domingo, 31 de julio de 2016

Otra crítica al poscolonialismo, y a la izquierda en general

Cuando Frantz Fanon dijo en Los condenados de la tierra que el colonizado quería ocupar el lugar del colonizador y acostarse con su mujer dijo una verdad: es algo que sucedió; pero lo que ignoró entonces es que la vida de los colonizadores era grata en falso, cosa que redunda en la idealización de los placeres de la clase dominante que hacen a veces los revolucionarios, que desorienta a la lucha. Reprimidamente, también habrá habido el deseo, por parte de los colonizadores, y de las colonizadoras, de acostarse con sus subordinados y subordinadas, pero no pudieron expresarlo abiertamente por la censura de la moral falsa.

¿Marx fue un pequeño comerciante?

Tal vez recuerde mal, pero me parece que Marx, en una época de su vida, vivió de escribir notas para los diarios estadounidenses, pero sin ser empleado regular en ellos, por lo que les debe haber vendido sus notas de a una, lo que no es de un modelo de contratación salarial sino comercial. Tendría que averiguarlo. Habría sido un artesano vendedor de su producto periodístico.

jueves, 28 de julio de 2016

Progreso terrorífico. Un impacto social y personal del desarrollo malo

Debía ser el año 2004, o por ahí. Después de que Hugo Samek se fuera a vivir a Italia por la crisis del efecto tequila, que se inició en 1995 y persistió hasta 2002, cuando cayó el plan de convertibilidad de pesos a dólares, me uní al grupo de percusión Totambo, al que me invitó Marcelo Perera, que había sido compañero mio de la militancia universitaria y trabajaba conmigo en el OSAL. En ese grupo había algunos ex compañeros suyos de la secundaria, en el colegio nacional de Vicente López, y otros pibes que se nucleaban en torno al conjunto de reagge fusionado llamado los Aminowana, por el chiste ese de que a uno lo agarraron los caníbales y les dijo en espanglish que no quería que se lo comieran. Entonces ya me había separado de Marisa Scardino y peleado con Daniel Alvaro, y en 2002, o 2003, empecé a juntarme con los Totambo en el Paseo de la Costa de Vicente López, los miércoles a la tarde, después de trabajar, por lo que los miércoles salía del CLACSO, cuando estaba en Callao y Paraguay, y me iba a lo de mi madre, en Paraná y Santa Fe, a cinco o seis cuadras del consejo, adonde buscaba el tambor para ir a la estación ferroviaria de Retiro a tomar el tren para la costa de Vicente López. Glenn Postolski, el decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, podría atestiguar que me vio pasar caminando por la puerta de la sede de la radio universitaria, que está a mitad de camino entre la que era mi casa y la estación. Otras veces me llevaba el tambor al CLACSO y de ahí íbamos en subte con Marcelo Perera hasta la estación Ministro Carranza, y de ahí a Vicente López, pero eso ya fue después del incidente en cuestión.

Luego de habernos juntado durante un tiempo, un año y pico, algo así, los miércoles y algunos sábados, a tocar percusión en el Paseo de la Costa, surgió la idea de ir a dar un recital un viernes por la noche en un bar del centro porteño llamado Tabaco, para lo cual decidimos hacer un ensayo previo ese mismo viernes. Nos juntamos donde siempre desde hacía tiempo, al norte del paseo, porque al principio lo hicimos pocas veces en el lado sur. El norteño es el de la entrada de la calle Arenales, donde había unos dos o tres bancos de cemento medio rotos que capaz que todavía siguen ahí. Fumamos unos porros como era costumbre y nos pusimos a tocar. Cuando empezamos era por la tarde, había luz de día y algunas personas divirtiéndose, porque el predio es un espacio público, como una plaza irregular de un quilómetro de largo y 300 metros de ancho sobre la costa, que tenía varios bares y restaurantes y una pista de bicicross, donde está el club Vilo, una cancha de bochas, un centro cultural municipal al que el gobierno de Jorge Macri, primo de Mauricio, cerró, en que se se juntaban a tocar batucada los sábados a la mañana, y donde se debe seguir juntando la comparsa de candombe llamada Bantú, en la que, por esas desubicaciones que hacen a nuestra historia actual, una vez el jovencito director de la comparsa mandoneó a un viejo negro que tocaba el repique, quien le tuvo paciencia enamorada. Entonces, cuando ya se hubo hecho de noche y ya no había casi gente más que nosotros, mientras nos preparábamos para ir a tocar a Tabaco, nos fueron a apretar dos policías de civil, uno de los cuales debía estar encocado, por lo duro de carácter que estaba, que respondían a la comisaría local que está en la calle Libertador, ahí cerca del parque. Ya para empezar ese que estaba duro llegó a los gritos con la excusa de buscar droga, a la que algunos de nosotros tenían escondida: tenían marihuana. No me acuerdo bien quienes estábamos, pero estaba Marcelo Perera y debían estar el Tota, que era el director del ensamble, Franco, Juliancito, Rafatella, Canico, Choty y capaz que algunos más. El policía duro nos entró a gritar y sacó un revolver, nos mostró el revolver mientras nos gritaba que sabía que teníamos droga y que la iba a encontrar, y así nos tuvo un rato corto, pero larguísimo para nosotros, por el pánico del terror que conocíamos de la dictadura militar de 1976 y porque estábamos fumados. Entonces, se fue a buscar una linterna a una gaveta municipal como a 200 metros del lugar donde nos reprimieron, lapso durante el cual el otro policía de civil, que estaba en sus cabales, nos tranquilizó. Charlamos un rato con él, le dimos uno o dos porros y cuando volvió el otro de la gaveta se fueron. Quedamos yoqueados, pero fuimos a tocar a Tabaco, adonde nos fueron a ver Mariana Fassi, Tamara Perelmuter y María Chaves, o sea que tocamos para ellas y para el resto del público apenas después de una represión policial ilegal, y no lo hablamos debida y explícitamente, ni entonces ni después. A partir de ese momento dejamos de juntarnos en el Paseo de la Costa y nos recluimos en una sala de ensayo, lo que agudizó nuestra drogadicción y nuestra mala autopercepción.

La represión policial que sufrimos esa noche fue planificada. Años después, durante el acampe El Bosquecito, instalado a 40 metros de donde nos apretó la policía, una mujer me contó que ella iba a trotar al predio y la misma policía le dijo que dejara de ir porque los ladrones le iban a robar. La comisaría asumió el plan de echar a los vecinos del parque para favorecer la privatización de la zona. El parque se inauguró en 2000, y el 24 de diciembre de 2004, en una sesión fraudulenta, el consejo deliberante del distrito, durante el gobierno de Enrique “Japonés” García, de la Unión Cívica Radical, aliado al kirchnerismo, de los llamados “radicales k”, aprobó la reforma del código de ordenamiento urbano que permitió el avance de la privatización. El megaemprendimiento mediante el que se contruyó una autopista relegada y varios superedificios, entre ellos el que tiene a las oficinas nuevas del periódico La Nación, era parte de la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana, la IIIRSA, concebida en el seno del MERCOSUR, mediante la que se aplicó el modelo de acumulación por despojo de la fase capitalista actual, de inversiones capitalistas con activos legales e ilegales en obras grandes de infraestructura, como las represas hidroeléctricas y el puerto de descarga de gas de Escobar. Por eso es que la comisaría local, la quinta de Vicente López, fue corrompida, con un acuerdo cupular, para el desarrollo del proyecto, entre la intendencia, el gobierno de la provincia de Buenos Aires y el gobierno nacional, entonces presidido por Néstor Kirchner, en lo que tuvo participación Julio de Vido, ex ministro de Planificación e Infraestructura. De allí que después, cuando se instalara el acampe, Cristina Fernández nos trató a los manifestantes de “energúmenos” y de “gatos locos”, aparte de que nos metieron infiltrados, nos mandaron presos para atemorizarnos, les prohibieron a las organizaciones de base peronistas que se solidarizaran con nosotros y nos desalojaron varias veces, la última el 16 de marzo de 2011, con la policía provincial, que respondía en ese entonces a Daniel Scioli, quien después perdiera las elecciones presidenciales con Mauricio Macri desde la lista del Frente para la Victoria. Yo llegué hasta a llamar a votar al hombre que nos mandó a desalojar con la policía, después de toda esa operatoria socialmente lesiva y fraudulenta, y no me arrepiento, porque mi postura ante las elecciones es la del voto crítico, con corte de boleta optativo para la izquierda extrakirchnerista, y porque el proyecto macrista es peor aún de lo que era el sciolista, y por eso no tolero que los populistas me vengan con estupideces. Durante tiempo intenté que los Totambo volviéramos a tocar al parque, sin éxito, y años después Juliancito me contó que el policía que nos mostró el chumbo lo conocía, porque él vivía en unos edificios al lado del paseo: capaz que ese policía ejercía funciones regulares en la comisaría, mientras que el otro, el que hacía de bueno, era el metido para el plan privatizador. Por eso es que no quiso ir más ahí. Quedamos aterrorizados, y después los kirchneristas y los macristas siguieron con el proyecto, aunque tuvieron que reformularlo adaptándose al reclamo social. Una de las noches en el acampe vino Nacho “Papucho”, que después se puso una huerta orgánica en el barrio El Ceibo, a invitarme de parte suya a un recital de los Dikumdá, en el bar El Bordó que estaba ahí nomás, donde él tocó con Marcelo Perera y al que fue María Inés Gómez, que trabajaba conmigo en el CLACSO, con su novio, el gordo, que charló con Carlos Suárez en el casamiento de Alejandro Gambina. El proyecto original de privatización de la costa se enmarcaba en un corredor industrial que pretendían hacer las autoridades del MERCOSUR, para el que planeaban construir una megautopista que atravesara la costa porteña desde el puerto de Buenos Aires hasta la localidad de Tigre, para que los camiones distribuidores de los contenedores desembarcados de los barcos transoceánicos llegaran hasta ahí antes de tomar la ruta Panamericana, uno de los ejes del transporte terrestre del MERCOSUR, y lo mismo para exportar desde el puerto. Tuvieron que abortar esa idea, no sólo por la resistencia en Vicente López, de la que participaron varias organizaciones, entre ellas Unidos por el Río, sino por otras más, de los afectados a los que les hubieran expropiado los terrenos, entre ellos el ejército argentino, pero algunos tramos de esa superautopista fueron construidos, como el que llega desde el centro a la costanera norte de la ciudad, donde está el club de pescadores, y la historia prosigue.

Me fui de los Totambo harto de que me putearan por homosexual y por la brutalidad de los rockeros, y para dejar las drogas, en 2007, o por ahí, y en 2008 más o menos entré en el acampe, y de ahí fui a la asamblea vecinal. Llegamos a ir a una audiencia pública donde presentamos un montón de argumentos, junto a la asamblea de Berazategui, para que no hicieran una subestación eléctrica que proveyera a los nuevos edificios del emprendimiento. El acta de esa audiencia debe estar en la página del Ente Nacional Regulador de la Electricidad, pero como la audiencia no es vinculante las autoridades no nos contestaron nada y aprobaron la ejecución de la obra, a la que se interrumpió hasta ahora por otros motivos que no sé cuáles son, porque dejé la asamblea al mudarme en 2013, después de renunciar al CLACSO por el acoso político que recibí ahí, también de parte del kirchnerismo, para poder alquilar mi departamento. Otro lugar en el que tocamos con los Totambo fue en Blues Special, donde antes era El Samovar de Rasputín, noche en la que el resto del grupo ya me odiaba porque yo no quería someterme a sus decisiones arbitrarias. El sábado previo al 24 de marzo de este año invité a Felisa Santos a un festival en Florida este de esos por la memoria y contra el golpe militar de 1976 organizado entre otras por Unidos por el Río, donde le presenté a mi viejo, a su pareja, Liliana Tirante, a mi hermana Helena, a mi novia Alicia y si recuerdo bien a Carlos Gurvich, líder de la asamblea, aparte de que ahí me encontré con Franco y con Miguel, unos mellizos ex compañeros de Totambo.

En la privatización de la costa vicentelopense, que continúa, participó el grupo IRSA, presidido por Eduardo Elsztain, constructor de shoppings, y algunas empresas contratistas del estado, como una de Ángelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri, creo que es ODS S.A., y Jorge Cartellone S.R.L., a la que le dedicamos una conga en una marcha desde la intendencia a la quinta presidencial de Olivos. La Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina, conducida por Gerardo Martínez, presunto partícipe del grupo de tareas del Batallón 601 en la última dictadura militar, proveyó la mano de obra, y también nos mandaron a unos barrabravas de un club de fútbol a que nos pegaran cuando repartimos volantes de repudio a un recital que dieron los Pimpinella para inaugurar el vial costero, mientras que los militantes de La Cámpora nos miraban sin intervenir. Así que el populismo tendrá que hacer una autocrítica justa para consigo mismo. Son esas empresas algunas de las que habrán pagado las coimas de la obra pública por las que ahora se juzga al gobierno anterior, pero la corrupción empresarial con la obra pública estatal viene al menos desde aquella dictadura.


Anexo

Cuando dije que a las organizaciones peronistas de base les prohibieron solidarizarse con nosotros cometí una imprudencia, porque en realidad no sé bien qué pasó con ellas, pero sí sé que desde Unidos por el Río organizamos una mesa multisectorial para tratar el tema de cómo oponernos a la privatización, a cuya primera reunión en la iglesia Tomás Moro de la localidad fueron algunas de ellas, pero después no fueron más, ni tampoco nos dieron una explicación de porqué. Ahí estuvo el concejal por el Partido Socialista Miguel Quintabani, quien fue varias veces a la asamblea.

martes, 26 de julio de 2016

Crítica a la compresión figurativa de la comunicación competente, y más

La semiosis social falseó la compresión de la comunicación cuando postuló que no hay que prestar atención a los humanos que se comunican sino a las figuras de emisor y receptor que subyacen en los discursos. Así, plantearon que ante un discurso hay que buscar qué imagen de cada cual hay construida en él, procedimiento que proviene de la retórica, porque la retórica, al proponer pragmáticamente que el discurso tiene que servir para que su emisor alcance sus objetivos, sin importar la moral en eso, aparejó la creación de autores falsos, o sea, que cuando los retóricos hablaban se hacían pasar por quienes no eran, simularon ser buenos, o escondieron sus malas intenciones, para lo que construyeron imágenes de autor que no se correspondían bien con los autores concretos. Esto se puede ver en las propagandas de los medios de comunicación, en que las empresas se presentan a sí mismas como entidades bien intencionadas que actúan por el bien de la humanidad, sin explicitar el lugar de las ganancias capitalistas en el tema, lo mismo que sucede con el discurso político y sus intereses ocultos, aunque a veces eso no es así y los emisores son menos deshonestos, y hasta sinceros. En esta teoría de la comunicación entre figuras enunciativas, también se promueve la creación de imágenes de destinatarios, de tipos ideales humanos a los que apunta el discurso, construidos a partir de las características de los humanos concretos. Entonces, se da una mentira, porque el esquema comunicativo plantea que hay un emisor, una imagen de él, un mensaje, una imagen del destinatario y un receptor, siendo que luego al primero y al último, que son los humanos concretos, se los ignora, centrándose el análisis en figuras imaginarias, lo que obstaculiza juzgar moralmente al discurso: es una teoría para comunicadores mercenarios, como lo son los publicistas, que tienen que hacer la ética a un lado para favorecer a sus empleadores mediante trampas comunicativas, aunque esto no agota al tema porque hay pujas por la moral en el ámbito publicitario, y propagandas más o menos buenas, aunque eso es insuficiente. En la historia de la retórica hay muchos que perdieron en la competencia porque tuvieron reparos morales, con los cuales no se la puede ganar, e hicieron bien en perder. El problema de la competencia es que hace ganar mal, porque no pueden ganar todos a la vez, cosa que no pasa en el colaborativismo, aunque tampoco está exento de dificultades.

Las figuras de la enunciación existen, por lo que hay que reconocerlas, pero también es preciso lograr que éstas coincidan bien con los comunicadores concretos y con sus prácticas extracomunicativas.

Otra cuestión es que la crítica a los retóricos tiene que ser justa con ellos, para no ser acusatoria y porque para resolver el problema es preciso comprender porqué los engañadores hacen mal y crear una conciencia social al respecto que sirva para que se comporten bien, cosa que a su vez está relacionada con la práctica social en general y con sus problemas, además de con la legislación, pero no bastaría con establecer leyes que indujeran a una comunicación honesta porque el poder policíaco estatal no puede controlar a toda la práctica comunicativa, por lo que se lo debiera socializar mediante el autogobierno social, lo mismo que vale para el ordenamiento de la práctica social en general: así la sociedad se corregiría a sí misma, directamente y sin las trampas que se le hacen al sistema legal vigente, que a su vez efectúa otras. El autogobierno social implicaría la disolución de la división social de las tareas, así como es necesaria una policía social buena, como la policía comunitaria de los asambleístas de Oaxaca, pero más socializada y a la que se pudiera corregir mediante los reclamos.

De la reivindicación del nativismo hecha por los estudios subalternos

Los estudios subalternos dieron cuenta de la dominación imperialista sobre las colonias, con la subordinación que le siguió después de las independencias políticas latinoamericanas, asiáticas y africanas, aparte de la oceanica, y eso no debe agotar el tema, al que no conozco acabadamente. Aquel señalamiento está bien, pero no siempre, porque a veces los seguidores del paradigma poscolonial recaen en una celebración acrítica de las naciones originarias que dificulta ordenar la práctica de sus descendientes, se hayan remestizado o no con los de otros colores de piel, porque al no señalárseles sus errores persiste la lógica que conduce a ellos. Cito un ejemplo, a sabiendas de que el tema es mucho más amplio. Los guaraníes tenían la creencia de que en algún lado estaba lo que llamaron “Ivi Maraei”, “tierra sin mal” en español, por lo que migraron en su búsqueda, lo que fue un esfuerzo vano porque no existe un lugar terrestre en que no haya mal y porque de lo que se trata es de que la humanidad aprenda a vivir bien para reducirlo y saber enfrentarlo, error que les costó mucho esfuerzo, y hasta accidentes en que reventaron, durante muchos años, que podrían haber dedicado a actividades gratas, o a migrar bien y por razones verdaderas. Ahora, hacer una crítica del nativismo requiere asimismo reconocerle sus aciertos, que los hay y muchos.

La crítica al nativismo tiene que servir aparte para prevenir los errores de sus seguidores, que a veces son descendientes de colonizadores.

martes, 19 de julio de 2016

Sobre el desprecio a la autoría hecho por Roland Barthes

El desdén por el sujeto de la enunciación fue formalizado por Roland Barthes en su artículo “La muerte del autor”, publicado en la revista Manteia en 1968. Esa cuestión es un tema central en el antihumanismo, que es un paradigma que si bien plantea algunas críticas ciertas al discurso moderno sobre el ser humano, que lo entendió como un sujeto conciente y soberano de sí mismo, falló en su caracterización, porque los seres humanos seguimos siendo seres humanos, y no vamos a dejar de serlo por más que algunos lo deseen, ya que nuestros rasgos dependen de nuestra evolución genética, a la que controlamos poco y en la que no debiéramos entrometernos imprudentemente.

Me cuesta entender porqué Roland Barthes se ensañó tanto contra la autoría. No lo explicitó en su artículo, en el que intentó por un lado escindir a la obra escrita del cuerpo y las intenciones del autor, cosa que no se puede hacer porque somos los autores los que las escribimos, y tenemos intenciones al hacerlo. Él mismo tuvo la intención de hacer creer que los autores y sus intenciones eran irrelevantes para la crítica literaria, en lo que siguió a las ideas solipsistas de Stéphane Mallarmé y de algunas vanguardias, que como postulaban la autonomía del arte, la idea del arte por el arte, en ocasiones cayeron en el aislacionismo, el nihilismo, el decadentismo y el ocultismo. Para Barthes la autoría fue un invento de la modernidad, en la que el empirismo inglés, el racionalismo francés y el culto individual aparejado por la Reforma llevaron al positivismo como ideología capitalista y al individualismo y el personalismo como formas de exaltación de la creatividad humana, pero en realidad la autoría no sólo que es anterior a la modernidad, ya que hubo autores artísticos y científicos en la edad antigua y en el medioevo, sino que además cada quien es autor de sus obras: Barthes asumió una acepción restringida de la autoría, que la confinó a las llamadas grandes obras modernas de la literatura. De fondo hubo en él un rechazo al iluminismo burgués, que celebró el progreso de las artes y la ciencia, pero lo entendió y le respondió mal, confundiendo la crítica al modo de concebir la autoría con el asesinato simbólico del autor, lo que fue una impostura y en versiones posteriores condujo a la autodestructividad posmoderna, con esa idea de que no hay futuro, de que la humanidad debe perecer, o desaparecer como un rostro de arena al borde del mar, lo que dijo Foucault en Las palabras y las cosas, en lo que se equivocó, porque confundió a la humanidad en sí misma con la noción que se tenía de ella, e insinuó la necesidad de su desaparición sin reconocer que de lo que se trata es de entender qué es la realidad para ordenarnos para vivir bien. Yo no sé si Foucault fue moderno o posmoderno, hay un debate al respecto, pero sí sé que algunos posmodernos lo retomaron como tal, tipo Esther Díaz y Josefina Fernández. Por otro lado, Barthes recurrió a ejemplos literarios para su argumentación, a la obra de Mallarmé, a la de Paul Valéry y a la de Marcel Proust, que buscaron estéticamente difuminar la presencia del autor, pero eso era un juego literario, cuyo alcance Barthes pretendió generalizar para toda la discursividad, con la ayuda de la filosofía analítica, la de Bertrand Russell, con esa idea wittgensteiniana de que el lenguaje es performativo, que atraviesa a los sujetos sin que éstos importen, como la expansión en la historia del espíritu absoluto, que no existe más que en nuestra imaginación, es un resabio del teismo: somos los humanos los que creamos y recreamos a las ideas y al lenguaje, relaborando discursos previos y también inventando elementos nuevos. Según Barthes, igual que para Eliseo Verón, como solamente se puede retomar elementos discursivos previos la creación histórica original del lenguaje es incomprensible, no pueden dar cuenta de cómo fue que, si en un momento de la historia terráquea no había discursos, en otro, a partir de la generación de las especies animales, sí los hubo, porque se los inventó, y no lo hicimos sólo los humanos, sino que los otros animales también, porque tienen aparato fonador, mediante el cual se comunican, aunque sea toscamente, y no siempre así, ya que hay expresiones de los animales no humanos que son de una sutileza que está al nivel de la nuestra, como el canto de los zorzales, aunque no tengan la misma complejidad ni la misma inteligencia, y en ocasiones son mejores que nosotros, al menos en lo que hace al cuidado del planeta. La cuestión con la intencionalidad es que existe, aunque no sea plena ni constante, y es parte de la comunicación, por lo que se debe entender qué lugar tiene en ella.

El razonamiento fallido de Barthes culminó en postular que el autor es el dios de la obra, cuando no es más que su creador, como cualquier persona cuando hace algo, que no lo hace de la nada sino que utiliza elementos prexistentes, y en intentar sabotear, en vez que superar mediante la crítica, a la razón, la ciencia y la ley burguesas, lo mismo que se equivocó al pretender reemplazarlo por el lector, el receptor, porque la recepción también es una obra, cuyo autor es quien interpreta al mensaje hecho por el emisor.

La producción discursiva animal se inicio a partir de su generación en la Tierra, hace 650 millones de años, en tanto que la humana lleva unos 40 mil: la discursividad humana se inspiró en la de los otros animales, entre ellos los monos, en quienes evolucionó fisiológica y motrizmente el aparato fonador prehumano a la vez que sus relaciones con la socialidad, la psiquis y el metabolismo. Un problema que veo en las concepciones estructuralistas es la negación de la materialidad, con el poco reconocimiento que hacen al cuerpo humano, y menos a su carácter animal, lo que pienso que proviene del idealismo, con toda esa cosa purista de los sacerdotes.

Un último tema es el de la autoría colectiva. El hecho de que haya obras colectivas no implica que ellas carezcan de autor, sino que sus autores son los miembros del grupo que las hicieron y, más aún, habría que concluir que muchas de las obras son colectivas, porque requieren de la participación de muchas personas, aunque hay partes de su elaboración que son individuales, y su hechura no es del todo conciente ni del todo bien planeada, pero eso no debe ser festejado siempre, porque en ocasiones está mal que sea así, y le trae padecimientos a la gente y a seres vivos extrahumanos. Así como hay obras individuales hay obras colectivas, y todas son creaciones conjuntas, porque los humanos vivimos relacionados, entre nosotros y con el resto del ambiente.

domingo, 17 de julio de 2016

La filosofía de la práctica pertenece a la del ser

En tanto que la filosofía del ser, también llamada ontología, y mal denominada metafísica, atiende a todo lo que es, la de la práctica es parte de ella, porque la práctica es. Lo malo de la filosofía del ser no es ella en sí misma, sino el caracter absolutista que adopta en las concepciones idealistas, con ese planteo de que la esencia es la abstracción de las características permanentes de los seres, lo que deshistoriza a su comprensión. Las características perdurables son parte de la esencia de los seres, pero no son las únicas, y además varían con el tiempo.

Recuento autobiográfico del automovilismo argentino, con crítica final

Cuando yo era chico, en 1982 más o menos, teníamos un Peugeot 404 marrón que tenía las patentes viejas, de números blancos sobre fondo negro, esas que fueron reemplazadas en 1994 por las otras de tres letras y tres números, también de números blancos sobre fondo negro, pero con un reborde blanco y de una forma rectangular menos estirada que las anteriores, patentes que a su vez en 2015 fueron reemplazadas por otras, que tienen el fondo blanco, las letras negras y una placa celeste arriba que dice el nombre del país en letras blancas y tienen la bandera y el símbolo del Mercosur, aparte de dos letras, tres números y otras dos letras más. Las más viejas tenían una letra, antes del número, que indicaba la provincia en que estaba registrado el automóvil, y fueron inauguradas en 1964, en tanto que las que le sucedieron tenían el escudo nacional y el nombre del país.

Más o menos en 1992 mi familia, en los términos judeocristianísticos de la legislación vigente, tenía un automóvil de marca Volkswagen modelo 1500 rural, cuya patente era C1391285, y un Fiat Spazio de patente B2264163, o sea que para ese entonces en la capital federal había registrados más o menos un millón y medio de automóviles, en tanto que en la provincia de Buenos Aires había como dos millones y medio, y eso venía desde 1964, lo que da que entre 1964 y 1992 en la ciudad y la provincia de Buenos Aires el parque automotor creció hasta cerca de 4 millones de unidades. Ya en 1992 andar en el centro de la ciudad de Buenos Aires era molesto por la contaminación automotriz, pero a partir de la conformación del Mercosur, en 1991, la cosa empeoró muchísimo por la producción industrial de San Pablo, y otras menores como la de Córdoba, cosa que aparejó que entre 1994 y 2015 el parque automotor del país llegase al total de 27 millones de unidades, por lo que el monto que podían medir las tres letras y tres números de la patente nueva llegase a su tope y se tuviera que idear otro sistema, que es el que rige desde el año pasado. Por eso es que lo que antes era un problema serio en el centro porteño se extendiera a las otras ciudades y a las periferias de las grandes. En 1992 la población argentina era de alrededor de 33 millones y medio, en tanto que la provincia y la ciudad de Buenos Aires concentran hoy en día a cerca de un tercio de la población nacional, de 44 millones. Entonces, puedo estimar que a fines del período entre 1964 y 1994 hubo 12 millones de automóviles en el país, en tanto que para 2015 la cantidad era de 27 millones.

El automovilismo se presentó a sí mismo como una solución a la cuestión del transporte, pero en realidad lo solucionó en parte y lo incrementó en otros aspectos, porque las personas, en vez que organizarse para tener que viajar poco, priorizando el peatonismo, la locomoción vehicular de tracción a sangre y el transporte público, programan su desplazamiento dando por supuesto que la distancia no es un problema serio, porque tienen vehículos particulares, lo que redunda es un caos del tránsito que contamina, interrumpe la socialidad porque fragmenta el espacio urbano, se presta a los negociados corruptos para la construcción de la infraestructura vial, apareja coimas policiales, requiere mantenimiento mecánico permanente y sale mucha plata, por lo que hace trabajar varios días por mes a los propietarios automoviliarios, y eso no agota el tema, con todo ese autoritarismo de los conductores y copilotos que tienen que someter a los hijos durante los viajes porque mientras estos se aburren, o quieren jugar, aquellos tienen que manejar bien, lo que demanda mucha concentración a gente ya sobrecargada de por sí, aparte de las peleas por la elección de la sintonía radial y tantas otras cosas, como los accidentes, lo que cuesta estacionar y el tramiterío de los seguros y habilitaciones.

martes, 12 de julio de 2016

Del acto fallido

Con el psicoanálisis freudiano se entendió al acto fallido como aquel en que los humanos expresamos lo que tenemos inconciente transgrediendo la lógica aceptada por la sociedad. Es que la humanidad, por nuestras concepciones, tiene varias lógicas socialmente permitidas, que a su vez reprimen a otras lógicas, a las que como no se las puede hablar se las mantiene inconcientes, desconocidas porque se las debe mantener en secreto bajo amenaza de sanción, lo que varía de acuerdo a los modos de cada grupo social y a su transformación histórica. El llamado acto fallido es una expresión de lo que está reprimido en el discurso efectuado en sociedad. El problema con esta manera de entender la cuestión es que supone que la lógica permitida vendría a ser un acto exitoso, en tanto que su interrupción por la expresión de lo reprimido es un error, un fallo, lo que no es verdad porque la lógica que requiere de la represión de los sentimientos, y demás nociones, es mala, en tanto que la expresión de lo reprimido es necesaria para la justicia, aunque eso no agota el tema porque también habría que hacer una crítica de las expresiones de lo reprimido, ya que no son buenas totalmente, y más que eso la humanidad tendría que aceptar que su lógica sea verdadera, con las consecuencias prácticas que eso tendría.

Asimismo, tampoco es cuestión de prohibir la represión, pero se la debiera acotar al orden justo.

Otra autocrítica

Este blogspot, como los demás, contamina, porque es informático: requiere electricidad e industria computacional, con la extracción de materia prima y la tarea posterior aparejadas por ambas. Un sistema científico para toda la humanidad debiera ser ecológico, pero igual lo mantendré porque el problema requiere de una solución social, no de una individual.

lunes, 11 de julio de 2016

Sobre el imaginario en Castoriadis

No le puedo hacer justicia a Castoriadis porque evaluar el trabajo de un autor es meterse en su vida, en su recuerdo en este caso, lo que se suele hacer insensiblemente porque los críticos no conocemos mucho a aquellos a quienes criticamos, aparte de que tampoco conozco mucho a la obra de Castoriadis. Leí de él los dos tomos de La institución imaginaria de la sociedad en un seminario dirigido por Carlos Savransky y después hice otro seminario, optativo en la carrera que cursé, también de Savransky, en el que leí De Anima, de Aristóteles, la Crítica de la razón pura de Kant y otros escritos más focalizados en el lugar de la imaginación en la filosofía. En eso la obra de Castoriadis es importante, porque ubica al tema al rastrear sus antecedentes, señala el estado de la cuestión, pero en otras cosas flaquea, necesita correcciones, porque es precientífico. Ese esquema que parte en dos a lo imaginario, en el que está el magma de significaciones sociales por un lado y por otro la lógica identitario-conjuntista es antojadizo, es un esquema, al que en su tesitura anarquista el autor le asigna connotaciones positivas a la primera parte, porque es caótica, y negativas a la segunda, porque es ordenada, lo que supone que el caos es bueno y el orden es malo, cosa que no siempre se corresponde con la realidad. Además, al estar así planteado, falta la cuestión de investigar a los actores concretos que hacen al imaginario social y a sus relaciones: le falta la investigación empírica, en particular sobre las iglesias, los medios de comunicación, las organizaciones sociales, los estados y demás. Pero bueno, esto es todo lo que puedo decir del tema, o sea que sé poco.

jueves, 7 de julio de 2016

La lógica del pecado y la de la falta moral

En el pietismo cristiano, no sé del islamismo ni de los otros, como la fornicación y el goce vaginal son mal considerados, la concepción y el nacimiento son puestos en cuestión, no son tomados por actos festejables así nomás, sino que para serlo se tiene que sortear las prescripciones relativas al pecado, y el asunto excede al pietismo porque es una lógica social, porque el pietismo impregna a la cultura en general, aunque tiene oposiciones y dislates. Entonces, en términos cristianos, a los humanos se nos considera nacidos en pecado, no sólo por eso sino también por la doctrina del pecado original, que supone que como somos descendientes de Adán y de Eva cargamos con la culpa de su desobediencia al mandato de dios, por lo que debemos bautizarnos para expiar esa falta, lo que implica que para que no se los considere en deuda a los recién nacidos se los tiene que hacer adscribir a la cristiandad mediante el bautismo, y al hacerlo se los mete en un sistema de reglas que los pondrá en otras faltas indefectiblemente. O sea, que ya nos toman por culpables sólo por haber nacido, y después la empeoran. Por eso el carácter acusatorio y culpabilizante de la cultura cristiana. Pienso que en los otros pietismos debe pasar algo parecido.

La lógica de la falta moral es la misma en la moral pietística, que además es la de la legislación estatal, aunque ésta difiera de aquella en ocasiones, porque la moral religiosa supone que las personas tienen que cumplir con un orden ideal, por lo que a lo sumo pueden llegar a satisfacerlo, si cumplen con todas sus reglas, y si no ya están en falta, mientras que al orden ideal no se lo cuestiona. La humanidad tiene que emanciparse de semejantes mentiras para ser feliz, y quienes las sostienen son cuestionables por injustos. No obstante, hay aspectos de los órdenes pios que sí son sensatos, a los que se debiera mantener.

Lo de que el mito de Adán y Eva es falso ya fue comprobado por la antropología.

De una explotación sufrida por la clase alta

Cuando los niños ingresan en el sistema escolar son sometidos a un esquema idealista, pautado en la legislación estatal, que programa un recorrido educativo durante la niñez y la adolescencia, que continúa en la adultez y que puede durar hasta la muerte de las personas. Este plan rige las actividades de los estudiantes en todas las semanas, porque establece la rutina educativa, que contiene la obligación de asistir a las clases de lunes a viernes, en turnos simples o dobles, y de cumplir con las tareas hogareñas, además de aprobar los exámenes, lo que redunda en que los escolarizados tienen que trabajar para las escuelas más o menos durante todos los días, sin recibir ninguna paga y a veces pagando, aparte de comprar los útiles, uniformes, guardapolvos, manuales y demás: es toda la rutina familiar la que se acopla con la laboral durante el período de actividad productiva, interrumpido por el receso vacacional, porque para que los escolares estudien tienen que tener la ropa limpia y cumplir con los otros requisitos, así como rendir las materias adeudadas antes del reinicio del ciclo lectivo. Así las familias quedan sometidas a un esquema que las pone en falta: tienen que cumplir con un montón de obligaciones para estar en regla, y si no las cumplen las sancionan moralmente o reprueban a sus hijos con las malas notas. Las autoridades escolares no pueden atender siempre a las razones de sus estudiantes y familias, porque hacerlo les demoraría el dictado de las clases y porque la ley prioriza a la enseñanza por sobre la atención social de los problemas personales, por lo que éstos son relegados permanentemente, y ni que hablar de los deseos considerados ilegítimos, lo que es una forma de la mala alienación y de la negación de la subjetividad, cosa que redunda en que los escolarizados acumulan traumas y broncas a los que mantienen contenidos por temor a las reprimendas, pero que existen y que en ocasiones viran hacia patologías más severas. Y esto se refiere a la educación en general. La educación privada, a la que accede la clase alta, es más rigurosa todavía, y además contiene a las patologías derivadas de la opresión religiosa.

lunes, 4 de julio de 2016

Una crítica a la democracia de Pericles

Más allá de todo lo elogiable que haya tenido la democracia de Pericles, a él hay que criticarle que haya mandado a construir el Partenón, porque sometió a los griegos a tareas pesadas para homenajear a un ser imaginario y mal entendido, la diosa Palas Atenea, por lo que los griegos, hombres y mujeres, en vez que dedicarse a socializar entre sí, o con la gente de sus alrededores, tuvieron que concentrarse en el esfuerzo enorme que requiso el Partenón. Luego de terminarlo, cuando los atacaron los espartanos, los atenienses no estaban preparados para la guerra, ni pudieron prevenirla diplomáticamente, porque se distrajeron de sus relaciones exteriores con el monumento.

Los griegos se alienaron mal de sí mismos, negaron sus anhelos, al someterse para trabajar por una diosa, y eso aparte de los lesionados, o las penas de los niños que no tuvieron a sus mayores para atenderlos, o de las mujeres sin sus queridos, los amigos sin sus pares, o lo que haya sido.

domingo, 3 de julio de 2016

La acumulación capitalista como compensación

La compensación es cuando las personas aceptan una gratificación a cambio de una pena, como cuando se consumen cosas lindas pero innecesarias después de haber trabajado demasiado. La operatoria de la compensación capitalista es parecida, pero, en vez de satisfacerse en falso en el consumo, cosa que además hacen, los capitalistas, a causa del esfuerzo excesivo que realizan en su actividad productiva, acumulan capital y los poderes que éste conlleva: fama, autoridad, prestigio, liderazgo, atención y demás, que no estarían mal si el orden social fuera bueno, porque estos estarían bien modulados y serían igualitarios.

Hay que entender que la acumulación capitalista, en tanto que es una compensación, es ingrata, y, más aún, que los capitalistas son penosos, porque si no se entiende eso la lucha se dificulta por la bronca causada por la envidia, que tiene sus razones pero que no basta. La felicidad aparente de la aristocracia tiene sus goces verdaderos y otros impunes, pero también oculta muchos pesares, y la liberación del proletariado requiere que los capitalistas asuman esa parte fea de la realidad, porque así aceptarían al socialismo, pero a esa asunción no tienen que hacerla sólo los capitalistas, sino que debe ser social.

Otra cosa es que la acumulación funciona como compensación a las privaciones derivadas de la cultura idealista, sea pietista o atea: más bien, sería una consecuencia del ordenamiento humano que dispone, para la clase empresarial, y también por medio de la legislación estatal y los usos y costumbres, un modo de comportarse en el que por medio de prohibiciones y educación se le induce a una actividad productiva que puede ser de subsistencia o capitalista, dependiendo también de la coyuntura económica, que pauta su éxito o su fracaso, y los estadíos intermedios, pero a la práctica empresarial la deciden los empresarios, a partir de su comprensión de la enseñanza que reciben y de sus circunstancias, y eso en medio de terrores inducidos por las imágenes religiosas sobre el castigo de los dioses, las sanciones sociales de la cultura idealista, sea pietista o desarrollista atea, y los maltratos que se le derivan.

viernes, 1 de julio de 2016

Crítica a la idea de la cosificación

El tema de la cosificación está mal planteado, porque se considera que cosificar a alguien es ignorar su subjetividad, violentarlo por desdeñar sus intereses. En realidad, cuando se violenta a alguien lo que se le hace es violentarlo. Entender mal la cuestión de la cosificación dificulta reconocer que los humanos somos cosas: somos entidades vivientes del reino animal que descendemos de los monos, y en tanto que tales sentimos y pensamos. Lo mismo pasa con la equiparación de la crueldad con la objetualización. Los humanos somos objetos vivos y sensibles, sea que se nos maltrate o que se nos trate bien. Cuando hay maltrato en realidad no es que el maltratador cosifique u objetualice a quien maltrata, sino que lo hiere porque no le importan sus sentimientos o porque busca trastornarlos.

La práctica conceptual y la motriz

La conciencia es la comprensión de la realidad, que sucede en el alma del cuerpo vivo, por lo menos en los animales. De los vegetales no sé. La conciencia tiene un carácter sensitivo, que es dado por los sentidos: los animales, al sentir, percibimos la realidad. Asimismo, al pensar, comprendemos nuestros sentimientos y componemos las ideas derivadas de ellos junto con las otras ideas que sabemos. Así establecemos interpretaciones de la realidad, a las que vamos criticando y reelaborando según transcurre nuestra vida por medio de su cotejo con los sucesos que vivimos. En tanto que mediante la conciencia decidimos nuestras prácticas motrices, es preciso que nuestra interpretación sea buena, o sea, que se corresponda bien con la realidad exterior a sí misma, porque así la práctica motriz puede ser dichosa si está bien intencionada. De igual modo, hacemos un análisis de nuestras sensaciones y de nuestros sentimientos, porque no siempre son ciertos, sino que a veces están falseados por desórdenes fisiológicos y psicológicos, o por ideas equivocadas, por lo que a veces se los somete a contrastación. Cuando las personas no se pueden concientizar sobre los asuntos de su interés, se sufre la angustia, porque no saber la verdad y no poder averiguarla es penoso, de igual modo que lo es cuando no se puede ordenar a la práctica social según las exigencias sensatas.

La práctica conceptual es tanto sensitiva como intelectiva, en tanto que la motriz es la relativa al movimiento corporal. Las tres se dan interpuestas: se siente al pensar y al moverse, se piensa al moverse y al sentir y se mueve al sentir y al pensar.

Acerca de la ideología

Desde posiciones pietistas y liberales, y también desde el esnobismo posmoderno, se atacó a la ideología por ser una noción socialista. Se dijeron muchas cosas en contra de la ideología, algunas con razón, aunque insuficiente, pero lo que se evitó decir es que las críticas a ella no apuntaban a que se reconociera la realidad cabalmente para entonces reconducir la práctica humana de veras, sino que pretendían mantener al sistema capitalista, o arruinarlo y sin superarlo. La ideología, en sentido literal, es la ligazón de las ideas, o sea, el conjunto de los pensamientos. Después, qué carácterísticas tiene, es otro tema, sobre el que se dijeron equivocaciones, como contraponerla a la ciencia, ya que la ciencia contiene ideas: el pensamiento científico es ideológico, pero una de sus premisas, que no siempre es cumplida, es que las ideas se adecúen a la realidad a la que se refieren. Entonces, el uso de este concepto no sólo que es válido sino que también es necesario, pero hay que utilizarlo bien, lo que requiere de un debate para decidir cómo sería eso. El objetivo es que la ideología humana sea verdadera, para que nuestra especie sea buena y practique bien. La sobredeterminación de la ideología a las prácticas extraideativas es una parte de la realidad histórica, a la que no se debe soslayar por priorizar las determinaciones de lo simple a lo complejo.

La ideología es sinónimo de la conceptividad, aunque no abarca a las prácticas extrapensamentales, que sí están en la definición gramsciana de la conceptividad, y es histórica, por lo que, dentro de los marcos pautados por los órdenes sociales humanos, que se transformaron y estabilizaron tal como lo hicieron de facto, varía constantemente según la humanidad piensa, lo que a su vez es relativo a nuestras otras prácticas y a nuestro entorno. Y el pensar es cerebral, es un acto corporal que depende del funcionamiento de nuestro metabolismo y que responde a nuestros intereses vitales, que pueden estar más o menos falseados, o ser más o menos ciertos, según hayamos sido educados y según hayamos pensado en nuestras circunstancias.

jueves, 30 de junio de 2016

De la pérdida del aura en el pensamiento de Walter Benjamin

Cuando Benjamin se lamentó en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica de lo que llamara la “pérdida del aura”, su unicidad original, formuló una crítica intuitiva a la insensibilidad de la industria de producción masiva, crítica que es cuestionable, porque la idea del aura tiene origen religioso, es de una concepción fetichista, proveniente del arte escolástico, en que a los retratos de los personajes religiosos se les pintaba una aureola alrededor de la cabeza. La pérdida del aura alude a la desacralización del arte operada por la burguesía, que no lo tornó materialista pero sí de un pietismo laico, permisivo para con el relego de la estética eclesial. No obstante, es una metáfora decir que las obras de arte tengan aura, porque no la tienen. A lo sumo algunas de ellas la contienen dibujada, o representada de otra forma, y pueden ser sacralizadas, pero eso es por su fetichización, a la que no se debe defender.

Lo que tiene de rescatable la crítica de Benjamin es que cuestionara al autoritarismo de la producción en serie, que sometió a empresarios y a obreros, entre otros, a un esquema productivista que los oprimió y explotó, que fue impuesto por los empresarios y ordenado para la provisión capitalista de productos para el consumo, al modo del comunitarismo pietocapitalista, que estropeó a las economías artesanales en Europa y las colonias. También hubo en Heidegger un intento de revalorizar la libertad del artesanado para decidir cómo trabajar, que supone un anhelo de resensibilización humana, pero Heidegger fue nazi, y si no me equivoco nunca dejó de ser católico. Este asunto merece un análisis serio, para el que no sé lo suficiente. Podrían hacerlo los anarquistas, que están muy adentrados en la lectura de Heidegger, aunque por desgracia poco críticamente.

El problema de la violencia se resolvería si se dejara de someter a la humanidad a lo que se supone que son los mandatos de los dioses, y demás esquematismos, y se ordenara nuestra ley para que el modo de ejercer las prácticas fuese decidido razonable, social y libremente.

miércoles, 29 de junio de 2016

Insistencia sobre la historicidad del esencialismo

Desde el materialismo habría que rescatar al esencialismo, pero no en el sentido absolutista que tiene en las tradiciones idealistas, que buscan las esencias como si éstas fueran las propiedades inmutables que definen a los seres, su abstracción pura, sino en un sentido historicista. Así, se podría comprender que la esencia es la cualidad del ser, su carácter, y que es cambiante, porque varía de hecho, según el ser sea.

Comprender al esencialismo históricamente permite dar cuenta de los hechos en sí mismos y de su transformación, a la vez que sus relaciones. En ese entendimiento, según fuere el caso estudiado, se podría distinguir a los rasgos fundamentales y a los accesorios del objeto, pero considerándolos a todos como partes de su esencia aunque con importancias diferentes, no obstante lo cual este esquema no aplica para todos los casos, ya que hay algunos en los que esa diferenciación no es clara, porque los elementos indagados no se le corresponden, y otras variantes, y además habría que reconocer que la comprensión exacta de los hechos no es posible en todos sus aspectos, por lo que a la ciencia se la debiera acotar a lo que tenga que ser para la dicha humana, que a su vez depende de su relación intrínseca y con el entorno.

sábado, 25 de junio de 2016

De la sensación

En el análisis que hice en los últimos días hablé de los sentimientos, pero no de la sensación. La sensación tiene que tener su lugar en la filosofía de la práctica social humana, ya que hace a nuestra vida. La explotación podría prevenirse si se atendiera a tiempo a las sensaciones dolorosas, que son los primeros síntomas de las prácticas lesivas, de igual manera que la placencia permite evaluar la salubridad de la práctica, aunque no sea lo único a tener en cuenta.

La alienación en la educación y en las otras prácticas

La alienación es la acción de alterarse, de “otrarse”, en el sentido de configurarse a sí mismo según la otredad. A la inversa, alienar a alguien es formarlo de acuerdo a otros. La alienación no es mala necesariamente, es un acto natural, que se da en el proceso de crecimiento y maduración corporal y psíquica, en todas las edades, y es relativa a la socialidad. El problema es que, como la humanidad tiene ideas falsas, que hacen a su moral y a sus otras prácticas, la enseñanza y los preceptos extraeducativos tienen males, que llevan a la mala alienación, a los actos mediante los cuales a las personas se las violenta durante su aprendizaje y sus otras actividades, una de las cuales es la laboral.

La alienación vigente es dolorosa porque la concepción en que se basa la práctica social menoscaba a los sentimientos en pos de los intereses idealistas, por lo que, cuando se está ante la opción de satisfacer a unos o a otros, a veces se elige desdeñar a los primeros en pro de los segundos, lo que da pena y un goce perverso: servir a los ideales da cierto goce, porque las comunidades idealistas lo premian y porque el idealismo contiene a cierto materialismo necesario para la reproducción social, pero a su vez este goce es doliente porque el premio requiere herir a los sentimientos. El problema a resolver es el de la conceptividad falsa, la falsa conciencia, que guía al resto de la práctica mala. La mala práctica se corrige mediante el análisis de sus errores, que lleva a la conciencia verdadera, la que permite guiar a la práctica bien, aunque no siempre del todo: entonces se vuelve a analizar las fallas para volverse a corregir, y así.

La conciencia verdadera aparejaría una alienación plenamente buena, en tanto que la vigente lo es parcialmente, una alienación que sería parte de una socialidad justa.

Lo que Marx escribió de que la alienación es cuando a los obreros se les quita el producto de su trabajo sin preguntárseles y sin atender a lo que piensan y sienten al respecto reconoció una de las características de la alienación mala, pero la temática es mucho más amplia.

viernes, 24 de junio de 2016

Truco para contener la eyaculación

Gemir. Al hacerlo, la energía que propulsa a la eyaculación se va por la boca, y entonces aquélla se contiene.

Autocorrección

Lo que dije del populismo sobre su relación con el eclesiastismo pobrista es por lo menos incompleto. Es más atinado para Argentina, según lo que sé, pero no sé mucho de lo que pasa con el resto del populismo, que es tanto mayor.

Para el orgasmo femenino

Una forma para lograr el orgasmo femenino heterosexual es que la mujer copule arriba del hombre, poniendo la concha a su gusto. Es la envaginación peneana, el enconchamiento vergal, a diferencia de la penetración vaginal. Es una forma de relación sexual.

Para los noticieros televisivos

Con el predominio mundial del capital financiero los noticieros televisivos adoptaron la estética del mercado bursátil, que tenía esas pantallas repletas de luces que se encendían y apagaban para formar los números y la letras según cambiaban las cotizaciones de la compañías, y que con la invención de la televisión pasaron a ser pixeladas, habiendo estado ya sobresaturadas de informaciones que cambiaban al segundo, al ritmo de los vaivenes especulativos. Los agentes de las bolsas tenían que ser jóvenes supereducados en economía y finanzas, con alto nivel para manejar cómputos matemáticos en relación a las novedades diarias de la política internacional, para procesar al instante montos grandes de datos, y comprar y vender rápido las acciones, padeciendo nerviosismo y crisis neuróticas en los casos más graves, cuando no los suicidios del crack de 1929.

La estética bursátil se replica en los noticieros por la sobreabundancia de la información, con toda esa serie de placas con datos simultáneos a la noticia central, aparte de los referidos a la temperatura, la sensación térmica, los horarios globales, los nombres de los programas o de los canales que los emiten y las publicidades, como la más reciente banda informativa, esa placa alargada debajo de la pantalla en que se publican noticias escritas, cuya redacción corre de la derecha hacia la izquierda mientras que se relatan las otras noticias. A eso habría que agregar la superposición de imágenes, como cuando los presentadores o entrevistados hablan del tema y mientras tanto a la nota se la ilustra con filmaciones del hecho.

En conjunto, esa superposición informativa distrae, y quiebra la atención de los espectadores, lo que termina por hacer que las notas sean mal comprendidas, ya que ellas son unidades coherentes cuyo sentido se comprende cuando se las interpreta desde el inicio hasta el final. Los directivos de los canales y de los noticieros debieran estar prevenidos de este problema y ordenar la estética de los programas para depurarla de estos malos perfeccionamientos. Ya de por sí hay muchas notas difíciles de entender, por la complejidad de las temáticas para quienes no somos especialistas, y menos se las entiende si se desvía la atención a las noticias adyacentes.

jueves, 23 de junio de 2016

Un ejemplo de cómo opera mal el teismo

Cuando Jorge Rafael Videla fue condenado por su actuación en la última dictadura militar argentina se justificó diciendo que su conciencia estaba tranquila con dios, o sea que, para sí mismo, él habría cumplido con el mandato divino, que habrá estado en consonancia con lo que hablara con alguna autoridad eclesiástica. Para él la acometida de la represión habría sido una misión requerida por dios, aunque sabemos que además está la cuestión del mantenimiento de las propiedades de la clase capitalista. Esto demuestra que por medio del discurso religioso las personas pueden autorizarse a sí mismas a cometer las atrocidades más crueles, e incluso desestimar a un tribunal estatal, con los acusadores, testigos, pruebas y testimonios que se le presentaron en el juicio. Tomó a la que consideraba como una guerra contra la subversión como parte de su deber de católico y general de las fuerzas armadas: unió lo que pensó que era su deber patriótico con su credo.

La religiosidad no suele causar actos tan desmedidos, pero deja confuso al ordenamiento de la práctica, por lo que puede terminar así o traer pesares menos graves o leves, así como en otras ocasiones lo define bien, pero su razonabilidad es algo aleatoria, porque se presta a las determinaciones subjetivas de los sacerdotes y de los fieles, lo mismo que le pasa de distinta forma al misticismo, como a los seguidores del superhombre nietzcheano que cometen atropellos como miembros de una secta de humanos que se consideran superiores al común. Es como una secta de la mala joda. Y también está la cuestión de que los movimientos democráticos y la guerrilla le metieron presión política y armada a la clase dominante, algo bien y algo mal, ante lo que ésta les respondió peor, pero hay que tenerle respeto, no sólo por su poderío militar sino también por su condición humana. El procesamiento de los represores mediante juicios estatales es una forma incompleta pero responsable de haber abordado el tema.

De la sinceridad

En el debate sobre la sinceridad hay una postura que sostiene que hay que decir lo que a uno se le viene a la mente, sin filtrarlo, para ser sincero, como en esa vanguardia de la escritura automática. Es una respuesta a la hipocresía de quienes dicen lo que les conviene, pero es insuficiente, porque muchas veces tenemos pensamientos malos, y si se los dice así como aparecen en la conciencia se puede hacer mal. La sinceridad precisa del análisis de los pensamientos propios y del direccionamiento apropiado de la expresión. Si no, quedaríamos hablando solos en cualquier parte, como le pasa a alguna gente que necesita ayuda.

La historia de la paja

Uno de los temas de interés humano que está taponado por la moralidad en curso es el referido a la masturbación, que es una práctica muy extendida entre los seres humanos de la que se charla poco. Hablar de la paja debiera ser una práctica corriente, ya que es parte de la sexualidad, lo mismo que debiera ser frecuente que la gente conversara de sus excitaciones sexuales y sus sentimientos amorosos, lo que está obturado por la moral pietopobrista y por parte del feminismo, aunque tienen sus razones también: habría que encontrar la manera de que se hable bien educadamente del deseo y la práctica sexual.

¿Sentir es una práctica?

Siendo que la práctica es la acción reflexiva e intencional, el sentir no sería una práctica, porque es espontáneo. Sin embargo, es controlable concientemente. En esa tensión entre el sentimiento y la mente se da la interacción entre el inconciente la conciencia. Hay que controlar los sentimientos para participar de la vida social, pero hacerlo es ingrato: los somete hasta hacerlos inconcientes cuando el orden social no quiere asumirlos porque está interesado en otras cosas. Eso es un modo malo de la alienación, pero tampoco habría que pensar en que el orden debiera obedecer acríticamente al sentir.

El sentir es prerreflexivo y aintencional, pero también es reflexionado y voluntario. Es una acción fisiológica, y debe ser el parámetro para medir la calidad de la vida. La satisfacción de las necesidades básicas, los derechos sociales y demás, apuntan a la que la gente se sienta bien. Lo que pasa es que la comprensión falseada de la cuestión confunde una cosa con la otra, lo que trastorna a la práctica gubernamental progresista, que terminó haciendo sentir mal para que la gente se sintiera bien. Un contrasentido, pero algo exitoso.

El objetivo, entonces, es que la práctica social humana permita vivir y haga sentir bien a las personas, lo que requiere de una conceptividad verdadera y del orden social que se le debiera corresponder. El sentir es pre-práctico, pero es el segundo objetivo de la práctica, porque es lo que más nos importa a los humanos después de vivir, en general, no siempre, ya que lo tenemos todo el tiempo y ya que nuestra vida es grata según sea él. Las conductas ingratas son alienantes de mal modo porque hacen sentir mal: la alienación mala es injusta. La justicia social requiere que la humanidad viva bien para sí, lo que no puede ser con religión ni con órdenes productivos mal planteados.

Del sentido originario de la obra y la intencionalidad del autor

El estructuralismo se dedicó a intentar dilapidar la idea de que es importante conocer el sentido originario de la obra y la intención del autor, argumentando que centralizarse en el primero aparejaría cierto autoritarismo, que prescribiría cómo se debe leer una obra y menoscabaría la atención a las lecturas que se hicieran de ella, y que, como los humanos no somos sujetos plenamente concientes de nosotros mismos, y reelaboradores de saberes previos, la autoría es una ficción, con eso de que el sujeto es hablado por el discurso, que es una metáfora equívoca: los que hablamos somos los seres parlantes, la fonación y la escritura son actos corporales, hechos por los animales humanos que somos. Aquella idea se basa en algunas elaboraciones de Freud, de Barthes y de Althusser, y fue retomada por Lacan y Foucault, y capaz que por Derrida, según algo que leí suelto sobre él que no me basta para asegurarlo. En Argentina, este desarrollo fue sistematizado en la semiosis social de Eliseo Verón, que postula un análisis discursivo sin sujeto, en que los elementos significantes circulan en los discursos sin que importe lo que sus autores quisieron decir con ellos, lo que torna al estudio en antisentimental y en insensible, haciéndolo incapaz de entender el interés afectivo de la comunicación. Algo de aquello, sobre la censura al interés en las interpretaciones extraeuropeas de las obras eurocéntricas, hay en el paradigma poscolonialista.

Los humanos, cuando nos comunicamos, tenemos necesidades emotivas respecto de las personas con las que nos comunicamos: establecemos charlas para ponernos de acuerdo con quienes estimamos para concertar nuestras prácticas, y por eso nuestras intenciones son importantes, ya que son las que impulsan al acto comunicativo, de igual modo que el sentido de lo que queremos decir es importante también. Si no se le presta atención a la intención y al sentido originario de la expresión, la comunicación es comprendida mal, y la transmisión de mensajes es entendida como un ejercicio desabrido. Ahora bien, decir esto no quita reconocer que el inconciente existe, es un hecho histórico y responde a la incapacidad humana para hacer concientes nuestros deseos reprimidos, lo que a su vez es consecuencia de la práctica que responde a la conceptividad ruda: la humanidad, al sostener morales falsas, impide que los deseos naturales que no se corresponden con ellas sean expuestos con facilidad, lo que apareja su represión. De allí el inconciente, lo que no se puede decir o no se piensa siquiera, porque no se ordena a la práctica humana para que eso suceda, al orientársela hacia prácticas alienadas de ese ansia. El inconciente es síntoma de la alienación perversa porque es su consecuencia. Por otro lado, atender al sentido originario de la obra no debiera obstaculizar el reconocimiento de las interpretaciones que se hicieran de ella, y también críticamente, porque, así como las obras son cuestionables y celebrables, también lo son sus intepretaciones, que son otras obras asimismo. De igual modo, es necesario hacer una crítica de la intencionalidad discursiva, por la existencia de la manipulación ideológica, que se basa en intereses malos.

Lo más importante del asunto es que la humanidad pueda ser verdadera, o sea, que pueda asumir la realidad abiertamente, la subjetiva y la objetiva, porque eso permitiría hacer conciente a lo que está inconciente, reprimido por la censura moral establecida por la conceptividad vigente. Por eso es que la cuestión religiosa es primordial, está al nivel de la economía y de la política, ya que la práctica social humana se da con esos y los otros factores imbricados, aunque a este boceto analítico se lo pueda corregir, al haber históricamente una jerarquización cambiante entre los factores, que son todos materiales pero cuyo orden principal va de lo simple a lo complejo, pero con la existencia de la sobredeterminación y de las determinaciones alternativas. La asunción de la realidad es un proceso que forma parte del ordenamiento socialista de la práctica humana.

Hay una relación directa entre la falsedad, la opresión, la explotación y la mala alienación, porque la falsedad, al trastornar la comprensión y el sentido de la vida, causa una práctica que reprime a lo que no se condice con ella, y que a su vez en instancias más graves lesiona a las personas, no sólo a los trabajadores: estos cuatro factores son generales, afectan a la humanidad de distintas maneras, históricamente y según la clase social de cada quien. Piensen en los empresarios quebrados, en los traumas psicológicos de las monjas o en los altos militares reventados por las guerras, y esta ejemplificación es escueta. Por medio de la falsedad es que la humanidad se aliena de sí misma, niega su sentir y se lastima. El proyecto socialista es el de establecer un orden social que le dé al sentir el lugar que debe tener como factor definitorio de la práctica, pero eso requiere de que la humanidad sea verdadera, porque componer al sentir con la práctica necesita de educación buena.

miércoles, 22 de junio de 2016

Sobre las filosofías malditas

Al escribir sobre las filosofías malditas es difícil definir el grupo de doctrinas al que se refiere con ellas. ¿Cuáles son? En principio, son filosofías a las que se maldijo, ese es su rasgo distintivo, pero así dicho la caracterización no basta porque a todas las filosofías se las maldijo alguna vez. Una segunda acepción, más restringida, remite a las filosofías bajas, a las que son maldecidas por el poder dominante, por lo que se podría incluir en ellas a las corrientes y sectas filosóficas derivadas de Sócrates que fueron repudiadas por la aristocracia griega, como los estoicos, los epicúreos y los cínicos. No estoy muy seguro de esto, habría que preguntarle a los especialistas en filosofía antigua, ni tampoco sé qué fue de las filosofías contrarias al orden imperante en el medioevo, más allá de la tradición de las brujas, que no era una filosofía verdadera pero que sí tenía una concepción proletaria, por haber sido de laicos pobres, aunque supersticiosa, y dada a la experimentación con la materia. Y a esto habría que complementarlo con la historia del saber y del poder dominante en el mundo extraoccidental.

En la modernidad se pueden agrupar bajo este concepto a tradiciones disímiles, que lo que tienen de común es el repudio al iluminismo pietista burgués, aunque con excepciones variables según cada cual. Algunos ubican como filósofos malditos a Baruch Spinoza, a Nietzsche, a literatos como Baudelaire y Rimbaud, y a los primeros anarquistas, y al marxismo a veces se lo incluye, según el carácter de los pensadores marxistas y según la clasificación que se haga. También se ubica en ella a Sade y a Masoch, y entrarían varios literatos más, como Henry Miller, o Charles Bukowski, que habrán sido antiburgueses pero también fueron reaccionarios, algo parecido a lo de Matt Groening. También a lo de Borges y Bios Casares, que los maldijeron hasta los peronistas, con sus razones y sus sinrazones, y el grupo de Boedo, donde estuvo Roberto Arlt. Otros casos son los de los seudofilósofos que se alejaron del cristianismo y erigieron doctrinas alternativas, como el existencialismo de Schopenhauer, al que no leí casi nada, el de Camus y Sartre, de los que leí poco, o el planteo místico de Georges Bataille. Después vendrían Foucault, Lacan, Derrida, Deleuze, Guattari y sus afines, como Nancy. Aclaro que de los últimos cinco no leí casi nada, y que los consagrados por el pietismo y el liberalismo triunfante también fueron seudofilósofos, porque postularon la veracidad de sus ideas sin tener certeza sobre ella. Dieron por ciertas sus creencias, que a veces lo eran y otras no, lo que aparejó desastres terribles.

En conjunto, las filosofías malditas conforman un conglomerado incoherente y oscurantista, aunque tiene sus luces, y muchas veces son de un pietismo bajo, o sea, infernal, o purgatoriero. Dan miedo, y se les teme por justas razones, porque al no tener una idea clara de lo que es y de lo que debe hacerse llevan a ideas asustadizas y a prácticas ruinosas, que hacen sentir mal a quienes participan en ellas. Hay que hacerles una crítica, para componer una filosofía que rescate sus aspectos buenos y que sea amigable, y, mejor aún, sociable, para que los filósofos revolucionarios puedan disfrutar de la vida menos dificilmente que lo que prescribe el pietismo capitalista, lo que serviría para facilitar su superación.

El populismo se nutre bastante de estas filosofías, sobre todo en sus vertientes seudoizquierdistas. Decir que sean seudoizquierdistas no debiera entenderse como una ofensa, porque al socialismo le pasa bastante lo mismo, y causó catástrofes mayores, y porque para superar las falencias es necesario admitir que se las tiene, y aún siendo seudoizquierdistas tienen más razón que el común de las doctrinas derechistas, aparte de que la izquierda cientificista también está llena de yerros, pero comprende mejor porque es cientificista, aunque eso no sea garantía de bondad verdadera porque hay cientificismo falso y porque, para que sea la bondad verdadera, es toda la humanidad la que tiene que ejercerla: no basta con que la tengan algunas personas.

En realidad, habría que asumir que las concepciones malas no siempre lo son: tienen sus bondades, más o menos según son históricamente. Es un progreso de las prácticas primitivas a la bondad plena, con estadíos intermedios, contraflujos y muchísima violencia, cuya resolución depende de la acción humana: no hay un final feliz preprogramado.


Aclaración

Bajo el concepto de filosofías malditas en realidad agrupé no sólo a filosofías, sino también a estéticas, que contienen más o menos implícitamente a las filosofías y que les dieron motivos de argumentación, como esa idea de la muerte del autor que Roland Barthes retomó de la obra de Etienne Mallarmé, Paul Valéry y Marcel Proust.

Comentario sobre la relación entre la izquierda y el lumpenproletariado, y sobre la estrategia

Cuando dije que el socialismo tiene que tener una política para con el lumpenproletariado no me referí a que haya que poner locales partidarios o irse a manifestar o a militar en las villas, aunque eso podría ser, sino a tener una política, cuya forma habría que definir de acuerdo a las posibilidades de las organizaciones socialistas. Un aspecto de la relación tiene que ser la de representarlo bien, es decir, la de reconocerlo tal cual es, con sus problemas, sus dificultades, sus males y demás, para, aunque sea desde lejos, ayudarlo, lo que sería críticamente también, además de que se podría establecer una relación con las organizaciones villeras democráticas, que contendría debates políticos. Dada la magnitud del esfuerzo que requiere la estrategia revolucionaria, ella tendría que ser complementaria y fácil, y no cargar con la responsabilidad de las decisiones erradas que tomaran los aliados que condujeran los frentes democráticos, porque bastaría con aceptarlas señalando las disidencias a sabiendas de que el privatismo ejecutaría peores políticas y de que para corregirse, el democratismo, tiene que atender a las críticas que se le hagan, lo que no puede ser si éstas son hirientes. Esto permitiría abrir un ciclo de gobiernos reformistas que tendría que ser capaz de procesar sus errores por medio de la atención bien predispuesta a la crítica, en un período revolucionario de largo plazo, y con contraflujos, que podría incluir avances drásticos si fuera posible.

El tema es que para que la política socialista sea exitosa tiene que establecer buenas relaciones con el empresariado mediano y pequeño y con el lumpenproletariado, y de otro modo también con la clase más capitalista, pero habría que definir cómo sería esa relación, en un reformismo progresivo que habilitara a revoluciones más profundas. La confrontación responsable puede ser un modo de buena relación crítica, y habría que mantenerla incluso bajo represiones feroces, ya que la violencia irresponsable terminaría peor. Un criterio básico es el de que se mantenga a los órdenes sociales lo mejor posible, incluso aceptando a la explotación capitalista transitoriamente, ya que va a existir de todos modos hasta que las masas luchen por su abolición, no es una tarea que tenga que competer exclusivamente a los socialistas, y a partir de eso avanzar. Se debe plantear la política de acuerdo a las circunstancias vigentes, y no dejarse llevar por el acoso idealista revolucionario.

martes, 21 de junio de 2016

Moral pietista y corrupción

A raíz de las concepciones falsas los seres humanos tienen problemas para decidir sus prácticas, porque no tienen elementos morales suficientes para evaluarlas y ejecutarlas. Hay otras morales además de las pietistas, que tienen sus falencias y sus aciertos, pero quiero centrarme ahora en las pietistas. Lo que tienen de común entre sí todas las morales pietistas es que basan su conducta en lo que los fieles creen que son los mandatos de los dioses, por lo que sus relatos imaginarios sobre lo que son los dioses y sus designios para los humanos se tornan en preceptos a los que los humanos deben obedecer, y cuando no lo hacen los castigan. En el cristianismo estos mandatos están codificados en los diez mandamientos y en los cánones sobre el pecado, entre otras leyes.

El problema con esto es que sujeta a las personas a mandatos de seres imaginarios, por lo cual, cuando los humanos tienen que corregir su comportamiento de acuerdo a sus necesidades verdaderas, se les dificulta hacerlo, porque para eso tendrían que violar las leyes consideradas divinas, de lo que se encuentran en una situación contrariada, lo que obtura la resolución feliz del problema, aparejando prácticas desgraciadas. A esto se suma el hecho de que las concepciones pias son tortuosas, por lo que los fieles padecen de una tortura mental más o menos constante, que es física y a veces adopta otras formas de maltrato físico, mientras que se les exige cumplir con las leyes y con los reclamos sociales que requieren su transgresión, lo que redunda en la presión nerviosa y en la deseperación que, junto a los otros factores opresivos de la historia, causan colapsos psíquicos y corporales que llevan a las personas a pervertirse, incumpliendo la ley y dándose a conductas perniciosas, pero insisto que esto no es exclusivo del pietismo, sino que de otras formas, más o menos graves, sucede en las demás morales falsas.

Esto, igual, tiene que ser precisado, porque las morales se componen conflictivamente de distintos elementos, uno de los cuales es el canon eclesiástico y otro de los cuales es la ley estatal, que tienen coherencia entre sí en algunos aspectos y disrupción en otros, además de contradicciones internas, y ambos coexisten con el sistema de usos y costumbres y con las concepciones materialistas y con las místicas, cuya correlación interna y externa presenta características similares. La mayor parte de las naciones del mundo son pietistas, variando su religiosidad y el carácter del estado respecto de las iglesias según los casos, a la vez que un grupo menor es materialista, lo que se plasma en legislaciones estatales fideísticas o materialísticas, sin que eso determine a toda la práctica social de las naciones porque están las concepciones alternativas a las estatales, que pueden coincidir o no con los rasgos de aquéllas. Esta contracción moral causa una opresión neurótica en las personas porque tienen que obedecer a una ley algo mala y a su vez a los reclamos legítimos que son contrarios a ella, lo que pone a las personas ante dilemas a los que no se puede resolver tranquilamente porque quedan ante la opción de respetar la ley y ser ilegítimos o de ser legítimos e ilegales, eso en algunos casos; en otros el cumplimiento de la ley coincide con la legitimidad de la práctica.

Habría que establecer que la moral humana en general es parcialmente fallida, cuando hace mal, y algo buena, lo que depende de cómo nos haga sentir a los humanos, siendo que nuestros sentimientos responden a la relación intrahumana y a la de nuestra especie con las otras, atravesada por la lucha por la supervivencia pero también por la referida a la convivencia relativamente armónica, y a la que tenemos con los seres inertes: por eso es que la contaminación es desagradable, porque además de dañarnos a nosotros daña a nuestro entorno, cosa que nos apena así como nos enferma. De allí que el deseo de un medio ambiente saludable sea un reclamo humano, ya que nuestro bienestar depende de él.

viernes, 17 de junio de 2016

¿Porqué el socialismo pierde tanto en las elecciones?

Porque la organización de masas más grande del planeta es el conjunto de las iglesias, aparte del accionar de los medios masivos de comunicación, las campañas proselitistas, las coerciones de los sistemas electorales y demás; porque sus partidos van separados y peleándose entre sí y porque establecen pocos vínculos con las organizaciones proletarias populistas, dado su mal carácter, pero la separación no es un buen modo de resolver el tema, que pasa por el el establecimiento de relaciones críticas.

Del patoteo

El patoteo es la agresión de un grupo de personas enardecidas, lo que en inglés se llama “mobbing”, por “mob”, que es “turba”, “muchedumbre” o “multitud”. Lo mismo le cabe a la “muchachada” peronista cuando lucha mal, y a las prácticas de ganga, que son gangsteriles, así como al bandismo. El patoteo es un problema para las tesituras anarquistas, populistas y toninegristas, y el socialismo no estuvo exento de él, porque aquellas apelan a sujetos sociales definidos en esos términos y acríticamente: suponen, aunque no siempre, que tales sujetos son buenos en sí mismos, y que quienes se les oponen son malos en sí mismos, por lo que se autojustifican sus conductas agresivas y luego atacan. El patoteo es maniqueo y termina mal siempre. Antes o después la gente deja de apoyarlo, porque quienes se involucran en él padecen su violencia, son perjudicados por ella, no obstante lo cual puede persistir degradadamente por mucho tiempo, como las maras centroamericanas o las organizaciones de narcotraficantes o tratantes de mujeres, sucesoras de la trata de esclavos, la piratería y el contrabando. La política pietista y capitalista también tiene su patoterismo, y es la que oprime desde arriba, así como la prédica lumpenproletarista del populismo lo exacerba, porque idolatra a los delincuentes en vez que defenderlos críticamente.

La política de la gente común tiene que superar el patoteo para lograr sus objetivos, para lo que debe razonar bien, ser autocrítica constantemente consigo misma y enfrentar a sus rivales de buena manera.

La fascinación por las tribus urbanas que hubo en los estudios culturales después de la ola de dictaduras latinoamericanas derivadas del Plan Cóndor terminó por favorecer al patoterismo de baja o media intensidad que tuvieron esos grupos y que persiste, en particular en la cultura rockera, por su carácter condescendiente: es consecuencia de la disgregación social aparejada por esas dictaduras, pero ya venía de antes. Lo que pasa es que las dictaduras reprimieron al intento de superación del pietismo capitalista liberal de los movimientos democráticos, que también estaban algo mal planteados, porque cuestionaron poco al teismo y siguieron la tesitura de la teología de la liberación, aparte de la estrategia guerrillera guevarista, que en conjunto y con las otras tesis democráticas plantearon una confrontación violenta con la clase alta, que tiene superioridad militar, en vez que su determinación gradual por medio de la crítica social y la lucha legítima. Fue una lucha mal ordenada y peor respondida, cuya violencia resquebrajó a las sociedades, agudizando la barbarie, pero es comprensible que se ordene mal la lucha debido a la violencia histórica. No obstante, se la debe ordenar bien, porque si no, falla, y aún bien ordenada puede fallar, por la represión dominante, pero aún así es la única manera en que puede ser exitosa, y sería imperfecta, aparte de que las otras dejarían más errores pendientes de resolución.

jueves, 16 de junio de 2016

Del manejo del dinero

A la memoria de Demetrio

Una de las omisiones injustas para con la clase más propietaria, y que también obtura la resolución del problema en la clase más proletaria, es la que respecta al esfuerzo que requiere manejar el dinero. Los seres humanos, todos los días, le dedicamos tiempo y energía. Hay que acudir hasta donde están los billetes, meterlos en la billetera, llevarlos hasta el comercio, y ahí agarrarlos, contarlos, sumarlos, entregarlos, recibir el vuelto, guardarlo, llevarlo de vuelta a la casa y dejarlo en algún lugar, y eso para el uso más común de las compras, aparte de lo que cuesta ganarlo, a lo que habría que agregar muchísimos otros, como cuando hay que hacer viajes largos para pagar, o la operatoria de las transferencias bancarias, o el procedimiento de los juicios y de las especulaciones financieras, que requieren de un montón de actividades que se repiten y se repiten a lo largo de los años. Los contadores saben más de este tema, pero cada quien lo conoce desde su perspectiva. Y esto no da más que un panorama somero de la cuestión, al que se podría añadir el trabajo que implica la impresión de los billetes y la acuñación de las monedas, el sostenimiento del sistema financiero internacional, con todos sus edificios, muebles y aparatos, eléctricos y electrónicos, o lo que cuesta vigilarlo y robarlo, con todos sus accidentes y rutinas, además de la cárcel. Y aún si siguiera enumerando un rato largo me quedaría corto.

Toda esa gran tarea relativa al dinero, junto a las demás tareas prescindibles, obturan la socialidad. La gente necesita luego comunicarse entre sí, para hacerse compañía, para divertirse, para elaborar sus traumas, para pedirse o brindarse ayuda, o lo que fuere, y no podemos hacerlo, porque se tiene que hacer otras cosas, o porque la gente va de un lado para otro en medios de transporte que los alejan entre sí, de lo que la necesidad de acompañarse se suple algo en falso con los medios de comunicación, que también nos tienen recontra atareados, sea para comprarlos, aprenderlos a manejar, usarlos, pagarles las facturas, fabricarlos y así: hasta deshacerse de ellos es un problema. Una vez tiré mi celular a la basura por haberme hartado de la recurrencia de llamados, con vigilancia paterna de por medio, comprensible y opresiva también, y después los villeros les mandaron mensajes de texto con insultos a mis contactos, o algo así, ya que al aparato se lo agarraron unos cartoneros que juntaban basura por las calles de Paraná y Santa Fe y se lo llevaron a la villa, supongo que sería la 31. Me llegó una noticia de eso de parte de Pablo Vitale, que estaba entre mis contactos telefónicos porque hubimos sido compañeros del grupo de fotografía Mal de Ojo. Y eso no dice nada del acoso telefónico que se practica. Entonces, por eso del dinero, es que el reemplazo del sistema de intercambio monetario por el intercambio común de favores tendrá que ser uno de los puntos explícitos de la política socialista, es un aspecto de la práctica social humana que se situaría en la transición del socialismo al comunismo, pero no bastaría con eso, ya que también la humanidad tendría que dejar de hacer las cosas prescindibles para poder dedicarse a socializar lo necesario. La falta de socialidad nos causa una pena que es consecuencia de nuestros errores, y mientras tanto se nos va la vida en estupideces, pero también en las cosas entrañables.

Hubiera querido compartir del todo bien estos últimos meses con Demetrio, pero ya estábamos peleados. Ahora guardo su recuerdo. En el portón de su casa, uno de hierro desgastado, recién había una nota en papel escrita a birome de unos vecinos que le pedían ayuda urgente, supongo que con una reparación eléctrica, y una factura municipal. Pienso que la crueldad de su cinismo habrá sido una respuesta a la insensibilidad de nuestro sistema social, de igual modo que su cariño se compuso con la bondad humana. Fue un abuelo no reconocido para mí, por culpa del judeocristianismo, que nos falsea las relaciones de parentesco, y las sociales con ellas, eso aparte de las desigualdades propietarias, aunque ambas se ligan de hecho, pero nada justifica que me haya maltratado.

El fanatismo y el idealismo moderado

Ahora con los atentados del islamismo extremista resurge el debate sobre el fanatismo fideista, al que el cristianismo sostuvo durante el período de los conflictos religiosos, concluido con la Paz de Westfalia en 1648, a partir de la cual las distintas corrientes cristianas dejaron de matarse entre sí y adoptaron una postura tolerante, no exenta de conflictos pero moderados, repercutiendo eso en una agresividad generalizada pero no guerrera. Otros casos de extremismos idealistas fueron el del nazismo y el de la guerra fría, ya que los soviéticos podrían haber optado por una búsqueda pacífica del socialismo, que tampoco habría estado exenta de agresividad pero la habría reducido. En el caso del nazismo, la nación se fanatizó siguiendo a los mitos germánicos, en gran medida por la crisis económica derivada de las condiciones aberrantes para Alemania del armisticio de la primera guerra mundial.

Los religiosos moderados acusan al extremismo islámico, y a los otros fanatismos, y hacen bien al intentar ordenarlos, pero su posición es hipócrita porque no reconoce que el pietismo fanático es una versión radicalizada del moderado, por lo cual el moderado, que es masivo, es causa del fanático, ya que éste es una versión derivada de aquél: si no hubiera el moderado tampoco habría el extremista. La humanidad tendrá pendiente esta cuestión hasta que la haya enfrentado exitosamente, y lo mismo nos pasa con el idealismo ateo.

martes, 14 de junio de 2016

La decepción democrática

Los demócratas usualmente no tenemos en cuenta a la falsa conciencia ni a las malas prácticas de las masas, pensamos que ellas lucharán en procura de sus propios intereses, y que si la lucha no prospera se debe a la opresión de las élites, lo que es algo cierto, pero nos falta aceptar que la lucha laica tiene por lo menos 2500 años de historia, desde la democracia de Pericles, y seguro que proviene desde antes, no obstante lo cual todavía priman los regímenes oligárquicos, aunque bajo el modo de la democracia representativa. La masas cometieron un montón de faltas graves, aparte del pietismo y el procapitalismo: hicieron femicidios, violencia sexual, delincuencia, se aprovecharon de los beneficios del imperialismo, se evadieron de su responsabilidad política con los espectáculos deportivos y teatrales, se abusaron de la posición dominante de las urbes sobre la ruralidad, reprodujeron modelos familiares pios, oprimieron a los hijos para que estudiaran y trabajaran, propulsaron a las guerras nacionalistas y demás, cosas de las que los humanos no estamos exentos en general y que en ocasiones fueron bien hechas, o que podrían corregirse para que lo fueran. Así que no hay que hacerse pretensiones exageradas de las masas. Ajustar las pretensiones a la realidad histórica es una condición necesaria para acertar la política.

lunes, 13 de junio de 2016

Correctivos al anarquismo

A través del nietszcheanismo, el anarquismo se tornó misticista, y, por el sadismo y el masoquismo, degradante, y sexualmente frustrante. Ya tenía un problema serio por ser antisocialdemócrata, y ha de tener otras falencias, entre ellas la del cinismo, que tiene sus aciertos pero es superable. Así que debe hacer su autocrítica para recomponerse y luchar con las otras fuerzas democráticas, cosa que a veces sucede pero soslayadamente, y sin que la relación sea mantenida mediante la puesta en discusión de los puntos debatibles: se mantiene algo contrariada por la falta de diálogo, cuando no se rompe. Los anarquistas tienen que comprender las circunstancias ajenas para superar los prejuicios clasistas, esteticistas y demás con que se relacionan, lo mismo que nos pasa de otras formas a los de otras tendencias políticas. Es difícil, porque somos opimidos, pero es la única manera de enfrentar con éxito al sistema vigente.

Si no quisieran participar de las candidaturas electorales, bien podrían hacer un apoyo crítico y movimientista, o cotidianista, o lo que fuere, a los partidos democráticos, a la vez que plantear la superación del sistema representativo, cosa que también hacen algunos de los partidos socialistas, pero con paciencia, porque eso depende de muchos factores a los que no controlamos. Además, tendrían que diferenciar al control opresivo del control justo, ya que la confusión entre ambos a veces les causa un rechazo al control en sí que suele terminar en desastres.

También está el tema de las monstruosidades. Con eso de las aberraciones de los anormales al pietismo fino los anarquistas se acercaron al apoliticismo delictivo, y hasta tienen dificultades para enfrentarse a los asesinos seriales u otros agresores graves, como los quemacoches, entregándose a formas menos pesadas de hostilidad ellos mismos, con la excusa de la violencia de los de abajo contra los de arriba, que no sirve para atender a los problemas sociales porque eso requiere de la política estatal. En esa celebración de la morbosidad, los anarquistas foucaultianos y deleuzianos se dejan llevar inconcientemente por la ultraderecha, que es experta en elaborar discursos fantásticos sobre los criminales grotescos, como Hannibal Lecter o la saga de Resident Evil, que se basan en los prejuicios de los altos pietistas contra los excluidos de sus sistemas. Así, adoraron a sus verdugos, y hostigaron a sus compañeros, aunque en otras ocasiones actuaron distinto. Tienen la práctica contrariada por una comprensión confusa de la realidad, como le pasó a Bety La Fea cuando se peleó con la rubia karateca por haberle robado el novio.

¿Qué reformismo debe ser?

La política de la izquierda está trabada por comprender equívocamente al reformismo, en tanto que por medio del reformismo se han puesto en práctica políticas claudicantes e incluso desastres bienintencionados, lo que llevó a parte de la izquierda, pienso en el trotskismo en particular, a renegar del reformismo, aún cuando iban a elecciones, lo que los ponía en una situación paradójica, ya que participaban de la democracia representativa a la vez que renegaban de su forma de gobierno. El reformismo es necesario, y puede ser revolucionario, además de que las revoluciones habidas lo que hicieron fue establecer reformas progresivas, o sea que el debate entre reforma o revolución está falseado, ya que el punto central para la estrategia política es establecer cuál es la circunstancia en la que se opera, qué actores participan de ella, qué características tienen y cómo se los puede orientar para lograr el resultado deseado, lo que debe ser provisorio porque no se puede resolver todo de repente. Entonces, el asunto será definir qué reformismo debe ser y, llegado el caso, qué revolución, a sabiendas de que la revolución en realidad es un reformismo más drástico y profundo, pero que no se puede hacer sin la fuerza social necesaria, que no está garantizada de antemano por la opresión capitalista, ya que el proletariado es revolucionario en potencia, pero no siempre en acto, de igual modo que lo ha sido la clase dominante pero con la diferencia de que ésta tiende al conservadurismo ahora que se impuso tras haber vencido al feudalismo, o revoluciona en falso con las consideradas mejoras a la productividad, que no son tales en realidad. El revolucionarismo verdadero de la clase capitalista en realidad es impulsado por sus sectores marginales, que forman parte de la clase pero no son capitalistas, como tantos socialistas que fueron de la clase alta. A su vez, el revolucionarismo proletario responde a la opresión capitalista, pero no sólo a ella, sino a la opresión general del idealismo capitalista, a la vez que está falseado por él y que oprime conservadoramente para mantener las formas de este idealismo, con una política democrática redistribucionista que no cuestiona a las religiones y que reclama poco por la socialización de los medios productivos, pero eso también con excepciones y variabilidad histórica. La opresión popular a la clase alta tiene sus méritos y sus falencias, porque parte de una conceptualización democrática intuitiva y creyente.

Habría que evaluar la veracidad de esta caracterización y precisarla, para comprender cómo conducir al reformismo, lo que debiera ser desde una plataforma democrática progresista, dado el predominio hegemónico del idealismo capitalista.

La sobrepropietarización

La sobrepropietarización es el exceso en la fabricación de las propiedades, que redunda en el de su tenencia. Antes del capitalismo también la hubo, ya que se fabricaron cosas innecesarias, como las pirámides mayas y egipcias, o como las cosas pequeñas que no hacían falta, pero, con la técnica moderna, que se plasmó en la revolución industrial, la capacidad de fabricación se acrecentó extraordinariamente, aumentándose el producto bruto terráqueo en mucha cantidad. Los beneficios dados por el iluminismo mediante la ciencia trajeron algunos bienes a la humanidad, pero también permitieron que nuestra práctica fuese más potente y más eficiente sin estar bien conducida, porque al manejo de la materia aparejado por la técnica se le mantuvo el sentido idealista, presto a la piedad en el origen del capitalismo y complementado por la inclinación al desarrollo falso en el socialismo soviético y chino, con sus aliados y su contraparte liberal. El progreso humano dado por la ciencia es cierto y verdadero en algunas cosas, y el socialismo falso es parte de él, pero es corregible porque es fallido, dado que al orden social que se le corresponde le falta el sentido de la vida humana para sí, por lo que a la práctica se la orienta en pos de objetivos desagradables, sea el de salvar el alma o el de desarrollar a las naciones liberal o socialistamente, lo que redunda en que las personas tenemos que subordinar nuestros intereses a las causas sociales mal planteadas, cosa que nos trauma: es de un idealismo injusto.

La sobrepropietarización es un problema que trasciende a los trabajadores asalariados y que afecta a toda la sociedad humana planetaria: los lumpenproletarios se la pasan moviendo pertrechos viejos de un lado para el otro, y si no los mueven igual les ocupan lugar y los ensucian, del mismo modo que los grandes propietarios tenemos que lidiar con un montón de pertenencias, y encima con responsabilidades legales sobre algunas de ellas, lo que también desagrada, y eso no dice nada de los propietarios supergrandes ni de los propietarios asalariados, que tienen sus disgustos también por la producción mala. A esto habría que añadirle los conflictos internacionales, con las pujas imperialísticas, que también pretenden obtener propiedades que en cierta medida las naciones no necesitan: es un conflicto planetario basado en malos intereses. Las necesidades sociales verdaderas deben resolverse mediante la cooperación internacional, pero ella no podrá ser hecha de buen modo mientras que las naciones adopten concepciones falsas, por lo cual se la tendrá que hacer más o menos fallida mientras que se le esclarece la conciencia a las naciones.

El planteo socialdemócrata de socialización de las propiedades apunta a resolver el problema de la sobrepropietarización, y en cierta medida lo lograría en caso de concretarse bien, pero no bastaría con eso, porque además a la producción se la tendría que reducir al tamaño de lo que fuera necesario. Es por eso que hay cierto reformismo que tendría que ser adoptado hasta por la ultraizquierda, aunque críticamente, porque al haber vetado al reformismo se impidió a unos adquirir propiedades necesarias, y a otros sacárselas de encima cuando les estorbaban: es que la lucha interclasista está mal planteada. Tiene que haberla, pero justa, y hasta diría que la lucha proletaria, para lograr sus metas, tiene que estar a favor de la capitalesía, porque ella es mala a causa de la opresión que sufre, por lo que, de hacerse conciencia social sobre esa opresión, se facilitaría la construcción del socialismo bueno. Luchar a favor de la clase capitalista es una condición necesaria para el socialismo: sucede que ese favorecimiento requiere esclarecerles la conciencia, en particular respecto del idealismo religioso o productivista, y la socialización de los medios de producción que deban ser socializados, entre otras cuestiones.

Las concepciones políticas de izquierda, y las de derecha también aunque sea más difícil, debieran tener solidaridad transclasista la suficiente, ya que ella facilitaría la resolución de las demandas humanas razonables. Obstaculizarla falla la política, y todos somos responsables de nuestra práctica, pero su valoración debe ser comprensiva, lo que no implica quitarle punitivismo si se goza de hacer el mal, aunque la penalización debe ser tan sólo un momento en la búsqueda de una resolución satisfactoria para las partes en conflicto.

Otro problema importante, aparte de aquel sobre el tamaño de la producción, es el de su forma.

Hubo un debate sobre si la crisis económica actual es de sobreproducción o de subconsumo. El carácter principal de la crisis está dado por la superproducción, aunque también sucede que hay grandes sectores de la población mundial que consumen menos de lo que debieran. Lo que es reprobable es el planteo de que el consumo tendría que servir para mantener un nivel productivo excesivo, porque sobreatarea y trae otros problemas, como la dependencia de las materias primas, que causa guerras y otras intervenciones imperialistas, e incluso represión armada a poblaciones indefensas por parte de los ejércitos de los países a los que pertenecen esas poblaciones, estén los militares motivados por intereses directamente imperialistas o no, como le sucede a los paises bajo políticas de capitalismo nacionalista. Además, así puesto, el debate es economicista, por lo que no reconoce al problema conceptivo, ni a tantos otros que hacen a la pobreza. Lo que se necesita es que la humanidad tenga una concepción verdadera, para que sea justo su orden productivo, en el sentido integral, no en el restringido a la economía y a la política, u otros así.

viernes, 10 de junio de 2016

Una a favor de la creencia

La creencia es parte del proceso de conocimiento: sirve para elaborar las hipótesis. Lo malo es confundirla con la verdad.

jueves, 9 de junio de 2016

De la objetividad, la práctica y su decisión

Un error derivado del positivismo es el de confundir a la objetividad con la neutralidad valorativa, como si el científico pudiera ser un humano sin valores que examina la realidad tal cual es. Examinar la realidad tal cual es, absolutamente, es imposible, porque es demasiado rica en aspectos para ser comprendida totalmente, pero, no obstante, sí se podría conocer lo suficiente para que la práctica humana concrete un orden social justo. Para eso es preciso ceñirse a los objetos todo lo que sea necesario, y que la construcción del saber requerido sea social: no basta con que los científicos académicos sepamos la realidad social porque es toda la humanidad la que ejerce la práctica humana, por lo que todos los humanos tenemos que ser científicos, pero no en el sentido de poseer un conocimiento súper complejo sino en el de que sepamos que, para actuar, tenemos que averiguar lo suficiente, y proceder de acuerdo con eso corrigiéndonos en caso de haber reclamos razonables, además de debatir bien a los que no lo sean. A la práctica laboral, política, militar o la que fuere debiéramos detenerla ante los reclamos para examinarla mediante debates sociales, lo que es una práctica también, la de la toma de decisiones en conjunto. A algo de este precepto ya lo tenemos los humanos en general, pero no lo que debe ser.

Los humanos siempre tenemos valores subjetivos, a los que debemos cuestionar en pos de que nuestra vida sea justa.

Pensamiento sobre el clasismo social humano, con una disgresión sobre el racismo

Primero aclaro que el comúnmente llamado clasismo en las ciencias sociales no es cualquier clasismo, sino uno social, y además es humano, ya que las otras especies de seres vivos también se organizan en clases sociales, pero en esos casos habría que averiguar si las diferenciaciones no se establecen de acuerdo a las características fisiológicas y a las funciones sociales que se les corresponden. En la humanidad es claro que las clases sociales no se diferencian según características biológicas sino de acuerdo a relaciones de hecho, cuyos determinantes son los que son, entre ellos los biológicos.

En segundo lugar, con el clasismo pasa igual que con el racismo: que según cómo se lo entienda puede ser malo o no. El racismo puede llegar a ser la comprensión de los grupos humanos de acuerdo a sus características físicas, las razas, que variaron históricamente y que hoy en día están mestizadas en general, siendo difícil, sino imposible, encontrarlas en estado puro, y también es verdad que esos supuestos estados puros tampoco lo fueron tan así, porque vienen de una evolución natural previa en que hubo otros mestizajes, e incluso mutaciones transespecísticas. Los así considerados estados puros en realidad son estados en que un grupo de especímenes adquiere características netamente diferentes de otros grupos con los que igual, aunque estén separados, podrían reproducirse sexualmente si copularan, pero esa diferenciación neta dura un tiempo y varía históricamente después. Entonces, el racismo bien entendido es bueno y es necesario, porque comprende a un aspecto de la historia natural: lo malo es el racismo malo, el que falsea la comprensión de la realidad y la práctica social. Con el clasismo pasa igual. Si no se lo entiende para bien, hace daño, y llevó a las discriminaciones clasistas en distintos sentidos: la discriminación de los pobres por parte de los ricos, y viceversa, con sus intermedios y variantes extrañas, y así. El clasismo bueno tiene que dar cuenta objetivamente de lo que son las clases sociales con un afán transformador igualitarista y justo, o sea, pacifista. La agresión entre las clases, en vez que una lucha responsable, es un obstáculo en el camino del socialismo, al que será difícil eludir porque las clases son perversas por haber sido mal educadas, a causa de las concepciones fallidas, por lo que sus prácticas de relacionamiento interclasista están atravesadas por los malos tratos, que a su vez provocan más violencia, en tanto que eso coexiste con prácticas buenas.