que confluyeran sus sonoridades, por lo que con los tambores expresaron sonidos iguales a los de sus palabras, de igual modo que su fonética fue percusiva, así como me dijo que, mediante los bailes, cantos y toques, algunos africanos llegaron a curar la esquizofrenia, pero no sé más de eso.
En los cantos del los esclavos algodoneros del sur estadounidense persistía esa cuestión del ludismo en la economía, como tanto persiste en la economía actual, cuando la gente juega mientras trabaja.
jueves, 10 de marzo de 2016
Comentario sobre El mito de la argentina laica
No leí el libro de Fortunato Mallimaci, ni pienso hacerlo porque me interesa poco y tengo mucho que leer, pero el título da cuenta de que el autor adoptó la acepción del laicismo referida a la independencia respecto de los credos, en vez que de las iglesias, o la otra, que pienso que es la correcta, sobre lo popular. El vocablo griego “laϊkós” viene de “laós”, que es pueblo, muchedumbre o multitud, algo así como la masa; viene de “láas”, piedra, y significa “lego”, a diferencia del clero, sin importar que los legos sean creyentes o no. Por eso es que la laicidad argentina no es un mito: sucede que el pueblo argentino se tornó algo más proclive a la iglesia católica, y a las evangelistas y demás, en los últimos años, tras la caída de la URSS y en particular desde que Bergoglio fuera nombrado Papa. El título del libro es una provocación al cientificismo.
miércoles, 9 de marzo de 2016
En resumidas cuentas
El problema social de la humanidad es el de su mal comportamiento, que responde a su mala educación, dada por las religiones y por las demás concepciones injustas, derivadas a su vez de la rápida evolución causada por la técnica, en particular la agrícola.
De la miseria
Es deshonesto como los diccionarios separan las definiciones de la miseria de las de las misas. Es comprensible, dado el orden del discurso dominante, acrítico para con las piedades usualmente; pero los términos son indisociables, no sólo por su semejanza sino también por su cercanía histórica: los primeros cristianos fueron predicadores de la pobreza, la austeridad, la opacidad, la estrechez, cosas que llevan a la avaricia y a la tacañería, o a la desgracia e infelicidad, a la vez que las posteriores intrigas eclesiásticas fueron tramposas y reprobables, por lo que ocultas y secreteras. La simpleza predicada por los primeros cristianos supuso un intento de superar la opulencia de los emperadores romanos y de sus cortes, y en eso acertó al reconocer que las riquezas excesivas no son universalizables; pero la ascética cristiana también se equivocó: no es necesario ser pobre, y es malo. El problema es que las iglesias cristianas predican la pobreza, por lo que sus fieles intentan que ésta prime desde su falsa conciencia, cuando no cosas peores como la contemplación del desastre histórico actual como si éste fuera el advenimiento del apocalispsis.
Algo análogo puede que suceda con la mezquindad, cuya palabra designante es similar a la de “mezquita”.
No obstante, a este comentario le falta comprobación.
Algo análogo puede que suceda con la mezquindad, cuya palabra designante es similar a la de “mezquita”.
No obstante, a este comentario le falta comprobación.
lunes, 7 de marzo de 2016
Respuesta a ‟El ‘no’ a la tentación hegemonista”, de Maristella Svampa
La nota siguiente es un análisis crítico del artículo publicado
en el dossier “Bolivia: referéndum y extractivismo”, de la revista Sin Permiso, el 5 de marzo de este año,
que retoma algunos de sus planteos y que reformula otros. En su favor, señalo
que el ecologismo es un aspecto indispensable de todo modelo que pretenda ser
emancipatorio, porque el disfrute de la vida requiere de un medio ambiente
sano; pero, aparte de eso y de los demás puntos en que Svampa tiene razón, o
que no puedo evaluar por ignorancia, voy a centrarme en las críticas que me son
asibles, para buscar la superación de las cuestiones que entiendo lo requieren.
No me parece que haya una falsedad en el doble proceder del
gobierno de Evo Morales al sostener la defensa de la Tierra en los congresos
internacionales y explotarla en su país, porque la explotación de la Tierra es
un problema capitalista de carácter mundial, mientras que el modelo adoptado
por su gobierno, una variante del desarrollismo, modelo que busca superar la
dependencia de los países subdesarrollados respecto a las potencias mundiales mediante
una industrialización financiada con la exportación de materias primas, goza de
consenso en el progresismo latinoamericano ˗e incluso, en algunos aspectos
cuestionables, en parte de la izquierda crítica a ellos, como la trotskista˗, un
progresismo que no ha evaluado bien a las consecuencias del desarrollo, no
sólo para el medioambiente sino para el conjunto de los sistemas sociales
latinoamericanos y el terráqueo. En el caso boliviano, el gobierno del MAS
implementó una variante del planteo desarrollista, menos centrada en el cambio
de la matriz productiva que en la inclusión por vía de la redistribución de la
renta de las exportaciones extractivistas. En ese sentido, dado el carácter de la
sociedad mundial, al gobierno moralista no le queda otra opción que explotar la
tierra: tienen que hacerlo sí o sí, a no ser que socializaran los medios de
producción e implementaran una economía ecologista, pero la correlación de
fuezas se lo impediría incluso si ese fuera su propósito: ni siquiera los
obreros y los campesinos reclaman masivamente la socialización de los medios de
producción. Lo que sí podrían hacer los progresistas es reconocer el problema,
dejar de atacarnos a los ecologistas e impulsar una socialización progresiva
mientras que se transforma posibilistamente al modelo vigente, ya que para
cambiarlo drásticamente se requiere de revoluciones sociales y reformas
legislativas para las que no alcanzan las fuerzas, debido al peso militar,
financiero, empresarial, jurídico, comunicativo y eclesiástico de la derecha. Y
además, gran parte de la izquierda tendría que poner en debate su interés
industrialista, ya que el planteo industrializador poco conciente que sostiene en
algunas de sus posiciones llevaría a un modelo superexplotador, más lesivo para
la humanidad, el resto de la naturaleza y la Tierra que el que está en curso.
Imagínense lo que sería si América Latina, África, Oceanía y la parte
subdesarrollada de Asia alcanzaran la industrialización de Europa, Estados
Unidos, Rusia y China: sería un desastre planetario mucho mayor que el vigente
hoy en día. En ese sentido, el objetivo es el de lograr modelos sostenibles, de
generación de poco valor agregado, pero suficiente para que se mantengan las
naciones, a la vez que se busque una complementación económica internacional y
justa para todas las partes, lo que, de lograrse alguna vez, no será pronto,
pero aún así se podría avanzar mucho con la socialización de los medios de
producción y la explotación racional de los recursos terráqueos, con la
racionalización de la economía en general, que liberaría a la humanidad de la
explotación y le permitiría socializarse de buena manera.
A la cuestión de la reelección presidencial no la veo del
mismo modo que Svampa en el artículo, aunque sí acuerdo con la necesidad del recambio, pero sin estar
seguro al respecto, porque más que quienes gobiernen lo que importa es la
política que implementen: con recambio o reelección seguiría estando el
problema de los excesos gubernativos, y tal vez de peor manera, aparte de que seguirá
estando el de la democracia representativa, que es injusta en sí porque no es
consensualista. No obstante, es cierto que dentro de ese marco, los representantes demócratas-populares tendrían que buscar sucesiones presidenciales no demasiado reelectivas, aunque
se les dificulte porque mundialmente están subordinados a la opresión liberal.
Lo del fin de ciclo es incierto: es aventurado sostenerlo.
Lo que sí se puede decir con certeza es que los gobiernos demócrata-populares
están en crisis, cosa que ya sucedió en el pasado: le pasó a Lázaro Cárdenas, a
Vargas y a Perón, cuyo balance habría que hacer en detalle, ya que vivimos las
consecuencias de sus errores y de sus logros. Esa crisis se debe en parte a las
conspiraciones internacionales de la oligarquía, acicateada desde los Estados
Unidos, los centros financistas, como el FMI y el BM, y los grandes medios de
comunicación, entre otros; y en parte a sus errores y malos modos, además de
los otros factores que condicionan a los gobiernos: la falsedad de las naciones
dada por las religiones, la recesión mundial desde 2008, la caída del precio de
las materias primas y muchos más a los que habría que reconocer. En un resumen
incompleto, por la hegemonía del pietismo capitalista trasnacional, liderado
por las finanzas y secundado por el militarismo y las grandes ramas de la
industria y la agricultura, junto a los negocios ilegales, como la trata de
mujeres y el narcotráfico, que hacen a la barbarie en curso que está en crisis
en general.
Al margen del análisis del artículo en cuestión, el
paradigma de la dependencia, que busca superar el subdesarrollo, tendría que reconocer
que los así llamados “países desarrollados” son en realidad países mal
desarrollados, por lo que no son un modelo a seguir; y más aún, lo que se
necesita no es alcanzar un modelo para las regiones sino un complemento productivo
internacional y justo: las otras soluciones se desvían del modelo que debe ser,
por lo que son corregibles.
Otro punto al margen es el abandono de la izquierda a la
crítica de las religiones, que es un punto central del socialismo científico
cuya importancia es mal reconocida, ya que el capitalismo es una consecuencia
del pietismo: el pietismo condicionó al capitalismo, porque es anterior a él, y
determina a algunos problemas sociales, como la definición de la razón de ser humana, o sea, la respuesta
a la pregunta por el sentido de la vida humana, o la falsa conciencia, con
mayor profundidad también. El capitalismo es el modo de producción pietista
posterior a la reforma y a la contrarreforma cristianas, por lo que el fideísmo es su
antecesor. La agricultura determinó a la religión, pero la religión determinó
al modo de producción capitalista: ambos factores tienen una influencia
recíproca con primacía económica, ya que parte de la historia humana es que la concepción ideativa determina al resto de la práctica, además de la inversa, que es primordial.
Una última cosa que quiero decir, pero esta vez en relación al otro artículo del dossier, el de Joan Martínez Alier, que también me gustó bastante, es que discrepo con la idea de que Evo Morales tendría que hacerse cargo de la crianza de su hijo recientemente reconocido, no porque no corresponda al modo vigente de criar a los hijos, sino porque no cuestiona al sistema de parentezco y crianza judeocristiano, que es injusto porque sujeta a la gente a formas pías, además a fuerza de acusaciones, e impide la crianza comunal, no obstante lo cual pienso que Morales tendrá que hacerlo así. También valdría que la oligarquía, que tanto escándalo hace ahora por eso, reconociera todas las veces que ellos cometieron adulterios engañosos y tuvieron hijos considerados ilegítimos, encima ocultándolo, lo mismo que pasa con los casos de corrupción que le denuncian al PT sin hacer lo mismo cuando los cometen los liberales, que son muchísimos más. La corrupción es un rasgo estructural a la piedad capitalista, debido a su falsedad, por lo que se la pueden encontrar a cualquier gobierno: lo que pasa es que la oligarquía utiliza las denuncias para su conveniencia, finge buscar la justicia cuando hace una delación malintencionada, porque su concepción es mojigata, miserable, en el sentido de que tiene habilidades míseras, de las misas, o sea, eclesiásticas, ya que la trama de trampas, manipulaciones y mentiras en las disputas por el poder son una característica esencial de las órdenes religiosas extendida al laicismo, aunque en él opera de distintas y menores maneras.
Notas
1. En el marco de un democratismo o un socialismo naturista, una medida que serviría para reducir las importaciones, y el déficit del comercio exterior correspondiente, es la de reemplazar por mano de obra, con herramientas simples, a las actividades que se realizan con máquinas sofisticadas, eléctricas o electrónicas en general, lo que generaría muchos puestos de trabajo y sostendría a la economía en niveles aceptables por el consumo de esos trabajadores también, además de aliviar la contaminación causada por la maquinaria y el exceso de producción industrial compleja en el primer mundo y de extracción minera en el tercero. Los gobiernos tienen que atender al problema causado por la sobretecnificación de la producción, y lo mismo, para el problema del transporte y el exceso en el consumo de combustible, seviría fomentar que la gente desempeñe sus actividades cerca de donde reside, según fuere posible.
Además, dentro de las medidas reformistas que se podrían implementar mientras no haya las fuerzas para socializar los medios de producción masivamente, está la reducción de la jornada laboral, a 30 horas semanales por ejemplo, que incrementaría la cantidad de puestos de trabajo. Algunas de las empresas podrían hacer frente a ese aumento de costes laborales, ya que tienen ganancias extraordinarias que fugan al exterior, y para las otras podría haber excepciones o variantes. A la vez, según los casos se podrían socializar las tierras ociosas, a no ser que fuese social o ecológicamente necesario mantenerlas así, y las empresas quebradas, que las habrá porque la piedad y la competencia capitalista hartan a los empresarios hasta el colapso.
2. Lo poco que dije sobre el modelo boliviano es insuficiente, pero no sé mucho más del asunto. Me referí a eso para dar cuenta del problema ecológico y social que tiene el industrialismo desarrollista.
3. Massimo Modonesi prosiguió la crítica al verticalismo progresista en “Caudillismos y cesarismo en la coyuntura latinoamericana y mexicana”, publicado en Rebelión el 16 de marzo.
4. Ahora, al 17 de marzo, parece que Evo Morales no era el padre biológico del hijo que le adjudicó la campaña de desprestigio de la derecha. Y pensamos que era verdad.
domingo, 6 de marzo de 2016
Desarrollismo y traumas psicológicos
Otro punto en contra que tiene el desarrollismo es que, al someter a las naciones al productivismo compulsivo, ellas tienen dificultades para elaborar los traumas psicológicos acarreados por el sistema vigente, porque para hacerlo sus integrantes tienen que tener tiempo para pensar y comunicarse entre sí, de manera de hacerlos explícitos y socialmente concientes, y concertar las prácticas correspondientes a su superación, lo que les es impedido por el esfuerzo productivo que se tiene que hacer. El paradigma del decrecimiento económico, que apunta a un modelo económico racional, pretende moldear a la economía para que no obstruya la solución de los problemas de los restantes aspectos de la socialidad.
sábado, 5 de marzo de 2016
De la prostitución
La prostitución, etimológicamente, es la defensa de las instituciones, “pro-institución”, o, mejor dicho, la defensa del status quo, el estado de las cosas: viene de “pro status”, lo que no sería problema si el orden vigente fuese bueno. Entonces, ¿cómo se relaciona el comercio sexual con la defensa de las instituciones? Pienso que se trata de una forma pía de incluir a la sexualidad extramatrimonial y a algunas de las mujeres abandonadas, al margen del sistema de socialización dominante, que ordena a las mujeres bien consideradas, para el cánon vigente, según las normas pías del comportamiento supuestamente conveniente, aunque ese orden sea desobedecido en secreto, y contiene a algunas de las mujeres bastardeadas en el servicio sexual, que son tildadas de “mal nacidas” por haber sido engendradas de manera ilegítima para las formas fideístas, o degradadas mediante cualquier otra excusa. El término proviene de la antigua roma y los diccionarios luego trocaron su sentido etimológico por los de “exponer en público”, “humillar” o “mancillar”, porque las formas históricas en que se hubo sometido a las prostitutas, incluyendo a los hombres, implicaron su exposición pública y su denigración, no solamente en relación con el comercio sexual sino también con otros tipos de sometimiento calificados de prostitutos, como los de los trabajadores del entretenimiento que tienen relaciones homosexuales. Por el caso de las mujeres forzadas al trabajo sexual, la promiscuidad se asoció a la prostitución, de lo que se calificó de prostitutas a las mujeres promiscuas, fuesen explotadas del comercio sexual o no, también como un modo de punir las faltas a las normas pías que regulan al orden sexual. Hay todo un abuso histórico del término a causa de las definiciones falsas, que conllevan a la agresividad con que se insulta y que responde más que a eso al interés ordinario pío.
El significado de prostituir como “someter al estado vigente”, o a las instituciones, se corresponde con la práctica del comercio sexual que subordina a las mujeres atrapadas en las redes de trata y las pone a desempeñarse en tareas que favorecen al orden imperante, o en el de las que la ejercen por otras causas, en el sentido de que las prostitutas proveen de dinero a los proxenetas y ofrecen una resolución, falsa pero real, a la represión sexual masculina requerida por la monogamia, lo mismo que sucede, pero minoritariamente, entre los prostitutos y sus clientas y en las prostituciones sexualmente divergentes, aparte de las otras prácticas relativas a la prostitución que perpetúan al orden pío, como el vedetismo, las frivolidades y los consumos no emancipatorios, aunque éstas tienen a favor el hecho de contener en mayor medida algunos goces y anhelos libertarios de los sometidos. La prostitución es una forma baja, subordinada, de la institucionalización. No obstante, no todas las prácticas del ámbito de la prostitución son prostitutas, e incluso hay apoyos a las instituciones que son emancipatorios porque las instituciones son entes permeados por las prácticas proletarias. Lo malo de las instituciones es su carácter pío, y sus formas derivadas, pero no bastaría con cambiarle el modo de pensar y actuar a los instituidos para resolver el problema porque las instituciones, al ser lugares cerrados, apartan a la gente de quienes están afuera, separan a los instituidos de sus congéneres externos, cosa que tendrá que ser resuelta históricamente.
El hecho de que tanto la sexualidad como el juego sean incluidos en el funcionamiento social de maneras degradadas da cuenta del lugar que el sistema teísta le asigna al goce y a la socialidad, a las que se admite bajo modos reprobables, sancionables, si es que desobedecen a los cánones instituidos, lo que deriva de la mala consideración al disfrute que se hace en las ideas religiosas, que en el caso del cristianismo asocian la diversión al pecado, porque éste tiene una lógica autopunitoria a consecuencia de condenar a las cuestiones materiales que no se conforman con sus mandatos ideales: de la falsedad que supone la idea de que somos pecadores, como si estuviéramos en deuda por haber nacido, o por desatender a las piedades, se sigue la práctica tortuosa dominante, que se expande atravesando a las órdenes clericales por los distintos ámbitos de las sociedades pías, contrariada e históricamente, lo que causa una distorsión social que pervierte a las relaciones entre las personas, que subsisten problematizadas.
El significado de prostituir como “someter al estado vigente”, o a las instituciones, se corresponde con la práctica del comercio sexual que subordina a las mujeres atrapadas en las redes de trata y las pone a desempeñarse en tareas que favorecen al orden imperante, o en el de las que la ejercen por otras causas, en el sentido de que las prostitutas proveen de dinero a los proxenetas y ofrecen una resolución, falsa pero real, a la represión sexual masculina requerida por la monogamia, lo mismo que sucede, pero minoritariamente, entre los prostitutos y sus clientas y en las prostituciones sexualmente divergentes, aparte de las otras prácticas relativas a la prostitución que perpetúan al orden pío, como el vedetismo, las frivolidades y los consumos no emancipatorios, aunque éstas tienen a favor el hecho de contener en mayor medida algunos goces y anhelos libertarios de los sometidos. La prostitución es una forma baja, subordinada, de la institucionalización. No obstante, no todas las prácticas del ámbito de la prostitución son prostitutas, e incluso hay apoyos a las instituciones que son emancipatorios porque las instituciones son entes permeados por las prácticas proletarias. Lo malo de las instituciones es su carácter pío, y sus formas derivadas, pero no bastaría con cambiarle el modo de pensar y actuar a los instituidos para resolver el problema porque las instituciones, al ser lugares cerrados, apartan a la gente de quienes están afuera, separan a los instituidos de sus congéneres externos, cosa que tendrá que ser resuelta históricamente.
El hecho de que tanto la sexualidad como el juego sean incluidos en el funcionamiento social de maneras degradadas da cuenta del lugar que el sistema teísta le asigna al goce y a la socialidad, a las que se admite bajo modos reprobables, sancionables, si es que desobedecen a los cánones instituidos, lo que deriva de la mala consideración al disfrute que se hace en las ideas religiosas, que en el caso del cristianismo asocian la diversión al pecado, porque éste tiene una lógica autopunitoria a consecuencia de condenar a las cuestiones materiales que no se conforman con sus mandatos ideales: de la falsedad que supone la idea de que somos pecadores, como si estuviéramos en deuda por haber nacido, o por desatender a las piedades, se sigue la práctica tortuosa dominante, que se expande atravesando a las órdenes clericales por los distintos ámbitos de las sociedades pías, contrariada e históricamente, lo que causa una distorsión social que pervierte a las relaciones entre las personas, que subsisten problematizadas.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Una conclusión a partir de debatir el progresismo de los liberales
Los liberales no es que no sean progresistas. De hecho, gran parte del progreso humano de los últimos dos siglos y medio es debida a ellos, además de las maldades y reaccionariadas que cometieran. El problema es que desde la concepción liberal el progreso que puede hacerse es insuficiente, y deficitario en algunos aspectos, por lo que ellos son sinceros, a veces, cuando aspiran al progreso, pero hipócritas, porque no reconocen que en sus términos el progreso alcanzable no basta, es excluyente y se desvía del objetivo de hacer feliz a la humanidad con lo necesario, por el productivismo elitista, que incrementa a la producción expulsiva y excesivamente, algo que, quitando lo de la exclusión, y la mayor especulación financiera, sucede de distinta manera con el proteccionismo y con algunas vertientes del socialismo.
La insistencia que hago para superar al pietismo, e incluso a las ciencias equívocas, radica en que no basta con que una clase dirigente ordene a la humanidad desde el conocimiento verdadero, sino que es preciso que toda la humanidad sea buena, para lo que tiene que ser verdadera. De otra manera, incluso la mejor concepción podría alcanzar una posición de dominio, pero sería falseada por los golpes y boicots que sufriera por parte de los disidentes, lo que la contrariaría; pero igual hay que pugnar por el gobierno: sucede que esa pugna tendría que incluir el abordaje explícito de la cuestión religiosa, así como debate a las políticas pías.
La insistencia que hago para superar al pietismo, e incluso a las ciencias equívocas, radica en que no basta con que una clase dirigente ordene a la humanidad desde el conocimiento verdadero, sino que es preciso que toda la humanidad sea buena, para lo que tiene que ser verdadera. De otra manera, incluso la mejor concepción podría alcanzar una posición de dominio, pero sería falseada por los golpes y boicots que sufriera por parte de los disidentes, lo que la contrariaría; pero igual hay que pugnar por el gobierno: sucede que esa pugna tendría que incluir el abordaje explícito de la cuestión religiosa, así como debate a las políticas pías.
martes, 1 de marzo de 2016
Del veto a la tautología
Un acto reprobable dentro de la ciencia es el veto a la tautología, hecho según el argumento de que la tautología no agrega ningún saber porque es reiterativa, define a los objetos según sí mismos; pero eso no es así. La tautología es una respuesta. Cuando alguien se pregunta qué es algo y se responde que ese algo es sí mismo, ya hay una primera comprensión, que no sería si no se hubiera respondido tautológicamente. En segundo lugar, las respuestas tautológicas tienen el mérito de ser siempre verdaderas, lo que no pasa siempre con las respuestas por extensión, las que dan una definición extensa del objeto de estudio. Por último, las respuestas tautológicas pueden llevar a investigar la etimología del nombre del objeto de estudio, que, cuando es correcta, permite comprenderlo mejor, y también sirve conocerla cuando no es correcta. Estos motivos no quitan que valgan las respuestas extensivas.
Del carácter de la determinación
La acepción de la determinación referida a la causalidad es relativa también. Cuando en la física newtoniana se habla de causas, usualmente se da por sobrentendido que éstas son como absolutas: influyen sobre su objeto siempre de la misma manera, en tanto que las circunstancias no varíen, lo que se debe a que la física newtoniana da cuenta de hechos terráqueos, cuyas condiciones astrofísicas, la masa de la Tierra, la distancia con la Luna y el Sol, las relaciones entre la galaxia del sistema solar y el resto del universo, cambiaron poco en lo que más percibimos desde que la humanidad tiene conciencia y desde las investigaciones de Newton. De allí que a la física se la considere una ciencia dura, una en que sus postulados son rígidos; pero eso, en realidad, es relativo también: la fuerza de atracción de la Tierra, a la que consideramos según una ley fija, también varió con el tiempo, ya que al principio la masa terráquea era menos densa, y antes de eso ni Tierra había, de igual modo que cambiará a futuro, mucho más lento incluso que el movimiento de los continentes. En las ciencias sociales, dadas por constantes las condiciones astrofísicas de la historia humana, porque ellas variaron poco en lo que se puede percibir comúnmente desde la Tierra en el período más estudiado, alrededor de los últimos 10 mil, o 5 mil, o 2 mil años, los determinantes fueron más variables, por lo que se las llama ciencias blandas. No obstante, la determinación es histórica también, en el sentido de que los factores que inciden en sus objetos lo hacen según lo hacen de hecho, no absolutamente, por lo cual hay incidencias cruzadas, múltiples, excepcionales, casuales, contrafácticas, accidentales y demás, junto a las cesaciones de las incidencias, cuando se esperaba que un factor causara algo y no lo hizo por otros motivos intervinientes.
Otra acepción para la determinación es la de desarme, como cuando se habla de determinar al capital, no en el sentido de comprenderlo sino en el de deshacerlo, como la destrucción o la deconstrucción.
Otra acepción para la determinación es la de desarme, como cuando se habla de determinar al capital, no en el sentido de comprenderlo sino en el de deshacerlo, como la destrucción o la deconstrucción.
lunes, 29 de febrero de 2016
Aclaración insistente
Cuando digo que el modelo actual es el pietismo capitalista no estoy contradiciendo el postulado de la determinación económica, porque el pietismo vigente es consecuencia de la agricultura: sucede que la primacía de la deteminación económica no impide que la religión haga una determinación subsiguiente, que impulsa al modo de producción capitalista basada en la agricultura.
Hay que diferenciar al modo de producción económico-social del tipo de actividad económica. Los tipos de actividades económicas son la agricultura, que incluye a la ganadería, la industria, los servicios, las finanzas, el comercio y el transporte, mientras que los modos de producción son el esclavista, el feudal y el capitalista, con los agregados que faltan. En ese sentido, históricamente, el desarrollo de la agricultura condujo a parte de la humanidad a asentarse en las ciudades, por lo que las creencias primitivas pasaron a desplegarse en las iglesias, desde las cuales los monjes hicieron a las distintas concepciones del mundo que se convirtieron en la razón de ser de sus seguidores en confluencia conflictiva con los relatos laicos para guiar la práctica, pero los primeros se plasmaron en las legislaciones estatales con mayor entereza: hay una alianza tácita o explícita entre las iglesias y las instituciones estatales, que es fácil de reconocer cuando se va a los centros administrativos urbanos, en los que están las entidades de gobierno, las plazas y las iglesias enfrente, además de las referencias teístas en las leyes constitucionales. En Europa, con la reforma y la contrarreforma cristianas, se abrió paso al liberalismo, que impulsó a las revoluciones burguesas que constituyeron al capitalismo vigente, ya de alcance mundial por medio del imperialismo y las colonizaciones; pero el capitalismo, si bien se separó del pietismo, no dejó de ser pietista del todo: en general, los capitalistas, son pietistas laicos, y si la lógica pía no se plasma absolutamente en la práctica social, sí tiene una influencia importante, históricamente distorsiva de la búsqueda de justicia, porque causa una comprensión oscurantista de la historia y de la moral. Esto, así dicho, tendría que ser estudiado en extenso en relación a la historia humana.
Añadir a la piedad en la definición del modo de producción es necesario para comprenderlo conceptivamente, no sólo económica y socialmente. Eso permite comprender el lugar de los credos en la determinación de las relaciones familiares, civiles, comerciales, amorosas, sexuales y demás, que tienen relación con la producción capitalista sin que ésta sea necesariamente su determinante principal: el determinante principal de la estructura de parentezco judeocristiana no es el capitalismo, ya que esa estructura viene desde la antiguedad. En todo caso, hay que establecer de qué formas la humanidad desempeñó sus prácticas históricamente, ya que, en tanto que la práctica humana es histórica, la influencia de sus determinantes cambia según cómo se hayan hecho las cosas, pero con predominio de la Tierra, la naturaleza y la economía después, antes que los órdenes superiores, como la ley, la ideología y demás, que luego contractuaron sobre aquellos.
También hay que tener en cuenta que el pietismo no se restringe a los sacerdotes, sino que abarca a los creyentes laicos, por lo que tiene gran influencia política.
Hay que diferenciar al modo de producción económico-social del tipo de actividad económica. Los tipos de actividades económicas son la agricultura, que incluye a la ganadería, la industria, los servicios, las finanzas, el comercio y el transporte, mientras que los modos de producción son el esclavista, el feudal y el capitalista, con los agregados que faltan. En ese sentido, históricamente, el desarrollo de la agricultura condujo a parte de la humanidad a asentarse en las ciudades, por lo que las creencias primitivas pasaron a desplegarse en las iglesias, desde las cuales los monjes hicieron a las distintas concepciones del mundo que se convirtieron en la razón de ser de sus seguidores en confluencia conflictiva con los relatos laicos para guiar la práctica, pero los primeros se plasmaron en las legislaciones estatales con mayor entereza: hay una alianza tácita o explícita entre las iglesias y las instituciones estatales, que es fácil de reconocer cuando se va a los centros administrativos urbanos, en los que están las entidades de gobierno, las plazas y las iglesias enfrente, además de las referencias teístas en las leyes constitucionales. En Europa, con la reforma y la contrarreforma cristianas, se abrió paso al liberalismo, que impulsó a las revoluciones burguesas que constituyeron al capitalismo vigente, ya de alcance mundial por medio del imperialismo y las colonizaciones; pero el capitalismo, si bien se separó del pietismo, no dejó de ser pietista del todo: en general, los capitalistas, son pietistas laicos, y si la lógica pía no se plasma absolutamente en la práctica social, sí tiene una influencia importante, históricamente distorsiva de la búsqueda de justicia, porque causa una comprensión oscurantista de la historia y de la moral. Esto, así dicho, tendría que ser estudiado en extenso en relación a la historia humana.
Añadir a la piedad en la definición del modo de producción es necesario para comprenderlo conceptivamente, no sólo económica y socialmente. Eso permite comprender el lugar de los credos en la determinación de las relaciones familiares, civiles, comerciales, amorosas, sexuales y demás, que tienen relación con la producción capitalista sin que ésta sea necesariamente su determinante principal: el determinante principal de la estructura de parentezco judeocristiana no es el capitalismo, ya que esa estructura viene desde la antiguedad. En todo caso, hay que establecer de qué formas la humanidad desempeñó sus prácticas históricamente, ya que, en tanto que la práctica humana es histórica, la influencia de sus determinantes cambia según cómo se hayan hecho las cosas, pero con predominio de la Tierra, la naturaleza y la economía después, antes que los órdenes superiores, como la ley, la ideología y demás, que luego contractuaron sobre aquellos.
También hay que tener en cuenta que el pietismo no se restringe a los sacerdotes, sino que abarca a los creyentes laicos, por lo que tiene gran influencia política.
Dos comentarios sobre el proletarismo
Que una práctica sea proletaria no implica que sea buena, ya que las hay que merecen correcciones, precisiones o la abstención de hacerlas, porque el hecho de ceñirse a las circunstancias y a las necesidades de la reproducción no garantiza que el acto sea justo. De igual manera, los monjes tienen prácticas proletarias, dadas a la familia, entendida en términos comunitaristas, a la servidumbre y a la necesidad, aunque esas prácticas sean amoldadas a los cánones píos, lo que a veces redunda en que sean injustas, pero no siempre: también en el eclesiado hay tendencias progresistas, que satisfacen, aunque no lo suficiente, porque están sujetos a la idea de que hay que salvar las almas mediante el sacrificio por concebir al nacimiento pecaminosamente, desde el mito de Adán y Eva en el caso cristiano, no sé en el islam ni en las otras religiones, de lo cual predican para que la gente laica cometa acciones dolorosas. No obstante, tampoco hay que suponer que los males humanos vienen todos de la cultura religiosa, ya que la barbarie vigente es consecuencia de un desorden que excede a las iglesias, y que atraviesa a la economía, a los gobiernos y al mundo laboral también.
domingo, 28 de febrero de 2016
El sujeto revolucionario es histórico
La idea socialista de que la clase trabajadora es el sujeto revolucionario es inexacta, ya que los trabajadores no siempre luchan por la liberación, sino que a veces son evasivos, como cuando se dedican al consumismo, retardatarios, cuando presionan para mantener las formas pías de comportamiento, e incluso reaccionarios, como cuando son xenófobos o fascistizantes. El sujeto revolucionario, en tanto que es histórico, o sea, de hecho, es el conjunto de personas que pugnan por la revolución, por una transformación de las prácticas humanas que nos libere del peso de las concepciones injustas, y por ende se compone de gente de todas las clases sociales, estén comunicados entre ellos para eso o no, que tienen en común el estar abocados a sus circunstancias, en vez que a los mandatos religiosos y propios, y el interés de que haya justicia social, por lo que son proclives al igualitarismo y la socialización. La izquierda tendría que reconocer esto, para dejar de marginar a los revolucionarios de las clases media y alta, y admitir el impulso revolucionario de los movimientos democráticos, que, aunque sean insuficientes, y algo equívocos, son progresistas, o sea, de un revolucionarismo poco conciente y algo desatinado, para establecer una alianza demócrata que combine las críticas internas con la política social y gubernativa, y que a la vez someta a un debate social a las prácticas malas del pietismo capitalista, para que se las reordene desde una concepción verdadera.
En tanto que el sujeto revolucionario es histórico, cambia permanentemente, según sean progresivas o regresivas las prácticas de cada quien, pero con la generalidad de ser propenso a considerar las circunstancias y a intentar que la humanidad goce, que viva para sí misma, lo que tiene que ser ordenado de buena manera porque si se goza mal, abusivamente, el goce es interrumpido por las consecuencias de ese abuso. Es un sujeto contingente pero que tiene que cumplir con los requisitos de ser prole y revolucionario, y es perfectible porque no es del todo bueno, y corregible también, por los desastres que hubo hecho.
En tanto que el sujeto revolucionario es histórico, cambia permanentemente, según sean progresivas o regresivas las prácticas de cada quien, pero con la generalidad de ser propenso a considerar las circunstancias y a intentar que la humanidad goce, que viva para sí misma, lo que tiene que ser ordenado de buena manera porque si se goza mal, abusivamente, el goce es interrumpido por las consecuencias de ese abuso. Es un sujeto contingente pero que tiene que cumplir con los requisitos de ser prole y revolucionario, y es perfectible porque no es del todo bueno, y corregible también, por los desastres que hubo hecho.
sábado, 27 de febrero de 2016
El proteccionismo es menos capitalista que el liberalismo
Si bien las distintas variantes del proteccionismo fueron capitalistas, y pietistas, o poco críticas con el fideísmo, también la izquierda tiene que reconocer que el proteccionismo es menos capitalista que el liberalismo, ya que desestima a la especulación financiera, que es la principal fuente de captación de valor actual, en provecho de la valorización agrícola, industrial, comercial y de servicios, la economía más concreta, lo que no quita que haya que superarlo, aparte de que hay proteccionistas socialistas.
Para la crítica al proletariado
Insistiré en este punto aunque ya lo haya expuesto antes: el proletariado debe ser criticado. No sólo porque en general es pío y procapitalista, y tiene sus rudezas y barbaridades, sino porque todos debemos ser advertidos sobre lo que hacemos mal. La condescendencia socialista para con el proletariado es hipócrita, e impide que se corrija la política de izquierda, que termina en una agresión hacia la clase alta, sea capitalista o no, mientras que la clase trabajadora vota a los candidatos de la derecha, consume mal algunas cosas, es devota, se deja engañar por los medios de comunicación privatistas, es violenta genérica y sexualmente, y se equivoca en otras cuestiones, mientras que los militantes de izquierda le reprochan poco, porque los tienen de favoritos, un procedimiento que los deslegitima.
martes, 23 de febrero de 2016
Un problema del asalarismo socialista
El prejuicio socialista de que para ser de izquierda hay que ser asalariado, directa o indirectamente, además de ser injusto tiene la contra de que el empresariado que podría sumarse a sus filas, sea para liberarse de la responsabilidad de tener propiedades en exceso, sea para emanciparse del yugo de las religiones, o por los motivos que fueren, no se integra a las organizaciones socialistas, de lo cual sus partidos políticos merman su financiación, ya que tienen que limitarse a los aportes de los asalariados. El caso es más fácil de reconocer cuando se trata de la mal denominada pequeña burguesía, o sea, el empresariado pequeño y mediano, que tiene sus tendencias reaccionarias a la vez que otras progresistas, lo mismo que le pasa a la clase obrera, aunque desde una posición social inferior.
Aunque haya poca conciencia social al respecto, y un rechazo al socialismo de su parte en gran medida, el empresariado se liberaría de muchas de sus presiones de socializarse los medios de producción y ordenarse la sociedad consensuadamente, y ganaría en libertad para relacionarse con la gente.
Aunque haya poca conciencia social al respecto, y un rechazo al socialismo de su parte en gran medida, el empresariado se liberaría de muchas de sus presiones de socializarse los medios de producción y ordenarse la sociedad consensuadamente, y ganaría en libertad para relacionarse con la gente.
domingo, 21 de febrero de 2016
Una respuesta a Emir Sader
Le voy a responder algunas cosas a Emir Sader de esta manera, mediante el blogspot, ya que anteriormente le escribí por el correo de lectores de Página 12 y luego de eso él sacó una nota, en ese mismo diario, acusándonos a los intelectuales críticos de los gobiernos progresistas de no ganar las elecciones, de ser ultraizquierdistas y de dedicarnos a responderles a los desarrollistas mediante correos electrónicos. Primero quiero decir que escribir correos electrónicos para contestar a las notas periodísticas no tiene nada de malo, y que yo les leo sus notas casi todos los días, sin haber tenido la posibilidad de contestarles casi nunca. Para eso tuve que poner este blogspot. Por otro lado, Emir Sader omitió poner en debate el contenido de los correos enviados, por lo que la cuestión de fondo se mantiene sin dilucidar. En tercer lugar, ni el trotskismo ni el ecologismo son ultraizquierdistas en general. La caracterización de los gobiernos progresistas como de izquierda, mientras que sus críticos seríamos unos extremistas, no es cierta, ya que los gobiernos progresistas oscilan entre la centroizquierda, como el PT, el PSUV, el MAS y el Frente Amplio, y el centroderecha, que es el caso del FpV, parte de cuya conducción hasta es conservadora, o sea, derechista, como lo son los gobernadores del Partido Justicialista de algunas provincias argentinas y algunos dirigentes sindicales. La acusación de ultraizquierdismo pretende aislar a la izquierda crítica de los gobiernos desarrollistas. No obstante, la crítica al idealismo de la izquierda es válida, porque lo hay y porque la izquierda crítica al progresismo gobernante exige cosas sin atender a las circunstancias que determinan a las cuestiones, por lo que se desacopla de la realidad a veces, y no otras, de igual manera que la hipocresía para con los gobiernos progresistas es perjudicial para las naciones y hasta para ellos mismos, porque al no corregirse sus errores se restan apoyos y se ganan opositores, lo que les merma fuerzas y favorece sus derrotas ante los liberales, la derecha, que es hegemónica mundialmente. Por eso es que debieran alentar la postura del apoyo crítico, e incluso las críticas sensatas y opositoras, aunque yo no comparta esa tesitura porque ignora las correlaciones de fuerzas, y corregirse la política a medida que evoluciona la historia, es decir, corregirse sobre la marcha.
Por otro lado, es malintencionado pretender que los descontentos con los gobiernos progresistas tendríamos que hacer partidos políticos y ganar las elecciones, como dijo Cristina Fernández, dado el peso de las iglesias y del capital, y las maniobras de los demócratas instalados en el sistema político, que nos lo impedirían, además del hecho de que muchos somos trabajadores o empresarios chicos que no tenemos ni tiempo ni dinero para costear partidos grandes; eso aparte de que en mi caso me estoy recuperando de los padecimientos de una celiaquía recientemente diagnosticada, a la que sufro desde la adolescencia y que me causó cansancio, dolores de panza intermitentes, erutos y depresión a lo largo de los últimos 20 años, y un acúfeno, osteopenia, irritabilidad y una contractura en el pie derecho en los últimos cuatro, con sus secuelas sociales, y de un desprecio político de parte del progresismo moderado y algunos atentados o malos tratos de los anarquistas, a la vez que de represiones policiales, lo que terminó en que renunciara al CLACSo y tuviera que rehacer mi vida, habiendo recibido muestras de solidaridad de poca gente más que de los fantasmas. Así que no les vale decir que no conozca la pobreza.
En resumen, la cuestión se reduce a que los gobiernos progresistas tendrán que aceptar que se los apoye críticamente, y que se los critique desde la oposición, sea de derecha o de izquierda, y hasta tendrían que convocar a que se haga eso de buena manera, ya que no tienen la verdad absoluta, por lo que ignoran lo que se intenta hacerles entender con las críticas, a las que tendrían que analizar, para juzgarlas, ya que no serán buenas del todo, y malas a veces, y a partir de eso responderlas satisfactoriamente; aparte de aceptar su superación por izquierda a mediano plazo, lo que podría ser de 20 a 300 años.
Por otro lado, es malintencionado pretender que los descontentos con los gobiernos progresistas tendríamos que hacer partidos políticos y ganar las elecciones, como dijo Cristina Fernández, dado el peso de las iglesias y del capital, y las maniobras de los demócratas instalados en el sistema político, que nos lo impedirían, además del hecho de que muchos somos trabajadores o empresarios chicos que no tenemos ni tiempo ni dinero para costear partidos grandes; eso aparte de que en mi caso me estoy recuperando de los padecimientos de una celiaquía recientemente diagnosticada, a la que sufro desde la adolescencia y que me causó cansancio, dolores de panza intermitentes, erutos y depresión a lo largo de los últimos 20 años, y un acúfeno, osteopenia, irritabilidad y una contractura en el pie derecho en los últimos cuatro, con sus secuelas sociales, y de un desprecio político de parte del progresismo moderado y algunos atentados o malos tratos de los anarquistas, a la vez que de represiones policiales, lo que terminó en que renunciara al CLACSo y tuviera que rehacer mi vida, habiendo recibido muestras de solidaridad de poca gente más que de los fantasmas. Así que no les vale decir que no conozca la pobreza.
En resumen, la cuestión se reduce a que los gobiernos progresistas tendrán que aceptar que se los apoye críticamente, y que se los critique desde la oposición, sea de derecha o de izquierda, y hasta tendrían que convocar a que se haga eso de buena manera, ya que no tienen la verdad absoluta, por lo que ignoran lo que se intenta hacerles entender con las críticas, a las que tendrían que analizar, para juzgarlas, ya que no serán buenas del todo, y malas a veces, y a partir de eso responderlas satisfactoriamente; aparte de aceptar su superación por izquierda a mediano plazo, lo que podría ser de 20 a 300 años.
jueves, 18 de febrero de 2016
Pietismo y manipulación informativa
El hábito pietista de dar por ciertas a las creencias y a las palabras de los monjes y demás autoridades, y por buenas a las leyes, cosas que aparentemente relegan de responsabilidad a la gente común por los juicios y las decisiones que toman, tiene una consecuencia que favorece a la manipulación informativa, ya que los receptores de los mensajes de los medios de comunicación, acostumbrados a suponer que los que hablan dicen la verdad, los aceptan como ciertos sin someterlos a verificación, lo que facilita la manipulación y les dificulta dilucidar los errores comunicativos, que los hay muchos porque la comunicación mediática es dislocada, compleja y apresurada. Por eso es que las campañas de izquierda en contra de la manipulación debieran comenzar por alertar de la falsedad informativa y reclamar a los espectadores que cotejen los mensajes que reciben en vez que tomarlos por ciertos. Las representaciones deben ser tomadas por lo que son, o sea, como representaciones, que hablan sobre los objetos representados pero cuya veracidad sobre ellos debe ser comprobada: es decir que los espectadores tienen que hacer la crítica de los medios de comunicación, para lo que tienen que saber quiénes son sus dueños y productores, y qué intereses tienen.
Y más en general se tendría que exigir a la gente que juzgue por sí misma y que sea responsable de sus actos, cosa que no pasa lo que debiera.
El mal hábito cognoscitivo causado por la religiosidad es el de la credulidad.
Y más en general se tendría que exigir a la gente que juzgue por sí misma y que sea responsable de sus actos, cosa que no pasa lo que debiera.
El mal hábito cognoscitivo causado por la religiosidad es el de la credulidad.
miércoles, 17 de febrero de 2016
Capitalismo, crecimiento y pobreza
Antes del capitalismo no había la desesperación actual por el crecimiento económico, ya que el feudalismo no se caracterizó centralmente por el aumento de la acumulación: esta necesidad es propia del capitalismo, que se basa en la acumulación como fin en sí mismo, por lo que requiere del aumento de la cantidad de producto constantemente, en una actitud adicta, ya que no se trata de una necesidad verdadera, sino de una compulsión. El desarrollismo vigente pretende reorientar ese interés para eliminar la pobreza mediante la distribución del producto que crece exponencialmente, pero esa pretensión también es falsa, porque la pobreza no es dada sólo por la escasez de bienes sino que es causada por todos aquellos factores que apenan a la humanidad.
Los análisis progresistas que achacan al capitalismo su incapacidad para superar la recesión iniciada en 2008 son peligrosos porque suponen que la humanidad debiera retomar la senda del crecimiento para resolver sus problemas, lo que conduce a una búsqueda que no solucionará el problema que intenta resolver, por lo que perpetuará la desgracia. Imagínense lo que sería si los progresistas asumieran los gobiernos, tras una crisis capitalista, y lograran que la economía mundial volviera a crecer a tasas del 8% anual. ¿A cuánta gente le arruinarían la vida al someterla a imperativos económicos que los harían trabajar y consumir excesivamente durante toda su vida? ¿Qué harían con los armamentos, automóviles, electrodomésticos y demás aparatos, que son de las principales causas de muertes, accidentes y molestias humanas? ¿Y cómo solucionarían el problema de la falta de socialidad, de compañía, que sería relegada porque la vida social no incrementa el producto bruto? ¡Ni siquiera hoy, después de dos siglos y medio de una acumulación capitalista que multiplicó varias veces el producto bruto mundial, son capaces de reconocer esto los desarrollistas! Y después salen con que es para generar trabajo para los desocupados. Pues bien, si quieren generar trabajo, tiene que ser trabajo bueno, social y repartido, ya que hoy en día hay trabajo de sobra para algunos y nada para otros, y muchas tareas vanas, o malas, y hechas bajo imposición autoritaria, de lo que son disociales. Si no, serán insultados por quienes padezcan las consecuencias de sus malas prácticas teóricas y políticas, pero pienso que ni así reconocerán sus errores, ya que hasta ahora no lo hacen, y buscan enfrascar en sus planes a la humanidad, como los mandones que creen que para que todo funcione bien el resto de la gente tiene que hacer lo que ellos dicen. Ese es un problema del proteccionismo, que es pío también, ya que carga con la lógica pastoral de la teología en el sentido de que supone que los letrados tienen la misión de conducir al común de la gente para una vida dichosa, de lo que se adjudican el puesto de mando, en vez que buscar la socialización del gobierno.
Para solucionar verdaderamente el problema de la pobreza hay que asumirlo en serio, con todos sus aspectos, en vez que centrarse en el producto bruto, que ya es excesivo desde hace mucho tiempo, y cuya desmesura causa explotación y varias otras desazones. Un requisito básico es que el modelo a seguir sea consensuado socialmente, pero con una sociedad conciente de sus fines. Por eso es que los progresistas tendrían que centrarse en la socialización paulatina, según sea posible, de los medios de producción, y en el decrecimiento económico, pero que alcance para que cada quien tenga lo necesario para vivir. La vía del crecimiento económico es una solución falsa, que no llevará a lo que se pretende con ella, y mientras tanto mantendrá a las pujas internacionales por los recursos terráqueos y naturales, entre ellas a las guerras, y a los demás males derivados de su error.
En ese sentido, un aspecto crucial será el de la cooperación internacional, ya que no se puede terminar la pobreza si las naciones se pelean entre sí para enriquecerse falsamente y a expensas de las otras, por lo que es necesario reemplazar a las identidades nacionales por la fraternidad humana, pero además, y más impotante, es que la humanidad aprenda a convivir, para lo que es preciso superar la creencia y la religión, aunque con eso no baste, ya que ambas hacen a identidades equivocadas, que causan enemistades y llevan a prácticas lesivas. Sin cooperación internacional, el paradigma desarrollista lleva a que cada nación fomente su industrialización, en vez que complementarse los países entre sí, lo que, aparte de explotación masiva y sometimiento de las poblaciones a los planes económicos, aumentaría el descalabro medioambiental y ocasionaría múltiples represiones para quienes se opusieran.
Esta es mi opinión. Pienso que es correcta, pero tal vez me equivoque, y no está socializada, por lo que el asunto tendrá que ser debatido.
Los análisis progresistas que achacan al capitalismo su incapacidad para superar la recesión iniciada en 2008 son peligrosos porque suponen que la humanidad debiera retomar la senda del crecimiento para resolver sus problemas, lo que conduce a una búsqueda que no solucionará el problema que intenta resolver, por lo que perpetuará la desgracia. Imagínense lo que sería si los progresistas asumieran los gobiernos, tras una crisis capitalista, y lograran que la economía mundial volviera a crecer a tasas del 8% anual. ¿A cuánta gente le arruinarían la vida al someterla a imperativos económicos que los harían trabajar y consumir excesivamente durante toda su vida? ¿Qué harían con los armamentos, automóviles, electrodomésticos y demás aparatos, que son de las principales causas de muertes, accidentes y molestias humanas? ¿Y cómo solucionarían el problema de la falta de socialidad, de compañía, que sería relegada porque la vida social no incrementa el producto bruto? ¡Ni siquiera hoy, después de dos siglos y medio de una acumulación capitalista que multiplicó varias veces el producto bruto mundial, son capaces de reconocer esto los desarrollistas! Y después salen con que es para generar trabajo para los desocupados. Pues bien, si quieren generar trabajo, tiene que ser trabajo bueno, social y repartido, ya que hoy en día hay trabajo de sobra para algunos y nada para otros, y muchas tareas vanas, o malas, y hechas bajo imposición autoritaria, de lo que son disociales. Si no, serán insultados por quienes padezcan las consecuencias de sus malas prácticas teóricas y políticas, pero pienso que ni así reconocerán sus errores, ya que hasta ahora no lo hacen, y buscan enfrascar en sus planes a la humanidad, como los mandones que creen que para que todo funcione bien el resto de la gente tiene que hacer lo que ellos dicen. Ese es un problema del proteccionismo, que es pío también, ya que carga con la lógica pastoral de la teología en el sentido de que supone que los letrados tienen la misión de conducir al común de la gente para una vida dichosa, de lo que se adjudican el puesto de mando, en vez que buscar la socialización del gobierno.
Para solucionar verdaderamente el problema de la pobreza hay que asumirlo en serio, con todos sus aspectos, en vez que centrarse en el producto bruto, que ya es excesivo desde hace mucho tiempo, y cuya desmesura causa explotación y varias otras desazones. Un requisito básico es que el modelo a seguir sea consensuado socialmente, pero con una sociedad conciente de sus fines. Por eso es que los progresistas tendrían que centrarse en la socialización paulatina, según sea posible, de los medios de producción, y en el decrecimiento económico, pero que alcance para que cada quien tenga lo necesario para vivir. La vía del crecimiento económico es una solución falsa, que no llevará a lo que se pretende con ella, y mientras tanto mantendrá a las pujas internacionales por los recursos terráqueos y naturales, entre ellas a las guerras, y a los demás males derivados de su error.
En ese sentido, un aspecto crucial será el de la cooperación internacional, ya que no se puede terminar la pobreza si las naciones se pelean entre sí para enriquecerse falsamente y a expensas de las otras, por lo que es necesario reemplazar a las identidades nacionales por la fraternidad humana, pero además, y más impotante, es que la humanidad aprenda a convivir, para lo que es preciso superar la creencia y la religión, aunque con eso no baste, ya que ambas hacen a identidades equivocadas, que causan enemistades y llevan a prácticas lesivas. Sin cooperación internacional, el paradigma desarrollista lleva a que cada nación fomente su industrialización, en vez que complementarse los países entre sí, lo que, aparte de explotación masiva y sometimiento de las poblaciones a los planes económicos, aumentaría el descalabro medioambiental y ocasionaría múltiples represiones para quienes se opusieran.
Esta es mi opinión. Pienso que es correcta, pero tal vez me equivoque, y no está socializada, por lo que el asunto tendrá que ser debatido.
viernes, 5 de febrero de 2016
De lo propio y de lo prole
Cuando se dice de una conducta que es propia, apropiada, impropia o inapropiada, sí se refiere a la piedad: se define al comportamiento en relación con el cánon pío de que se trate el caso, lo que me da para pensar si el propietariado no es la clase propia en el sentido de pro pía, en vez que en el sentido de detentadora de bienes. Pienso que puede que, de hecho, ambas cuestiones se hayan fundido en el mismo término, relativamente, lo que no quita que el proletariado sea apropiable y el propietariado desapropiable, lo que responde a las pujas por determinar la práctica humana.
Es curioso que haya una palabra para definir al acto de transformar al carácter humano de modo que el sujeto se comporte en favor de la piedad, la palabra “apropiar”, en su acepción conductual, no en la relativa a la tenencia, pero que su equivalente prole no sea tan fácil de discernir. La palabra “aprolar” no existe, pero sí existe “probar”, que sirve para definir a la práctica de poner al concepto en pro de le porque para probar algo hay que contrastarlo con la realidad circundante, y le, que es “ello”, remite a la realidad objetiva, y puede usarse para referir a la subjetiva, en tanto que lo pío es una práctica que responde a una realidad imaginaria basada en ideas incontrastables, de igual modo que hay prácticas y conceptos prole, imaginarios también estos últimos, pero de una imaginación que responde a la realidad objetiva.
Entonces, habría que corroborar si esta definición etimológica de propio y de prole es correcta. En ese sentido podría entenderse la relación entre las palabras que definen a las clases sociales y su ser en sí, ya que la clase propietaria es más proclive a atender a la piedad y a las pertenencias, mientras que la proletaria es más dada a la familia y a las circunstancias, por trabajar; pero eso tendencialmente, ya que hay prácticas contrapuestas a esa dicotomía, atravesada en general por relaciones de mando y obediencia, por la extracción del plusvalor y por la lucha social.
El hecho de que la propiedad se refiera tanto a la piedad como a las pertenencias es análogo a lo que sucede con la idea del bien, que tiene una acepción relativa a los productos fabricados y otra que remite a lo que cumple con lo que se piensa que son los mandatos de los dioses, o con las normas pías que se supone derivan de ellos, además de los otros sentidos que se le asignan, dados a la justicia, la necesidad y demás, en una puja histórica por definir un concepto cuyo origen ignoramos. En inglés la idea del bien es cercana a la de dios incluso en las palabras con que se los nombra, ya que el primero se escribe “good” y el segundo “god”. Algo parecido sucede con “fine”, que puede que sea una traducción de “fino” en el sentido de “dado a la fe”, como si la fe fuese causa de bondad.
Este esquema flexible, así esbozado, es incompleto, y falta comprobar si es correcto, además de que habría que incluirle las situaciones intermedias, con sus variantes y contrahechos ˗que los hay porque la lógica pía es oligofrénica, porque tiene que responder a la vez a sus ideas abstractas y a la realidad, las que se contrarían porque las ideas abstractas se basan en mentiras en vez que en verdades˗, como es el hecho de que la clase media alta, en general, se proletariza en actividades no directamente finas pero sí dadas a las materias eclesiásticas, como la administración de propiedades, que requiere de la lectura y de la escritura, y del manejo de la ley, que tienen una vinculación estrecha con los conventos y universidades privadas, aparte de con la legislación de los estados píos, de igual modo que la clase baja se propietariza con creencias pobristas, o degradadas, como el diablismo o los cultos esotéricos, que también están presentes en las otras clases sociales, a la vez que sus actividades laborales son más básicas y necesarias.
Ahora bien, que haya una relación íntima entre la piedad y la propiedad no quiere decir que ésta sea armónica, ni coherente, sino que es histórica, por lo que también es conflictiva: de allí las críticas a la iglesia vertidas por el liberalismo, que no impidieron que éste, en general, haya sido pío, pero de una piedad laica, que por momentos se desprendió de ella, centrándose en la acumulación capitalista mientras que toleró a las religiones.
Es curioso que haya una palabra para definir al acto de transformar al carácter humano de modo que el sujeto se comporte en favor de la piedad, la palabra “apropiar”, en su acepción conductual, no en la relativa a la tenencia, pero que su equivalente prole no sea tan fácil de discernir. La palabra “aprolar” no existe, pero sí existe “probar”, que sirve para definir a la práctica de poner al concepto en pro de le porque para probar algo hay que contrastarlo con la realidad circundante, y le, que es “ello”, remite a la realidad objetiva, y puede usarse para referir a la subjetiva, en tanto que lo pío es una práctica que responde a una realidad imaginaria basada en ideas incontrastables, de igual modo que hay prácticas y conceptos prole, imaginarios también estos últimos, pero de una imaginación que responde a la realidad objetiva.
Entonces, habría que corroborar si esta definición etimológica de propio y de prole es correcta. En ese sentido podría entenderse la relación entre las palabras que definen a las clases sociales y su ser en sí, ya que la clase propietaria es más proclive a atender a la piedad y a las pertenencias, mientras que la proletaria es más dada a la familia y a las circunstancias, por trabajar; pero eso tendencialmente, ya que hay prácticas contrapuestas a esa dicotomía, atravesada en general por relaciones de mando y obediencia, por la extracción del plusvalor y por la lucha social.
El hecho de que la propiedad se refiera tanto a la piedad como a las pertenencias es análogo a lo que sucede con la idea del bien, que tiene una acepción relativa a los productos fabricados y otra que remite a lo que cumple con lo que se piensa que son los mandatos de los dioses, o con las normas pías que se supone derivan de ellos, además de los otros sentidos que se le asignan, dados a la justicia, la necesidad y demás, en una puja histórica por definir un concepto cuyo origen ignoramos. En inglés la idea del bien es cercana a la de dios incluso en las palabras con que se los nombra, ya que el primero se escribe “good” y el segundo “god”. Algo parecido sucede con “fine”, que puede que sea una traducción de “fino” en el sentido de “dado a la fe”, como si la fe fuese causa de bondad.
Este esquema flexible, así esbozado, es incompleto, y falta comprobar si es correcto, además de que habría que incluirle las situaciones intermedias, con sus variantes y contrahechos ˗que los hay porque la lógica pía es oligofrénica, porque tiene que responder a la vez a sus ideas abstractas y a la realidad, las que se contrarían porque las ideas abstractas se basan en mentiras en vez que en verdades˗, como es el hecho de que la clase media alta, en general, se proletariza en actividades no directamente finas pero sí dadas a las materias eclesiásticas, como la administración de propiedades, que requiere de la lectura y de la escritura, y del manejo de la ley, que tienen una vinculación estrecha con los conventos y universidades privadas, aparte de con la legislación de los estados píos, de igual modo que la clase baja se propietariza con creencias pobristas, o degradadas, como el diablismo o los cultos esotéricos, que también están presentes en las otras clases sociales, a la vez que sus actividades laborales son más básicas y necesarias.
Ahora bien, que haya una relación íntima entre la piedad y la propiedad no quiere decir que ésta sea armónica, ni coherente, sino que es histórica, por lo que también es conflictiva: de allí las críticas a la iglesia vertidas por el liberalismo, que no impidieron que éste, en general, haya sido pío, pero de una piedad laica, que por momentos se desprendió de ella, centrándose en la acumulación capitalista mientras que toleró a las religiones.
jueves, 4 de febrero de 2016
De la frivolidad
Aunque parezca raro, la frivolidad viene de palabra latina “frĭō”, que quiere decir “triturado”, “molido”, y deriva de un término sánscrito referido a la injuria. El sentido de vano, o de fútil, que le damos nosotros hoy en día responde a que acusamos de frívolo a lo que no sirve a nuestros propósitos, como las cosas cuando se rompen; pero, como la gente es psicópata a veces, o no razona bien sus intereses, se desprecia como frívolo a lo que sea, esté o no roto y sin importar si es justo ese desprecio, como tantas veces se hace en las conductas prepotentes. Así llegó a ser que se asociara a la frivolidad con la fiesta, ya que la cultura católica, en sus malos momentos, reprime a la festividad porque no se condice con la solemnidad de su culto; pero lo mismo hicieron los comunistas, y los anarquistas también, porque los fiesteros no quisimos someternos a los imperativos del desarrollismo económico o a los de la seriedad de la política, porque no entendieron que la alegría que da el baile es un aspecto central de la calidad de la vida del que no gozamos lo debido.
En realidad, el modelo de desarrollo que se debiera alcanzar es uno que reduzca la producción de lo necesario para la humanidad a lo mínimo indispensable, para así liberar a las prácticas más agradables, en tanto que sean fáciles, que tendrían que estar presentes también en la producción necesaria; y más aún, se tendría que intercalar a la necesidad con la libertad, para lo que es preciso que se dejen de hacer las cosas prescindibles. De hecho, el objetivo es que las prácticas necesarias para la supervivencia de la especie sean ejecutadas libremente, es decir, levemente, livianamente, ya que la libertad está emparentada con la levedad, para lo que su realización tiene que estar bien repartida, lo que no puede ser si parte de la humanidad se atarea en cosas innecesarias, que además impiden la realización de otras prácticas, sin las cuales se puede vivir bien, pero que son agradables y deseadas.
En realidad, el modelo de desarrollo que se debiera alcanzar es uno que reduzca la producción de lo necesario para la humanidad a lo mínimo indispensable, para así liberar a las prácticas más agradables, en tanto que sean fáciles, que tendrían que estar presentes también en la producción necesaria; y más aún, se tendría que intercalar a la necesidad con la libertad, para lo que es preciso que se dejen de hacer las cosas prescindibles. De hecho, el objetivo es que las prácticas necesarias para la supervivencia de la especie sean ejecutadas libremente, es decir, levemente, livianamente, ya que la libertad está emparentada con la levedad, para lo que su realización tiene que estar bien repartida, lo que no puede ser si parte de la humanidad se atarea en cosas innecesarias, que además impiden la realización de otras prácticas, sin las cuales se puede vivir bien, pero que son agradables y deseadas.
De la comunicación verbal
Así como cuando la gente habla dice lo que dice sin tener siempre en cuenta debidamente lo que piensan aquellos con quienes habla, para saber lo cual tienen que darse lugar a que respondan, lo que precisa de un orden social dado para eso, con la comunicación escrita pasa lo mismo: los que escribimos no sabemos lo que piensan los que leen lo que escribimos, a no ser que nos respondan, lo que no puede suceder lo suficiente porque la escritura es un modo de comunicación sofisticado, difícil de ejercitar, y requiere de la tenencia de medios gráficos, a los que no todos los humanos tienen, aparte de interés y de la posibilidad de comunicarse. De allí que la escrita sea una comunicación insatisfactoria, lo mismo que puede suceder con la oral, aunque la oral tiene la ventaja de que no requiere conocimientos específicos ni medios artificiales. No obstante, no por eso hay que abandonar la escritura, pero sí reconocer sus dificultades; pero más importante que eso es el orden social, que es el mayor determinante práctico de la comunicación humana.
martes, 2 de febrero de 2016
Del origen del materialismo
La definición que dio el jesuita Segura Munguía del materialismo lo relaciona con la maternidad, por suponer que “materia” deriva de “madre”, igual que hizo León Rozitchner, lo que no explica porqué el materialismo sostiene la primacía de lo concreto a no ser que se entienda a la relación entre ambos según las prácticas de la generación uterina de los bebés, los trabajos de parto y las tareas de crianza, lo que sería un modo metafórico de vincular a la realidad con la concepción que busca explicarla. No obstante, tal vez esa relación etimológica sea correcta; pero tal vez el materialismo sea una condensación cientificista de lo que fueron las creencias primitivas en la divinidad de la Tierra, dadas a la idea de la “madre tierra”, creencias que existieron en África antes de la Grecia antigua y que perviven en canciones seculares, con resabios tradicionalistas, como “Welcome to Jamaica Reggae”, de Los Pericos, con esa idea de “Mamá África”, y que son como las cosmovisiones pachamámicas, en el sentido de que adoran a la Tierra y a la naturaleza, por lo que son propensas a cuidarlas, aunque mistificantemente, de igual manera que hay una tradición brujista en el materialismo histórico. De ser así habría que corregir el nombre del materialismo, para liberarlo de su lastre diosero y supersticioso. Eso podría explicar la cercanía que hubo entre el materialismo y el pachamamismo en el OSAL, además del indigenismo mariateguista; y la simpatía intermitente que hubo entre el comunismo y las adoraciones a los diablos, o a las creencias extraeclesiásticas, como es el caso de Bajtín, o el hecho de que la persecusión a los comunistas sea denominada “caza de brujas”, así como la búsqueda de libertad sexual de las concepciones emancipatorias, antecedida por las prácticas de los aquelarres. A estas cuestiones habrá que dilucidarlas, lo mismo que habrá que evaluar si corresponde seguir llamando “materialismo” al materialismo, o si no habría que reemplazarlo por un “entismo”, que también sería cuestionable porque deriva del vocablo griego “ṓn”, dativo de “óntos”, participio de presente de “eimí”, que quiere decir “yo soy”: pero así es el lenguaje, que no se basa en una etimología que sería la verdad absoluta, de la que surgirían bien y mal las palabras, sino que es histórico, con la incertidumbre de los actos animales. El problema podría ser solucionado aceptando los usos a sabiendas de sus dislates.
Lecturas
León Rozitchner, La cosa y la cruz. Cristianismo y capitalismo. (En torno a las Confesiones de san Agustín), Buenos Aires, Losada, 2001; Acerca de la derrota y de los vencidos, Buenos Aires, Editorial Quadrata y Ediciones Biblioteca Nacional, 2011.
Lecturas
León Rozitchner, La cosa y la cruz. Cristianismo y capitalismo. (En torno a las Confesiones de san Agustín), Buenos Aires, Losada, 2001; Acerca de la derrota y de los vencidos, Buenos Aires, Editorial Quadrata y Ediciones Biblioteca Nacional, 2011.
lunes, 1 de febrero de 2016
De que la razón y el pensamiento son sensitivos y sentimentales
Una manera perversa de comprender a la razón y al pensamiento como ideas puras condujo a la suposición de que ambos carecen de relación con las sensaciones, los sentimientos, la práctica y la realidad circundante. Por eso es que tuvieron que salir los impulsores del paradigma sentipensante a reconocer la relación entre las partes; pero, bien entendido, el pensar es sensitivo, ya que, los animales, al pensar, buscamos dar respuestas satisfactorias a nuestro sentir, para sentirnos bien, a no ser que estemos traumados o inmersos en silogismos abstractos que se agotan en sí mismos, lo que a veces sirve pero tiene sus problemas.
De la hermenéutica, el objetivismo y el “cosismo”
La hermenéutica es teísta porque literalmente hermenéutica quiere decir “náutica de Hermes”. Como arte de la interpretación, es una disciplina que se basa en lo que los griegos antiguos pensaron que era la técnica que Hermes empleaba para navegar, para lo cual, en sus relatos, Hermes interpretaba las circunstancias climáticas y marinas, entre otras, y según esa comprensión dirigía su barco. Lo primero que tienen que hacer los hermenéuticos, para interpretar bien la realidad, es reconocer esta cuestión y que Hermes, en tanto que dios griego, no existió por sí mismo, aunque sí lo hizo como una figura en la imaginación y en las conversaciones de quienes lo pensamos. Luego, habría que hacer una crítica de la exégesis, o sea, de la hermenéutica teológica, para diferenciar lo que hay de verdad de lo que hay de mitos en los libros tomados por sagrados. Por último, habría que hacer una crítica de la hermenéutica moderna, que la reemplace por un interpretativismo objetivista, que sea materialista y pretenda que la comprensión sirva para que la humanidad se ordene justamente.
La subjetividad es contemplada por el objetivismo, ya que la psique es un objeto, del mismo modo que los objetos son conocidos por las conciencias, existan por sí mismos o no, o sea, que el objetivismo, en tanto que doctrina interpretativa, depende de la subjetividad humana, pero no así los objetos que nos rodean, que existen de por sí: no necesitan de que los reconozcamos para ser, aunque a veces sí precisan de nuestra ayuda para perpetuarse.
El objetivismo tiene el problema de que en sus términos es difícil reconocer a la subjetividad del investigador como materia de indagación, porque el objetivismo es la doctrina que prioriza a los seres que yacen ante el investigador, no dentro de él, porque el prefijo “ob” denota una contraposición entre los entes yacientes y el ser que los conoce. El materialismo elude este problema porque puede tomar a la subjetividad de los seres congnoscentes como tema de estudio sin dificultad, aunque tiene la contra de que su raíz etimológica remite a la maternidad, y tal vez a la tierra, en vez que a las cosas. Este asunto se origina en el veto, que supuestamente responde a las buenas costumbres lingüísticas, pero que en realidad obedece al interés fideísta por imponer sus tesis, hecho al “cosismo”, es decir, a la concepción que prioriza la comprensión racional de las cosas, sean objetos o sujetos. De allí que sea necesario permitir entender la realidad en los términos del cosismo, que es una relaboración, mejor definida, del materialismo; y mejor aún es la ontología, ya que es estilísticamente más correcta, al menos para los usos actuales.
Hubo argumentos capciosos contra el objetivismo, que tienen razones válidas, pero insuficientes. Uno es el de la neutralidad de los investigadores: se adujo que los investigadores, al tener concepciones e intereses, no pueden hacer estudios objetivos porque aquellos los sesgan. Otro es la acusación de positivismo, como si la ciencia objetivista pretendiera acumular datos empíricos de los que se deducirían conclusiones sin que medie interpretación alguna. Al respecto cabe decir que plantear que los estudios sean objetivos no supone que los investigadores sean neutros, ni faltos de interpretación, sino que apunta a que las hipótesis sean sujetas a contrastaciones empíricas, a que haya una pesquisa que someta a prueba a los supuestos sostenidos por las concepciones. No se supone que los estudios objetivos conduzcan a saber la verdad absoluta, sino que sean cotejados con la realidad a la que explican para extraer conocimientos probados que son provisorios, corregibles, mejorables y refutables si están mal. Además, el materialismo hizo explícitas sus intenciones, expresó qué modelo de sociedad pretende, aunque haya sido malogrado. Las acusaciones hechas al objetivismo en realidad lo que ocultan es que no lo quieren porque son antisocialistas, o sea, teológicas, conservadoras, o cosas de esas, es decir que lo que presentaron como argumentos bien intencionados en un debate para la búsqueda de la verdad y del orden social que se le debe corresponder eran silogismos retóricos destinados a defender al sistema vigente. No obstante, el desdén objetivista por la subjetividad sí es un punto criticable, al que se puede superar desde una ontología verista que los contenga a ambos, a la objetividad y a la subjetividad, en una explicación cierta de la relación entre la realidad, la conciencia y la práctica, las últimas dos de las cuales son integrantes de la primera.
A lo que es la ciencia, todas dan cuenta de objetos, sean abstractos o concretos, pero las acusaciones vertidas sobre la indagación empírica cercenaron la materia investigable, inhibiendo desarrollos, lo que se nota en el campo del análisis cultural, en el que la perspectiva de la semiosis social, impulsada por Eliseo Verón, privó a muchos estudios comunicacionales de reconocer a los intereses de los emisores, o la relación entre la propiedad de los medios de comunicación y las programaciones, de igual modo que el estructuralismo francés se desentendió de las intenciones de los autores, lo que redundó en el análisis de corpus textuales desligados de sus circunstancias y que ocultaron sus aspiraciones, fuesen mercantiles o meritocráticas, mientras que a quienes explicitaban sus posturas políticas los condenaban por tenerlas, como si el éxito en los negocios académicos no fuese un suceso político, y eso por citar algunos ejemplos de un conjunto que es vasto, pero al que no conozco tanto como para describirlo en general. En las disciplinas científicas, sean sociales o no, hay muchos temas negados, ya que los científicos a veces no quieren y otras no pueden asumir los problemas causados por sus campos, lo que causa males a la naturaleza.
El estructuralismo tuvo un espíritu idealista, no sólo porque recalcara el lugar de los esquemas mentales en la determinación de la realidad sin reconocer los influjos contrapuestos, sino también porque priorizó, como objetos de estudio, a los entes ideales, como lo son las representaciones. Esto es claro en el caso de Verón y del Foucault de Las palabras y las cosas, y no sé si tanto el de Althusser. Me parece, aunque sé poco al respecto, que es el caso del psicoanálisis lacaniano, que pretendió curar con las palabras, sin reconocer la necesidad de transformar a la sociedad para solucionar los problemas psicológicos, lo que condujo a la privatización de la política de los psicoanalistas; pero aún así pienso que hay que valorizar al psicoanálisis, ya que en algo sirvió para educar al laicismo, para lo que es preciso analizarlo y corregirlo.
En realidad, a fin de cuentas, el problema del conocimiento de la realidad es simple: hay que averiguar para saber, con el método que requiera el caso concreto, que puede ser imprefigurable o no, por lo que quizás sea preciso improvisar; y si hay dudas o críticas, hay que reconocerlas, contenerse y esperar, u olvidarse, hasta haberlas dilucidado, pero las condiciones para hacerlo no son las propicias, por lo que es preciso hacer reconocer a la humanidad que está equivocada en lo que lo está y que tiene que aprender a verificar sus supuestos lo suficiente antes de ejecutar las prácticas consecuentes a esa averigüación, para proceder de buen modo.
La subjetividad es contemplada por el objetivismo, ya que la psique es un objeto, del mismo modo que los objetos son conocidos por las conciencias, existan por sí mismos o no, o sea, que el objetivismo, en tanto que doctrina interpretativa, depende de la subjetividad humana, pero no así los objetos que nos rodean, que existen de por sí: no necesitan de que los reconozcamos para ser, aunque a veces sí precisan de nuestra ayuda para perpetuarse.
El objetivismo tiene el problema de que en sus términos es difícil reconocer a la subjetividad del investigador como materia de indagación, porque el objetivismo es la doctrina que prioriza a los seres que yacen ante el investigador, no dentro de él, porque el prefijo “ob” denota una contraposición entre los entes yacientes y el ser que los conoce. El materialismo elude este problema porque puede tomar a la subjetividad de los seres congnoscentes como tema de estudio sin dificultad, aunque tiene la contra de que su raíz etimológica remite a la maternidad, y tal vez a la tierra, en vez que a las cosas. Este asunto se origina en el veto, que supuestamente responde a las buenas costumbres lingüísticas, pero que en realidad obedece al interés fideísta por imponer sus tesis, hecho al “cosismo”, es decir, a la concepción que prioriza la comprensión racional de las cosas, sean objetos o sujetos. De allí que sea necesario permitir entender la realidad en los términos del cosismo, que es una relaboración, mejor definida, del materialismo; y mejor aún es la ontología, ya que es estilísticamente más correcta, al menos para los usos actuales.
Hubo argumentos capciosos contra el objetivismo, que tienen razones válidas, pero insuficientes. Uno es el de la neutralidad de los investigadores: se adujo que los investigadores, al tener concepciones e intereses, no pueden hacer estudios objetivos porque aquellos los sesgan. Otro es la acusación de positivismo, como si la ciencia objetivista pretendiera acumular datos empíricos de los que se deducirían conclusiones sin que medie interpretación alguna. Al respecto cabe decir que plantear que los estudios sean objetivos no supone que los investigadores sean neutros, ni faltos de interpretación, sino que apunta a que las hipótesis sean sujetas a contrastaciones empíricas, a que haya una pesquisa que someta a prueba a los supuestos sostenidos por las concepciones. No se supone que los estudios objetivos conduzcan a saber la verdad absoluta, sino que sean cotejados con la realidad a la que explican para extraer conocimientos probados que son provisorios, corregibles, mejorables y refutables si están mal. Además, el materialismo hizo explícitas sus intenciones, expresó qué modelo de sociedad pretende, aunque haya sido malogrado. Las acusaciones hechas al objetivismo en realidad lo que ocultan es que no lo quieren porque son antisocialistas, o sea, teológicas, conservadoras, o cosas de esas, es decir que lo que presentaron como argumentos bien intencionados en un debate para la búsqueda de la verdad y del orden social que se le debe corresponder eran silogismos retóricos destinados a defender al sistema vigente. No obstante, el desdén objetivista por la subjetividad sí es un punto criticable, al que se puede superar desde una ontología verista que los contenga a ambos, a la objetividad y a la subjetividad, en una explicación cierta de la relación entre la realidad, la conciencia y la práctica, las últimas dos de las cuales son integrantes de la primera.
A lo que es la ciencia, todas dan cuenta de objetos, sean abstractos o concretos, pero las acusaciones vertidas sobre la indagación empírica cercenaron la materia investigable, inhibiendo desarrollos, lo que se nota en el campo del análisis cultural, en el que la perspectiva de la semiosis social, impulsada por Eliseo Verón, privó a muchos estudios comunicacionales de reconocer a los intereses de los emisores, o la relación entre la propiedad de los medios de comunicación y las programaciones, de igual modo que el estructuralismo francés se desentendió de las intenciones de los autores, lo que redundó en el análisis de corpus textuales desligados de sus circunstancias y que ocultaron sus aspiraciones, fuesen mercantiles o meritocráticas, mientras que a quienes explicitaban sus posturas políticas los condenaban por tenerlas, como si el éxito en los negocios académicos no fuese un suceso político, y eso por citar algunos ejemplos de un conjunto que es vasto, pero al que no conozco tanto como para describirlo en general. En las disciplinas científicas, sean sociales o no, hay muchos temas negados, ya que los científicos a veces no quieren y otras no pueden asumir los problemas causados por sus campos, lo que causa males a la naturaleza.
El estructuralismo tuvo un espíritu idealista, no sólo porque recalcara el lugar de los esquemas mentales en la determinación de la realidad sin reconocer los influjos contrapuestos, sino también porque priorizó, como objetos de estudio, a los entes ideales, como lo son las representaciones. Esto es claro en el caso de Verón y del Foucault de Las palabras y las cosas, y no sé si tanto el de Althusser. Me parece, aunque sé poco al respecto, que es el caso del psicoanálisis lacaniano, que pretendió curar con las palabras, sin reconocer la necesidad de transformar a la sociedad para solucionar los problemas psicológicos, lo que condujo a la privatización de la política de los psicoanalistas; pero aún así pienso que hay que valorizar al psicoanálisis, ya que en algo sirvió para educar al laicismo, para lo que es preciso analizarlo y corregirlo.
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En realidad, a fin de cuentas, el problema del conocimiento de la realidad es simple: hay que averiguar para saber, con el método que requiera el caso concreto, que puede ser imprefigurable o no, por lo que quizás sea preciso improvisar; y si hay dudas o críticas, hay que reconocerlas, contenerse y esperar, u olvidarse, hasta haberlas dilucidado, pero las condiciones para hacerlo no son las propicias, por lo que es preciso hacer reconocer a la humanidad que está equivocada en lo que lo está y que tiene que aprender a verificar sus supuestos lo suficiente antes de ejecutar las prácticas consecuentes a esa averigüación, para proceder de buen modo.
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