Un blog total, cósmico, terráqueo, naturista, humanista, comunista, demócrata, feminista y libertario.
miércoles, 20 de abril de 2016
En duda
Antes dije que el problema principal de la práctica social es la piedad capitalista en vez que toda la piedad. Ahora me parece que no es así, porque la piedad proletaria es la base de la capitalista. Habría que asumir que la piedad es un problema en sí mismo, al que se debe resolver mediante su superación histórica, y que el interés capitalista, relativo a ella, también merece una atención particular.
Cuando la filosofía no se entiende
Hay ocasiones en que los lectores de discursos filosóficos no los entienden, y no porque no tengan los saberes o la inteligencia necesarios para eso sino porque los escritos son incomprensibles, lo mismo que vale para los relatos orales, porque la filosofía tiene una relación intrínseca con la teología, dado que la reflexión presuntamente filosófica de la edad media fue hecha por los sacerdotes y en los monasterios mayormente, y que luego, a partir del renacimiento, la enseñanza privada siguió siendo teológica en general, además de que la pública combina al ateísmo con la creencia, por lo cual el pensamiento filosófico en gran medida es hecho por creyentes, que componen de maneras fallidas a sus concepciones teístas con las referidas al saber, lo que redunda en toda una serie de razonamientos sobre qué es el mundo y cómo se lo conoce que tienen que dar unos rodeos ultrasofisticados, o simplemente pieros, para hacer sus explicaciones, que las tornan oscuras, crípticas y enigmáticas, y omisivas de lo que no se condice con sus ideas. Esto es bien claro en la metafísica, pero también en la fenomenología y en el existencialismo.
La filosofía, para ser verdadera, tiene que ser fácil de entender, porque su meta es guiar bien a la práctica humana, por lo que debe ser comprensible para el común de la gente, que además tiene una inclinación a la filosofía porque la gente quiere saber y aprende lo que es la realidad para poder lidiar bien con ella, aunque también está contrariada por creer.
Esta cuestión, la de que la filosofía es algo falsa, tendría que ser reconocida socialmente, para quitarle ese halo de sacralidad que tiene y que se sepa que cuando no se la entiende no siempre es porque uno sea tonto o ignorante, sino porque lo son quienes la exponen; y esto mismo, aunque de distinta forma, le cabe también a los filósofos del iluminismo ateo, hayan sido anarquistas, socialistas, comunistas u otros, ya que todos los humanos somos algo estúpidos.
La filosofía, para ser verdadera, tiene que ser fácil de entender, porque su meta es guiar bien a la práctica humana, por lo que debe ser comprensible para el común de la gente, que además tiene una inclinación a la filosofía porque la gente quiere saber y aprende lo que es la realidad para poder lidiar bien con ella, aunque también está contrariada por creer.
Esta cuestión, la de que la filosofía es algo falsa, tendría que ser reconocida socialmente, para quitarle ese halo de sacralidad que tiene y que se sepa que cuando no se la entiende no siempre es porque uno sea tonto o ignorante, sino porque lo son quienes la exponen; y esto mismo, aunque de distinta forma, le cabe también a los filósofos del iluminismo ateo, hayan sido anarquistas, socialistas, comunistas u otros, ya que todos los humanos somos algo estúpidos.
lunes, 18 de abril de 2016
Desarrollismo capitalista, golpismo y desarrollo alternativo
Ahora que se impuso la imputación a Dilma Rousseff en el Brasil hago el balance del modelo desarrollista en los términos de la alianza de clases que requizo, también a sabiendas de la derrota del progresismo en Argentina y de las destituciones habidas contra Lugo y Zelaya en Paraguay y Honduras, en el que partidos políticos democráticos implementaron una política de integración de los proletariados con los empresariados nacionales a la vez que con el capital trasnacional, en una relación conflictiva en la que el imperialismo estadounidense se alió con las oligarquías nacionales, en lo que es el internacionalismo liberal, a la vez que los gobiernos progresistas sometieron a los movimientos sociales para subordinar a los proletariados al esquema productivo desarrollista, con el que se pretendió reducir la pobreza, y en algunos aspectos se lo consiguió, aunque no en otros. A esta altura queda claro que los gobiernos progresistas, al aliarse con el capital trasnacional, le dieron fuerza a sus enemigos, que toleraron algunas críticas mientras hacían grandes negocios y mientras ejecutaban los golpes con los que derribaron relativamente al progresismo gubernamental, en cuanto que a su vez éste reprimió a los movimientos sociales, cuyos modelos alternativos quedaron relegados a las políticas públicas, un apéndice del modelo gubernamental complementario al eje pietista, capitalista y proteccionista.
La lección para sacar es que el modelo desarrollista no sirve, porque requiere que los gobiernos democráticos se alíen con el capital trasnacional, que se enriquece y los golpea mientras gobiernan, porque tiene una posición privilegiada al ser el que pone la inversión necesaria para impulsar el desarrollo, y los impuestos para la asistencia social, y que además es un desarrollo que no resuelve bien el problema de la pobreza, ni de la inclusión, ni del trabajo, ni del medio ambiente, por lo que hace falta un modelo de desarrollo alternativo, que podría formularse de acuerdo a la experiencia del modelo de transición al socialismo cubano, aunque corregido, y según los planteos de los movimientos sociales, que son bastante ricos en materia de análisis y propuestas. A su vez, habría que resolver bien qué relación mantener con los capitalistas, ya que tampoco es cuestión de expulsarlos necesariamente, sino que a los que no son demasiado deshonestos se los podría intentar ordenar: el proyecto de socialización de los medios de produción tendría que coexistir con el modelo capitalista durante un tiempo, ya que al capital no se lo puede terminar legislativamente, sino que su transformación requiere de un proceso histórico, en el que el estado tiene que tener un rol democratizante y de inclusión en los mercados internos pero además resolver la cuestión de la propiedad privada de los medios productivos económicos, lo que requiere de reformas constitucionales y del peso político necesario para producirlas y sostenerlas. Habría que reconocer que no toda propiedad privada es mala, como sucede con algunos de los pequeños y medianos empresarios, aunque su práctica económica sea corregible, y que se tendría que encontrar un modo de convivencia con el gran empresariado mientras se lo ordena y se lo depone de su sobrecarga, según lo permita la correlación de fuerzas sociales, para lo que también se precisa de voluntad política por parte de las fuerzas democráticas.
Un aspecto a tener en cuenta es que si los cubanos, en condiciones pésimas, pudieron sacar al país adelante, aún con todas las críticas que les quepan, es posible hacerlo para las demás naciones, incluso si los capitalistas retiraran todas sus inversiones. Las inversiones capitalistas son más malas que los beneficios que brindan, pero el problema principal es el pietismo, ya que falsea a las naciones y al capital trasnacional.
Otro punto es que los megaemprendimientos le restan fuerza a los gobiernos democráticos porque son antipopulares: colisionan con las comunidades a las que perjudican, y perjudican a las sociedades en general, sea por la corrupción de las autoridades, la fuga de capitales, la evasión impositiva, la contaminación rural y urbana, el consumismo, la destrucción de los mercados locales, la prostitución, la explotación laboral y demás. Por el poco dinero recaudado mediante impuestos magros y por pocos puestos de trabajo los gobiernos progresistas se generan varias contrariedades, que los corrompen y les restan apoyos sociales que les son necesarios, para lo que tendrán que aprender a enfrentar el problema de la pobreza de buena manera, o sea, consensuadamente, porque no les sirve a la larga atender a los más pobres empobreciendo a otra gente. Si es por una cuestión presupuestaria, podrían dejar de subsidiar al capital trasnacional, cobrar las multas por la evasión de impuestos o cobrar los impuestos evadidos, entre otras tantas medidas realizables dado el alto nivel de corrupción capitalista, aparte de fomentar la solidaridad social contra la pobreza extrema mediante acciones concretas, a las que se podría realizar su hubiera reclamos sociales en ese sentido.
La lección para sacar es que el modelo desarrollista no sirve, porque requiere que los gobiernos democráticos se alíen con el capital trasnacional, que se enriquece y los golpea mientras gobiernan, porque tiene una posición privilegiada al ser el que pone la inversión necesaria para impulsar el desarrollo, y los impuestos para la asistencia social, y que además es un desarrollo que no resuelve bien el problema de la pobreza, ni de la inclusión, ni del trabajo, ni del medio ambiente, por lo que hace falta un modelo de desarrollo alternativo, que podría formularse de acuerdo a la experiencia del modelo de transición al socialismo cubano, aunque corregido, y según los planteos de los movimientos sociales, que son bastante ricos en materia de análisis y propuestas. A su vez, habría que resolver bien qué relación mantener con los capitalistas, ya que tampoco es cuestión de expulsarlos necesariamente, sino que a los que no son demasiado deshonestos se los podría intentar ordenar: el proyecto de socialización de los medios de produción tendría que coexistir con el modelo capitalista durante un tiempo, ya que al capital no se lo puede terminar legislativamente, sino que su transformación requiere de un proceso histórico, en el que el estado tiene que tener un rol democratizante y de inclusión en los mercados internos pero además resolver la cuestión de la propiedad privada de los medios productivos económicos, lo que requiere de reformas constitucionales y del peso político necesario para producirlas y sostenerlas. Habría que reconocer que no toda propiedad privada es mala, como sucede con algunos de los pequeños y medianos empresarios, aunque su práctica económica sea corregible, y que se tendría que encontrar un modo de convivencia con el gran empresariado mientras se lo ordena y se lo depone de su sobrecarga, según lo permita la correlación de fuerzas sociales, para lo que también se precisa de voluntad política por parte de las fuerzas democráticas.
Un aspecto a tener en cuenta es que si los cubanos, en condiciones pésimas, pudieron sacar al país adelante, aún con todas las críticas que les quepan, es posible hacerlo para las demás naciones, incluso si los capitalistas retiraran todas sus inversiones. Las inversiones capitalistas son más malas que los beneficios que brindan, pero el problema principal es el pietismo, ya que falsea a las naciones y al capital trasnacional.
Otro punto es que los megaemprendimientos le restan fuerza a los gobiernos democráticos porque son antipopulares: colisionan con las comunidades a las que perjudican, y perjudican a las sociedades en general, sea por la corrupción de las autoridades, la fuga de capitales, la evasión impositiva, la contaminación rural y urbana, el consumismo, la destrucción de los mercados locales, la prostitución, la explotación laboral y demás. Por el poco dinero recaudado mediante impuestos magros y por pocos puestos de trabajo los gobiernos progresistas se generan varias contrariedades, que los corrompen y les restan apoyos sociales que les son necesarios, para lo que tendrán que aprender a enfrentar el problema de la pobreza de buena manera, o sea, consensuadamente, porque no les sirve a la larga atender a los más pobres empobreciendo a otra gente. Si es por una cuestión presupuestaria, podrían dejar de subsidiar al capital trasnacional, cobrar las multas por la evasión de impuestos o cobrar los impuestos evadidos, entre otras tantas medidas realizables dado el alto nivel de corrupción capitalista, aparte de fomentar la solidaridad social contra la pobreza extrema mediante acciones concretas, a las que se podría realizar su hubiera reclamos sociales en ese sentido.
jueves, 14 de abril de 2016
Ciencia y seudociencia; saber común
De igual modo que la filosofía tiene su contraparte mala, la ciencia comparte un vínculo con la seudociencia. Lo que caracteriza a la filosofía es la búsqueda del saber, de la verdad, por lo que es científica. En cambio, cuando se trata de especulaciones abstractas, aunque tengan anclajes en la realidad objetiva, no son filosofías sino seudociencias, que es el caso de la ciencia teológica, del psicoanálisis y de muchas de las vertientes consideradas como parte de la filosofía, como el existencialismo, el nihilismo o la fenomenología, aunque en realidad habría que distinguir que la seudociencia no es falsa del todo, sino que tiene atisbos o núcleos de verdad, pero que son insuficientes, junto con sus falsedades, sus ideas carentes de objetos, o inadecuadas a ellos, e incluso puede suceder que estas corrientes sean de un cientificismo algo falso pero corregible: oscilan entre la seudociencia y la ciencia.
Asimismo, algunas de las especulaciones cientificistas, incluso las materialistas, como las del estructuralismo althusseriano, y hasta las de Marx, también contienen falsedades, pero sirvieron para pensar, lo mismo que la seudociencia pero de otro modo, aunque ambas deban ser superadas para bien de la humanidad. El materialismo histórico, lo mismo que las otras vertientes con pretensiones científicas, tiene aciertos válidos, y ellos son la base para una explicación verdadera de la historia.
El socialismo científico ha sido acusado de ser una seudociencia por Mario Bunge y otros epistemólogos, porque su explicación de la realidad es forzada, o sostiene planteos carentes de comprobación. Puede ser, pero también hay que considerar que es un marco interpretativo de gran alcance, al que se puede corregir y que aspira a ser objetivo, y no por la ciencia como fin en sí mismo sino como guía para la práctica, o sea, para la felicidad humana, lo que es la meta de la filosofía.
Lo que caracteriza a la ciencia es el discernimiento. “Ciencia” viene del vocablo griego “squizo”, dativo de “escindir” en el sentido de discernir, lo que se hace para crear ideas adecuadas a sus objetos, sean ellos ideas u otras cosas. Entonces, no es cierto ese argumento de los metodólogos de que el materialismo histórico sería acientífico por carecer de un método comprobado y estandarizado, ya que el método es un medio para descubrir la verdad, no un fin en sí mismo, de igual modo que hay métodos comunes para hallarla, y que son los que emplea la gente común para aprender lo que sucede en sus entornos, aunque ese saber usualmente no sea académico sino de la vida cotidiana: es que la ciencia escolar todavía no reconoce bien como saber a la ciencia común, la simple de la gente durante sus vidas, que es importante y necesaria para que la práctica social sea satisfactoria.
Notas
1. Eso de que Althusser haya sido estructuralista tendría que ser debatido, porque Marta Harnecker explicó en una entrevista, publicada por Rebelión el 17 de marzo con el título “El legado de Louis Althusser al marxismo”, que cuando tradujo La revolución teórica de Marx del francés los editores le corrigieron mal una expresión referida a la estructura, y por eso la lectura que se hizo de él es estructuralista, o más estructuralista de lo que Althusser habría querido.
2. El materialismo histórico es la parte social de la ciencia. La ciencia, en tanto que inclinada a la materia, es materialista, y la referida a la historia humana, es la histórica, aunque habría que aclarar que el materialismo histórico tendría que llamarse “materialismo histórico humano”, porque los otros seres vivos también tienen historia, y son sociales, intra e interespecístamente. En realidad, el universo también la tiene, y todo lo que es puede ser comprendido por el materialismo histórico, ya que éste, además de postular que la materia origina al pensamiento, estudia la historia: aunque hasta ahora se haya focalizado más en la historia humana, nada impide que aborde también a la del universo, la Tierra o la del resto de la naturaleza, y hasta podría incluir a la historia de lo que hubiera por fuera del universo, si hubiere algo y fuese conocido; es más, es necesario hacerlo, porque la felicidad humana, y la compresión de la historia humana, requieren de esos conocimientos. El materialismo histórico tiende a ser la ciencia, así sin más, y no puede cumplir su meta sin serlo, porque el orden humano justo no puede ser realizado sin el conocimiento probado y necesario del universo, de igual modo que sin él no se puede entender bien a la historia humana.
Asimismo, algunas de las especulaciones cientificistas, incluso las materialistas, como las del estructuralismo althusseriano, y hasta las de Marx, también contienen falsedades, pero sirvieron para pensar, lo mismo que la seudociencia pero de otro modo, aunque ambas deban ser superadas para bien de la humanidad. El materialismo histórico, lo mismo que las otras vertientes con pretensiones científicas, tiene aciertos válidos, y ellos son la base para una explicación verdadera de la historia.
El socialismo científico ha sido acusado de ser una seudociencia por Mario Bunge y otros epistemólogos, porque su explicación de la realidad es forzada, o sostiene planteos carentes de comprobación. Puede ser, pero también hay que considerar que es un marco interpretativo de gran alcance, al que se puede corregir y que aspira a ser objetivo, y no por la ciencia como fin en sí mismo sino como guía para la práctica, o sea, para la felicidad humana, lo que es la meta de la filosofía.
Lo que caracteriza a la ciencia es el discernimiento. “Ciencia” viene del vocablo griego “squizo”, dativo de “escindir” en el sentido de discernir, lo que se hace para crear ideas adecuadas a sus objetos, sean ellos ideas u otras cosas. Entonces, no es cierto ese argumento de los metodólogos de que el materialismo histórico sería acientífico por carecer de un método comprobado y estandarizado, ya que el método es un medio para descubrir la verdad, no un fin en sí mismo, de igual modo que hay métodos comunes para hallarla, y que son los que emplea la gente común para aprender lo que sucede en sus entornos, aunque ese saber usualmente no sea académico sino de la vida cotidiana: es que la ciencia escolar todavía no reconoce bien como saber a la ciencia común, la simple de la gente durante sus vidas, que es importante y necesaria para que la práctica social sea satisfactoria.
Notas
1. Eso de que Althusser haya sido estructuralista tendría que ser debatido, porque Marta Harnecker explicó en una entrevista, publicada por Rebelión el 17 de marzo con el título “El legado de Louis Althusser al marxismo”, que cuando tradujo La revolución teórica de Marx del francés los editores le corrigieron mal una expresión referida a la estructura, y por eso la lectura que se hizo de él es estructuralista, o más estructuralista de lo que Althusser habría querido.
2. El materialismo histórico es la parte social de la ciencia. La ciencia, en tanto que inclinada a la materia, es materialista, y la referida a la historia humana, es la histórica, aunque habría que aclarar que el materialismo histórico tendría que llamarse “materialismo histórico humano”, porque los otros seres vivos también tienen historia, y son sociales, intra e interespecístamente. En realidad, el universo también la tiene, y todo lo que es puede ser comprendido por el materialismo histórico, ya que éste, además de postular que la materia origina al pensamiento, estudia la historia: aunque hasta ahora se haya focalizado más en la historia humana, nada impide que aborde también a la del universo, la Tierra o la del resto de la naturaleza, y hasta podría incluir a la historia de lo que hubiera por fuera del universo, si hubiere algo y fuese conocido; es más, es necesario hacerlo, porque la felicidad humana, y la compresión de la historia humana, requieren de esos conocimientos. El materialismo histórico tiende a ser la ciencia, así sin más, y no puede cumplir su meta sin serlo, porque el orden humano justo no puede ser realizado sin el conocimiento probado y necesario del universo, de igual modo que sin él no se puede entender bien a la historia humana.
La clave del samba brasilero y sus relativos
La clave del samba es la siguiente, para cuatro compases de cuatro notas negras por cada vuelta de la frase. En la primera fila pongo al compás en abstracto, sólo marcando el pulso con el punto resaltado, y en la segunda la clave:
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Es la misma clave que la de los otros tipos de samba, como el samba reaggue y el samba enredo, además de ser la de la bossa nova, y también es la de muchos rockanroles y la del twist. Es la misma clave que la de la conga cubana y la del lenjén yoruba, por lo que es probable que el lenjén sea el antecesor de estos toques afroamericanos y del rock. Ciertamente el lenjén es antecesor del jazz.
En youtube hay un video de los percusionistas Jalamang Camara y Mamady Danfa en que tocan lenjén con los tambores de los yoruba, pero ellos no son yoruba sino mandinka, una etnia vecina a los yoruba, situada hoy en Gambia.
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Es la misma clave que la de los otros tipos de samba, como el samba reaggue y el samba enredo, además de ser la de la bossa nova, y también es la de muchos rockanroles y la del twist. Es la misma clave que la de la conga cubana y la del lenjén yoruba, por lo que es probable que el lenjén sea el antecesor de estos toques afroamericanos y del rock. Ciertamente el lenjén es antecesor del jazz.
En youtube hay un video de los percusionistas Jalamang Camara y Mamady Danfa en que tocan lenjén con los tambores de los yoruba, pero ellos no son yoruba sino mandinka, una etnia vecina a los yoruba, situada hoy en Gambia.
Percepción, concepción y práctica
Los dos primeros comparten la idea de la cabida. El “cep” que tienen los dos, viene de caber. La percepción es la acción por la que la objetividad cabe en la subjetividad, por la que se transmite a ella. La concepción, es un conjunto de asertos, que pueden ser ciertos o no, lo mismo que la percepción falla a veces. En la práctica los animales ponemos a prueba la validez de nuestra percepción y de nuestra concepción.
Los animales no humanos también tienen conceptos, pero no están codificados como en el lenguaje humano porque tienen idiomas distintos, menos complejos, pero sí tienen lenguaje, ya que tienen lengua, ese órgano bucal al que se mueve para fonar y con el que se comunican; y hay otros conceptos que son extralingüísticos, como los relativos al lugar en que están las cosas cuando se las piensa visualmente, por ejemplo.
Por idiomas no me refiero solamente a los lenguajes estructurados, como lo son los humanos, sino simplemente a los conjuntos de ideas.
Los animales no humanos también tienen conceptos, pero no están codificados como en el lenguaje humano porque tienen idiomas distintos, menos complejos, pero sí tienen lenguaje, ya que tienen lengua, ese órgano bucal al que se mueve para fonar y con el que se comunican; y hay otros conceptos que son extralingüísticos, como los relativos al lugar en que están las cosas cuando se las piensa visualmente, por ejemplo.
Por idiomas no me refiero solamente a los lenguajes estructurados, como lo son los humanos, sino simplemente a los conjuntos de ideas.
Seres vivos e inertes
Hay un debate en las ciencias sociales respecto de si el universo es un organismo vivo. El universo no vive. Lo que diferencia a los seres vivos de los seres inertes es la tenencia de ADN. El caso de los virus, que no tienen ADN pero sí ARN, es difícil de dilucidar en esos términos, que sí permiten diferenciar a los demás seres.
De la telepatía
La telepatía existe, es la pasión distante. Lo que no es cierto es esa idea de que los telépatas se comunican imaginariamente entre sí tal cual piensan que se comunican, aunque tal vez sí suceda a veces, cosa que habría que probar.
Lo que tuvieron de irracionales los totalitarismos más conocidos del siglo XX
Algunos argumentos condenaron a la razón por los exterminios perpetrados mediante el uso de la ciencia por parte del fascismo, el nazismo y el socialismo soviético, sin que de igual modo se incluya bajo la crítica al capitalismo liberal europeo y estadounidense, con las masacres que hizo en América Latina, África y Asia, con las intervenciones militares y demás maniobras imperialistas, aparte de los males causados en sus propios países. Es verdad que las clases dominantes de esos regímenes utilizaron a la razón para ejecutar sus planes, ya que apelaron a las innovaciones bélicas, a la planificación social y demográfica, a la articulación entre la economía y los campos de concentración, al espionaje y otros tantos. Ahora, yo pregunto, ¿de en serio podrán sostener que esos regímenes hayan sido racionales? ¿Qué idea de razón tuvieron los que pretendieron eso? La verdad es que estoy discutiendo en abstracto, con ideas que no le podría adjudicar a nadie en particular, excepto a Hannah Arendt, a quien conozco poco, apenas habiéndola leido, pero no obstante quiero decir, porque en algún momento escuché algo así, que embarcarse en tamaños desastres como lo que fueron los planes genocidas de los regímenes autoritarios no tiene nada de sensato. Habrán utilizado a la razón para algunas cosas, pero a lo que debiera ser el objetivo de la razón, ordenar la práctica humana para el disfrute social de la vida, no lo cumplieron, o sea, que no fueron racionales en realidad. Aplicaron la ciencia sin haber descubierto su verdadera finalidad, y no reconocieron muchas cosas que tendrían que haber reconocido si hubieran sido racionales, es decir, si hubieran averiguado qué había de verdad en sus ideas en vez que lanzarse a la acción en base a ellas, que tenían muchas falsedades, por lo que sus prácticas fueron degradantes.
La razón, más que para manipular a los materiales de acuerdo a los propósitos humanos, tiene un carácter filosófico que pretende que la humanidad conozca el mundo y se ordene a fin de gozar bien, aunque no siempre los racionalistas reconozcan eso, sino que en ocasiones sí se suscriben al uso instrumental de la razón, subordinado a propósitos deplorables, por lo que hay que distinguir entre la razón buena y la mala, de acuerdo a lo que se propone y a lo que cause.
La razón, más que para manipular a los materiales de acuerdo a los propósitos humanos, tiene un carácter filosófico que pretende que la humanidad conozca el mundo y se ordene a fin de gozar bien, aunque no siempre los racionalistas reconozcan eso, sino que en ocasiones sí se suscriben al uso instrumental de la razón, subordinado a propósitos deplorables, por lo que hay que distinguir entre la razón buena y la mala, de acuerdo a lo que se propone y a lo que cause.
martes, 12 de abril de 2016
Del estado y el nomadismo
La palabra “estado” es el sustantivo de estar, de residir en un lugar, supone el sedentarismo, pero, de hecho, es el conjunto de entidades que las poblaciones fijas crearon para dirimir su convivencia, aunque con opresión clasista de por medio y otras injusticias que afectan a las sociedades en general, no sólo a sus proletariados sino también a sus propietariados. Entonces, el carácter opresivo del estado también es histórico, no es que haya una esencia en el estado que lo haga ser así necesariamente. Lo único esencial al estado es estar, es fijar a una comunidad humana en un territorio. De allí que la desaparición del estado no sea un objetivo bueno para los revolucionarios, ya que lo que se requiere es su socialización y su administración común por parte de sociedades buenas, pero, ¿cómo podrían ser buenas si basan su práctica en ideas malas?
Los anarquistas quieren la desaparición del estado, pero en realidad, al hablar del estado, se refieren al gobierno del estado, que no es lo mismo que el estado en sí, y el gobierno no debiera desaparecer sino socializarse: esa es la idea del autogobierno social, que se corresponde con el autogestivismo. Suprimir los estados implicaría obligar a las naciones a migrar forzádamente, lo que sería autoritario y pernicioso, una imposición violenta del nomadismo.
Los anarquistas quieren la desaparición del estado, pero en realidad, al hablar del estado, se refieren al gobierno del estado, que no es lo mismo que el estado en sí, y el gobierno no debiera desaparecer sino socializarse: esa es la idea del autogobierno social, que se corresponde con el autogestivismo. Suprimir los estados implicaría obligar a las naciones a migrar forzádamente, lo que sería autoritario y pernicioso, una imposición violenta del nomadismo.
lunes, 11 de abril de 2016
El idealismo materialista y bueno
Cuando hablamos del idealismo solemos referirnos al idealismo absoluto, ligado al teísmo porque el idealismo tiene una gran tradición teológica, en la que se supone que las ideas, igual que el supuesto dios, se sostienen a sí mismas y crean al mundo, postulado que si no me equivoco también está presente en Hegel, aunque reformulado y secularizado, pero sin dejar de ser teístico, de un laicismo espiritista; pero el idealismo puede ser materialista si se entiende que en sí el idealismo es la doctrina de las ideas, y que se la puede entender en términos materialistas porque las ideas son materiales: son una creación cerebral hecha por los animales, humanos o no, para enfrentar nuestros problemas, a las que vivenciamos como imágenes psíquicas en nuestras subjetividades. No obstante, el idealismo materialista no sería bueno de por sí, ya que para serlo además de comprender bien al lugar de las ideas en la historia tendría que ordenarlas para que la vida humana sea dichosa, lo que requiere de que el entorno esté bien también, para lo que se precisa que el orden humano sea bueno, o sea que el idealismo materialista tendría que proveer las ideas para ordenar bien a la práctica humana.
Debo al respecto leer a Hegel.
Debo al respecto leer a Hegel.
La manipulación de la información verdadera y el enfrentamiento del delito
En las pujas por el poder hay todo tipo de manipulaciones, con información falsa, parcial, omitida y hasta verdadera: como la corrupción se extiende en general en la piedad capitalista, porque es mala, es fácil para los grupos de presión encontrar información verdadera sobre los ilícitos cometidos por aquellos a los que se quiera acusar, lo que no implica que en ocasiones los procesos comunicacionales y judiciales se basen en datos falsos. Por eso es que no basta con averiguar si las acusaciones se sostienen sobre datos buenos, sino que además hay que comprender los intereses de los actores involucrados en los juicios sociales y la coyuntura histórica en que se enmarcan los delitos, para situarlos en perspectiva histórica, lo que sirve para juzgar bien, en vez que caer en planteos mojigatos, de idealismos principistas o legalistas.
Cuando dije que hay que entender las causas de la delincuencia no lo hice sólo para exculpar a los delincuentes pobres, que igual tendrían que ser bien juzgados, sino también porque la persecusión a los delincuentes capitalistas es insuficiente, porque penaliza a los criminales pero mantiene a las causas que inducen a los delitos, por lo que persiste la criminalidad: el problema más importante no son los delincuentes en sí, sino las causas de la delincuencia. Para saber cuáles son, habría que permitir que los enjuiciados expresaran sus justificaciones, que tendrían algo de validez, porque agregarían conocimiento sobre el tema, aunque no fueran siempre razonables.
Cuando dije que hay que entender las causas de la delincuencia no lo hice sólo para exculpar a los delincuentes pobres, que igual tendrían que ser bien juzgados, sino también porque la persecusión a los delincuentes capitalistas es insuficiente, porque penaliza a los criminales pero mantiene a las causas que inducen a los delitos, por lo que persiste la criminalidad: el problema más importante no son los delincuentes en sí, sino las causas de la delincuencia. Para saber cuáles son, habría que permitir que los enjuiciados expresaran sus justificaciones, que tendrían algo de validez, porque agregarían conocimiento sobre el tema, aunque no fueran siempre razonables.
jueves, 7 de abril de 2016
De la presunción de inocencia y la veridicción
Uno de los aspectos falibles del sistema jurídico liberal es el de la presunción de inocencia, la idea de que todos somos inocentes hasta haberse demostrado lo contrario, porque, cuando sí se comete el delito, quien lo comete es delincuente desde ese momento, se lo haya demostrado o no. De este precepto se desprende la lógica de que el acusado tiene que tener un defensor que lo represente, y de que en base a un enfrentamiento entre las partes en litigio, con pruebas de por medio, los juristas investigan qué es lo que pasó en el presunto crimen y se le asigna al acusado una pena de acuerdo al código legal en curso en caso de haberse probado que lo cometiera. Eso en teoría, lo que se corresponde algo dislatadamente con el resto de la realidad de los juicios, que están repletos de prácticas fallidas, porque en vez que dedicarse la gente interesada en resolver el crimen a averiguar la verdad directamente y sin prejuicios, tienen que dar el rodeo de cumplir con las normas procedimentales jurídicas vigentes, aparte de que las personas en ocasiones son malas, a consecuencia de la práctica humana mala, de lo que son tramposos; pero no dejarán de serlo mediante persecuciones más duras, sino que para eso se tendría que reconocer socialmente a las cuestiones vinculadas al delito, entre las cuales están las razones válidas de los delincuentes, difuminadas entre razones malas y sinrazones, las cuales ponen en relación a las ideas con sus objetos.
El problema con eso es que la juridicidad conservadora tiene una esencia castigadora, por su carácter religioso estricto, por lo que a los delincuentes se los acusa y sentencia duramente: para que no la hubiera, el jurismo conservador tendría que saber más de la ciencia social, de las causas sociales de los delitos, cosa que en última instancia no podrían comprender sin dejar de ser creyentes, porque para entender la realidad no basta con creer, sino que hay que concebir a la creencia como una idea probable cuya verdad o falsedad debe ser investigada lo suficiente. No podrían comprender que la opresión de los mandatos píos, y las otras injusticias, le causan una bronca a las personas que impulsa a las conductas antisociales, y de comprenderlo no podrían socializar ese conocimiento fácilmente, porque hacerlo los contrariaría con el eclesiastismo.
Otro problema es el de que como la humanidad es algo falsa, es psicópata comúnmente, con distintos tipos de psicopatía, en general leves o moderados, que se cuelan inconcientemente en los intereses del juicio que fuere; y peor es cuando la falsedad social se torna más grande, o sea, cuando la compresión social de la realidad es más idealista, porque eso perjudica más a la práctica judicial, dificulta el esclarecimiento de la verdad y la toma de las decisiones debidas para remediar las maldades hechas, por lo que su consecución también es degradada: es un sistema contrariado por sus ideas falsas, que responden y reproducen históricamente a la generalidad social.
Eso de que la resolución tribunalicia es un veredicto es cuestionable también, porque no siempre las sentencias fueron verdaderas, sino que hubo casos en que estuvieron equivocadas, y eso no es lo único que hay que atender para conformar un sistema judicial justo, ya que es todo el orden jurídico lo que debiera ser sometido a análisis para su transformación. Un problema al respecto es que para averiguar la verdad los interesados y conexos a los casos tendrían que dedicarle mucho tiempo a la investigación, lo que es obstaculizado por el orden productivo, que somete a las personas a rutinas sobreatareadas. Los tribunales establecen las verdades históricamente, o sea que entre todo lo que sentencian hay, mezcladas y confundidas, verdades con mentiras, omisiones, injusticias y demás, pero los veredictos no son tales, sino que son asertos inciertos, verosímiles, a los que se reputa como verdaderos sin que lo sean necesariamente.
El problema con eso es que la juridicidad conservadora tiene una esencia castigadora, por su carácter religioso estricto, por lo que a los delincuentes se los acusa y sentencia duramente: para que no la hubiera, el jurismo conservador tendría que saber más de la ciencia social, de las causas sociales de los delitos, cosa que en última instancia no podrían comprender sin dejar de ser creyentes, porque para entender la realidad no basta con creer, sino que hay que concebir a la creencia como una idea probable cuya verdad o falsedad debe ser investigada lo suficiente. No podrían comprender que la opresión de los mandatos píos, y las otras injusticias, le causan una bronca a las personas que impulsa a las conductas antisociales, y de comprenderlo no podrían socializar ese conocimiento fácilmente, porque hacerlo los contrariaría con el eclesiastismo.
Otro problema es el de que como la humanidad es algo falsa, es psicópata comúnmente, con distintos tipos de psicopatía, en general leves o moderados, que se cuelan inconcientemente en los intereses del juicio que fuere; y peor es cuando la falsedad social se torna más grande, o sea, cuando la compresión social de la realidad es más idealista, porque eso perjudica más a la práctica judicial, dificulta el esclarecimiento de la verdad y la toma de las decisiones debidas para remediar las maldades hechas, por lo que su consecución también es degradada: es un sistema contrariado por sus ideas falsas, que responden y reproducen históricamente a la generalidad social.
Eso de que la resolución tribunalicia es un veredicto es cuestionable también, porque no siempre las sentencias fueron verdaderas, sino que hubo casos en que estuvieron equivocadas, y eso no es lo único que hay que atender para conformar un sistema judicial justo, ya que es todo el orden jurídico lo que debiera ser sometido a análisis para su transformación. Un problema al respecto es que para averiguar la verdad los interesados y conexos a los casos tendrían que dedicarle mucho tiempo a la investigación, lo que es obstaculizado por el orden productivo, que somete a las personas a rutinas sobreatareadas. Los tribunales establecen las verdades históricamente, o sea que entre todo lo que sentencian hay, mezcladas y confundidas, verdades con mentiras, omisiones, injusticias y demás, pero los veredictos no son tales, sino que son asertos inciertos, verosímiles, a los que se reputa como verdaderos sin que lo sean necesariamente.
martes, 5 de abril de 2016
Pietismo, capital e idealismo secular
Con la secularización aparejada por la modernidad del idealismo pietista se desprendió el capitalismo, una concepción idealista al principio popular, de la burguesía incipiente que era parte del pueblo y que luego ocupó los gobiernos mediante las revoluciones antimonárquicas. Ese idealismo pequeño burgués concluyó en el liberalismo, que luego de haber sido concebido pasó a ser parte de las elites una vez que la burguesía ascendió y se hubo impuesto en el centro de los sistemas sociales. De esa manera, a la lógica sacrificial del pietismo se añadió otra lógica perniciosa, que es la de la explotación, porque también prioriza el mantenimiento de sus formas por sobre los seres concretos, por lo que a ellos los somete para beneficiar a aquéllas, que no sólo son ideas sino que también son las otras prácticas capitalistas, como la valorización abstracta y la acumulación.
No obstante, el socialismo todavía tiene que precisar la caracterización de la secularización, porque en algunas de sus interpretaciones al pietismo se lo considera relegado de potencia histórica, cuando es un antecesor vigente del capitalismo. Habría que reconocer que en el tránsito del feudalismo al capitalismo el pietismo pasó de ser monárquico a republicano, tendencialmente hablando, en lo que el lugar de las iglesias en los sistemas sociales fue redefinido, sin dejar de ser central, pero compartiendo el poder con la burguesía. De allí que la forma legal suprema de los estados-naciones burgueses sea la de la constitución, porque constituir es componer a varios sistemas institucionales en uno solo, que actualmente es el de las iglesias, los estados, las empresas y las otras organizaciones de las sociedades civiles. Las constituciones, aún aunque prescribieran la separación entre las iglesias y los estados, no los separan del todo, sino que les pautan su interrelación. En realidad, eso aplica bien a la constitución argentina, cuyo preámbulo supone que el dios cristiano es la fuente de la razón y de la justicia, y establece que el presidente del país tiene que comulgar a la iglesia católica, pero no sé de las demás constituciones propietarias.
Otra cuestión es que, en tanto que el pietismo es anterior al capitalismo, la crítica al pietismo es más importante que la crítica al capitalismo, lo que no debiera quitarle a esta última nada de la importancia que tiene hasta ahora, sino que a la ella se la debiera completar con la primera, porque, si no, no se puede criticar al pietismo proletario, que es muy influyente por su masividad y cuya influencia persiste, incluso como causa del capitalismo, porque el pietismo proletario también predica la ascética que en la clase alta lleva a la compulsión acumulativa: si el proletariado criticara masivamente a las religiones, caería la base conceptiva a la que responde la clase capitalista. La ascética pía predica el sacrificio, laborista para el proletariado y capitalista para el propietariado, dicho esto esquemáticamente, porque no siempre las clases sociales laicas son pietistas, y comprenden al pietismo de distintas maneras, además de que el pietismo no es absolutamente purista, sino que recoge planteos sociales basados en la atención de las necesidades fisiológicas y de justicia.
No obstante, el socialismo todavía tiene que precisar la caracterización de la secularización, porque en algunas de sus interpretaciones al pietismo se lo considera relegado de potencia histórica, cuando es un antecesor vigente del capitalismo. Habría que reconocer que en el tránsito del feudalismo al capitalismo el pietismo pasó de ser monárquico a republicano, tendencialmente hablando, en lo que el lugar de las iglesias en los sistemas sociales fue redefinido, sin dejar de ser central, pero compartiendo el poder con la burguesía. De allí que la forma legal suprema de los estados-naciones burgueses sea la de la constitución, porque constituir es componer a varios sistemas institucionales en uno solo, que actualmente es el de las iglesias, los estados, las empresas y las otras organizaciones de las sociedades civiles. Las constituciones, aún aunque prescribieran la separación entre las iglesias y los estados, no los separan del todo, sino que les pautan su interrelación. En realidad, eso aplica bien a la constitución argentina, cuyo preámbulo supone que el dios cristiano es la fuente de la razón y de la justicia, y establece que el presidente del país tiene que comulgar a la iglesia católica, pero no sé de las demás constituciones propietarias.
Otra cuestión es que, en tanto que el pietismo es anterior al capitalismo, la crítica al pietismo es más importante que la crítica al capitalismo, lo que no debiera quitarle a esta última nada de la importancia que tiene hasta ahora, sino que a la ella se la debiera completar con la primera, porque, si no, no se puede criticar al pietismo proletario, que es muy influyente por su masividad y cuya influencia persiste, incluso como causa del capitalismo, porque el pietismo proletario también predica la ascética que en la clase alta lleva a la compulsión acumulativa: si el proletariado criticara masivamente a las religiones, caería la base conceptiva a la que responde la clase capitalista. La ascética pía predica el sacrificio, laborista para el proletariado y capitalista para el propietariado, dicho esto esquemáticamente, porque no siempre las clases sociales laicas son pietistas, y comprenden al pietismo de distintas maneras, además de que el pietismo no es absolutamente purista, sino que recoge planteos sociales basados en la atención de las necesidades fisiológicas y de justicia.
La lucha de clases, estragosa
La lucha, en inglés, se dice struggle, término similar al de estrujar, con el que además comparte algunas acepciones. Históricamente, la lucha de clases ha sido estrujante, lo que implica que para la estrategia liberadora habrá que encontrar una forma de lucha que sea lo menos dañina posible, ¡que hasta podría ser plácida para toda la gente, aunque no siempre y aunque se la encarcele!, ya que los malos tratos son contraproducentes al socialismo.
Deconstrucción y análisis
El planteo de la deconstrucción me parece algo deshonesto, puesto que le asigna a ella una importancia mayor de la que tiene. La deconstrucción es el análisis, ya que el análisis es el estudio de las cosas, que requiere la identificación de sus elementos por separado, de su historia y sus interrelaciones: si no me equivoco, ambos son equivalentes, pero puedo equivocarme.
Una diferencia entre ambos es que la deconstrucción no sólo es del plano de las ideas, sino que además pretende el desarme de los objetos, su destrucción, pero entonces tiene que razonársela más, porque ya los anarquistas rompieron mal algunas cosas anteriormente.
Una diferencia entre ambos es que la deconstrucción no sólo es del plano de las ideas, sino que además pretende el desarme de los objetos, su destrucción, pero entonces tiene que razonársela más, porque ya los anarquistas rompieron mal algunas cosas anteriormente.
lunes, 4 de abril de 2016
Pietismo y corrupción; grandes relatos, moral y ley; ecosistema; capitalismo transitivo al socialismo
Los análisis sobre la corrupción suelen omitir el lugar del pietismo en la corrupción social, pero este es innegable, porque los distintos credos imponen un conjunto de preceptos de vida que, como son idealistas, son incumplibles siempre y para todos los miembros de las sociedades, por lo que las sociedades terminan estando compuestas por individuos que en distintos momentos transgreden las normas religiosas, y las leyes estatales que se les corresponden, aunque ambas están atravesadas también por reivindicaciones comunes, que son cuestionables también, pero que en general están mejor pensadas porque apuntan a la calidad de la vida en vez que al sacrificio. El incumplimiento usual de la normatividad pía genera la costumbre de faltar a las leyes, sean eclesiásticas, estatales o de otras índoles, faltas que se retroalimentan entre sí porque las personas, a veces, se imitan en sus comportamientos.
Las leyes debieran poder ser transgredidas cuando fuese necesario y cuando eso no le hiciera demasiado mal a los seres vivos, e incluso, si el acto a cometer fuese prescindible, se debiera abstener de cometerlo aunque fuera poco malo, pero para eso sería preciso que las personas fueran razonables, para que se juzgaran comúnmente sus prácticas, lo que no puede ser cuando son religiosas, porque las religiones las someten a concepciones falsas y penosas, y que no tienen a la cordialidad social como objetivo prioritario.
La acumulación de capital es un factor secundario en la corrupción social, pero igual es importante, lo mismo que la de poder. La cuestión es que ambas están inmersas en la irracionalidad humana, derivada de las concepciones del mundo pietistas, con las contradicciones y salvedades históricas que tienen, ya que ni todo el pietismo es irracional ni los materialismos carecen de faltas, y también están las brutalidades a consecuencia de ignorancias que no son originadas por la piedad, sino que tienen otras causas, como el militarismo, que a su vez se relaciona con la piedad y los demás factores sociales. El pietismo es un factor determinante de la práctica social, y es generalizante, pero no es el único: lo que pasa es que es la base para mucho de lo de los demás, porque hace a las concepciones sociales de lo que debe ser la humanidad. Es totalitario, o sea, que las piedades proporcionan grandes relatos sobre el origen del universo y de la humanidad y buscan ordenar al conjunto de las prácticas humanas según aquellos, que, como no son verdaderos, contrarían a las personas, lo que termina en una lógica social que establece normas idealistas que son incumplidas, aparejando pena: para resolver eso las leyes tendrían que ser verdaderas, consensuadas y modificables circunstancialmente, si es que se lo hace con razón suficiente y social. No tiene que dárseles el carácter de absolutas, sino el de guías relativas subordinadas al bienestar del ecosistema, dentro del cual está la sociedad humana terráquea.
Los casos de las naciones de gobiernos ateos con tolerancia a las religiones y de capitalismo de estado, con o sin participación privada, los de transición al socialismo, son algo análogos al del pietismo, aunque tengan diferencias sustanciales con él, porque el idealismo adopta en ellos una forma atea, también productivista y desarrollista, desde la que se pretende ordenar a las sociedades, lo que igual causa mandatos pocas veces cumplibles, y mayormente desobedecidos, u obedecidos a desgano, redundando en la corrupción, porque las personas se frustran al esforzarse y no llegar al nivel requerido, de lo que se tornan malas, más aún cuando se las acusa por no lograr metas superexigentes: se prioriza a las metas por sobre los sentimientos de la gente. Para que el orden social funcione bien sus leyes deben tener consenso social, lo que requiere del gobierno autogestivo entre otras cosas.
Las leyes debieran poder ser transgredidas cuando fuese necesario y cuando eso no le hiciera demasiado mal a los seres vivos, e incluso, si el acto a cometer fuese prescindible, se debiera abstener de cometerlo aunque fuera poco malo, pero para eso sería preciso que las personas fueran razonables, para que se juzgaran comúnmente sus prácticas, lo que no puede ser cuando son religiosas, porque las religiones las someten a concepciones falsas y penosas, y que no tienen a la cordialidad social como objetivo prioritario.
La acumulación de capital es un factor secundario en la corrupción social, pero igual es importante, lo mismo que la de poder. La cuestión es que ambas están inmersas en la irracionalidad humana, derivada de las concepciones del mundo pietistas, con las contradicciones y salvedades históricas que tienen, ya que ni todo el pietismo es irracional ni los materialismos carecen de faltas, y también están las brutalidades a consecuencia de ignorancias que no son originadas por la piedad, sino que tienen otras causas, como el militarismo, que a su vez se relaciona con la piedad y los demás factores sociales. El pietismo es un factor determinante de la práctica social, y es generalizante, pero no es el único: lo que pasa es que es la base para mucho de lo de los demás, porque hace a las concepciones sociales de lo que debe ser la humanidad. Es totalitario, o sea, que las piedades proporcionan grandes relatos sobre el origen del universo y de la humanidad y buscan ordenar al conjunto de las prácticas humanas según aquellos, que, como no son verdaderos, contrarían a las personas, lo que termina en una lógica social que establece normas idealistas que son incumplidas, aparejando pena: para resolver eso las leyes tendrían que ser verdaderas, consensuadas y modificables circunstancialmente, si es que se lo hace con razón suficiente y social. No tiene que dárseles el carácter de absolutas, sino el de guías relativas subordinadas al bienestar del ecosistema, dentro del cual está la sociedad humana terráquea.
Los casos de las naciones de gobiernos ateos con tolerancia a las religiones y de capitalismo de estado, con o sin participación privada, los de transición al socialismo, son algo análogos al del pietismo, aunque tengan diferencias sustanciales con él, porque el idealismo adopta en ellos una forma atea, también productivista y desarrollista, desde la que se pretende ordenar a las sociedades, lo que igual causa mandatos pocas veces cumplibles, y mayormente desobedecidos, u obedecidos a desgano, redundando en la corrupción, porque las personas se frustran al esforzarse y no llegar al nivel requerido, de lo que se tornan malas, más aún cuando se las acusa por no lograr metas superexigentes: se prioriza a las metas por sobre los sentimientos de la gente. Para que el orden social funcione bien sus leyes deben tener consenso social, lo que requiere del gobierno autogestivo entre otras cosas.
miércoles, 30 de marzo de 2016
Orden y urdimbre
El orden procede de la urdimbre, de urdir. El acto de urdir es el de disponer la lana en el tapiz paralelamente, para luego hacerle la trama que lo cruza de modo tal de fabricar la tela. Por eso es que el orden no es malo en sí mismo, sino que eso depende de qué orden sea. Los órdenes sociales que conocemos hasta ahora son predominantemente fideístas, pero el cientificismo tampoco aseguraría absolutamente que el orden social fuese bueno, porque hay cientificismos malos.
El cientificismo iluminista de las revoluciones burguesas también es fideísta, excepto en sus versiones socialistas, porque pretende relegar la creencia del científico a su ámbito privado y mantener su cientificidad en su desempeño laboral, pero eso es insuficiente porque mantiene vigente a la piedad, que además es eje del ordenamiento social.
El cientificismo iluminista de las revoluciones burguesas también es fideísta, excepto en sus versiones socialistas, porque pretende relegar la creencia del científico a su ámbito privado y mantener su cientificidad en su desempeño laboral, pero eso es insuficiente porque mantiene vigente a la piedad, que además es eje del ordenamiento social.
Razón y derredor
La razón, a la que definimos como la facultad de pensar, viene del vocablo ratio, que aparte de razón quiere decir “radio”, el radio geométrico, o sea, lo que circunda a quienes piensan. Así, cuando se habla de que alguien tiene razón se quiere decir que sus ideas se corresponden con la realidad que lo circunda, lo que puede que no sea suficiente para ser bueno, pero implica que el pensamiento fue puesto en relación con la objetividad, en vez que atender solamente a la subjetividad.
El “rede” de “alrededor” proviene de ratio.
El “rede” de “alrededor” proviene de ratio.
martes, 22 de marzo de 2016
De dos acepciones de la certeza
Un problema de la asertividad es que tiene la acepción de las proposiciones, de que los asertos son proposiciones, sin poner en discusión si son verdaderos o no. Los asertos tienen que ser verdaderos, para lo que hay que comprobarlos. De otro modo pierden validez, porque desgracian a la gente al inmiscuirla en prácticas falentes.
De la conversación liberal y la creencia
Esa idea de los liberales de que los expositores de las distintas posturas se encuentren y debatan sus pareceres según su experiencia es una truchada poco crítica, recontra falsa, porque no debaten hasta haber averiguado la verdad de los temas en discusión, sino que se juntan, hablan a las trompadas, se interrumpen entre sí, ni saben bien lo que hablaron, cada miembro del debate, me refiero a los parlamentos liberales, votan entre ellos e instalan la ley, y después ni saben si funcionan bien todos aquellos que las votaron, ni siquiera si votaron a favor, porque votan las leyes en cantidad diaria, y todas son muy extensas, por lo que no pueden leerlas siquiera a cada una.
Los parlamentos liberales son los instalados por las revoluciones burguesas, que depusieron el gobierno a la monarquía en Occidente, en Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia, y de ahí pasó a las colonias americanas, a lo que fuera el antiguo imperio romano de Oriente, a África, Asia, Oceanía y los polos: toda la humanidad se sacudió por el impulso revolucionario propietario iluminista, que tenía, en su teoría política, el precepto retórico, que no hubiera sido tan malo si no hubiese sido mitero, de conversar hipócritamente para decidir qué hacer; pero antes había peores formas, y las siguió habiendo, ya que hay monarquías en los países árabes y en España, Holanda, Bélgica y Gran Bretaña, entre otros, y las interrelaciones internacionales de sometimiento imperialista no concluyeron, sino que pasaron a la forma de la rivalidad entre las potencias nacionales y supranacionales, como lo son la Unión Europea, la UNASUR, la CELAC y las comunidades de países africanos, a su vez atravesados por jurisdicciones contrarias, como el Tratado de la Alianza del Pacífico, el TLCAN, y los que tengan China y Rusia, etc., más lo que hay las rivalidades nacionales menores e intranacionales, y son como 150 naciones, algunas fijas en territorios y otras transterritoriales, como los gitanos y parte de los judíos, y otras en flujos migratorios; pero mientras tanto las clases gobernantes debaten parlamentariamente, desde la retórica liberal, y deciden las prácticas gubernamentales no sólo que sin haber descubierto lo que tendrían que hacer, sino que, por lo bajo, siguen haciendo al saqueo propietario, que no los satisface porque es mitero. Las clases gobernantes son las que detentan los gobiernos, y son propietarios no sólo en la posesión de pertenencias, sino también en el mitismo, de distintas índoles, y cuyo orden jerárquico se corresponde con las relaciones de fuerza internacional: hay distintos tipos de credos, algunos más altos, otros más bajos, con sus versiones intermedias, que ascienden o descienden en la jerarquía imaginaria creyente según las clases propietarias ascienden o descienden en la escala social, de acuerdo a la obtención de la riqueza: hay clases propietarias divinas, otras intermedias, tipo los querubines, otras penosas, que son las purgantes, e infernales. Pensando en los términos de la jerarquía pía, eso es así. El diablismo populista, o socialista, y hasta el aristocrático, responde a la correlación de fuerzas entre las clases propietarias, que se demonizan en tanto que cambian sus lugares en la disputa por el poder de mando social, pero todo eso es falso, aunque real: es una representación imaginaria que persiste mientras que la recrea la humanidad creyente.
El antihumanismo es estúpido, porque quienes lo ejercen son humanos: los hace ir en contra de sí mismos y contra los demás humanos. Es un antecedente a la crítica a la humanidad, que es criticable porque no es verdadera ni buena del todo. La crítica es el análisis que busca decidir la práctica social de acuerdo a la verdad común, lo que requiere de un diálogo social de toda la humanidad, una toma de conciencia completa de la historia de la Tierra, y del resto de la verdad del cosmos, de lo que sea necesario saberla. Pero eso no puede ser en tanto que haya gente que se ordene mediante la creencia, por lo que la violencia histórica persistirá.
La rivalidad interimperialista adoptó el modo parlamentario de la ONU y de los otros organismos supraestatales después de que el ejército estadounidense tirara las bombas nucleares en Japón, en que las potencias debaten de manera perversa, sin explicitar siempre sus intereses, muchas veces ocultándolos, estableciendo intrigas, tramoyas, en los siete continentes, en los océanos, en la atmósfera y hasta en su exterior más próximo a este planeta, todo eso por la propiedad, porque el propietariado tiene ambiciones psicópatas, porque no admite su verdad fisiológica, a la que no puede entender sin dejar de ser pío, porque la física es comprensible mediante la ciencia, tiene que ser probada, y la ciencia lleva al ateísmo. Hace desastres porque la piedad le impide comprender sus deseos de vida de conjunto, porque la vida de conjunto requiere del conocimiento entre sí de las personas, que no puede ser cuando las personas se juzgan entre sí en base a prejuicios, cruzados por intereses de acumulación de poderes jerárquicos y de riquezas, lo que no les satisfará, porque es de socialidad falseada. La creencia causa un genocidio por desidia, aunque también a los planificados, indirectamente, porque los propietarios practican según sus pareceres, de lo que se les falsea el objetivo de vivir, y se meten en ambiciones prescindibles, para las que pelean. El genocidio es la decadencia humana, la vida humana mala. La concepción del buen vivir, de cuño incaico y jesuita, o, bien dicho, el progresismo propietario, no reconoce que para aquél es preciso que la ciencia reemplace a la religión. Y el progresismo ateo pocas veces lucha por el decrecimiento, y algunas hasta en contra del naturismo, como le leí en un chiste a Miradas al sur, que fue parte de un imaginario desarrollista de la clase media kirchnerista en contra de la clase media ecologista, porque el populismo, en tanto que misericordioso, causó que el kirchnerismo clasemediero negara su clase y hostigara a sus pares relativos en la escala social, desestimando sus reclamos, y el ecologismo tiene raigambre en la clase media urbana porque ésta padece la contaminación urbana casi permanentemente, igual que la clase baja urbana, lo mismo que el campesinado también, pero cuando la contaminación era un problema de los pobres ahí sí lo aceptaron. Los debates socialistas se concentran en la clase media porque para hacerlos hay que haber sido escolarizado, pero hay socialismo analfabeto, gente no alfabetizada, e infantes, que plantean reclamos proletarios a sus parientes: es un socialismo de conciencia más sensitiva que intelectual y de expresiones verbales fonadoras y lingüísticas pero no lexicales, y poco lexicales una vez que los nenes empiezan a hablar. Entonces reciben traumas cuya procedencia no entienden y a los que no pueden responder siempre, y mientras les van con las ambiciones desmedidas y las falencias pietistas. La lucha por gozar es transclasista, y no siempre es conciente. Lo que no entienden los fideístas es que el planteo de la lascivia no siempre es el de recrear las prácticas de Sodoma y Gomorra, sino que puede ser el de ordenar bien a la humanidad para el goce convivencial de la vida en común con la naturaleza terráquea. El objeto de la ciencia es ese.
Eso de que el debate retórico liberal es tolerante porque admite a las distintas posiciones es mentira porque si bien aceptan a las ideologías disidentes en el discurso, rechazan a los modos de vida que se les corresponden, lo que es rechazar a las ideologías por lo bajo.
En un debate por Facebook, antes de que cerrara mi cuenta, con el Grupo de Reflexión Rural, relativo al genocidio, me equivoqué, porque sostuve que el genocidio requiere de la planificación de los asesinatos, cuando en realidad el genocidio es la degradación humana, sea intencional o no. Es que esa es la acepción más general del término, que en los juicios por crímenes de lesa humanidad toma una forma restringida, relativa al asesinato planificado de grupos poblacionales, u opositores, lo que está en debate.
La creencia son los prejuicios, es decir, las ideas anteriores a la razón, que pueden ser ciertas o no, por lo que hay que comprobarlas. Al basarse las prácticas en la creencia, cosa que en ocasiones hace la clase propietaria, a veces practica bien y otras mal, porque no somete sus ideas a contrastación antes de actuar.
Los parlamentos liberales son los instalados por las revoluciones burguesas, que depusieron el gobierno a la monarquía en Occidente, en Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia, y de ahí pasó a las colonias americanas, a lo que fuera el antiguo imperio romano de Oriente, a África, Asia, Oceanía y los polos: toda la humanidad se sacudió por el impulso revolucionario propietario iluminista, que tenía, en su teoría política, el precepto retórico, que no hubiera sido tan malo si no hubiese sido mitero, de conversar hipócritamente para decidir qué hacer; pero antes había peores formas, y las siguió habiendo, ya que hay monarquías en los países árabes y en España, Holanda, Bélgica y Gran Bretaña, entre otros, y las interrelaciones internacionales de sometimiento imperialista no concluyeron, sino que pasaron a la forma de la rivalidad entre las potencias nacionales y supranacionales, como lo son la Unión Europea, la UNASUR, la CELAC y las comunidades de países africanos, a su vez atravesados por jurisdicciones contrarias, como el Tratado de la Alianza del Pacífico, el TLCAN, y los que tengan China y Rusia, etc., más lo que hay las rivalidades nacionales menores e intranacionales, y son como 150 naciones, algunas fijas en territorios y otras transterritoriales, como los gitanos y parte de los judíos, y otras en flujos migratorios; pero mientras tanto las clases gobernantes debaten parlamentariamente, desde la retórica liberal, y deciden las prácticas gubernamentales no sólo que sin haber descubierto lo que tendrían que hacer, sino que, por lo bajo, siguen haciendo al saqueo propietario, que no los satisface porque es mitero. Las clases gobernantes son las que detentan los gobiernos, y son propietarios no sólo en la posesión de pertenencias, sino también en el mitismo, de distintas índoles, y cuyo orden jerárquico se corresponde con las relaciones de fuerza internacional: hay distintos tipos de credos, algunos más altos, otros más bajos, con sus versiones intermedias, que ascienden o descienden en la jerarquía imaginaria creyente según las clases propietarias ascienden o descienden en la escala social, de acuerdo a la obtención de la riqueza: hay clases propietarias divinas, otras intermedias, tipo los querubines, otras penosas, que son las purgantes, e infernales. Pensando en los términos de la jerarquía pía, eso es así. El diablismo populista, o socialista, y hasta el aristocrático, responde a la correlación de fuerzas entre las clases propietarias, que se demonizan en tanto que cambian sus lugares en la disputa por el poder de mando social, pero todo eso es falso, aunque real: es una representación imaginaria que persiste mientras que la recrea la humanidad creyente.
El antihumanismo es estúpido, porque quienes lo ejercen son humanos: los hace ir en contra de sí mismos y contra los demás humanos. Es un antecedente a la crítica a la humanidad, que es criticable porque no es verdadera ni buena del todo. La crítica es el análisis que busca decidir la práctica social de acuerdo a la verdad común, lo que requiere de un diálogo social de toda la humanidad, una toma de conciencia completa de la historia de la Tierra, y del resto de la verdad del cosmos, de lo que sea necesario saberla. Pero eso no puede ser en tanto que haya gente que se ordene mediante la creencia, por lo que la violencia histórica persistirá.
La rivalidad interimperialista adoptó el modo parlamentario de la ONU y de los otros organismos supraestatales después de que el ejército estadounidense tirara las bombas nucleares en Japón, en que las potencias debaten de manera perversa, sin explicitar siempre sus intereses, muchas veces ocultándolos, estableciendo intrigas, tramoyas, en los siete continentes, en los océanos, en la atmósfera y hasta en su exterior más próximo a este planeta, todo eso por la propiedad, porque el propietariado tiene ambiciones psicópatas, porque no admite su verdad fisiológica, a la que no puede entender sin dejar de ser pío, porque la física es comprensible mediante la ciencia, tiene que ser probada, y la ciencia lleva al ateísmo. Hace desastres porque la piedad le impide comprender sus deseos de vida de conjunto, porque la vida de conjunto requiere del conocimiento entre sí de las personas, que no puede ser cuando las personas se juzgan entre sí en base a prejuicios, cruzados por intereses de acumulación de poderes jerárquicos y de riquezas, lo que no les satisfará, porque es de socialidad falseada. La creencia causa un genocidio por desidia, aunque también a los planificados, indirectamente, porque los propietarios practican según sus pareceres, de lo que se les falsea el objetivo de vivir, y se meten en ambiciones prescindibles, para las que pelean. El genocidio es la decadencia humana, la vida humana mala. La concepción del buen vivir, de cuño incaico y jesuita, o, bien dicho, el progresismo propietario, no reconoce que para aquél es preciso que la ciencia reemplace a la religión. Y el progresismo ateo pocas veces lucha por el decrecimiento, y algunas hasta en contra del naturismo, como le leí en un chiste a Miradas al sur, que fue parte de un imaginario desarrollista de la clase media kirchnerista en contra de la clase media ecologista, porque el populismo, en tanto que misericordioso, causó que el kirchnerismo clasemediero negara su clase y hostigara a sus pares relativos en la escala social, desestimando sus reclamos, y el ecologismo tiene raigambre en la clase media urbana porque ésta padece la contaminación urbana casi permanentemente, igual que la clase baja urbana, lo mismo que el campesinado también, pero cuando la contaminación era un problema de los pobres ahí sí lo aceptaron. Los debates socialistas se concentran en la clase media porque para hacerlos hay que haber sido escolarizado, pero hay socialismo analfabeto, gente no alfabetizada, e infantes, que plantean reclamos proletarios a sus parientes: es un socialismo de conciencia más sensitiva que intelectual y de expresiones verbales fonadoras y lingüísticas pero no lexicales, y poco lexicales una vez que los nenes empiezan a hablar. Entonces reciben traumas cuya procedencia no entienden y a los que no pueden responder siempre, y mientras les van con las ambiciones desmedidas y las falencias pietistas. La lucha por gozar es transclasista, y no siempre es conciente. Lo que no entienden los fideístas es que el planteo de la lascivia no siempre es el de recrear las prácticas de Sodoma y Gomorra, sino que puede ser el de ordenar bien a la humanidad para el goce convivencial de la vida en común con la naturaleza terráquea. El objeto de la ciencia es ese.
Eso de que el debate retórico liberal es tolerante porque admite a las distintas posiciones es mentira porque si bien aceptan a las ideologías disidentes en el discurso, rechazan a los modos de vida que se les corresponden, lo que es rechazar a las ideologías por lo bajo.
En un debate por Facebook, antes de que cerrara mi cuenta, con el Grupo de Reflexión Rural, relativo al genocidio, me equivoqué, porque sostuve que el genocidio requiere de la planificación de los asesinatos, cuando en realidad el genocidio es la degradación humana, sea intencional o no. Es que esa es la acepción más general del término, que en los juicios por crímenes de lesa humanidad toma una forma restringida, relativa al asesinato planificado de grupos poblacionales, u opositores, lo que está en debate.
La creencia son los prejuicios, es decir, las ideas anteriores a la razón, que pueden ser ciertas o no, por lo que hay que comprobarlas. Al basarse las prácticas en la creencia, cosa que en ocasiones hace la clase propietaria, a veces practica bien y otras mal, porque no somete sus ideas a contrastación antes de actuar.
lunes, 21 de marzo de 2016
De la locura
En tanto que la comprensión pía del mundo es falsa, prescribe conductas injustas y descalifica a las faltas a sus normas, según una gradación histórica, que va de las pequeñas inmoralidades, pasando por los delitos, a los distintos tipos de patologías psiquiátricas. En ese razonamiento hay algo de verdad, por lo que algunas de las conductas calificadas de locas realmente lo son; pero también hay ideas falsas. De allí que enloquecerse no sea una buena manera de enfrentar al sistema, aunque tiene algunos aspectos que sí lo son. Mejor manera es la de ser racional de buen modo, ya que la conducta racionalista verdadera contiene a las locuras buenas, porque es placentera y lúdica, pero desecha a las nocivas, además de ser política y emancipatoria. Requiere evaluar racionalmente a la locura para hacerla y atenderla bien, lo que a su vez precisa de la crítica al orden social.
La acusación a la razón iluminista y en defensa de la locura omite mencionar que la razón iluminista pía, que es en realidad de la que se trata, es falsa: confunde a la razón en sí con la razón pía, que es una contradicción en sí misma pero rige, y de allí que estemos como estamos.
Lecturas
Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, sin más datos.
Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, dos tomos, sin más datos.
La acusación a la razón iluminista y en defensa de la locura omite mencionar que la razón iluminista pía, que es en realidad de la que se trata, es falsa: confunde a la razón en sí con la razón pía, que es una contradicción en sí misma pero rige, y de allí que estemos como estamos.
Lecturas
Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, sin más datos.
Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, dos tomos, sin más datos.
De los retrocesos superadores
Ante los progresos malos, como la masivización de la industria, que debiera adoptar una forma socialmente consensuada, los retrocesos pueden ser superadores, como sería el caso de que se ordenara racionalmente la fabricación y el uso de las tecnologías complejas, lo que los reduciría mucho, para suplantarlos posibilísticamente por técnicas simples.
Un modo de la técnica desestimado por la producción actual es la complementariedad social de las tareas: se busca resolver mediante artefactos complejos lo que se podría solucionar con organización social.
En realidad, el reemplazo relativo de la sobretecnificación por la tecnología social no sería un retroceso sino un avance, pero titulé así al comentario para llamar la atención sobre que parte de la izquierda, la que se centra en el desarrollo y masivización de las teconologías sofisticadas, pensó a la cuestión en esos términos.
Un modo de la técnica desestimado por la producción actual es la complementariedad social de las tareas: se busca resolver mediante artefactos complejos lo que se podría solucionar con organización social.
En realidad, el reemplazo relativo de la sobretecnificación por la tecnología social no sería un retroceso sino un avance, pero titulé así al comentario para llamar la atención sobre que parte de la izquierda, la que se centra en el desarrollo y masivización de las teconologías sofisticadas, pensó a la cuestión en esos términos.
Instrucciones para lavar la ropa a mano
Usar jabón común, en lo posible de fabricación cercana. Los jabones refinados pueden dañar la piel con el tiempo. El jabón común quizás también, pero es menos probable. Para saber mejor hay que hablar con lavadoras viejas. El jabón fabricado lejos suele ser del capital trasnacional y sale más caro por el costo del transporte, lo mismo que vale para los envoltorios.
El lavado tiene cuatro etapas:
- La primera es la del enjabonado de las prendas. Hay que ponerlas en un recipiente, como lavatorio, balde o palangana, con agua, y entonces mojar el jabón y diluirlo frotándolo con las manos y sumergiéndolo. Luego, se deja reposar a la ropa mojada un rato, que puede ser de 20 minutos a 48 horas, aunque esto último no es recomendable; mejor es un lapso de entre 2 y 24 horas. Usar agua preferentemente fría, para ahorrar gas, salvo que haga mucho frío. El agua tibia ayuda a remover la suciedad. Otro modo es el de dejar al jabón en el agua durante un rato, más o menos largo según la cantidad que se quiera licuar, y luego frotarlo.
- La segunda es la del fregado. Hay que encontrar las manchas, puntuales o difusas, y refregarlas una por una. A veces sirve enjabonarlas de nuevo.
- La tercera es la del revolvido. Se agarran las prendas todas juntas y se las remueve unas 300 veces dentro del recipiente, de una vez o por etapas. Luego se tira el agua sucia y se aprieta un poco la ropa para escurrirla.
- La última es la del enjuage. Se carga con agua el recipiente, se hace una primera tanda de 100 removidas, se tira el agua y se vuelve a escurrir, y luego otra vez más.
Se puede variar el procedimiento según esté más o menos sucia la ropa. Estas instrucciones son una base estándard, a la que se puede mejorar con la experiencia. La postura corporal debe ser erguida, con las rodillas levemente flexionadas, al igual que la columna vertebral.
También está el uso de lavandina, del que se puede preguntar, y las revueltas sentado, en silla o en el suelo, donde conviene arrodillarse.
Insisto en que a estas instrucciones hay que cotejarlas en la práctica y hablando con la gente mayor.
El lavado tiene cuatro etapas:
- La primera es la del enjabonado de las prendas. Hay que ponerlas en un recipiente, como lavatorio, balde o palangana, con agua, y entonces mojar el jabón y diluirlo frotándolo con las manos y sumergiéndolo. Luego, se deja reposar a la ropa mojada un rato, que puede ser de 20 minutos a 48 horas, aunque esto último no es recomendable; mejor es un lapso de entre 2 y 24 horas. Usar agua preferentemente fría, para ahorrar gas, salvo que haga mucho frío. El agua tibia ayuda a remover la suciedad. Otro modo es el de dejar al jabón en el agua durante un rato, más o menos largo según la cantidad que se quiera licuar, y luego frotarlo.
- La segunda es la del fregado. Hay que encontrar las manchas, puntuales o difusas, y refregarlas una por una. A veces sirve enjabonarlas de nuevo.
- La tercera es la del revolvido. Se agarran las prendas todas juntas y se las remueve unas 300 veces dentro del recipiente, de una vez o por etapas. Luego se tira el agua sucia y se aprieta un poco la ropa para escurrirla.
- La última es la del enjuage. Se carga con agua el recipiente, se hace una primera tanda de 100 removidas, se tira el agua y se vuelve a escurrir, y luego otra vez más.
Se puede variar el procedimiento según esté más o menos sucia la ropa. Estas instrucciones son una base estándard, a la que se puede mejorar con la experiencia. La postura corporal debe ser erguida, con las rodillas levemente flexionadas, al igual que la columna vertebral.
También está el uso de lavandina, del que se puede preguntar, y las revueltas sentado, en silla o en el suelo, donde conviene arrodillarse.
Insisto en que a estas instrucciones hay que cotejarlas en la práctica y hablando con la gente mayor.
De la historia del hacer y de la de las palabras
Las cosas humanas no son sólo cosas en sí mismas sino que además son nombradas: la historia de las cosas está imbrincada con la de sus nombres, que a su vez son parte de ella, porque los nombres son cosas.
El hacer, o sea, la práctica de hacer cosas, es una práctica definida por su nombre, nombre que responde a la historia de esa práctica según la humanidad los hizo a ambos. El hacer del que ahora escribo proviene del latín facio, que tiene acepciones relativas al hacer común pero también otras relativas al hacer fideísta, como la de ficticio, fetichismo y hechizo. Entre estas últimas predomina el uso de la letra efe, que es la de la fe.
A eso lo dije porque las palabras y la letras son históricas, o sea, que son creaciones humanas relativas al resto de sus prácticas. Incluso a través de la forma de las letras se podría remitir al resto de la historia humana, como puede hacérselo con su mera existencia, pero sucede que la historia de los grafos es algo difícil de investigar y que la grafología fue falseada por sus explicaciones antojadizas.
El hacer, o sea, la práctica de hacer cosas, es una práctica definida por su nombre, nombre que responde a la historia de esa práctica según la humanidad los hizo a ambos. El hacer del que ahora escribo proviene del latín facio, que tiene acepciones relativas al hacer común pero también otras relativas al hacer fideísta, como la de ficticio, fetichismo y hechizo. Entre estas últimas predomina el uso de la letra efe, que es la de la fe.
A eso lo dije porque las palabras y la letras son históricas, o sea, que son creaciones humanas relativas al resto de sus prácticas. Incluso a través de la forma de las letras se podría remitir al resto de la historia humana, como puede hacérselo con su mera existencia, pero sucede que la historia de los grafos es algo difícil de investigar y que la grafología fue falseada por sus explicaciones antojadizas.
Una conclusión máxima y obvia, pero ignorada
La piedad capitalista es un sobredeterminante falso de la práctica social.
sábado, 19 de marzo de 2016
Idealismo y orden; valor de cambio y necesidades sociales; conclusión
A fin de cuentas, las concepciones más o menos idealistas, sean teísmos o no, como lo es el desarrollismo socialista, un ateísmo capitalista hasta ahora, de acumulación estatal o mixta, buscan subordinar al mundo objetivo a sus ideas, que en algo responden a él, pero no lo suficiente, y parcialmente obedecen a ideas puras, sin correspondencia con la realidad exterior a la psiquis.
Análogamente, el valor de cambio es una abstracción pura, que tiene un enlace con las cosas a las que se pone precio, pero que les instala una lógica superior con la que se las intercambia sin atender a las cuestiones verdaderamente importantes, que son todas las que exceden al intercambio mercantil.
El idealismo absoluto falla la práctica, la hace ingrata porque le impide satisfacer las necesidades concretas de la gente, al someterla a reglas que no las tienen en cuenta lo suficiente; pero fallas análogas le suceden a las prácticas basadas en idealismos objetivistas, sean proletarias o no, que tampoco tienen consideración por todo lo que deben tener en consideración, que en política son los reclamos sociales: de allí que la política socialista, a la vez que ejecutar un plan, tiene que corregirse improvisadamente de acuerdo a los problemas que sean detectados por la sociedad.
Análogamente, el valor de cambio es una abstracción pura, que tiene un enlace con las cosas a las que se pone precio, pero que les instala una lógica superior con la que se las intercambia sin atender a las cuestiones verdaderamente importantes, que son todas las que exceden al intercambio mercantil.
El idealismo absoluto falla la práctica, la hace ingrata porque le impide satisfacer las necesidades concretas de la gente, al someterla a reglas que no las tienen en cuenta lo suficiente; pero fallas análogas le suceden a las prácticas basadas en idealismos objetivistas, sean proletarias o no, que tampoco tienen consideración por todo lo que deben tener en consideración, que en política son los reclamos sociales: de allí que la política socialista, a la vez que ejecutar un plan, tiene que corregirse improvisadamente de acuerdo a los problemas que sean detectados por la sociedad.
viernes, 18 de marzo de 2016
Otro comentario crítico a la tesis del fin de ciclo
Más allá de las razones que tienen quienes postulan la idea del fin de ciclo progresista, a las que habría que analizar, hay un punto reprobable y que es el de que no reconocen que el ciclo de gobiernos progresistas está en declive, entre otras causas, por los golpes derechistas. Los golpes institucionales, la manipulación informativa, las difamaciones y las demás maniobras liberales, como el caso Nisman, no son cosas para tomar a la ligera, y reconocerlas no quita hacerlo también con los errores de los progresistas gubernamentales.
El hecho de que los gobiernos progresistas gestionen modelos capitalistas proteccionistas, incluso en el que el capital financiero obtiene ganancias exorbitantes, no quita la distinción que hay que hacer con los liberales, cosa que es necesaria para no fallar la práctica política. De allí que la postura ante ellos debiera ser la del apoyo crítico y la de la búsqueda de su superación según lo permitan las circunstancias. El democratismo gubernamental requiere del apoyo superador por parte del socialismo, que es crítico.
Esta cuestión permanecería incluso si el ciclo progresista se terminara del todo, porque persistiría la lucha democrática por obtener los gobiernos, que al conseguirlos estaría condicionada por los demás actores del sistema social vigente, que es hegemonizado por el capital. Es que la práctica política no depende sólo de los gobiernos sino de la sociedad en su conjunto.
El hecho de que los gobiernos progresistas gestionen modelos capitalistas proteccionistas, incluso en el que el capital financiero obtiene ganancias exorbitantes, no quita la distinción que hay que hacer con los liberales, cosa que es necesaria para no fallar la práctica política. De allí que la postura ante ellos debiera ser la del apoyo crítico y la de la búsqueda de su superación según lo permitan las circunstancias. El democratismo gubernamental requiere del apoyo superador por parte del socialismo, que es crítico.
Esta cuestión permanecería incluso si el ciclo progresista se terminara del todo, porque persistiría la lucha democrática por obtener los gobiernos, que al conseguirlos estaría condicionada por los demás actores del sistema social vigente, que es hegemonizado por el capital. Es que la práctica política no depende sólo de los gobiernos sino de la sociedad en su conjunto.
Nota sin título
En tanto que el privatismo domina al gran capital, al propietario de los medios de producción mayores, es más corrupto que el populismo y que la socialdemocracia, y que hasta el anarquismo, la ultraizquierda es izquierdista, porque maneja finanzas mayores, de índole empresarial, bancaria, estatal, industrial, agrícola y demás, y porque su falsedad es más alta también; es la cúspide del orden propietario, que hacia abajo atraviesa al resto de la clase alta y a las clases media y baja, el propietariado comercial, el servicio del transporte, el asalarismo formal y el precario, y al mundo de la delincuencia también. Toda la escala social, sea la definida abstractamente o la definida de acuerdo a la relación con los medios de producción, que bien entendidas coinciden, está atravesada por propiedades, sean pertenencias fabricadas o credos. En caso de que no se pudiera incluir a los credos dentro de las propiedades, no importaría: la escala está atravesada por piedades también, por fiedades, creencias, que falsean a la práctica humana, la dificultan, lo que confluye con la ambición de tener poder de dominio de la clase capitalista, de lo que, la dirección general de la humanidad, la clase rectora de la práctica humana, despliega un estado de guerra permanente, de tensión inter e intranacional, en que las dirigencias nacionales chocan entre sí y hacia adentro someten a las poblaciones, ya algo desastrosas de por sí por creer y por tener que obedecer a los mandatos productivos. Pero eso, dicho así en abstracto, sucede en concreto. Las abstracciones verdaderas son válidas porque se corresponden con los hechos que analizan, aunque son cuestionables porque no son perfectas del todo.
El populismo no puede no ser corrupto porque la ley estatal es pía, y por ende falsea sus relaciones civiles, morales, comerciales y laborales, etc., de igual modo que la corrupción atraviesa a toda la sociedad civil internacional, que es explotada también. La humanidad no puede no ser corrupta en la piedad, y no lo es en la capitalista, pero hay corrupciones inocentes, menores, y no pienso en la acusación a Dilma Rousseff, pienso en la humanidad en general y en su clase gobernante, sea pía o no, como es el caso del gobierno chino, y hasta hace poco del cubano, que no sé si se fideizó, con la promesa de rezar que le hizo Raúl Castro al Papa, el primero de los cuales si bien no es pío sí es capitalista, hace a un capitalismo estatal y privado, gobernado por un partido comunista, que es desarrollista y explotador: sigue una lógica de producción mala, dada la competencia interimperialista internacional y la coyuntura humana actual. La nación china no es más un imperio pero es una gran potencia, entre Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, a las que están sometidas las latinoamericanas, las africanas y las oceánicas, y Japón, que a su vez tienen conflictos entre sí incluso en la UNASUR, que se alió en un bloque regional, y no sé de África, donde hay potencias regionales líderes, como Sudáfrica, y otras históricas, el país de Egipto, atravesadas por las guerras islamistas e imperialistas, y sus derivados etnonacionales, ni del resto de Asia, con la India y tanto más que hay. Lo digo porque el privatismo, el populismo y el socialismo se contrarían entre ellos y entre sí terráqueamente, son concepciones en pugna en todos los países modernizados, con sus distintas líneas internas y sus enfrentamientos, hasta dentro de las mismas líneas. El democratismo se explaya entre el populismo y el socialismo, y la clase alta tiene un democratismo, representativo, falso pero rector, que contracciona con él cuando el proletariado es prole, después que se desapropia, y que persiste, porque el mandato pío posee al capital y domina hacia abajo también: por eso es que las luchas proletarias no salen todas juntas a la vez, porque el proletariado también tiene falseada la conciencia, no lucha bien, lucha a tientas, y agregó violencia también, menos intensamente, porque el proletariado es pacífico, pero mucho más masivamente, por su numerosidad tantísimo superior. Este es un problema secundario, en tanto que el principal es el de la conciencia pía capitalista, que ordena a la producción económica, y por ende a la política y a la social en general, en los términos del cumplimiento del sistema, cuando el sistema funciona, y funciona siempre y no va a dejar de funcionar a no ser que la clase dominante mundial sea buena, se tendrían que convertir en buenas personas, y no sólo ellos sino también el resto de la humanidad, cosa imposible. No sucederá durante nuestras vidas, ni pronto después, porque la práctica humana está muy fallada, y la humanidad es testaruda siquiera para reconocerlo, por lo que no se corregirá, sino que persistirá en su lógica compulsiva mercantilizante. Eso le pasa al proletariado también, que está atravesado de conjunto por la mercantilización, que es una práctica fallida, y falla a la práctica a escala planetaria.
Pero eso no es tan malo, nada más es un problema para la revolución, que necesita de conciencia verdadera, probada, no sólo en su clase trabajadora, sino en la capitalista también: hasta que toda la humanidad no sea atea y proletaria la humanidad se complicará la vida a sí misma. A eso la gente tendría que reconocerlo, sea quien fuere. Mientras tanto habrá los golpes cruzados, bien y mal dados, que caracterizan a la barbarie, principalmente de arriba a abajo, porque los capitalistas reprimen para mantener su orden, aunque sea malo. Los capitalistas ni siquiera reconocen que su orden es malo; no lo reconocen de modo tal ni de estar cerca de detenerse o desistir. Así que menos lo depondrán, pero es un deber histórico de la izquierda la creación de conciencia verdadera, atea, ya que lo de dios es una hipótesis, y refutable: no se la puede demostrar concluyentemente con eso de las pruebas de dios, pero hay gente que pierde el tiempo en especular sobre esas cosas, y para peor en base a ella la clase propietaria dispone un orden que rige en general a la humanidad, sin que toda ella se haga cargo de los descubrimientos científicos que desmintieron a varios pasajes de los libros considerados sagrados, ni de que la existencia de los dioses es una presunción: al menos la humanidad tiene que ser agnóstica. El orden de la ONU es uno de coexistencia interreligiosa, con conflictos con los extremismos fideístas, que son anticapitalistas por derecha, porque su fanatismo los orienta a prácticas autodestructivas, de enfrentamientos armados a las potencias que los oprimen, en el que conviven las religiones capitalistas, el cristianismo católico y protestante, el islamismo moderado, y las que ingresan en la modernidad, pero la competencia interimperialista las conflictúa entre sí, y las pujas capitalistas oprimen a toda la Tierra y a la naturaleza a las que llegan las prácticas humanas ordenadas por ellas.
Eso de que si la revolución es por etapas o repentina tiene rasgos de un idealismo absolutista, porque la revolución, que es la adquisición de la conciencia humana y del orden que le corresponde, es histórica. Ni las etapas carecen de interrelaciones entre sí ni las revoluciones drásticas cambian todo lo necesario, pero la humanidad tiene que saber qué es lo que quiere, cuál es la vida que quiere, porque hasta tanto no intentará conseguirla, y eso depende de la conciencia social. Mientras que estén en conciencias creyentes, o, bien dicho, en conciencias falsas, no se podrá superar los problemas históricos vigentes. Por eso el ateísmo no es pesado. No es pecador porque no es creyente, aunque los creyentes puedan interpretarlo así. Lo que es pesado es la piedad, ya que el ateísmo lo que propone cuando propone bien no es un desorden maltratador de la naturaleza, como el vigente, sino un orden necesario, de poca producción fabril, la necesaria, y de una convivencia social consensuada, democrática e igualitaria, o sea, una comunidad bien educada, educada en base a la verdad de la ciencia común probada, que sepa comportarse. Lo que los cristianos sueñan cuando piensan en las ideas pastoriles, y lo que dicen querer mientras hacen lo opuesto, es lo que quiere concretar el socialismo, pero bien, de acuerdo a la naturaleza de la humanidad y al entorno. No lo hace porque no tiene conciencia y porque lo tracciona la hegemonía capitalista mundial, que puso al desarrollismo como vara de comparación entre los países. Cuando hablo del socialismo bien hecho no me refiero a Cuba ni a China, ya que no lo son, aunque igual les reconozco sus logros en ese tránsito, sino a su modelo terminado, el naturismo, precedente al todismo, que sería el orden humano correspondiente a la educación verdadera de cada humano, que debiera ser social para realizarse: no se puede educar a toda la humanidad en las escuelas, porque no entra toda siempre, y no debiera hacérselo porque algunos saberes necesarios para la convivencia son de la vida cotidiana, por lo que no pueden ser escolarizados. La escolarización debiera persistir como enseñanza libre. El naturismo es humanista también porque la humanidad es natural, por nacer, aparte de animal. El asunto es que para lograr aquello habría que explicarle a todos los creyentes del mundo porqué son falsas las creencias y convertirlos al cientificismo, ¡tendrían que aceptar ser primates, o al menos primáticos!, y ni siquiera con eso bastaría, porque el cientificismo hizo mal también, pero es una condición necesaria. Ese debate no debe estar latente, porque es primordial para la práctica humana, le define la base.
Notas
1. El ateísmo sí es pesado: tiene piezas y pesos, y es pecador en el sentido pío; sucede que los pecados, según se los cometa, pueden no ser malos. Tan solo son faltas al orden pío, que no es verdadero, por lo que define mal los términos de lo que debe ser el comportamiento, porque en vez de buscar que la conducta sea buena social y ecológicamente se ciñe a los cánones consagrados. Y los pesos y piezas que tiene el ateísmo no son recontra excesivos, como los de la piedad capitalista, aparte de que el ateísmo sí busca un orden social ambientalmente sano y gozoso, directa y explícitamente. No tiene tantos rodeos idealistas de por medio, aunque algunos tiene. El objetivo es que la humanidad pese bien, que fabrique sus piezas bien, y las piezas, en la palabra “propiedad”, son la parte de “piedad”, ya que esa piedad se refiere a la materia apartada de su lugar natural y transformada mediante la práctica: eso es lo que son las piezas. Habrá que indagar cómo es que las cuestiones teístas se inmiscuyeron en la práctica laboral: son sobredeterminaciones pías que comprenden a la producción y la ordenan como parte del modo de vida que los creyentes suponen que debe ser, incluso desde las legislaciones estatales, en lo que es la apropiación de las piezas fabricadas, su reinserción en el orden pío.
La apropiación de los productos fabricados se nota no sólo en que el mercado y el comercio deban sus nombres a Mercurio, sino que responde al fetichismo de la mercancía, mediante el cual a los bienes se les añade el valor abstracto. El valor de cambio es un sucedáneo del teísmo, porque añade una abstracción innecesaria a los bienes concretos, que éstos no tienen por sí mismos. Comparte con la apropiación la lógica de agregar a las cosas un plus imaginario que existe por invención subjetiva, aunque luego esa invención se objetivice al socializarse, porque el valor de cambio sigue siendo imaginario: depende de que la humanidad lo recree para ser; no existe por sí mismo, como los dioses.
A su vez, “fetiche” viene del latín “facticius”, que es “ficticio”. El comercio, entonces, es fetichista porque el valor de cambio es ficticio, y es fideísta porque la fe es un pensamiento que se añade a las cosas sin que a quienes hacen esa anexión les importe que las cosas se correspondan con esa idea o no. La religión y el comercio comparten la lógica de priorizar las ideas subjetivas por sobre las cosas y pretender que las cosas se amolden a las ideas subjetivas, en vez que hacer las ideas a partir del conocimiento de las cosas en sí mismas.
2. La transición al socialismo cubana es un capitalismo estatista y pequeño, o mediano, que supeditó la acumulación a las necesidades sociales, con gobierno centralizado, acoso imperialista y demás.
El populismo no puede no ser corrupto porque la ley estatal es pía, y por ende falsea sus relaciones civiles, morales, comerciales y laborales, etc., de igual modo que la corrupción atraviesa a toda la sociedad civil internacional, que es explotada también. La humanidad no puede no ser corrupta en la piedad, y no lo es en la capitalista, pero hay corrupciones inocentes, menores, y no pienso en la acusación a Dilma Rousseff, pienso en la humanidad en general y en su clase gobernante, sea pía o no, como es el caso del gobierno chino, y hasta hace poco del cubano, que no sé si se fideizó, con la promesa de rezar que le hizo Raúl Castro al Papa, el primero de los cuales si bien no es pío sí es capitalista, hace a un capitalismo estatal y privado, gobernado por un partido comunista, que es desarrollista y explotador: sigue una lógica de producción mala, dada la competencia interimperialista internacional y la coyuntura humana actual. La nación china no es más un imperio pero es una gran potencia, entre Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, a las que están sometidas las latinoamericanas, las africanas y las oceánicas, y Japón, que a su vez tienen conflictos entre sí incluso en la UNASUR, que se alió en un bloque regional, y no sé de África, donde hay potencias regionales líderes, como Sudáfrica, y otras históricas, el país de Egipto, atravesadas por las guerras islamistas e imperialistas, y sus derivados etnonacionales, ni del resto de Asia, con la India y tanto más que hay. Lo digo porque el privatismo, el populismo y el socialismo se contrarían entre ellos y entre sí terráqueamente, son concepciones en pugna en todos los países modernizados, con sus distintas líneas internas y sus enfrentamientos, hasta dentro de las mismas líneas. El democratismo se explaya entre el populismo y el socialismo, y la clase alta tiene un democratismo, representativo, falso pero rector, que contracciona con él cuando el proletariado es prole, después que se desapropia, y que persiste, porque el mandato pío posee al capital y domina hacia abajo también: por eso es que las luchas proletarias no salen todas juntas a la vez, porque el proletariado también tiene falseada la conciencia, no lucha bien, lucha a tientas, y agregó violencia también, menos intensamente, porque el proletariado es pacífico, pero mucho más masivamente, por su numerosidad tantísimo superior. Este es un problema secundario, en tanto que el principal es el de la conciencia pía capitalista, que ordena a la producción económica, y por ende a la política y a la social en general, en los términos del cumplimiento del sistema, cuando el sistema funciona, y funciona siempre y no va a dejar de funcionar a no ser que la clase dominante mundial sea buena, se tendrían que convertir en buenas personas, y no sólo ellos sino también el resto de la humanidad, cosa imposible. No sucederá durante nuestras vidas, ni pronto después, porque la práctica humana está muy fallada, y la humanidad es testaruda siquiera para reconocerlo, por lo que no se corregirá, sino que persistirá en su lógica compulsiva mercantilizante. Eso le pasa al proletariado también, que está atravesado de conjunto por la mercantilización, que es una práctica fallida, y falla a la práctica a escala planetaria.
Pero eso no es tan malo, nada más es un problema para la revolución, que necesita de conciencia verdadera, probada, no sólo en su clase trabajadora, sino en la capitalista también: hasta que toda la humanidad no sea atea y proletaria la humanidad se complicará la vida a sí misma. A eso la gente tendría que reconocerlo, sea quien fuere. Mientras tanto habrá los golpes cruzados, bien y mal dados, que caracterizan a la barbarie, principalmente de arriba a abajo, porque los capitalistas reprimen para mantener su orden, aunque sea malo. Los capitalistas ni siquiera reconocen que su orden es malo; no lo reconocen de modo tal ni de estar cerca de detenerse o desistir. Así que menos lo depondrán, pero es un deber histórico de la izquierda la creación de conciencia verdadera, atea, ya que lo de dios es una hipótesis, y refutable: no se la puede demostrar concluyentemente con eso de las pruebas de dios, pero hay gente que pierde el tiempo en especular sobre esas cosas, y para peor en base a ella la clase propietaria dispone un orden que rige en general a la humanidad, sin que toda ella se haga cargo de los descubrimientos científicos que desmintieron a varios pasajes de los libros considerados sagrados, ni de que la existencia de los dioses es una presunción: al menos la humanidad tiene que ser agnóstica. El orden de la ONU es uno de coexistencia interreligiosa, con conflictos con los extremismos fideístas, que son anticapitalistas por derecha, porque su fanatismo los orienta a prácticas autodestructivas, de enfrentamientos armados a las potencias que los oprimen, en el que conviven las religiones capitalistas, el cristianismo católico y protestante, el islamismo moderado, y las que ingresan en la modernidad, pero la competencia interimperialista las conflictúa entre sí, y las pujas capitalistas oprimen a toda la Tierra y a la naturaleza a las que llegan las prácticas humanas ordenadas por ellas.
Eso de que si la revolución es por etapas o repentina tiene rasgos de un idealismo absolutista, porque la revolución, que es la adquisición de la conciencia humana y del orden que le corresponde, es histórica. Ni las etapas carecen de interrelaciones entre sí ni las revoluciones drásticas cambian todo lo necesario, pero la humanidad tiene que saber qué es lo que quiere, cuál es la vida que quiere, porque hasta tanto no intentará conseguirla, y eso depende de la conciencia social. Mientras que estén en conciencias creyentes, o, bien dicho, en conciencias falsas, no se podrá superar los problemas históricos vigentes. Por eso el ateísmo no es pesado. No es pecador porque no es creyente, aunque los creyentes puedan interpretarlo así. Lo que es pesado es la piedad, ya que el ateísmo lo que propone cuando propone bien no es un desorden maltratador de la naturaleza, como el vigente, sino un orden necesario, de poca producción fabril, la necesaria, y de una convivencia social consensuada, democrática e igualitaria, o sea, una comunidad bien educada, educada en base a la verdad de la ciencia común probada, que sepa comportarse. Lo que los cristianos sueñan cuando piensan en las ideas pastoriles, y lo que dicen querer mientras hacen lo opuesto, es lo que quiere concretar el socialismo, pero bien, de acuerdo a la naturaleza de la humanidad y al entorno. No lo hace porque no tiene conciencia y porque lo tracciona la hegemonía capitalista mundial, que puso al desarrollismo como vara de comparación entre los países. Cuando hablo del socialismo bien hecho no me refiero a Cuba ni a China, ya que no lo son, aunque igual les reconozco sus logros en ese tránsito, sino a su modelo terminado, el naturismo, precedente al todismo, que sería el orden humano correspondiente a la educación verdadera de cada humano, que debiera ser social para realizarse: no se puede educar a toda la humanidad en las escuelas, porque no entra toda siempre, y no debiera hacérselo porque algunos saberes necesarios para la convivencia son de la vida cotidiana, por lo que no pueden ser escolarizados. La escolarización debiera persistir como enseñanza libre. El naturismo es humanista también porque la humanidad es natural, por nacer, aparte de animal. El asunto es que para lograr aquello habría que explicarle a todos los creyentes del mundo porqué son falsas las creencias y convertirlos al cientificismo, ¡tendrían que aceptar ser primates, o al menos primáticos!, y ni siquiera con eso bastaría, porque el cientificismo hizo mal también, pero es una condición necesaria. Ese debate no debe estar latente, porque es primordial para la práctica humana, le define la base.
Notas
1. El ateísmo sí es pesado: tiene piezas y pesos, y es pecador en el sentido pío; sucede que los pecados, según se los cometa, pueden no ser malos. Tan solo son faltas al orden pío, que no es verdadero, por lo que define mal los términos de lo que debe ser el comportamiento, porque en vez de buscar que la conducta sea buena social y ecológicamente se ciñe a los cánones consagrados. Y los pesos y piezas que tiene el ateísmo no son recontra excesivos, como los de la piedad capitalista, aparte de que el ateísmo sí busca un orden social ambientalmente sano y gozoso, directa y explícitamente. No tiene tantos rodeos idealistas de por medio, aunque algunos tiene. El objetivo es que la humanidad pese bien, que fabrique sus piezas bien, y las piezas, en la palabra “propiedad”, son la parte de “piedad”, ya que esa piedad se refiere a la materia apartada de su lugar natural y transformada mediante la práctica: eso es lo que son las piezas. Habrá que indagar cómo es que las cuestiones teístas se inmiscuyeron en la práctica laboral: son sobredeterminaciones pías que comprenden a la producción y la ordenan como parte del modo de vida que los creyentes suponen que debe ser, incluso desde las legislaciones estatales, en lo que es la apropiación de las piezas fabricadas, su reinserción en el orden pío.
La apropiación de los productos fabricados se nota no sólo en que el mercado y el comercio deban sus nombres a Mercurio, sino que responde al fetichismo de la mercancía, mediante el cual a los bienes se les añade el valor abstracto. El valor de cambio es un sucedáneo del teísmo, porque añade una abstracción innecesaria a los bienes concretos, que éstos no tienen por sí mismos. Comparte con la apropiación la lógica de agregar a las cosas un plus imaginario que existe por invención subjetiva, aunque luego esa invención se objetivice al socializarse, porque el valor de cambio sigue siendo imaginario: depende de que la humanidad lo recree para ser; no existe por sí mismo, como los dioses.
A su vez, “fetiche” viene del latín “facticius”, que es “ficticio”. El comercio, entonces, es fetichista porque el valor de cambio es ficticio, y es fideísta porque la fe es un pensamiento que se añade a las cosas sin que a quienes hacen esa anexión les importe que las cosas se correspondan con esa idea o no. La religión y el comercio comparten la lógica de priorizar las ideas subjetivas por sobre las cosas y pretender que las cosas se amolden a las ideas subjetivas, en vez que hacer las ideas a partir del conocimiento de las cosas en sí mismas.
2. La transición al socialismo cubana es un capitalismo estatista y pequeño, o mediano, que supeditó la acumulación a las necesidades sociales, con gobierno centralizado, acoso imperialista y demás.
miércoles, 16 de marzo de 2016
De la especulación y las finanzas; del escepticismo
La especulación está etimológicamente emparentada con la esperanza, los espectros, la expectativa, el aspecto, la inspección y el espectáculo: todos vienen del latín “spĕcĭō”, procedente del griego “sképtomai”, que vendría a ser como decir “expectar”, en el sentido de mirar u observar, y las otras acepciones que tiene, que son parecidas a esas. El sentido financiero de la especulación está relacionado con la teología, que tiene un gran tradición especulativa por eso de la contemplación y de los razonamientos abstractos. Comparten también la tendencia a llegar a los límites, en tanto que la especulación teológica pretende conocer el inicio y el borde del universo, en lo que concluye que está dios, y las finanzas, que vienen del latino “finis”, son lo más acabado y abstracto de la economía. Por eso es que son altas en la jerarquía social: son perfectas, en el sentido de “muy rehechas”, de “muy elaboradas”, lo que no implica que sean buenas ni verdaderas.
“Perfecto” viene de “per făcĭō”, “super hecho”.
El escepticismo también deriva de specio, y en realidad es la observación. Es una actitud de cuestionamiento y de duda ante los dogmas. Eso de que el escepticismo es pesimista y que sostiene que la verdad no puede ser conocida no es cierto. Habrá sido así en algunos momentos, pero eso no es esencial al escepticismo.
“Perfecto” viene de “per făcĭō”, “super hecho”.
El escepticismo también deriva de specio, y en realidad es la observación. Es una actitud de cuestionamiento y de duda ante los dogmas. Eso de que el escepticismo es pesimista y que sostiene que la verdad no puede ser conocida no es cierto. Habrá sido así en algunos momentos, pero eso no es esencial al escepticismo.
De que el deseo sexual es transitorio
El problema de la monogamia y de las demás formas rígidas de relacionamiento afectivo y sexual es que el deseo es transitorio, por lo que imponerle formas fijas lo contraría, aunque tampoco es cuestión de que la humanidad obedezca irracionalmente a sus impulsos. Lo que debe hacerse es reconocer su carácter y establecer pautas de relacionamiento acordes con él y con las demás cuestiones que haya que tener en cuenta, lo que sólo puede hacerse con leyes abiertas y fácilmente modificables; pero para eso la humanidad tiene que tener razón.
Capital financiero y capital trabajista, con una conclusión
Dado por sentado que el capital es empresarial, ya que son las empresas las que acumulan capital, aunque no siempre, ya que las empresas a veces no acumulan, sino que producen subsistencialmente, distinguir entre capital financista y capital trabajista sirve para diferenciar sus formas, cosa que se intenta cuando se discierne entre la economía financiera y la productiva, lo que tiene el problema de que las finanzas también son productivas, ya que se producen a sí mismas y a sus relaciones con el resto de la práctica humana. En cambio, si se denomina capital trabajista al agrícola, ganadero, transportista, comercial, de servicios, se salda el problema y de una manera cierta porque lo que diferencia a ese capital de las finanzas es la prevalencia del trabajo asalariado en la generación del valor. Tareas empresariales hay en los dos, y también algunos asalariados financieros, pero la importancia proporcional de estos últimos en la generación de valor es mucho menor. La generación de valor del mundo de las finanzas es mayoritariamente hecha por los especuladores, entre quienes están los ejecutivos bancarios, los agentes bursátiles y los legistas del ramo, y por las autoridades empresariales, estatales y de los organismos supranacionales que los convalidan. Es un valor ficticio pero real, y basado en la economía trabajista y en la política internacional. Particularmente, también se basa en la piedad porque depende de la confianza y de los humores volátiles del mercado bursátil, siendo que éstos responden a la falta de razón, porque la gente no sabe qué hacer, y que la confianza proviene de la fe. La bursátil es una lógica relativamente extrapolada de los credos y aplicada al mercado especulativo, con la que se deciden algunas de sus prácticas, cosa que termina mal porque la confianza es incierta y porque los creyentes no saben que la razón de ser humana debe ser la de vivir bien para sí misma, al prohibírseles la lascivia y falseárseles píamente la comprensión de la vida en común. La acumulación de capital, en cambio, no está prohibida por las religiones, sino que es aceptada e incentivada en la educación privada, desde que la reforma protestante se plasmó conceptualmente en el liberalismo, que luego de la crisis de 1929 se transmutó en el proteccionismo. El hecho de que el proteccionismo sea pío y capitalista da cuenta de eso. Hay que recordar que la educación privada generalmente es liberal, sino proteccionista, además de conforme a la piedad, por lo que forma a los capitalistas: a los estudiantes que participan de ella se les enseña a componer la piedad con la acumulación de capital, aunque haya quienes no terminen haciéndolo. La acumulación capitalista es un sucedáneo de la ascética sacrificial: de allí su propensión a la rutina, al esfuerzo penoso, a la colaboración productiva comunitarista, al mantenimiento del orden vigente y a las formas puras, además de al anticomunismo y a la condena a la flojera.
Al menos en Argentina, la educación estatal, que es la pública, también es pietista liberal, aunque poco en su aspecto económico, ya que a la vez que enseña la Constitución de la Nación Argentina, la división de poderes, la tolerancia religiosa, el progresismo burgués y demás cuestiones de la doctrina propietaria, impulsa más al modelo proteccionista y forma más trabajadores que empresarios, y, de éstos, más laboralistas que financieros, dado que fue masivizada por el peronismo y que pertenece al estado. Ambas educaciones, estatal y privada, acogen subordinadamente al socialismo. El proteccionismo es la doctrina político-económica de la piedad populista, siendo que el liberalismo lo es de la elitista. Tienen una racionalidad enciclopedista que compone en falso a la piedad con la ciencia, lo que no implica que todos los liberales y proteccionistas sean piadosos, porque son concepciones históricas.
Al menos en Argentina, la educación estatal, que es la pública, también es pietista liberal, aunque poco en su aspecto económico, ya que a la vez que enseña la Constitución de la Nación Argentina, la división de poderes, la tolerancia religiosa, el progresismo burgués y demás cuestiones de la doctrina propietaria, impulsa más al modelo proteccionista y forma más trabajadores que empresarios, y, de éstos, más laboralistas que financieros, dado que fue masivizada por el peronismo y que pertenece al estado. Ambas educaciones, estatal y privada, acogen subordinadamente al socialismo. El proteccionismo es la doctrina político-económica de la piedad populista, siendo que el liberalismo lo es de la elitista. Tienen una racionalidad enciclopedista que compone en falso a la piedad con la ciencia, lo que no implica que todos los liberales y proteccionistas sean piadosos, porque son concepciones históricas.
domingo, 13 de marzo de 2016
De la cultura y la genética
La cultura, cuyo término precedente es el latino “cŏlō”, que significa “habitar”, “residir”, “morar” o “vivir”, tiene varias acepciones relativas al asentamiento fijo, pero los humanos incivilizados también son culturales, y los demás animales también, ya que la construcción de nidos, nichos o panales, el canto y el juego, y demás prácticas similares, son culturales, y los animales extrahumanos las hacen, no sólo porque hereden las condiciones para su desempeño genéticamente, sino también porque las reaprenden cada vez que lo hacen: se transmiten de generación en generación sobre la base de una predisposición genética que nos moldea los cuerpos prefigurándolos para tales actos.
Y habría que saber de los vegetales, que si bien no inteligen cerebralmente, sí interaccionan con el entorno, no sé de qué manera, si sólo sensitivamente, o cómo. La reproducción vegetal puede que no sea una práctica, por carecer de reflexión, pero tal vez sea un tipo de acto cultural, según sea definida la cultura y según sea la reproducción vegetal, a lo que hay que reconocer exactamente, lo mismo que sucede con las adaptaciones vegetales que parecieran haber sido hechas con el interés de adaptarse, como si hubiesen sido pensadas, sin haberlo sido porque los vegetales no tienen cerebro, a no ser que haya formas de pensar no cerebrales, cosa que ignoro. Otra opción sería que esas adaptaciones hayan sido casuales, y hay más opciones. Habría que saber qué le sucede a las plantas, en su relación con el entorno, que las hace cambiar.
Y habría que saber de los vegetales, que si bien no inteligen cerebralmente, sí interaccionan con el entorno, no sé de qué manera, si sólo sensitivamente, o cómo. La reproducción vegetal puede que no sea una práctica, por carecer de reflexión, pero tal vez sea un tipo de acto cultural, según sea definida la cultura y según sea la reproducción vegetal, a lo que hay que reconocer exactamente, lo mismo que sucede con las adaptaciones vegetales que parecieran haber sido hechas con el interés de adaptarse, como si hubiesen sido pensadas, sin haberlo sido porque los vegetales no tienen cerebro, a no ser que haya formas de pensar no cerebrales, cosa que ignoro. Otra opción sería que esas adaptaciones hayan sido casuales, y hay más opciones. Habría que saber qué le sucede a las plantas, en su relación con el entorno, que las hace cambiar.
Técnica y tejido
El concepto de la técnica puede que provenga del tejido, porque la palabra griega que dio origen a “tejné” es, transliterada, la de “téxvn”, y porque el tejido es una práctica antecesora y equiparable a otras técnicas. Es una de las primeras artes, para cuya realización la humanidad tuvo que pensar y trabajar los materiales, además de haberse establecido en un lugar, aunque tiene antecedentes primitivos, como la práctica de entrecruzar o anudar lianas, ramas u hojas.
La palabra latina para hablar de los tejidos era la de textum, cuya sonoridad es parecida a la de téxvn, porque la vé corta se pronuncia como la u.
La palabra latina para hablar de los tejidos era la de textum, cuya sonoridad es parecida a la de téxvn, porque la vé corta se pronuncia como la u.
sábado, 12 de marzo de 2016
De la acusación a que la militancia popular participara en el Estado argentino
Desde que el macrismo ganó las elecciones presidenciales argentinas se plasmó un argumento en la opinión pública, gestado desde antes y de raigambre propia, que condena a que la militancia populista haya entrado a trabajar en los programas sociales del gobierno kirchnerista. El descaro del liberalismo es tal que omite señalar que los estados capitalistas, desde el triunfo de las revoluciones burguesas, siempre se conformaron preponderantemente por liberales, fueran militantes o no, y que las empresas capitalistas casi siempre fueron beneficiadas por los estados liberales.
De los bailarines, cantantes, instrumentistas y acompañantes en las fiestas, y más
Un objetivo a lograr para las fiestas es el de que bailarines, cantantes, instrumentistas y acompañantes intercambien de lugares y roles entre sí, lo que no puede ser con instrumentos sofisticados, que se pueden robar o romperse, pero, más que eso, que se establezcan relaciones de diálogo expresivo entre ellos, y en particular entre los bailarines e instrumentistas, semejantes a las que suceden entre los músicos cuando conversan musicalmente, de igual manera que podría existir la economía lúdica.
Para eso la gente tiene que saber que ensamblar importa más que ensamblar bien, porque si no se censuran entre sí cuando no lo hacen bien, lo que excluye a los que no son diestros, cosa que es más mala que ensamblar mal porque el estableciemiento de relaciones sociales es más importante que los logros estéticos.
El intercambio de lugares es parecido a lo que los candomberos llaman el entrevero, que es cuando, una vez terminados los bailes ceremoniales, que ya debieran haber dejado de hacerse, la gente baila libre, en parejas, suelta o de a grupos, en relaciones transitorias, muchas veces poco duraderas y que se transforman contínuamente, lo que se acota a los bailarines y no lo suficiente al resto de los presentes.
Otro objetivo es que las fiestas puedan improvisarse local y autogestivamente, para lo que es preciso subordinar el tránsito automotor a las necesidades de socialidad barrial, ya que las fiestas tienen que poder hacerse en la calle, que es el espacio público local, además del orden productivo necesario para eso. También estaría pendiente la aceptación de formas livianas o abiertas de desnudismo, e incluso para luego la cuestión de la aceptación pública del sexo explícito en lugares sociales.
A la cuestión del diálogo entre los bailarines e instrumentistas la aprendí de Hugo Samek, un percusionista musicoterapeuta, hijo de Elsa Stagnaro y Alejandro Samek, que la hubo estudiado en Senegal, donde en los bailes tradicionales era el bailarín que entraba al centro del toque quien dirigía relativamente al ensamble de instrumentistas, que seguían sus pasos de baile, a su vez correspondientes a la estructura del tema, y en particular interactuaba con los tamboreros solistas. Lo mismo aprendí de Samek que en algunas comunidades africanas se hubo implementado un sistema de economía lúdica: mientras algunos hacían las tareas de labranza otros tocaban ritmos acordes a sus movimientos corporales, y luego rotaban, mientras que cantaban. También me enseñó que los africanos hubieron modulado su habla y sus toques de manera que confluyeran sus sonoridades, por lo que con los tambores expresaron sonidos iguales a los de sus palabras, de igual modo que su fonética fue percusiva, así como me dijo que, mediante los bailes, cantos y toques, algunos africanos llegaron a curar la esquizofrenia, pero no sé más de eso.
En los cantos del los esclavos algodoneros del sur estadounidense persistía esa cuestión del ludismo en la economía, como tanto persiste en la economía actual, cuando la gente juega mientras trabaja.
Para eso la gente tiene que saber que ensamblar importa más que ensamblar bien, porque si no se censuran entre sí cuando no lo hacen bien, lo que excluye a los que no son diestros, cosa que es más mala que ensamblar mal porque el estableciemiento de relaciones sociales es más importante que los logros estéticos.
El intercambio de lugares es parecido a lo que los candomberos llaman el entrevero, que es cuando, una vez terminados los bailes ceremoniales, que ya debieran haber dejado de hacerse, la gente baila libre, en parejas, suelta o de a grupos, en relaciones transitorias, muchas veces poco duraderas y que se transforman contínuamente, lo que se acota a los bailarines y no lo suficiente al resto de los presentes.
Otro objetivo es que las fiestas puedan improvisarse local y autogestivamente, para lo que es preciso subordinar el tránsito automotor a las necesidades de socialidad barrial, ya que las fiestas tienen que poder hacerse en la calle, que es el espacio público local, además del orden productivo necesario para eso. También estaría pendiente la aceptación de formas livianas o abiertas de desnudismo, e incluso para luego la cuestión de la aceptación pública del sexo explícito en lugares sociales.
A la cuestión del diálogo entre los bailarines e instrumentistas la aprendí de Hugo Samek, un percusionista musicoterapeuta, hijo de Elsa Stagnaro y Alejandro Samek, que la hubo estudiado en Senegal, donde en los bailes tradicionales era el bailarín que entraba al centro del toque quien dirigía relativamente al ensamble de instrumentistas, que seguían sus pasos de baile, a su vez correspondientes a la estructura del tema, y en particular interactuaba con los tamboreros solistas. Lo mismo aprendí de Samek que en algunas comunidades africanas se hubo implementado un sistema de economía lúdica: mientras algunos hacían las tareas de labranza otros tocaban ritmos acordes a sus movimientos corporales, y luego rotaban, mientras que cantaban. También me enseñó que los africanos hubieron modulado su habla y sus toques de manera que confluyeran sus sonoridades, por lo que con los tambores expresaron sonidos iguales a los de sus palabras, de igual modo que su fonética fue percusiva, así como me dijo que, mediante los bailes, cantos y toques, algunos africanos llegaron a curar la esquizofrenia, pero no sé más de eso.
En los cantos del los esclavos algodoneros del sur estadounidense persistía esa cuestión del ludismo en la economía, como tanto persiste en la economía actual, cuando la gente juega mientras trabaja.
jueves, 10 de marzo de 2016
Comentario sobre El mito de la argentina laica
No leí el libro de Fortunato Mallimaci, ni pienso hacerlo porque me interesa poco y tengo mucho que leer, pero el título da cuenta de que el autor adoptó la acepción del laicismo referida a la independencia respecto de los credos, en vez que de las iglesias, o la otra, que pienso que es la correcta, sobre lo popular. El vocablo griego “laϊkós” viene de “laós”, que es pueblo, muchedumbre o multitud, algo así como la masa; viene de “láas”, piedra, y significa “lego”, a diferencia del clero, sin importar que los legos sean creyentes o no. Por eso es que la laicidad argentina no es un mito: sucede que el pueblo argentino se tornó algo más proclive a la iglesia católica, y a las evangelistas y demás, en los últimos años, tras la caída de la URSS y en particular desde que Bergoglio fuera nombrado Papa. El título del libro es una provocación al cientificismo.
miércoles, 9 de marzo de 2016
En resumidas cuentas
El problema social de la humanidad es el de su mal comportamiento, que responde a su mala educación, dada por las religiones y por las demás concepciones injustas, derivadas a su vez de la rápida evolución causada por la técnica, en particular la agrícola.
De la miseria
Es deshonesto como los diccionarios separan las definiciones de la miseria de las de las misas. Es comprensible, dado el orden del discurso dominante, acrítico para con las piedades usualmente; pero los términos son indisociables, no sólo por su semejanza sino también por su cercanía histórica: los primeros cristianos fueron predicadores de la pobreza, la austeridad, la opacidad, la estrechez, cosas que llevan a la avaricia y a la tacañería, o a la desgracia e infelicidad, a la vez que las posteriores intrigas eclesiásticas fueron tramposas y reprobables, por lo que ocultas y secreteras. La simpleza predicada por los primeros cristianos supuso un intento de superar la opulencia de los emperadores romanos y de sus cortes, y en eso acertó al reconocer que las riquezas excesivas no son universalizables; pero la ascética cristiana también se equivocó: no es necesario ser pobre, y es malo. El problema es que las iglesias cristianas predican la pobreza, por lo que sus fieles intentan que ésta prime desde su falsa conciencia, cuando no cosas peores como la contemplación del desastre histórico actual como si éste fuera el advenimiento del apocalispsis.
Algo análogo puede que suceda con la mezquindad, cuya palabra designante es similar a la de “mezquita”.
No obstante, a este comentario le falta comprobación.
Algo análogo puede que suceda con la mezquindad, cuya palabra designante es similar a la de “mezquita”.
No obstante, a este comentario le falta comprobación.
lunes, 7 de marzo de 2016
Respuesta a ‟El ‘no’ a la tentación hegemonista”, de Maristella Svampa
La nota siguiente es un análisis crítico del artículo publicado
en el dossier “Bolivia: referéndum y extractivismo”, de la revista Sin Permiso, el 5 de marzo de este año,
que retoma algunos de sus planteos y que reformula otros. En su favor, señalo
que el ecologismo es un aspecto indispensable de todo modelo que pretenda ser
emancipatorio, porque el disfrute de la vida requiere de un medio ambiente
sano; pero, aparte de eso y de los demás puntos en que Svampa tiene razón, o
que no puedo evaluar por ignorancia, voy a centrarme en las críticas que me son
asibles, para buscar la superación de las cuestiones que entiendo lo requieren.
No me parece que haya una falsedad en el doble proceder del
gobierno de Evo Morales al sostener la defensa de la Tierra en los congresos
internacionales y explotarla en su país, porque la explotación de la Tierra es
un problema capitalista de carácter mundial, mientras que el modelo adoptado
por su gobierno, una variante del desarrollismo, modelo que busca superar la
dependencia de los países subdesarrollados respecto a las potencias mundiales mediante
una industrialización financiada con la exportación de materias primas, goza de
consenso en el progresismo latinoamericano ˗e incluso, en algunos aspectos
cuestionables, en parte de la izquierda crítica a ellos, como la trotskista˗, un
progresismo que no ha evaluado bien a las consecuencias del desarrollo, no
sólo para el medioambiente sino para el conjunto de los sistemas sociales
latinoamericanos y el terráqueo. En el caso boliviano, el gobierno del MAS
implementó una variante del planteo desarrollista, menos centrada en el cambio
de la matriz productiva que en la inclusión por vía de la redistribución de la
renta de las exportaciones extractivistas. En ese sentido, dado el carácter de la
sociedad mundial, al gobierno moralista no le queda otra opción que explotar la
tierra: tienen que hacerlo sí o sí, a no ser que socializaran los medios de
producción e implementaran una economía ecologista, pero la correlación de
fuezas se lo impediría incluso si ese fuera su propósito: ni siquiera los
obreros y los campesinos reclaman masivamente la socialización de los medios de
producción. Lo que sí podrían hacer los progresistas es reconocer el problema,
dejar de atacarnos a los ecologistas e impulsar una socialización progresiva
mientras que se transforma posibilistamente al modelo vigente, ya que para
cambiarlo drásticamente se requiere de revoluciones sociales y reformas
legislativas para las que no alcanzan las fuerzas, debido al peso militar,
financiero, empresarial, jurídico, comunicativo y eclesiástico de la derecha. Y
además, gran parte de la izquierda tendría que poner en debate su interés
industrialista, ya que el planteo industrializador poco conciente que sostiene en
algunas de sus posiciones llevaría a un modelo superexplotador, más lesivo para
la humanidad, el resto de la naturaleza y la Tierra que el que está en curso.
Imagínense lo que sería si América Latina, África, Oceanía y la parte
subdesarrollada de Asia alcanzaran la industrialización de Europa, Estados
Unidos, Rusia y China: sería un desastre planetario mucho mayor que el vigente
hoy en día. En ese sentido, el objetivo es el de lograr modelos sostenibles, de
generación de poco valor agregado, pero suficiente para que se mantengan las
naciones, a la vez que se busque una complementación económica internacional y
justa para todas las partes, lo que, de lograrse alguna vez, no será pronto,
pero aún así se podría avanzar mucho con la socialización de los medios de
producción y la explotación racional de los recursos terráqueos, con la
racionalización de la economía en general, que liberaría a la humanidad de la
explotación y le permitiría socializarse de buena manera.
A la cuestión de la reelección presidencial no la veo del
mismo modo que Svampa en el artículo, aunque sí acuerdo con la necesidad del recambio, pero sin estar
seguro al respecto, porque más que quienes gobiernen lo que importa es la
política que implementen: con recambio o reelección seguiría estando el
problema de los excesos gubernativos, y tal vez de peor manera, aparte de que seguirá
estando el de la democracia representativa, que es injusta en sí porque no es
consensualista. No obstante, es cierto que dentro de ese marco, los representantes demócratas-populares tendrían que buscar sucesiones presidenciales no demasiado reelectivas, aunque
se les dificulte porque mundialmente están subordinados a la opresión liberal.
Lo del fin de ciclo es incierto: es aventurado sostenerlo.
Lo que sí se puede decir con certeza es que los gobiernos demócrata-populares
están en crisis, cosa que ya sucedió en el pasado: le pasó a Lázaro Cárdenas, a
Vargas y a Perón, cuyo balance habría que hacer en detalle, ya que vivimos las
consecuencias de sus errores y de sus logros. Esa crisis se debe en parte a las
conspiraciones internacionales de la oligarquía, acicateada desde los Estados
Unidos, los centros financistas, como el FMI y el BM, y los grandes medios de
comunicación, entre otros; y en parte a sus errores y malos modos, además de
los otros factores que condicionan a los gobiernos: la falsedad de las naciones
dada por las religiones, la recesión mundial desde 2008, la caída del precio de
las materias primas y muchos más a los que habría que reconocer. En un resumen
incompleto, por la hegemonía del pietismo capitalista trasnacional, liderado
por las finanzas y secundado por el militarismo y las grandes ramas de la
industria y la agricultura, junto a los negocios ilegales, como la trata de
mujeres y el narcotráfico, que hacen a la barbarie en curso que está en crisis
en general.
Al margen del análisis del artículo en cuestión, el
paradigma de la dependencia, que busca superar el subdesarrollo, tendría que reconocer
que los así llamados “países desarrollados” son en realidad países mal
desarrollados, por lo que no son un modelo a seguir; y más aún, lo que se
necesita no es alcanzar un modelo para las regiones sino un complemento productivo
internacional y justo: las otras soluciones se desvían del modelo que debe ser,
por lo que son corregibles.
Otro punto al margen es el abandono de la izquierda a la
crítica de las religiones, que es un punto central del socialismo científico
cuya importancia es mal reconocida, ya que el capitalismo es una consecuencia
del pietismo: el pietismo condicionó al capitalismo, porque es anterior a él, y
determina a algunos problemas sociales, como la definición de la razón de ser humana, o sea, la respuesta
a la pregunta por el sentido de la vida humana, o la falsa conciencia, con
mayor profundidad también. El capitalismo es el modo de producción pietista
posterior a la reforma y a la contrarreforma cristianas, por lo que el fideísmo es su
antecesor. La agricultura determinó a la religión, pero la religión determinó
al modo de producción capitalista: ambos factores tienen una influencia
recíproca con primacía económica, ya que parte de la historia humana es que la concepción ideativa determina al resto de la práctica, además de la inversa, que es primordial.
Una última cosa que quiero decir, pero esta vez en relación al otro artículo del dossier, el de Joan Martínez Alier, que también me gustó bastante, es que discrepo con la idea de que Evo Morales tendría que hacerse cargo de la crianza de su hijo recientemente reconocido, no porque no corresponda al modo vigente de criar a los hijos, sino porque no cuestiona al sistema de parentezco y crianza judeocristiano, que es injusto porque sujeta a la gente a formas pías, además a fuerza de acusaciones, e impide la crianza comunal, no obstante lo cual pienso que Morales tendrá que hacerlo así. También valdría que la oligarquía, que tanto escándalo hace ahora por eso, reconociera todas las veces que ellos cometieron adulterios engañosos y tuvieron hijos considerados ilegítimos, encima ocultándolo, lo mismo que pasa con los casos de corrupción que le denuncian al PT sin hacer lo mismo cuando los cometen los liberales, que son muchísimos más. La corrupción es un rasgo estructural a la piedad capitalista, debido a su falsedad, por lo que se la pueden encontrar a cualquier gobierno: lo que pasa es que la oligarquía utiliza las denuncias para su conveniencia, finge buscar la justicia cuando hace una delación malintencionada, porque su concepción es mojigata, miserable, en el sentido de que tiene habilidades míseras, de las misas, o sea, eclesiásticas, ya que la trama de trampas, manipulaciones y mentiras en las disputas por el poder son una característica esencial de las órdenes religiosas extendida al laicismo, aunque en él opera de distintas y menores maneras.
Notas
1. En el marco de un democratismo o un socialismo naturista, una medida que serviría para reducir las importaciones, y el déficit del comercio exterior correspondiente, es la de reemplazar por mano de obra, con herramientas simples, a las actividades que se realizan con máquinas sofisticadas, eléctricas o electrónicas en general, lo que generaría muchos puestos de trabajo y sostendría a la economía en niveles aceptables por el consumo de esos trabajadores también, además de aliviar la contaminación causada por la maquinaria y el exceso de producción industrial compleja en el primer mundo y de extracción minera en el tercero. Los gobiernos tienen que atender al problema causado por la sobretecnificación de la producción, y lo mismo, para el problema del transporte y el exceso en el consumo de combustible, seviría fomentar que la gente desempeñe sus actividades cerca de donde reside, según fuere posible.
Además, dentro de las medidas reformistas que se podrían implementar mientras no haya las fuerzas para socializar los medios de producción masivamente, está la reducción de la jornada laboral, a 30 horas semanales por ejemplo, que incrementaría la cantidad de puestos de trabajo. Algunas de las empresas podrían hacer frente a ese aumento de costes laborales, ya que tienen ganancias extraordinarias que fugan al exterior, y para las otras podría haber excepciones o variantes. A la vez, según los casos se podrían socializar las tierras ociosas, a no ser que fuese social o ecológicamente necesario mantenerlas así, y las empresas quebradas, que las habrá porque la piedad y la competencia capitalista hartan a los empresarios hasta el colapso.
2. Lo poco que dije sobre el modelo boliviano es insuficiente, pero no sé mucho más del asunto. Me referí a eso para dar cuenta del problema ecológico y social que tiene el industrialismo desarrollista.
3. Massimo Modonesi prosiguió la crítica al verticalismo progresista en “Caudillismos y cesarismo en la coyuntura latinoamericana y mexicana”, publicado en Rebelión el 16 de marzo.
4. Ahora, al 17 de marzo, parece que Evo Morales no era el padre biológico del hijo que le adjudicó la campaña de desprestigio de la derecha. Y pensamos que era verdad.
domingo, 6 de marzo de 2016
Desarrollismo y traumas psicológicos
Otro punto en contra que tiene el desarrollismo es que, al someter a las naciones al productivismo compulsivo, ellas tienen dificultades para elaborar los traumas psicológicos acarreados por el sistema vigente, porque para hacerlo sus integrantes tienen que tener tiempo para pensar y comunicarse entre sí, de manera de hacerlos explícitos y socialmente concientes, y concertar las prácticas correspondientes a su superación, lo que les es impedido por el esfuerzo productivo que se tiene que hacer. El paradigma del decrecimiento económico, que apunta a un modelo económico racional, pretende moldear a la economía para que no obstruya la solución de los problemas de los restantes aspectos de la socialidad.
sábado, 5 de marzo de 2016
De la prostitución
La prostitución, etimológicamente, es la defensa de las instituciones, “pro-institución”, o, mejor dicho, la defensa del status quo, el estado de las cosas: viene de “pro status”, lo que no sería problema si el orden vigente fuese bueno. Entonces, ¿cómo se relaciona el comercio sexual con la defensa de las instituciones? Pienso que se trata de una forma pía de incluir a la sexualidad extramatrimonial y a algunas de las mujeres abandonadas, al margen del sistema de socialización dominante, que ordena a las mujeres bien consideradas, para el cánon vigente, según las normas pías del comportamiento supuestamente conveniente, aunque ese orden sea desobedecido en secreto, y contiene a algunas de las mujeres bastardeadas en el servicio sexual, que son tildadas de “mal nacidas” por haber sido engendradas de manera ilegítima para las formas fideístas, o degradadas mediante cualquier otra excusa. El término proviene de la antigua roma y los diccionarios luego trocaron su sentido etimológico por los de “exponer en público”, “humillar” o “mancillar”, porque las formas históricas en que se hubo sometido a las prostitutas, incluyendo a los hombres, implicaron su exposición pública y su denigración, no solamente en relación con el comercio sexual sino también con otros tipos de sometimiento calificados de prostitutos, como los de los trabajadores del entretenimiento que tienen relaciones homosexuales. Por el caso de las mujeres forzadas al trabajo sexual, la promiscuidad se asoció a la prostitución, de lo que se calificó de prostitutas a las mujeres promiscuas, fuesen explotadas del comercio sexual o no, también como un modo de punir las faltas a las normas pías que regulan al orden sexual. Hay todo un abuso histórico del término a causa de las definiciones falsas, que conllevan a la agresividad con que se insulta y que responde más que a eso al interés ordinario pío.
El significado de prostituir como “someter al estado vigente”, o a las instituciones, se corresponde con la práctica del comercio sexual que subordina a las mujeres atrapadas en las redes de trata y las pone a desempeñarse en tareas que favorecen al orden imperante, o en el de las que la ejercen por otras causas, en el sentido de que las prostitutas proveen de dinero a los proxenetas y ofrecen una resolución, falsa pero real, a la represión sexual masculina requerida por la monogamia, lo mismo que sucede, pero minoritariamente, entre los prostitutos y sus clientas y en las prostituciones sexualmente divergentes, aparte de las otras prácticas relativas a la prostitución que perpetúan al orden pío, como el vedetismo, las frivolidades y los consumos no emancipatorios, aunque éstas tienen a favor el hecho de contener en mayor medida algunos goces y anhelos libertarios de los sometidos. La prostitución es una forma baja, subordinada, de la institucionalización. No obstante, no todas las prácticas del ámbito de la prostitución son prostitutas, e incluso hay apoyos a las instituciones que son emancipatorios porque las instituciones son entes permeados por las prácticas proletarias. Lo malo de las instituciones es su carácter pío, y sus formas derivadas, pero no bastaría con cambiarle el modo de pensar y actuar a los instituidos para resolver el problema porque las instituciones, al ser lugares cerrados, apartan a la gente de quienes están afuera, separan a los instituidos de sus congéneres externos, cosa que tendrá que ser resuelta históricamente.
El hecho de que tanto la sexualidad como el juego sean incluidos en el funcionamiento social de maneras degradadas da cuenta del lugar que el sistema teísta le asigna al goce y a la socialidad, a las que se admite bajo modos reprobables, sancionables, si es que desobedecen a los cánones instituidos, lo que deriva de la mala consideración al disfrute que se hace en las ideas religiosas, que en el caso del cristianismo asocian la diversión al pecado, porque éste tiene una lógica autopunitoria a consecuencia de condenar a las cuestiones materiales que no se conforman con sus mandatos ideales: de la falsedad que supone la idea de que somos pecadores, como si estuviéramos en deuda por haber nacido, o por desatender a las piedades, se sigue la práctica tortuosa dominante, que se expande atravesando a las órdenes clericales por los distintos ámbitos de las sociedades pías, contrariada e históricamente, lo que causa una distorsión social que pervierte a las relaciones entre las personas, que subsisten problematizadas.
El significado de prostituir como “someter al estado vigente”, o a las instituciones, se corresponde con la práctica del comercio sexual que subordina a las mujeres atrapadas en las redes de trata y las pone a desempeñarse en tareas que favorecen al orden imperante, o en el de las que la ejercen por otras causas, en el sentido de que las prostitutas proveen de dinero a los proxenetas y ofrecen una resolución, falsa pero real, a la represión sexual masculina requerida por la monogamia, lo mismo que sucede, pero minoritariamente, entre los prostitutos y sus clientas y en las prostituciones sexualmente divergentes, aparte de las otras prácticas relativas a la prostitución que perpetúan al orden pío, como el vedetismo, las frivolidades y los consumos no emancipatorios, aunque éstas tienen a favor el hecho de contener en mayor medida algunos goces y anhelos libertarios de los sometidos. La prostitución es una forma baja, subordinada, de la institucionalización. No obstante, no todas las prácticas del ámbito de la prostitución son prostitutas, e incluso hay apoyos a las instituciones que son emancipatorios porque las instituciones son entes permeados por las prácticas proletarias. Lo malo de las instituciones es su carácter pío, y sus formas derivadas, pero no bastaría con cambiarle el modo de pensar y actuar a los instituidos para resolver el problema porque las instituciones, al ser lugares cerrados, apartan a la gente de quienes están afuera, separan a los instituidos de sus congéneres externos, cosa que tendrá que ser resuelta históricamente.
El hecho de que tanto la sexualidad como el juego sean incluidos en el funcionamiento social de maneras degradadas da cuenta del lugar que el sistema teísta le asigna al goce y a la socialidad, a las que se admite bajo modos reprobables, sancionables, si es que desobedecen a los cánones instituidos, lo que deriva de la mala consideración al disfrute que se hace en las ideas religiosas, que en el caso del cristianismo asocian la diversión al pecado, porque éste tiene una lógica autopunitoria a consecuencia de condenar a las cuestiones materiales que no se conforman con sus mandatos ideales: de la falsedad que supone la idea de que somos pecadores, como si estuviéramos en deuda por haber nacido, o por desatender a las piedades, se sigue la práctica tortuosa dominante, que se expande atravesando a las órdenes clericales por los distintos ámbitos de las sociedades pías, contrariada e históricamente, lo que causa una distorsión social que pervierte a las relaciones entre las personas, que subsisten problematizadas.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Una conclusión a partir de debatir el progresismo de los liberales
Los liberales no es que no sean progresistas. De hecho, gran parte del progreso humano de los últimos dos siglos y medio es debida a ellos, además de las maldades y reaccionariadas que cometieran. El problema es que desde la concepción liberal el progreso que puede hacerse es insuficiente, y deficitario en algunos aspectos, por lo que ellos son sinceros, a veces, cuando aspiran al progreso, pero hipócritas, porque no reconocen que en sus términos el progreso alcanzable no basta, es excluyente y se desvía del objetivo de hacer feliz a la humanidad con lo necesario, por el productivismo elitista, que incrementa a la producción expulsiva y excesivamente, algo que, quitando lo de la exclusión, y la mayor especulación financiera, sucede de distinta manera con el proteccionismo y con algunas vertientes del socialismo.
La insistencia que hago para superar al pietismo, e incluso a las ciencias equívocas, radica en que no basta con que una clase dirigente ordene a la humanidad desde el conocimiento verdadero, sino que es preciso que toda la humanidad sea buena, para lo que tiene que ser verdadera. De otra manera, incluso la mejor concepción podría alcanzar una posición de dominio, pero sería falseada por los golpes y boicots que sufriera por parte de los disidentes, lo que la contrariaría; pero igual hay que pugnar por el gobierno: sucede que esa pugna tendría que incluir el abordaje explícito de la cuestión religiosa, así como debate a las políticas pías.
La insistencia que hago para superar al pietismo, e incluso a las ciencias equívocas, radica en que no basta con que una clase dirigente ordene a la humanidad desde el conocimiento verdadero, sino que es preciso que toda la humanidad sea buena, para lo que tiene que ser verdadera. De otra manera, incluso la mejor concepción podría alcanzar una posición de dominio, pero sería falseada por los golpes y boicots que sufriera por parte de los disidentes, lo que la contrariaría; pero igual hay que pugnar por el gobierno: sucede que esa pugna tendría que incluir el abordaje explícito de la cuestión religiosa, así como debate a las políticas pías.
martes, 1 de marzo de 2016
Del veto a la tautología
Un acto reprobable dentro de la ciencia es el veto a la tautología, hecho según el argumento de que la tautología no agrega ningún saber porque es reiterativa, define a los objetos según sí mismos; pero eso no es así. La tautología es una respuesta. Cuando alguien se pregunta qué es algo y se responde que ese algo es sí mismo, ya hay una primera comprensión, que no sería si no se hubiera respondido tautológicamente. En segundo lugar, las respuestas tautológicas tienen el mérito de ser siempre verdaderas, lo que no pasa siempre con las respuestas por extensión, las que dan una definición extensa del objeto de estudio. Por último, las respuestas tautológicas pueden llevar a investigar la etimología del nombre del objeto de estudio, que, cuando es correcta, permite comprenderlo mejor, y también sirve conocerla cuando no es correcta. Estos motivos no quitan que valgan las respuestas extensivas.
Del carácter de la determinación
La acepción de la determinación referida a la causalidad es relativa también. Cuando en la física newtoniana se habla de causas, usualmente se da por sobrentendido que éstas son como absolutas: influyen sobre su objeto siempre de la misma manera, en tanto que las circunstancias no varíen, lo que se debe a que la física newtoniana da cuenta de hechos terráqueos, cuyas condiciones astrofísicas, la masa de la Tierra, la distancia con la Luna y el Sol, las relaciones entre la galaxia del sistema solar y el resto del universo, cambiaron poco en lo que más percibimos desde que la humanidad tiene conciencia y desde las investigaciones de Newton. De allí que a la física se la considere una ciencia dura, una en que sus postulados son rígidos; pero eso, en realidad, es relativo también: la fuerza de atracción de la Tierra, a la que consideramos según una ley fija, también varió con el tiempo, ya que al principio la masa terráquea era menos densa, y antes de eso ni Tierra había, de igual modo que cambiará a futuro, mucho más lento incluso que el movimiento de los continentes. En las ciencias sociales, dadas por constantes las condiciones astrofísicas de la historia humana, porque ellas variaron poco en lo que se puede percibir comúnmente desde la Tierra en el período más estudiado, alrededor de los últimos 10 mil, o 5 mil, o 2 mil años, los determinantes fueron más variables, por lo que se las llama ciencias blandas. No obstante, la determinación es histórica también, en el sentido de que los factores que inciden en sus objetos lo hacen según lo hacen de hecho, no absolutamente, por lo cual hay incidencias cruzadas, múltiples, excepcionales, casuales, contrafácticas, accidentales y demás, junto a las cesaciones de las incidencias, cuando se esperaba que un factor causara algo y no lo hizo por otros motivos intervinientes.
Otra acepción para la determinación es la de desarme, como cuando se habla de determinar al capital, no en el sentido de comprenderlo sino en el de deshacerlo, como la destrucción o la deconstrucción.
Otra acepción para la determinación es la de desarme, como cuando se habla de determinar al capital, no en el sentido de comprenderlo sino en el de deshacerlo, como la destrucción o la deconstrucción.
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