Cuando Benjamin se lamentó en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica de lo que llamara la “pérdida del aura”, su unicidad original, formuló una crítica intuitiva a la insensibilidad de la industria de producción masiva, crítica que es cuestionable, porque la idea del aura tiene origen religioso, es de una concepción fetichista, proveniente del arte escolástico, en que a los retratos de los personajes religiosos se les pintaba una aureola alrededor de la cabeza. La pérdida del aura alude a la desacralización del arte operada por la burguesía, que no lo tornó materialista pero sí de un pietismo laico, permisivo para con el relego de la estética eclesial. No obstante, es una metáfora decir que las obras de arte tengan aura, porque no la tienen. A lo sumo algunas de ellas la contienen dibujada, o representada de otra forma, y pueden ser sacralizadas, pero eso es por su fetichización, a la que no se debe defender.
Lo que tiene de rescatable la crítica de Benjamin es que cuestionara al autoritarismo de la producción en serie, que sometió a empresarios y a obreros, entre otros, a un esquema productivista que los oprimió y explotó, que fue impuesto por los empresarios y ordenado para la provisión capitalista de productos para el consumo, al modo del comunitarismo pietocapitalista, que estropeó a las economías artesanales en Europa y las colonias. También hubo en Heidegger un intento de revalorizar la libertad del artesanado para decidir cómo trabajar, que supone un anhelo de resensibilización humana, pero Heidegger fue nazi, y si no me equivoco nunca dejó de ser católico. Este asunto merece un análisis serio, para el que no sé lo suficiente. Podrían hacerlo los anarquistas, que están muy adentrados en la lectura de Heidegger, aunque por desgracia poco críticamente.
El problema de la violencia se resolvería si se dejara de someter a la humanidad a lo que se supone que son los mandatos de los dioses, y demás esquematismos, y se ordenara nuestra ley para que el modo de ejercer las prácticas fuese decidido razonable, social y libremente.
Un blog total, cósmico, terráqueo, naturista, humanista, comunista, demócrata, feminista y libertario.
jueves, 30 de junio de 2016
miércoles, 29 de junio de 2016
Insistencia sobre la historicidad del esencialismo
Desde el materialismo habría que rescatar al esencialismo, pero no en el sentido absolutista que tiene en las tradiciones idealistas, que buscan las esencias como si éstas fueran las propiedades inmutables que definen a los seres, su abstracción pura, sino en un sentido historicista. Así, se podría comprender que la esencia es la cualidad del ser, su carácter, y que es cambiante, porque varía de hecho, según el ser sea.
Comprender al esencialismo históricamente permite dar cuenta de los hechos en sí mismos y de su transformación, a la vez que sus relaciones. En ese entendimiento, según fuere el caso estudiado, se podría distinguir a los rasgos fundamentales y a los accesorios del objeto, pero considerándolos a todos como partes de su esencia aunque con importancias diferentes, no obstante lo cual este esquema no aplica para todos los casos, ya que hay algunos en los que esa diferenciación no es clara, porque los elementos indagados no se le corresponden, y otras variantes, y además habría que reconocer que la comprensión exacta de los hechos no es posible en todos sus aspectos, por lo que a la ciencia se la debiera acotar a lo que tenga que ser para la dicha humana, que a su vez depende de su relación intrínseca y con el entorno.
Comprender al esencialismo históricamente permite dar cuenta de los hechos en sí mismos y de su transformación, a la vez que sus relaciones. En ese entendimiento, según fuere el caso estudiado, se podría distinguir a los rasgos fundamentales y a los accesorios del objeto, pero considerándolos a todos como partes de su esencia aunque con importancias diferentes, no obstante lo cual este esquema no aplica para todos los casos, ya que hay algunos en los que esa diferenciación no es clara, porque los elementos indagados no se le corresponden, y otras variantes, y además habría que reconocer que la comprensión exacta de los hechos no es posible en todos sus aspectos, por lo que a la ciencia se la debiera acotar a lo que tenga que ser para la dicha humana, que a su vez depende de su relación intrínseca y con el entorno.
sábado, 25 de junio de 2016
De la sensación
En el análisis que hice en los últimos días hablé de los sentimientos, pero no de la sensación. La sensación tiene que tener su lugar en la filosofía de la práctica social humana, ya que hace a nuestra vida. La explotación podría prevenirse si se atendiera a tiempo a las sensaciones dolorosas, que son los primeros síntomas de las prácticas lesivas, de igual manera que la placencia permite evaluar la salubridad de la práctica, aunque no sea lo único a tener en cuenta.
La alienación en la educación y en las otras prácticas
La alienación es la acción de alterarse, de “otrarse”, en el sentido de configurarse a sí mismo según la otredad. A la inversa, alienar a alguien es formarlo de acuerdo a otros. La alienación no es mala necesariamente, es un acto natural, que se da en el proceso de crecimiento y maduración corporal y psíquica, en todas las edades, y es relativa a la socialidad. El problema es que, como la humanidad tiene ideas falsas, que hacen a su moral y a sus otras prácticas, la enseñanza y los preceptos extraeducativos tienen males, que llevan a la mala alienación, a los actos mediante los cuales a las personas se las violenta durante su aprendizaje y sus otras actividades, una de las cuales es la laboral.
La alienación vigente es dolorosa porque la concepción en que se basa la práctica social menoscaba a los sentimientos en pos de los intereses idealistas, por lo que, cuando se está ante la opción de satisfacer a unos o a otros, a veces se elige desdeñar a los primeros en pro de los segundos, lo que da pena y un goce perverso: servir a los ideales da cierto goce, porque las comunidades idealistas lo premian y porque el idealismo contiene a cierto materialismo necesario para la reproducción social, pero a su vez este goce es doliente porque el premio requiere herir a los sentimientos. El problema a resolver es el de la conceptividad falsa, la falsa conciencia, que guía al resto de la práctica mala. La mala práctica se corrige mediante el análisis de sus errores, que lleva a la conciencia verdadera, la que permite guiar a la práctica bien, aunque no siempre del todo: entonces se vuelve a analizar las fallas para volverse a corregir, y así.
La conciencia verdadera aparejaría una alienación plenamente buena, en tanto que la vigente lo es parcialmente, una alienación que sería parte de una socialidad justa.
Lo que Marx escribió de que la alienación es cuando a los obreros se les quita el producto de su trabajo sin preguntárseles y sin atender a lo que piensan y sienten al respecto reconoció una de las características de la alienación mala, pero la temática es mucho más amplia.
La alienación vigente es dolorosa porque la concepción en que se basa la práctica social menoscaba a los sentimientos en pos de los intereses idealistas, por lo que, cuando se está ante la opción de satisfacer a unos o a otros, a veces se elige desdeñar a los primeros en pro de los segundos, lo que da pena y un goce perverso: servir a los ideales da cierto goce, porque las comunidades idealistas lo premian y porque el idealismo contiene a cierto materialismo necesario para la reproducción social, pero a su vez este goce es doliente porque el premio requiere herir a los sentimientos. El problema a resolver es el de la conceptividad falsa, la falsa conciencia, que guía al resto de la práctica mala. La mala práctica se corrige mediante el análisis de sus errores, que lleva a la conciencia verdadera, la que permite guiar a la práctica bien, aunque no siempre del todo: entonces se vuelve a analizar las fallas para volverse a corregir, y así.
La conciencia verdadera aparejaría una alienación plenamente buena, en tanto que la vigente lo es parcialmente, una alienación que sería parte de una socialidad justa.
Lo que Marx escribió de que la alienación es cuando a los obreros se les quita el producto de su trabajo sin preguntárseles y sin atender a lo que piensan y sienten al respecto reconoció una de las características de la alienación mala, pero la temática es mucho más amplia.
viernes, 24 de junio de 2016
Truco para contener la eyaculación
Gemir. Al hacerlo, la energía que propulsa a la eyaculación se va por la boca, y entonces aquélla se contiene.
Autocorrección
Lo que dije del populismo sobre su relación con el eclesiastismo pobrista es por lo menos incompleto. Es más atinado para Argentina, según lo que sé, pero no sé mucho de lo que pasa con el resto del populismo, que es tanto mayor.
Para el orgasmo femenino
Una forma para lograr el orgasmo femenino heterosexual es que la mujer copule arriba del hombre, poniendo la concha a su gusto. Es la envaginación peneana, el enconchamiento vergal, a diferencia de la penetración vaginal. Es una forma de relación sexual.
Para los noticieros televisivos
Con el predominio mundial del capital financiero los noticieros televisivos adoptaron la estética del mercado bursátil, que tenía esas pantallas repletas de luces que se encendían y apagaban para formar los números y la letras según cambiaban las cotizaciones de la compañías, y que con la invención de la televisión pasaron a ser pixeladas, habiendo estado ya sobresaturadas de informaciones que cambiaban al segundo, al ritmo de los vaivenes especulativos. Los agentes de las bolsas tenían que ser jóvenes supereducados en economía y finanzas, con alto nivel para manejar cómputos matemáticos en relación a las novedades diarias de la política internacional, para procesar al instante montos grandes de datos, y comprar y vender rápido las acciones, padeciendo nerviosismo y crisis neuróticas en los casos más graves, cuando no los suicidios del crack de 1929.
La estética bursátil se replica en los noticieros por la sobreabundancia de la información, con toda esa serie de placas con datos simultáneos a la noticia central, aparte de los referidos a la temperatura, la sensación térmica, los horarios globales, los nombres de los programas o de los canales que los emiten y las publicidades, como la más reciente banda informativa, esa placa alargada debajo de la pantalla en que se publican noticias escritas, cuya redacción corre de la derecha hacia la izquierda mientras que se relatan las otras noticias. A eso habría que agregar la superposición de imágenes, como cuando los presentadores o entrevistados hablan del tema y mientras tanto a la nota se la ilustra con filmaciones del hecho.
En conjunto, esa superposición informativa distrae, y quiebra la atención de los espectadores, lo que termina por hacer que las notas sean mal comprendidas, ya que ellas son unidades coherentes cuyo sentido se comprende cuando se las interpreta desde el inicio hasta el final. Los directivos de los canales y de los noticieros debieran estar prevenidos de este problema y ordenar la estética de los programas para depurarla de estos malos perfeccionamientos. Ya de por sí hay muchas notas difíciles de entender, por la complejidad de las temáticas para quienes no somos especialistas, y menos se las entiende si se desvía la atención a las noticias adyacentes.
La estética bursátil se replica en los noticieros por la sobreabundancia de la información, con toda esa serie de placas con datos simultáneos a la noticia central, aparte de los referidos a la temperatura, la sensación térmica, los horarios globales, los nombres de los programas o de los canales que los emiten y las publicidades, como la más reciente banda informativa, esa placa alargada debajo de la pantalla en que se publican noticias escritas, cuya redacción corre de la derecha hacia la izquierda mientras que se relatan las otras noticias. A eso habría que agregar la superposición de imágenes, como cuando los presentadores o entrevistados hablan del tema y mientras tanto a la nota se la ilustra con filmaciones del hecho.
En conjunto, esa superposición informativa distrae, y quiebra la atención de los espectadores, lo que termina por hacer que las notas sean mal comprendidas, ya que ellas son unidades coherentes cuyo sentido se comprende cuando se las interpreta desde el inicio hasta el final. Los directivos de los canales y de los noticieros debieran estar prevenidos de este problema y ordenar la estética de los programas para depurarla de estos malos perfeccionamientos. Ya de por sí hay muchas notas difíciles de entender, por la complejidad de las temáticas para quienes no somos especialistas, y menos se las entiende si se desvía la atención a las noticias adyacentes.
jueves, 23 de junio de 2016
Un ejemplo de cómo opera mal el teismo
Cuando Jorge Rafael Videla fue condenado por su actuación en la última dictadura militar argentina se justificó diciendo que su conciencia estaba tranquila con dios, o sea que, para sí mismo, él habría cumplido con el mandato divino, que habrá estado en consonancia con lo que hablara con alguna autoridad eclesiástica. Para él la acometida de la represión habría sido una misión requerida por dios, aunque sabemos que además está la cuestión del mantenimiento de las propiedades de la clase capitalista. Esto demuestra que por medio del discurso religioso las personas pueden autorizarse a sí mismas a cometer las atrocidades más crueles, e incluso desestimar a un tribunal estatal, con los acusadores, testigos, pruebas y testimonios que se le presentaron en el juicio. Tomó a la que consideraba como una guerra contra la subversión como parte de su deber de católico y general de las fuerzas armadas: unió lo que pensó que era su deber patriótico con su credo.
La religiosidad no suele causar actos tan desmedidos, pero deja confuso al ordenamiento de la práctica, por lo que puede terminar así o traer pesares menos graves o leves, así como en otras ocasiones lo define bien, pero su razonabilidad es algo aleatoria, porque se presta a las determinaciones subjetivas de los sacerdotes y de los fieles, lo mismo que le pasa de distinta forma al misticismo, como a los seguidores del superhombre nietzcheano que cometen atropellos como miembros de una secta de humanos que se consideran superiores al común. Es como una secta de la mala joda. Y también está la cuestión de que los movimientos democráticos y la guerrilla le metieron presión política y armada a la clase dominante, algo bien y algo mal, ante lo que ésta les respondió peor, pero hay que tenerle respeto, no sólo por su poderío militar sino también por su condición humana. El procesamiento de los represores mediante juicios estatales es una forma incompleta pero responsable de haber abordado el tema.
La religiosidad no suele causar actos tan desmedidos, pero deja confuso al ordenamiento de la práctica, por lo que puede terminar así o traer pesares menos graves o leves, así como en otras ocasiones lo define bien, pero su razonabilidad es algo aleatoria, porque se presta a las determinaciones subjetivas de los sacerdotes y de los fieles, lo mismo que le pasa de distinta forma al misticismo, como a los seguidores del superhombre nietzcheano que cometen atropellos como miembros de una secta de humanos que se consideran superiores al común. Es como una secta de la mala joda. Y también está la cuestión de que los movimientos democráticos y la guerrilla le metieron presión política y armada a la clase dominante, algo bien y algo mal, ante lo que ésta les respondió peor, pero hay que tenerle respeto, no sólo por su poderío militar sino también por su condición humana. El procesamiento de los represores mediante juicios estatales es una forma incompleta pero responsable de haber abordado el tema.
De la sinceridad
En el debate sobre la sinceridad hay una postura que sostiene que hay que decir lo que a uno se le viene a la mente, sin filtrarlo, para ser sincero, como en esa vanguardia de la escritura automática. Es una respuesta a la hipocresía de quienes dicen lo que les conviene, pero es insuficiente, porque muchas veces tenemos pensamientos malos, y si se los dice así como aparecen en la conciencia se puede hacer mal. La sinceridad precisa del análisis de los pensamientos propios y del direccionamiento apropiado de la expresión. Si no, quedaríamos hablando solos en cualquier parte, como le pasa a alguna gente que necesita ayuda.
La historia de la paja
Uno de los temas de interés humano que está taponado por la moralidad en curso es el referido a la masturbación, que es una práctica muy extendida entre los seres humanos de la que se charla poco. Hablar de la paja debiera ser una práctica corriente, ya que es parte de la sexualidad, lo mismo que debiera ser frecuente que la gente conversara de sus excitaciones sexuales y sus sentimientos amorosos, lo que está obturado por la moral pietopobrista y por parte del feminismo, aunque tienen sus razones también: habría que encontrar la manera de que se hable bien educadamente del deseo y la práctica sexual.
¿Sentir es una práctica?
Siendo que la práctica es la acción reflexiva e intencional, el sentir no sería una práctica, porque es espontáneo. Sin embargo, es controlable concientemente. En esa tensión entre el sentimiento y la mente se da la interacción entre el inconciente la conciencia. Hay que controlar los sentimientos para participar de la vida social, pero hacerlo es ingrato: los somete hasta hacerlos inconcientes cuando el orden social no quiere asumirlos porque está interesado en otras cosas. Eso es un modo malo de la alienación, pero tampoco habría que pensar en que el orden debiera obedecer acríticamente al sentir.
El sentir es prerreflexivo y aintencional, pero también es reflexionado y voluntario. Es una acción fisiológica, y debe ser el parámetro para medir la calidad de la vida. La satisfacción de las necesidades básicas, los derechos sociales y demás, apuntan a la que la gente se sienta bien. Lo que pasa es que la comprensión falseada de la cuestión confunde una cosa con la otra, lo que trastorna a la práctica gubernamental progresista, que terminó haciendo sentir mal para que la gente se sintiera bien. Un contrasentido, pero algo exitoso.
El objetivo, entonces, es que la práctica social humana permita vivir y haga sentir bien a las personas, lo que requiere de una conceptividad verdadera y del orden social que se le debiera corresponder. El sentir es pre-práctico, pero es el segundo objetivo de la práctica, porque es lo que más nos importa a los humanos después de vivir, en general, no siempre, ya que lo tenemos todo el tiempo y ya que nuestra vida es grata según sea él. Las conductas ingratas son alienantes de mal modo porque hacen sentir mal: la alienación mala es injusta. La justicia social requiere que la humanidad viva bien para sí, lo que no puede ser con religión ni con órdenes productivos mal planteados.
El sentir es prerreflexivo y aintencional, pero también es reflexionado y voluntario. Es una acción fisiológica, y debe ser el parámetro para medir la calidad de la vida. La satisfacción de las necesidades básicas, los derechos sociales y demás, apuntan a la que la gente se sienta bien. Lo que pasa es que la comprensión falseada de la cuestión confunde una cosa con la otra, lo que trastorna a la práctica gubernamental progresista, que terminó haciendo sentir mal para que la gente se sintiera bien. Un contrasentido, pero algo exitoso.
El objetivo, entonces, es que la práctica social humana permita vivir y haga sentir bien a las personas, lo que requiere de una conceptividad verdadera y del orden social que se le debiera corresponder. El sentir es pre-práctico, pero es el segundo objetivo de la práctica, porque es lo que más nos importa a los humanos después de vivir, en general, no siempre, ya que lo tenemos todo el tiempo y ya que nuestra vida es grata según sea él. Las conductas ingratas son alienantes de mal modo porque hacen sentir mal: la alienación mala es injusta. La justicia social requiere que la humanidad viva bien para sí, lo que no puede ser con religión ni con órdenes productivos mal planteados.
Del sentido originario de la obra y la intencionalidad del autor
El estructuralismo se dedicó a intentar dilapidar la idea de que es importante conocer el sentido originario de la obra y la intención del autor, argumentando que centralizarse en el primero aparejaría cierto autoritarismo, que prescribiría cómo se debe leer una obra y menoscabaría la atención a las lecturas que se hicieran de ella, y que, como los humanos no somos sujetos plenamente concientes de nosotros mismos, y reelaboradores de saberes previos, la autoría es una ficción, con eso de que el sujeto es hablado por el discurso, que es una metáfora equívoca: los que hablamos somos los seres parlantes, la fonación y la escritura son actos corporales, hechos por los animales humanos que somos. Aquella idea se basa en algunas elaboraciones de Freud, de Barthes y de Althusser, y fue retomada por Lacan y Foucault, y capaz que por Derrida, según algo que leí suelto sobre él que no me basta para asegurarlo. En Argentina, este desarrollo fue sistematizado en la semiosis social de Eliseo Verón, que postula un análisis discursivo sin sujeto, en que los elementos significantes circulan en los discursos sin que importe lo que sus autores quisieron decir con ellos, lo que torna al estudio en antisentimental y en insensible, haciéndolo incapaz de entender el interés afectivo de la comunicación. Algo de aquello, sobre la censura al interés en las interpretaciones extraeuropeas de las obras eurocéntricas, hay en el paradigma poscolonialista.
Los humanos, cuando nos comunicamos, tenemos necesidades emotivas respecto de las personas con las que nos comunicamos: establecemos charlas para ponernos de acuerdo con quienes estimamos para concertar nuestras prácticas, y por eso nuestras intenciones son importantes, ya que son las que impulsan al acto comunicativo, de igual modo que el sentido de lo que queremos decir es importante también. Si no se le presta atención a la intención y al sentido originario de la expresión, la comunicación es comprendida mal, y la transmisión de mensajes es entendida como un ejercicio desabrido. Ahora bien, decir esto no quita reconocer que el inconciente existe, es un hecho histórico y responde a la incapacidad humana para hacer concientes nuestros deseos reprimidos, lo que a su vez es consecuencia de la práctica que responde a la conceptividad ruda: la humanidad, al sostener morales falsas, impide que los deseos naturales que no se corresponden con ellas sean expuestos con facilidad, lo que apareja su represión. De allí el inconciente, lo que no se puede decir o no se piensa siquiera, porque no se ordena a la práctica humana para que eso suceda, al orientársela hacia prácticas alienadas de ese ansia. El inconciente es síntoma de la alienación perversa porque es su consecuencia. Por otro lado, atender al sentido originario de la obra no debiera obstaculizar el reconocimiento de las interpretaciones que se hicieran de ella, y también críticamente, porque, así como las obras son cuestionables y celebrables, también lo son sus intepretaciones, que son otras obras asimismo. De igual modo, es necesario hacer una crítica de la intencionalidad discursiva, por la existencia de la manipulación ideológica, que se basa en intereses malos.
Lo más importante del asunto es que la humanidad pueda ser verdadera, o sea, que pueda asumir la realidad abiertamente, la subjetiva y la objetiva, porque eso permitiría hacer conciente a lo que está inconciente, reprimido por la censura moral establecida por la conceptividad vigente. Por eso es que la cuestión religiosa es primordial, está al nivel de la economía y de la política, ya que la práctica social humana se da con esos y los otros factores imbricados, aunque a este boceto analítico se lo pueda corregir, al haber históricamente una jerarquización cambiante entre los factores, que son todos materiales pero cuyo orden principal va de lo simple a lo complejo, pero con la existencia de la sobredeterminación y de las determinaciones alternativas. La asunción de la realidad es un proceso que forma parte del ordenamiento socialista de la práctica humana.
Hay una relación directa entre la falsedad, la opresión, la explotación y la mala alienación, porque la falsedad, al trastornar la comprensión y el sentido de la vida, causa una práctica que reprime a lo que no se condice con ella, y que a su vez en instancias más graves lesiona a las personas, no sólo a los trabajadores: estos cuatro factores son generales, afectan a la humanidad de distintas maneras, históricamente y según la clase social de cada quien. Piensen en los empresarios quebrados, en los traumas psicológicos de las monjas o en los altos militares reventados por las guerras, y esta ejemplificación es escueta. Por medio de la falsedad es que la humanidad se aliena de sí misma, niega su sentir y se lastima. El proyecto socialista es el de establecer un orden social que le dé al sentir el lugar que debe tener como factor definitorio de la práctica, pero eso requiere de que la humanidad sea verdadera, porque componer al sentir con la práctica necesita de educación buena.
Los humanos, cuando nos comunicamos, tenemos necesidades emotivas respecto de las personas con las que nos comunicamos: establecemos charlas para ponernos de acuerdo con quienes estimamos para concertar nuestras prácticas, y por eso nuestras intenciones son importantes, ya que son las que impulsan al acto comunicativo, de igual modo que el sentido de lo que queremos decir es importante también. Si no se le presta atención a la intención y al sentido originario de la expresión, la comunicación es comprendida mal, y la transmisión de mensajes es entendida como un ejercicio desabrido. Ahora bien, decir esto no quita reconocer que el inconciente existe, es un hecho histórico y responde a la incapacidad humana para hacer concientes nuestros deseos reprimidos, lo que a su vez es consecuencia de la práctica que responde a la conceptividad ruda: la humanidad, al sostener morales falsas, impide que los deseos naturales que no se corresponden con ellas sean expuestos con facilidad, lo que apareja su represión. De allí el inconciente, lo que no se puede decir o no se piensa siquiera, porque no se ordena a la práctica humana para que eso suceda, al orientársela hacia prácticas alienadas de ese ansia. El inconciente es síntoma de la alienación perversa porque es su consecuencia. Por otro lado, atender al sentido originario de la obra no debiera obstaculizar el reconocimiento de las interpretaciones que se hicieran de ella, y también críticamente, porque, así como las obras son cuestionables y celebrables, también lo son sus intepretaciones, que son otras obras asimismo. De igual modo, es necesario hacer una crítica de la intencionalidad discursiva, por la existencia de la manipulación ideológica, que se basa en intereses malos.
Lo más importante del asunto es que la humanidad pueda ser verdadera, o sea, que pueda asumir la realidad abiertamente, la subjetiva y la objetiva, porque eso permitiría hacer conciente a lo que está inconciente, reprimido por la censura moral establecida por la conceptividad vigente. Por eso es que la cuestión religiosa es primordial, está al nivel de la economía y de la política, ya que la práctica social humana se da con esos y los otros factores imbricados, aunque a este boceto analítico se lo pueda corregir, al haber históricamente una jerarquización cambiante entre los factores, que son todos materiales pero cuyo orden principal va de lo simple a lo complejo, pero con la existencia de la sobredeterminación y de las determinaciones alternativas. La asunción de la realidad es un proceso que forma parte del ordenamiento socialista de la práctica humana.
Hay una relación directa entre la falsedad, la opresión, la explotación y la mala alienación, porque la falsedad, al trastornar la comprensión y el sentido de la vida, causa una práctica que reprime a lo que no se condice con ella, y que a su vez en instancias más graves lesiona a las personas, no sólo a los trabajadores: estos cuatro factores son generales, afectan a la humanidad de distintas maneras, históricamente y según la clase social de cada quien. Piensen en los empresarios quebrados, en los traumas psicológicos de las monjas o en los altos militares reventados por las guerras, y esta ejemplificación es escueta. Por medio de la falsedad es que la humanidad se aliena de sí misma, niega su sentir y se lastima. El proyecto socialista es el de establecer un orden social que le dé al sentir el lugar que debe tener como factor definitorio de la práctica, pero eso requiere de que la humanidad sea verdadera, porque componer al sentir con la práctica necesita de educación buena.
miércoles, 22 de junio de 2016
Sobre las filosofías malditas
Al escribir sobre las filosofías malditas es difícil definir el grupo de doctrinas al que se refiere con ellas. ¿Cuáles son? En principio, son filosofías a las que se maldijo, ese es su rasgo distintivo, pero así dicho la caracterización no basta porque a todas las filosofías se las maldijo alguna vez. Una segunda acepción, más restringida, remite a las filosofías bajas, a las que son maldecidas por el poder dominante, por lo que se podría incluir en ellas a las corrientes y sectas filosóficas derivadas de Sócrates que fueron repudiadas por la aristocracia griega, como los estoicos, los epicúreos y los cínicos. No estoy muy seguro de esto, habría que preguntarle a los especialistas en filosofía antigua, ni tampoco sé qué fue de las filosofías contrarias al orden imperante en el medioevo, más allá de la tradición de las brujas, que no era una filosofía verdadera pero que sí tenía una concepción proletaria, por haber sido de laicos pobres, aunque supersticiosa, y dada a la experimentación con la materia. Y a esto habría que complementarlo con la historia del saber y del poder dominante en el mundo extraoccidental.
En la modernidad se pueden agrupar bajo este concepto a tradiciones disímiles, que lo que tienen de común es el repudio al iluminismo pietista burgués, aunque con excepciones variables según cada cual. Algunos ubican como filósofos malditos a Baruch Spinoza, a Nietzsche, a literatos como Baudelaire y Rimbaud, y a los primeros anarquistas, y al marxismo a veces se lo incluye, según el carácter de los pensadores marxistas y según la clasificación que se haga. También se ubica en ella a Sade y a Masoch, y entrarían varios literatos más, como Henry Miller, o Charles Bukowski, que habrán sido antiburgueses pero también fueron reaccionarios, algo parecido a lo de Matt Groening. También a lo de Borges y Bios Casares, que los maldijeron hasta los peronistas, con sus razones y sus sinrazones, y el grupo de Boedo, donde estuvo Roberto Arlt. Otros casos son los de los seudofilósofos que se alejaron del cristianismo y erigieron doctrinas alternativas, como el existencialismo de Schopenhauer, al que no leí casi nada, el de Camus y Sartre, de los que leí poco, o el planteo místico de Georges Bataille. Después vendrían Foucault, Lacan, Derrida, Deleuze, Guattari y sus afines, como Nancy. Aclaro que de los últimos cinco no leí casi nada, y que los consagrados por el pietismo y el liberalismo triunfante también fueron seudofilósofos, porque postularon la veracidad de sus ideas sin tener certeza sobre ella. Dieron por ciertas sus creencias, que a veces lo eran y otras no, lo que aparejó desastres terribles.
En conjunto, las filosofías malditas conforman un conglomerado incoherente y oscurantista, aunque tiene sus luces, y muchas veces son de un pietismo bajo, o sea, infernal, o purgatoriero. Dan miedo, y se les teme por justas razones, porque al no tener una idea clara de lo que es y de lo que debe hacerse llevan a ideas asustadizas y a prácticas ruinosas, que hacen sentir mal a quienes participan en ellas. Hay que hacerles una crítica, para componer una filosofía que rescate sus aspectos buenos y que sea amigable, y, mejor aún, sociable, para que los filósofos revolucionarios puedan disfrutar de la vida menos dificilmente que lo que prescribe el pietismo capitalista, lo que serviría para facilitar su superación.
El populismo se nutre bastante de estas filosofías, sobre todo en sus vertientes seudoizquierdistas. Decir que sean seudoizquierdistas no debiera entenderse como una ofensa, porque al socialismo le pasa bastante lo mismo, y causó catástrofes mayores, y porque para superar las falencias es necesario admitir que se las tiene, y aún siendo seudoizquierdistas tienen más razón que el común de las doctrinas derechistas, aparte de que la izquierda cientificista también está llena de yerros, pero comprende mejor porque es cientificista, aunque eso no sea garantía de bondad verdadera porque hay cientificismo falso y porque, para que sea la bondad verdadera, es toda la humanidad la que tiene que ejercerla: no basta con que la tengan algunas personas.
En realidad, habría que asumir que las concepciones malas no siempre lo son: tienen sus bondades, más o menos según son históricamente. Es un progreso de las prácticas primitivas a la bondad plena, con estadíos intermedios, contraflujos y muchísima violencia, cuya resolución depende de la acción humana: no hay un final feliz preprogramado.
Aclaración
Bajo el concepto de filosofías malditas en realidad agrupé no sólo a filosofías, sino también a estéticas, que contienen más o menos implícitamente a las filosofías y que les dieron motivos de argumentación, como esa idea de la muerte del autor que Roland Barthes retomó de la obra de Etienne Mallarmé, Paul Valéry y Marcel Proust.
En la modernidad se pueden agrupar bajo este concepto a tradiciones disímiles, que lo que tienen de común es el repudio al iluminismo pietista burgués, aunque con excepciones variables según cada cual. Algunos ubican como filósofos malditos a Baruch Spinoza, a Nietzsche, a literatos como Baudelaire y Rimbaud, y a los primeros anarquistas, y al marxismo a veces se lo incluye, según el carácter de los pensadores marxistas y según la clasificación que se haga. También se ubica en ella a Sade y a Masoch, y entrarían varios literatos más, como Henry Miller, o Charles Bukowski, que habrán sido antiburgueses pero también fueron reaccionarios, algo parecido a lo de Matt Groening. También a lo de Borges y Bios Casares, que los maldijeron hasta los peronistas, con sus razones y sus sinrazones, y el grupo de Boedo, donde estuvo Roberto Arlt. Otros casos son los de los seudofilósofos que se alejaron del cristianismo y erigieron doctrinas alternativas, como el existencialismo de Schopenhauer, al que no leí casi nada, el de Camus y Sartre, de los que leí poco, o el planteo místico de Georges Bataille. Después vendrían Foucault, Lacan, Derrida, Deleuze, Guattari y sus afines, como Nancy. Aclaro que de los últimos cinco no leí casi nada, y que los consagrados por el pietismo y el liberalismo triunfante también fueron seudofilósofos, porque postularon la veracidad de sus ideas sin tener certeza sobre ella. Dieron por ciertas sus creencias, que a veces lo eran y otras no, lo que aparejó desastres terribles.
En conjunto, las filosofías malditas conforman un conglomerado incoherente y oscurantista, aunque tiene sus luces, y muchas veces son de un pietismo bajo, o sea, infernal, o purgatoriero. Dan miedo, y se les teme por justas razones, porque al no tener una idea clara de lo que es y de lo que debe hacerse llevan a ideas asustadizas y a prácticas ruinosas, que hacen sentir mal a quienes participan en ellas. Hay que hacerles una crítica, para componer una filosofía que rescate sus aspectos buenos y que sea amigable, y, mejor aún, sociable, para que los filósofos revolucionarios puedan disfrutar de la vida menos dificilmente que lo que prescribe el pietismo capitalista, lo que serviría para facilitar su superación.
El populismo se nutre bastante de estas filosofías, sobre todo en sus vertientes seudoizquierdistas. Decir que sean seudoizquierdistas no debiera entenderse como una ofensa, porque al socialismo le pasa bastante lo mismo, y causó catástrofes mayores, y porque para superar las falencias es necesario admitir que se las tiene, y aún siendo seudoizquierdistas tienen más razón que el común de las doctrinas derechistas, aparte de que la izquierda cientificista también está llena de yerros, pero comprende mejor porque es cientificista, aunque eso no sea garantía de bondad verdadera porque hay cientificismo falso y porque, para que sea la bondad verdadera, es toda la humanidad la que tiene que ejercerla: no basta con que la tengan algunas personas.
En realidad, habría que asumir que las concepciones malas no siempre lo son: tienen sus bondades, más o menos según son históricamente. Es un progreso de las prácticas primitivas a la bondad plena, con estadíos intermedios, contraflujos y muchísima violencia, cuya resolución depende de la acción humana: no hay un final feliz preprogramado.
Aclaración
Bajo el concepto de filosofías malditas en realidad agrupé no sólo a filosofías, sino también a estéticas, que contienen más o menos implícitamente a las filosofías y que les dieron motivos de argumentación, como esa idea de la muerte del autor que Roland Barthes retomó de la obra de Etienne Mallarmé, Paul Valéry y Marcel Proust.
Comentario sobre la relación entre la izquierda y el lumpenproletariado, y sobre la estrategia
Cuando dije que el socialismo tiene que tener una política para con el lumpenproletariado no me referí a que haya que poner locales partidarios o irse a manifestar o a militar en las villas, aunque eso podría ser, sino a tener una política, cuya forma habría que definir de acuerdo a las posibilidades de las organizaciones socialistas. Un aspecto de la relación tiene que ser la de representarlo bien, es decir, la de reconocerlo tal cual es, con sus problemas, sus dificultades, sus males y demás, para, aunque sea desde lejos, ayudarlo, lo que sería críticamente también, además de que se podría establecer una relación con las organizaciones villeras democráticas, que contendría debates políticos. Dada la magnitud del esfuerzo que requiere la estrategia revolucionaria, ella tendría que ser complementaria y fácil, y no cargar con la responsabilidad de las decisiones erradas que tomaran los aliados que condujeran los frentes democráticos, porque bastaría con aceptarlas señalando las disidencias a sabiendas de que el privatismo ejecutaría peores políticas y de que para corregirse, el democratismo, tiene que atender a las críticas que se le hagan, lo que no puede ser si éstas son hirientes. Esto permitiría abrir un ciclo de gobiernos reformistas que tendría que ser capaz de procesar sus errores por medio de la atención bien predispuesta a la crítica, en un período revolucionario de largo plazo, y con contraflujos, que podría incluir avances drásticos si fuera posible.
El tema es que para que la política socialista sea exitosa tiene que establecer buenas relaciones con el empresariado mediano y pequeño y con el lumpenproletariado, y de otro modo también con la clase más capitalista, pero habría que definir cómo sería esa relación, en un reformismo progresivo que habilitara a revoluciones más profundas. La confrontación responsable puede ser un modo de buena relación crítica, y habría que mantenerla incluso bajo represiones feroces, ya que la violencia irresponsable terminaría peor. Un criterio básico es el de que se mantenga a los órdenes sociales lo mejor posible, incluso aceptando a la explotación capitalista transitoriamente, ya que va a existir de todos modos hasta que las masas luchen por su abolición, no es una tarea que tenga que competer exclusivamente a los socialistas, y a partir de eso avanzar. Se debe plantear la política de acuerdo a las circunstancias vigentes, y no dejarse llevar por el acoso idealista revolucionario.
El tema es que para que la política socialista sea exitosa tiene que establecer buenas relaciones con el empresariado mediano y pequeño y con el lumpenproletariado, y de otro modo también con la clase más capitalista, pero habría que definir cómo sería esa relación, en un reformismo progresivo que habilitara a revoluciones más profundas. La confrontación responsable puede ser un modo de buena relación crítica, y habría que mantenerla incluso bajo represiones feroces, ya que la violencia irresponsable terminaría peor. Un criterio básico es el de que se mantenga a los órdenes sociales lo mejor posible, incluso aceptando a la explotación capitalista transitoriamente, ya que va a existir de todos modos hasta que las masas luchen por su abolición, no es una tarea que tenga que competer exclusivamente a los socialistas, y a partir de eso avanzar. Se debe plantear la política de acuerdo a las circunstancias vigentes, y no dejarse llevar por el acoso idealista revolucionario.
martes, 21 de junio de 2016
Moral pietista y corrupción
A raíz de las concepciones falsas los seres humanos tienen problemas para decidir sus prácticas, porque no tienen elementos morales suficientes para evaluarlas y ejecutarlas. Hay otras morales además de las pietistas, que tienen sus falencias y sus aciertos, pero quiero centrarme ahora en las pietistas. Lo que tienen de común entre sí todas las morales pietistas es que basan su conducta en lo que los fieles creen que son los mandatos de los dioses, por lo que sus relatos imaginarios sobre lo que son los dioses y sus designios para los humanos se tornan en preceptos a los que los humanos deben obedecer, y cuando no lo hacen los castigan. En el cristianismo estos mandatos están codificados en los diez mandamientos y en los cánones sobre el pecado, entre otras leyes.
El problema con esto es que sujeta a las personas a mandatos de seres imaginarios, por lo cual, cuando los humanos tienen que corregir su comportamiento de acuerdo a sus necesidades verdaderas, se les dificulta hacerlo, porque para eso tendrían que violar las leyes consideradas divinas, de lo que se encuentran en una situación contrariada, lo que obtura la resolución feliz del problema, aparejando prácticas desgraciadas. A esto se suma el hecho de que las concepciones pias son tortuosas, por lo que los fieles padecen de una tortura mental más o menos constante, que es física y a veces adopta otras formas de maltrato físico, mientras que se les exige cumplir con las leyes y con los reclamos sociales que requieren su transgresión, lo que redunda en la presión nerviosa y en la deseperación que, junto a los otros factores opresivos de la historia, causan colapsos psíquicos y corporales que llevan a las personas a pervertirse, incumpliendo la ley y dándose a conductas perniciosas, pero insisto que esto no es exclusivo del pietismo, sino que de otras formas, más o menos graves, sucede en las demás morales falsas.
Esto, igual, tiene que ser precisado, porque las morales se componen conflictivamente de distintos elementos, uno de los cuales es el canon eclesiástico y otro de los cuales es la ley estatal, que tienen coherencia entre sí en algunos aspectos y disrupción en otros, además de contradicciones internas, y ambos coexisten con el sistema de usos y costumbres y con las concepciones materialistas y con las místicas, cuya correlación interna y externa presenta características similares. La mayor parte de las naciones del mundo son pietistas, variando su religiosidad y el carácter del estado respecto de las iglesias según los casos, a la vez que un grupo menor es materialista, lo que se plasma en legislaciones estatales fideísticas o materialísticas, sin que eso determine a toda la práctica social de las naciones porque están las concepciones alternativas a las estatales, que pueden coincidir o no con los rasgos de aquéllas. Esta contracción moral causa una opresión neurótica en las personas porque tienen que obedecer a una ley algo mala y a su vez a los reclamos legítimos que son contrarios a ella, lo que pone a las personas ante dilemas a los que no se puede resolver tranquilamente porque quedan ante la opción de respetar la ley y ser ilegítimos o de ser legítimos e ilegales, eso en algunos casos; en otros el cumplimiento de la ley coincide con la legitimidad de la práctica.
Habría que establecer que la moral humana en general es parcialmente fallida, cuando hace mal, y algo buena, lo que depende de cómo nos haga sentir a los humanos, siendo que nuestros sentimientos responden a la relación intrahumana y a la de nuestra especie con las otras, atravesada por la lucha por la supervivencia pero también por la referida a la convivencia relativamente armónica, y a la que tenemos con los seres inertes: por eso es que la contaminación es desagradable, porque además de dañarnos a nosotros daña a nuestro entorno, cosa que nos apena así como nos enferma. De allí que el deseo de un medio ambiente saludable sea un reclamo humano, ya que nuestro bienestar depende de él.
El problema con esto es que sujeta a las personas a mandatos de seres imaginarios, por lo cual, cuando los humanos tienen que corregir su comportamiento de acuerdo a sus necesidades verdaderas, se les dificulta hacerlo, porque para eso tendrían que violar las leyes consideradas divinas, de lo que se encuentran en una situación contrariada, lo que obtura la resolución feliz del problema, aparejando prácticas desgraciadas. A esto se suma el hecho de que las concepciones pias son tortuosas, por lo que los fieles padecen de una tortura mental más o menos constante, que es física y a veces adopta otras formas de maltrato físico, mientras que se les exige cumplir con las leyes y con los reclamos sociales que requieren su transgresión, lo que redunda en la presión nerviosa y en la deseperación que, junto a los otros factores opresivos de la historia, causan colapsos psíquicos y corporales que llevan a las personas a pervertirse, incumpliendo la ley y dándose a conductas perniciosas, pero insisto que esto no es exclusivo del pietismo, sino que de otras formas, más o menos graves, sucede en las demás morales falsas.
Esto, igual, tiene que ser precisado, porque las morales se componen conflictivamente de distintos elementos, uno de los cuales es el canon eclesiástico y otro de los cuales es la ley estatal, que tienen coherencia entre sí en algunos aspectos y disrupción en otros, además de contradicciones internas, y ambos coexisten con el sistema de usos y costumbres y con las concepciones materialistas y con las místicas, cuya correlación interna y externa presenta características similares. La mayor parte de las naciones del mundo son pietistas, variando su religiosidad y el carácter del estado respecto de las iglesias según los casos, a la vez que un grupo menor es materialista, lo que se plasma en legislaciones estatales fideísticas o materialísticas, sin que eso determine a toda la práctica social de las naciones porque están las concepciones alternativas a las estatales, que pueden coincidir o no con los rasgos de aquéllas. Esta contracción moral causa una opresión neurótica en las personas porque tienen que obedecer a una ley algo mala y a su vez a los reclamos legítimos que son contrarios a ella, lo que pone a las personas ante dilemas a los que no se puede resolver tranquilamente porque quedan ante la opción de respetar la ley y ser ilegítimos o de ser legítimos e ilegales, eso en algunos casos; en otros el cumplimiento de la ley coincide con la legitimidad de la práctica.
Habría que establecer que la moral humana en general es parcialmente fallida, cuando hace mal, y algo buena, lo que depende de cómo nos haga sentir a los humanos, siendo que nuestros sentimientos responden a la relación intrahumana y a la de nuestra especie con las otras, atravesada por la lucha por la supervivencia pero también por la referida a la convivencia relativamente armónica, y a la que tenemos con los seres inertes: por eso es que la contaminación es desagradable, porque además de dañarnos a nosotros daña a nuestro entorno, cosa que nos apena así como nos enferma. De allí que el deseo de un medio ambiente saludable sea un reclamo humano, ya que nuestro bienestar depende de él.
viernes, 17 de junio de 2016
¿Porqué el socialismo pierde tanto en las elecciones?
Porque la organización de masas más grande del planeta es el conjunto de las iglesias, aparte del accionar de los medios masivos de comunicación, las campañas proselitistas, las coerciones de los sistemas electorales y demás; porque sus partidos van separados y peleándose entre sí y porque establecen pocos vínculos con las organizaciones proletarias populistas, dado su mal carácter, pero la separación no es un buen modo de resolver el tema, que pasa por el el establecimiento de relaciones críticas.
Del patoteo
El patoteo es la agresión de un grupo de personas enardecidas, lo que en inglés se llama “mobbing”, por “mob”, que es “turba”, “muchedumbre” o “multitud”. Lo mismo le cabe a la “muchachada” peronista cuando lucha mal, y a las prácticas de ganga, que son gangsteriles, así como al bandismo. El patoteo es un problema para las tesituras anarquistas, populistas y toninegristas, y el socialismo no estuvo exento de él, porque aquellas apelan a sujetos sociales definidos en esos términos y acríticamente: suponen, aunque no siempre, que tales sujetos son buenos en sí mismos, y que quienes se les oponen son malos en sí mismos, por lo que se autojustifican sus conductas agresivas y luego atacan. El patoteo es maniqueo y termina mal siempre. Antes o después la gente deja de apoyarlo, porque quienes se involucran en él padecen su violencia, son perjudicados por ella, no obstante lo cual puede persistir degradadamente por mucho tiempo, como las maras centroamericanas o las organizaciones de narcotraficantes o tratantes de mujeres, sucesoras de la trata de esclavos, la piratería y el contrabando. La política pietista y capitalista también tiene su patoterismo, y es la que oprime desde arriba, así como la prédica lumpenproletarista del populismo lo exacerba, porque idolatra a los delincuentes en vez que defenderlos críticamente.
La política de la gente común tiene que superar el patoteo para lograr sus objetivos, para lo que debe razonar bien, ser autocrítica constantemente consigo misma y enfrentar a sus rivales de buena manera.
La fascinación por las tribus urbanas que hubo en los estudios culturales después de la ola de dictaduras latinoamericanas derivadas del Plan Cóndor terminó por favorecer al patoterismo de baja o media intensidad que tuvieron esos grupos y que persiste, en particular en la cultura rockera, por su carácter condescendiente: es consecuencia de la disgregación social aparejada por esas dictaduras, pero ya venía de antes. Lo que pasa es que las dictaduras reprimieron al intento de superación del pietismo capitalista liberal de los movimientos democráticos, que también estaban algo mal planteados, porque cuestionaron poco al teismo y siguieron la tesitura de la teología de la liberación, aparte de la estrategia guerrillera guevarista, que en conjunto y con las otras tesis democráticas plantearon una confrontación violenta con la clase alta, que tiene superioridad militar, en vez que su determinación gradual por medio de la crítica social y la lucha legítima. Fue una lucha mal ordenada y peor respondida, cuya violencia resquebrajó a las sociedades, agudizando la barbarie, pero es comprensible que se ordene mal la lucha debido a la violencia histórica. No obstante, se la debe ordenar bien, porque si no, falla, y aún bien ordenada puede fallar, por la represión dominante, pero aún así es la única manera en que puede ser exitosa, y sería imperfecta, aparte de que las otras dejarían más errores pendientes de resolución.
La política de la gente común tiene que superar el patoteo para lograr sus objetivos, para lo que debe razonar bien, ser autocrítica constantemente consigo misma y enfrentar a sus rivales de buena manera.
La fascinación por las tribus urbanas que hubo en los estudios culturales después de la ola de dictaduras latinoamericanas derivadas del Plan Cóndor terminó por favorecer al patoterismo de baja o media intensidad que tuvieron esos grupos y que persiste, en particular en la cultura rockera, por su carácter condescendiente: es consecuencia de la disgregación social aparejada por esas dictaduras, pero ya venía de antes. Lo que pasa es que las dictaduras reprimieron al intento de superación del pietismo capitalista liberal de los movimientos democráticos, que también estaban algo mal planteados, porque cuestionaron poco al teismo y siguieron la tesitura de la teología de la liberación, aparte de la estrategia guerrillera guevarista, que en conjunto y con las otras tesis democráticas plantearon una confrontación violenta con la clase alta, que tiene superioridad militar, en vez que su determinación gradual por medio de la crítica social y la lucha legítima. Fue una lucha mal ordenada y peor respondida, cuya violencia resquebrajó a las sociedades, agudizando la barbarie, pero es comprensible que se ordene mal la lucha debido a la violencia histórica. No obstante, se la debe ordenar bien, porque si no, falla, y aún bien ordenada puede fallar, por la represión dominante, pero aún así es la única manera en que puede ser exitosa, y sería imperfecta, aparte de que las otras dejarían más errores pendientes de resolución.
jueves, 16 de junio de 2016
Del manejo del dinero
A la memoria de Demetrio
Una de las omisiones injustas para con la clase más propietaria, y que también obtura la resolución del problema en la clase más proletaria, es la que respecta al esfuerzo que requiere manejar el dinero. Los seres humanos, todos los días, le dedicamos tiempo y energía. Hay que acudir hasta donde están los billetes, meterlos en la billetera, llevarlos hasta el comercio, y ahí agarrarlos, contarlos, sumarlos, entregarlos, recibir el vuelto, guardarlo, llevarlo de vuelta a la casa y dejarlo en algún lugar, y eso para el uso más común de las compras, aparte de lo que cuesta ganarlo, a lo que habría que agregar muchísimos otros, como cuando hay que hacer viajes largos para pagar, o la operatoria de las transferencias bancarias, o el procedimiento de los juicios y de las especulaciones financieras, que requieren de un montón de actividades que se repiten y se repiten a lo largo de los años. Los contadores saben más de este tema, pero cada quien lo conoce desde su perspectiva. Y esto no da más que un panorama somero de la cuestión, al que se podría añadir el trabajo que implica la impresión de los billetes y la acuñación de las monedas, el sostenimiento del sistema financiero internacional, con todos sus edificios, muebles y aparatos, eléctricos y electrónicos, o lo que cuesta vigilarlo y robarlo, con todos sus accidentes y rutinas, además de la cárcel. Y aún si siguiera enumerando un rato largo me quedaría corto.
Toda esa gran tarea relativa al dinero, junto a las demás tareas prescindibles, obturan la socialidad. La gente necesita luego comunicarse entre sí, para hacerse compañía, para divertirse, para elaborar sus traumas, para pedirse o brindarse ayuda, o lo que fuere, y no podemos hacerlo, porque se tiene que hacer otras cosas, o porque la gente va de un lado para otro en medios de transporte que los alejan entre sí, de lo que la necesidad de acompañarse se suple algo en falso con los medios de comunicación, que también nos tienen recontra atareados, sea para comprarlos, aprenderlos a manejar, usarlos, pagarles las facturas, fabricarlos y así: hasta deshacerse de ellos es un problema. Una vez tiré mi celular a la basura por haberme hartado de la recurrencia de llamados, con vigilancia paterna de por medio, comprensible y opresiva también, y después los villeros les mandaron mensajes de texto con insultos a mis contactos, o algo así, ya que al aparato se lo agarraron unos cartoneros que juntaban basura por las calles de Paraná y Santa Fe y se lo llevaron a la villa, supongo que sería la 31. Me llegó una noticia de eso de parte de Pablo Vitale, que estaba entre mis contactos telefónicos porque hubimos sido compañeros del grupo de fotografía Mal de Ojo. Y eso no dice nada del acoso telefónico que se practica. Entonces, por eso del dinero, es que el reemplazo del sistema de intercambio monetario por el intercambio común de favores tendrá que ser uno de los puntos explícitos de la política socialista, es un aspecto de la práctica social humana que se situaría en la transición del socialismo al comunismo, pero no bastaría con eso, ya que también la humanidad tendría que dejar de hacer las cosas prescindibles para poder dedicarse a socializar lo necesario. La falta de socialidad nos causa una pena que es consecuencia de nuestros errores, y mientras tanto se nos va la vida en estupideces, pero también en las cosas entrañables.
Hubiera querido compartir del todo bien estos últimos meses con Demetrio, pero ya estábamos peleados. Ahora guardo su recuerdo. En el portón de su casa, uno de hierro desgastado, recién había una nota en papel escrita a birome de unos vecinos que le pedían ayuda urgente, supongo que con una reparación eléctrica, y una factura municipal. Pienso que la crueldad de su cinismo habrá sido una respuesta a la insensibilidad de nuestro sistema social, de igual modo que su cariño se compuso con la bondad humana. Fue un abuelo no reconocido para mí, por culpa del judeocristianismo, que nos falsea las relaciones de parentesco, y las sociales con ellas, eso aparte de las desigualdades propietarias, aunque ambas se ligan de hecho, pero nada justifica que me haya maltratado.
El fanatismo y el idealismo moderado
Ahora con los atentados del islamismo extremista resurge el debate sobre el fanatismo fideista, al que el cristianismo sostuvo durante el período de los conflictos religiosos, concluido con la Paz de Westfalia en 1648, a partir de la cual las distintas corrientes cristianas dejaron de matarse entre sí y adoptaron una postura tolerante, no exenta de conflictos pero moderados, repercutiendo eso en una agresividad generalizada pero no guerrera. Otros casos de extremismos idealistas fueron el del nazismo y el de la guerra fría, ya que los soviéticos podrían haber optado por una búsqueda pacífica del socialismo, que tampoco habría estado exenta de agresividad pero la habría reducido. En el caso del nazismo, la nación se fanatizó siguiendo a los mitos germánicos, en gran medida por la crisis económica derivada de las condiciones aberrantes para Alemania del armisticio de la primera guerra mundial.
Los religiosos moderados acusan al extremismo islámico, y a los otros fanatismos, y hacen bien al intentar ordenarlos, pero su posición es hipócrita porque no reconoce que el pietismo fanático es una versión radicalizada del moderado, por lo cual el moderado, que es masivo, es causa del fanático, ya que éste es una versión derivada de aquél: si no hubiera el moderado tampoco habría el extremista. La humanidad tendrá pendiente esta cuestión hasta que la haya enfrentado exitosamente, y lo mismo nos pasa con el idealismo ateo.
Los religiosos moderados acusan al extremismo islámico, y a los otros fanatismos, y hacen bien al intentar ordenarlos, pero su posición es hipócrita porque no reconoce que el pietismo fanático es una versión radicalizada del moderado, por lo cual el moderado, que es masivo, es causa del fanático, ya que éste es una versión derivada de aquél: si no hubiera el moderado tampoco habría el extremista. La humanidad tendrá pendiente esta cuestión hasta que la haya enfrentado exitosamente, y lo mismo nos pasa con el idealismo ateo.
martes, 14 de junio de 2016
La decepción democrática
Los demócratas usualmente no tenemos en cuenta a la falsa conciencia ni a las malas prácticas de las masas, pensamos que ellas lucharán en procura de sus propios intereses, y que si la lucha no prospera se debe a la opresión de las élites, lo que es algo cierto, pero nos falta aceptar que la lucha laica tiene por lo menos 2500 años de historia, desde la democracia de Pericles, y seguro que proviene desde antes, no obstante lo cual todavía priman los regímenes oligárquicos, aunque bajo el modo de la democracia representativa. La masas cometieron un montón de faltas graves, aparte del pietismo y el procapitalismo: hicieron femicidios, violencia sexual, delincuencia, se aprovecharon de los beneficios del imperialismo, se evadieron de su responsabilidad política con los espectáculos deportivos y teatrales, se abusaron de la posición dominante de las urbes sobre la ruralidad, reprodujeron modelos familiares pios, oprimieron a los hijos para que estudiaran y trabajaran, propulsaron a las guerras nacionalistas y demás, cosas de las que los humanos no estamos exentos en general y que en ocasiones fueron bien hechas, o que podrían corregirse para que lo fueran. Así que no hay que hacerse pretensiones exageradas de las masas. Ajustar las pretensiones a la realidad histórica es una condición necesaria para acertar la política.
lunes, 13 de junio de 2016
Correctivos al anarquismo
A través del nietszcheanismo, el anarquismo se tornó misticista, y, por el sadismo y el masoquismo, degradante, y sexualmente frustrante. Ya tenía un problema serio por ser antisocialdemócrata, y ha de tener otras falencias, entre ellas la del cinismo, que tiene sus aciertos pero es superable. Así que debe hacer su autocrítica para recomponerse y luchar con las otras fuerzas democráticas, cosa que a veces sucede pero soslayadamente, y sin que la relación sea mantenida mediante la puesta en discusión de los puntos debatibles: se mantiene algo contrariada por la falta de diálogo, cuando no se rompe. Los anarquistas tienen que comprender las circunstancias ajenas para superar los prejuicios clasistas, esteticistas y demás con que se relacionan, lo mismo que nos pasa de otras formas a los de otras tendencias políticas. Es difícil, porque somos opimidos, pero es la única manera de enfrentar con éxito al sistema vigente.
Si no quisieran participar de las candidaturas electorales, bien podrían hacer un apoyo crítico y movimientista, o cotidianista, o lo que fuere, a los partidos democráticos, a la vez que plantear la superación del sistema representativo, cosa que también hacen algunos de los partidos socialistas, pero con paciencia, porque eso depende de muchos factores a los que no controlamos. Además, tendrían que diferenciar al control opresivo del control justo, ya que la confusión entre ambos a veces les causa un rechazo al control en sí que suele terminar en desastres.
También está el tema de las monstruosidades. Con eso de las aberraciones de los anormales al pietismo fino los anarquistas se acercaron al apoliticismo delictivo, y hasta tienen dificultades para enfrentarse a los asesinos seriales u otros agresores graves, como los quemacoches, entregándose a formas menos pesadas de hostilidad ellos mismos, con la excusa de la violencia de los de abajo contra los de arriba, que no sirve para atender a los problemas sociales porque eso requiere de la política estatal. En esa celebración de la morbosidad, los anarquistas foucaultianos y deleuzianos se dejan llevar inconcientemente por la ultraderecha, que es experta en elaborar discursos fantásticos sobre los criminales grotescos, como Hannibal Lecter o la saga de Resident Evil, que se basan en los prejuicios de los altos pietistas contra los excluidos de sus sistemas. Así, adoraron a sus verdugos, y hostigaron a sus compañeros, aunque en otras ocasiones actuaron distinto. Tienen la práctica contrariada por una comprensión confusa de la realidad, como le pasó a Bety La Fea cuando se peleó con la rubia karateca por haberle robado el novio.
Si no quisieran participar de las candidaturas electorales, bien podrían hacer un apoyo crítico y movimientista, o cotidianista, o lo que fuere, a los partidos democráticos, a la vez que plantear la superación del sistema representativo, cosa que también hacen algunos de los partidos socialistas, pero con paciencia, porque eso depende de muchos factores a los que no controlamos. Además, tendrían que diferenciar al control opresivo del control justo, ya que la confusión entre ambos a veces les causa un rechazo al control en sí que suele terminar en desastres.
También está el tema de las monstruosidades. Con eso de las aberraciones de los anormales al pietismo fino los anarquistas se acercaron al apoliticismo delictivo, y hasta tienen dificultades para enfrentarse a los asesinos seriales u otros agresores graves, como los quemacoches, entregándose a formas menos pesadas de hostilidad ellos mismos, con la excusa de la violencia de los de abajo contra los de arriba, que no sirve para atender a los problemas sociales porque eso requiere de la política estatal. En esa celebración de la morbosidad, los anarquistas foucaultianos y deleuzianos se dejan llevar inconcientemente por la ultraderecha, que es experta en elaborar discursos fantásticos sobre los criminales grotescos, como Hannibal Lecter o la saga de Resident Evil, que se basan en los prejuicios de los altos pietistas contra los excluidos de sus sistemas. Así, adoraron a sus verdugos, y hostigaron a sus compañeros, aunque en otras ocasiones actuaron distinto. Tienen la práctica contrariada por una comprensión confusa de la realidad, como le pasó a Bety La Fea cuando se peleó con la rubia karateca por haberle robado el novio.
¿Qué reformismo debe ser?
La política de la izquierda está trabada por comprender equívocamente al reformismo, en tanto que por medio del reformismo se han puesto en práctica políticas claudicantes e incluso desastres bienintencionados, lo que llevó a parte de la izquierda, pienso en el trotskismo en particular, a renegar del reformismo, aún cuando iban a elecciones, lo que los ponía en una situación paradójica, ya que participaban de la democracia representativa a la vez que renegaban de su forma de gobierno. El reformismo es necesario, y puede ser revolucionario, además de que las revoluciones habidas lo que hicieron fue establecer reformas progresivas, o sea que el debate entre reforma o revolución está falseado, ya que el punto central para la estrategia política es establecer cuál es la circunstancia en la que se opera, qué actores participan de ella, qué características tienen y cómo se los puede orientar para lograr el resultado deseado, lo que debe ser provisorio porque no se puede resolver todo de repente. Entonces, el asunto será definir qué reformismo debe ser y, llegado el caso, qué revolución, a sabiendas de que la revolución en realidad es un reformismo más drástico y profundo, pero que no se puede hacer sin la fuerza social necesaria, que no está garantizada de antemano por la opresión capitalista, ya que el proletariado es revolucionario en potencia, pero no siempre en acto, de igual modo que lo ha sido la clase dominante pero con la diferencia de que ésta tiende al conservadurismo ahora que se impuso tras haber vencido al feudalismo, o revoluciona en falso con las consideradas mejoras a la productividad, que no son tales en realidad. El revolucionarismo verdadero de la clase capitalista en realidad es impulsado por sus sectores marginales, que forman parte de la clase pero no son capitalistas, como tantos socialistas que fueron de la clase alta. A su vez, el revolucionarismo proletario responde a la opresión capitalista, pero no sólo a ella, sino a la opresión general del idealismo capitalista, a la vez que está falseado por él y que oprime conservadoramente para mantener las formas de este idealismo, con una política democrática redistribucionista que no cuestiona a las religiones y que reclama poco por la socialización de los medios productivos, pero eso también con excepciones y variabilidad histórica. La opresión popular a la clase alta tiene sus méritos y sus falencias, porque parte de una conceptualización democrática intuitiva y creyente.
Habría que evaluar la veracidad de esta caracterización y precisarla, para comprender cómo conducir al reformismo, lo que debiera ser desde una plataforma democrática progresista, dado el predominio hegemónico del idealismo capitalista.
Habría que evaluar la veracidad de esta caracterización y precisarla, para comprender cómo conducir al reformismo, lo que debiera ser desde una plataforma democrática progresista, dado el predominio hegemónico del idealismo capitalista.
La sobrepropietarización
La sobrepropietarización es el exceso en la fabricación de las propiedades, que redunda en el de su tenencia. Antes del capitalismo también la hubo, ya que se fabricaron cosas innecesarias, como las pirámides mayas y egipcias, o como las cosas pequeñas que no hacían falta, pero, con la técnica moderna, que se plasmó en la revolución industrial, la capacidad de fabricación se acrecentó extraordinariamente, aumentándose el producto bruto terráqueo en mucha cantidad. Los beneficios dados por el iluminismo mediante la ciencia trajeron algunos bienes a la humanidad, pero también permitieron que nuestra práctica fuese más potente y más eficiente sin estar bien conducida, porque al manejo de la materia aparejado por la técnica se le mantuvo el sentido idealista, presto a la piedad en el origen del capitalismo y complementado por la inclinación al desarrollo falso en el socialismo soviético y chino, con sus aliados y su contraparte liberal. El progreso humano dado por la ciencia es cierto y verdadero en algunas cosas, y el socialismo falso es parte de él, pero es corregible porque es fallido, dado que al orden social que se le corresponde le falta el sentido de la vida humana para sí, por lo que a la práctica se la orienta en pos de objetivos desagradables, sea el de salvar el alma o el de desarrollar a las naciones liberal o socialistamente, lo que redunda en que las personas tenemos que subordinar nuestros intereses a las causas sociales mal planteadas, cosa que nos trauma: es de un idealismo injusto.
La sobrepropietarización es un problema que trasciende a los trabajadores asalariados y que afecta a toda la sociedad humana planetaria: los lumpenproletarios se la pasan moviendo pertrechos viejos de un lado para el otro, y si no los mueven igual les ocupan lugar y los ensucian, del mismo modo que los grandes propietarios tenemos que lidiar con un montón de pertenencias, y encima con responsabilidades legales sobre algunas de ellas, lo que también desagrada, y eso no dice nada de los propietarios supergrandes ni de los propietarios asalariados, que tienen sus disgustos también por la producción mala. A esto habría que añadirle los conflictos internacionales, con las pujas imperialísticas, que también pretenden obtener propiedades que en cierta medida las naciones no necesitan: es un conflicto planetario basado en malos intereses. Las necesidades sociales verdaderas deben resolverse mediante la cooperación internacional, pero ella no podrá ser hecha de buen modo mientras que las naciones adopten concepciones falsas, por lo cual se la tendrá que hacer más o menos fallida mientras que se le esclarece la conciencia a las naciones.
El planteo socialdemócrata de socialización de las propiedades apunta a resolver el problema de la sobrepropietarización, y en cierta medida lo lograría en caso de concretarse bien, pero no bastaría con eso, porque además a la producción se la tendría que reducir al tamaño de lo que fuera necesario. Es por eso que hay cierto reformismo que tendría que ser adoptado hasta por la ultraizquierda, aunque críticamente, porque al haber vetado al reformismo se impidió a unos adquirir propiedades necesarias, y a otros sacárselas de encima cuando les estorbaban: es que la lucha interclasista está mal planteada. Tiene que haberla, pero justa, y hasta diría que la lucha proletaria, para lograr sus metas, tiene que estar a favor de la capitalesía, porque ella es mala a causa de la opresión que sufre, por lo que, de hacerse conciencia social sobre esa opresión, se facilitaría la construcción del socialismo bueno. Luchar a favor de la clase capitalista es una condición necesaria para el socialismo: sucede que ese favorecimiento requiere esclarecerles la conciencia, en particular respecto del idealismo religioso o productivista, y la socialización de los medios de producción que deban ser socializados, entre otras cuestiones.
Las concepciones políticas de izquierda, y las de derecha también aunque sea más difícil, debieran tener solidaridad transclasista la suficiente, ya que ella facilitaría la resolución de las demandas humanas razonables. Obstaculizarla falla la política, y todos somos responsables de nuestra práctica, pero su valoración debe ser comprensiva, lo que no implica quitarle punitivismo si se goza de hacer el mal, aunque la penalización debe ser tan sólo un momento en la búsqueda de una resolución satisfactoria para las partes en conflicto.
Otro problema importante, aparte de aquel sobre el tamaño de la producción, es el de su forma.
Hubo un debate sobre si la crisis económica actual es de sobreproducción o de subconsumo. El carácter principal de la crisis está dado por la superproducción, aunque también sucede que hay grandes sectores de la población mundial que consumen menos de lo que debieran. Lo que es reprobable es el planteo de que el consumo tendría que servir para mantener un nivel productivo excesivo, porque sobreatarea y trae otros problemas, como la dependencia de las materias primas, que causa guerras y otras intervenciones imperialistas, e incluso represión armada a poblaciones indefensas por parte de los ejércitos de los países a los que pertenecen esas poblaciones, estén los militares motivados por intereses directamente imperialistas o no, como le sucede a los paises bajo políticas de capitalismo nacionalista. Además, así puesto, el debate es economicista, por lo que no reconoce al problema conceptivo, ni a tantos otros que hacen a la pobreza. Lo que se necesita es que la humanidad tenga una concepción verdadera, para que sea justo su orden productivo, en el sentido integral, no en el restringido a la economía y a la política, u otros así.
La sobrepropietarización es un problema que trasciende a los trabajadores asalariados y que afecta a toda la sociedad humana planetaria: los lumpenproletarios se la pasan moviendo pertrechos viejos de un lado para el otro, y si no los mueven igual les ocupan lugar y los ensucian, del mismo modo que los grandes propietarios tenemos que lidiar con un montón de pertenencias, y encima con responsabilidades legales sobre algunas de ellas, lo que también desagrada, y eso no dice nada de los propietarios supergrandes ni de los propietarios asalariados, que tienen sus disgustos también por la producción mala. A esto habría que añadirle los conflictos internacionales, con las pujas imperialísticas, que también pretenden obtener propiedades que en cierta medida las naciones no necesitan: es un conflicto planetario basado en malos intereses. Las necesidades sociales verdaderas deben resolverse mediante la cooperación internacional, pero ella no podrá ser hecha de buen modo mientras que las naciones adopten concepciones falsas, por lo cual se la tendrá que hacer más o menos fallida mientras que se le esclarece la conciencia a las naciones.
El planteo socialdemócrata de socialización de las propiedades apunta a resolver el problema de la sobrepropietarización, y en cierta medida lo lograría en caso de concretarse bien, pero no bastaría con eso, porque además a la producción se la tendría que reducir al tamaño de lo que fuera necesario. Es por eso que hay cierto reformismo que tendría que ser adoptado hasta por la ultraizquierda, aunque críticamente, porque al haber vetado al reformismo se impidió a unos adquirir propiedades necesarias, y a otros sacárselas de encima cuando les estorbaban: es que la lucha interclasista está mal planteada. Tiene que haberla, pero justa, y hasta diría que la lucha proletaria, para lograr sus metas, tiene que estar a favor de la capitalesía, porque ella es mala a causa de la opresión que sufre, por lo que, de hacerse conciencia social sobre esa opresión, se facilitaría la construcción del socialismo bueno. Luchar a favor de la clase capitalista es una condición necesaria para el socialismo: sucede que ese favorecimiento requiere esclarecerles la conciencia, en particular respecto del idealismo religioso o productivista, y la socialización de los medios de producción que deban ser socializados, entre otras cuestiones.
Las concepciones políticas de izquierda, y las de derecha también aunque sea más difícil, debieran tener solidaridad transclasista la suficiente, ya que ella facilitaría la resolución de las demandas humanas razonables. Obstaculizarla falla la política, y todos somos responsables de nuestra práctica, pero su valoración debe ser comprensiva, lo que no implica quitarle punitivismo si se goza de hacer el mal, aunque la penalización debe ser tan sólo un momento en la búsqueda de una resolución satisfactoria para las partes en conflicto.
Otro problema importante, aparte de aquel sobre el tamaño de la producción, es el de su forma.
Hubo un debate sobre si la crisis económica actual es de sobreproducción o de subconsumo. El carácter principal de la crisis está dado por la superproducción, aunque también sucede que hay grandes sectores de la población mundial que consumen menos de lo que debieran. Lo que es reprobable es el planteo de que el consumo tendría que servir para mantener un nivel productivo excesivo, porque sobreatarea y trae otros problemas, como la dependencia de las materias primas, que causa guerras y otras intervenciones imperialistas, e incluso represión armada a poblaciones indefensas por parte de los ejércitos de los países a los que pertenecen esas poblaciones, estén los militares motivados por intereses directamente imperialistas o no, como le sucede a los paises bajo políticas de capitalismo nacionalista. Además, así puesto, el debate es economicista, por lo que no reconoce al problema conceptivo, ni a tantos otros que hacen a la pobreza. Lo que se necesita es que la humanidad tenga una concepción verdadera, para que sea justo su orden productivo, en el sentido integral, no en el restringido a la economía y a la política, u otros así.
viernes, 10 de junio de 2016
Una a favor de la creencia
La creencia es parte del proceso de conocimiento: sirve para elaborar las hipótesis. Lo malo es confundirla con la verdad.
jueves, 9 de junio de 2016
De la objetividad, la práctica y su decisión
Un error derivado del positivismo es el de confundir a la objetividad con la neutralidad valorativa, como si el científico pudiera ser un humano sin valores que examina la realidad tal cual es. Examinar la realidad tal cual es, absolutamente, es imposible, porque es demasiado rica en aspectos para ser comprendida totalmente, pero, no obstante, sí se podría conocer lo suficiente para que la práctica humana concrete un orden social justo. Para eso es preciso ceñirse a los objetos todo lo que sea necesario, y que la construcción del saber requerido sea social: no basta con que los científicos académicos sepamos la realidad social porque es toda la humanidad la que ejerce la práctica humana, por lo que todos los humanos tenemos que ser científicos, pero no en el sentido de poseer un conocimiento súper complejo sino en el de que sepamos que, para actuar, tenemos que averiguar lo suficiente, y proceder de acuerdo con eso corrigiéndonos en caso de haber reclamos razonables, además de debatir bien a los que no lo sean. A la práctica laboral, política, militar o la que fuere debiéramos detenerla ante los reclamos para examinarla mediante debates sociales, lo que es una práctica también, la de la toma de decisiones en conjunto. A algo de este precepto ya lo tenemos los humanos en general, pero no lo que debe ser.
Los humanos siempre tenemos valores subjetivos, a los que debemos cuestionar en pos de que nuestra vida sea justa.
Los humanos siempre tenemos valores subjetivos, a los que debemos cuestionar en pos de que nuestra vida sea justa.
Pensamiento sobre el clasismo social humano, con una disgresión sobre el racismo
Primero aclaro que el comúnmente llamado clasismo en las ciencias sociales no es cualquier clasismo, sino uno social, y además es humano, ya que las otras especies de seres vivos también se organizan en clases sociales, pero en esos casos habría que averiguar si las diferenciaciones no se establecen de acuerdo a las características fisiológicas y a las funciones sociales que se les corresponden. En la humanidad es claro que las clases sociales no se diferencian según características biológicas sino de acuerdo a relaciones de hecho, cuyos determinantes son los que son, entre ellos los biológicos.
En segundo lugar, con el clasismo pasa igual que con el racismo: que según cómo se lo entienda puede ser malo o no. El racismo puede llegar a ser la comprensión de los grupos humanos de acuerdo a sus características físicas, las razas, que variaron históricamente y que hoy en día están mestizadas en general, siendo difícil, sino imposible, encontrarlas en estado puro, y también es verdad que esos supuestos estados puros tampoco lo fueron tan así, porque vienen de una evolución natural previa en que hubo otros mestizajes, e incluso mutaciones transespecísticas. Los así considerados estados puros en realidad son estados en que un grupo de especímenes adquiere características netamente diferentes de otros grupos con los que igual, aunque estén separados, podrían reproducirse sexualmente si copularan, pero esa diferenciación neta dura un tiempo y varía históricamente después. Entonces, el racismo bien entendido es bueno y es necesario, porque comprende a un aspecto de la historia natural: lo malo es el racismo malo, el que falsea la comprensión de la realidad y la práctica social. Con el clasismo pasa igual. Si no se lo entiende para bien, hace daño, y llevó a las discriminaciones clasistas en distintos sentidos: la discriminación de los pobres por parte de los ricos, y viceversa, con sus intermedios y variantes extrañas, y así. El clasismo bueno tiene que dar cuenta objetivamente de lo que son las clases sociales con un afán transformador igualitarista y justo, o sea, pacifista. La agresión entre las clases, en vez que una lucha responsable, es un obstáculo en el camino del socialismo, al que será difícil eludir porque las clases son perversas por haber sido mal educadas, a causa de las concepciones fallidas, por lo que sus prácticas de relacionamiento interclasista están atravesadas por los malos tratos, que a su vez provocan más violencia, en tanto que eso coexiste con prácticas buenas.
En segundo lugar, con el clasismo pasa igual que con el racismo: que según cómo se lo entienda puede ser malo o no. El racismo puede llegar a ser la comprensión de los grupos humanos de acuerdo a sus características físicas, las razas, que variaron históricamente y que hoy en día están mestizadas en general, siendo difícil, sino imposible, encontrarlas en estado puro, y también es verdad que esos supuestos estados puros tampoco lo fueron tan así, porque vienen de una evolución natural previa en que hubo otros mestizajes, e incluso mutaciones transespecísticas. Los así considerados estados puros en realidad son estados en que un grupo de especímenes adquiere características netamente diferentes de otros grupos con los que igual, aunque estén separados, podrían reproducirse sexualmente si copularan, pero esa diferenciación neta dura un tiempo y varía históricamente después. Entonces, el racismo bien entendido es bueno y es necesario, porque comprende a un aspecto de la historia natural: lo malo es el racismo malo, el que falsea la comprensión de la realidad y la práctica social. Con el clasismo pasa igual. Si no se lo entiende para bien, hace daño, y llevó a las discriminaciones clasistas en distintos sentidos: la discriminación de los pobres por parte de los ricos, y viceversa, con sus intermedios y variantes extrañas, y así. El clasismo bueno tiene que dar cuenta objetivamente de lo que son las clases sociales con un afán transformador igualitarista y justo, o sea, pacifista. La agresión entre las clases, en vez que una lucha responsable, es un obstáculo en el camino del socialismo, al que será difícil eludir porque las clases son perversas por haber sido mal educadas, a causa de las concepciones fallidas, por lo que sus prácticas de relacionamiento interclasista están atravesadas por los malos tratos, que a su vez provocan más violencia, en tanto que eso coexiste con prácticas buenas.
miércoles, 8 de junio de 2016
La aristocracia capitalista
Usualmente asociamos la aristocracia a la nobleza, porque la burguesía que hizo la revolución capitalista impuso esa versión de la aristocracia, ya que, en la época de las revoluciones burguesas, los mejor educados eran los de la nobleza monárquica, aunque esa mejor educación fuera falsa. A alrededor de dos siglos y medio de esas revoluciones, hoy en día, los mejor educados, también en falso, ya no son sólo los nobles, sino que en su mayoría son capitalistas. De allí que el gobierno de los mejor mal educados sea capitalista, que pasaron de posiciones progresistas a reaccionarias porque la educación privada de más alto nivel suele ser conservadora y clerical, aunque a través del renacimiento adoptara un carácter iluminista piero.
Del derecho al honor y la representación
En realidad, las injurias no debieran lesionar el honor de las personas, porque la gente tendría que tomar a los insultos por expresiones cuya veracidad habría que averiguar. De ese modo, se podría difamar tranquilamente, porque quienes supieran de la difamación la someterían a crítica, y luego de ella, si fuera suficiente, reconocerían la verdad. Así se ubicaría a los difamadores falsos, y se protegería la imagen de las personas de buena manera. El problema con la difamación es el mismo que el de la creencia, que es el de que las personas no analizan lo suficiente la relación entre los enunciados y sus objetos, por lo que se yerra al tomar a los primeros por verdaderos sin saber que lo sean. La creencia falsea la relación entre las ideas y las cosas a que se refieren cuando permite tomar por ciertas a las primeras sin haberlas cotejado con las segundas lo necesario. Ante las difamaciones, los cuestionables no son sólo los difamadores y los difamados, sino también los otros involucrados, quienes las perciben, ya que su toma de posición debe ser correcta, es decir, que deben considerar a las injurias como enunciados que requieren comprobación, remitir el juicio a lo sabido con certeza y buscar que se averigüe su verdad, lo mismo que vale para la comunicación en general.
lunes, 6 de junio de 2016
Del consumismo en Argentina durante el kirchnerismo
Ahora los privatistas argentinos están criticando al consumo de los trabajadores mejor pagos durante el kirchnerismo diciendo que los gobiernos posteriores a la protesta de 2001 los acostumbraron a comprar demasiado, y los kirchneristas les responden, pero sin reconocer que al haberse centrado en el consumo, en vez que en la emancipación, se condujo al proletariado a una práctica retardataria y reproductora de la cultura del consumo descartante, que usa productos y los desecha no tanto para satisfacer las necesidades humanas sino también para sostener un nivel económico exagerado, y con un modelo industrial que genera muchos residuos que no son biodegradables. El modelo democrático tiene que garantizar un consumo óptimo pero no excesivo, y priorizar la emancipación y la producción ecológica.
Una de las causas del declive progresista
Aparte del golpismo imperialista y liberal, y de las causas intrínsecas más reconocidas con que se explica la crisis del ciclo de gobiernos progresistas latinoamericanos, a algunas de las cuales empezaron a asumir, está la cuestión de que el desarrollismo aburre. No es sólo que es explotador, porque tiene un productivismo compulsivo, que reprime a los deseos y lesiona a las personas en pos de las metas socioeconómicas, sino que le dio a la diversión un lugar complementario al sistema laboral, según el cual las actividades de la educación, el trabajo y la militancia podían componerse con el entretenimiento en tanto que éste aportara a la generación de demanda agregada requerida por el proteccionismo, y a su fomento cultural. El entretenimiento fue así añadido al modelo de desarrollo como un factor más en el esquema de crecimiento, convirtiéndose en otra causa de explotación, porque a las tareas ordinarias se sumó la de consumir esparcimiento, que requiere de esfuerzo también. Cumplir con las pautas del modelo progresista requiso entonces hacer muchas tareas. El supuesto relajo se convirtió en una tarea también, no porque fuera obligatorio sino porque se lo practicó compulsivamente, y algo a presión.
Así la diversión terminó siendo pesada, una carga más, lo que desmoralizó a las naciones con gobiernos keynesianos, restándole apoyo a sus políticas, que además tuvieron un cariz puritano, de un cristianismo seudobondadoso, cosa que redundó en que las naciones se volcaran a consumir las laceraciones del entretenimiento liberal, porque allí encontraron un escape a la hipocresía bonachona pía pobrista, pero ese escape fue falso también. La demonización al liberalismo hecha durante los gobiernos pios pobristas le brindó las ventajas que tiene el diablismo, cierta facilidad para eludir las normas y celebrar la acometida de prácticas prohibidas, pero con malas maneras.
Hay que decir que la hipocresía populista es preferible a la liberal, aunque sea inferior que el socialismo ateo, que tiene sus hipocresías graves también, porque hasta que no haya conciencia social suficiente respecto de la relación entre la religión y la política las naciones oscilarán intuitivamente entre proyectos pietistas, con menor presencia de los ateos, pero eso es histórico también, o sea que puede que cambie la configuración sociopolítica, pero la devoción de las naciones es un factor a tener en cuenta en la estrategia de la izquierda, y debe ser afrontada explícitamente. Dado el carácter ampliamente pietista de las naciones, el socialismo tendría que aprender a componer su estrategia en una relación crítica con los religiosos progresistas, mientras que se relaciona, desde una crítica diferente, con el pietismo conservador, y mientras que ejerce su autocrítica.
Así la diversión terminó siendo pesada, una carga más, lo que desmoralizó a las naciones con gobiernos keynesianos, restándole apoyo a sus políticas, que además tuvieron un cariz puritano, de un cristianismo seudobondadoso, cosa que redundó en que las naciones se volcaran a consumir las laceraciones del entretenimiento liberal, porque allí encontraron un escape a la hipocresía bonachona pía pobrista, pero ese escape fue falso también. La demonización al liberalismo hecha durante los gobiernos pios pobristas le brindó las ventajas que tiene el diablismo, cierta facilidad para eludir las normas y celebrar la acometida de prácticas prohibidas, pero con malas maneras.
Hay que decir que la hipocresía populista es preferible a la liberal, aunque sea inferior que el socialismo ateo, que tiene sus hipocresías graves también, porque hasta que no haya conciencia social suficiente respecto de la relación entre la religión y la política las naciones oscilarán intuitivamente entre proyectos pietistas, con menor presencia de los ateos, pero eso es histórico también, o sea que puede que cambie la configuración sociopolítica, pero la devoción de las naciones es un factor a tener en cuenta en la estrategia de la izquierda, y debe ser afrontada explícitamente. Dado el carácter ampliamente pietista de las naciones, el socialismo tendría que aprender a componer su estrategia en una relación crítica con los religiosos progresistas, mientras que se relaciona, desde una crítica diferente, con el pietismo conservador, y mientras que ejerce su autocrítica.
miércoles, 1 de junio de 2016
De la acumulación de capital y el teísmo
La acumulación capitalista es una compulsión, una conducta irracional, porque no sirve para la justicia social, que debe ser un objetivo prioritario de la práctica humana, en vez que la falsedad de salvar el alma. Habría que averiguar si no es un sucedáneo de la adoración a los dioses, ya que, así como la humanidad se perdió de gozar de la vida en el pasado por obedecer a ideas falsas, que eran, entre otras, las de los dioses, le agregó a ellas la de conseguir capital, que en estado puro también es un ser abstracto, son números en la imaginación, como los dioses pero representantes de las propiedades.
La compulsión a acumular propiedades, al igual que las conductas maniáticas religiosas, son consecuencia de la prohibición al placer, que está mal hecha porque bien ordenado el placer social podría ser bueno y porque mal prohibido es dañino, pero para eso la humanidad equivocada tendría que reconocer que está perdiendo la vida por causas vanas y ordenarse para el goce de sí, para disfrutar la vida en común.
La compulsión a acumular propiedades, al igual que las conductas maniáticas religiosas, son consecuencia de la prohibición al placer, que está mal hecha porque bien ordenado el placer social podría ser bueno y porque mal prohibido es dañino, pero para eso la humanidad equivocada tendría que reconocer que está perdiendo la vida por causas vanas y ordenarse para el goce de sí, para disfrutar la vida en común.
Segundo comentario sobre la miseria
La etimología de la miseria puede no provenir de la misa, sino de la palabra inglesa “miss”, que es “perdición”, o “maldad”, si es que no de otra, lo que no quita que la religión se relacione históricamente con la miseria porque su concepción del mundo es mala, por basarse en mitos, y mandar a hacer mal por eso mismo, ya que impide que la práctica se ordene según el querer humano que no se condice con sus preceptos, aunque ese querer también tiene que ser analizado, porque no siempre es bueno. Para clarificar el lugar del capitalismo, otra fuente de miseria, en la práctica social, habría que entender mejor su relación con la religión, y habría que entender que la práctica social tiene varios determinantes que a su vez se influyen entre sí, así como la forma en que se dio esa relación en el pasado.
Lo mismo puede ser que el significado que le dí antes a “mezquita” esté mal.
Las religiones corrompen a los creyentes porque los someten a ideas tormentosas, que los hacen sufrir reiteradas veces, porque ellos las toman por verdad, a partir de lo cual temen a la ira de seres imaginarios a los que consideran superpoderosos, por lo que piensan que ellos pueden destruirlos con sólo desearlo, y que conocen permanentemente sus acciones visibles y hasta lo más recóndito de sus sentimientos, entre otras cosas parecidas a éstas, como lo es la amenaza de discriminación y castigo sobre quienes fueran descubiertos en pecado, lo que termina siendo una tortura psicológica que pervierte a los fieles y los impulsa a reprimirse y maltratarse entre sí, cosa que falsea a toda la práctica social aunque tenga sus tendencias opuestas. Hay que considerar que los capitalistas, al ser en general laicos piadosos de clase alta, suelen estar moralmente quebrados, no sólo por la concepción que portan sino también por la competencia económica y la lucha de clases, por lo que son corruptos, además de por el hecho de ser criados en medio de relatos sobre el origen del universo y el deber ser humano de los que luego constatan que no se corresponden con la realidad social, por lo que se decepcionan. La decepción causada por la comprobación de que las historias pias falsamente bondadosas son ilusorias es una de las causas de la corrupción capitalista, de igual modo que lo es la laceración social a la que padecen durante su formación educativa, con toda esa tradición de traiciones y subyugaciones que hay en la enseñanza privada, aunque no sea exclusiva de ella.
También hay que contemplar que ese problema, el de la falsedad pía como causa de la corrupción capitalista, se replica de otro modo en el proletariado, causando su conservadurismo, y lo mismo sucede, pero también de otra forma, con el desarrollismo socialista, cuyos seguidores oprimen a quienes lo critican a fin de lograr sus metas, a las que no podrán alcanzar plenamente porque aquél está socialmente cuestionado por desconocer aspectos importantes de la realidad que hacen a la adopción consensuada del proyecto de orden social, causando una obediencia desganada, y su impugnación, además de por el hecho de que las naciones se relacionan entre sí, por lo que sus proyectos de orden nacional colisionan, lo que hace fallida a su cooperación.
Lo mismo puede ser que el significado que le dí antes a “mezquita” esté mal.
Las religiones corrompen a los creyentes porque los someten a ideas tormentosas, que los hacen sufrir reiteradas veces, porque ellos las toman por verdad, a partir de lo cual temen a la ira de seres imaginarios a los que consideran superpoderosos, por lo que piensan que ellos pueden destruirlos con sólo desearlo, y que conocen permanentemente sus acciones visibles y hasta lo más recóndito de sus sentimientos, entre otras cosas parecidas a éstas, como lo es la amenaza de discriminación y castigo sobre quienes fueran descubiertos en pecado, lo que termina siendo una tortura psicológica que pervierte a los fieles y los impulsa a reprimirse y maltratarse entre sí, cosa que falsea a toda la práctica social aunque tenga sus tendencias opuestas. Hay que considerar que los capitalistas, al ser en general laicos piadosos de clase alta, suelen estar moralmente quebrados, no sólo por la concepción que portan sino también por la competencia económica y la lucha de clases, por lo que son corruptos, además de por el hecho de ser criados en medio de relatos sobre el origen del universo y el deber ser humano de los que luego constatan que no se corresponden con la realidad social, por lo que se decepcionan. La decepción causada por la comprobación de que las historias pias falsamente bondadosas son ilusorias es una de las causas de la corrupción capitalista, de igual modo que lo es la laceración social a la que padecen durante su formación educativa, con toda esa tradición de traiciones y subyugaciones que hay en la enseñanza privada, aunque no sea exclusiva de ella.
También hay que contemplar que ese problema, el de la falsedad pía como causa de la corrupción capitalista, se replica de otro modo en el proletariado, causando su conservadurismo, y lo mismo sucede, pero también de otra forma, con el desarrollismo socialista, cuyos seguidores oprimen a quienes lo critican a fin de lograr sus metas, a las que no podrán alcanzar plenamente porque aquél está socialmente cuestionado por desconocer aspectos importantes de la realidad que hacen a la adopción consensuada del proyecto de orden social, causando una obediencia desganada, y su impugnación, además de por el hecho de que las naciones se relacionan entre sí, por lo que sus proyectos de orden nacional colisionan, lo que hace fallida a su cooperación.
martes, 31 de mayo de 2016
De mi inclusión en los créditos de Enciclopedia Latinoamericana
Yo no supe que me habían puesto en los créditos de la Enciclopedia Latinoamericana editada por el CLACSO. Algunos años después de su impresión, o un poco menos, le fui a pedir un ejemplar al encargado de los libros del consejo en ese entonces, Silvio Nioi, que me dijo algo así como “por supuesto, si vos sos uno de los autores”. La verdad es que, aparte de que recibí la noticia con agrado, y con enfado también por no haber sido consultado, yo no hice ningún trabajo para esa enciclopedia, nomás me incluyeron, con el resto de los asistentes del OSAL, porque usaron información del observatorio para ella, que además de algo de hipocresía en ciertos temas tiene sus cosas que me gustaron, de lo poco que la leí. En particular me disgusta su celebración acrítica de los ídolos de la industria cultural, aunque está bien que se los reconozca. El problema es el modo en que se lo hizo, que dificulta pensar en cómo superar la producción cultural vigente, porque no explicita algunas de sus faltas, y en particular las que hacen a la represión de la autogestión cultural y a la mercantilización. En eso, hicieron como los liberales, que exaltan a los grandes del negocio en desmedro de los menos conocidos, pero igual eso tiene algo de valor porque los grandes son parte de la historia humana: el problema es la falta de igualdad, aparte de la explotación sufrida por los grandes, y también por los medianos y pequeños. Para suprimir la explotación es preciso que las tareas se repartan por igual, y razonablemente.
lunes, 30 de mayo de 2016
De la violencia de género
Ahora que en Argentina está por hacerse una nueva movilización de Ni Una Menos, un movimiento feminista que busca terminar los femicidios y la violencia machista, algunas feministas, como la diputada Victoria Donda, de Libres del Sur, y la intelectual Diana Maffía, directora del Observatorio de Género en Justicia, salieron a decir que la violencia de género únicamente existe cuando una mujer es violentada por un hombre en torno a su identidad genérica, y no a la inversa. Yo, que fui violentado por una mujer, que me engañó sexualmente y en vano, y que sufrí por eso una agresión grupal al modo de la burla por una parte de la comunidad universitaria de la facultad de ciencias sociales de la UBA, además de un insulto sexual de una feminista por otro motivo, lo que redundó en un autodesprecio de mí mismo, soy quien para decir que esa comprensión está equivocada, y que permite la perpetuación de la violencia feminista, además de que le resta apoyo a la lucha contra la violencia machista, porque los varones que sufrimos violencia de género no vamos a acompañarlas felizmente a las mujeres que desestiman nuestros reclamos, sino que lo haremos algo desganados por su falta de solidaridad.
El hecho de que la violencia de género predominante sea la machista no quita que existen casos inversos, a los que también se debe atender, porque si no se abandona a las víctimas a la soledad, lo mismo que le hicieron a las mujeres violentadas, pero ahora por parte de las feministas. ¡Qué descaro! Les digo que en mi caso abandonaron a un hombre antipatriarcal, y tendríamos que saber de los demás. Para enfrentar los males sociales es preciso que se los reconozca.
La violencia feminista es violencia de género cuando lo es porque entonces se configura según los patrones genéricos: nos agredieron por ser varones, entre otras causas, e incluso habría que ser comprensivo con ella, no buscar venganza sino su superación histórica, lo mismo que debiera ser, aunque de distinto modo, para con los femicidas. Los femicidas asesinan porque responden muy violentamente a la opresión social, junto a las causas en particular que tienen, por lo que para resolver políticamente el problema es preciso comprenderlo. Centrarse en la condena a los femicidas impide resolver la cuestión, por lo que es preciso que en vez que condena se busque justicia, y a la vez su solución histórica.
Otra cosa que me da mucha bronca es que se siga omitiendo el lugar del fetichismo sexual, con el mito de los cuernos, en la violencia al interior de las parejas. Me la pasé leyendo artículos feministas sobre esta violencia sin que se haya mencionado ni siquiera una vez a la cuestión de los cuernos, que es una preocupación entre los miembros de las parejas que creen en él, algo ampliamente extendido en las sociedades occidentales por lo menos.
El hecho de que la violencia de género predominante sea la machista no quita que existen casos inversos, a los que también se debe atender, porque si no se abandona a las víctimas a la soledad, lo mismo que le hicieron a las mujeres violentadas, pero ahora por parte de las feministas. ¡Qué descaro! Les digo que en mi caso abandonaron a un hombre antipatriarcal, y tendríamos que saber de los demás. Para enfrentar los males sociales es preciso que se los reconozca.
La violencia feminista es violencia de género cuando lo es porque entonces se configura según los patrones genéricos: nos agredieron por ser varones, entre otras causas, e incluso habría que ser comprensivo con ella, no buscar venganza sino su superación histórica, lo mismo que debiera ser, aunque de distinto modo, para con los femicidas. Los femicidas asesinan porque responden muy violentamente a la opresión social, junto a las causas en particular que tienen, por lo que para resolver políticamente el problema es preciso comprenderlo. Centrarse en la condena a los femicidas impide resolver la cuestión, por lo que es preciso que en vez que condena se busque justicia, y a la vez su solución histórica.
Otra cosa que me da mucha bronca es que se siga omitiendo el lugar del fetichismo sexual, con el mito de los cuernos, en la violencia al interior de las parejas. Me la pasé leyendo artículos feministas sobre esta violencia sin que se haya mencionado ni siquiera una vez a la cuestión de los cuernos, que es una preocupación entre los miembros de las parejas que creen en él, algo ampliamente extendido en las sociedades occidentales por lo menos.
miércoles, 25 de mayo de 2016
Pornografía obrera
Estas fotografías son de la pared del depósito del shopping Plaza Oeste, en el partido bonaerense de Morón.
Del idealismo capitalista actual
El capitalismo más que pietista es idealista, porque en China, Vietnam, Corea del Norte y Cuba hay un capitalismo que no es pietista, pero que se basa en el modelo de desarrollo inspirado en el iluminismo de fe en un dios extrauniversal y antropomórfico, que es el del liberalismo, no en el sentido de que en esos países la política sea liberal, sino en el de que ella se basa en ese modelo de medición de índices demográficos y socioeconómicos, junto a la comprensión de las relaciones internacionales, y de aplicación de iniciativas gubernamentales relativas a esa medición, lo que no funciona bien a veces. Este idealismo ordena a la práctica humana de mala manera porque sostiene un ordenamiento de la humanidad que está mal planteado al no reconocer algunos aspectos de la realidad que son importantes, como lo son los sentimientos y el querer humanos, por lo que la práctica social desarrollista, tanto la atea como la teísta, los oprime cuando no son los aceptados por su modelo, que tiene alguna bondad.
Para que el idealismo sea verdadero las ideas que lo componen debieran dar cuenta de buen modo de la realidad en la que operan, por lo cual él tendría que incorporar y transformarse según una crítica de los reclamos sociales que se le hacen a sus modelos sociales, entre otras cuestiones a las que habría que reconocer, como lo son las quejas de los niños, parte de las cuales es legítima en vez que caprichosamente maliciosa.
El idealismo falso tiene una relación histórica con el teísmo porque el teísmo, al suponer que los dioses crearon al universo, tiene una gran tradición de especular en base a ideas cuyos objetos no existen en la realidad exterior al pensamiento, y en mandar a hacer cosas a la gente de acuerdo con esas especulaciones, además de desdeñar a las críticas que se les oponen, por suponer que provienen de causas menos importantes que las de los dioses, o las de sus seguidores más y menos fieles, lo que redunda en los sucedáneos de esa lógica, como aquellos que, en vez de centralizarse en los dioses, lo hacen en el progreso o el desarrollo mal entendidos. Para que el desarrollismo y el progreso funcionen bien, deber ser bien deificados, con una idea muy verdadera sobre lo divino.
Para que el idealismo sea verdadero las ideas que lo componen debieran dar cuenta de buen modo de la realidad en la que operan, por lo cual él tendría que incorporar y transformarse según una crítica de los reclamos sociales que se le hacen a sus modelos sociales, entre otras cuestiones a las que habría que reconocer, como lo son las quejas de los niños, parte de las cuales es legítima en vez que caprichosamente maliciosa.
El idealismo falso tiene una relación histórica con el teísmo porque el teísmo, al suponer que los dioses crearon al universo, tiene una gran tradición de especular en base a ideas cuyos objetos no existen en la realidad exterior al pensamiento, y en mandar a hacer cosas a la gente de acuerdo con esas especulaciones, además de desdeñar a las críticas que se les oponen, por suponer que provienen de causas menos importantes que las de los dioses, o las de sus seguidores más y menos fieles, lo que redunda en los sucedáneos de esa lógica, como aquellos que, en vez de centralizarse en los dioses, lo hacen en el progreso o el desarrollo mal entendidos. Para que el desarrollismo y el progreso funcionen bien, deber ser bien deificados, con una idea muy verdadera sobre lo divino.
A la izquierda le falta practicidad
Cuando el FIT argentino salió a decir que los candidatos Macri y Scioli eran iguales en parte fue por la lógica electoralista y por su estrategia de acumulación política, que pretende captar a los trabajadores peronistas, y en parte por su mala comprensión, que prioriza las generalidades por sobre las particularidades sin darles a ellas el lugar que se merecen. Además, hay una lógica acusatoria en gran parte de la izquierda que les dificulta salir del principismo, lo que hace que la política sea proclive al idealismo y al faccionalismo, separa a los socialistas de las masas, que más que en los objetivos altos de la lucha están pensando en que los ingresos les alcancen para llegar al mes que viene.
Ese principismo por un lado les obtura las relaciones con las otras organizaciones políticas y los propulsa a establecerlas de modo violento, cosa que es fomentada además por la violencia general de las sociedades y de sus organizaciones, que en cierta medida son antisocialistas y agresivas, pero aparte los lleva a situaciones como la de este país, en que ahora los trotskistas están en campaña para que el gobierno del estado atenúe el aumento de las tarifas del gas y la electricidad para que no cierren las fábricas recuperadas, aumento que, de haber ganado Scioli, no habría sido tan grande como es, en el caso de haberlo sido, porque si bien Scioli habría aplicado una política pietística, capitalista y liberal, lo habría hecho desde el modelo populista, que a diferencia del privatista tiene una proclividad al pueblo que lo hace menos desdeñoso para con él. Y eso de las tarifas vale también para otras políticas del gobierno macrista, como su favorecimiento a los represores de la última dictadura militar, su apoyo al gobierno ilegítimo de Temer, su omisión a la persecusión de la trata de mujeres, su inclinación al bloque geopolítico estadounidense, su fomento de las finanzas y demás.
Puedo equivocarme, pero me parece que en el plan de gobierno sciolista no estaba contemplada la anulación de los impuestos a la exportación, ni favorecer a las empresas petroleras con las ganancias extraordinarias por el aumento del precio de la extracción de gas, el llamado de boca de pozo, cosas que redundan en el tarifazo vigente de los servicios de gas y electricidad, y tengo que agregar, dado el acoso imperante en los debates políticos, que decir esto, ni haber apoyado a la candidatura sciolista, no implica hacerlo con todas las políticas que hubiera aplicado, y ni siquiera apoyarlo en lo que hubiera sido su gobierno, ya que se trató de un apoyo electoral, forzado por la coyuntura de la intención de voto, pero hay que reconocer que la crítica a los gobiernos tiene que tener perspectiva histórica, para responder a los procesos vigentes.
Esto que digo del FIT vale para la izquierda en general, aunque se aplica en concreto de distintas maneras según los casos particulares y sus variaciones históricas. Las izquierda tendría que aprender que las cuestiones menores también son importantes, y en particular para quienes más las sufren, ya que así, como hicieron hace poco, se ganan el odio de parte de las masas, y en especial del lumpenproletariado, que ahora está peor que los obreros de las empresas recuperadas, pero otros asalariados les tienen bronca también, porque no reconocieron las diferencias entre el PRO y el FpV, que si bien son iguales en general se diferencian en aspectos que hacen a la satisfacción de las necesidades básicas del proletariado, y así. Ahora bien, reconocer esto no debiera obstar para admitir también que la adscripción al peronismo del proletariado es un error mayor, que igual tiene sus méritos y con el que tenemos que aprender a convivir, mientras se le busca la solución, que pasa por la voluntad política de los trabajadores, a la que se puede criticar pero que hay que respetarla.
La estrategia de superación del capitalismo tendría que tener en cuenta a las cuestiones menores, porque son importantes para la subsistencia de las masas.
Ese principismo por un lado les obtura las relaciones con las otras organizaciones políticas y los propulsa a establecerlas de modo violento, cosa que es fomentada además por la violencia general de las sociedades y de sus organizaciones, que en cierta medida son antisocialistas y agresivas, pero aparte los lleva a situaciones como la de este país, en que ahora los trotskistas están en campaña para que el gobierno del estado atenúe el aumento de las tarifas del gas y la electricidad para que no cierren las fábricas recuperadas, aumento que, de haber ganado Scioli, no habría sido tan grande como es, en el caso de haberlo sido, porque si bien Scioli habría aplicado una política pietística, capitalista y liberal, lo habría hecho desde el modelo populista, que a diferencia del privatista tiene una proclividad al pueblo que lo hace menos desdeñoso para con él. Y eso de las tarifas vale también para otras políticas del gobierno macrista, como su favorecimiento a los represores de la última dictadura militar, su apoyo al gobierno ilegítimo de Temer, su omisión a la persecusión de la trata de mujeres, su inclinación al bloque geopolítico estadounidense, su fomento de las finanzas y demás.
Puedo equivocarme, pero me parece que en el plan de gobierno sciolista no estaba contemplada la anulación de los impuestos a la exportación, ni favorecer a las empresas petroleras con las ganancias extraordinarias por el aumento del precio de la extracción de gas, el llamado de boca de pozo, cosas que redundan en el tarifazo vigente de los servicios de gas y electricidad, y tengo que agregar, dado el acoso imperante en los debates políticos, que decir esto, ni haber apoyado a la candidatura sciolista, no implica hacerlo con todas las políticas que hubiera aplicado, y ni siquiera apoyarlo en lo que hubiera sido su gobierno, ya que se trató de un apoyo electoral, forzado por la coyuntura de la intención de voto, pero hay que reconocer que la crítica a los gobiernos tiene que tener perspectiva histórica, para responder a los procesos vigentes.
Esto que digo del FIT vale para la izquierda en general, aunque se aplica en concreto de distintas maneras según los casos particulares y sus variaciones históricas. Las izquierda tendría que aprender que las cuestiones menores también son importantes, y en particular para quienes más las sufren, ya que así, como hicieron hace poco, se ganan el odio de parte de las masas, y en especial del lumpenproletariado, que ahora está peor que los obreros de las empresas recuperadas, pero otros asalariados les tienen bronca también, porque no reconocieron las diferencias entre el PRO y el FpV, que si bien son iguales en general se diferencian en aspectos que hacen a la satisfacción de las necesidades básicas del proletariado, y así. Ahora bien, reconocer esto no debiera obstar para admitir también que la adscripción al peronismo del proletariado es un error mayor, que igual tiene sus méritos y con el que tenemos que aprender a convivir, mientras se le busca la solución, que pasa por la voluntad política de los trabajadores, a la que se puede criticar pero que hay que respetarla.
La estrategia de superación del capitalismo tendría que tener en cuenta a las cuestiones menores, porque son importantes para la subsistencia de las masas.
martes, 24 de mayo de 2016
Posible origen de la teoría del derrame
Eso de que para que la riqueza llegue a la clase baja tiene que derramarse desde la alta capaz que viene de esa celebración burguesa hecha con una torre de copas a las que se hubo llenado con champagne desde la más alta.
lunes, 23 de mayo de 2016
Corrección marxiana a Marx
Es mediante la práctica que los humanos nos producimos a nosotros mismos, no solamente mediante el trabajo, que es una de las tantas prácticas, y eso sobre la base de nuestra existencia material.
Algunos de mis errores ortográficos
Las palabras “fideista”, “teista” y “pios”, y algunos de sus derivados, se escriben sin acento.
jueves, 19 de mayo de 2016
Apunte para aclarar
Dejémos de lado la cuestión de si la propiedad es, etimológicamente, pro piedad, porque no debe serlo, lo que es averiguable, aunque las palabras coincidan y sus relaciones históricas hayan convergido, y ciñamos su sentido al de los bienes fabricados, o sea, démosle al término el sentido etimológico de “cosas apartadas”, de materia apartada de su existencia misma mediante el trabajo humano. Entonces, hay que admitir que, en tanto que las sociedades humanas fueron hasta ahora fideistas en general, la transformación de la materia hecha por la humanidad la subsumió bajo concepciones pietistas, pero históricamente, o sea, siendo esa subsunción provisoria, y a veces olvidada, nula, ordenada con proclividad a lo ideal pío en las cúspides de las jerarquías sociales y con declinación a lo común en sus bases, aunque los preceptos pietistas transcurren en toda la escala social, pero son omitidos siempre que los humanos se comportan proletariamente, según intereses familiares, simples y necesarios, y hasta con complejidades y pietismos de grado menor, en vez de con afán de acumulación de riquezas, poderes supremos y divinización alta.
De allí que haya que entender que el propietarismo fuera ordenado pietísticamente, a la vez que ese orden fue contrariado por los intereses comunes: es un propietarismo a la vez pietizado y comunal, y por eso conflictuado. Lo mismo vale para la economía, que es determinada precariamente por la religión y su orden conceptual laico, el de los grandes propietarios, que es pietístico en general, a la vez que éstos responden a ella, y con mayor fuerza porque la determinación de abajo hacia arriba es mayor, lo que no resuelve por sí mismo a la lucha de clases pero le pauta una presión constante del proletariado para satisfacer sus necesidades de subsistencia, mientras que el propietariado ya las tiene resueltas, por lo que orienta sus luchas para liberarse de la opresión religiosa y democratizar, cuando es progresista, o para acumular más y someter a las sociedades a los mandatos píos más estrictos cuando es reaccionario, pero esto históricamente, o sea, con desviaciones y hechos opuestos y ajenos a los de esta explicación, que no da cuenta de toda la realidad, sino que es generalista, como lo es el hecho de que exista el conservadurismo del proletariado pietista, que pugna para subsistir pero no para emancipar, aunque eso es relativo también, por lo que éste contiene reivindicaciones progresivas explícitas u oprimidas, de igual modo que el propietariado es proletarizable, aunque eso sea difícil por su falsa conciencia.
De allí que haya que entender que el propietarismo fuera ordenado pietísticamente, a la vez que ese orden fue contrariado por los intereses comunes: es un propietarismo a la vez pietizado y comunal, y por eso conflictuado. Lo mismo vale para la economía, que es determinada precariamente por la religión y su orden conceptual laico, el de los grandes propietarios, que es pietístico en general, a la vez que éstos responden a ella, y con mayor fuerza porque la determinación de abajo hacia arriba es mayor, lo que no resuelve por sí mismo a la lucha de clases pero le pauta una presión constante del proletariado para satisfacer sus necesidades de subsistencia, mientras que el propietariado ya las tiene resueltas, por lo que orienta sus luchas para liberarse de la opresión religiosa y democratizar, cuando es progresista, o para acumular más y someter a las sociedades a los mandatos píos más estrictos cuando es reaccionario, pero esto históricamente, o sea, con desviaciones y hechos opuestos y ajenos a los de esta explicación, que no da cuenta de toda la realidad, sino que es generalista, como lo es el hecho de que exista el conservadurismo del proletariado pietista, que pugna para subsistir pero no para emancipar, aunque eso es relativo también, por lo que éste contiene reivindicaciones progresivas explícitas u oprimidas, de igual modo que el propietariado es proletarizable, aunque eso sea difícil por su falsa conciencia.
martes, 17 de mayo de 2016
Las relaciones ónticas son integrales
Es una obviedad, pero hay que decirlo porque no es sabida lo suficiente: los seres se relacionan históricamente, o sea, de hecho, sin que importe el carácter que tengan, sea físico, natural, social o especulativo, con sus distintos subtipos, a los que estudian las distintas ramas de la ciencia, algo verdadera y algo falsamente. De allí que la perspectiva científica, además de ser verdadera, por lo que debe ser comprobatoria lo debido, tenga que ser transdisciplinaria, porque sólo desde el conjunto de las ciencias es que se puede tener un conocimiento cabal de la realidad, que baste para ordenar bien a la práctica, e incluso la transdisciplinariedad puede ser fallida si se la aplica incompleta o malintencionadamente, por lo que la suficiencia y la buena intención son requisitos para que la práctica sea justa.
El problema es que para que la investigación sea buena, los investigadores tienen que tener buenos intereses, lo que requiere que hayan sido bien educados y que tengan alegría de vivir, cosa que no puede ser si tienen concepciones del mundo fallidas, como lo es la capitalista, o las pietistas populares o socialistas, e incluso las ateas y socialistas malas: más bien sucede que se nos contraponen intereses buenos y malos, que nos contrarían la práctica más o menos según el caso. Por investigadores no me refiero sólo a los científicos universitarios, sino a todo aquel que averigua algo para saber qué hacer.
El problema es que para que la investigación sea buena, los investigadores tienen que tener buenos intereses, lo que requiere que hayan sido bien educados y que tengan alegría de vivir, cosa que no puede ser si tienen concepciones del mundo fallidas, como lo es la capitalista, o las pietistas populares o socialistas, e incluso las ateas y socialistas malas: más bien sucede que se nos contraponen intereses buenos y malos, que nos contrarían la práctica más o menos según el caso. Por investigadores no me refiero sólo a los científicos universitarios, sino a todo aquel que averigua algo para saber qué hacer.
La ontología teísta y el ordenamiento de la práctica
El problema de la ontología teísta es que como supone que los dioses son entes absolutos y creadores del universo deriva de esa idea la conclusión de que la humanidad les debe obedecer, por lo que los seudofilósofos teístas meten presión para que los otros humanos se violenten a sí mismos para cumplir con los mandatos pios.
También es falsa la suposición ontológica de que las esencias son entes ideales existentes en el cosmos a los que deben someterse los seres concretos de la Tierra, pero eso no debe llevar al materialismo histórico a abandonar al esencialismo, ya que los entes tienen una esencia, pero que no es teística sino histórica, a la que es necesario reconocer para guiar a la práctica humana.
También es falsa la suposición ontológica de que las esencias son entes ideales existentes en el cosmos a los que deben someterse los seres concretos de la Tierra, pero eso no debe llevar al materialismo histórico a abandonar al esencialismo, ya que los entes tienen una esencia, pero que no es teística sino histórica, a la que es necesario reconocer para guiar a la práctica humana.
viernes, 13 de mayo de 2016
El absolutismo constitucional
En el absolutismo monárquico del feudalismo las sociedades europeas consideraban a dios como un ser absoluto, existente por sí mismo, cuya divinidad era encarnada por los reyes, que gobernaban a las naciones según éstas creían que ellos mandaban de acuerdo con los preceptos del dios cristiano, algo análogo a lo que sucedió con las monarquías islámicas. El absolutismo político suponía la reunión de todos los poderes de mando social en el rey, en tanto que representante de la divinidad.
En el capitalismo, la monarquía es reemplazada por el constitucionalismo, que también considera ejercer los mandatos de los dioses, en algunos casos, pero bajo repúblicas de democracia representativa, o monarquías republicanas. En el caso de las constituciones laicas, las legislaciones de las naciones mayoritariamente pietistas se corresponden con los credos pero sin la intromisión directa de las iglesias en ellas. Es lo que sucede en México, Chile y Uruguay, donde las constituciones pautan órdenes sociales pietísticos desde legislaciones laicas.
Ambos sistemas de gobierno, el monárquico y el constitucional, son absolutistas en el sentido de que aceptan que se considere a los dioses como existentes por sí mismos, lo que es el teísmo absolutista, en tanto que en el feudalismo éste se correspondía con el absolutismo monárquico y en el capitalismo con la atribución de los poderes políticos al gobierno tripartito pautado por las constituciones. Son distintos tipos de regímenes gubernamentales de naciones pietistas, y los constitucionales pueden adscribir a los credos o no en su ley, pero en los hechos suelen hacerlo.
La reforma protestante y la contrarreforma católica fueron determinantes al respecto porque habilitaron a la burguesía incipiente a ejercer sus credos por fuera de las iglesias, o con menor intromisión de su parte, las cuales estuvieron aliadas a las monarquías durante el feudalismo, aunque su relación fuera conflictiva, por lo que desde ese distanciamiento los laicos cristianos medianamente propietarios inventaron a la doctrina filosófica que les otorgó lugar de mando social mediante las revoluciones burguesas, el liberalismo.
En el capitalismo, la monarquía es reemplazada por el constitucionalismo, que también considera ejercer los mandatos de los dioses, en algunos casos, pero bajo repúblicas de democracia representativa, o monarquías republicanas. En el caso de las constituciones laicas, las legislaciones de las naciones mayoritariamente pietistas se corresponden con los credos pero sin la intromisión directa de las iglesias en ellas. Es lo que sucede en México, Chile y Uruguay, donde las constituciones pautan órdenes sociales pietísticos desde legislaciones laicas.
Ambos sistemas de gobierno, el monárquico y el constitucional, son absolutistas en el sentido de que aceptan que se considere a los dioses como existentes por sí mismos, lo que es el teísmo absolutista, en tanto que en el feudalismo éste se correspondía con el absolutismo monárquico y en el capitalismo con la atribución de los poderes políticos al gobierno tripartito pautado por las constituciones. Son distintos tipos de regímenes gubernamentales de naciones pietistas, y los constitucionales pueden adscribir a los credos o no en su ley, pero en los hechos suelen hacerlo.
La reforma protestante y la contrarreforma católica fueron determinantes al respecto porque habilitaron a la burguesía incipiente a ejercer sus credos por fuera de las iglesias, o con menor intromisión de su parte, las cuales estuvieron aliadas a las monarquías durante el feudalismo, aunque su relación fuera conflictiva, por lo que desde ese distanciamiento los laicos cristianos medianamente propietarios inventaron a la doctrina filosófica que les otorgó lugar de mando social mediante las revoluciones burguesas, el liberalismo.
martes, 3 de mayo de 2016
Inclusión y exclusión pietistas y materialistas
En tanto que las piedades tienen distintas morales, falsas pero morales en fin, establecen preceptos sobre lo que debe ser el carácter y la conducta de los seres humanos, en base a lo que erigen un sistema de inclusiones y exclusiones jerárquizadas, según el cual a los individuos les corresponde un lugar de acuerdo a su obediencia a los mandatos fideístas, lo que atraviesa a toda la escala social, desde el gran capital hasta el lumpenproletariado, pero históricamente, o sea, sin que esa pretensión se imponga tal como el pietismo busca, sino como lo hace de hecho, crítica y contrariadamente, porque la práctica humana tiene otros determinantes a los que aquél no responde. Para que un orden social sea fluido tiene que responder a la verdad de las cosas, por lo que tiene que tener razón suficiente.
Los preceptos capitalistas operan en el seno de órdenes fideístas, como parte de ellos, porque el capitalismo surgió como pietista, y también en los órdenes socialistas capitalistas, que no son fideístas pero que tampoco tienen razón suficiente, aunque están más cerca de ella: son de un desarrollismo idealista, porque priorizan las metas del desarrollo por sobre los aspectos de la realidad social que lo conflictúan, desarrollismo cuyo objetivismo es incompleto, y tienen errores debidos a sí mismos, por un lado, y por otro a provenir y ser violentados por el pietismo capitalista.
Los socialismos capitalistas son aquellos que, basados en el materialismo histórico, aplican una política de acumulación de capital centrada en el estado, o en regímenes mixtos, estatales y privados, como es el caso chino al que se pliega el cubano con la reforma reciente. En realidad son sistemas estatistas de partidos únicos con ideología socialista que imponen un modelo autoritario a sus sociedades, que puede ser más democrático en algunos aspectos que la democracia liberal, y que apunta al socialismo, pero eso no los exime de maldades, debidas a sí mismos y a la opresión de las potencias imperiales fideístas. Son gobiernos materialistas corregibles a los que se debe criticar de buen modo.
Los preceptos capitalistas operan en el seno de órdenes fideístas, como parte de ellos, porque el capitalismo surgió como pietista, y también en los órdenes socialistas capitalistas, que no son fideístas pero que tampoco tienen razón suficiente, aunque están más cerca de ella: son de un desarrollismo idealista, porque priorizan las metas del desarrollo por sobre los aspectos de la realidad social que lo conflictúan, desarrollismo cuyo objetivismo es incompleto, y tienen errores debidos a sí mismos, por un lado, y por otro a provenir y ser violentados por el pietismo capitalista.
Los socialismos capitalistas son aquellos que, basados en el materialismo histórico, aplican una política de acumulación de capital centrada en el estado, o en regímenes mixtos, estatales y privados, como es el caso chino al que se pliega el cubano con la reforma reciente. En realidad son sistemas estatistas de partidos únicos con ideología socialista que imponen un modelo autoritario a sus sociedades, que puede ser más democrático en algunos aspectos que la democracia liberal, y que apunta al socialismo, pero eso no los exime de maldades, debidas a sí mismos y a la opresión de las potencias imperiales fideístas. Son gobiernos materialistas corregibles a los que se debe criticar de buen modo.
Para la rectificación
La cuestión pietista está sobrestimada en esta reflexión bloguera, porque está subapreciada en el análisis científico general. Habrá que darle su lugar exacto.
viernes, 29 de abril de 2016
Qué centrismo; apropiación de las piezas y de la materia
¿Qué centrismo debiera tener la izquierda? La izquierda, ¿tendría que ser centrista?, pero, ¿qué es ser centrista? Entiendo que lo que diferencia a la izquierda de la derecha es el teísmo, pero no absoluta sino históricamente, se dan entremezcladas en una práctica en que la relación respecto al teísmo es central. Entonces el centrismo tiende a ser de un democratismo ateo o agnóstico, y con aceptación de la cristiandad popular, el pietismo progresista, o el menos conservador, porque es más proletario, lo que es Nuevo Encuentro en Argentina, que es liberalizado porque el predominio social es liberal: la práctica social pietística pautada por las constituciones liberales es liberal en general, y en lo económico de intercambio mercantil liberalizado, más mercadointernista en el populismo y la socialdemocracia y más trasnacionalista en el liberalismo privado, porque el capital trasnacional es privatista. El centrismo es un capitalismo estatalista de desarrollismo proteccionista y píamente moderado, o agnosticista minoritariamente, el liberalismo heterodoxo, pero el dominio humano terráqueo es del pietocapitalismo trasnacional, que es la ortodoxia liberal, por lo que los gobiernos centristas ejercen una política proteccionista que acepta al trasnacionalismo a la vez que lo compone conflictiva y provisoriamente con la defensa de los mercados internos. Entonces la izquierda no puede tener ese centrismo, porque sobreatarea: no puede lograr un orden práctico bueno con sobreproducción, y ni siquiera con producción nivelada mala: no es sólo un problema del nivel de la producción, sino de su forma. Es la forma de la producción humana la que está mal, y la dicencia es la que permite la producción, el decir: la producción se hace a dichos, que responden a los pensamientos fallidos, y por eso la producción es algo mala, a la vez que es algo buena también. No puede ser buena del todo píamente, porque la concentración de la atención pía se sumerge en indagaciones mentales sobre los dioses y sus relaciones con las prácticas de los creyentes: los pietistas se guían a sí mismos en base a relatos tomados por sagrados e intentan hacer comportarse a los demás en relación a ellos, aunque no siempre lo logran, ni para ellos ni para sí, ya que sus preceptos no siempre son cumplibles y porque también tienen una conceptualización razonable, aunque contrariada por las creencias.
Entonces, ¿qué respuesta a eso se tendría que hacer desde la izquierda, en tanto que el centrismo popular es mistificante, es de un cientificismo pietista? Lo que sí sé es que el socialismo tiene que tener una relación crítica con las concepciones humanas en pugna, y el cientificismo requiere que sea verdadera: no puede ser creyente. Ahí, el que tiene que corregirse, dejando de ser creyente, es el cientificismo populista, es su deber histórico, porque es confuso en su definición en relación al pietismo, aceptando al ateísmo pero sin darle la razón socialmente respecto de la cuestión de la existencia por sí mismos de los dioses creídos por ellos, lo que tiene consecuencias en el conjunto de la relación entre la concepción y el resto de la práctica, ya que a ella se la basa en concepciones insuficientes, porque mezclan certezas con pareceres, por lo que se manda a practicar y se practica de mala manera. Para Argentina, sucede que el peronismo es cristiano en general, pero evade el debate, es como que mantiene la duda sin criticarla, o se elude en que Cristo fue un revolucionario por pelear por los pobres contra el imperio romano, sin señalar que creyó haber sido un enviado del supuesto creador del universo, en cuya existencia los peronistas, generalmente, tienen fe, una que les basta para tomarla por verdad, y sin reconocer la relación entre la creencia y la práctica humana mala. Desde el cientificismo se puede criticar tanto al pietismo como a las prácticas extrarreligiosas basadas en pareceres, porque es un deber humano que la práctica sea satisfactoria, por lo que cabe exigir el conocimiento debido para decidir qué hacer, ya que la ignorancia causa mala práctica también.
En cambio, en el privatismo la idea de Cristo es la de un sacrificio total, de un despojo de sí para redimir a los humanos de sus faltas, aparentes o ciertas, es más martirizante todavía, y vana también: pierden la cabeza por la comprensión de la historia en términos pieros, lo que les pervierte el entendimiento y les hace decaer, causar una decadencia humana por mala práctica social, en la que el pietismo impulsa al propietarismo porque ordena a la práctica social para la producción de propiedades. Las piezas, hechas de materia extraída, son transformadas por seres humanos de regímenes fideístas, que al hacerlo las apropian, las hacen partes de órdenes mercantiles, que son pieros porque creen en los dioses y porque no depusieron la remisión a Mercurio en el nombre dado a la unidad de transacción monetaria. Al mercantilizarse, se le pone a los productos fabricados un valor que no tienen en sí, se los valoriza abstractamente y se los recoloca en el aspecto comercial de los órdenes pietistas, en cuyo proceso se les llama mercancías y propiedades. Por eso Marx llamó al capitalismo la religión de la mercancía, que en realidad no es una religión, sino una relación social. La economía propietaria es pietista porque las comunidades humanas que la realizan también lo son, aunque desde la revolución rusa ellas conviven con el capitalismo materialista, que es de un propietarismo ateo.
La cuestión del centrismo es porque la mayor parte de la sociedad argentina es cristiana, sea de cultos católicos, evangélicos, laicos o los que fuere, y más aún porque en general es un problema planetario: en los otros países el cientificismo materialista también discute con las clases pietistas, sean de los credos que fueren, porque el socialismo científico es internacional, y también la izquierda tendría que explicitar qué relación tener hasta con la ultraderecha, ya que son seres humanos, son nuestros congéneres aunque no nos gusten, pero los científicos se evaden mucho de discutir a los dioses; eso, que es básico, tendría que estar recontra debatido por la humanidad entera, y no lo está en el 80 por ciento, por decirlo aproximado, en tanto que la gran mayoría de la humanidad cree en la existencia por sí mismos de los dioses, y los gobiernos de las naciones también lo hacen. ¿Cuántos gobiernos nacionales ateos hay? Los comunistas y los socialistas, que en el caso de China, Vietnam y Cuba hacen una acumulación capitalista atea, y en el otro, gobiernos socialistas, o demócratas ateos, bajo constituciones pietistas y liberales, con ley liberal, aunque esté bienestaristada, porque el estado de bienestar también es una alternativa pietocapitalista liberal, aunque sea mercadointernista y proteccionista, a semejanza del desarrollismo ateo, que no es pietista pero sí acumula capital. La acumulación de capital es una ambición desmedida, tenga o no origen religioso, que se desentiende del modo en que la tenencia de los medios productivos económicos determina a la distribución de las propiedades, por lo que al problema le buscan una solución estatal, que es insuficiente porque la distribución justa requiere de la producción socializada, porque en ella toda la sociedad participaría de la decisión sobre la distribución, por lo que a ella la realizaría mucha más gente, lo que aliviaría la tarea y la haría posible de ser satisfactoria, aunque no bastara para eso, porque además la producción tendría que ser bien razonada por el conjunto de la humanidad. Ahora, ¿cómo es que una clase llega a querer acumular capital? ¿Qué formación tienen que haber tenido para querer hacer eso? Es una clase educativa, escolar y universitaria: la formación capitalista se inicia familiar y eclesiásticamente y continúa en las escuelas y universidades liberales, que son las privadas, usualmente católicas en este país, y que son equivalentes a las protestantes, a las cristianas ortodoxas, a las judías y a las islámicas, y no sé de China y la India, ni de las religiones africanas, y son un montón, con historias larguísimas cada una, llenas de libros y folletos, en idiomas distintos, y con tradiciones orales. La acumulación de riqueza ya venía de antes, desde el establecimiento en civilizaciones hubo la acumulación de riqueza, de riqueza propietaria, tasada en valor abstracto, en moneda, pero no acumulación dineraria bancaria, que se inició en el renacimiento, ni mercado bursátil mundial, que es propiamente capitalista, igual que el sistema de acciones empresariales: se tasa a la propiedad en valor numerario y monetario, y se especula con los papeles de esa tasación, es una especulación abstracta en línea con la abstracción pura religiosa que se adosa en la práctica humana y la conduce capitalístamente, causando la explotación humana por mala comprensión de la historia, porque la falsedad les hace mala la práctica, y ellos son parte de esa explotación, ya que la padecen a la vez que la recrean. La humanidad es una especie animal que guía su práctica algo irracionalmente por creer, por ignorar y por aparentar, porque la creencia, la ignorancia y la apariencia obstruyen la reflexión de la vida para sí y la reemplazan por un pensamiento sobre el deber ser humano de un moralismo sacerdotal o frívolo, y autoritario en el caso de los regímenes comunistas, que a partir de la reforma protestante adoptó el modo capitalista liberal, que es el de las constituciones nacionales de Occidente, en Europa y en América Latina, y también en sus versiones imperialísticas de Oceanía y Asia: el imperialismo capitalista gestado en Gran Bretaña y en Francia primero, después en Alemania e Italia, y en los Estados Unidos, se expandió por todo el mundo. Todas las naciones humanas de este planeta son capitalistas, y mercantilizantes, el grueso de la actividad humana se dedica a la producción mercantil y está regida por leyes liberales. A semejante desastre, cruzado por las guerras, la violencia urbana y otros tantos males, la izquierda no lo puede ordenar: la ciencia social materialista es incapaz de poner orden en el mundo lo suficiente, porque la mayoría de los humanos son bastante irracionales, no tienen lo debido el precepto de investigar lo necesario para actuar, como la izquierda no lo tuvo tampoco en ocasiones, pero menos, sino que se conducen por supuestos, entre los que están los laicos empresariales, que son creyentes extraeclesiásticos de escolaridad científica atea y agnóstica, pero sobre todo pía, del iluminismo fideísta, dado que las escuelas estatales responden a la concepción constitucional, que también lo es: es de una piedad tolerante con el agnosticismo y el ateismo, pero pía.
El proteccionismo se inició como un modo del iluminismo teísta de resolver la crisis capitalista de 1929 en los términos de la piedad capitalista liberal, pero de manera mercadointernista, dada más al capital estatal y popular, que tiene ese paternalismo acogedor, como el dibujo de Perón abrazando a Eva, populista en el hecho de ser del pietismo popular, que eclesialmente son las iglesias de los sacerdotes de los barrios pobres, que son centros de formación confesional, pero el capital alto es trasnacional, mercadoexternista, hace fluir sus valores internacionalmente, en las finanzas y en las inversiones extranjeras directas, que son las que establecen la mayor explotación capitalista trasnacional de la materia. Ambos teísmos difieren respecto de la acumulación de capital, en tanto que el teísmo más proletario acumula poco, de subsistencia, o algo más, y hasta mucho, mientras que el teísmo más propietario acumula más aún y hasta lo exorbitante, sin darse cuenta de que hacen mal, además con ligazones entre las concepciones religiosas y las identidades nacionales, con el patriotismo: el nacionalismo es incorrecto porque no tiene en cuenta a las otras naciones lo suficiente, ya que es más importante para la convivencia humana su comprensión mutua, que no puede ser en términos nacionalistas. El internacionalismo es necesario para cualquier cientificismo político y económico, porque la correlación internacional humana es hecha por las naciones humanas en su conjunto, y un proteccionismo internacionalista tendría los problemas del desarrollismo, el capitalismo y el pietismo. El problema para la democracia cristiana seguirá siendo el de la cuestión teísta, igual que para el cristianismo socialista, como lo es el del MAS, el PSUV y el PT, y los ateísmos capitalistas tendrán la cuestión de la explotación y la de la superproducción: hasta que la humanidad no se ordene bien va a vivir con males previsibles, en crisis, lo que es displacentero y causa suficiente para cuestionar a las prácticas nocivas, acentuadas en el privatismo porque es más proclive al extremismo religioso, a ordenar la práctica dislatada y sacrificialmente, de lo que transcurre dejando un tendal de explotados y expulsados, al que no se podrá superar en términos fideístas ni mediante ateísmos idealistas, aunque sean de un idealismo objetivista en vez que absolutista, porque les falta razón, no admiten a las verdades de los perjudicados por su modelo, uno de cuyos aspectos principales es el crecimiento del producto bruto. Es que el producto bruto tiene que ser consensuado socialmente, aunque sea menor: esa disminución generaría una riqueza hecha con menos producción y menos esfuerzo. De hecho, la superación de la pobreza la requiere. No se superará a la pobreza con crecimiento económico porque la pobreza no es sólo una cuestión de la tenencia de la renta individual necesaria, sino de la satisfacción de las necesidades básicas y el goce de la vida en común, que es obturado por la producción mal ordenada, que privatizó no sólo a los medios de fabricación sino también al gobierno, a la comunicación y demás actividades representativas: el representativismo aparta, priva, en sitios cerrados, a los representantes, por lo que a sus prácticas les falta control social. La reducción de la producción es necesaria para que las clases sociales tengan tiempo y fuerza para involucrarse más políticamente, y con poder decisorio, lo que hasta ahora es un derecho básico insatisfecho.
El populismo tiene el problema de que la ética sacrificial es contraria a la justicia social porque el goce es prohibido por el sacrificio. Para lograr su aspiración de justicia social son necesarias la redistribución y los derechos humanos y sociales, pero ellos no bastan: ella precisa de la veración humana, la socialización de la propiedad, el consensualismo y el ecologismo.
La apropiación económica de las piezas es una segunda apropiación, entendida ésta como una piación, en sentido religioso, ya que las comunidades pietistas, en base a su existencia material dada por su carácter animal en el mundo, de aprehensión cognoscitiva comprobatoria, primero hicieron un relato pío del universo, lo que es la primer apropiación de la materia, y luego, al transformársela mediante el trabajo, y mercantilizársela, se la reapropia, se le vuelve a otorgar un sentido fideista, el fetichismo de la mercancía, que es su pietismo, de animales fideístas. “Fetichismo” es sinónimo de “pietismo”, por el fideísmo: son palabras parecidas asociadas histórica y tal vez etimológicamente. Habría que indagar si el término “pieza” no es en sí fideista, por ser similar al de “piedad”, igual que lo es el de “pedazo” y del mismo modo que “parte”, que es la acepción que se le otorga al “piedad” de “propiedad”, se emparenta con “privado”, ya que ambos quieren decir “apartado”, y ya que una de las fabricaciones humanas más importantes fue la destinada a los templos religiosos y sus construcciones conexas, que se apartan del espacio público mediante paredes, como las viviendas pero de ingreso más restrictivo todavía. De allí se explica que el privatismo sea más propenso al pietismo que el populismo, que sea más proclive al dogmatismo, aunque el populismo también es pío, por lo que también tiene problemas para conducirse porque no tiene bien resuelta su relación con el absolutismo, entre otras causas, por lo que desdeña a las intenciones placenteras en pos de la obediencia a los cánones sacrificatorios, por lo que se soslaya a las prácticas fáciles incluso cuando cabría aceptarlas. El pietismo, en tanto que es histórico, es puesto en suspenso cada vez que la práctica humana se proletariza, en el sentido de que se hace conforme a las circunstancias que no son religiosas, las comunes, lo que es mayoritario, pero eso no basta para ser satisfactorio, porque así se practica mal a veces, y a partir de pautas dominantes.
Al término “apropiación” y a sus relativos, como el de “propiedad”, hay que reconocerle su doble acepción, una referida a las piezas, en tanto que materia transformada por el trabajo humano, y otra referida al pietismo, ya que esa palabra es la manera de nombrar a la acción de pietizar a una cosa y ya que en general los trabajos fueron hechos por humanos pietistas, que colaboraron con sus tareas a los órdenes sociales a los que pertenecían y que le dieron sentido pensado a sus prácticas.
Las constituciones brasilera, venezolana y boliviana, lo mismo que la declaración de la independencia estadounidense, son cristianas, católicas las primeras tres y protestante la última. El avance logrado por la boliviana en ese aspecto fue el de incorporar a la Pachamama, como un reconocimiento pluricultural, pero tampoco asumió a la crítica atea. La constitución paraguaya también es católica.
En conclusión, queda por definir qué centrismo tendría que tener la izquierda, pero tendría que ser uno que, a partir de las características de las concepciones de los actores sociales píos, sean más proletarios o propietarios, establezca los planteos materialistas y socialistas a la vez que se relacione críticamente con ellos a favor de las políticas democratizantes y contra las privatizadoras, además de aceptar provisoriamente al pietismo capitalista y a sus reformas progresivas mientras que se configura una fuerza social capaz de superarlo, porque la progresividad permite la conformación de ese sujeto histórico. En resumen, es cuestión de traccionar desde el materialismo a la sociedad pietista y capitalista, de la que es parte el proletariado cuando es creyente y procapitalista, hacia posiciones cientificistas y socialistas, democráticamente y con una perspectiva de largo plazo, porque las naciones son mayoritariamente pietistas y procapitalistas, cuyas críticas no pasan del reformismo democrático en gran medida, por lo que no se podría avanzar más pronto porque al progreso proletario lo hacen las masas: de allí que la conducción conciente de las masas tenga que responder a sus características históricas. Más que liderarlas tendría que concientizarlas para que se guíen de conjunto. La izquierda pretende guiar la práctica humana, y esa pretensión es legítima porque la humanidad creyente es injusta, pero para eso tiene que comprender a los actores sociales y a sus problemas, y admitir las otras razones que le faltan.
Entonces, ¿qué respuesta a eso se tendría que hacer desde la izquierda, en tanto que el centrismo popular es mistificante, es de un cientificismo pietista? Lo que sí sé es que el socialismo tiene que tener una relación crítica con las concepciones humanas en pugna, y el cientificismo requiere que sea verdadera: no puede ser creyente. Ahí, el que tiene que corregirse, dejando de ser creyente, es el cientificismo populista, es su deber histórico, porque es confuso en su definición en relación al pietismo, aceptando al ateísmo pero sin darle la razón socialmente respecto de la cuestión de la existencia por sí mismos de los dioses creídos por ellos, lo que tiene consecuencias en el conjunto de la relación entre la concepción y el resto de la práctica, ya que a ella se la basa en concepciones insuficientes, porque mezclan certezas con pareceres, por lo que se manda a practicar y se practica de mala manera. Para Argentina, sucede que el peronismo es cristiano en general, pero evade el debate, es como que mantiene la duda sin criticarla, o se elude en que Cristo fue un revolucionario por pelear por los pobres contra el imperio romano, sin señalar que creyó haber sido un enviado del supuesto creador del universo, en cuya existencia los peronistas, generalmente, tienen fe, una que les basta para tomarla por verdad, y sin reconocer la relación entre la creencia y la práctica humana mala. Desde el cientificismo se puede criticar tanto al pietismo como a las prácticas extrarreligiosas basadas en pareceres, porque es un deber humano que la práctica sea satisfactoria, por lo que cabe exigir el conocimiento debido para decidir qué hacer, ya que la ignorancia causa mala práctica también.
En cambio, en el privatismo la idea de Cristo es la de un sacrificio total, de un despojo de sí para redimir a los humanos de sus faltas, aparentes o ciertas, es más martirizante todavía, y vana también: pierden la cabeza por la comprensión de la historia en términos pieros, lo que les pervierte el entendimiento y les hace decaer, causar una decadencia humana por mala práctica social, en la que el pietismo impulsa al propietarismo porque ordena a la práctica social para la producción de propiedades. Las piezas, hechas de materia extraída, son transformadas por seres humanos de regímenes fideístas, que al hacerlo las apropian, las hacen partes de órdenes mercantiles, que son pieros porque creen en los dioses y porque no depusieron la remisión a Mercurio en el nombre dado a la unidad de transacción monetaria. Al mercantilizarse, se le pone a los productos fabricados un valor que no tienen en sí, se los valoriza abstractamente y se los recoloca en el aspecto comercial de los órdenes pietistas, en cuyo proceso se les llama mercancías y propiedades. Por eso Marx llamó al capitalismo la religión de la mercancía, que en realidad no es una religión, sino una relación social. La economía propietaria es pietista porque las comunidades humanas que la realizan también lo son, aunque desde la revolución rusa ellas conviven con el capitalismo materialista, que es de un propietarismo ateo.
La cuestión del centrismo es porque la mayor parte de la sociedad argentina es cristiana, sea de cultos católicos, evangélicos, laicos o los que fuere, y más aún porque en general es un problema planetario: en los otros países el cientificismo materialista también discute con las clases pietistas, sean de los credos que fueren, porque el socialismo científico es internacional, y también la izquierda tendría que explicitar qué relación tener hasta con la ultraderecha, ya que son seres humanos, son nuestros congéneres aunque no nos gusten, pero los científicos se evaden mucho de discutir a los dioses; eso, que es básico, tendría que estar recontra debatido por la humanidad entera, y no lo está en el 80 por ciento, por decirlo aproximado, en tanto que la gran mayoría de la humanidad cree en la existencia por sí mismos de los dioses, y los gobiernos de las naciones también lo hacen. ¿Cuántos gobiernos nacionales ateos hay? Los comunistas y los socialistas, que en el caso de China, Vietnam y Cuba hacen una acumulación capitalista atea, y en el otro, gobiernos socialistas, o demócratas ateos, bajo constituciones pietistas y liberales, con ley liberal, aunque esté bienestaristada, porque el estado de bienestar también es una alternativa pietocapitalista liberal, aunque sea mercadointernista y proteccionista, a semejanza del desarrollismo ateo, que no es pietista pero sí acumula capital. La acumulación de capital es una ambición desmedida, tenga o no origen religioso, que se desentiende del modo en que la tenencia de los medios productivos económicos determina a la distribución de las propiedades, por lo que al problema le buscan una solución estatal, que es insuficiente porque la distribución justa requiere de la producción socializada, porque en ella toda la sociedad participaría de la decisión sobre la distribución, por lo que a ella la realizaría mucha más gente, lo que aliviaría la tarea y la haría posible de ser satisfactoria, aunque no bastara para eso, porque además la producción tendría que ser bien razonada por el conjunto de la humanidad. Ahora, ¿cómo es que una clase llega a querer acumular capital? ¿Qué formación tienen que haber tenido para querer hacer eso? Es una clase educativa, escolar y universitaria: la formación capitalista se inicia familiar y eclesiásticamente y continúa en las escuelas y universidades liberales, que son las privadas, usualmente católicas en este país, y que son equivalentes a las protestantes, a las cristianas ortodoxas, a las judías y a las islámicas, y no sé de China y la India, ni de las religiones africanas, y son un montón, con historias larguísimas cada una, llenas de libros y folletos, en idiomas distintos, y con tradiciones orales. La acumulación de riqueza ya venía de antes, desde el establecimiento en civilizaciones hubo la acumulación de riqueza, de riqueza propietaria, tasada en valor abstracto, en moneda, pero no acumulación dineraria bancaria, que se inició en el renacimiento, ni mercado bursátil mundial, que es propiamente capitalista, igual que el sistema de acciones empresariales: se tasa a la propiedad en valor numerario y monetario, y se especula con los papeles de esa tasación, es una especulación abstracta en línea con la abstracción pura religiosa que se adosa en la práctica humana y la conduce capitalístamente, causando la explotación humana por mala comprensión de la historia, porque la falsedad les hace mala la práctica, y ellos son parte de esa explotación, ya que la padecen a la vez que la recrean. La humanidad es una especie animal que guía su práctica algo irracionalmente por creer, por ignorar y por aparentar, porque la creencia, la ignorancia y la apariencia obstruyen la reflexión de la vida para sí y la reemplazan por un pensamiento sobre el deber ser humano de un moralismo sacerdotal o frívolo, y autoritario en el caso de los regímenes comunistas, que a partir de la reforma protestante adoptó el modo capitalista liberal, que es el de las constituciones nacionales de Occidente, en Europa y en América Latina, y también en sus versiones imperialísticas de Oceanía y Asia: el imperialismo capitalista gestado en Gran Bretaña y en Francia primero, después en Alemania e Italia, y en los Estados Unidos, se expandió por todo el mundo. Todas las naciones humanas de este planeta son capitalistas, y mercantilizantes, el grueso de la actividad humana se dedica a la producción mercantil y está regida por leyes liberales. A semejante desastre, cruzado por las guerras, la violencia urbana y otros tantos males, la izquierda no lo puede ordenar: la ciencia social materialista es incapaz de poner orden en el mundo lo suficiente, porque la mayoría de los humanos son bastante irracionales, no tienen lo debido el precepto de investigar lo necesario para actuar, como la izquierda no lo tuvo tampoco en ocasiones, pero menos, sino que se conducen por supuestos, entre los que están los laicos empresariales, que son creyentes extraeclesiásticos de escolaridad científica atea y agnóstica, pero sobre todo pía, del iluminismo fideísta, dado que las escuelas estatales responden a la concepción constitucional, que también lo es: es de una piedad tolerante con el agnosticismo y el ateismo, pero pía.
El proteccionismo se inició como un modo del iluminismo teísta de resolver la crisis capitalista de 1929 en los términos de la piedad capitalista liberal, pero de manera mercadointernista, dada más al capital estatal y popular, que tiene ese paternalismo acogedor, como el dibujo de Perón abrazando a Eva, populista en el hecho de ser del pietismo popular, que eclesialmente son las iglesias de los sacerdotes de los barrios pobres, que son centros de formación confesional, pero el capital alto es trasnacional, mercadoexternista, hace fluir sus valores internacionalmente, en las finanzas y en las inversiones extranjeras directas, que son las que establecen la mayor explotación capitalista trasnacional de la materia. Ambos teísmos difieren respecto de la acumulación de capital, en tanto que el teísmo más proletario acumula poco, de subsistencia, o algo más, y hasta mucho, mientras que el teísmo más propietario acumula más aún y hasta lo exorbitante, sin darse cuenta de que hacen mal, además con ligazones entre las concepciones religiosas y las identidades nacionales, con el patriotismo: el nacionalismo es incorrecto porque no tiene en cuenta a las otras naciones lo suficiente, ya que es más importante para la convivencia humana su comprensión mutua, que no puede ser en términos nacionalistas. El internacionalismo es necesario para cualquier cientificismo político y económico, porque la correlación internacional humana es hecha por las naciones humanas en su conjunto, y un proteccionismo internacionalista tendría los problemas del desarrollismo, el capitalismo y el pietismo. El problema para la democracia cristiana seguirá siendo el de la cuestión teísta, igual que para el cristianismo socialista, como lo es el del MAS, el PSUV y el PT, y los ateísmos capitalistas tendrán la cuestión de la explotación y la de la superproducción: hasta que la humanidad no se ordene bien va a vivir con males previsibles, en crisis, lo que es displacentero y causa suficiente para cuestionar a las prácticas nocivas, acentuadas en el privatismo porque es más proclive al extremismo religioso, a ordenar la práctica dislatada y sacrificialmente, de lo que transcurre dejando un tendal de explotados y expulsados, al que no se podrá superar en términos fideístas ni mediante ateísmos idealistas, aunque sean de un idealismo objetivista en vez que absolutista, porque les falta razón, no admiten a las verdades de los perjudicados por su modelo, uno de cuyos aspectos principales es el crecimiento del producto bruto. Es que el producto bruto tiene que ser consensuado socialmente, aunque sea menor: esa disminución generaría una riqueza hecha con menos producción y menos esfuerzo. De hecho, la superación de la pobreza la requiere. No se superará a la pobreza con crecimiento económico porque la pobreza no es sólo una cuestión de la tenencia de la renta individual necesaria, sino de la satisfacción de las necesidades básicas y el goce de la vida en común, que es obturado por la producción mal ordenada, que privatizó no sólo a los medios de fabricación sino también al gobierno, a la comunicación y demás actividades representativas: el representativismo aparta, priva, en sitios cerrados, a los representantes, por lo que a sus prácticas les falta control social. La reducción de la producción es necesaria para que las clases sociales tengan tiempo y fuerza para involucrarse más políticamente, y con poder decisorio, lo que hasta ahora es un derecho básico insatisfecho.
El populismo tiene el problema de que la ética sacrificial es contraria a la justicia social porque el goce es prohibido por el sacrificio. Para lograr su aspiración de justicia social son necesarias la redistribución y los derechos humanos y sociales, pero ellos no bastan: ella precisa de la veración humana, la socialización de la propiedad, el consensualismo y el ecologismo.
La apropiación económica de las piezas es una segunda apropiación, entendida ésta como una piación, en sentido religioso, ya que las comunidades pietistas, en base a su existencia material dada por su carácter animal en el mundo, de aprehensión cognoscitiva comprobatoria, primero hicieron un relato pío del universo, lo que es la primer apropiación de la materia, y luego, al transformársela mediante el trabajo, y mercantilizársela, se la reapropia, se le vuelve a otorgar un sentido fideista, el fetichismo de la mercancía, que es su pietismo, de animales fideístas. “Fetichismo” es sinónimo de “pietismo”, por el fideísmo: son palabras parecidas asociadas histórica y tal vez etimológicamente. Habría que indagar si el término “pieza” no es en sí fideista, por ser similar al de “piedad”, igual que lo es el de “pedazo” y del mismo modo que “parte”, que es la acepción que se le otorga al “piedad” de “propiedad”, se emparenta con “privado”, ya que ambos quieren decir “apartado”, y ya que una de las fabricaciones humanas más importantes fue la destinada a los templos religiosos y sus construcciones conexas, que se apartan del espacio público mediante paredes, como las viviendas pero de ingreso más restrictivo todavía. De allí se explica que el privatismo sea más propenso al pietismo que el populismo, que sea más proclive al dogmatismo, aunque el populismo también es pío, por lo que también tiene problemas para conducirse porque no tiene bien resuelta su relación con el absolutismo, entre otras causas, por lo que desdeña a las intenciones placenteras en pos de la obediencia a los cánones sacrificatorios, por lo que se soslaya a las prácticas fáciles incluso cuando cabría aceptarlas. El pietismo, en tanto que es histórico, es puesto en suspenso cada vez que la práctica humana se proletariza, en el sentido de que se hace conforme a las circunstancias que no son religiosas, las comunes, lo que es mayoritario, pero eso no basta para ser satisfactorio, porque así se practica mal a veces, y a partir de pautas dominantes.
Al término “apropiación” y a sus relativos, como el de “propiedad”, hay que reconocerle su doble acepción, una referida a las piezas, en tanto que materia transformada por el trabajo humano, y otra referida al pietismo, ya que esa palabra es la manera de nombrar a la acción de pietizar a una cosa y ya que en general los trabajos fueron hechos por humanos pietistas, que colaboraron con sus tareas a los órdenes sociales a los que pertenecían y que le dieron sentido pensado a sus prácticas.
Las constituciones brasilera, venezolana y boliviana, lo mismo que la declaración de la independencia estadounidense, son cristianas, católicas las primeras tres y protestante la última. El avance logrado por la boliviana en ese aspecto fue el de incorporar a la Pachamama, como un reconocimiento pluricultural, pero tampoco asumió a la crítica atea. La constitución paraguaya también es católica.
En conclusión, queda por definir qué centrismo tendría que tener la izquierda, pero tendría que ser uno que, a partir de las características de las concepciones de los actores sociales píos, sean más proletarios o propietarios, establezca los planteos materialistas y socialistas a la vez que se relacione críticamente con ellos a favor de las políticas democratizantes y contra las privatizadoras, además de aceptar provisoriamente al pietismo capitalista y a sus reformas progresivas mientras que se configura una fuerza social capaz de superarlo, porque la progresividad permite la conformación de ese sujeto histórico. En resumen, es cuestión de traccionar desde el materialismo a la sociedad pietista y capitalista, de la que es parte el proletariado cuando es creyente y procapitalista, hacia posiciones cientificistas y socialistas, democráticamente y con una perspectiva de largo plazo, porque las naciones son mayoritariamente pietistas y procapitalistas, cuyas críticas no pasan del reformismo democrático en gran medida, por lo que no se podría avanzar más pronto porque al progreso proletario lo hacen las masas: de allí que la conducción conciente de las masas tenga que responder a sus características históricas. Más que liderarlas tendría que concientizarlas para que se guíen de conjunto. La izquierda pretende guiar la práctica humana, y esa pretensión es legítima porque la humanidad creyente es injusta, pero para eso tiene que comprender a los actores sociales y a sus problemas, y admitir las otras razones que le faltan.
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